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sábado, 25 de octubre de 2025

El progreso del Peregrino

 



Extraído de la célebre novela El progreso del Peregrino, de Juan Bunyan.

- Cristiano: “¿Quién eres tú?”.

- Enjaulado: “¡Ah! En otro tiempo hice profesión de cristiano, y prosperaba y florecía a mis propios ojos y a los ojos de los demás. Me creía destinado a la ciudad celestial, y esta idea me llenaba de grande regocijo. Pero ahora soy una criatura de desesperación; encerrado en esta jaula de hierro, no puedo salir, ¡ay de mí!, no puedo salir”.

- Cristiano: “Pero, ¿cómo has llegado a este estado tan miserable?”.

- Enjaulado: “Dejé de velar y de ser sobrio, solté la rienda a mis pasiones, pequé contra lo que clara y expresamente manda la Palabra y bondad del Señor; entristecí al Espíritu Santo, y éste se me ha retirado; tenté al diablo, y vino a mí; provoqué la ira de Dios, y el Señor me ha abandonado; mi corazón se ha endurecido de tal manera, que ya no puedo arrepentirme”.

- Cristiano: “¿Pero no hay remedio ni esperanza para ti?, ¿habrás de estar encerrado siempre en esa férrea jaula de desesperación?”.

- Enjaulado: “He perdido toda esperanza. He crucificado de nuevo en mi mismo al Hijo de Dios, he aborrecido su persona (Lc. 19:14), he despreciado su justicia, he profanado su sangre, he ultrajado al Espíritu de gracia (He. 10:28-29); he aquí porque me considero destituido de toda esperanza, y no me restan sino las amenazas terribles de un juicio cierto y seguro, y la perspectiva de un fuego abrasador, de cuyas llamas he de ser pasto. A este estado me han traído mis pasiones, los placeres e intereses mundanos, en cuyo goce me prometí en otro tiempo muchos deleites, pero que ahora me atormentan y me corroen como un gusano de fuego”.

- Cristiano: “Pero, ¿no puedes aún al presente volverte a Dios y arrepentirte?”.

- Enjaulado: “Dios me ha negado el arrepentimiento; en su Palabra no encuentro ya estímulo para creer; es el mismo Dios el que me ha encerrado en esta jaula, y todos los hombres del mundo juntos no me podrán sacar de ella. ¡Oh, eternidad, eternidad! ¿Cómo podré yo luchar con la miseria que me espera en la eternidad?”.

- Intérprete (una persona que aconseja a “Cristiano”): “Cristiano, nunca eches en olvido la miseria de este hombre; sírvate siempre de escarmiento y de aviso”.

- Cristiano: “¡Terrible es esto! Concédame el Señor su auxilio para velar y ser sobrio, y pedirle que no permita el Señor que yo llegue algún día a ser presa de tamaña miseria”.

Para profundizar en este tema, aquí: ¿Puede volver a Dios un “cristiano” que ha negado a Cristo con sus palabras o sus obras? http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2017/05/puede-volver-dios-un-cristiano-que-ha.html

jueves, 11 de septiembre de 2025

¿Leer te convierte en mejor persona? ¿De qué depende realmente?

Por la prensa, supe que la influencer María Pombo –de la cual nunca había oído hablar, puesto que no me muevo por esos “mundos” digitales-, había dicho que leer no te convierte en una mejor persona. Las críticas contra ella arreciaron al instante. Mi intención no es destriparla, sino analizar sus palabras y hablarles a todos aquellos que están detrás de la pantalla y le quieren dedicar unos minutos a estas líneas.
La realidad es que es completamente cierto lo que afirma: el simple hecho de leer no te hace mejor. Es como el que cree que por hacer deporte de cualquier manera se volverá fuerte, cuando se ejercita poco o en exceso, come mal o no lo suficiente, y no descansa para permitir la recuperación y el crecimiento del músculo.
De igual manera, puedes leer los mejores libros del mundo, de cualquier materia, incluyendo de ética, moral, filosofía y espiritualidad, que si no pones en práctica lo que ellos enseñan no cambiarás a mejor. Es más, en psicología se considera que la persona que no hace lo que sabe, en verdad no ha aprendido. Conocer no es saber; saber implica interiorizar, asimilar, hacer tuyo, aplicar. Si sabes, pero no lo pones por obra, en verdad no sabes nada.
 
