lunes, 25 de septiembre de 2017

Usando el nombre de Dios en vano para mentir, mentir y mentir




Venimos de aquí: Respondamos sinceramente: ¿deseamos justicia o venganza? (https://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2017/09/respondamos-sinceramente-deseamos.html).

Antes de comenzar, quiero dejar muy claro que nada de lo que voy a exponer a continuación quita ni una sola palabra del artículo anterior. Sigue siendo vigente, y siempre lo será. De ahí que denunciar y presentar la verdad no exime que hagamos todo lo que señalé en ese escrito. Y sin más, vayamos al grano.

La mentira proclamada como verdad
El famoso y tétrico nazi Joseph Goebbels​ –Ministro de Propaganda del Tercer Reich- dijo que “una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”. Dicho lema le funcionó, hasta el punto de que llevó a millones de alemanes a creer que eran una raza superior. Un auténtico lavado de cerebro logrado a base de repetir una y otra vez las mismas proclamas.
En la sociedad actual vemos cómo dicha táctica se sigue empleando a pies juntillas; mentiras que, repetidas hasta la saciedad, terminan por ser aceptadas como verdades:

- Ser una persona exitosa es sinónimo de ser guapo, tener un buen cuerpo, una buena cuenta corriente y ser reconocido por los que nos rodean.
- El homófobo es el que cree que lo natural es una relación entre un hombre y una mujer.
- El retrógrado es el que cree en Dios, el que afirma que las relaciones sexuales son para el matrimonio, y el que está en contra del aborto libre y la eutanasia.
- El xenófobo es el que pide que no se deje entrar en el país a todos los inmigrantes.

Esto es lo que proclaman día tras días los medios de comunicación. En España, la prensa escrita lo suele hacer a través de periódicos como “El País” y “El Mundo”, y la televisión en canales como “La Sexta” o “Cuatro”, entre otros. Y de Internet ya ni hablamos.
Con el asunto de la independencia catalana está sucediendo lo mismo; en esta ocasión, casi exclusivamente desde la propia Cataluña, puesto que en el resto de España se les refuta una y otra vez con argumentos contundentes y que no pueden replicarse, como por ejemplo en “Mitos y falsedades del independentismo” (https://politica.elpais.com/politica/2017/09/22/actualidad/1506057773_802802.html) y  Las mentiras de Puigdemont” (https://elpais.com/elpais/2017/09/20/opinion/1505920628_019009.html). Por eso este viernes por la tarde le expresaba a un amigo mi duda: ¿saben los políticos catalanes que están mintiendo y aun así siguen haciéndolo, o han engañado a su cerebro de tal manera que creen que dichas mentiras son la verdad?

Supuestos cristianos que predican la mentira
Conociendo cómo son, entiendo que esta forma de pensar provenga de los “Guardiola” o “Aleix Espargaró[1]” de turno. También puedo comprender perfectamente que estas actuaciones las lleven a cabo personas que no son cristianas. Pero que lo hagan algunos que dicen ser creyentes me indigna hasta el paroxismo. Y esto es lo que ha sucedido entre 282 sacerdotes y 21 diáconos secesionistas catalanes (de un total de 2190 sacerdotes y religiosos que hay en Cataluña), que han firmado un manifiesto a favor del referéndum, el cual exige al Gobierno español “escuchar las legítimas aspiraciones del pueblo catalán”.
Podría aceptar que, basándose en sus sentimientos e ideologías, creyeran en dicho referéndum. Pero es intolerable, temerario y aberrante que usen el ejemplo de Jesús, junto a historias como la de Moisés, para defender sus ideas. Sinceramente, quiero creer de corazón que los verdaderos cristianos que pueda haber dentro del catolicismo romano no defienden tales posturas, y espero que sean críticos y valientes a la hora de mostrar públicamente su rechazo ante aquellos que dicen representarles.
Para los que no conocen qué argumentos han usado estos sacerdotes católicos, vamos a analizarlos, citando las palabras de Cinto Busquet (en cursiva), párroco de Calella (Barcelona), y de otros sacerdotes[2].

¿La leyes españolas son inmorales?
El Evangelio defiende este referéndum. Jesús fue condenado a muerte en base a la ley vigente y ninguna persona sensata lo considera algo legítimo ni moral”.

