lunes, 27 de noviembre de 2023

11.7. ¿Eres soltero porque hay heridas en ti sin sanar?

 


Venimos de aquí: ¿Eres soltero porque sigues prisionero de un pasado hiperactivo? (https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2023/10/116-eres-soltero-porque-sigues.html).

Lo repetiré a lo largo de todo el capítulo: las causas a la solteria que estamos exponiendo son adyacentes o secundarias. Las causas principales que suelen darse o ser la norma están descritas claramente en el segundo apartado del primer capítulo (Lo que le duele a los solteros: Haciendo malabares: http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2015/03/12-lo-que-duele-los-solteros-haciendo.html). Lo aclaro para que no haya malos entendidos y nadie se cree falsos sentimientos de culpa.

En muchos casos, el pasado hiperactivo del que hablamos en el apartado anterior, trae como consecuencia heridas que aun no han sido sanadas completamente. Quizá creían que lo estaban. Incluso puede que hayan pasado varios años desde aquel estilo de vida, pero en el interior, alguna de ellas, sigue sangrando. Puede ser facilmente observada por terceras personas ya que, externamente, hay aspectos que siguen sin cambiar. En este caso concreto, en lo que respecta a las relaciones de pareja. Y, cuando me refiero a heridas del pasado, no hago alusión únicamente a los acontecimientos fuera del orden de Dios que ya analizamos, sino a posibles traumas que acontecieron y que no fueron sanados: desde una mala ruptura, a una relación previa sumamente negativa que provocó una desconfianza total en las personas del sexo opuesto, o mil situaciones que no tienen nada que ver con la pareja. Cada uno sabe cuáles son esas impresiones que se quedaron profundamente marcadas y cuyos recuerdos impiden que le ofrezcan una sincera oportunidad a un pretendiente o que se muestren excesivamente críticos con ellos.

Consecuencias
Se producen los dos extremos:

1) en unos casos, huyen de toda relación y del amor, se encierran en sí mismos, puesto que no confían en los seres humanos en general, y en el sexo opuesto en particular.

2) El caso contrario se da en aquellos que siempre tienen una relación, para huir del resto del mundo. Ninguna de las dos soluciones son sanas ni quitarán el dolor.

Normalmente, se mueren por amar, pero cuando aparece el sujeto sobre el que volcar su corazón, algo falla. Al igual que los pasados hiperactivos, este tipo de heridas pueden llevar al sujeto a elegir una pareja que no les conviene, aun sabiendo que no es la persona que querrían para sí mismos. También aquí pueden darse dos casos: 

- Si son mujeres, buscan un hombre que haga de padre con ellas, y si son hombres buscan una mujer que haga de madre con ellos. El problema reside en que, cuando comienzan a relacionarse y observan que el otro también tiene algunos miedos e inseguridades (como todo el mundo), incluso ciertas heridas humanas, se alejan de él, buscando a otra persona que no tenga desperfectos en el corazón y que sea emocionalmente perfecta. Esto se nota fácilmente porque cuando estás con ellos y le muestras las debilidades de tu corazón, no te apoyan y se muestran frías. La realidad es que se sienten profundamente desilusionadas de que no seas perfecto, y el mito que habían construido sobre ti se desmorona en cuestión de segundos.

- En el segundo caso, eligen (inconscientemente) una persona herida para rescatarla y así redimirse a sí mismas. De esta manera, harán por otro lo que nadie hizo por ellas. Cuando descubren que su pareja sabe cuidar de sí misma y no necesita de nadie que la salve, sino una relación de igual a igual, pierden la atracción que creían sentir por el otro. Así que siguen buscando a alguien a quien sanar.

Atados por las heridas
Quizá crea que sanó las heridas porque se siente bien en este preciso instante. Incluso puede aparentar ser una persona positiva y llena de vitalidad. La realidad es que, sin saberlo, se engañan a sí mismas hasta cierto punto. Cuando en el horizonte se vislumbra una relación formal, seria y con un proyecto de futuro, los fantasmas del pasado se manifiestan: A veces una persona accidentalmente dice o hace algo que dispara una vieja herida del pasado. Si está es una relación personal nueva, la reacción puede deberse a una conexión previa, su familia de origen, o ambas cosas. [...] Por eso hay personas que se sienten atacados cuando alguien les dice algo sin mala fe, pero que sí fue dicho con mala fe por otra persona en el pasado. En situaciones como estas parece como si una persona fuera un campo minado. Cuando el otro inocentemente pisa heridas enterradas, la persona tipo campo minado estalla en temor, retirada o enojo”[1].
Es entonces cuando se da cuenta de que sigue emocionalmente enferma, al menos en esa área. Lagrimas que fueron reprimidas. Palabras de dolor que se callaron. Rabia contenida. Perdón no concedido. Incapacidad para aceptar los propios errores. Equivocaciones que se repiten. Un periodo de duelo no experimentado. Incapacidad para amar románticamente en una relación. Un tiempo que pasó pero permaneció en lo profundo del corazón que sigue cerrado a cal y canto, y que les pesa. Un alma llena de inseguridad. Creen buscar el amor pero cuando hallan un candidato encuentran mil razones para rechazarlo. Como señala Bernardo Stamateas: “Mucha gente sufre por el enamoramiento porque no pueden enamorarse, son personas que han tenido una gran desilusión y que viven descalificando a la gente que conocen”. Son sentimentales pero inaccesibles.
Puede que, durante la corrección del pasado, estuvieran mal por un tiempo, incluso bastante, pero las cicatrices del alma no llegaron a formarse o no cauterizaron correctamente. Aparentemente, llevaban una vida normal, aunque cada cierto tiempo rompían a llorar cuando menos lo esperaban sin saber las razones exactas. Continuaron con su vida tiempo después, se embarcaron en multitud de actividades y proyectos personales, creyendo que así pasarían página, pero en algún momento del presente se dieron cuenta de que a su corazón aun le afectaban esas heridas. Esto provoca que, sin ser plenamente consciente de ello, se hagan daño a sí mismos, ya que boicotean toda relación con su actitud, al no prestarle a la otra persona la atención que sería lógica, aparte de que vuelven a poner el listón sumamente alto en lo que dicen buscar.
Por el contrario, si algún detalle de la nueva relación se asemeja en lo más mínimo a la anterior, aunque sean nímios y donde no tienen nada que ver las circunstancias actuales con las pasadas, la persona abandonará a su pretendiente porque sus miedos internos toman de nuevo el control.

