lunes, 30 de octubre de 2023

Jesús Revolution (3ª parte). Si eras cristiano, ¿tienes razones para alejarte de Dios? Y, si no lo eres, ¿tienes razones para no buscarlo?

Venimos de aquí: Jesús Revolution (2ª parte). 22 de junio de 2003: Una pequeña historia de mi paso por una iglesia convertida en secta (https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2023/10/jesus-revolution-2-parte-22-de-junio-de.html).

Lo que conté del partido de fútbol, se podría considerar una anécdota con efectos muy desafortunados, una mala experiencia que me podría haber evitado con una poquita más de sabiduría y sentido común. Como no fue el caso, me tocó cargar con ella. Lo que viví años después, y que espero algún día poder contar, fue un verdadero calvario. Pero mi intención al narrarla, junto a todo el mal que conlleva el legalismo, era traer a colación “tu propia historia”:

- si te has enfriado o apartado de Dios, es posible que haya sido causado por experiencias sumamente desagradables, incluso traumáticas, y tengas “tus razones para ello”.

- si no eres cristiano porque has oído historias semejantes, y prefieres mantenerte al margen y vivir tu propia vida, puedo entenderte.

A vosotros, estéis en un grupo u otro, os vuelvo a querer hablar desde las entrañas, mostrar la realidad sin tapujo alguno y ver qué se puede hacer al respecto.

Te comprendo perfectamente, pero... ¿esa es la realidad de Dios? ¿Y la tuya?
¿Quién, en su sano juicio, querría estar, ni remotamente cerca, de un grupo de personas, que se hacen llamar cristianos, que te hacen daño? Nadie en absoluto.
¿Cómo me sentí cuando salí de aquel lugar? Junto con la muerte de mi padre, fueron los peores meses de mi vida. Me apabullaron. Mis emociones se desbordaron por completo. Perdí el control de la situación, y no sabía qué hacer al respecto. La inmensa mayoría de mis amistades desaparecieron. Experimenté la muerte social. Llegué a tal límite que me planteé acabar con todo, por primera y última vez en mi vida. Y no hace falta que escriba la palabra para que entiendas a qué me refiero. Nunca fui de víctima, y eso me ayudó a seguir adelante. Pero ese túnel, que me llevó meses atravesar, fue negro como el carbón.
Por eso puedo empatizar con cualquier persona, tanto antiguos cristianos –que se han sentido usados, abusados y manipulados, y todo lo que les huele a “cristianos” les crea animadversión-, como los que no son creyentes y no quieren saber nada del tema. También digo que me resulta muy triste que algunos solo hagan referencia al cristianismo cuando quieren hacer mofa de los falsos creyentes. Todo lo que expuse en el escrito anterior puede presentarse como “razones” para abandonar a Dios, pero serían excusas por mi parte, y por cualquier otra persona que se agarre a ellas para defender su postura de “adiós, Dios” o seguiré creyendo en ti, pero a mí manera. A partir de ahora, viviré mi propia vida, tomaré mis propias decisiones sin contar contigo, y basaré mi ética y moral en lo que yo crea”.
Recuerda, una vez más, que el hecho de que haya individuos que afirmen ser cristianos y no sean de ejemplo, no significa que esa “realidad” represente a Dios. Imagina que asistes invitado a un partido de fútbol entre el Milan y el Sevilla. Y allí contemplas a varios centenares de aficionados de ambos equipos enfrentándose a pedradas y puñetazos. Es tal la escena, que tú, junto a miles de personas inocentes, tienes que salir corriendo, y la Policía interviene con contundencia. Si, días, semanas, meses o años después, me conocieras y, hablando, te contará que soy aficionado al Sevilla, ¿pensarías, automáticamente, que soy una persona “violenta”? Sería un prejuicio si lo afirmaras. Bastaría con saber un poco más de mí para saber que esos individuos “sevillistas” no me representan, ni a mí, ni a nadie. Pues con los “cristianos” y “Cristo”, exactamente igual. Que haya “malos cristianos”, “falsos cristianos”, “hipócritas”, “individuos que dicen y no hacen”, “que no aman a pesar de hablar todo el día de amor”, no significa, ni muchísimo menos, que ESA imagen sea la de Jesús de Nazaret.
Por eso quiero ser muy claro: si eres de los que se apartó de Dios a causa de terceras personas, de lo que te hicieron, de lo que te causaron, de lo que te provocaron, sigues siendo esclavo de lo que ellas hicieron contigo; por una sencilla razón: continúan controlando tus decisiones. Has tomado un camino en base a las acciones de otros individuos. De ahí que...

Vivir en paz sin Dios es una falsa paz.

Vivir confiado sin Dios es una falsa confianza.

Vivir libre sin Dios es una falsa libertad.

Vivir feliz sin Dios es una falsa felicidad.

Vivir con la vida resuelta sin Dios, es no haber resuelto nada.

Vivir con un propósito que no incluya a Dios, es una vida sin propósito.

Vivir con sueños que no incluyan a Dios es un sin soñar.

Y sé que tú sabes todo esto, aunque no quieras dar tu brazo a torcer, y trates de negarlo con acciones y palabras, mostrando al mundo “cuán feliz eres” y “cuán bien te marcha todo”. Pero, como dice Miguel Contreras, en su libro El vacío del alma que solo Dios puede llenar: “Si alguien busca estar satisfecho fuera de Dios, entonces vivirá con el vacío del alma, independientemente de lo que acumule. Ese vacío del alma se tiene desde que uno nace hasta que Dios en su plan soberano lo llena. Entonces la vida es transformada. Hoy entiendo que lo más importante es la certeza de la eternidad al lado de Dios”.

Tú, tú, tú y solo tú, con Dios
Acabaré, una vez más, hablándole tanto a los no cristianos como a los que se apartaron o enfriaron: 

1. A los que no son cristianos, que rehúyen buscar a Cristo, por experiencias como las que narré, u otras, pudiendo tener miedo a que algo así les suceda. Por un lado, ya están sobre aviso, y les he dejado claro que, el hecho de “alguien te diga que es cristiano”, no significa que lo sea, ni que ESA sea la imagen de Dios. Es fundamental que, en tu mente, aprendas a separar lo uno de lo otro.
¿Mi consejo, a ti, seas un buscador o no? Dos en concreto: el primero, es que compres y leas detenidamente el libro “El Caso de Cristo”, de Lee Strobell. Su esposa se hizo cristiana, y él, periodista ateo, quiso mostrarle su error, llevando a cabo una ardua investigación. Y no me digas que no tienes diez euros, que es lo que cuesta, cuando el precio de ese libro te lo gastas en cualquier prenda de vestir o en tomarte una hamburguesa. Lo puedes solicitar en cualquier librería, y si no, aquí lo tienes en Amazon: https://www.amazon.es/caso-Cristo-investigaci%C3%B3n-periodista-Investigation/dp/0829721924/ref=cm_cr_arp_d_product_top?ie=UTF8

Y mi segunda recomendación, que te parecerá hasta extraña: lee el Evangelio de Marcos. Son solo dieciséis capítulos. No hace falta, ni mucho menos, que lo entiendas todo o que te vayas deteniendo en las dudas que te vayan surgiendo. Ya habrá tiempo para eso algún día. Ahora, limítate a pasear concienzudamente por sus letras, con la mente abierta. Entra en la historia como si la estuvieras viviendo en una película. A ver qué te encuentras y qué te parece. Date esa oportunidad. Dale a Dios esa oportunidad.

2. Por último, a los apartados y enfriados, aunque no diré nada nuevo o que no sepan:

¿Y qué si hay malas personas?

¿Y qué si hay falsos cristianos?

¿Y qué si hay individuos que juegan con el nombre de Dios a su antojo?

¿Y qué si te hicieron daño?

¿Y qué si otros se apartaron?

¿Y qué si ves hipocresía?

¿Y qué si escuchas de las “obras de la carne” que cometen los demás, como “adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías”?
¿Y qué, con todo eso? Recuerda lo que le dijo Jesús a Pedro: “¿qué a ti? Sígueme tú” (Jn. 21:22). ¡Tú, tú, tú, tú, túuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu!