¡¡¡Falso!!! Jesús no fue condenado en base a la ley vigente. Es más, Pilato dijo que no hallaba ningún delito en Él (cf. Lc. 23:4). Toda la ley se pasó por alto y el juicio que llevaron a cabo los judíos fue una farsa. Incluso se usaron testigos falsos contra su persona. Fue el pueblo el que condenó a muerte a Jesús engañado por los líderes religiosos que se saltaron todas las normas.
¿Es esto lo que está haciendo el Gobierno de España o el de Cataluña? La respuesta es obvia y solo un ciego podría negarla.
Por otro lado, Cinto Busquet, ¿a cuento de qué viene mezclar churras con merinas? ¿Está usted comparando al infame Emperador Nerón con los dirigentes de España? ¿Está usted comparando las crueles leyes romanas con las leyes democráticas de una nación, y que, en este caso, han sido aceptadas por todos los partidos políticos que gobiernan? Como ahora no les gustan, ¿las desobedecen e incitan a la desobediencia? ¿En su Biblia no vienen las palabras de Pablo a Tito, donde le dijo: “recuérdales que se sujeten a los gobernantes y autoridades, que obedezcan, que estén dispuestos a toda buena obra” (Tit. 3:1)? ¿Es que no recuerdan que Jesús dijo “dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios” (Lc. 20:25)?
Los cristianos deben obedecer siempre la ley civil y a la autoridades: “Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos” (Ro. 13:1).
La única excepción para no obedecer se produce cuando alguna ley humana nos ordena ir en contra de algún mandamiento de Dios. Un caso muy conocido del Antiguo Testamento es cuando el rey Nabucodonosor ordenó que todo el pueblo se arrodillará delante de la estatua que habían construido en Babilonia. ¿Qué hicieron tres jóvenes judíos? ¡Desobedecieron! (cf. Dn. 3). Ahí sí estaba justificado. Igualmente sería si las leyes civiles nos obligaran a matar, a robar o a delinquir. En ese caso, deberíamos desobedecerla. A los apóstoles los encarcelaron y les prohibieron predicar el Evangelio. ¿Cómo respondieron ellos?: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hch. 5:29).
El requisito señalado –ir en contra de los mandamientos divinos- no se cumple ni de lejos en la ley civil española como para llamar a rebelarse contra ella, como están haciendo estos sacerdotes.
Los judíos esperaban un Mesías revolucionario que les liberase del yugo romano. Pero, cuando el Mesías llegó, y a pesar de la tiranía de Roma, Jesús no llamó a la rebelión contra el Imperio ni a la desobediencia civil. ¿Nos imaginamos a Jesús y a sus discípulos manifestándose en las calles y cantando proclamas en contra de los gobernantes y a favor de la independencia de Israel? ¿Nos imaginamos a Jesús puesto en pie encima de un caballo dándole patadas mientras sus seguidores empujaban a los soldados y amenazaban a los Magistrados? ¿Nos imaginamos a Jesús enseñándoles canciones a los niños contra Roma, llevándolos delante de los cuarteles de los soldados a protestar o usándolos para empapelar edificios públicos? ¿Verdad que no? Pues todo esto es lo estamos viendo desde el 20 de Septiembre a los secesionistas catalanes, espoleados por la misma Generalitat. En una dictadura o en la época romana, habrían sido ejecutados en el acto. Pero las leyes que estos párrocos consideran injustas les permiten seguir viviendo y expresar sus ideas.
Ellos, que no respetan las leyes, ¿con qué autoridad moral y jurídica le dirán a los ciudadanos que tiene que obedecer las normas que establezcan si se independizan? Si sus normas de juego se aplican a todo el mundo –que sería lo justo- un ciudadano catalán podría desobedecer y, por ejemplo, no pagar impuestos o no acatar las ordenes de un Mosso de Escuadra, y no tendría que pasar nada.

¿Catalanes reprimidos?
En Cataluña también se quiere impedir a la gente votar cumpliendo una ley, pero esa legalidad atenta contra la dignidad y la libertad de las personas. [...] El cristianismo enseña que cada ser humano ha sido creado con libertad, que nadie puede imponer su voluntad sobre el otro, y es lo que se está haciendo sobre millones de catalanes. Es inmoral lo que está haciendo España. Hay un 80% de catalanes que quieren votar y se les está reprimiendo esgrimiendo la Constitución”.