¿El amor sana?
He leído opiniones diversas sobre si el amor es terapéutico o no. La realidad es que sí, pero hay un matiz muy importante: mi opinión es que no se debe buscar una relación con el propósito de sanar heridas ya que es conveniente curarlas antes. Si se comienza un vínculo serio con heridas graves, puede que se paguen con la persona con la que se establece la relación: con una forma dura de hablar, con resentimiento, frialdad, indiferencia emocional, etc. Las persona heridas hacen daño a otras: “Si el enojo no se desfoga apropiada e inofensivamente, ¿quién sabe cuándo se desbordará y contaminará tu nueva relacion? A veces el enojo toma la forma de resentimiento y amargura”[2]. Bernardo Stamateas añade a esto que “muchas personas son como un camión de basura: andan cargadas de frustración, odio, enfado y decepción. A medida que la basura se va amontonando necesitan encontrar un lugar donde arrojarla. Si se lo permito, me la arrojarán a mí”[3].
Incluso se darán otro tipo de complicaciones, como la dificultad para abrirse plenamente, tanto a nivel emocional como en el plano romántico. Pienso que, cuando alguien está profundamente herido, no está en condiciones de ofrecer un amor sano y tampoco es capaz de recibirlo en igual medida, ya que le costará sentirlo realmente. Siempre habrá una barrera.
Ahora bien, también estoy plenamente convencido de que una relación sana, donde impera el amor, ayuda a terminar de cerrar lesiones del pasado. Una persona que abandonó su relación anterior porque su pareja era agresiva verbalmente y no mostraba ningún tipo de cariño, sentirá un gran vigor si en su nuevo emparejamiento encuentra calidez, ternura, dulzura, respeto, comprensión, confianza, valoración y aprecio.
¿Cómo no iba a ser el amor terapéutico, cuando el amor de Dios sana tantas heridas del alma? El ser humano es capaz de mostrar parte de ese amor: “Debido a que somos heridos en las relaciones, nuestra sanidad tambien se encontrará en las relaciones con otros. Encontrar a alguien, un consejero, líder espiritual, cónyuge o amigo, con quien puedas ser totalmente sincero [...] es una parte vital de ese proceso. Mientras tú batalla permanezca entre tu orejas, tiene mucho poder sobre ti. Expresarla con alguien que te amará incondicionalmente y te alentará hacia la victoria es una increible experiencia de crecimiento”[4].
Así que sí, el amor sana. Pero, como he dicho, no se debe ir a una relación con el propósito principal de sanar todo el pasado, porque si las heridas son muy grandes, nada de lo que haga el benefactor será suficiente para su amado. Siempre se sentirá insatisfecho con lo que recibe y reclamará sin descanso, lo que será fuente continua de conflictos, y más sin son los dos los que tienen heridas sin sanar: “Cuando tú vives en una miseria personal de insastisfacción y te juntas con otra persona igual de insatisfecha y miserable, la otra persona está cargando con su vida y tu miseria”[5].

Sin precipitaciones
Dicho esto, también quiero subrayar la importancia de no iniciar una relación justo en el momento en que se ha producido una herida emocional profunda, ni siquiera en los días o semanas siguientes. La razón se basa en una cuestión meramente orgánica que afecta directamente al estado de ánimo y a las emociones. He aquí el porqué: poseemos lo que se conoce como el sistema nervioso vegetativo (o autónomo), que se encarga del movimiento y del funcionamiento de los órganos internos sin la necesidad de que los controlemos directamente. Para levantar mi brazo, tengo que ordenar voluntariamente a mi cuerpo que lo haga. Pero de hacer que mi corazón o mis riñones funcionen, se encarga el sistema nervioso autónomo. Este sistema nervioso está dividido en dos partes:

- El simpático: Se activa en actividades que requieren un trabajo físico, y especialmente en situaciones de estrés  (aumentado los latidos del corazón, proveyendo así de mayor aporte de oxígeno a los músculos y prepararando el cuerpo ante una posible amenaza).

- El parasimpático: Se activa en condiciones de calma y bienestar, relajando el pulso y la tensión arterial.

Es importante señalar que ambas partes no pueden estar activas al mismo tiempo. Una persona que está sumamente herida tiene su sistema nervioso parasimpático a pleno rendimiento a causa del estrés. Por lo tanto, será incapaz de disfrutar de la persona que está interesada en ella. Aun cuando quiera, le será imposible. Pueden estar en el ambiente más idílico, paseando tranquilamente, mientras toman un helado, pero su mente no estará allí. Los chistes no le harán gracia. Las historias ajenas no le interesarán lo más mínimo. Se mostrará tensa, seria, ausente y distraída. En estas circunstancias, es mejor posponer el encuentro hasta que las aguas hayan vuelto a su cauce.

Afrontando las heridas
¿Qué hacer ante una herida profunda? Tomar decisiones drásticas como dejar el trabajo, cambiar de casa, de congregación o incluso de ciudad no suele servir. Puede proporcionar un alivio temporal, e incluso en ciertos casos puede ser muy recomendable. Pero, si te sientes identificado con lo que hemos visto y crees que es tu caso, el único camino es entregar tu dolor al Señor para que Él lleve todas tus cargas y heridas: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mt. 11:28). No olvides que Cristo no vino “solo” a salvarnos, sino también a sanar a los quebrantados de corazón (cf. Lc. 4:18).
Terminado citándote las palabras que Hilary Swank (protagonista femenina de “Escritores de la libertad/Diarios de las calles”) le dice a sus alumnos: “Quiero que hagas un brindis por el cambio. Y eso significa que a partir de este momento todas las voces que te han dicho que no a algo, quedan silenciadas. Todas las razones que dicen que las cosas nunca cambiarán, desaparecen. Y a partir de este momento, la persona que eras ya no cuenta. Ahora te toca a ti”.