¡Deja de ser esclavo de lo que otros hacen o dejan de hacer! Ponte delante de un espejo, que te veas bien la cara, porque vas a hablarte a ti mismo. Pero mira bien: no te quedes en los ojos o en tu boca. Ve más allá, a tu alma. Si tienes que gritar, hazlo. Si tus vecinos se asustan, que se asusten. Enfádate si quieres, hasta rabiar. O llora. Lo que necesites. Y repite ante ti mismo: “NO ME DA LA GANA SER ESCLAVO DE LAS MALAS DECISIONES DE LOS DEMÁS O DE LO QUE ME HAN HECHO. DIOS MÍO, TE QUIERO SOLO A TI, SOLO A TI, SOLO A TI. PERDÓNAME POR HABERTE DEJADO A UN LADO. QUIERO QUE SEAS MI MUNDO, MI ALEGRÍA, MI CONSUELO, MI SUEÑO, MI META Y MI ILUSIÓN”.
¡Me encantaría levantarte en peso de los mofletes para hacerte reaccionar, leñe! Pero no depende de mí lo que hagas a continuación. Solo digo que me da exactamente igual si son esas palabras u otras, y que mi único deseo es que retornes a TU SALVADOR y al primer amor. Que Él vuelva a ser tu Señor.

lunes, 23 de octubre de 2023

Jesús Revolution (2ª parte). 22 de junio de 2003: Una pequeña historia de mi paso por una iglesia convertida en secta

 


Venimos de aquí: Jesús Revolution (1ª parte). ¿Estás perdido y no lo sabes? ¿O sí lo sabes? ¿Estás buscando o no lo haces? ¿Piensas que Dios, “y ese tipo de cosas”, no son para ti? (https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2023/10/jesus-revolution-1-parte-estas-perdido.html).

Nota aclaratoria:

1) Ninguna de las sílabas vertidas en este escrito expresan sentimiento alguno de animadversión, sino la exposición de una serie de acontecimientos que, en su mayoría, son de dominio público desde hace bastantes años, y cómo los viví.

2) No deseo absolutamente ningún tipo de mal a las personas que aludo. Lo que tengo “en contra” no es “contra ellos”, sino “contra lo que enseñan” y “su discurso”, tanto a nivel doctrinal, como en cuanto a praxis eclesial, dadas las nefastas consecuencias que han conllevado en la vida de muchas personas.

Dicho esto, añadir que cualquier otra interpretación ajena a las intenciones ya expresadas, será una distorsión de las mismas, donde no me corresponderá a mí responder de lo que otros puedan o quieran entender de mis palabras. 

En primera instancia, puede parecer que, lo que voy a contar en este escrito, “rompe” con la línea argumental mostrada en la primera parte, cuando analicé la película “Jesús Revolution”. Nada más lejos de la realidad: tiene un claro propósito y, cuando se lea el tercer artículo, todo cobrará sentido.

Un ejemplo de legalismo & Sentimientos de culpa
Mi intención no es caer en el morbo per se y narrar algo porque me apetezca, que no es el caso. Además, es una historia más, entre muchas; ni más ni menos importante. De esta manera, mostraré cuánto mal puede hacerle a una persona cuando el cristianismo genuino se deforma. Y esto sucede a la par que entra en acción lo que se conoce como “legalismo”.
Más que una herejía en sí, es una idea que te transmiten, directa o sutilmente: mientras asistas a un mayor número de cultos, de reuniones, de retiros, de oraciones, de vigilias, de conferencias, de talleres, de congresos, entre decenas de quehaceres, te enseñan que “más consagrado estás” y “mejor cristiano eres”. Esto lleva a que valoren tu persona, tu carácter, tu fe y tu espiritualidad por el número de actividades que lleves a cabo. ¡Ojo! No estamos hablando de cumplir mandamientos específicamente ordenados por Dios, lo cual es lo que realmente determinada si Él es nuestro Señor (cf. Lc. 6:46). Me refiero a llevar a cabo el programa que cada iglesia local establece sin falta, donde muchas de las tareas que se llevan a cabo, y el número de ellas, son extra-bíblicas –es decir, no ordenadas por Dios-, cayendo así en el legalismo. Esa es la diferencia y el matiz.
¿Cómo padecí ese legalismo, que otros muchos sufren de múltiples maneras, y que me ha dejado una huella imborrable en mi alma, para mal? Mi padre y yo compartíamos varias aficiones, que disfrutábamos juntos desde que yo era crío. Una de ellas, como el de casi todos los hijos de este país, era el fútbol, siendo ambos seguidores del Real Madrid. El 22 de junio de 2003 se celebraba el último partido de Liga contra el Athletic de Bilbao. Si ganaban los nuestros, seríamos campeones. ¿Dónde estaba el conflicto? Que caía en domingo por la tarde, momento en que había culto, puesto que la iglesia a la que asistía por entonces tenía establecidos un par en ese día. Sabía que, si contaba mis intenciones –quedarme con mi padre en casa por el fútbol-, la charla estaba garantizada. Solo se lo conté a un amigo, puesto que él iba a hacer lo mismo. Fui al culto de la mañana, como siempre, y me despedí de la pastora. A la hora del partido, disfruté como un niño la victoria blanca con mi padre, hasta la mañana siguiente que sonó el teléfono...
Sabía que era ella. Cuando me preguntó por mi ausencia y se la expliqué, montó en cólera. Me dijo que se había sentido como Jesús con Judas: como si la hubiera traicionado. Parafraseó Isaías 58:13, para decirme que “había profanado el día del Señor”. Y terminó con un Uppercut, directo al mentón: “Has demostrado que amas más a tu padre que a Dios”. Traté de explicarle que otras iglesias tenían solo un culto los domingos, y que no pasaba nada. A lo que replicó: “Bueno, pero nosotros lo tenemos establecido así”.
¡Qué barbaridad que no supe ver! ¡Ay, si yo no hubiera sido un neófito en ese momento y sobre mi mente no hubiera pesado el llamado a la sumisión a “los pastores”, algo que no dejaban de repetir en sus predicaciones y exhortaciones!
Me exigió llamar al otro amigo que no había asistido, para decirle que, los dos, lo habíamos hecho mal y teníamos que disculparnos, algo que hice, con apenas fuerza en la voz. Mientras hablaba con él, sentía una dicotomía: como un loro, yo repetía las palabras que me habían dicho, porque me sentía mal, pero en mi mente había una especie de runrún, una parte que no estaba conforme. Al contrario de lo que yo sentía –o, más bien, me habían hecho sentir-, él me dijo que no había hecho nada malo: demostró ser más sabio que yo. Días después, redacté una carta pidiendo perdón por mi “desobediencia”, por haber desilusionado y defraudado a los que confiaban en mí, al ser de mal ejemplo, llegando a la conclusión de que me exhortaron como me merecía. Me sentía tan deficiente para conmigo mismo que, como le dije a un pastor, pensaba que “Dios ya no quería ni verme”.
¿Cuál fue el resultado de dicha llamada? Que nunca más volví a quedarme un domingo con mi padre a ver un partido, para su sorpresa e incomprensión, hasta que falleció en agosto de 2006. Esa decisión –el no haberme quedado más con él-, completamente desacertada por mi parte, es una culpa que viene y va cada cierto tiempo. Una marca que no sé cómo borrar. En esos momentos, solo puedo aferrarme al recuerdo de los buenos momentos que pasé en su compañía, en lugar de los que dejé de vivir.
Daría mi vida, lo que fuera, por volver atrás a aquel día y haber reaccionado de otra manera: me habría ido al instante de dicha iglesia, la cual acabó convertida en una secta, por razones que muchos saben de sobra. ¡Como si no se pudiera amar a Dios y a tus padres al mismo tiempo! ¡Como si profanar el día del Señor fuera no ir a dos cultos en dicho día! ¡Como si honrar a Dios fuera estar en un local de cuatro paredes, cantando y escuchando a otros predicar buena parte del domingo! ¡Como si el hombre hubiera sido hecho para el día de reposo, y no al revés! ¡Qué terrible y espantosa exégesis, y que uso torticero y sesgado se hace de las palabras de Jesús: “El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará”!
Un año después, me quedé de nuevo en casa, un miércoles, por la misma razón; repito: un miércoles. Había culto en otra iglesia local, pero no pensé que fuera a pasar nada, aunque estaba intranquilo por el antecedente. Efectivamente: esa misma noche, otro pastor me llamó para darme un toque de atención, y decirme que “debería haber ido a apoyar”.
La misma pastora, citada en párrafos atrás, cuando ya alcé mi voz, cansado de que siempre se me señalaran supuestos errores –que no los eran-, me contestó, diciendo que “yo no había vivido oprimido, sino que se me había dado libertad para todo”. ¡Ay, ay, ay! Si tu libertad depende de que obedezcas, entonces no es libertad, ni es nada; solo pura esclavitud. Dentro de la ley de Dios somos libres, y fuera de ella somos esclavos del pecado. De igual manera, toda aquella imposición que no procede de Dios es, empleando todos los sinónimos del término, “sumisión, servidumbre, sometimiento, yugo, sujeción, dominio, opresión, explotación, tiranía, despotismo, abuso, vejación”.