Lo que ha cambiado en mí por leer
Por otro lado, y sabiendo que millones de personas no leen, quiero exponerles qué ha supuesto para mí la lectura en sí. Mi deseo es hacerles ver que da igual que nunca lo hayan hecho, que lo hagan poco o que no tengan un hábito, ya que “nunca es tarde si la dicha es buena”. No importa que tengas veinte, treinta, cuarenta o setenta años; mientras estés vivo, tienes tiempo de subirte al carro. Y aquí va mi lista de razones para que reflexiones sobre ella y cómo puede hacerte crecer:
 
- Los libros de psicología de Bernabé Tierno, Enrique Rojas Marcos y los de la familia Vallejo-Nágera (recalco lo de Nágera) me han enseñado multitud de aspectos sobre cómo funciona la mente, su interrelación con el sistema nervioso y las emociones, junto a la manera en que nos afectan para bien o para mal las experiencias que vivimos, en función de cómo las valoremos. Y lo mismo con multitud de cuestiones: personas y actitudes tóxicas, el trato con los padres, la educación de los hijos y adolescentes, etc. Necesitaría cien páginas para hacer un brevísimo guion de todo aquello de lo que hablan.
 
- Cada vez que regreso a libros como “Un mundo feliz”, de Aldous Huxley, “Fahrenheit 451”, de Ray Bradbury, “Rebelión en la granja” y “1984”, ambas de George Orwell, observo en dichas fábulas cuán parecidas son a nuestra sociedad presente, y cómo no ser uno más entre la masa para no dejarse arrastrar por ella.
 
- El libro de los Salmos me enseñó, y me enseñan, cómo experimentaron y afrontaron el dolor sus autores. Me mostró la manera de confiar en Dios cuando la tormenta arreciaba en mi corazón, a reconocerlo hasta en los pequeños detalles y a buscar fortaleza en Él.
 
- El libro “El hombre en busca de sentido”, de Viktor Frankl, me llevó a reflexionar sobre lo que es importante, y cómo un propósito vital y existencial te capacita para resistir cualquier penuria, por grave que sea.
 
- Los libros de los Proverbios y Eclesiastés me mostraron cuál es la verdadera sabiduría, junto a decenas de consejos sobre la vida diaria y el sentido de la misma.
 
- Los “libros” sobre Jesús (los cuatro Evangelios) me instruyeron sobre cómo Dios vivió entre nosotros, sobre el significado de su muerte en la cruz y el regalo consecuente que ofrecía, junto a todos los obstáculos que se encontró, cómo los afrontó y cómo valora la fe y la fidelidad a Su Palabra, no los halagos o el aplauso del prójimo. En definitiva, cómo la esperanza vence a la desesperanza.
 
- Los “libros” de Pablo (todas las cartas que escribió) me ilustraron sobre cómo es realmente el corazón humano y lo que significa vivir de una manera diferente a los valores de este mundo, lo cual no depende de lo que los demás piensen de ti, de cómo te sientas o del éxito o el fracaso personal. Es la manera perfecta de descubrir la buena, agradable y perfecta voluntad de Dios (Ro. 12:2).
 
- Los libros de Charles Swindoll me ayudaron a ver los atinos y desatinos que otros seres humanos cometieron, para así saber cuál es la senda correcta, en lugar de aquella que conduce a la muerte en vida.
 
- La lectura de decenas de libros, tanto seculares como cristianos, sobre soltería, noviazgo y matrimonio, me sirvieron para analizar y entender las distintas formas en que cada persona siente el amor y los problemas que causan en las parejas no saberlo, junto a los motivos exactos de tantos corazones rotos, de tantas rupturas sentimentales y de tantos divorcios. Esto me ha ayudado a seguir con uno de mis lemas: “Fíjate en lo que nadie se fija, y verás lo que nadie ve”. El conocimiento adquirido en esos manuscritos, y que he corroborado con lo que yo mismo he visto mil veces en la vida real, han sido la base de multitud de artículos que he escrito al respecto.
 