* En el siguiente enlace está el índice:
* La comunidad en facebook:
* Prosigue en: ¿Eres soltero porque solo esperas recibir amor y no darlo?


[1] Townsend, John. Más allá de los límites. Vida.

[2] Wright, Norman. 101 preguntas antes de volver a casarte. Casa Bautista. Pág. 26.

[3] Stamateas, Bernardo. Gente tóxica. Zeta Bolsill. Pág. 48.

[4] Ethridge, Shannon. La falacia de Grey. Nelson.

[5] Davila, Zoricelis. Felizmente Solteros. Mundo Hispano.

lunes, 20 de noviembre de 2023

Barbie y Gloria: dejad el discurso victimista & Escuchad también a los hombres & Mejor juntos que cada uno por su lado & Perdidos sin Dios (2ª parte)

 


Venimos de aquí: No, Barbie: no todos los hombres somos Ken (1ª parte): https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2023/11/no-barbie-no-todos-los-hombres-somos.html

La realidad en su conjunto, y no la sesgada que muestra Gloria –y que vamos a mostrar-, es que el hombre occidental vive bajo un totalitarismo ideológico, donde no se permite la disidencia del discurso oficial, y que obedece exclusivamente a intereses políticos que manejan a las masas. El precio a pagar es el insulto barato: fascista y machista son los dos más habituales, términos que muchos emplean a la mínima ocasión, y sin saber realmente su significado. Por ejemplo, el machismo lo define el diccionario tal que así: “Actitud y comportamiento de quien discrimina o minusvalora a las mujeres por considerarlas inferiores respecto de los hombres”. Ni una de mis palabras entran dentro de esa consideración, ya que, lo que voy a ofrecer, son meramente datos y realidades fehacientes. Sin embargo, para muchos –me repito: desconociendo el significado del concepto-, dirán que es “machismo” por mi parte, por el simple hecho de que no acepto sus postulados.

El discurso victimista de Gloria, la mujer que juega a Barbie
Cuando Ken establece el patriarcado en Barbieland, Gloria ofrece un discurso ante todas las mujeres, para que despierten del control mental al que están siendo sometidas. En cursiva, sus palabras; el resto, mis comentarios:

- Cuando afirma que es literalmente imposible ser mujer. Siempre tenemos que ser extraordinarias, pero, hagamos lo que hagamos, nunca lo hacemos bien”, está proyectando sus propios pensamientos, ensimismada en su rol de mártir, haciendo una generalización, como si las malas experiencias de un grupo de mujeres fuera la norma absoluta y vital en todo su conjunto. Señora Gloria, no todo es blanco o negro; la vida está llena de colores y matices.

- “Tienes que ser jefa, pero no mala. Tienes que liderar, pero sin machacar las ideas del otro”. ¿También eres víctima si eres una mala jefa o una mala líder? En esos casos, ¿no será tuya la culpa? A alguien que acusa siempre a los demás de todas sus desgracias, de sus malas acciones y decisiones, se la considera una persona manipuladora y tóxica.

- “No puedes ser maleducada, ni fanfarrona, ni egoísta”. Poder, puedes, como si quieres conducir en dirección contraria por la autopista. Pero, si lo haces, tendrás que asumir las consecuencias: si eres maleducada, posiblemente lo serán contigo; si eres fanfarrona, las personas humildes te evitarán a toda costa; si eres egoísta, no tendrás derecho a pedirle nada a los demás. ¿Debo felicitarte por el hecho de ser mujer, aunque actúes como una mala persona?

- “Tiene que encantarte ser madre, pero no hables demasiado de tus hijos”. Nadie obliga a nadie a ser madre hoy en día. Y si tienes hijos, y alguien te dice que hablas demasiado de ellos, quizá es porque lo haces en exceso con personas que no le interesan tantos detalles de tu vida.

- “Tienes que responder por el mal comportamiento de los hombres, y, si dices algo, te echan en cara que te quejas”. ¿Tan triste es tu vida, Gloria, que te hacen responsable de lo que hacen los hombres? Si lo dices porque eres la secretaria de esos empresarios que se muestran en la película, lo puedo entender, pero habla por ti y no generalices como haces continuamente, que ya cansa.

- “Y de hecho no solo lo haces todo mal, sino que todo es culpa tuya”. Al señor guionista que ha escrito esta declaración: ¿de verdad tomas por tontas a todas las mujeres del planeta Tierra, como si vivieran continuamente en un infierno de lágrimas y quebrantamiento?

- “Estoy tan cansada de verme a mí y a cualquier otra mujer hacer lo imposible para gustar a la gente”. Si vas por la vida buscando gustar a los demás, entonces has caído en la paranoia, y tienes un problema de salud mental y emocional. Y quiero creer que, en su mayoría, ni hombres ni mujeres son así de dementes.

El discurso es victimista hasta niveles insospechados. Dada la seriedad del asunto, recordemos el significado de victimismo: “El victimismo es un trastorno paranoide de la personalidad​ muy común, en el que el sujeto adopta el papel de víctima a fin de, por un lado, culpar a otros de conductas propias y, por otro, enarbolar la compasión de terceros como defensa a supuestos ataques”. Esto se ve en casi todas las palabras que expone y que dan mucho jugo.
Por muy épico-feminista que pueda parecer la disertación de Gloria, es un insulto y un menosprecio a las propias mujeres, un verdadero lavado de cerebro. Les hace suponer que ni siquiera son capaces de ver lo bueno de la vida, sin caer en los extremismos que ella presenta, de no saber distinguir por sí mismas a un hombre tóxico de otro que no lo es, como si todos los hombres solo buscaran mujeres floreros, sirvientas y adoradoras del macho-machista.
Conozco muchísimas mujeres que se han sacado su carrera universitaria, van al gimnasio, asisten a clases de canto mientras imparten danza, que te dan un abrazo tan afectuoso que te alegran el día, al contrario que la amargada de Gloria. Entre ellas hay mujeres guapísimas y otras que no lo son. Hay otras que son madres solteras y trabajan, y otras que son amas de casa y sacan adelante, junto a sus esposos, a una familia numerosa. Las hay con mucho dinero e independientes, y otras que viven al día y con lo justo. Son humanas como todos, con sus virtudes y defectos. Tienen sus días buenos y sus días malos. Sus tristezas y alegrías. ¿Y sabes qué, Gloria? Ninguna de ellas va por la vida culpando a los demás de nada, ni a tu imaginario patriarcado. Todo lo que han logrado ha sido por su propio esfuerzo, no victimizándose. Aprende de ellas, porque de ti, poco o nada tienen que aprender.
De verdad Gloria, ¡te has cubierto de gloria! ¡Ni que vivieras en un campo de refugiados en Siria!