No me sea demagogo y deje de mentir porque, como afirmó Jesús, “de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio” (Mt. 12:36). Cuando usted dice que “el manifiesto sostiene que el referéndum del 1 de octubre es un último grito de dignidad ante “la imposibilidad de pactar las condiciones para llevarlo a cabo de forma acordada”, está dejando por escrito su propia mentira. No es que no se pueda acordar las condiciones; es que ustedes quieren imponer sus condiciones. Eso explica que cada vez que se le ha ofrecido al presidente de Cataluña, Carles Puigdemont, ir al Congreso de los Diputados a explicarse y dialogar, haya mirado para otro lado. Acusan al Gobierno de España de imponer al mismo tiempo que ustedes tratan de imponer sus leyes. ¡Hipocresía sectaria pura y dura!
Si fuera consensuado, no se le impediría votar a nadie; lo que se prohíbe es una votación que deja en manos de unos pocos la decisión de qué hacer con una parte del territorio nacional. ¿O es que el resto de los españoles no tenemos nada que decir? ¿O es que Cataluña no ha sido construida con los impuestos de los residentes de las demás comunidades autónomas? Si Andalucía, que ha sido igualmente levantada con los impuestos de todos los nacionales, decidiera hacer un referéndum sobre la independencia sin contar con los votos catalanes, ¿lo consideraría justo?
Señor Busquet, si los monaguillos de su parroquia decidieran apropiarse del campanario, y llevarse la sacristía y el confesionario junto al 20% de las imágenes que usted venera, ¿qué le parecería? Siguiendo su hilo argumental: si usted se lo prohibiera, estaría atentando “contra la dignidad y la libertad de las personas”. ¿O es que lo que vale para los demás no se le aplica a usted?

¿El Evangelio usado como argumento independentista?
“Es irrebatible que, basándonos en los principios de la Iglesia, el Estado está vulnerando derechos humanos fundamentales. [...] El Evangelio es nuestra legalidad”.  

¿Irrebatible? No nos haga reír de pena. Por si no lo sabe, el Evangelio es la buena noticia de Dios, que sentencia que todo el que cree en Jesucristo pagó en la cruz por sus pecados es hecho hijo suyo y recibe la garantía de la vida eterna. A partir de ahí, todos los que aceptan dicha verdad son parte de un solo pueblo, y “ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gá. 3:28). ¡Esa es la verdadera independencia, no la que ustedes defienden!  

¿Usando a Moisés como ejemplo de independentista?
Sobre aquellos cristianos no independentistas, el párroco firmante Pere Oliva dice que respetan a esos fieles, pero que consideran errónea su visión: “Cada uno lo enfoca a su manera. Otros cristianos lo ven con la perspectiva de la legalidad, tienen como una máxima que la ley es inviolable y detrás de eso viene lo demás. Comprendo esa postura pero yo prefiero otro camino. Desde una formulación bíblica, si Moisés hubiera seguido la ley quizá no se habría rebelado contra los egipcios ni hubiera comenzado algo nuevo (la liberación de los esclavos y su éxodo hacia la tierra prometida)”.
Cualquier persona que no tenga conocimiento bíblico puede pensar: “¡Qué palabras más sabias! ¡Es verdad, mira cómo actuó Moisés!”. Pero el que conozca la realidad de la historia de Moisés sentirá vergüenza ajena del insultante ejemplo usado por Pere Oliva:

- Cuando Moisés quiso imponer su ley, matando a un egipcio, los judíos se lo echaron en cara: “¿Quién te ha puesto a ti por príncipe y juez sobre nosotros? ¿Piensas matarme como mataste al egipcio?” (Éx. 2:14).

- Moisés no se rebeló por su propia cuenta, sino que fue Dios el que le llamó a levantarse contra Faraón. ¿La respuesta de Moisés? No quería, hasta el punto de que el Altísimo se enojó con él (cf. Éx. 4:14). La pregunta para el señor Pere Oliva sería si Dios se le ha aparecido en persona para llamarle a salir de España.

- Las condiciones sociales en las que vivían los judíos en Egipto era de esclavitud, opresión y violencia contra ellos: “Y los egipcios hicieron servir a los hijos de Israel con dureza, y amargaron su vida con dura servidumbre, en hacer barro y ladrillo, y en toda labor del campo y en todo su servicio, al cual los obligaban con rigor” (Éx. 1:13-14). Señor Pere Oliva, ¿son estas las condiciones en que los malvados españoles tenemos al pueblo catalán? Y yo que pensaba que eran una comunidad próspera. ¡Qué ingenuo de mí!

