lunes, 25 de octubre de 2021

Otra ronda (2ª parte): ¿Usar el alcohol para socializar y “vencer” la timidez”? & ¿Usar el alcohol como parte de la diversión y de forma recreativa?

 

Venimos de aquí: Otra ronda (1ª parte): ¿Tiene cabida el consumo de alcohol en un cristiano? (https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2021/10/otra-ronda-1-parte-tiene-cabida-el.html).

¿Usar el alcohol para socializar y “vencer” la timidez”?
Los cuatro o cinco años previos a mi conversión fueron una etapa internamente muy oscura a causa de mi depresión existencial (como narré en “Mi historia: Buscando el sentido a la existencia”: http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2015/04/mi-historia-buscando-el-sentido-la.html). Uno de los efectos colaterales fue que desarrollé lo que, en psicología, se conoce como fobia social. Cuando retomé mi vida en el mundo real, observé claramente que a, mi timidez natural, le había añadido una incapacidad recalcitrante para relacionarme con las personas: mi mente se quedaba literalmente bloqueada y en blanco, como si mis ideas y conocimientos hubieran desaparecido. Me ponía muy nervioso, especialmente ante el sexo opuesto. Evitaba pasar demasiado tiempo con los demás, creyendo que, si lo hacía, percibirían lo que me sucedía. Tenía pánico al qué pensarían de mí. Y, entre otras cuestiones, mi falta de autoestima brillaba sobremanera.
Esto mismo, en mayor o en menor grado, le sucede a incontables personas en sus relaciones sociales. ¿Qué hacen muchos tímidos o aquellos que tienen falta de capacidades sociales? ¿Qué hacen para tratar de encajar y atreverse a hacer todo aquello que, completamente sobrios, les da miedo? ¿Qué elemento añaden para soltar la lengua y animarse a hablar sin parar? Está claro: añaden el alcohol a la ecuación. Esto, aunque en términos humanos pueda parecer comprensible, bajo la idea “si algo funciona por qué no hacerlo”, es demencial para un cristiano.
En mi caso, no empecé a tomar copas para mejorar mi vida social. Hice lo que tenía que hacer: pedir ayuda y consejo. Leí varios libros sobre el tema y comencé a poner en práctica lo aprendido. Fue un largo trabajo, con altibajos y lleno de paciencia, pero que, gracias a Dios, poco a poco, comenzó a dar sus frutos. No tiene precio el orgullo sano que sentí al ser capaz de poder desarrollarme como ser humano por mí mismo en todas las esferas que me propuse, sin necesidad de ninguna sustancia que me diera “valor” o “desinhibiera”.
Esto mismo, que he resumido al extremo, y sobre lo cual me extenderé ampliamente en el apéndice de “Crónicas de los solteros”, es lo que debería aprender a hacer cualquier persona que se sienta atrofiado como persona o poco hábil en sus relaciones sociales. Esforzarse. Aprender. Crecer. Madurar. ¿Y el alcohol como ayuda o para lograrlo? Lejos, bien lejos.

¿Usar el alcohol como parte de la diversión y de forma recreativa?
Dentro del Plan de Acción sobre Drogas 2013-216, en buena parte del territorio de mi país (España), el consumo de alcohol en la vía pública está prohibido. Aun así, salvo momentos puntuales donde la Policia denuncia a sus consumidores, se hace la vista gorda, y cada fin de semana se reúnen miles y miles de jóvenes alrededor del “dios” alcohol.
Parece que, hoy en día, no saben divertirse si no está incluído en el pack. En otros casos, es un ingrediente más que añaden a la actividad principal que están llevando a cabo: la asistencia a un concierto, a un evento deportivo, a un día de playa, a una cena, etc. Pero, viendo la realidad, ¿a qué clase de “diversión” nos estamos refiriendo? A la que consiste en dejarse llevar por “la risa floja”. A contar chistes sin gracia. A hacer el payaso. A hacer comentarios vulgares. A gastar bromas picantes o sexuales. A decir sandeces sin sentido. A hablar de temas banales. A contar chismorreos. O a terminar desnudo, como le sucedió a Noé cuando se embriagó (Gn. 9:21-22).
Por eso, el que no bebe y se anima a salir con estas personas, suele sentirse completamente fuera de lugar en estos ambientes, y más cuando avanza la noche y la falta de pensamiento crítico se apodera del lugar, algo propio de una mente no renovada, y de actitudes meramente carnales. No los verás conversando sobre temas profundos e interesantes. Muchas de las caídas sexuales, o búsqueda de las mismas, vienen precedidas del alcohol.
Usando el título principal como reformulación de la pregunta: ¿tiene cabida este tipo de diversión dentro del cristianismo? Si lo piensas objetivamente y sin prejuicios, la respuesta es clara: no. ¿Significa esto que no puedes contar chistes, reírte sanamente o hablar de temas menos serios? Por supuesto que sí. Así que te hago la pregunta de otra manera: ¿de verdad no puedes hacer eso sin una bebida alcohólica en tu organismo, que modifica tu conducta y relaja tu mora para mal? Además, las opciones de ocio deberían ser otras para un cristiano, como veremos en la tercera parte cuando hablemos de las endorfinas. 
Por último, dentro de la ética cristiana, la diversión vacía en contenido no debería convertirse jamás en la norma. Está claro que hay momentos en que debemos descansar, dormir o simplemente tumbarnos para despejar la mente. Pero no podemos caer en “pasar el tiempo” por “pasar el tiempo”, porque entonces lo único que estaremos haciendo es desperdiciarlo.
Lo habitual es que los pensamientos de muchos creyentes se llenen de estas interrogantes: ¿Qué haré en mi tiempo libre para divertirme? ¿A dónde iré este fin de semana? Como he dicho, la relajación y el disfrute de la naturaleza, de la comida, de la buena compañía o de algún hobby, son parte de una vida saludable y equilibrada. Ahora bien, las cuestiones principales sobre las que debería versar un creyente son: ¿Cuáles son los dones y talentos que Dios me ha dado y cómo puedo usarlos para Su gloria? ¿Qué obras, que Él ha preparado de antemano, puedo llevar a cabo?
Lo que es un despropósito, y que es parte de la religiosidad en la que han caído muchos, es dedicar la mayor parte del tiempo no laboral para el ocio y, lo que sobra, para Dios, que además suele limitarse a asistir a los cultos, como si eso fuera lo principal y “la obra buena”. Aunque no citaré textos bíblicos, la siguiente y pequeñísima lista de lo que puedes hacer, se basa en muchos de ellos:

- Identifica los dones que Dios ha depositado en ti y ejércelos.

- Lee cada año sobre algún tema doctrinal concreto y fórmate profundamente sobre el mismo.

- Trabaja aquellas áreas de tu carácter que debes cambiar y alinea tus pensamientos con los de Dios.

- Visita a aquellas personas que necesitan de compañía, ofreciéndoles tu presencia y cariño.

- Ayuda material o económicamente a alguien, según te haya prosperado el Señor.

- Si tienes hijos, dedica tiempo con regularidad a enseñarle teología sistemática y ética cristiana, adaptada a su edad y madurez. No instruirlo en el Señor y dejarlo a su libre albedrío es otra forma de idolatría mundana. 

- Aprende a cazar al vuelo las oportunidades para predicar el Evangelio. No confundas “amor”, que lo acepta todo –incluso el pecado-, con anunciar las Buenas Nuevas al pecador.

- Siempre que puedas, comparte con otros lo que has aprendido, sea en persona o usando las redes sociales[1]

- Abre las puertas de tu casa y sé hospitalario.

Para todo esto, ten siempre en mente las palabras de Pablo como lema de vida: “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres” (Col. 3:23).