La realidad del hombre
Con este “sermón”, parece que ser mujer es horrible y que la vida del hombre es extremadamente sencilla y placentera. Para Gloria, solo existe “su dolor”, “sus circunstancias”, “sus sentimientos”, “lo que ha sufrido o “sufre” y lo que “le han hecho”. Ante esto, hablemos un poco del hombre:

- En la mayoría de países, el 70% de las víctimas de asesinato son hombres. Por citar algunos ejemplos escandalosos: en México fueron asesinadas 3957 mujeres, por 32.336 hombres; en Argentina: 372 mujeres, por 2042 hombres[1].
Por lo tanto, cada vez que yo salgo a la calle, tengo tres veces más posibilidades de que me asesinen que a una mujer. Uno de ellos fue un amigo y hermano en la fe: una agradable noche de verano, paseando tranquilamente con su esposa, lo apuñalaron en el corazón, sin ninguna razón. Un hombre encantador, amable, inteligente, atleta, espiritual, risueño y, en un segundo... A pesar de estar a escasos metros de un Hospital, murió al instante.

- Puesto que los hombres suelen desempeñar los trabajos físicamente más duros y peligrosos, los accidentes laborales recaen mayormente sobre ellos: en mi país (España), en el año 2022, fueron 170.189 el número de mujeres que lo padecieron, mientras que los hombres alcanzaron la cifra de 382.000. Aquí se pueden ver las estadísticas desde el 2015[2]:

- De entre estos accidentes, el índice de mortalidad es todavía más claro: de los 826 trabajadores que perdieron la vida en 2022, “los accidentes mortales en jornada se distribuyeron en 638 casos en hombres y en 41 en mujeres. En in itinere, 113 fueron hombres y 34 fueron mujeres”[3].

- En mi país, el hombre no tiene presunción de inocencia. En el momento en que una mujer lo denuncia, automáticamente es llevado al calabozo cuarenta y ocho horas; setenta y dos si sucede un viernes.

- A pesar de que el número de agresiones es muy superior entre parejas homosexuales, únicamente las mujeres heterosexuales tienen un número de ayuda telefónica al que llamar si sufren maltratos de su pareja. Por su parte, el hombre no dispone de nada al respecto, aunque sea la misma situación.  

- No siempre, pero, por norma general, la mujer busca un hombre proveedor, con un estatus social y económico superior que ella, ya que eso le proporciona seguridad. Sin embargo, el hombre no tiene en cuenta este factor a la hora de fijarse en una mujer: no tiene problemas en proveer, aunque ella no tenga trabajo, gane muy poco o trabaje en un McDonald´s. Estas entrevistas, y las respuestas que ofrecen ambos sexos, son muy llamativas al respecto: “¿A qué clase social debe de pertenecer un hombre para contraer matrimonio?” (https://www.youtube.com/watch?v=K55ZWHqbrE8).

- Los hombres son, con diferencia, los que más se suicidan, pero de eso nadie habla. ¿Verdad, Gloria? En el 2021, de las 4003 personas que lo hicieron en España, 2982 eran hombres[4]. La tasa se repite en todos los países del mundo. Aquí una pequeña muestra de la Tasa por cada 100.000 habitantes[5]:

- En 2022, de las 28.500 personas sin hogar en España, a los que solemos llamar “vagabundos”, el 77% son hombres[6].

- Barbie le dice a Gloria que no quiere hacer daño a Ken, a lo que ella replica: “Te ha quitado la casa. Les ha lavado el cerebro a tus amigas y quiere controlar el Gobierno”. A un amigo mío, que ha sufrido en sus carnes un divorcio, no creo que le haga ni pizca de gracia lo que dice Gloria. En un divorcio, a menos que previamente se haya firmado una “separación de bienes”, quien se lleva buena parte de los mismos es la mujer: casa, pensión y, en el caso de haberlos, la custodia de los hijos.

- Igual que una buena madre es capaz de dar la vida por proteger a su hijo, un buen hombre hace lo mismo por una mujer en peligro, aunque no la conozca de nada.

A pesar de todo los datos ofrecidos, señora Gloria, los hombres no hacemos películas de juguetes para mostrar cuán dura es la vida, ni presentarnos como víctimas.

Hombres y mujeres, ¿cada uno por su lado, y sin Dios?
He leído a algún crítico de cine –de nuevo, hombre-, defendiendo la película basándose en su final: afirman que las Barbies recuperan el modelo de sociedad que había antes del “golpe de Estado Patriarcal” ejecutado por Ken, pero sin cometer los errores de antes. ¿What? O sea, mintiendo, siembran cizaña, manipulando a los hombres, haciéndoles creer que les interesan sus gustos y aficiones, llenándoles de celos al irse con otros hombres y que así se enfrenten entre ellos, con el fin de recuperar el status quo anterior, donde ellas lo hacían todo, ¿y tengo que aplaudirlas? Hasta votan de manera clandestina para que los hombres no puedan hacerlo. Vuelven a echarlos a un lado y los alejan, más si cabe.
Otros dicen que el mensaje es que Barbie –las mujeres en general- debe descubrir quién es en realidad, sin necesidad de que Ken –los hombres en general- se lo diga. Y lo propio con Ken respecto a sí mismo. Eso sí puede defenderlo, pero, en el fondo, lo que se observa es muy triste: hombres y mujeres separados, y cada uno por su lado. Ni amistades, ni compañerismo, ni noviazgo, ni matrimonio, ni nada. No hay unión ni reconciliación, solo individualidad, pura y dura.
Ni hombres ni mujeres son seres de luz, ni reyes, ni reinas, ni principes, ni princesas, ni muñecos, ni muñecas. Son seres humanos que, sin Dios, caminan sin rumbo por este mundo. Y, hasta que no sepan ver esa realidad, todo seguirá igual. Por mucho que busquen, aquí o allá, de mil maneras diferentes, ambos seguirán perdidos, hasta no encontrar al que los creó.