- Faraón ordenó matar a los niños (cf. Éx 1:15-16). Señor Pere Oliva, ¿los médicos españoles que viven en Cataluña matan a los niños de padres catalanes? Creo que no. Sin embargo, ¿quién lleva años adoctrinando a esas criaturas desde su más tierna infancia e inculcándoles la idea de que España les roba y es el enemigo, y donde muchos de ellos terminan formando parte de grupos antisistemas, o de Arran y la CUP? Sus educadores y políticos. Como señalaba hoy mismo el célebre dramaturgo catalán Albert Boadella: El catalanismo se nutre de la xenofobia y el odio a España. [...] Ha sido un goteo de odio a España durante 35 años, dos generaciones que se han educado en el odio”[3].

Hagamos de cada ciudad una nación
Miquel Barberà, párroco de la archidiócesis de Tarragona, dice: “La doctrina social (de la Iglesia) defiende el derecho de autodeterminación, y punto. Defiende el derecho a decidir de todas las naciones, y nuestros obispos ya dijeron hace seis años que Cataluña es una nación”. Estupendo. He hablado con mis vecinos y hemos decidido que Algeciras (nuestra ciudad) es un país, así que nos hemos proclamado una nación, basándonos en el derecho de autodeterminación que usted predica y que le agradecemos, y punto.
Esperamos que el resto de pueblos siga su “doctrina” y que, por ejemplo, los habitantes de Badalona se independicen de la República Catalana y formen su propio país, y punto.
Señor Barberà, ¿usted habla en serio o seguimos con el sarcasmo de sus enunciados de sedición?

Conclusión
Señores párrocos catalanes: crean lo que quieran creer, pero no usen en vano el nombre de Dios en vano para defender sus mentiras y falacias. Es algo gravísimo. Recuerden que Jesús afirmó contundentemente que dijo que el padre de mentira es el diablo porque es mentiroso (cf. Jn. 8:44), así que no sigan por ese camino y dejen de retorcer las Escrituras para justificar sus postulados.
Oriol Junqueras, Carles Puigdemont, Carme Forcadell, Ada Colau, Anna Gabriel y Pablo Iglesias (que espero que los que le votaron se hayan dado cuenta de que es un traidor a la patria), apoyados por grupos como ANC, Òmniun, la CUP, Junts pel Sí y Podemos, y canales de televisión como TV3 (que dicen que los que destrozaron los coches de la Guardia Civil luchaban por la democracia y que, sin embargo, los españoles que ondean sus banderas son nazis acosadores) o de radio como Catalunya Radio (que piden a los oyentes que avisen sobre los movimientos de la Guardia Civil), están jugando con fuego y avivando las llamas del Golpe de Estado que se está produciendo, presentándose a su vez como falsas víctimas.
Los párrocos que han entrado en el juego de estos personajes, proclamando este manifiesto, son cómplices de lo que está pasando al dividir aún más este país y a las propias familias catalanas (“Las familias rotas del Procés catalán”: http://www.elmundo.es/cronica/2017/09/24/59c6863322601d9a458b4667.html), y de lo que pueda llegar a pasar, y la historia los juzgará. No olviden la advertencia del Señor de lo que están provocando: “Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma, no permanecerá” (Mt. 12:25).
Aplíquense las palabras de Pablo: “Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad” (1 Ti. 2:1). Todos los españoles en general y sus parroquianos en particular se lo agradecerán.

Por último quiero expresar mis deseos:
- Espero que toda la tensión que se está acumulando no derive en una violencia sin vuelta atrás como en el 36.
- Espero que se haga justicia contra los que están incumpliendo las leyes y manipulando a las masas.
- Espero que la fractura social se pueda resolver con el tiempo cuando haya otros dirigentes catalanes al frente.
- Espero que se dejen de usar a los niños como títeres llenos de odio contra España y se les vuelva a educar sanamente.
- Espero que, si se acuerda un referendum, todos los españoles tengan voz y voto, puesto que lo contrario acabaría en desgracia.
- Y, para terminar, deseo que tantos unos como otros puedan conocer al Señor y convertirse. 