El precio de vender un falso cristianismo
Fue ese sistema legalista el que me robó ese tiempo en general, y con mi padre en particular. La pastora era solo una parte más del engranaje, perfectamente engrasado, que ella, y otros, defendían con uñas y dientes, como si fuera la verdad absoluta.
Cuando la tradición y las leyes humanas se convierten en teología, sucede lo inevitable: que se cometen todo tipo de atrocidades y se cae en el abuso espiritual; y lo que es peor: usando el nombre de Dios.
La misma persona, cuando me fui de allí, de nuevo telefónicamente, me echó en cara “todo lo que habían hecho por mí”, como “hacerme obrero” o “haberme dado la oportunidad de desarrollarme como en ningún otro sitio hubiera sido posible”. ¡Y yo que pensaba que es Dios el que hace y levanta! De nuevo, el hombre se cree a la par de su Creador. Jamás se puede aceptar lo inaceptable, como si fuera el precio a pagar en gratitud, por el hecho de que “te pongan a predicar”.
Ante sus aseveraciones, le dije que el servicio había sido mutuo, a lo que contestó: “Lo dudo”. Como con este escrito no tengo ninguna intención de vindicarme a mí mismo, sino exponer unos hechos y mi reacción ante los mismos, estaría de más que enumerara las actividades que llevaba a cabo, aparte de que podría sonar grandilocuente. Los que me conocen de aquellos años, saben si hubo o no servicio por mi parte –tanto eclesial como extra eclesial-, y si son ciertas o falsas esas palabras de “lo dudo”, que me soltó acusatoriamente. Y luego, si quieren, que les pregunten a mis familiares, y cómo los desatendí por estar en mil cultos, reuniones, actividades u otras parafernalias de su propia invención. ¿Fui voluntariamente a muchas de ellas? Sí. ¿Fui voluntariamente a otras muchas? No. Sabía perfectamente la diferencia en el trato en función de lo que hacías o dejabas de hacer. 
Nada de eso tiene arreglo. Nada de eso lo puedo recuperar. Y todo, por cómo me dejé atrapar en una tela de araña.
Quien sabe de mí, tiene la certeza de que, a pesar del dolor de ese pasado, que ya no existe en mi corazón, no escribo desde el rencor. Y si alguno lo piensa, es su problema. Si he descrito esta experiencia es, por un lado, para explicar un aspecto –tanto para cristianos, no cristianos, enfriados o apartados-, que reflejaré en el tercer escrito. Y, por otro, desde el deseo de que nadie más caiga en esta calamidad llamada “legalismo”, sea en una iglesia u otra, porque eso es lo que hace: te carga, te obliga, te aprisiona, te ahoga y te ata unas pesadas cadenas, cuando Jesús dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mt. 11:28-30).

Lo que podría haber sido...
¿Qué los pastores de esa iglesia tuvieron buenas intenciones al comienzo? Puede ser; es lo que me gustaría creer. Por eso es una pena que, tanto esfuerzo y tiempo dedicado, haya terminado trayéndoles una mala reputación, ganada con creces. La única esperanza que finalmente regalaron fue la de descomponer almas, de todas las edades, y estigmatizarlas hasta fracturarlas. Y todo por adoptar doctrinas extrañas y una mala praxis eclesial, dejando que la carnalidad tomara su lugar.
¿Pienso entonces que comenzaron siendo una iglesia y terminaron pareciendo otra cosa muy distinta? Sí, lo creo. Por diversas razones: aunque muchas de sus doctrinas eran ortodoxas, y que comparto (la Trinidad, la salvación por gracia, la resurrección de Cristo, la Segunda Venida, etc.), se sirvieron de un sistema eclesial putrefacto –cuya raíz estaba en la herejía de “los Ungidos de Jehová”, que analizaré en el futuro-, para hacer de ello un estilo de vida eclesial, que caía en un control malsano. 
Frases como “qué desilusión nos hemos llevado”, “con todo lo que hicimos por él” o “nos han fallado”, eran repetidas hasta la extenuación para describir a los que salían. El extremo era tal que, a la inmensa mayoría de los que se marchaban, por no compartir su forma de gobierno, eran tachados de “hijos de las tinieblas”, “rebeldes”, “resentidos”, “hacedores de las obras de la oscuridad” o “enemigos del Reino de Dios”, extensa lista en la que me incluyeron tras mi salida. Eso cuando no teníamos algún tipo de demonio controlándonos... Tenían ideas tan asombrosas que llegaban a proclamar –y siguen haciéndolo- que, cuando tal o cual persona, que ellos consideraban “divisoria”, se alejaba de allí, la iglesia crecía, puesto que Dios estaba haciendo “limpieza”. Dichas palabras superan ampliamente lo enfermizo.
Si una ínfima parte del tiempo que dedicaron a convertir en parias a sus “enemigos” lo hubieran invertido en estudiar sana teología, sin los prejuicios y sin la influencia doctrinal a la denominación que pertenecían, y en pasajes muy concretos sobre la autoridad, la historia habría sido muy distinta. Lo que un día fue una hermosa iglesia de más de trescientos miembros, posiblemente hoy sería de miles y, sobre todo, madura en el Señor.
Para ellos, sus propias desgracias, los malos momentos que les llegaron, y les siguen sobreviniendo, e incluso problemas de salud puntuales, fueron provocados por los que no seguían su misma línea. La verdad es que todo lo que les aconteció, junto al desprestigio y el deshonor, se lo causaron ellos mismos, por cómo actuaron durante décadas –que se dice pronto-, y no por lo que dijeron, digan o dejen de decir los demás, que nos limitamos a contar hechos que se repiten sin cesar, variando únicamente los matices de cada historia personal. Son tantos los testimonios, que la lista no tiene fin, aunque no me corresponde a mí contarlos, sino a ellos, si quisieran.
No son las víctimas, como tienden a presentarse, puesto que sus escándalos no fueron nunca por predicar el Evangelio –lo cual sería parte del precio por seguir a Dios-, sino por sus malas acciones, que partían de una base doctrinal desatinada. Como dijo Abraham Lincoln: “Se puede engañar a todo el mundo algún tiempo... se puede engañar a algunos todo el tiempo... pero no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo”.
A pesar del buen trabajo que pudieron hacer en algunas áreas, terminaron manifestando absolutamente todas las obras de la carne: “enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidia” (Gá. 5:20-21). Algunos se alegrarán de su caída –la cual es parte de la justicia divina-, pero a mí me causa profunda tristeza, sabiendo lo extraordinario que podría haber sido, si lo hubieran hecho en la forma correcta, y no hubieran dejado tantos cadáveres por el camino.

Un precio inasumible
¿Pasé buenos momentos? Sin duda. ¿Vi buenas obras? Claro: predicaban el mensaje de salvación, por el cual muchos se conviertieron por la gracia de Dios, y no hay mejor obra que ella, y que es INSUPERABLE. ¿Me ayudaron en diversas ocasiones? No lo niego en absoluto; al que honra, honra. ¿Aprendí? Una barbaridad, tanto de lo positivo (ciertas amistades y de las clases del seminario), como de lo negativo (mis propios errores y los ajenos, de cómo actuar y cómo no, de lo que es verdaderamente importante como cristiano y lo que no lo es). ¿Me sentí amado? Durante bastantes momentos, también. Y, estoy seguro de que muchos de los que me están leyendo y pasaron por allí, afirmarán lo mismo. Por lo tanto, no renuncio a esa etapa de mi vida, puesto que Dios la permitió para pulirme. ¿Dónde estaba entonces el problema? Resumiendo:

- En descubrir que se te valoraba por lo que hacías. Cuando llevabas a cabo sus indicaciones, se te consideraba “un sol” y “alguien entregado al servicio del Señor”. Cuando decías que no, fuera en temas eclesiales o personales, te acusaban de “no estar cargando la cruz de Cristo”, “de no ser de ejemplo”, “de no estar entregado por completo” o “de no aceptar la autoridad del pastor”.
- En que cualquier tipo de desavenencia la achacaban a problemas personales o familiares, y nunca a sus faltas, como si fueras tan inútil que no supieras separar lo uno de lo otro.
- En comprobar, una y otra vez, que se sentían en la libertad de contarse entre ellos –o a otros- intimidades ajenas, sin pedir permiso, algo que, en sentido inverso, no podía hacerse bajo ningún concepto. Como una vez me dijeron: “Las cosas se pueden saber de arriba abajo, pero no de abajo arriba”. Esa forma de pensar es muy habitual entre aquellos que han caído en la errada creencia de que en la iglesia existe una Jerarquía piramidal: los pastores arriba, y el resto del pueblo abajo, y que nace, nuevamente, de la herejía de los Ungidos.
- Intrínsecamente relacionado con el punto anterior, en ver que no vivían lo que predicaban en lo que concierne a las críticas. Los demás no podían decir nada de ellos, pero ellos sí podían decir cualquier cosa de los demás.
- En constatar que, si opinabas de otra manera a la oficial en temas doctrinales o personales, no tardaban en sacar a colación la palabra “rebelde”.
- En tomar conciencia de que, las dos expresiones que más empleaban para guiarte (realmente, controlarte), –“siento de parte de Dios” y “Dios me ha dicho”-, tenía su verdadero origen en la información que terceras personas les habían descubierto.

Podría seguir, seguir y seguir. Cuando llega el día en que tus ojos son realmente abiertos a este panorama, que ese amor que te ofrecían conllevaba una servidumbre absoluta, basada en un errado concepto de la obediencia y la autoridad, que incluía designios caprichosos, al final te dabas cuenta de que no merecía la pena el esfuerzo; ni por asomo. Terminabas por no desear esa clase de cariño; ni por todo el oro del mundo.
Manifestarán que lo dieron todo por todos. Y puedo llegar a creer que lo vieran así. Pero el precio que exigían a cambio era inasumible, e iba más allá de lo que Dios mismo demanda de sus hijos. 

¿Es el final de la película?
Por todo lo descrito, a los quince años de mi marcha, los expulsaron. Aunque humanamente considero tardó en demasía, finalmente aconteció lo que un Proverbio bíblico anuncia: “Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu” (16:18).
La tristeza es que, los que los echaron, por no haber actuado antes, ya no pudieron evitar el destrozo que se causó en tantísimos cristianos. A mis ojos, esa es la gran tragedia; ese es el gran drama.
Cada uno tiene sus propias teorías sobre ellos: unos piensan que creían estar en lo correcto y por eso actuaban como lo hacían. Y la prueba es que no han cambiado. Otros opinan que sí lo sabían, pero que reconocer públicamente que estaban equivocados sería una humillación, desmoronándose todo el castillo del pasado. Por último, están los que llegan a la conclusión de que, algunas de estas personas, no habían nacido de nuevo, que no tenían corazones regenerados, sino que vivían una religiosidad que camuflaban bajo una supuesta “vocación cristiana”, que la evidencia empírica y objetiva no respaldaba.
¿Mi opinión? Evidentemente, la tengo, según mi propia observación, y que es una mezcla de las tres, según cada caso e individuo. Si a eso le sumamos una deficiente educación teológica, un modelo errado de pastoreado y la naturaleza caída que todos traemos de serie, pues ya está el puzle completo. Dicho eso, añado que, ante el que me pregunta, siempre afirmo lo mismo: será Dios quien diga la última palabra cuando llegue el momento.
Estarán aquellos que no entenderán por qué no se ha buscado la reunificación y la restauración para estos “jefes” (en plural), como enseña el mismo sentir del Señor. Mi respuesta ante tal dilema es muy clara: han tenido tiempo de sobra y oportunidades por doquier para arrepentirse –algo que algunos de los de su círculo cercano sí han hecho-, puesto que han sido confrontados en muchas ocasiones. Pero, en lugar de rectificar...

NO
LO
HAN
HECHO

Es más, han seguido aferrándose a sus preceptos. Por eso lo pregunto al aire sin acritud, sino desde la incredulidad continua y la incomprensión más absoluta: ¿es que no son conscientes de cuánta desolación han provocado a su paso con sus enseñanzas y la aplicación de las mismas? Es como si se hubiesen autocegados voluntariamente y vivieran dentro de una burbuja, en una realidad paralela. Es algo que cuesta entender, como le resulta a otros muchos que se plantean lo mismo.
Sabiendo que algunos no estarán de acuerdo con estas palabras, tengo que decirlas, o más bien repetirlas, puesto que ya las dejé por escrito en “Cuando la iglesia falla en proteger a una víctima de abuso sexual & ¿Qué debería hacer la Iglesia y el afectado en esos casos?” (https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2023/08/cuando-la-iglesia-falla-en-proteger-una.html), porque de lo contrario iría en contra de lo que creo: sigo esperando a que suceda algo, no sé el qué, que les lleve a una catarsis, de tales dimensiones, que lleguen al quebrantamiento, al arrepentimiento que produce “vida”, y así puedan ver, por sí mismos, cuánto mal han hecho, a cuántas ovejas del rebaño de Dios han destruido y dispersado, para pedir perdón de puro corazón.
Esta película aún no ha concluido, puesto que siguen por otros lares. Ojalá hayan aprendido de sus errores, recapaciten y deshagan todo lo que deban deshacer. Pero, incluso aunque cambiaran, moralmente están desautorizados para todo lo que tenga que ver con “pastorear”, “predicar” o “liderar”, y deberían apartarse de todo ello. En lugar de camuflarse bajo versículos bíblicos, mostrando una apariencia de “felicidad” de cara a los que todavía les siguen y no han sufrido en sus carnes todo lo descrito, el arrepentimiento sería el vehículo por el cual dedicarían el resto de sus vidas a reparar, desde un segundo plano, el estropicio que han causado, y a obrar para el Señor de otras maneras, alejadas de los focos y de la primera plana.
A pesar de que alguna vez escuché que ellos iban declarando que yo seguía en la sombra, moviendo hilos para derrocarlos, “haciendo la obra de las tinieblas” –como decían de mí-, nada más lejos de la realidad. Me mantengo completamente al margen de todo desde que me evaporé de dicho lugar, en el ya lejano 2008. Por suerte, ni siquiera vivo en la misma ciudad. Pero los que siguen al tanto de la noticias, de sus aventuras y desventuras, me comentan que no ven posible que ese cambio suceda. Conociendo las dificultades, es bien conocido ese refrán sobre la esperanza y lo último que se pierde. La obra es de Dios y es el Espíritu Santo el que convence de pecado (cf. Jn. 16:8). Así que, quién sabe.
Por mi parte, y por todo lo expuesto –que solo es una pequeña porción del pastel-, salí de allí. Lo decidí después de escuchar las vivencias de otros hermanos hasta altas horas de la madrugada, y que iban en consonancia con mi propia experiencia y sentir. Iba caminando por la calle en dirección a mi coche y, por primera vez en varios años, sentí paz. No podía seguir, ni quería, ni un segundo más. Quitarme esa carga de encima fue una liberación inenarrable.
Aunque la pastora lo negó contundentemente cuando se lo describí, los problemas eran claros como el agua cristalina y estaban bien delimitados, y no tenían su origen en mi época, sino que venían de mucho más atrás. Tristemente, eran los mismos que se dan en muchas iglesias evangélicas, en los cuatro puntos cardinales del planeta, y que se envuelven en un falso aroma de cristianismo, como analice en dos de mis libros publicados: “Herejías por doquier” (http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2013/08/normal-0-21-false-false-false-es-x-none_21.html) yMentiras que creemos” (http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2014/06/mentiras-que-creemos.html).
Ahora bien, antes de mi marcha, traté de inducir un cambio radical, pero los hermanos afectados decidieron no tomar partido y dar al frente el paso necesario, por unas razones u otras; algunas comprensibles y otras no tanto, así que, viéndome solo, desistí. En perspectiva, ahora está claro que todavía no había llegado el momento.
El infierno que se desató después, es otro relato que, sin se dan las condiciones adecuadas y es de utilidad, dejo para otra ocasión, puesto que no tengo nada que ocultar, ni siquiera mis faltas. Pero hoy no es el momento, ya que sería desviarme en exceso del tema que he tratado –el legalismo-, y a la enseñanza vital que quiero exponer en la tercera parte.

Continuará en Si eras cristiano, ¿tienes razones para alejarte de Dios? Y, si no lo eres, ¿tienes razones para no buscarlo?

lunes, 16 de octubre de 2023

Jesús Revolution (1ª parte). ¿Estás perdido y no lo sabes? ¿O sí lo sabes? ¿Estás buscando o no lo haces? ¿Piensas que Dios, “y ese tipo de cosas”, no son para ti?

 

Llevaba un tiempo demorando la visualización de la película “Jesús Revolution”, basada en una increíble historia real. Sabía que tenía que hacerlo con toda mi atención para sacarle todo el jugo posible y exprimirla al máximo, y no lo he hecho hasta que me he sentido con el ánimo de dedicarle el esfuerzo que se merece.
Lo que vemos en pantalla es tan impactante que la recomiendo fervientemente: no solo a cristianos, sino también a tres grupos de personas distintas:

- A los que se han apartado de Dios, por unas u otras causas, para que haya un despertar en ellos.
- A los cristianos que se han enfriado, que suelen ser los que ya apenas leen y estudian la Biblia, sus oraciones son escasas, dedican todo el tiempo libre en sus aficiones y no en obrar para Dios, y se guían por su propia ética y moral, para que se quiten el sopor que embarga sus mentes y experimenten una verdadera revolución en sus vidas.
- A los que, sin ser cristianos, están buscando “algo” en la vida y no saben qué es.
- Y, aunque parezca contradictorio, a los que no están buscando absolutamente nada, y se dedican a vivir tranquilamente sus vidas.