Conclusión
Si se hubiera visto un equilibrio, podría haberlo aceptado como una comedia: nos habríamos reído todos. Pero ridiculizar a un género para exaltar al otro, y encima añadiendo una ideología que solo causa prejuicios, fobias y la división que ya se está encargando de provocar el feminismo radical en la última década, pues no tiene nada de sano. Es tan lamentable que no existen palabras en el vocabulario que pueden expresar el daño que están haciendo, al crear dos bandos, como si fuera una guerra. Tanto en Barbieland como en ese “mundo real” que representan, no hay cariño entre ellos, ni interés mutuo, ni complicidad, ni complementariedad. No hay nada. Solo vemos individualidad: “vosotros, por un lado, y nosotras, por el otro”; eso es lo que muestran.
Así tenemos la sociedad actual: parejas sin compromiso, relaciones abiertas, sexo causal por doquier, divorcios a la mínima, infidelidades de todo tipo, descenso abismal de la natalidad en Occidente[7], chicas adolescentes exhibiendose en redes sociales como si fueran prostitutas y chicos como si fueran gigolós, consumo desmedido de alcohol –donde la mujer ya bebe tanto o más que el hombre-[8], adicción a la pornografía y transmisión de valores vomitivos por medio de una música soez. Y eso es lo que ha traído: la destrucción de la familia tradicional, donde lo que impera es el “yo”, “mi placer”, “mi cuerpo”, y nada de esto incluye el matrimonio, ni el tener hijos, despreciando a la mujer que, libre y voluntariamente, decide ser madre, trabajar o no hacerlo fuera del hogar, ser o no ama de casa y criar a sus retoños, de mutuo acuerdo con su esposo.
Barbie no es una comedia. Es un drama que solo provoca lágrimas de dolor. Una pena. Una verdadera pena. Una oportunidad perdida de traer paz a esta desesperante y estúpida guerra de sexos, en la que andan enfrascados los movimientos radicales feministas, apoyados por los medios de comunicación y muchos lobbies. En lugar de mostrar unidad, hombres y mujeres que se complementan, que se unen para luchar contra las injusticias del mundo, traen más división.
Si ya estamos pagando el precio, las próximas décadas serán una catástrofe, cuando muchas de las mujeres que han comprado esta ideología, se den cuenta que fueron engañadas. Tengo ganas de ver cómo reaccionan cuando llegue ese día. Si seguimos por este barrio, aquí estaremos para narrarlo.


lunes, 13 de noviembre de 2023

No, Barbie: no todos los hombres somos Ken (1ª parte)

 


* Tras ver la película “Barbie”, analizarla, escribir este artículo sobre ella y, a posteriori, ver vídeos de algunos youtubers comentándola, sigo sin saber si es una burla al feminismo actual, y esa visión sesgada y llena de clichés sobre los hombres, cuyo propósito es despertar a las mujeres que han caído en las garras de esa ideología, o si realmente apoya sus postulados. Es la única duda que me ha quedado. Por lo que he podido observar, hay división de opiniones sobre el propósito. En mi caso, el examen concienzudo que voy a hacer de la misma, se basa en que sí apoya la ideología feminista “radical”.

Cansado, mentalmente cansado. Así terminé al ver la película “Barbie”. ¿La razón? Desde el primer segundo, pasando por numerosas escenas, diálogos y soliloquios, tenía ganas de parar la película y contradecir buena parte de lo que se estaba mostrando. En más de una ocasión, me encontré diciendo “no me lo creo”, “¿en serio ha dicho lo que he escuchado?”, “¡pero qué barbaridad!”, “menuda manera de manipular” o “¿quién habrá escrito el guion?”, pasándome por la mente, de forma sarcástica, los nombres de Irene Montero y Pam.
Algunos dirán que solo es un producto, una campaña de marketing de la empresa Mattel para vender sus muñecas. Otros afirmarán que solo es una comedia, incluso una sátira, una exageración de la realidad para mostrar una enseñanza vital. Pero, como vamos a ver, por los mensajes que suelta a cada segundo y la repercusión que ha tenido, de broma, poca. Sea o no su propósito, es un trabajo más de ingeniería social, que trata de rehacer al hombre y a la mujer desde su misma esencia, al mismo tiempo que los separa aún más.A algún hombre, defensor del feminismo actual, le he escuchado decir que, ni la película ni el feminismo atacan al hombre, sino a un determinado tipo de masculinidad: la tóxica. Si eso fuera lo que se mostrara en el largometraje o lo que se suele escuchar entre, por ejemplo, las Ministras del Ministerio de Igualdad, lo aceptaría sin problemas. Pero cuando a TODOS los hombres se les representa igual, ahí ya hay una generalización inaceptable.
Imagina que se muestra en una película a ateos, cristianos, judíos, venezolanos, rusos y negros.  Y todos los que salen en la misma son malos, absolutamente todos. Si alguno dice: “Bueno, pero solo está señalando a los ateos, cristianos, judíos, rusos y negros que son malos”. Pues, hijo mío, ponme también ateos, cristianos, judíos, rusos y negros que sean buenos, porque de lo contrario estarás cayendo en la divulgación de un sesgo.
Entre las muchas opiniones que he leído, hay una que se repite continuamente: madres que, por la nostalgia, fueron en grupo con sus hijas y sobrinas pequeñas, esperando una comedia para toda la familia. ¿La realidad? Todas decían arrepentirse: a las madres no les gustó, las niñas no la entendieron, y ninguna de ellas se rieron.
De entre todas esas críticas, la que me hirió hasta la sensibilidad fue la que comentó una espectadora: ella observó a una niña, de cuatro o cinco añitos, en la fila de adelante, abrazada a su muñeca, con forma de bebé, mientras en la pantalla, en la primera escena de la película, se mostraba a niñas de dicha edad, destrozando con ira y contra el suelo esa misma muñeca, lanzándola al aire y propinándole patadas, todo ello ante la sonrisa de Barbie.
¿Qué tuvo qué sentir esa niñita viendo “eso”? Su pequeño corazón se quedaría impactado, sin entender el motivo de lo que contemplaba, y preguntándose la razón por la cual rompían algo que ella amaba y protegía. Nada me duele más que le provoquen dolor a un infante. Y unos guionistas de Hollywood, que se creían muy graciosos, lo hicieron. Deplorable y moralmente denunciable.