- La lectura de “Diccionario de dificultades y aparentes contradicciones bíblicas”, de Haley-Escuain, “Evidencia que exige un veredicto”, de Josh Mcdowell, o “El caso de Cristo”, de Lee Strobel, entre otros muchos estudios a los que he accedido sobre apologética (incluyendo la lectura de los que promulgan los ateos), me han sido de guía para hacer mis propios análisis y encontrar respuestas a todas esas inquietudes intelectuales que trae aparejada la fe, como el problema del mal en el mundo o la manera de actuar de Dios en determinadas circunstancias concretas e históricas. Es la única manera de argumentar racionalmente aquello que dices creer o no creer, en lugar de dejarse llevar por lo que nos enseñaron en el pasado u otras personas influyentes, como familiares y profesores.
 
Y así podría estar mencionando libros, libros y más libros hasta el año que viene, y lo que he aprendido de ellos. Y los “infinitos” que me quedan por hincarle el diente.
 
¿Qué puedes hacer? Si quieres, claro…
Solo quiero despertarte, para que te confrontes ante el espejo contigo mismo. No busco hacerte sentir mal. Tampoco consiste en que digas “ahora voy a leer mucho y sin descanso”. Lo importante es leer libros de gran calidad que te aporten de verdad y te sirvan para llenar tu mente de riqueza sobre temas valiosos. Tú mismo verás que tu cerebro creará nuevas conexiones, donde las ideas brillarán y saltarán de una a otra, donde tu mente tendrá un nuevo “funcionamiento”, incluso cuando estés en reposo.
Una y otra vez he visto que, en las personas que no lo llevan a cabo, se hace realidad en ellos una frase que me acompaña desde que me la enseñaron: “mente vacía, oficina del diablo”. Si no llenas tu mente de “lo bueno”, por lógica, se llenará de lo malo: pensamientos sobre asuntos banales o negativos, críticas hacia los que te rodean, chismorreos continuos, música y lenguaje vulgar, visualización de telebasura, interés por la vida amorosa de los famosos, uso del tiempo libre siempre volcado al ocio sin transcendencia, horas y horas viendo TikTok, búsqueda de validación en las redes sociales, exposición de tu cuerpo semidesnudo para ser “piropeado”, etc.
Estos puntos sintetizan lo que dijo una niña en la novela antes mencionada de Ray Bradbury: “A veces, me deslizo a hurtadillas y escucho en el Metro. O en las cafeterías. ¿Y sabe qué? La gente no habla de nada. Citan una serie de automóviles, de ropa o de piscinas y dicen que es estupendo. Pero todos dicen lo mismo y nadie tiene una idea original”.
La mente trabaja sobre lo que tiene: si le das basura, generará basura; si le das riqueza, generará riqueza interior. El aburrimiento, el sopor, que muchos dicen experimentar, y que se agudiza con la edad, que se manifiesta en un vacío sin fin y en deterioro cognitivo, son causa directa de no usar la mente “para lo que merece la pena”. Tu cerebro es como un Ferrari: si no le echas buena gasolina, si no cuidas el motor, si lo pones a correr sobre el desierto, ese extraordinario coche estará para el desguace en poco tiempo.
 
¿Crecer o no crecer? He ahí la cuestión
Volviendo a las palabras de la tal María Pombo: tener el conocimiento de estos libros, por sí mismos, no me ha hecho mejor persona. Lo que me ha hecho crecer, pulirme, hacerme y rehacerme, ha sido la aplicación, tanto interna como externa, de ese conocimiento. Todos y cada uno de los errores que he cometido en mi vida adulta han sido por falta de conocimiento (por ejemplo, haber creído en varias herejías durante años) o por dejarme llevar por las emociones más viscerales, en lugar de hacerlo por la sabiduría expuesta en los libros, queriendo hacer las cosas a mi manera y no en la de Dios.
Algunos dirán: “Hay personas maravillosas y no leen” o “como se aprende realmente es con la experiencia de la vida”. Y sí, ambas realidades son verídicas. Pero añado: “¿Y cuánto se puede aprender de los errores y aciertos de los demás, de sus conocimientos, de sus vivencias, expresadas en miles de libros?”. La respuesta sería: “Una barbaridad”. En muchos aspectos, nos evitaríamos caer donde otros cayeron, y se nos facilitaría el aprendizaje vital y en todas las áreas del saber. 
 