Cada una de las palabras de estos tres artículos, van para ellos, y están escritas desde las entrañas, sin callar absolutamente nada; ni lo bueno, ni lo malo, ni lo positivo, ni lo negativo. 
Habrá aspectos que les llamarán la atención, e incluso les gustarán. Y también verán otros que no entenderán, o que directamente les provocará rechazo. De todo esto hablaremos.

¿Qué nos cuenta?
El contexto que se nos muestra es claro: en los años 70, en plena guerra del Vietnam, y el rechazo que provocaba entre millones de norteamericanos tal conflicto bélico, el movimiento hippy alcanzó su apogeo en su país de origen: Estados Unidos. Dicho movimiento estaba en contra del concepto tradicional de la familia, la religión y el consumismo, por lo que promovían la libre meditación, la vida sencilla en comuna, la libertad sexual y el consumo de drogas alucinógenas para alcanzar estados alterados de conciencia.
Ante lo que les ofrecía la sociedad, que no les llenaba y les provocaba una profunda insatisfacción, buscaron explorar otras maneras, radicalmente diferentes, de sentirse vivos, plenos y felices. Dentro de esta búsqueda, que muchos llevaron a cabo, se encontraron con una que les llevó a la plenitud: saber de Jesús, el Jesús de la Biblia. A partir de ahí, hubo un despertar espiritual tan explosivo y cuantitativo entre los hippies de dicha nación, que fue una auténtica revolución, con miles y miles de jóvenes que se hicieron cristianos. A mí, como creyente, ver dichas imágenes y bautizándose, me resultaron muy emotivas.
La película gira principalmente en torno a cuatro personas:

- Chuck Smith, interpretado por Kelsey Grammer (más conocido por series como Cheers y Frasier), siendo el pastor de la iglesia “Capilla Calvario”. Como cuenta José de Segovia en el artículo que le dedicó, “Grammer se emocionó tanto al hablar de la película en un popular programa de la televisión americana ABC/Disney (Live Kelly & Ryan), que acabó llorando, después de decir que era el film más hermoso que había hecho nunca. Presenta a un Smith humano y vulnerable [...] se centra en la crisis que tuvo un pastor tan conservador como Smith, cuando intentaba levantar una iglesia en Costa Mesa y se veía tan fracasado que creía que lo iban a echar de la congregación, pero viene un inesperado despertar espiritual entre los hippies, acompañado de dones y milagros extraordinarios”. 

- Lonnie Frisbee, interpretado por Jonathan Roumey (el mismo actor que hace de Jesús en The Chosen, de la cual ya hablé ampliamente: The Chosen. Los elegidos. http://usatumenteparapensar.blogspot.com/2023/02/the-chosen-los-elegidos.html). En el film vemos que es un evangelista cristiano hippie, con una personalidad carismática, y que, con su manera cercana de predicar, alejada de las manidas estructuras eclesiales y las liturgias religiosas sin vida, atrajo a verdaderas masas de jóvenes del mismo movimiento a los pies de Cristo.
Buena parte de la trama se basa en la estrecha relación de amistad que surgió entre Chuck (izquierda) y Lonnie (derecha). Compartiendo ambos la misma fe, tenían maneras muy distintas de vivirlas... hasta que se conocieron y el hippie contagió su vitalidad al pastor conservador.

- Cathe, interpretada por Anna Grace Barlow. Ella es una chica joven, que forma parte activa del movimiento hippie. Sus padres están completamente en contra de lo que hace, pero no son conscientes de que su hija está en plena búsqueda. Cuando su hermana está a punto de morir, a causa de las drogas, Cathe se da cuenta de que ese no es el camino... el cual encuentra al conocer a Lonnie.

- Greg Laurie, interpretado por Joel Courtney. Sintiéndose abandonado y solo, criado por su padrastro, ya que no llegó a conocer a su padre, y cuidando de su madre alcohólica, asiste a una academia militar. Un día, se topa con Cathe, de la que queda prendado. Poco a poco, se introduce en su mundo, y en lo malo que había en él, consumiendo también drogas alucinógenas. Tras un furtivo noviazgo con ella, se reencuentran tiempo después... y lo anima a buscar juntos la verdad. Ambos la hallan en Jesús.
(Greg y Cathe en la película)

(los verdaderos Greg y Cathe, pasado y presente, después de llevar más de cincuenta años casados)

Puesto que José de Segovia se centra en Fribee y en su lado oscuro –que no se muestra en la película-, mientras que yo lo hago en Cathe y Greg –ya que quiero ir por otros derroteros-, recomiendo también su lectura, cuyo enlace dejo aquí: La “Revolución por Jesús” llega al cine (https://protestantedigital.com/martes/66150/la-revolucion-por-jesus-llega-al-cine?).

Nada ha cambiado & ¿Dios es para ti?
Sinceramente, todo sigue igual: nuestro mundo ha ampliado la oferta ante la demanda que hay en el interior de cada ser humano, buscando satisfacerla de mil maneras diferentes; algunas más sanas y otras perniciosas: relaciones sentimentales, libros, películas, conciertos, vacaciones en infinidad de lugares, todo tipo de placeres hedonistas y sexuales, deportes a mansalva, gimnasios, videojuegos, bebidas, restaurantes, discotecas, pub´s, grupos esotéricos, clases de todo tipo de bailes, redes sociales, móviles y aplicaciones, etc.
Por eso, en el fondo, todos los seres humanos somos Cathe y Greg: buscadores de “propósito a la vida” y al “sentido de la existencia”, tratando de llenar un vacío que todos tenemos. Y lo hacemos de todas las maneras posibles, volcando nuestro tiempo y corazón en lo que se nos presenta ante nuestros ojos. No es casualidad que, por ejemplo, la situación en España sobre sectas y grupos esté desbocada, donde hay un boom de todo lo que tiene que ver con la New Age. Como dice un experto, lo que atrae ahora son las que se mueven en torno al crecimiento personal, al potencial humano, la autoayuda o las terapias naturales[1]. En el futuro, surgirán experiencias novedosas, muchas de ellas basadas en las nuevas tecnologías.
Para los hippies era el amor libre –más bien el sexo y el libertinaje-, la vida en comuna y las drogas recreativas. Para el resto de la humanidad, son mil cosas distintas. Todos siguen buscando, lo sepan o no, sean conscientes o no. Pero, la realidad, es que nada le da sentido a nuestra existencia: esta solo viene de mano de nuestro Creador. De ahí las inalterables palabras de Jesús: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba” (Jn. 7:37). Tu alma siempre estará sedienta, y así estará hasta que conozcas al mismo Jesús mostrado en la Biblia, ya que con nada puedes llenar tu ser, salvo con Aquel que te trajo a la existencia. Él te regaló la vida y este planeta para disfrutar de todo lo bueno, pero se reservó, en exclusiva, la capacidad de darle sentido a tu existencia.
Observando esta realidad, es evidente que “Dios sí es para ti”. Además, te digo que, si no estás buscándole, es el momento en que empieces a hacerlo, sin dejar pasar más el tiempo. Si eres de los que afirmas que ya lo harás “cuando acabes los estudios”, “cuando encuentres trabajo”, “cuando te cases”, “cuando tus hijos vayan a la universidad”, “cuando te jubiles” o “cuando seas un viejecito”, estarás cometiendo un error tremendo, del que te prevengo. No seas uno más que se limita a excusarse con frases como “no tengo tiempo”.
Mientras que no lo hagas, y halles la verdad, seguirás perdido, incluso aunque te sientas bien contigo mismo o tengas una vida, a tus ojos, dichosa.

¿Qué significa el bautismo tan repetido en “Jesús Revolution”?
(Playa de Pirate´s Cove, en California, Estados Unidos. El mismo lugar donde los hippies acudían a bautizarse, y las multitudes siguen haciéndolo en el presente)

Quiero empezar por algo que se repite en la película desde el comienzo hasta el final: la imagen de miles de personas queriendo bautizarse. Acostumbrados a asistir a bautismos de bebés, la inmensa mayoría de las personas desconocen el significado que conlleva tal acción, y les resultará extrañísimo lo que se muestra en esa playa de California.
Al llevarlo a cabo en niños sin conocimiento, tristemente, el catolicismo romano ha desvirtuado completamente su significado a lo largo de los siglos. El hecho de que se practicara desde los primeros siglos del cristianismo, no es señal de su validez, sino una muestra de cuán pronto se comenzó a errar al respecto. Por eso, si no eres cristiano, o solo lo eres de forma folclórica, te pido por favor, que leas atentamente. Y, si perteneces al grupo de los que se apartaron, para que vuelvas a reflexionar sobre el acto que hiciste en su momento, donde todavía puedes volver a la realidad:

El bautismo es consecuencia de haber creído en el mensaje de la Cruz: que Dios se hizo hombre y murió en la cruz por nuestros pecados. Todo el que cree en ello de puro corazón, obtiene el perdón y la vida eterna. Es así de profundo y, a la vez, así de simple; quizá, por ello, los religiosos no lo aceptan.
Entonces, ¿qué es el bautismo? Si no estás familiarizado con el lenguaje bíblico, estas palabras te resultarán incomprensibles, pero no te preocupes, a continuación las explicaré de forma clara y sencilla: ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección; sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado” (Ro. 6:3-6).