De qué trata
En la historia que nos cuenta, vemos que existen dos mundos: uno, el real, que todos conocemos, y otro conocido como Barbieland, que se muestra como ideal y perfecto... según la visión feminista. Aquí todas las mujeres se llaman Barbie, aunque se centra en una de ellas; en este caso, la “principal”, la conocida como “Barbie estereotipada”, interpretada por Margot Robbie. Por su parte, todos los hombres se llaman Ken –excepto uno, que no se comporta como el resto-, aunque también gira en torno al que representa el actor Ryan Gosling.
Allí, la vida está bien determinada: son las Barbie las que “manejan el cotarro”: la presidenta es una mujer, al igual que la abogada, la periodista, la cartera y absolutamente todo. Hasta la cuadrilla de albañiles está formada por ellas. No dejan de sonreír, viven felices en casas maravillosas, llenas de color –rosa, rosa y más rosa-, y cada noche organizan “noche de chicas”, por lo que apenas tienen tiempo que dedicarle a los hombres. Nadie está casado ni tiene hijos, puesto que la interacción entre hombres y mujeres se limita a mirarse unos a otros, a hablar de sandeces y a compartir algún que otro baile.
Mientras tanto, los hombres –que nadie, ni las mujeres, saben dónde viven-, no trabajan ni hacen nada de provecho. Son vagos per se. Se pasan el día haciendo el ridículo, exhibiendo su falta de cerebro y habilidades, mientras que entrenan con pesas y lucen palmito, para así tratar de llamar la atención de las mujeres y conquistarlas, algo que nunca logran. 
En definitiva: todas las mujeres son perfectas, extraordinarias, maravillosas, inteligentísimas, talentosas y trabajadoras, mientras que todos los hombres son vagos, torpes, tontos, inútiles y machirulos. Ninguno de entre ambos sexos, absolutamente ninguno, es lo contrario.
Y es así hasta que, un día, Barbie estereotipada, tiene pensamientos tristes y extraños. Tras consultar con la Barbie rara, descubre que, en el mundo real, hay alguien jugando con ella y le está inculcando ansiedad, depresión y pensamientos sobre la muerte. ¡Incluso ya no anda de puntillas, lo que hace que su cuerpo sea menos estilizado! ¡Y le sale celulitis! Para remediar todo esto, inicia un viaje al “mundo real”, y así encontrar a la niña que ha puesto esas ideas en ella, remediarlo y volver a su estado anterior de felicidad.

¿Mujeres de bandera y hombres patéticos?
Tras llegar a su destino –junto con Ken, que se había escondido de polizón en el coche de Barbie-, descubren que no es como imaginaban: los hombres son incluso peores que en Barbieland, dominando el mundo y, por ende, a las mujeres.
Nada más pasear por la playa en patines, y vestidos con colores extravagantes, los hombres se muestran como babosos ante ella, haciéndole todo tipo de comentarios groseros: desde un grupito de chicos, pasando por albañiles y dos agentes de Policía, terminando por un hombre que se acerca y le propina un cachete en el trasero. Por suerte, hay mujeres que no compran esta idea, como señalaba una crítica de cine: Lo siento, pero lo normal es que vayas por la calle y los hombres te respeten, y que algún tarado en la noche te meterá mano, o algún salido te soltará algún comentario desafortunado, es posible desgraciadamente, pero que te pase en cuanto pisas la calle cada día es ANORMAL”. Sin embargo, en la película lo muestran como lo habitual en el mundo, donde todos los hombres son agresivos, prepotentes y dedicaran su día a sexualizar a las mujeres.
Volvamos a la historia: los empresarios que manejan Mattel, la empresa dueña de las muñecas “Barbie” y los muñecos “Ken”, representan lo peor de lo peor: son unos machistas opresores, que se burlan de las mujeres, con un jefe que solo piensa en el rédito económico, tan patético que desea ser el que le dé al botón del ascensor –como si fuera un niño chico-, y tan inútil que no sabe usar una tarjeta para pasar un torno de control.
Todos los hombres que vemos, tanto en Barbieland como en el mundo real, son mostrados como patéticos y descerebrados, que toman decisiones impulsivas e ilógicas, como si tuvieran una única neurona, y que lo único que desean es perpetuar su dominio sobre las mujeres, usando lo que Barbie repite sin cesar: el patriarcado, algo que Ken trata de establecer en Barbieland, lavándole el cerebro a las mujeres para que se vuelvan sumisas. Mientras tanto, también en el mundo real, las mujeres son inteligentes, audaces, compasivas, tiernas, luchadoras, guerreras y valientes. Si te has fijado en lo que pone en el cartel, desde ahí ya empieza la diferenciación: “Ella es lo más. Él es simplemente Ken”. ¡Incluso Allan, el único que no se llama Ken, y que es un aliado de las Barbies, lo representan torpe, rarito y bufón!
Panda de hombres energúmenos y trogloditas, como todos los que se muestran

La directora de la película desea romper los estereotipos de las niñas que juegan con bebés de juguete, y para ello se burla de los niños que hacen lo propio con coches y caballos. ¡Claro que sí!
¿Le habría hecho gracia a las mujeres que se hubiera mostrado a todos los Ken como sabios, maduros, sensibles y emocionalmente profundos, mientras que a todas las Barbies hubieran sido representadas sin talento alguno, inútiles y tontitas, hasta el punto de lanzarse voluntariamente en la playa contra una ola de cartón duro, peleándose con otras mujeres, usando flechas de mentira, raquetas de tenis, pelotas de plástico, sitck de hockey y flotadores, mientras montan en caballos de juguete? ¡Seguro que no!