Así que te pregunto: ¿Qué harás ahora? ¿Buscarás esos libros que te harán crecer o seguirás con excusas como “ya es tarde para mí” o “soy demasiado mayor porque tengo… años”?

lunes, 22 de abril de 2024

David: Un hombre de pasión y destino

 


Quiero creer que todo cristiano posee en su biblioteca particular algunos libros del excelente escritor Charles Swindoll. Y si no, este es un buen momento para empezar. Sin duda alguna, es uno de mis autores favoritos. Tiene un don especial, ya que en cada relectura sientes que es la primera vez que lo lees, puesto que siempre te aporta algo nuevo y fresco. Recoge el estilo bíblico, en el sentido de que te muestra cómo ciertas vidas, que transcurrieron hace muchos siglos, son perfectamente aplicables al presente. Mucho de lo que vivió, sintió, pensó y experimentó David, lo podemos llegar a vivir nosotros, en su esencia.
Hace más de veinte años inició una colección dedicada a los grandes personajes bíblicos, los cuales quiero ir reseñando poco a poco para despertar el interés en aquellos que todavía no los han leído. Y hoy quiero empezar haciendo una pequeña reseña por la biografía que lleva a cabo de David, al que llama un hombre de pasión y destino.

Aprendiendo de lo malo
Cuando nos acordamos de él, suele venir a nuestra mente sus comienzos humildes como pastor de ovejas, su épica victoria ante Goliat, sus salmos, su gran reinado como rey de Israel y su caída en adulterio con Betsabé, junto a otros errores que cometió a lo largo de su vida, como su poligamia, y por la cual tuvo que pagar un precio muy alto en su último tercio de vida. En todas estas escenas se detiene el señor Swindoll de forma muy gráfica y elocuente. Pero, ante esto, que ya es consabido, personalmente me llama la atención el enfoque que hace y del cual podemos aprender muchísimo: cómo usa Dios las circunstancias negativas, la maldad de nuestro alrededor y los enemigos que nos acechan por nuestra fe, para moldear nuestro carácter. Hay cristianos que hacen el bien si se portan bien con ellos, si el medio que les rodea es positivo y agradable, pero que actúan de forma opuesta si su mundo se vuelve negro. Incluso hay personas que han abandonado al Señor porque padecieron algún tipo de mal: amigos que les traicionaron o abandonaron, el haber sufrido algún tipo de abuso espiritual, un familiar que murió de forma inesperada, una enfermedad sufrida en las propias carnes, un despido laboral, etc. Esto no debería ser así.
David, antes de ser rey, fue perseguido incansablemente para asesinarlo, tuvo que huir día tras día y esconderse en cuevas. Todo esto provocó que perdiera su esposa, su posición y hasta el respeto a sí mismo. El capítulo seis –mi favorito-, titulado Sin ninguna muleta, trata en profundidad lo citado y es una de las lecciones más importantes que he aprendido en mi vida, y que es necesario que todos asimilemos para que forme parte de nosotros.

Los dos caminos
¿Cuál es el peligro principal de no poner en práctica lo dicho en esas páginas que escribe Swindoll? Vivir según nuestra propia voluntad, en lugar de la de Dios. Las consecuencias de esto tiene consecuencias eternas, que es la segunda muerte, la cual ya no tiene solución. Puede que en esta vida se logre el éxito, el reconocimiento ajeno, el trabajo de tus sueños, la novia deseada, la diversión que tanto placer le da a los sentidos, pero de cara a la eternidad, no sirve absolutamente de nada. Por eso es tan triste escuchar a un joven decir que sería feliz teniendo dinero para salir de fiesta todos los días con sus amigos. Vivir de espaldas a Dios, ciego, incapaz de doblegar el corazón y preferir ser el “dios” de su vida, en lugar de dejar que sea el Creador, es terrible.
Esto es algo que vemos en la vida de Saúl, como narra el autor: “Este hombre no tenía necesidad de morir como lo hizo, pero la verdad es que él mismo escogió su propio destino. Escogió palmo a palmo, y día tras día, entrar en componendas y vivir a la luz de la desobediencia. Y escupió en la cara de Aquel que le dio su gracia, como diciéndole: ´No te necesito. Yo viviré y moriré como me plazca`. Saúl escogió su senda carnal y por eso no debe sorprendernos el desenlace. Pero fue en verdad un sufrimiento que bien pudo haberse evitado. F. B. Meyer dice: ´Esto es lo más cruel de todo: saber que pudo haberse evitado ese sufrimiento; que es el resultado del desatino y de la contradicción; que es la cosecha de lo que uno mismo siembra; que a los buitres que se alimentan de nuestras tripas los hemos criado en nuestras propias entrañas. ¡Oh, Dios, qué dolor tan grande!`” (Pág. 139,140).
El contraste entre la vida de David –a pesar de sus grandes pecados, de los que supo arrepentirse a tiempo- y de Saúl, debería hacer reflexionar a cualquier ateo, pero también a todos los cristianos, para que nunca perdamos de vista quién debe ser el verdadero Señor de nuestras vidas, sin olvidar cuál es nuestra meta final.