¿Qué quiere decir aquí Pablo, el autor de dichas letras?:

1) La entrada en las aguas, simboliza la muerte a nuestro antiguo yo y a nuestra pasada manera de vivir.

2) La inmersión completa en ellas, simboliza la sepultura al pecado y al dominio que ejercía sobre nosotros nuestra naturaleza caída con la que todos nacemos y nos hace inclinarnos hacia el mal, que es, ni más ni menos, lo contrario a la voluntad de Dios.  

3) La salida simboliza la resurrección a una nueva vida en Cristo.

Eso es el bautismo que se contempla en “Jesús Revolution”: un simbolismo donde “mueres”, “eres sepultado” y “renaces” a una nueva vida, donde, a partir de entonces, es Dios quien marcará tus pasos, tu vida, tu ética, tu moral, tus decisiones, tus sueños y todo lo demás. Reflexiona el tiempo necesario en esos tres puntos hasta que lo comprendas.
Como dijo hace unos meses el mismo Greg Laurie –ahora pastor-, de nuevo en la misma playa de California, donde el 8 de julio de este año se bautizaron más de cuatro mil personas (que podéis ver aquí: https://twitter.com/greglaurie/status/1677825596385263617?ref_src=twsrc%5Etfw%7Ctwcamp%5Etweetembed%7Ctwterm%5E1677825596385263617%7Ctwgr%5E09dc54168f0ec56171029e7630b0198602ea4ec8%7Ctwcon%5Es1_&ref_url=https%3A%2F%2Flacorriente.com%2Fpastor-que-participo-del-jesus-revolution-lleva-a-mas-de-4-500-personas-al-bautismo-en-california%2F): “Al bautizarte, te despides de lo viejo, y eres sepultado con Cristo para que puedas vivir una vida nueva”[2].

¿Verdad o mentira en “el nuevo nacimiento”?
En teología, esto es lo que se conoce como “el nuevo nacimiento”, y es lo que hace a una persona verdaderamente cristiana. Es lo que yo mismo hice en el año 2001. Ahí está la clave de todo. Todo lo demás, son fuegos de artificios.
Algunos dirán que conocen a personas que dicen “creer”, e incluso haberse bautizado, pero que luego no tienen nada de cristianos, ni han dejado atrás su vida pasada. Y sí, es cierto. Es algo que he visto en demasiadas ocasiones. Pero el que, realmente, ha creído el Evangelio, confesando que Jesús es el Señor, y creyendo en su corazón que Dios le levantó de los muertos (cf. Ro. 10:9-10), sí habrá cambiado su vida.
Por eso fue tan contundente Jesús con Nicodemo: “El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. [...] De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es” (Jn. 3:3, 5-6).
Todo esto lo vemos reflejado una y otra vez en el Nuevo Testamento. Aquí un ejemplo muy sencillo de visualizar: “Un ángel del Señor habló a Felipe, diciendo: Levántate y ve hacia el sur, por el camino que desciende de Jerusalén a Gaza, el cual es desierto. Entonces él se levantó y fue. Y sucedió que un etíope, eunuco, funcionario de Candace reina de los etíopes, el cual estaba sobre todos sus tesoros, y había venido a Jerusalén para adorar, volvía sentado en su carro, y leyendo al profeta Isaías. Y el Espíritu dijo a Felipe: Acércate y júntate a ese carro. Acudiendo Felipe, le oyó que leía al profeta Isaías, y dijo: Pero ¿entiendes lo que lees? El dijo: ¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare? Y rogó a Felipe que subiese y se sentara con él. El pasaje de la Escritura que leía era este: Como oveja a la muerte fue llevado; Y como cordero mudo delante del que lo trasquila, así no abrió su boca. En su humillación no se le hizo justicia; Mas su generación, ¿quién la contará? Porque fue quitada de la tierra su vida. Respondiendo el eunuco, dijo a Felipe: Te ruego que me digas: ¿de quién dice el profeta esto; de sí mismo, o de algún otro? Entonces Felipe, abriendo su boca, y comenzando desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús. Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado? Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios. Y mandó parar el carro; y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó. Cuando subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe; y el eunuco no le vio más, y siguió gozoso su camino” (Hch. 8:26-39).

¿Quién no quiere algo así?
Todos los protagonistas, de una manera u otra, se encuentran perdidos en la vida. ¿Y qué encuentran?

- Un nuevo comienzo; una nueva oportunidad de hacer las cosas de otra manera.
- El perdón de lo que se ha hecho mal hasta entonces.
- Un verdadero propósito, que transciende a su paso por este mundo.
- Un sentido de eternidad, donde se toma conciencia de que la vida no acaba en este mundo tras la muerte.
- Un gozo que no se puede explicar con palabras, y que solo los que son partícipes lo entienden, puesto que no depende de las circunstancias personales.
- Amistades que comparten sus valores y a las que poder considerar como “su hogar”.
- Y, lo más importante de todo: saber que Dios les ama, quería perdonar sus pecados, y que por eso murió Jesús en la cruz y resucitó.

Ahora la pregunta va para ti: ¿es lo que quieres? En mi opinión, rechazar tal mensaje no tiene sentido ni lógica alguna.

Continuará en Jesús Revolution (2ª parte). 22 de junio de 2003: Una pequeña historia de mi paso por una iglesia convertida en secta.

lunes, 9 de octubre de 2023

15.1. ¿Cómo afrontar la vida tras salir de una secta o de una iglesia corrompida?

Venimos de aquí: Llegó la hora: sal de esa iglesia peligrosa (https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2023/06/14-llego-la-hora-sal-de-esa-iglesia.html).

Sabemos que, cuando la verdad es despreciada, difícilmente se puede salir de una congregación en paz. Esto se debe a que, por norma general, aquellos que se han atrevido a confrontar la situación se convierten en enemigos públicos. Aparte de algunas amenazas vertidas (como la pérdida de la salvación, la privación de la protección de Dios sobre la familia, un oscuro porvenir, etc.), se producen otra serie de consecuencias, que conlleva que el creyente pase por uno de los momentos más críticos de su vida: se siente traicionado por aquellos que decían amarle y ser su hermano. Esto puede provocar auténticos traumas personales, que afecten y repercutan, tanto en el presente como en el futuro, de forma severa.
En salidas eclesiales muy dolorosas, se produce lo que se conoce como “Síndrome de Estrés Postraumático”, habitual en otros tipos de experiencias dramáticas, como un secuestro, una agresión física, atropellos psicológicos, etc. El abuso espiritual viene a ser, ni más ni menos, que una violación del alma que algunos llevan a cabo como si fueran “dioses”.
Todo esto hay que tratarlo de frente para reorientar la manera de pensar, de sentir y de vivir, puesto que la situación no resulta nada fácil. De lo contrario, se puede acabar, literalmente, con los nervios destrozados, con diversas enfermedades psicosomáticas, sin ninguna estima propia, con una visión terrible de uno mismo, avergonzado y humillado por lo que le hicieron, con heridas emocionales de por vida, y cerrando el corazón, en una especie de cueva solitaria, donde no se permite que nadie acceda a ella. Y, a nivel espiritual, con el abandono de la fe y renegando de Dios por considerarlo responsable de su situación. En conclusión: paralizado y muerto, al estilo zombi.
El mayor problema reside cuando la relación con el Señor se enfría sobremanera y se deja de aplicar su Palabra. Esto ha provocado que muchos hayan terminado por convertir la nueva libertad adquirida en libertinaje. Llegado a este extremo, algunos buscan argumentos en la Biblia para defender sus actitudes pecaminosas. Al final, terminan completamente perdidos en un mundo de oscuridad:“Porque dejaron mi ley, la cual di delante de ellos, y no obedecieron a mi voz, ni caminaron conforme a ella” (Jer. 9:13). Al cambiar completamente de ambiente, se rodean de amigos que no son cristianos, terminando por adoptar sus mismas “costumbres”. Y, como dijo Salomón: “El hombre que se aparta del camino de la sabiduría vendrá a parar en la compañía de los muertos” (Pr. 21:16).
Otros, sencillamente, se alejan de todo y, aunque siguen creyendo en Dios y amándolo sin implicarse en la sociedad pecaminosa que les rodea, no han sanado sus heridas y se han visto abrumados por la carga que han soportado durante años. No supieron pasar página.
Los pasos que ofrezco sirven para todos, pero hay que estar dispuesto a darlos. Es la vida en general, junto a la salud física, emocional y espiritual, lo que está en juego.

Continuará en: Los efectos traumáticos tras salir de una secta y las diversas actitudes que toman los afectados.

lunes, 2 de octubre de 2023

11.6. ¿Eres soltero porque sigues prisionero de un pasado hiperactivo?

 


Venimos de aquí: ¿Eres soltero porque, cuando tienes pareja, no sabes negociar con ella? (https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2023/09/115-eres-soltero-porque-cuando-tienes.html).

Lo repetiré a lo largo de todo el capítulo: las causas a la solteria que estamos exponiendo son adyacentes o secundarias. Las causas principales que suelen darse o ser la norma están descritas claramente en el segundo apartado del primer capítulo (Lo que le duele a los solteros: Haciendo malabares: http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2015/03/12-lo-que-duele-los-solteros-haciendo.html). Lo aclaro para que no haya malos entendidos y nadie se cree falsos sentimientos de culpa.

Muchos de nosotros conocimos al Señor –entiéndase en el contexto del “nuevo nacimiento”-, ya en nuestra vida adulta. Y dentro de ese “desorden” en el que previamente vivíamos, experimentamos, en mayor o menor medida, el mundo caído, el pecado y las distintas obras de la carne. Hay infinidad de casos donde las personas apenas participaron de estas obras, pero también hay un grupo que acumularon altas dosis de ellas. Entre otras, Pablo nos hace una pequeña lista: “fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia” (Col. 3:5).
Fuimos llamados a dejar este tipo de pasiones, a despojarnos del viejo hombre y a revestirnos del nuevo. Y así lo llevamos a cabo. Pero también es cierto que están aquellos que, en cierta medida, han quedado marcados por su pasado. Sus vidas resultaron hiperactivas, donde vivieron emociones muy fuertes y experiencias límites a nivel sensorial, dándoles rienda suelta a muchos deseos de la carne. Aunque el poder del pecado se haya roto, recordemos que la naturaleza caída aun sigue en el nuevo creyente, junto con la nueva.

¿Cómo afecta el pasado?
En ocasiones, un pasado hiperactivo puede afectar a una relación sentimental. ¿Por qué? Porque la carne puede que todavía desee vivir de la manera en que lo hacía antes de entregarse al Señor. Especialmente en los malos momentos anímicos, el enemigo puede traer a la memoria aquellos placeres, incitando a ellos para que una parte quiera volver a aquel pasado. Puede que la carne eche de menos las fiestas, el alcohol, las drogas, la promiscuidad, el sexo desenfrenado o con distintas parejas, etc. Por eso hay personas que aparentan más edad de la que realmente tienen en lo que concierne a la personalidad. Uno de veinticinco años parece tener treinta y cinco, y alguien de treinta y cinco, cuarenta y cinco. Incluso sus rasgos físicos los delatan, como puede ser por medio de la expresión y el contorno de los ojos. Más de una vez lo he comprobado. Esto puede llevar a que, dos personas de la misma edad -y que en un principio se puedan atraer-, no encajen en absoluto, por el hecho de no haber pasado por el mismo tipo de experiencias.
En consecuencia, uno de los miembros de la pareja en ciernes puede sentir que, en su vida actual, “se aburre”, que no tiene suficientes alicientes, y que no experimenta la clase de emoción en la cual vivía antes instalado. Posiblemente, recordará que no era feliz, sino desgraciado y vacío. Será consciente de que solo el Señor llena su vida actual, le da propósito y sentido. Pero, aun así, este pasado hiperactivo puede jugarle malas pasadas a la hora de construir un vínculo estrecho e íntimo con otro ser humano. Las razones son varias. Por ejemplo: si han tenido relaciones sexuales, pueden sentirse culpables e incómodos ante una persona que se ha conservado virgen. Sentirá que la va a juzgar o sentirse inferior. Lo mismo si ha participado en borracheras y conocen a alguien que ha sido siempre abstemio.
En otros casos, puede que sientan que la otra persona le ofrece muy poco en comparación con las emociones que experimentó en el pasado. Una mujer tranquila y sosegada puede resultarle sumamente aburrida, aun cuando tenga gran cantidad de valores (equilibrio, amabilidad y estabilidad), cumpliendo todos los requisitos que se puedan buscar, siendo la candidata ideal. Una cantante española dijo algo en un programa de televisión que me dejó desconcertado y me revolvió el estómago, hasta el punto de que apagué inmediatamente la caja tonta: “Es algo que me pasa a mí y a varias de mis amigas. Si todo va bien, si el hombre es tan perfecto, tan bueno, te cuida tanto, te aburres que te mueres. Nos gustan los que son más canallas”. En realidad, en lugar de canalla, empleó un término soez que prefiero omitir deliberadamente, pero que viene a transmitir la misma idea. Pocos días después, oí en el mismo programa a una actriz americana decir justo lo contrario, que no le gustan este tipo de hombres. Gracias a Dios, no todo el mundo es igual.
Un hermano me contó que él mismo había experimentado situaciones parecidas. Afirmaba que había conocido a mujeres que decían buscar a un hombre decidido, que supiera lo que quería, pero que, a la hora de la verdad, no se iban a por el sensible, cariñoso, atento, inteligente y con grandes valores cristianos, sino a por el “malote”, el “chulo-playa”, atrevido y rudo. Muchas de estas chicas, en lugar de decir que todos los hombres son iguales, deberían cambiar la afirmación por “todos los hombres que me atraen son iguales”. Es muy distinto. Luego es normal que les vaya mal y la secuela que les queda es el miedo a relacionarse nuevamente. Otras incluso se casaron y vivieron amargadas, terminando en muchas ocasiones en divorcio. En mi opinión, y tras todo lo que he visto en mi vida, el caso es aplicable a los dos sexos. No sé si es fruto de la naturaleza caída a la que le atrae el riesgo, la mala influencia que se recibe desde jovencitos a través de las películas y series de televisión, o una mezcla de ambas.
Como vemos, la vieja naturaleza puede afectar directamente al presente, y más si usaron esas pasiones para lograr sus propósitos. Es como la polémica canción de Skahira, “Loba” (igualmente aplicable tanto a mujeres como a un hombre “Lobo”): “La vida me ha dado un hambre voraz y tú apenas me das caramelos... una loba en el armario tiene ganas de salir... yo sé lo que quiero, pasarla muy bien y portarme muy mal”.
Otro ejemplo: un hombre que bebía alcohol para desinhibirse y así poder atreverse a cazar a su presa. O una mujer que empleaba su sexualidad con el propósito de atraer y atar a sí misma a los hombres, buscando que la amaran. En ambos casos, puede que se manifieste una lucha en el interior de ellos. Es posible que les cueste mantener una relación sana con una persona íntegra del sexo opuesto en la que estén interesados, puesto que no les resultará un desafío que dispare sus hormonas y los estimule al mismo nivel que experimentó en épocas pasadas. No sale de ellos de manera natural el amar a alguien, y ni ellos mismos saben las razones. Sienten que están forzando el corazón (lo cual es antinatural), cuando la razón hay que buscarla en el pasado y cómo les está afectando en el presente. Antes todo fluía de manera natural; ahora ya no. O, al menos, aun no.

Atados por el pasado
Si establecen una nueva relación, puede que ahuyenten a su pretendiente al hablar en exceso de ese pasado que, continuamente o cada cierto tiempo, sacan a colación. Es más, si él nota que añoran parte de ese pasado (aunque hayan transcurrido muchos años), brillan sus ojos cuando hablan de sus ex, lo exaltan (aun sin darse cuenta), muestran esa clásica sonrisa como si lo echaran de menos, conservan fotos juntos y le comparan recalcando las cosas que hacían, saldrá huyendo al menor pretexto. Notarán si el otro todavía piensa en aquella relación. Se sentirá dolido y parte de una competición en la que no quiere participar, ya que se verá luchando contra un fantasma. Se sentirá inseguro e intranquilo. No habrá paz en su corazón.
Este tipo de persona puede incluso que, en su interior, se sienta nuevamente atraída por anteriores parejas que tuvieron en aquella época de su vida. Fueron malas relaciones que les llevaron por el mal camino, pero la carne recuerda el placer que llegaron a sentir, dentro del peligro, y cómo se sentían de vivos. Esa vieja naturaleza aun desea la aventura: una persona atrevida, ardiente, que la seduzca física y emocionalmente fuera del orden de Dios, que la conduzca más allá del límite y el riesgo, que sea como una tentación, pero que a la vez tenga que evitar. Eso emocionaría y excitaría sus sentidos. Por eso se pueden sentir atraídas por personas dominantes y emocionalmente inaccesibles.
Su naturaleza caída les grita y demanda aventura, peligro y acción en desorden, en lugar de una relación personal equilibrada y estable. Sus organismos se acostumbraron a tales niveles de agitación, que sus mentes luchan cada cierto tiempo con los excesos del pasado. La estabilidad no les atrae, y les lleva a rechazar a parejas potenciales porque no sienten que su mundo interior se estremezca.

Afrontando el presente
Ser consciente de esta realidad es el primer paso para ponerse nuevamente ante el Trono de Dios y pedirle un total aborrecimiento por el pecado. Es una sensación que estremece el alma y que provoca que no deseemos jamás volver a esa vida pasada. Para escribir este libro he leído multitud de manuscritos para ver la opinión de otros autores sobre diversos asuntos. Entre ellos, recuerdo haber leído literatura secular sobre las relaciones de pareja que narraban historias de infidelidades de personas que no sentían remordimiento alguno. Es más, la autora incitaba a ello si la relación matrimonial no iba bien. Ejemplares que lancé al contenedor de basura con verdaderas náuseas. El Señor usó aquello para mostrarme el dolor que supone contemplar el pecado en sus diversas formas. Dejar atrás el pecado no es solo una convicción intelectual a la que se llega tras la conclusión de que es beneficioso, sino también un profundo deseo en nuestro ser impulsado por Dios. Y, para esto suceda, hay que rogarle para que no nos afecte más en nuestra nueva vida, tanto en nuestra relación con Él como con nuestros semejantes.
No debemos solamente pedir esa clase de desprecio hacia el pecado, sino apropiarnos de una vez y para siempre del perdón que Dios nos concedió en su momento tras el arrepentimiento por los actos de nuestro pasado.
La persona que ha vivido atrapada, debe aprender nuevamente a tratar con personas sanas del sexo opuesto de forma realista, ya que hasta ahora solamente se había relacionado con individuos peligrosos. En lugar de buscar lo excitante del momento, de la pasión desenfrenada, deberán conocer la parte agradable y buena de la otra persona. Así hasta sentirse cómodos con su nueva forma de vivir, aprendiendo a disfrutar de la compañía y de los pequeños detalles que le llevarán a la ternura, a la verdadera intimidad y al compromiso mutuo. Así dará lugar al crecimiento progresivo de las emociones, sin necesidad de experimentar con lo prohibido. Se equivocan si creen que el aburrimiento es no hacer lo mismo que hacían en el pasado. Hay decenas de alternativas a esa vida anterior.
Por otro lado, también deben de saber que no tienen que iniciar una relación de pareja con el primero con el que entablen contacto. Es importante que tengan esa idea clara. De lo contrario, pueden esforzarse por conseguir el objeto de su deseo, pero, una vez conseguido, lo desechen, con las consiguientes heridas para el afectado.

¿Hablar del pasado? 
Respeto, pero no comparto, la idea de ir narrando a todo el mundo cómo era nuestra vida antes de la conversión, si el pecado brillaba sobremanera. La persona que quiera contar su testimonio delante de la congregación, en un libro o ante un grupo de jóvenes, que lo haga, y en ciertos casos puede ser beneficioso para otros. Es lo que llevó a cabo el apóstol Pablo ante el rey Agripa (cf. Hch. 26). Pero hacerlo “porque me apetece”, entrando en detalles muy personales, creo que en ocasiones está de más.
En una relación es diferente. En ella es saludable y necesario dar a conocer nuestra vida pasada. E incluso no tardar mucho en hacerlo, ya que lo contrario sería ocultar una información importante, cuando la honestidad es fundamental. Es más, tu pareja tiene derecho a conocer parte de tu pasado (lo bueno y lo malo), para ver tu vida en perspectiva. Tú mismo te sentirás liberado y te quitarás una carga de encima. Esto debe incluir hablar de las experiencias, las relaciones anteriores y algunos de los errores cometidos. Ahora bien, sin necesidad de regodearse, escarbando una y otra vez en el asunto, ni contar hasta los más mínimos detalles.
Si eres la persona que va a confesar, tienes que tener tacto y pensar en cómo reaccionarías tú si te contaran algo así, así que ve muy despacio. Crea previamente un ambiente de suma confianza. Aunque quieras ser transparente, casi nadie está preparado para oír de golpe todos los secretos de una persona. Analiza previamente el cómo te gustaría que te lo contarán. Extralimitarse en los detalles puede resultar negativo, aunque es cierto que en ocasiones muy concretas puede ser sanador. Si eres aquel que escucha, no pidas que te narren detalles morbosos.

Reacciones
Un compañero que sepa apreciarte realmente te mirará con ojos de amor, tanto en el presente como en el futuro. Puede que se quede impactado tras contarle parte de ti. Es una reacción humana y normal. Necesitará tiempo para asimilarlo, ya que se sentirá inseguro, tendrá miedo a las comparaciones, a sentirse en desventaja, a no estar a la altura, a pensar que tu mente estará volando hacia el pasado cuando estés con él, y mil cosas más. Aquí caben dos opciones: la primera es que no sea capaz de aceptarlo y se sienta emocionalmente desbordado. Esto no significa que no te perdone o que sea un cristiano inmaduro o menos espiritual de lo debido, sino que siente que los acontecimientos que viviste son superiores a sus fuerzas. Tendrá miedo a que ese pasado algún día se haga presente, y en medio de una crisis personal o de pareja (en esos problemas que surgen en toda relación) recaigas nuevamente y cometas los mismos errores.
Si le confiesas que, a veces, echas de menos parte de tu pasado, probablemente se apartará de ti, puesto que no le crearás ningún tipo de confianza y te considerará emocionalmente inestable, como si fueras una persona que no sabes realmente lo que quieres. Es más, no será recomendable para él continuar en una relación con una persona que no ha superado completamente su pasado pecaminoso. No los culpes si decide no continuar a tu lado. Y, por supuesto, no aumentes tu culpa pensando que no deberías haberlo contado. El silencio y la ocultación no hubieran funcionado.
La segunda posibilidad: que le lleve tiempo, que sufra en su mente por unos días, que se sienta triste tanto por ti como por él, y, por lo tanto, llore cuando se encuentre en la soledad de su casa. Pero, finalmente, lo asimilará tras sentir la paz de Dios y te ofrecerá su vida en amor, mirando al presente y a la clase de persona en la que te has convertido, y de quien se ha enamorado, prometiendo que jamás usará ese pasado para recriminártelo en el futuro. Si sientes que tu pareja te ofrece esa clase de perdón y de amor, demuéstraselo cuando se produzca. Hazlo como bien veas, pero como sugerencia –y como amante que soy de los abrazos-, podrías regalarle uno eterno.
Recuerda que, reaccione como reaccione, nunca lo presiones en su respuesta. No te cierres si la relación se rompe. En ese caso, tendrás que seguir esperando en el Señor y buscando en paz.

Vive en el amor de Dios
Nunca olvidaré la historia personal que narró un hermano desde el púlpito a toda la congregación. Él había sido drogadicto. Incluso le robaba a su madre para comprar droga. Físicamente, tenía las secuelas de todo aquel que ha pasado por ese terrorífico mundo. Pero se produjo el milagro. Experimentó la conversión y dejó su pasado atrás. La obra de Dios que pude ver por medio de él siempre fue un ejemplo para mí. Ese tipo de transformaciones me impactan, ya que son reflejo del amor del Señor. Con el tiempo, comenzó a salir con una mujer. Él le confesó un día que se sentía indigno de ella, por las cosas que había hecho en el pasado. ¿Sabes qué contestó su novia? Algo hermoso: “Si Dios te ha perdonado y te ama, ¿quién soy yo para no perdonarte y amarte? Te amo tal y como eres”.
Aunque el pecado trae consecuencias (unas veces más, otras veces menos, como en el caso del rey David), jamás olvides que el perdón de Dios ya te fue concedido y que Su amor hacia ti permanece inalterable. Tanto como si tu pasado ha sido muy truculento como si no, recuérdalo: ¡Eres nueva criatura!
Ahora deja esas cargas y vive el presente. La persona que te ame lo hará con todo su corazón. Como dijo el Señor: “No recordéis las cosas anteriores, ni consideréis las cosas del pasado. He aquí, HAGO ALGO NUEVO, AHORA ACONTECE” (Is. 43:18).

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