Continuará en Otra ronda (3ª parte): ¿Usar el alcohol para confrontar el dolor y reducir la ansiedad? & ¿Usar el alcohol para disfrutar de la vida?


[1] Aquí dejo la manera de hacerlo: Mi exhortación a los cristianos que no le sacan provecho a su propio muro de Facebook (https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2021/06/16-mi-exhortacion-los-cristianos-que-no.html); ¿Cómo puede un cristiano sacarle rendimiento a su propio muro de Facebook para enseñar a otros sobre su fe? (https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2021/06/17-como-puede-un-cristiano-sacarle.html); Últimos pasos para que un cristiano aproveche de cara a los demás su propio muro de Facebook (https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2021/06/18-ultimos-pasos-para-que-un-cristiano.html).

martes, 19 de octubre de 2021

Otra ronda (1ª parte): ¿Tiene cabida el consumo de alcohol en un cristiano?

 


“Otra ronda” (en danés, Druk), ha sido la ganadora al Oscar a mejor película extranjera de este 2021, interpretada por el excelente actor Mads Mikkelsen, del que ya hablamos en su obra magna, “La caza” (Cristianos que salen a cazar a otros cristianos: https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2018/11/cristianos-que-salen-cazar-otros.html). La visualicé hace unos días y me dejo profundamente impactado, ya que toca uno de los temas que suele removerme el alma: el consumo de alcohol como parte de la cultura del ocio y la diversión, especialmente entre la juventud.
Aquí se nos cuenta la vida de cuatro amigos y profesores de Instituto: uno de psicología, un entrenador de fútbol infantil, otro de música y, por último, Martin, nuestro protagonista principal, que se encarga de la clase de Historia. Todos ellos tienen alrededor de cuarenta años, con vidas bastantes monótonas y aburridas, donde dar clase ante chicos sin interés alguno les resulta insufrible, lo que los lleva a parecer autómatas dando la lección. Una noche, cenando juntos, el psicólogo cuenta la teoría del psiquiatra noruego Finn Skårderud: “Él piensa que beber es sensato. Siempre. Afirma que los humanos nacemos con un déficit de contenido de alcohol en sangre del 0,05%. Afirma que, cuando tienes una tasa de alcohol en sangre del 0,05%, estás más relajado, sereno, musical y abierto. Más valiente, en general”. Aunque dicha teoría fue desmentida por completo por el psiquiatra, la película se sirve de dicha fake news para desarrollar la trama[1].
Minutos después les sirven vodka, y Martín, animado por el resto, comienza a hacerlo. A continuación, pasan al vino, ante el cual ya no se detiene, ante la sorpresa y preocupación del resto, ya que nunca bebe. Y así hasta que comienza a llorar. Sus amigos le preguntan qué le sucede, ante lo que responde: “No mucho. No hago gran cosa. No veo a mucha gente. Trabaja muchas noches (refiriéndose a Anika, su esposa), así que tampoco la veo mucho. No sé cómo he acabado así. Ella es la madre de mis hijos y cuidó de mi padre siempre. El plan era tomarnos de las manos cuando fuéramos viejos”.
El profesor de música le dice: “Martin, hace 12 años, cuando llegué a la escuela, eras un gran tío, ibas para investigador. Estabas en boca de todos nosotros. ¡Tenías una beca y un doctorado esperándote, maldita sea!”. Ante esto, el entrenador añade:  “Cuando lo conocí era un mierdecilla. Vagaba por las calles haciendose el duro. Y recibió clases de baile. Danza jazz. Era una maravilla. Completamente profesional”.
Tras pasar toda la noche hasta el amanecer haciendo payasadas, borrachos y sin parar, deciden probar la hipótesis de Finn Skårderud, y así dejan constancia: “La prueba será consumición diaria de alcohol con la aspiración de mantener un nivel de 0,05% y con el objetivo de recopilar pruebas de los efectos psicológicos, verbales, motores y de psico retórica, y estudiar el aumento del rendimiento social y profesional. Se beberá solo en horas de trabajo, y no después de las 8 de la tarde ni en fines de semana”.
A partir de entonces, sus vidas comienzan a cambiar y, teóricamente, a “mejorar”. Para no extenderme y poder llegar a las lecciones que quiero exponer, describiré en pocas líneas la vida de Martin, algo que ya hizo él: deprimido con su día a día y con su matrimonio en crisis perpetua y silenciada, tras iniciar el experimento, modifica su ser y su conducta. Pasa de estar apocado a alegre, de tímido a extrovertido, de desconfiado en su trabajo a seguro, de pasivo a activo, de aburrido a divertido. Y todo esto se refleja en su relación tanto con sus alumnos como con su esposa e hijos. De repente, alguien atrofiado se muestra como mejor persona, mejor marido, mejor padre, sensible, despierto, inteligente, seguro de sí mismo y amoroso hacia los demás. Parece que, de nuevo, la vida le sonríe y le apasiona. Este cambio brutal se produce igualmente en todos sus amigos. Él, como el resto de ellos, usa el alcohol para:

- Socializar y “vencer” la timidez”.
- Divertirse.
- Confrontar el dolor y reducir la ansiedad.
- Disfrutar de la vida.
- Estar bien.
- Alcanzar todo su potencial y el éxito.

He leído opiniones afirmando que la película no hace juicios morales, que eso lo deja en manos de espectador. No pienso igual: aunque muestra algunos de los efectos devastadores del alcohol, lo mezcla con la “celebración de la vida”, como si ambas ideas (consumo de alcohol y “vivir”) fueran elementos prácticamente inseparables, o como, si al menos, este producto fuera un potenciador de lo bueno. Y esto se observa claramente en la escena final, donde todos los jóvenes del Instituto y los protagonistas principales saltan y bailan borrachos al son del alcohol, mientras suena de fondo la canción “What a Life”, que se ha convertido en una especie de himno de la bebida para los daneses, como señala el bajista del grupo[2], con estrofas como “Qué vida. Qué noche. Qué hermoso. Qué hermoso viaje. No sé dónde estaré en cinco años. Pero soy joven y estoy vivo”.

El debate del alcohol dentro del cristianismo
Dentro de los círculos cristianos existen dos posturas claras y contrapuestas:

1) Aquellos que están a favor. Según ellos:

- El consumo, siempre que sea moderado, responsable y con dominio propio, no es pecado, y no tiene porqué convertirse en adictivo.

- Aunque muchos versículos advierten de los peligros del alcohol, condenan la embriaguez y hablan en contra del consumo excesivo (cf. Is. 5:11,22; 24:9, 28:7; 29:9, 56:12, Pr. 20:1; 23:29-35, 31:4,6, Lv. 10:9, Nm. 6:3, Dt. 14:26; 29:6, Jue. 13:4, 7, 14; 1 S. 1:15; Ef. 5:18), las Escrituras no lo prohíben.

- La Biblia no dice que los que beben alcohol de forma moderada y sin emborracharse no heredarán el reino de Dios, sino los borrachos (1 Co. 6:10).

- Hay pasajes que consideran su consumo de bendición y su sabor un placer regalado por Dios: Anda, y come tu pan con gozo, y bebe tu vino con alegre corazón; porque tus obras ya son agradables a Dios” (Ec. 9:7); “El hace producir el heno para las bestias, y la hierba para el servicio del hombre, sacando el pan de la tierra, y el vino que alegra el corazón del hombre, el aceite que hace brillar el rostro, y el pan que sustenta la vida del hombre” (Sal. 104:14-15); “Y traeré del cautiverio a mi pueblo Israel, y edificarán ellos las ciudades asoladas, y las habitarán; plantarán viñas, y beberán el vino de ellas, y harán huertos, y comerán el fruto de ellos” (Am. 9:14); A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche” (Is. 55:1); “Así ha dicho Jehová: Como si alguno hallase mosto en un racimo, y dijese: No lo desperdicies, porque bendición hay en él” (Is. 65:8).