La realidad
El feminismo radical ve al hombre como el problema del mundo, el enemigo a someter y eliminar. Para ellas, los que no se postran a sus principios, son machistas, donde no existe el amigo sabio, el compañero atento, el novio cariñoso, el esposo responsable o el padre servicial.
Ni todas las mujeres son “lo más”, ni todos los hombres son “como Ken”. Ni todas las mujeres son delicadas, ni todos los hombres son unos babosos. Ni todas las mujeres son inteligentes y trabajadoras, ni todos los hombres son necios y vagos. Hay una mezcla de todo, tanto de lo bueno como de lo malo. Hay mujeres buenas y mujeres malas. Hay hombres buenos y hombres malos. Dejando a un lado la verdad bíblica que muestra que, en sí mismo, el único bueno es Dios (cf. Mr. 10:18), en términos meramente humanos, la verdad es que hay “personas” buenas y malas, independientemente de su sexo.
¿Un mundo gobernado solo por mujeres sería idílico y sin problemas? Que le digan a los argentinos el destrozo que hizo en su nación la presidenta Cristina Kirchner, a nivel de pobreza, desempleo e inflación. ¿Que no usan la violencia al grado de los hombres? Cierto, pero cuando dos mujeres discuten acoloradamente, se convierte en una batalla campal de desprecios mutuos y reproches, donde es mejor ni inmiscuirse. ¿Que la hermandad y camaradería entre mujeres sería perfecta? Las mismas feministas radicales insultan y expulsan de sus manifestaciones a otras mujeres porque no piensan igual en todo. ¿Que no hay mujeres que miran a los hombres solo por su belleza? Que recuerden el recibimiento que le hicieron en Madrid a Cam Yaman, el actor turco, donde parecía que las cientos de mujeres presentes, de todas las edades, “querían un hijo suyo”, ipso facto. Lo mismo que hacían cada vez que veían a David Beckham, y que daría para un documental.
Ese supuesto patriarcado que denuncian, ya no existe en la cultura occidental. Presentar a las mujeres como si vivieran en la distopía de El cuento de la criada, es ofensivo, no solo para los hombres, sino, sobre todo, para las mujeres. Podría entender la denuncia en la India, donde el sistema de castas sigue vigente, en lugares donde predomina la religión islámica, y en parte de la etnia gitana, pero no en Estados Unidos y en Europa.
A lo largo de la trama, observamos cómo Barbie conoce a la que, cree, es la chica que tenía pensamientos de tristeza sobre ella. Aunque después se descubre que no lo es, sino la madre, las palabras de una adolescente, de nombre Sasha, son demoledoras para Barbie: mientras la chica de rubio piensa que simboliza la perfección, Sasha le dice que la odia, puesto que representa a la rubia tonta, y añade: “Desde que te crearon has hecho que las mujeres se sientan mal. Representas todo lo malo de nuestra cultura. Capitalismo sexualizado, ideales físicos no realistas. Te cargaste la autoestima de las niñas y estás destrozando el planeta con tu glorificación del consumismo desenfrenado. ¡Fascista!”. Según Sasha, Barbie representa lo que el patriarcado quiere que represente.
De nuevo, nos enfrentamos a la realidad: el patriarcado, el sistema donde el hombre hace y deshace a su antojo, donde manda y gobierna en todas las esferas de la vida, donde la mujer no tiene voz, ni voto, ni estudia, ni puede trabajar sin el permiso del varón. ¿De verdad eso es real a día de hoy? En mi país, la mujer ya no es sirvienta de nadie, y posee las mismas libertades que cualquier hombre, incluso sus derechos ante la ley son superiores. Hay becas para estudiar que solo se les adjudican a ellas. Tienen multitud de subvenciones y ayudas que no se aplican a los hombres[1]. Hay distintas penas de cárcel para hombres y mujeres cuando el conflicto es entre ellos, aunque el delito sea el mismo. Hay mayor número de licenciadas en la Universidad que licenciados. Los requisitos para acceder a ciertos puestos de trabajo son menores, como en las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado o de bomberos. Pueden vestir como les venga en gana. Pueden llenarse el cuerpo de tatuajes y la cara de pírsines. Pueden pelarse y ponerse el pelo del color que quieran, por muy estrambótico que resulte. Pueden ir a donde les dé la gana. Pueden viajar solas a donde quieran. Pueden hacer el deporte que les plazca. Hasta el acto terrorífico de abortar pueden llevarlo a cabo, como si fuera un método anticonceptivo más, y apoyadas por buena parte de la sociedad.