Índice
Lo reseñado es una ínfima parte de todo lo que nos podemos encontrar en este libro, que recomiendo fervorosamente a todo el mundo, y no solo para leerlo una vez y dejarlo en la estantería, sino para regresar a sus páginas en distintas etapas de nuestro caminar en este mundo. Siempre encontraremos algo que no habíamos apreciado las veces anteriores.
Para no extenderme más, aquí os dejo el índice:

Dedicatoria
Introducción

1. Un hombre de Dios, según el corazón de Dios, y a la manera de Dios.

2. Un don nadie ignorado por todos.

3. Música suave para un corazón endurecido.

4. David y el enano.

5. Secuelas de la muerte de un gigante.

6. Sin ninguna muleta.

7. Sólo para los que moran en cuevas.

8. La tentación más sutil de la vida.

9. Cómo calmar a un hombre airado.

10. Días nublados... noches de oscuridad.

11. Dos muertes... un contraste.

12. Un nuevo rey, un nuevo trono, el mismo Señor.

13. David y el arca.

14. Cuando dice “No”.

15. Gracia de una tierra árida.

16. El caso de la persiana abierta.

17. ¡La confrontación!

18. Problemas en la familia.

19. Aguantando la tormenta.

20. Amigos en las malas.

21. Suficientemente grande como para perdonar.

22. Un canto de triunfo.

23. Cuando los piadosos actúan como necios.

24. El final de una era.

Conclusión.

lunes, 7 de febrero de 2022

Jugar con fuego santo

 

Este libro ha sido escrito de un pentescotal para los pentecostales en general, siendo su autor Michael L. Brown, fundador y presidente de AskDrBrown Ministries. Lo considero ideal tanto para leer como para regalar, especialmente entre carismáticos. Ahora bien, lo puede leer cualquier creyente, crea en la vigencia de los dones espirituales para el tiempo presente o sea cesacionista. No es necesario estar de acuerdo en todo lo que dice –ni yo mismo lo estoy, ni mucho menos-, pero podemos aprender de sus palabras y experiencias. Basta con seguir la máxima que nos enseñó Pablo: “Examinadlo todo; retened lo bueno” (1 Ts. 5:21).
Algunos evangélicos piensan que este tipo de libros les robará la fe, y por eso rehúyen su lectura. Actúan de la misma manera que el católico, que prefiere creer lo que otros le han enseñado durante toda la vida, en lugar de comprobar por sí mismos la realidad y, así, analizar si coincide con la enseñanza bíblica. Siempre digo que la fe no te la roba nadie; el que se pierde, es porque se pierde a sí mismo.
El autor narra algunas profecías y milagros que él ha contemplado en primera persona (que dependerá del lector creer o no), algunos de los cuales me han sorprendido, como uno al que describe como “macarrones con queso” (sabrás a qué me refiero cuando lo leas), pero también advierte: “... la Palabra de Dios nos dice que no creamos a todo espíritu, sino que probemos los espíritus. La Biblia con frecuencia nos advierte contra el engaño y nos dice que tengamos cuidado con los falsos profetas y los falsos maestros. Esto significa que ser como niños en nuestra fe no significa que seamos ingenuos. La ingenuidad no es más un fruto del Espíritu que el escepticismo. ¿Por qué entonces tenemos tan poco discernimiento? ¿Por qué somos tan prontos para creer cualquier cosa y todo, siempre y cuando se utilice el lenguaje “espiritual” adecuado? ¿Por qué somos tan ingenuos?” (Pág 20).
Expone practicas heréticas que él, como carismático, conoce muy bien, muchas de ellas porque las ha visto, y las sigue viendo, con sus propios ojos, las cuales se han infiltrado en iglesias de este corte, sobre todo en temas como demonología, prosperidad, sanidad, “unción” y el estilo de vida de los “superapóstoles”, entre otros, y por lo que reconoce sentirse avergonzado. Recordemos que muchos creen estar adorando, cuando en realidad están ofreciendo “fuego extraño”, como hicieron los hijos de Aaron, con el argumento de considerarlo válido, diciendo que “es para el Señor”.
La cantidad de ejemplos que cita son asombrosos, siendo desconocidos para mí, a pesar de que hace unos años leí una ingente cantidad de literatura al respecto. Y nunca deja de asombrarme.
Animo fervientemente a su lectura a todos aquellos que quieran saber de un tema que nos afecta a todos los cristianos y que irá en aumento, todavía más si cabe, conforme se acerque el día de la Parusía.