- En la Biblia, innumerables siervos de Dios bebieron vino, como Isaac: “Dijo también: Acércamela, y comeré de la caza de mi hijo, para que yo te bendiga; y Jacob se la acercó, e Isaac comió; le trajo también vino, y bebió. Y le dijo Isaac su padre: Acércate ahora, y bésame, hijo mío. Y Jacob se acercó, y le besó; y olió Isaac el olor de sus vestidos, y le bendijo, diciendo: Mira, el olor de mi hijo, como el olor del campo que Jehová ha bendecido” (Gn. 27:25).

- Jesucristo mismo bebió vino (Mt. 26:29).

- Su primer milagro fue precisamente convertir el agua en vino (Jn. 2:1-11), ya que se servía en momentos festivos, como en las bodas de Caná.

- Se tomaba en algunas celebraciones: “y darás el dinero por todo lo que deseas, por vacas, por ovejas, por vino, por sidra, o por cualquier cosa que tú deseares; y comerás allí delante de Jehová tu Dios, y te alegrarás tú y tu familia” (Dt. 14:26).

- Se usaba con fines medicinales, como Pablo le recomendó a Timoteo y como se observa en la parábola del buen samaritano, donde las heridas del afectado fueron tratadas con aceite de oliva y vino. (1 Tim. 5:23, Lc. 10:34).

- La cena del Señor fue instituida con vino y así la practicó la iglesia primitiva.

- El hecho de que Pablo reprendiera a los creyentes que se embriagaban en la Santa Cena (1. Co. 11:3), muestra que se realizaba con vino y no solo con jugo de uva.

- El mismo Pablo le indicó a Timoteo que los diáconos no debían ser “dados a mucho vino” (1 Tim. 3:8). La palabra “mucho” indica que no estaba prohibiendo su consumo, sino el exceso.

- Según muchos estudios, una pequeña dosis de vino tinto es beneficioso para la salud: “Sabemos que el vino contiene alcoholes como los polifenoles y que tiene capacidad antioxidante. Mejora el sistema cardiovascular y la circulación sanguínea. Retrasa el envejecimiento de la piel al neutralizar los radicales libres”[3].

- El consumo de alcohol no fue motivo de discusión hasta la Reforma Protestante, siendo los puritanos los que trajeron el tema a colación.

2) Por otra parte, están los que piensan que el creyente debe abstenerse de todo tipo de alcohol. Según ellos:

- Provoca con suma facilidad que el individuo se desinhiba, su moral se diluya y el juicio racional sea nublado: “Fornicación, vino y mosto quitan el juicio” (Os. 4:11).

- Conduce fácilmente a que se pierda el control sobre los propios pensamientos y las conversaciones que se tienen, aparte que trae discusiones, peleas y pleitos: “¿Para quién será el ay? ¿Para quién el dolor? ¿Para quién las rencillas? ¿Para quién las quejas? ¿Para quién las heridas en balde? ¿Para quién lo amoratado de los ojos? Para los que se detienen mucho en el vino, para los que van buscando la mistura. No mires al vino cuando rojea, cuando resplandece su color en la copa. Se entra suavemente; mas al fin como serpiente morderá, y como áspid dará dolor. Tus ojos mirarán cosas extrañas, y tu corazón hablará perversidades” (Pr. 23:29-33).

- En la Biblia encontramos ejemplos de cuán fácil es “cruzar el límite” y dejarse llevar, incluso entre los siervos de Dios, como Noé (Gn. 9:20-27).

- El vino de la Biblia, y el que convirtió Jesús en las bodas de Caná, no era vino fermentado, sino jugo de uva[4].

- En dichas bodas, el vino ya se había acabado (Jn. 2:3). Es decir, ya habían bebido mucho (vr. 10). Por lo tanto, si Jesús hizo más vino fermentado, habría estado promoviendo que bebieran más, lo cual habría provocado irremediablemente la borrachera de muchos de sus compatriotas. En consecuencia, si podemos beber alcohol, también podemos beber mucho, puesto que Jesús mismo ofreció más alcohol. Nada de lo descrito tiene sentido. Es más, esta forma de interpretar dicho pasaje por parte de los cristianos pro-alcohol, es usado por los ateos para atacar el cristianismo y la figura de Cristo. La realidad es que dicha porción de la Escritura solo tiene la intención de mostrar la capacidad de Jesús para hacer milagros –lo cual respaldaba Su identidad y promueve la fe-, no incitar al consumo de alcohol en términos sociales.

- Incluso aceptando que no era jugo de uva sino fermentado, no tenía el grado de alcohol que poseen las bebidas actuales, por lo que ni siquiera su consumo moderado es recomendable: “Se calcula que los vinos en los tiempos bíblicos tenían una graduación alcohólica del 7 al 10 por ciento[5]. Por el contrario, las empresas cerveceras y destilerías modernas producen vinos de mesa, vinos fortificados y licores que suelen tener el 14 por ciento de alcohol, del 18 al 24 por ciento, y del 40 al 50 por ciento respectivamente. La destilación, que ahora produce bebidas alcohólicas con un contenido de alcohol del 40 por ciento o más, no se inventó hasta la Edad Media. Por lo tanto, las bebidas alcohólicas fuertes como se conocen y se consumen hoy en día no era lo que se conocía en los tiempos bíblicos. [...] Es imprescindible notar que el vino o el licor más suave a disposición hoy en día tiene más contenido alcohólico que una ´bebida fuerte` de los tiempos bíblicos”[6].

- No se solía beber vino “puro”, sino diluido. Aunque no todos lo hacían, era una práctica común. Lo vemos reflejado, por ejemplo, en los escritos de Justino Mártir (100/114-162/168), uno de los padres de la Iglesia, que explicó cómo se celebraba el culto en sus inicios: “... Luego se lleva al que preside a los hermanos pan y una copa de agua y de vino mezclados” (Apología 1, 65).

- Estudios recientes se muestran en contra de la creencia popular de que ciertos tipos de bebidas alcohólicas resulten beneficiosas: “Iñaki Galán, primer firmante de la investigación y miembro del Centro Nacional de Epidemiología (CNE) del ISCII, señala que en ocasiones se suele citar que los polifenoles del vino aportan beneficios, dentro de los ya comprobados efectos negativos globales que posee el alcohol. El estudio confirma, por el contrario, que no hay consumo positivo de alcohol para la salud. Tomar vino o cerveza tiene las mismas consecuencias: ninguna afecta de manera positiva la salud. [...] El doctor Max Griswold (autor líder del estudio ´Global Burden of Disease`, la mayor y más detallada investigación sobre las causas de enfermedad y muerte en el mundo) y de la Universidad de Washington, en Seattle, manifestó que si bien los riesgos asociados al alcohol cuando se consume una bebida al día son muy bajos, no le quedaban dudas que aumentan al beber más. Los riesgos para la salud aumentan con cualquier cantidad de alcohol que se consuma[7].

- Defender su consumo social basándose en las palabras de Pablo a Timoteo (“Ya no bebas agua, sino usa de un poco de vino por causa de tu estómago y de tus frecuentes enfermedades”, 1 Tim. 5:23) no tiene sentido en pleno siglo XXI. En aquella época, donde no existía la maquinaria para depurar el agua como hoy en día, la que se bebía podía contener todo tipo de bacterias, y que llevaba a enfermar en muchas ocasiones. Esa era la razón de los problemas estomacales de Timoteo y de ahí el consejo personal medicinal de Pablo. En ese contexto, podía ser más saludable un poco de vino, de la misma forma que en la parábola del buen samaritano su uso era como desinfectante (Lc. 10:34).
En el presente, en todos los países occidentales o medio desarrollados, el agua potable es accesible a todo el mundo. Así que, en lugar de recomendar “vino” en lugares donde anida la pobreza, los creyentes deberían esforzarse en ir a esos lugares y ayudarlos a instalar todo lo necesario para que puedan consumir agua limpia.

Mi postura va más allá de este debate
Uno de los problemas principales con los que se encuentran los defensores del “sí” es cómo determinar “qué es moderación”, “dónde está el límite” y “qué es demasiado”, y más sabiendo que la tolerancia al alcohol aumenta con el tiempo: al principio, una simple cerveza o un licor puede llevar a muchos a marearse o a sentirse mal. Pero, más adelante, ya acostumbrado, necesitará beber mucho más para experimentar dichos síntomas.
Así que las preguntas son claras: ¿Depende de cada uno, de su tolerancia y de cómo reaccione? ¿Depende de la experiencia personal enseñar una postura u otra? Por ejemplo, ¿si un pastor tuvo un padre borracho y sufrió las consecuencias, debería enseñar a la congregación a no consumir en absoluto, y si tuvo un padre abstemio debería enseñar a hacerlo con moderación y en función de su conciencia? ¿Dependerá de si entre los fieles hay creyentes que fueron alcohólicos en el pasado o de que no los haya? ¿Lo que es poco para unos es mucho para otros? ¿Existen diversos límites? ¿Depende de la tasa de alcohol en sangre que permita la legislación vigente de cada país? ¿Un 0,05% es poco? ¿Hay factores concretos que lo determinan o algunos de ellos son subjetivos, como la risa floja y abundante? ¿Solo se considera que una persona está ebria o que ha bebido de más cuando disminuye algo su atención y concentración al manejar un vehículo, cuando pierde el control de sus funciones motoras o el conocimiento, o cuando no articula bien las palabras y no puede caminar en línea recta?
Como los cristianos están completamente divididos (entre los que niegan en rotundo la opción de consumir alcohol y los que lo consideran plausible dentro de ciertas pautas), dejaré el debate para ellos, aunque en el último artículo –el sexto- ofreceré mis propias conclusiones y sugerencias, independientemente de los argumentos que señalan ambos grupos.
Aquí me he limitado a mostrar ambas posturas, no a analizarlas, ya que, a pesar de que son muy interesantes de estudiar[8], pienso que se quedan un tanto cojas, y mi intención es ir mucho más allá de dicho debate. Así que voy a indagar sobre las razones que suelen llevar a las personas a consumir este producto y que se muestran en la película: “socializar y vencer la timidez”, “divertirse”, “confrontar el dolor y reducir la ansiedad”, “disfrutar de la vida”, “estar bien”, “alcanzar todo el potencial y el éxito”. De esta manera, todos podrán reflexionar sobre sí mismos, ver si tienen un enfoque errado en algunos aspectos o si están tomando decisiones equivocadas, amparándose en su comprensión de la Biblia y en su libertad de conciencia.

Continuará en: Otra ronda (2ª parte): ¿Usar el alcohol para socializar y “vencer” la timidez”? & ¿Usar el alcohol como parte de la diversión y de forma recreativa?


[1] A raíz de la película, este doctor desmintió ser el autor de dicha teoría: “Una “fake news” nacida de una “lectura selectiva del prefacio que redactó para la traducción noruega de ´Los Efectos psicológicos del vino`, del italiano Edmondo de Amicis, según reiteró este lunes el interesado. “En la primera página escribí que tras uno o dos vasos, todo va bien, nos creemos quizá que hemos nacido con un déficit de 0,5g”, explicó a la radio noruega NRK. Pero “en el párrafo siguiente, desmiento la tesis en su integralidad”. https://www.infobae.com/america/entretenimiento/2021/04/27/el-medico-que-inspiro-otra-ronda-desmintio-ser-el-autor-de-la-teoria-sobre-el-deficit-de-alcohol-en-la-sangre/

[3] Cruz, Antonio. Introducción a la apologética. Clie. Pág. 182.

[4] El mosto es el zumo de la uva, compuesto por la piel, semillas y pulpa de la vid, en definitiva, el resultado de la uva una vez tratada, mientras que el vino es la bebida que se obtiene de la fermentación alcohólica del mosto.

[5] Citado por R. Laird Harris, ed., Theological Wordbook of the Old Testament [Libro de trabajo teológico del Antiguo Testament, TWOT, por sus siglas en inglés] (2 vols.), (Chicago: Moody Press, 1980), <1:376 class="">

[8] Para una visión general de las palabras que se usan en la Biblia para referirse al vino y al alcohol: https://ag.org/es-ES/Beliefs/Position-Papers/Abstinence-from-Alcohol

lunes, 11 de octubre de 2021

Misa de medianoche: entre la fe y el fanatismo religioso

 


Salvo contadísimas excepciones, ni veo ni me gustan las películas de terror, pero tras leer la sinopsis de la miniserie “Misa de medianoche”, donde se mencionaba un fuerte componente religioso, decidí darle una oportunidad. Cualquiera que haya leído una reseña sobre ella, habrá observado que está calificada dentro del género de terror. No estoy completamente de acuerdo. Sí, tiene escenas que, más que nada, resultan desagradables, especialmente en sus dos últimos capítulos, y por ello no se la recomiendo a nadie especialmente sensible o que le afecte la visualización de escenas de sangre. Pero, calificarla como tal, sin más, es una opinión muy superficial sobre la obra del director Mike Flanagan. Existe un elemento de terror y fantasía (el vampiro y lo que representa), pero dicha figura es un mero pretexto para tratar temas reales de la vida misma, como es la fe, el fanatismo religioso, la culpa, el arrepentimiento y la increencia, todo ello representado en varios de los protagonistas. Al ser tan auténtico lo que nos muestra, siendo un reflejo de millones de personas, es una ocasión perfecta para analizar las distintas vertientes en este producto televisivo, y que puedes leer tanto si la has visto como si no. 
Como lo que quiero diseccionar tiene que ver directamente con algunos de los personajes, me limitaré a hacer un breve resumen de la trama, para luego saltar a dos de ellos. Más adelante en el tiempo, me gustaría analizar a otros dos, sumamente interesantes. Pero eso lo dejo para otra ocasión, ya que de lo contrario este escrito se haría excesivamente largo. 
La acción transcurre en Crocket Island, una pequeña isla con apenas unas decenas de habitantes, después de que muchos la abandonaran tras un vertido tóxico en el mar años atrás, por lo que la vida no es nada fácil. Allí llega Riley Flynn, que ha estado cuatro años en prisión tras matar accidentalmente a una chica en un accidente de tráfico, donde él iba borracho. Sus padres católicos le reciben después de una larga espera; la madre con alegría, el padre no tanto por el dolor que causó a la familia. Al mismo tiempo, aparece en la isla un nuevo sacerdote, el Padre Paul, ya que, según sus propias palabras, monseñor Pruitt, el anterior responsable de la iglesia de San Patricio, está enfermo y recuperándose en la península.
En la primera misa que celebra Paul, se encuentra que la iglesia está prácticamente vacía, algo que en pocos días cambiará por un “milagro”. Leeza, una adolescente y devota, que quedó paralítica tras recibir un disparo de un lugareño, se levanta ante las palabras del sacerdote, después de incitarla a hacerlo. A partir de entonces, otros hechos inexplicables comienzan a suceder: una mujer con Alzheimer recupera su cordura y, no solo eso, sino su juventud. La madre de Riley, que usaba gafas, ya no las necesita y ve perfectamente. Su padre, con dolor crónico de espalda, se recupera completamente, hasta tal punto que baila con su esposa después de varias décadas. Y eso no será todo, donde incluso la muerte y la resurrección de los feligreses harán acto de presencia. Pero todo tiene “truco”...

El líder que se convirtió en “vampiro”... y que se arrepintió

Aquí tenemos al padre Paul, que realmente es monseñor Pruitt, solo que rejuvenecido cincuenta años, y por eso nadie lo reconoce. ¿Cómo es esto posible? Él mismo cuenta lo sucedido: anciano, con demencia senil, en un viaje a Jerusalén se perdió en medio del desierto. Al borde de la muerte, encontró un templo semiderruido y enterrado en la arena. Cuando entró, descubrió que no estaba solo. Una criatura, un vampiro, se abalanzó sobre su cuello para beber su sangre. En lugar de matarlo, este ser, lo vio como la manera perfecta de poder salir de allí, por lo que le dio a beber de su propia sangre, sanándolo tanto física como mentalmente. Pruitt/Paul regresa a Crocket Island con la intención de que todos puedan experimentar lo mismo, así que, durante la Santa Cena, y sin que nadie lo sepa, le añade al vino la sangre que el vampiro le va proporcionando. Esta es la causa de los “milagros”. 
En su mente infectada por la religiosidad más enfermiza, consideró que el vampiro era un ángel. No solo lo creyó en el momento, sino lo que es peor: cuando ya había recuperado sus facultades. A partir de entonces, comenzó a creer que oía la voz de Dios casi directamente, que llenaba su ser de una manera especial y que le revelaba como nunca antes la verdadera interpretación de la Biblia.
Esto mismo, obviamente sin el componente vampírico, lo encontramos entre muchos de los que se hacen llamar hoy en día “apóstoles” y “Ungidos de Jehová”. Consideran que ellos tienen nuevas revelaciones. Si Paul señala que las recibió en un Templo, estos “apóstoles” afirman recibirlas en sueños o en profecías dadas por terceras personas. También las “aprenden” en eventos y congresos, de los cuales regresan entusiasmados, adoptando a posteriori ciertas prácticas para sus congregaciones, donde Dios les dice a cada instante qué hacer y cómo guiar a los demás, independientemente de lo que enseñen las Escrituras, aunque para darles una capa de veracidad la citan retorcidamente tomando de aquí y de allá.
Se alimentan de los crédulos de buena fe, de ingenuos y de neófitos. Seducen y persuaden con palabras firmes, convincentes y llenas de autoconfianza. Con sonrisas por doquier, sobredosis de amor y colmillos bien afilados, le “sacan la sangre” a sus fieles, principalmente manipulándolos bajo estados de éxtasis musical y promesas cercanas y futuras de bendiciones sin fin, casi siempre consistente en dinero, prosperidad material y una vida mejor, sin dolor ni sufrimiento terrenal, y llena de éxitos, que, “curiosamente”, solo termina por reportarles a ellos. Y, por supuesto, donde la enfermedad evitará a toda persona que crea en sus palabras. Si alguna cae afectado, es por falta de obediencia. Si caen ellos, señalan que es una prueba de Dios para fortalecerlos. Toda una paradoja que se convierte en manipulación pura y dura. Jamás se les oirá decir que once de los doce apóstoles de Jesús murieron mártires; en el caso de que alguno lo haga, será para dar alguna explicación estrambótica, donde la muerte no tocará a los que tengan “fe”.
Lo más triste de todo es que, como en el caso de Paul, se creen sus propias mentiras después de años de entrenamiento. Otros lo hacen plenamente conscientes de sus acciones, a sabiendas, pero se acostumbran a hacerlo de tal manera que lo justifican ante su conciencia, hasta que ésta se calla y deja de molestarles.
La ética y moral que tienen es líquida; es decir, cambia constantemente y según les conviene, ajustándola a sus propios deseos, aunque digan que es parte de “los designios de Dios”.
Como muchos de ellos están convencidos que sus intenciones son buenas y loables, son difíciles de vislumbrar a simple vista, lo que los convierte en peligrosos. No siempre es sencillo distinguir entre lo sano y lo enfermizo que promulgan, puesto que ambas líneas se difuminan y se entremezclan con suma facilidad. Por eso es relativamente sencillo caer en sus redes.
A lo largo de casi toda la serie, el sacerdote Paul no muestra ningún remordimiento ni culpa, como le confiesa a Riley. Cree que está haciendo la voluntad de Dios. Y así hasta que llegamos al capítulo final, donde su conciencia despierta plenamente y observa el horror de sus actos, que le llevan a sentir ira hacia sí mismo, reconociendo que él y el resto de ellos son los verdaderos lobos, y que ese supuesto ángel no es tal, sino un monstruo. Estas palabras suyas lo resumen todo de forma escueta: “Me equivoqué. Nos equivocamos. Está mal. Hay que detener esto. Yo nunca he sido lo importante. ¡Lo que importa es Dios!”. Aunque ya es tarde para dar marcha atrás, aunque sus acciones traen como consecuencia la muerte de casi todos los habitantes de la isla, se arrepiente de su maldad.
¿Sentimos repugnancia por todo lo que ha hecho? ¡Sin duda! Pero, a los ojos de cualquiera que conozca la Biblia, y la tenga por norma de fe y conducta, se hacen visibles diversos textos como si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana” (Is. 1:18), “todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada” (Mt. 12:31) o “si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Jn. 1:9), entre otros muchos.
En el alma de todo cristiano, en el corazón de cada iglesia, en el altavoz de cada púlpito, deberían retumbar las palabras del salmista respecto a Dios: “Porque más grande que los cielos es tu misericordia, y hasta los cielos tu verdad” (Sal. 108:4). Siendo un personaje ficticio, la historia de Paul –el malvado que se arrepiente y es perdonado-, y la del resto de lugareños que comienzan a cantar himnos pocos minutos antes de morir por los rayos del sol, es reflejo de una más entre decenas de ellas narradas en la Biblia, donde millones más se han dado a lo largo de la historia de la humanidad, y que siguen produciéndose en el presente. Así será hasta la Parusía.
Esa es la labor del Espíritu Santo: convencer de pecado, de justicia y de juicio (Jn. 16:8). Jesús dijo que todas las cosas son posibles para Dios (Mr. 10:27). Y, como el Espíritu Santo es Dios, no es imposible que alguien se arrepienta, sea quien sea o haya hecho lo que haya hecho. Ese es el Dios de la Biblia, el cual dice que no quiere “la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva” (Ez. 33:11). A diferencia de lo que promulga el humanismo ateo, esta es la teología hecha carne, hecha vida.

La fanática religiosa que se hizo “vampira”... y que no se arrepintió

Sin duda alguna, Beverly Keane es la gran villana de la serie. Ni el vampiro ni el sacerdote. Ella. Es el clásico papel que nos causa repulsa por su hipocresía manifiesta y que, a los cristianos, nos enoja, al mostrar a los inconversos o recién convertidos una imagen distorsionada y falsa de Dios.
Antes de desarrollar un poco más la idea, es completamente necesario hacer una aclaración: aunque a ella la describo como “fanática religiosa”, hay que saber que no siempre que llaman a una persona como tal, lo es. A los ateos, a los ex-cristianos que “volvieron a Egipto” y a los cristianos ligth o fríos como un témpano, les ofende sobremanera los cristianos que no se desvian ni a izquierda ni a derecha de la voluntad de Dios descrita en Su Palabra, considerando fanáticos o, como mínimo, “obsesionados”, a aquellos que se someten a ella en todos los aspectos de la vida, tanto en asuntos doctrinales como en los éticos y morales. ¿Son “fanáticos”? Desde el punto de vista de estas personas, sí. Desde el punto de vista de Dios, no. Estos verdaderos creyentes son los que van por el camino estrecho que conduce a la vida eterna (cf. Mt. 7:14), y les da igual lo que piensen de ellos.
Dicho esto, sigamos con Beverly. Habla del amor del Altísimo, pero no hay amor en ella. Predica de la Gracia, cuando carece de la misma. Desea ver “la iglesia” llena, pero no le preocupan las personas que la componen. Quiere que el gozo del Señor se extienda, cuando ella está amargada en el fondo de su alma. Conoce la Biblia, pero la usa de forma distorsionada, a su antojo, cuándo y cómo le conviene. Habla de la libertad para conocer a Dios, pero trata de imponer a la fuerza sus creencias. Llama al arrepentimiento, pero ella no se arrepiente de nada. Anuncia el perdón, pero se venga con sus propias manos. Tiene un ojo avispado para ver los pecados ajenos, pero está ciega ante los propios. Quiere quitar la paja del ojo del prójimo, cuando tiene delante de sí una viga que la tapa por completo. Disfruta diciendo a los demás lo que tienen que hacer, pero ella solo se somete a sí misma. Dios es simplemente un instrumento al que usa para llenar su ego y alcanzar su propia gloria.
En la serie podemos ver a Beverly encubriendo el pecado (todo un asesinato) del sacerdote Paul. Cuando se encuentra el cuerpo ensangrentado y sin vida de Joe Collie –el borracho que estaba tratando de rehacer su vida tras ser perdonado por Leeza, la chica a la que dejó inválida de un disparo-, en lugar de confesarlo ante el resto de los fieles y llamar a las autoridades policiales, le dice al alcalde del pueblo que lo envuelva en una alfombra y lo arroje al mar. Cuando la confronta, ella le propina una bofetada y le suelta todo un sermón, que rezuma malevolencia, aunque lo enmascara usando el nombre de Dios con palabras como estas: “´El hombre que actúa con osadía, negándose a obedecer al sacerdote que representa a nuestro Señor, vuestro Dios, ese hombre debe morir` (Deuteronomio)` Este hombre lleva toda la vida siendo una lacra para toda la comunidad. Es un pecador, un viejo verde, un pagano de categoría. Es un mutilador de niños, una maldición. Dios se ha cobrado su deuda”. Resulta espantosa la manera en que pervierte la enseñanza divina. Su exégesis es blasfema como poco. Mientras que la chica inválida, siguiendo la verdadera voluntad de Dios, perdonó a Joe, esta “religiosa” se alegró de su muerte. La diferencia es extremadamente obvia.
Aunque los casos no suelan ser tan extremos en el mundo eclesial, cuando se convierten en la mano derecha del líder o, al menos, en alguien muy cercano, consideran a este como intocable. Lo defienden, haga lo que haga, incluso cuando sus acciones no van en consonancia con las Escrituras, aunque las vende como si lo fueran. Por eso considera que toda persona que disiente está perdida, en tinieblas o que ha sido prácticamente poseída por el diablo.
En muchas comunidades cristianas existen personas así, puesto que el fariseísmo no está limitado a los judíos del siglo primero. Disimuladamente, cuando caminan entre los pasillos, la mayoría procura evitarlos. El problema reside en que, si están en puestos de responsabilidad, terminan por hastiar de tal manera que lleva a muchos creyentes a marcharse de dicho lugar, normalmente con heridas, traumas y secuelas, que tardan meses o años en superar. Otros no lo hacen y, lamentablemente, se apartan de Dios, llenos de amargura, incapaces de separar la bondad del Altísimo de la maldad de los hombres. Creyéndose libres, se vuelven esclavos de sí mismos. Y, usando las palabras de Pablo, de nuevo se hace realidad en ellos vivir “sin Dios y sin esperanza en el mundo” (Ef. 2:12), lo cual es el pozo más oscuro al que se puede enfrentar el alma humana.
El caso de Beverly es justo el opuesto al del padre Paul. Si éste renunció a seguir por ese sendero de muerte y a expandir su “evangelio” por la península, ella no dio un solo paso atrás; incluso lo llamó fariseo, cuando era ella la farisea. Su final lo vemos justo antes de que salga el sol, donde ya no puede escapar a su destino: se arrodilla y comienza a llorar llena de rabia, pero no como signo de arrepentimiento, sino porque sus planes han sido frustrados, incapaz de ver sus errores y pecados. Como le dijo Annie Flynn, la madre de Riley, y en conclusión: no es una buena persona. No cambió ni ante las puertas de su propia destrucción. Estuvo toda la vida hablando fervorosamente de Dios, pero nunca lo conoció.

¿Quién eres tú?
Aquí podríamos terminar, quedándonos con el análisis de la serie y su extrapolación eclesial en el presente, recreándonos en lo que hemos leído, y pensando en otras personas en lugar de en nosotros mismos. Pero mi propósito final no es ese, sino que cada uno se mire a sí mismo, partiendo de este conocido texto: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno” (Sal. 139:23-24).
Ahora que hemos visto quién es quién, nos queda hacernos algunas preguntas. Y me repito: no para traer a nuestra mente a otros individuos, sino para que cada uno piense en sí. Para eso, dejo estas cuestiones que ayudarán a la reflexión:

- ¿Algunas de las características de los personajes descritos forman parte de tu personalidad?

- ¿Eres un verdadero cristiano o simplemente un religioso?

- ¿Sirves a Dios para Su gloria, o lo haces para que te aplaudan y te alaben, y así alcanzar tus anhelos de reconocimiento?

- Bajo la apariencia de buenas intenciones, ¿has manipulado o manipulas a alguien para lograr tus propios fines, sean los que sean?

- ¿Estás predicando la gracia de Dios o solo añades cargas e insultos a otras personas, sean creyentes o incrédulos?

- ¿Anuncias todo el consejo de Dios o solo las partes que te gustan, desechando las que no se ajustan a tu forma de pensar?

- ¿Has rendido todas las áreas de tu vida al Señor o solo las que te convienen a tu parecer?

- ¿Hablas del amor, el perdón y la misericordia de Dios, o lo que realmente deseas es la venganza ante la maldad humana?

- ¿Te fijas continuamente en los pecados de los demás y no miras el estado de tu corazón?

- ¿Eres consciente de que Dios te perdona siempre que te arrepientes sinceramente?

- ¿Te preocupas en estudiar seria y profundamente lo que otros enseñan para asegurarte de que están en lo correcto, o das por veraces sus palabras por el hecho de ser quiénes son, como pastores, evangelistas, predicadores o líderes?

- ¿Tu vocabulario es propio de un cristiano nacido de nuevo?

- ¿Usas tus dones y talentos para la obra de Dios, o tu tiempo libre solo lo dedicas al ocio y a algunas aficiones propias?

- ¿Estás preparado, en paz, para cuando el Dios del universo te llame a Su presencia, sabiendo que tu nombre está escrito en el Libro de la Vida?

- Y, por último. ¿Tu fe está edificada sobre la arena, dependiendo de cómo te va la vida (salud, emociones, dinero, trabajo, amistades, ministerio eclesial), o sobre la roca, que depende únicamente de Cristo (de lo que Él hizo en la cruz, de su resurrección y de Sus promesas eternas)?