El tiempo nos dirá qué deseos se cumplirán y cómo acabará todo.

lunes, 18 de septiembre de 2017

Respondamos sinceramente: ¿deseamos justicia o venganza?


De izquierda a derecha, y de arriba abajo: Arnaldo Otegi, Nicolas Maduro, Kim Jong-un, Anna Gabriel, Oriol Junqueras, Carles Puigdemont, Àngels Martínez y Carme Forcadell.

Si nos ponemos en “modo espiritual”, instantáneamente responderemos a la pregunta que encabeza el escrito que, ante la maldad de determinados individuos, lo que deseamos es justicia y no venganza. Por el contrario, si nos quitamos las caretas por unos minutos y respondemos sinceramente en función de lo que en ocasiones sentimos, nos daremos cuenta de que, en términos humanos, no es tan fácil distinguir ambos conceptos y lo que realmente queremos.

Personas y situaciones que me irritan a día de hoy
Eran las 5 de la madrugada del pasado 14 de septiembre y no paraba de dar vueltas en la cama. No podía dormir, y no era por alguna enfermedad o porque no estuviera cansado, sino por la tremenda irritación que sentía en mi cuerpo y que se había ido acumulando en apenas unos días. Aunque ya llevaba “calentito” varios meses por la situación creada, el detonante final y la gota que colmó el vaso de mi paciencia fue ver a la diputada Àngels Martínez retirar las banderas de España del Parlamento catalán, mientras que Anna Gabriel, parte de esa secta política llamada CUP, se reía.

Si a esto le añadimos los continuos pitos al Rey de España cada vez que asiste a la final de la Copa de fútbol que lleva su nombre, las pancartas que pusieron en las gradas del Camp Nou (“SOS Democracia” y “Welcome a to the Catalan Republic”), junto a las burlas continuas a la Justicia, a la Constitución y, en consecuencia, a todos los españoles, de los secesionistas Carme Forcadell (presidenta del Parlamento de Cataluña), Carles Puigdemont (presidente de la Generalidad de Cataluña), Oriol Junqueras (vicepresidente de la Generalidad), y cientos de alcaldes como ellos, más la presencia en la Diada de Arnaldo Otegi (expresidiario por pertenencia a ETA), pues ya tenemos el cuadro completo del porqué de mi profunda irritación como ciudadano español. También habría que sumarle la indignación que siento al ver cómo les han lavado el cerebro a chicos y chicas jóvenes de 9 a 15 años y los usan como marionetas.
Se supone que un cristiano debe amar la paz y respetar a todo el mundo, pero no por ello es menos humano o insensible ante la sociedad, y menos aún cuando un grupo de personas, que dicen representar a una mayoría (completa mentira y que ha provocado la fractura de la propia sociedad catalana), quieren, literalmente, saltarse todas las leyes habidas y por haber. Para los que viven fuera de España y no sepan de qué va el tema, se los explico en pocas palabras: el Parlamento Catalán ha convocado un referéndum el próximo 1 de Octubre para que los catalanes, y solamente los catalanes, voten si quieren que Cataluña sea un estado independiente en forma de república. Quieren decidir sobre la “autodeterminación”. La realidad es que ningún texto constitucional de los países occidentales permiten dicha opción[1]. La misma Constitución Española dice que “la soberanía nacional reside en el pueblo español” (Art. 1.2). Es decir, si hubiera una votación, tendría que hacerlo TODO el pueblo de España, los 47 millones de habitantes: andaluces, madrileños, manchegos, gallegos, vascos, etc. Contándome a mí, somos seis hermanos. Si yo decidiera por mi propia cuenta quedarme con una parte de nuestra casa sin consultarle a ellos, ¿qué pensarían? Seguro que nada bonito. Fácil de entender, ¿verdad?
Por eso el Tribunal Constitucional ya ha declarado dicho referéndum como ilegal. Y aún así, los políticos catalanes han lanzado todo un órdago a la nación y se han declarado en rebeldía, en contra del artículo 9.1: “Los ciudadanos y los poderes públicos están sujetos a la Constitución y al resto del ordenamiento jurídico”. ¡Constitución que ellos mismos aprobaron en 1978! ¡Pero claro, se presentan como víctimas y nos llaman dictadores fascistas!
¿Tengo razones para estar irritado? Creo que sí, y de sobra. Estoy seguro que el apóstol Pablo no estaba “bailando sevillanas” y saltando de alegría cuando expresó su sentir: “!!Ojalá se mutilasen los que os perturban!” (Gá. 5:12). Y recordemos que Jesús se encendió cuando vio a los mercaderes en el Templo por ir en contra de las leyes divinas y engañar a las personas. Con esto no estoy queriendo ni mucho menos poner la Constitución Española a la misma altura de la Ley de Dios, sino mostrando que este tipo de sentimientos son completamente lícitos ante cualquier injusticia observable. ¿O es que no te indignas cuando lees los datos sobre el número de abortos y escuchas de una violación, del abuso de un menor o de la agresión a un profesor de escuela?
Todo lo que he reseñado hasta ahora es lo que me movió a escribir en mi muro de facebook una sátira llamada “El Guateque”[2], y que también me llevo a hablarlo con un  amigo como forma de desahogo, y, por último, a reflexionar seriamente sobre ciertos sentimientos que estoy experimentando.

Los deseos de nuestra naturaleza caída
Vivamos en una u otra parte del mundo, tenemos razones de sobra para sentir enojo ante ciertas personas. Dos se me vienen a la mente:

- Nicolás Maduro, que tiene al pueblo venezolano pasando hambre y sumido en una crisis económica brutal, y que hace unos días presentó el “plan conejo”. Mientras se reía a carcajadas, anunciaba que se iba a entregar un conejo a cada comunidad para que se reproduzcan y poder comérselos; así se combatiría la falta de proteínas de la población, puesto que el pollo y la carne vacuna ya son lujos que casi nadie se puede permitir.

- Kim Jong-un, el presidente de Corea del Norte, que casi siempre que se le ve en una fotografía con sus lacayos está “partido” de risa”, que invierte casi todo el dinero del país en el ejército a pesar de la pobreza del pueblo –siendo él el único con sobrepeso de toda la nación (130 kilos pesa el buen mozo)-, y que desprecia las resoluciones de la ONU en su contra, amenazando día tras día con atacar con misiles nucleares a Corea del Sur, Japón y Estados Unidos.

¿Mis sentimientos iniciales hacia estos dos personajes? Junto a todos los falsos teólogos de la prosperidad que engañan a los ingenuos para sacarles la plata (euros, dólares o la moneda que sea), los pondría en una isla desierta y les dejaba caer un “bombazo atómico”. Muerto el perro, se acabó la rabia. “Ay, ay, Jesús, no digas esas cosas”, pensarán muchos. La realidad es que, aunque nos podamos escandalizar de lo dicho, es el mismo sentimiento que embarga a cualquier cristiano con otras personas o situaciones, aunque sea de forma puntual. ¿O es que no te hierve la sangre de vez en cuando? Y el que diga que no, que me llame por teléfono para explicármelo, mientras arranca varios salmos del rey David donde él pide venganza.
Ahora bien, es aquí donde deben leer con atención: estoy hablando desde mi humanidad caída, desde mi naturaleza carnal. Y recordemos que una de las obras de la carne es la ira (cf. Gá. 5:20). Ahora bien, “desear” y “sentir” no es lo mismo que “hacer” o “llevar a cabo”. Igual que hay creyentes (verdaderos hijos de Dios que han nacido de nuevo, pero que, como todos, siguen teniendo una naturaleza caída), que en momentos concretos pueden llegar a desear hacer cualquiera de las obras de la carne que cita Pablo (fornicación, lascivia, adulterio, etc.), el apóstol nos dice a todos: “Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis (Gá. 5:16-17).
Pablo es consciente de que, a nuestro “yo caído”, le gustaría hacer lo malo. Incluso él mismo se incluyó y dijo: “Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. !!Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado” (Ro. 7:21-25).

¿Se contradicen la justicia y la misericordia?
Algunos creen que la justicia y la misericordia no pueden ir de la mano puesto que se contradicen; craso error: sencillamente, se complementan. Por seguir la línea marcada con la situación en Cataluña: la justicia es que se cumpla la ley. Eso implica que los que los que no la han cumplido paguen ante la Ley de la forma en que esté estipulado: inhabilitación, penas de cárcel, etc. Lo repito: es el pago que merecen ya que eso es JUSTICIA, y todo cristiano debe estar de parte de ella, puesto que no va en contra de ningún principio ético-bíblico.
La Ley es la misma para todos y la justicia es igualmente aplicable a Maduro, Kim Jong-un, terroristas, asesinos, ladrones, corruptos, maltratadores, hackers, traficantes, etc. Y si yo delinquiera, exactamente igual. Por el contrario, la venganza sería insultarlos, desearles el mal y ponernos a su nivel o incluso superarlo, dándoles “bofetadas” de todos los colores hasta dejarlos bien magullados o muertos. Eso ya está muy lejos de lo que el cristiano debe practicar.
Jesús llegó a reprender a Pedro por cortarle la oreja a un soldado romano (cf. Mt. 26:52) y se nos enseña muy claramente que no nos venguemos nosotros mismos, que la venganza le corresponde en exclusiva a Dios (cf. Dt. 32:35; Ro. 12:19). El mismo rey David que cité líneas atrás clamando por venganza, cuando tuvo ocasión de llevarla a cabo por su propia mano, no mató a Saúl (cf. 1 S. 24).

¿En la carne o en el Espíritu? & Predicando el Evangelio
¿Qué debemos hacer los cristianos? Darle la vuelta a la situación, tirar de “misericordia” (la misma que tuvo Dios con nosotros), no dejarnos llevar por los deseos de la carne y andar en el Espíritu: “Se requieren dos cosas para comenzar a ser cristiano. La primera es una fe y una confianza firmes en el Dios todopoderoso para obtener toda la misericordia que nos ha prometido, mediante los merecimientos y los méritos de solamente la sangre de Cristo, sin consideración por nuestras propias obras. Y la otra es que abandonemos el mal y nos volvamos hacia Dios para guardar sus leyes y combatir contra nosotros mismos y nuestra naturaleza corrupta perpertuamente a fin de que podamos hacer la voluntad de Dios cada día y cada vez mejor” (William Tyndale, 1494-1536).
En lo que concierne al amor a los enemigos, tengamos en cuenta que el amor descrito en la Biblia no se refiere tanto a los sentimientos, sino a los hechos: “Amar hoy significa ´tener cariño`, ´ser amable` (en sentido moderno) y en general no ofender a los demás (por lo menos, a ´los nuestros`). Esos son valores importantes, con mucha validez, pero creo que este concepto de amor es moderno, desconocido hasta la modernidad y el surgimiento del capitalismo burgués individualista, y los conceptos modernos de privacidad, tolerancia, etc. Pregunto si alguien puede demostrar ese sentido sentimental de ´amar` en las escrituras y la historia pre-moderna de la teología”[3].
Pablo también sabía que en la vida nos encontraríamos individuos con los que sería imposible llevarnos bien; no por nuestra causa, sino por la de ellos. De ahí que nos dejara escrito que solo somos responsables de la parte que nos toca: “Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres” (Ro. 12:18).
¿Deseos de justicia? Por supuesto. Que se aplique en cuanto sea posible. Pero eso es solo la primera parte; la segunda nos corresponde a nosotros. Tanto si los políticos catalanes terminan siendo detenidas como si no, alguno de los cientos de pastores o de los miles de cristianos que hay en Cataluña deberían ir a hablar con ellos, y no para tratar de política o para hacerles cambiar de ideología, sino para predicarles el Evangelio. Grabemos a fuego en nuestra mente que “no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él” (Jn. 3:17). Y el mismo Hijo dijo que no había venido “a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento” (Lc. 5:32).
Esto es lo mismo que vimos en La segunda oportunidad (http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2013/11/la-segunda-oportunidad.html), donde Julio García Celorio, director de los centros de rehabilitación “Nueva Vida”, fue a ver a José Rabadán, más conocido como “el asesino de la Katana”, porque asesinó con 16 años a sus padres y a su hermana menor con una espada japonesa en abril de 2000, y se convirtió tras su visita.
Es lo que tú y que yo tenemos que hacer con aquellos cuyas actitudes son las propias de un “enemigo”, sean quienes sean (conocidos, familiares, vecinos, jefes, compañeros de trabajo, políticos, etc.): “Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Mt. 5:44-48).

¿Es fácil de llevar a cabo lo descrito? ¡No, ni mucho menos! Nadie dijo que lo sería, pero es nuestro llamado. Ahora, que cada uno reflexione ante los principios bíblicos expuestos y saque sus propias conclusiones para ponerlas por obra.