Aquí os dejo el índice:

- Cap. 1: ¡El Espíritu se está moviendo poderosamente!
- Cap. 2: ¿Por qué somos tan ingenuos?
- Cap. 3: Profetas mercenarios.
- Cap. 4: Líderes superestrellas.
- Cap. 5: Liderazgo abusivo.
- Cap. 6: Profecía no supervisada.
- Cap. 7: Inmoralidad sexual.
- Cap. 8: El evangelio de palabras de ánimo y el evangelio de la prosperidad.
- Cap. 9: Celebración de la desviación doctrinal.
- Cap. 10: Al tercer cielo y de vuelta en un segundo.
- Cap. 11: Querer ser sabios como el mundo.
- Cap. 12: ¿Cuál es el siguiente paso?
- Posdata: Una palabra cariñosa para los críticos de los carismáticos.

Para los interesados en este tipo de temática, les recomiendo dos libros excepcionales y, aparte, otros dos que yo mismo he publicado. De todos ellos dejo sus respectivas reseñas e índices en estos links:

- Cristianismo en crisis, de Hank Hanegraaff:

- Conceptos errados, de Virgilio Zaballos:

- Herejías por doquier, de Jesús Guerrero:

- Mentiras que creemos, de Jesús Guerrero:

lunes, 9 de octubre de 2017

Conceptos errados



“Lo que conforma un sistema religioso, en contraposición a la manifestación de la vida de Dios en medio de sus redimidos, la congregación de Dios, es poner el énfasis sobre el ´hacer` y ´estar`, no sobre el ´ser`. Si se cumplen los requisitos eres aceptado; de lo contrario, te espera el ostracismo, el ninguneo, la indiferencia y, por último, una presión psicológica para que te sometas incondicionalmente al dominio del líder y su entorno, o bien que desaparezcas amargado para luego acusarte de rencoroso y rebelde; un mensaje que venderán al resto del ´redil` para que aprendan a someterse o quedar expuestos a la misma ignominia”.