Reflexiona sobre cada una de estas cuestiones y responde con honestidad. Ahora estás tú, Dios y tus pensamientos, y nadie más. 

lunes, 4 de octubre de 2021

¿Puede convertirse la belleza física y un buen cuerpo en una tiranía y en una cárcel?


 

Aunque la imagen del encabezado es de una mujer, este escrito es exactamente igual de válido para los hombres.

Pero hombre, ¿cómo va a ser la belleza una tiranía, si Dios mismo fue el creador de la belleza tanto en la naturaleza como en el ser humano? Entiendo tu argumentación, pero ahora déjame exponer la mía y veremos a qué punto intermedio podemos llegar.

¿La belleza y un buen físico abre puertas?
Cuenta una leyenda urbana –basada en fotos del pasado- que yo era un jovencito hermoso: rubio, pelo rizado y carita de ángel. Eso sí, la historia dio un giro radical cuando esa misma belleza desapareció a los diez u once años. Hay casos donde sucede todo lo opuesto: chicos y chicas que, de críos, son rematadamente feos (para qué vamos a ocultar la realidad) pero que, en el paso de la adolescencia a hombres y mujeres, se convierten en verdaderos bellezones.
Sobre la cara bonita de mi infancia... si no fuera porque en aquella época no existía el photoshop, pensaría que esas fotos estaban retocadas. Hoy en día ni el mejor programa de edición me arreglaría. Y quién me vea guapo le aconsejaría que acudiera urgentemente al cirujano ocular para un trasplante de córnea. Con esto me estoy refiriendo al contenido de mi cara, pero ¿y el cuerpo? Puesto que hago deporte desde que tengo uso de razón, casi siempre he estado en buena forma, excepto, obviamente, cuando he estado lesionado o enfermo por largas temporadas, y los siete u ocho años siguientes tras mi conversión donde apenas tuve el tiempo necesario para entrenar y que no vienen al caso contar.
Pero volviendo a mi adolescencia -y antes de seguir con la etapa presente- recuerdo varias anécdotas asociadas con la pregunta de este apartado: ¿abre puertas un físico moldeado? Aquí hay que responder un rotundo sí. ¿Qué clase de puertas? Seamos sinceros: aunque hay otras (como algunas laborales), principalmente la de resultar atractivo a los ojos de las personas del sexo opuesto. Y aquí contaré esas dos historias. Ten en mente al leerlas que lo que destacaba en mí no era ni mucho menos mi rostro, sino el resto del cuerpo.

Dos ejemplos personales
Tendría diecisiete años cuando un amigo de mi etapa escolar me llamó por teléfono para que le hiciera un gran favor: estaba saliendo con una chica –su primera novia- e iba a ir a la playa con ella y sus amigas. Le daba vergüenza, así que quería que le acompañara. Puesto que a mí me gusta menos la playa que a una oveja un matadero, me resistí al principio, pero al final accedí sin ganas. Cuando me quité la camiseta, mi amigo me dijo (lo recuerdo perfectamente): “¿Quieres dejar de apretar los abdominales? Me dejas en evidencia”. Como los tenía muy marcados, él tenía ese impresión. Le dije que no estaba apretando y se lo demostré. Cuando llegamos a donde estaban las amigas de la novia, una de ellas se me pegó como una lapa, y así estuvo toda la tarde. Quería lo que que quería, y seguro que me entiendes. Si hubiera podido convertirme en un murciélago y salir volando, lo habría hecho. Al día siguiente, mi amigo me telefoneó nuevamente: resultaba que aquella chica quería quedar conmigo para “enrollarse”; así, tal cual. Le había gustado mi cuerpo y voilá. Ni que decir que me negué y me enojé. Aunque por entonces no era cristiano “nacido de nuevo”, gracias a Dios nunca fue ese mi estilo, algo que los que me rodeaban no comprendían. En una ocasión, una persona adulta –que no diré quién es- me dijo que me estaba perdiendo lo más bonito de la adolescencia: tener relaciones sexuales. Sentí náuseas porque me parecía inmoral ante los valores en los que fui educado.
La segunda historia transcurrió uno o dos años después. Mi familia sacaba un bono para pasar el día en la piscina de un hotel precioso que hay al lado de mi casa. Prácticamente veraneaba allí. Por entonces, era un lugar muy tranquilo donde solo iban extranjeros en edad de jubilación. Ese verano, vinieron dos chicas inglesas de mi edad, con un color más blanquecino que el del Conde Drácula, pero bastante guapas. No recuerdo cómo, pero con una de ellas –llamada Caroline y que chapurreaba el español- hubo feeling y nos llevábamos muy bien, hasta el punto que parecía que había interés más allá del normal: ella me gustaba y pensaba que yo también a ella. El padre de un amigo se dio cuenta, ya que ella siempre preguntaba por mí cuando yo no estaba y no se separaba de mi lado cuando llegaba, así que me animó a que la invitara a salir. Tan racional que he sido casi siempre –o asustadizo, vete a saber-, dije que no, porque ella se iba en dos semanas, y a mí eso de los “amores de verano” nunca han ido con mi forma de ser, por mucho que las revistas del corazón y el cine lo tengan mitificado. Al final, todo fue una película, pero de las malas. Un día, Caroline me dijo que quería hablar conmigo a solas, y mi imaginación comenzó a volar; en medio segundo se me pasaron por la mente un millón de ideas: todas maravillosas y románticas. Pero esto fue lo que me dijo: “Me gusta mucho -y aquí se hicieron eternos los dos segundos que transcurrieron hasta que dijo la siguiente palabra, porque pensaba que iba a decir mi nombre) XXX (un amigo mío mayor y que no digo quién es para guardar su privacidad). Y, un poco, YYY (otro amigo mío pero más joven). ¿Cómo puedes ayudarme para hablar y acercarme a ellos?”. No tengo palabras para describir la cara de tonto que se me quedó, la cual me dura hasta el día de hoy. No es que yo fuera el segundo plato, ¡es que yo no estaba ni en el menú! Tanto XXX como YYY eran muy pero que muy guapos, y Caroline no era ciega. Y si ambos me están leyendo, seguro que se acuerdan.
Pero queda el final inesperado: el día antes de irse, ella le escribió una carta a XXX expresándole sus sentimientos, y que si quería fuera a Inglaterra a visitarla. En la misiva añadía un punto sobre mí, y que pude leer ya que mi amigo me enseñó la misiva: la amiga de Caroline, que siempre se quedaba a mi lado mirando, que de español no sabía ni “Hola” (y yo de inglés no sabía ni “Hello”), decía que “le gustaban mucho los músculos de Jesús” (o sea, los míos) y que se había quedado con ganas de más. Horas después, me despedí de ellas haciéndome el despistado como si no hubiera leído nada. Y ahí quedó todo.
Como estas dos “anécdotas”, narradas humorísticamente, podría contar muchas más, tantas que darían para una serie en Netflix, mezclando todo tipo de géneros: comedia, terror y ciencia ficción, basadas en hechos reales, pero que no cuento para no volverme repetitivo, y porque esto no es un reality show. La cuestión es que en ellas hay un denominador común: chicas que no me conocían como persona ni buscaban una relación sentimental, “querían” directamente mi cuerpo. Dicho así, suena cómico, pero para mí suena triste. Nadie se puede imaginar cuánto. Donde otros se hubieran sentido halagados y hubieran dicho que sí a todo, en mi caso me hacía sentir como un trozo de carne.
He contado estas historias desde el punto de vista masculino puesto que soy hombre, pero muchas mujeres podrían contar experiencias parecidas que han vivido y padecido que les han hecho sentir un objeto sin alma. Y las he contado para que podamos entender lo que voy a exponer a continuación.

¿Qué vemos en nuestro mundo “moderno”?
No sé desde qué país me lees, pero en el mío se ha puesto de moda desde hace unos años unos pantaloncitos que dejan los cachetes al aire. ¿Los llevan puestos algunas chicas que trabajan en “profesiones nocturnas y callejeras”? No. Como he dicho, cada vez está más más extendida. El verano antes de la Pandemia, fui con mi familia a tomarme un helado a una terraza y se veía a muchísimas niñas de once años a dieciséis años –y yendo con sus padres- luciendo estos shorts. Y claro, ellas mirando a ver quién las observaba, que es lo que se busca al vestir de esa manera.
Desde una sana visión cristiana, si no se tienen las ideas muy claras, la belleza, en la sociedad actual, puede llegar a ser una maldición más que una bendición. Maldición no en el sentido de “malo”, puesto que fue Dios mismo quién creó la belleza en todas las áreas, y el cuerpo en sí no tiene absolutamente nada de pernicioso, algo que ya he dejado bien claro en otros escritos. La belleza tiene su valor en su justa medida (En una relación sentimental, ¿hasta qué punto son importantes la diferencia de edad y la atracción física? https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2018/09/1066-en-una-relacion-sentimental-hasta.html) siempre y cuando no se caiga en los excesos insanos (Por favor, dime lo bueno que soy, que me quieres, y hazme sentir especial: https://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2018/01/por-favor-dime-lo-bueno-que-soy-que-me.html; Cómo nos adoctrinan sobre nuestro cuerpo y qué hacer al respecto: http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2016/06/como-nos-adoctrinan-sobre-nuestro.html). Así que, cuando me refiero a “maldición”, lo hago en el sentido de “piedra de tropiezo” para uno mismo, ya que, con un propósito diferente al orden establecido por Dios, te puede robar perfectamente la santidad, la integridad y el pudor sano.
A los hechos reales aludo: en el presente, es muy raro que una chica guapa no tenga en sus redes sociales fotos de ella en bikini enseñando casi todas sus posaderas, sus falditas más cortas, sus ceñisísimos pantalones de cuero y sus blusas bien abiertas, insinuando o directamente exhibiendo partes concretas de su anatomía. Y con los chicos exactamente igual: luciendo torsos musculosos y abdominales definidos. Lo de guardarse para sus cónyuges no va con ellos. Ambos sexos entran dentro de la categoría que dijo Salomón: “Vanidad de vanidades, todo es vanidad” (Ec. 1:2).
Como quise empatizar y no quedarme con una versión simplista, ya expliqué en ¿Cómo debe vestir una mujer cristiana? (http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2015/10/77-como-debe-vestir-una-mujer-cristiana.html), que muchas usan sus cuerpos sin malicia, sino para lograr un fin, que es lograr el verdadero el amor: “Ellas saben que su cuerpo es como un imán que atrae a los hombres y el deseo profundo de la mujer es sentirse especial, admirada y amada. Por lo tanto, saben que, mientras más cantidad de imán muestren, más posibilidades cabe de que algunos sujetos se acerquen a la fuente y le ofrezcan el amor que desean. Siguiendo este razonamiento, la necesidad de mostrar el cuerpo viene a ser una manera de sentirse guapas y bien consigo mismas por un lado, y de llamar la atención por otro para alcanzar un fin: el amor. Es como gritar: ´¡Eh, que estoy aquí, miradme, que quiero que me améis! ¿No os dais cuenta de que en el fondo tengo un corazón que anhela el cariño de aquellos que me rodean?`”[1]. Pero también vimos que un cristiano no debe caer en ese juego.
Es triste que muchas actitudes de la sociedad caída ya se consideren normal en la mentalidad de algunos cristianos. El domingo en el culto todos muy formales, modositos y con rostros de santidad. A la noche, subida masiva de instantáneas en bikini a Instagram o del gimnasio en camiseta de tirantes mostrando todo el torso. No se dan cuenta de la incongruencia, y el argumento manido que usan para defenderse es que “todo el mundo lo hace”. Y, si les dices algo, en lugar de reflexionar, unos miran para otro lado porque no concuerda con su forma de pensar, otros se ríen para no pensar o directamente se enfadan porque te consideran “anticuado”.

Reflexiona y cambia
Si sigo escribiendo sobre este tema es porque, tras llevarme una grata sorpresa ante los comentarios que recibí sobre el escrito respecto al bikini (comentarios que tú mismo puedes leer al final del mismo: L@s cristian@s ante el bikini y otras cuestiones (http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2015/12/78-ls-cristians-ante-el-bikini-y-otras.html), espero que cada día más conciencias despierten y decidan cambiar. Este puede ser el momento, seas adolescente, veinteañero, treinteañero, cuarentón o más.
Dada la importancia que este mundo presente le concede al físico, es muy fácil que una persona guapa y de buen físico, tenga la edad que tenga:

- Caiga en la vanidad.
- En el puro lucimiento.
- Se centre principalmente en su físico y no en su ser interior y espiritual.
- Crea que lo más importante es lo externo.
- Base quién es en función de la opinión que tengan los demás sobre su cuerpo.
- Se obsesione.
- Desprecie a los que no son “bellos” o se burle de ellos.

Incluso las personas más humildes y sencillas suelen caer en alguno de estos siete puntos.
Por todo esto, una de las razones principales por las cuales me monté en casa mi propio minigimnasio –aparte de que a medio y largo plazo es un ahorro económico brutal- era para no ir a uno y ser parte del ego-circo que allí suele darse: hombres y mujeres que se emboban con otros cuerpos y consigo mismos ante un espejo. No quiero ser un trozo de carne ante los ojos de nadie. Y, si lo soy para alguien, no será porque yo lo busque intencionadamente. No estoy queriendo decir que no vayas al gimnasio; eres libre de hacerlo. Solo expongo el porqué no lo hago yo teniendo alternativas.
Tampoco subo fotos mías a Facebook haciendo un peso muerto pesado congestionando o sentadillas sin camiseta como hacen miles en Internet. ¿Por qué tendría que hacerlo? ¿Para lucirme? ¿Para conseguir muchos like y experimentar un subidón vacío y artificial de dopamina? ¿Para lograr comentarios al estilo de la amiga de Caroline? ¿Para atraer miradas femeninas “interesadas”, como me sugirió un amigo? ¿No es esto una manera de venderse a sí mismo? ¡Venga ya! ¡Qué absurdo! También he estado varias veces por hacer un vídeo mío haciendo ejercicio y hacerlo público en las redes, no para motivar a nadie a hacer musculación, sino con el propósito de que, los que lo vieran, pudieran entender el deporte como un símil de la importancia de la disciplina y la constancia en la vida cristiana, y cómo afrontar las luchas que se nos presentan en este mundo como creyentes. Pero, como la inmensa mayoría no lo iba a ver de esa manera, y se iban a quedar con lo que no es, siempre me he echado para atrás.
Ante todo lo narrado, más de uno podría decir: “No pensarías así si fueras guapito de cara, un verdadero adonís”. ¡Ey pillín, te he leído el pensamiento y te equivocas por completo! Si no pensara como he expuesto, el error sería mío, no de los argumentos: significaría que mis pensamientos no están basados en la cosmovisión bíblica. Gracias a Dios, no es el caso, ya que, después de tantos años, absolutamente todo lo que pienso, leo, veo y oigo, pasa a continuación por el filtro de la Biblia de manera automática antes de llegar a conclusiones.
Espero que lo escrito te ayude en distintas áreas de tu vida, tanto en la forma en que te expones ante los demás como del valor que te concedes a ti mismo. ¡Arrivaderci!