Puestos de poder & Cuotas de género
Ken descubre asombrado que, el mundo real, está gobernado por hombres, bajo ese sistema impuesto de patriarcado. Cree que, por ello, por el hecho de ser hombre, puede ser médico, aunque no haya estudiado; que puede ser socorrista de playa, sin saber nadar; que puede tener un puesto bien remunerado y de prestigio, sin estar preparado para ello... hasta que descubre que no es así.
Es la misma cantinela que repiten los movimientos feministas: que las mujeres son ignoradas y los hombres logran sus trabajos por ser varones, donde tienen derechos que ellas no poseen; falacia que ya refutamos anteriormente.
En el presente, por ley, sucede todo lo contrario: se establecen cuotas de géneros, para que un porcentaje de mujeres ocupen determinados puestos de trabajo, independientemente de que haya hombres que las superen en calificaciones. La meritocracia, que es como se debería valorar el trabajo de alguien –independientemente de su sexo-, ha pasado a un segundo plano.
Si yo pregunto a un hombre machista sobre qué bombero quiere que le saque en volandas de un incendio, dirá que un hombre. Si le pregunto lo mismo a una mujer feminista sobre qué bombero quiere que la salve, dirá que una mujer. Ambos errados: el que te tiene que sacar es el que pueda hacerlo. ¿Para qué quiero a un hombre o una mujer, que no puede levantar mis casi ochenta kilos de peso, estando yo inconsciente, siendo, por lo tanto, mayor la dificultad? Lo que deseo es que me saque en volandas, sea quien sea. Y debería ser en cualquier puesto de trabajo, en base a los estudios, formación y talentos para desempeñarlo.
En consecuencia, lo que tendría que primar es la capacidad, no unas cuotas de género, o esa expresión contradictoria y sinsentido como es la “discriminación positiva”. No existe tal cosa: si discrimina positivamente a uno, discrimina negativamente a otro. Tratando de conseguir “igualdad”, el feminismo ha caído en la misma injusticia que tanto denuncia del hombre del pasado.
Resulta muy llamativo que pidan cuotas para ciertos puestos, pero no soliciten que se les guarde para trabajar recogiendo la basura subidas en la parte trasera de un camión, de albañiles, en una refinería en lo alto de una tubería, limpiando cristales en edificios de gran altura o en minas picando piedra. 
En España tenemos a mujeres desempeñando puestos de gran responsabilidad, como a Ana Botín (presidenta del Banco Santander), Margarita Robles (Ministra de Defensa), Nadia Calviño (Vicepresidenta primera y ministra de Asuntos Económicos y Transformación Digital), Pilar Llop (Ministra de Justicia), Fuencisla Clemares (directora de Google) y Marta Martínez (directora general de IBM Europa, Oriente Medio y África). ¿Que, por ahora, son pocas en cantidad respecto a los hombres? Por un lado, son los hombres los que suelen preferir los puestos de mayor responsabilidad. Y, por otro, volvemos a lo mismo: hay que ganárselo por méritos propios, no por ser de genes XX o XY. Conforme eso suceda, habrá más y más mujeres.

Premiando el género & Destacando a unos al precio de despreciar a otros
Me llamó mucho la atención que, entre los tres candidatos a mejor entrenador en fútbol femenino en 2023, el premio fue concedido a una mujer, la neerlandesa Sarina Wiegman, a pesar de que su selección, Inglaterra, perdió la final contra la selección española, entrenada por otro de los nominados: Jorge Vilda. El otro también era hombre: Jonatan Giráldez, que ganó con el Barcelona femenino, nada más y nada menos, que la Champios League, la Liga española y la Supercopa de España. ¿Por qué se le dio el premio a una mujer que no ganó absolutamente nada, y no se le dio a alguno de los hombres que lo ganaron absolutamente todo? ¿No se buscaba igualdad, y premiar los méritos? Mucha casualidad que fuera así, y justo después de lo acontecido con el caso Rubiales (“Hashtag: # Seacabó. ¿El machismo, el hembrismo, la desigualdad o qué exactamente?” https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2023/09/hastag-seacabo-el-machismo-el-hembrismo.html  y “¿El mal entiende de géneros? ¿Cuándo acabará la guerra entre el hombre y la mujer, y qué precio estamos pagando ambos mientras tanto?” https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2023/09/el-mal-entiende-de-generos-cuando.html).
Mientras que en algunas carreras universitarias suelen tener mayor participación las mujeres (Enseñanza infantil: 92%; Trabajo social y orientación: 83%; Enfermería: 82%), en otras son los hombres los que predominan (Informática: 86%; Deportes: 80%; Ingenierías: 74%)[2]. Para elegir dichas carreras, todos ofrecen el mismo argumento: les gusta más y se sienten inclinados hacia ese futuro. Pero, de un tiempo a esta parte, se han viralizado vídeos donde, mujeres de movimientos feministas, van a los institutos a dar charlas para convencer a las chicas para que estudien Ingenierías, y así “demostrarles a los hombres que ellas también pueden”. Vamos a ver: ¿pero quién es nadie para decirte lo que tienes que hacer o no? Ya es el colmo. ¡Que cada uno estudie lo que quiera! ¡Que cada uno practique lo que más disfrute y mejor sepa hacer!
Se está llegando a tal ridículo que hasta los iconos populares de ficción se están destrozando en el cine y la televisión. Se toma la serie de dibujos animados de He-Man y los Masters del Universo, y matamos al protagonista para cederle el papel principal a una mujer. Se toma al inteligentísimo científico Bruce Banner, alias Hulk, experto en biología, química, ingeniería, medicina, fisiología y física nuclear, para dejarlo en ridículo ante su prima She-Hulk. Se toma a varios de los personajes principales de Fundación, la gran saga literaria del escritor Isaac Asimov, y le cambiamos el sexo: de hombre a mujer, ¡incluso a los robots! ¿Qué será lo siguiente?
¿Es que no pueden crear buenos papeles para las mujeres, verdaderamente fuertes e interesantes, como ya han hecho con Millie Bobby Brown en Stranger Things, Natasha Lyonne en Poker Face, Jenna Ortega en Miércoles, Rosario Dawson en Ahsoka, Sigourney Weaver en Aliens, Amy Adams en Heridas abiertas, Charlize Theron en Mad Max: Fury Road, Cate Blanchett en Blue Jasmine, Daisy Ridley en Star Wars, Amy Dunne en Perdida, Gal Gadot en Wonder Woman, Jennifer Lawrence en Los juegos del hambre, Frances McDorman en Tres anuncios en las afueras, Linda Hamilton en Terminator o Nicole Kidman, Laura Dern, Reese Witherspoon, Shailene Woodley, Zoe Kravitz y Meryl Streep en Big Litlle Lies, entre muchísimas más, sin necesidad de pisotear a los hombres?

Continuará en Barbie y Gloria, dejad el discurso victimista & Escuchad también a los hombres & Mejor juntos que cada uno por su lado & Perdidos sin Dios (2ª parte)