Este párrafo forma parte del libro Conceptos errados, de Virgilio Zaballos. Son muy pocos los pastores que se atreven a denunciar los disparates que se enseñan en muchas iglesias locales y el penoso estado en el que se encuentra un amplio sector del cristianismo, causado principalmente por el legalismo y las estructuras muertas que se venden como bíblicas, donde si te sales de ellas, aunque seas cristiano, dejas de existir para el resto. Gracias a Dios, Virgilio es uno de esos valientes que habla sin pelos en la lengua. Por eso me encanta la dedicatoria que hace: “A todos los dispersos que han sufrido el ostracismo y la indiferencia por mantenerse firmes en la libertad de los hijos de Dios”.
Tristemente, en las últimas décadas se han esparcido por medio mundo –incluyendo en mi país- las falsas y venenosas enseñanzas de personajes como Joel Osteen, Joyce Meyer, Cash Luna, Benny Hinn, César Castellanos y otros muchos (bajo el amparo y el apoyo incomprensible de muchas editoriales), por lo que un libro como este es extremadamente necesario, para que volvamos a la fe pura, a “la que ha sido una vez dada a los santos” (Judas 1:3).
Evidentemente, es un libro que, en principio, no gustará a los amantes de la teología de la prosperidad, a aquellos que desacertadamente llaman “ungidos de Jehová” a los pastores, a los que viven en un mundo de fantasía basado principalmente en los shows musicales y a los que presionan a la grey con textos fuera de sus contextos sobre el deber de pagar el diezmo. Ahora bien, si el autor mete el dedo en la llaga, no lo hace con el propósito de herir o robarle la fe a nadie, sino todo lo contrario: su deseo es instruir y corregir, y lo consigue a raudales.
Puesto que hace un análisis claro, sencillo y, a la vez, profundo de las Escrituras en asuntos delicados, mostrando cada error y su correcta interpretación –que es clara como el agua cristalina- animo a todo creyente a que compruebe si las doctrinas que ha aprendido en su congregación coinciden o no con las que la Palabra de Dios enseña.
Es hora de que los cristianos dejen de moverse al son de la trompeta que les tocan desde los púlpitos y desde las voces de los coros como si estuvieran hipnotizados. Es hora de confrontarte a ti mismo y de analizar concienzudamente si lo que oyes y lees proviene del cielo o de hombres errados, por muy buena fe que tengan.
En lugar de llamar díscolos y liberales o de sentir como un ataque personal las palabras de aquellos que contradicen y refutan la “doctrina oficial”, es el momento de que te atrevas a estudiar multitud de aspectos sin interferencias de nadie ni prejuicios de ningún tipo. Y este libro es ideal para comenzar. ¿Mi consejo al leerlo? Deja que sea la Biblia la que hable por sí misma.

* Índice:
- Prólogo del autor.
- Introducción.
- 1. La iglesia
La formación de un sistema religioso.
Textos para meditar.
Algunas consideraciones.
Analicemos el término iglesia.
La vida de Dios frente los sistemas religiosos.
Resumiendo.

- 2. El ministerio
Lo que llamamos cobertura pastoral.
Algunos textos y consideraciones para meditar.
Mi experiencia personal.
La superstición propia de Babilonia.
Resumiendo.

- 3. La unción
La unción en el Antiguo Testamento.
El ungido del Señor.
La unción después de Jesús.
Quiénes han recibido la unción.
La obra del Espíritu Santo.
Falsificaciones e imitaciones de la unción.
Resumiendo.

- 4. El evangelio
Qué evangelio predicamos.
Qué significado tiene “pagar el precio”.
La mezcla entre Viejo y Nuevo Pacto.
La sangre del Nuevo Pacto habla mejor.
El evangelio y las doctrinas de los últimos tiempos.
El evangelio y la obra social.
El evangelio de Dios es un misterio eterno revelado.
Diversas formas de denominarlo.
El evangelio en la epístola a los Romanos.
El anuncio del evangelio.
Lo que incluye la salvación.
Resumiendo.

- 5. El diezmo como impuesto
Algunas consideraciones iniciales.
El diezmo y el sistema religioso.
La gran pregunta.
Argumentos y conceptos clásicos sobre el diezmo.
La superstición del diezmo.
Principios del Reino sobre la economía.
Algunas consideraciones finales.

- 6. La fiebre por los sueños
La corrupción del lenguaje
Los sueños. ¿De qué estamos hablando?
Definiendo los conceptos para aclararnos.
Vayamos a las Escrituras.
Textos bíblicos sobre los sueños.
Los “soñadores” de la carta de Judas.
Sueños y visiones ¿cuál es la diferencia?
Un buen ojo.
Lo que veía Jesús.
Mi sueño cumplido.
A modo de conclusión.

- 7. La locura de la cruz
Cómo definimos llevar la cruz.
Lo que significó para Jesús.
El poder de la cruz de Cristo.
Crucificados o comprometidos.
La cruz nos libera de los traumas.
Soltando el control de nuestras vidas.
Conclusiones.

Epílogo
Bibliografía

* Reseña del propio autor sobre el libro: http://virgiliozaballos.es/?p=36

* Cómo adquirirlo:
Tal y como dice Virgilio sobre todos sus libros: Están disponibles en las librerías evangélicas de España, y también en Amazon. Están en formato papel y en ebook o libro digital. La otra opción es hacer tu pedido directamente a su dirección de correo electrónico, son estas: vzaballos@hotmail.com; virgilio.zaballos@gmail.com

* Página web del autor: http://virgiliozaballos.es/

* Otro libro reseñado del autor: