lunes, 29 de octubre de 2018

La ideología de género: de nuevo el diablo asomando su cabeza, y ahora, adoctrinando a los niños


¿Cuáles fueron las primeras palabras que el diablo le dirigió a un ser humano? Creo que todos las conocemos: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? [...] No moriréis” (Gn. 3:1, 4). Hablando por boca de los hombres impíos, el diablo sigue usando la misma expresión:

- Conque Dios os ha dicho... que un feto es una persona... No.
- Conque Dios os ha dicho... que el matrimonio es entre un hombre y una mujer... No.
- Conque Dios os ha dicho... que el adulterio es abominable... No.
- Conque Dios os ha dicho... que el sexo prematrimonial es pecado... No.
- Conque Dios os ha dicho... que no mintáis... No.
- Conque Dios os ha dicho... que emborracharse es una obra de la carne... No.
- Conque Dios os ha dicho... que las herejías son un espanto a sus ojos... No.
- Conque Dios os ha dicho... que no idolatréis a nadie... No.

Y así, con muchos ejemplos más. Todas estas maldades son consideradas como buenas por todo aquel que desprecia o ignora la voluntad de Dios. Y lo más llamativo: estas personas se consideran buenas y modernas.
El diablo les hizo creer a Adán y Eva que Dios les estaba ocultando la verdad y les prometió que serían como el Creador, conocedores del bien y del mal (cf. Gn. 3:5). En definitiva, les presentó un nuevo mundo si le hacían caso: libertad sin límites y placer eterno para los sentidos. Las consecuencias ya sabemos cuáles fueron y cuáles han sido a lo largo y ancho de la historia de la humanidad: miles de millones de niños asesinados en el vientre de sus madres; miles de millones de corazones rotos a causa del adulterio; miles de millones de hombres y mujeres que entregaron sus cuerpos sin estar casados; miles de millones de alcohólicos y drogadictos; miles de millones de infectados con enfermedades de transmisión sexual; miles de millones de personas idolatrando a deportistas, cantantes y famosos; miles de millones de familias desestruturadas y monoparentales cuyos hijos carecen de un padre o un madre al ser “concebidos” en una noche de locura.

De nuevo el diablo vuelve a hablar
La última vez, hasta el día de hoy, en que ha pronunciado dichas palabras –entiéndase no de forma literal, sino como una manera de expandir sus perversas ideas-, ha sido: “Conque Dios dice que el sexo de un hombre y una mujer depende de su biología... No”. ¿De qué depende entonces? De cómo se siente y de qué quiere ser. Por lo tanto, ya no hay solo dos géneros (hombre y mujer), sino un tercero: “diverso” lo llaman. Este ser infernal se burla de la enseñanza de Génesis: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Gn. 1:27).
Esto es lo que se conoce como ideología de género, y cuya enseñanza atroz se está implantando paulatinamente en diversos países del mundo, siendo Alemania uno de los primeros países europeos, como explicó hace unos días el pastor Wenceslao Calvo en uno de sus escritos: “Un tribunal instaba al parlamento alemán a que a partir de ahora ya no se contemplaran solamente dos géneros, masculino y femenino, en la legislación alemana sino tres, masculino, femenino y diverso. En una sociedad medianamente sana estos jueces alemanes habrían ido a parar a la cárcel, al atentar gravemente contra la estructura social. Pero tal cosa no ocurrirá. No solamente estos jueces no irán a la cárcel sino que los que pueden ir a la cárcel son todos aquellos que se atrevan a denunciar abiertamente su resolución, lo cual es indicio de la clase de sociedad que se está construyendo en Europa. [...] Es significativo que sea Alemania, la cuna de la Reforma, quien encabece esta demencia, lo cual revela el estado de degradación al que las cosas han llegado y de cómo Europa reniega y expulsa de su seno a lo que un día fuera su seña de identidad”[1].
¿Lo más grave de todo? Que se le está transmitiendo dichos “conocimientos” a los niñas y niños que no tienen ni edad para pensar por sí mismos y que carecen de madurez alguna: puro adoctrinamiento. Por supuesto, estos planteamientos están siendo impulsados por los grupos LGTBI. Tan modernos que se sienten, están siendo instrumentos de las tinieblas. Que los cristianos pensemos así no debería importarles, ya que ellos lucen con orgullo su ateísmo. Curiosamente, muchos de ellos quieren que aprobemos su estilo de vida o que un sacerdote o un pastor los case en una “iglesia”, ambas cuestiones a las que nos negamos los verdaderos cristianos. Por todo esto quieren silenciarnos acusándonos de homófobos, algo que ya refutamos en ¿Cristianos homófobos o con derecho a disentir? (http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2016/11/cristianos-homofobos-o-con-derecho_28.html).
Para ellos es ofensivo que alguien señale como perverso lo que están tratando de inculcar a los jóvenes. Sin embargo, se sienten completamente libres para insultar con todo tipo de expresiones groseras a los cristianos o a aquellos que no lo son pero no comparten sus postulados. Para ellos es “libertad de expresión”. Si lo hacemos nosotros respecto a sus ideas, somos delincuentes. Es más, en mi país –España- se está tramitando una ley para que no se consideren como delito las ofensas religiosas. El mundo al revés y el diablo que sigue diciendo “conque Dios os ha dicho...”.

Las ideas de “género” de sus promotores
La ideología de género destierra la idea de que nuestro sexo dependa de nuestra biología, de nuestra genética y de los atributos físicos. Dicen que no nacemos de un sexo u otro sino “neutrales”, que es la cultura y la educación la que nos convierte en hombres o mujeres. Tratan de hacernos creer que la culpa de que no podamos aceptar sus ideas recae en los estereotipos de la sociedad y al machismo imperante. Por eso hacen mucho énfasis en señalar que somos una “construcción social” que otros nos han impuesto.
Ante esto, lo que proponen es que cada cual se construya a sí mismo según como quiera y cómo sienta que quiere ser: hombre o mujer, independientemente de que sus cromosomas indiquen lo contrario (XX en la mujer y XY en el varón). A su vez, indican que hay “múltiples sexualidades”: un hombre que se siente mujer y quiere cambiar su cuerpo para ser mujer; un hombre que se siente mujer pero quiere seguir siendo físicamente hombre; una mujer que se siente hombre y quiere cambiar su cuerpo para ser hombre; una mujer que se siente hombre pero quiere seguir siendo físicamente mujer; un hombre que a veces se siente hombre y otras mujer; una mujer que a veces se siente mujer y otras hombre; un hombre que se siente hombre y mujer a la vez; una mujer que se siente mujer y hombre a la vez, etc. “Género fluido” es el término que le han puesto y donde todo tiene cabida.
También consideran que la orientación sexual no es fija sino que se ajusta a los roles que la persona quiera adoptar en las diversas etapas de la vida: ahora heterosexual, luego homosexual, más tarde bisexual, de nuevo heterosexual y más adelante otra vez homosexual. Y así con todas las combinaciones que el individuo considere oportuno. Por eso quieren que tanto niños como adolescentes experimenten la sexualidad todo lo posible hasta encontrar su propio rol, y que elijan libremente si quieren ser hombres o mujeres, para así cambiar su sexo biológico si lo consideran oportuno.
Esto implica que la familia no tenga que estar obligatoriamente formada por dos personas de distinto sexo: puede ser entre personas del mismo sexo, entre personas biológicamente del mismo sexo pero que se sienten del sexo contrario, entre personas que han cambiado alguna parte de su sexo biológico y se sienten una mezcla de ambos, etc. Por lo tanto, puede llegar a darse estos dos casos: que un hijo tenga por padre a un hombre que nació siendo mujer pero que se siente hombre y mujer a la vez, y que su madre sea una mujer que nació hombre y a veces actúa como hombre y que se siente homosexual. O también que no tenga un padre y una madre, sino dos madres, donde las dos nacieron siendo hombres y en la operación una de ellas decidió conservar el pene. Todo lo que la mente llegue a imaginar, es posible llevarlo a cabo. Vamos, que ni la Patrulla X tiene entre sus miembros a personajes más variopintos. Y no, aunque suene cómico, no es el argumento de una película de los hermanos Marx, ya que para los promulgadores de la ideología totalitaria de género es muy serio. 
Todo lo reseñado hasta ahora –y que yo seguía de lejos pero sin prestarle importancia hasta que ha llegado a mi país-, sonaba a ciencia ficción demente pero aquí la tenemos implantándose paulatinamente como la normalidad. Y así lo vemos en la portada que le dedicó en Enero de 2017 la famosa revista National Geographic a la “Género: Revolución”, y fuertemente criticada por el Colegio de Pidiatras de Estados Unidos. En ella vemos a Avery Jackson, un niño de 9 años que dice sentirse como una niña, y en la contraportada a un grupo de jóvenes que representan otras “categorías”. 
(Imagen de la izquierda: intersexo no binario, mujer trangénero, mujer transgénero, bigénero, hombre transgénero, andrógino, hombre; Imagen de la derecha: Avery Jackson)
¿Qué decir? Que está forma de pensar es enfermiza, a pesar de que sean ellos los que digan cuán liberadora es. Posiblemente sea el humanismo más atroz que jamás haya contemplado la humanidad. Puesto que no creen en Dios, en que de por sí exista algo que podamos llamar natural, en que nuestra naturaleza interna está caída –y por la cual vino Cristo a morir en nuestro lugar-, no les entra en la cabeza que esta clase de pensamientos y deseos obedecen a esa misma naturaleza corrompida. Que piensen de esta manera no tiene nada de extraño puesto que Pablo ya explicó el porqué se ha llegado a algo así: “Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen” (Ro. 1:28).
Lo verdaderamente terrible es que, por ley, se quiera inculcar estas ideas a los niños y niñas desde que prácticamente son bebés, y sin el consentimiento de los padres. Quieren cambiar los libros de texto que se imparten en las escuelas –y que ya están haciendo- e incluso que los baños para los pequeños y jóvenes sean unisex. A un niño no se le hace daño únicamente con el castigo físico o psicológico, sino también cuando se le enseña el mal o se le dice que lo malo es bueno. Y Jesús fue muy claro y duro con los que llevan a cabo estas acciones: “Imposible es que no vengan tropiezos; mas !!ay de aquel por quien vienen! Mejor le fuera que se le atase al cuello una piedra de molino y se le arrojase al mar, que hacer tropezar a uno de estos pequeñitos” (Lc. 17:1-2).

¿Será la pederastia, con otro nombre, el siguiente paso?
Las consecuencias de estas leyes ya se están comenzando a ver. Por citar un solo ejemplo, el programa de educación Skolae, aprobado por el Gobierno de Navarra. Skolae propone el “reconocimiento de la sexualidad infantil desde el nacimiento despenalizando el reconocimiento y la vivencia de dicha sexualidad en el ámbito de la escuela y la familia (curiosidad sexual, juegos eróticos infantiles…)”. Los niños de 6 a 12 años serán invitados a identificar “las diferentes voces que habitan dentro de mí si soy chica, si soy chico, reconocer cómo suenan, qué me dicen, en qué momentos aparecen y cómo me hacen sentir”. Y los adolescentes de 12 a 16 años analizarán “el placer erótico: diversidad de gustos y de placeres”[2]. “Es decir, que obliga a los docentes a no mitigar la curiosidad de los niños en aspectos sexuales y a no prohibir los juegos eróticos que se puedan dar entre ellos”[3].
Si digo que es deleznable y atroz me quedo extremadamente corto en calificativos. Para defenderse de las críticas, el Departamento de Educación de Navarra dice que su programa se basa en documentos de la propia UNESCO. ¡Eramos pocos y parió la burra!
No soy profeta ni pretendo serlo. Tampoco quiero ser pájaro de mal agüero, pero lo diré claramente: es muy pequeño el paso que hay entre decirle a un niño que experimente su “sexualidad” con otros niños y dentro de su propia familia, a enseñarle que el contacto sexual entre los padres e hijos es sano y placentero para ambos, siempre que sea consentido y visto como un juego de aprendizaje. Y eso se llama pederastia, aunque seguro que, cuando se proponga, acuñarán un nuevo término por otro que no implique la idea de “abuso”. Y no me extrañaría que esa fuera la siguiente línea que se cruce. Si ya están llegando a este límite, si llevan décadas exacerbando los instintos más bajos, si consideran la pornografía un “arte” y no ponen leyes para que no sea accesible a los niños, si no tienen problemas en que los adolescentes suban fotos suyas medio desnudas a las redes sociales, si no consideran ilegal el hentai japonés que representa a menores de edad manteniendo todo tipo de relaciones, si no prohíben que entren en el cine a ver películas de alto contenido sexual, si les inculcan lo “maravilloso” que es disfrutar de distintas parejas sexuales sin ningún tipo de compromiso, ¿qué les impide seguir bajando la escalera de la corrupción moral? Nada.

Conclusión
La ingeniería social tan espeluznante que se ha llevado a cabo en las últimas décadas ha traído un fruto muy claro: incontables jóvenes de cualquier país desarrollado que, desde los trece, catorce y quince años (incluso antes), ya están mentalmente pervertidos en todos los aspectos; tanto que asusta. Vivimos en una especie de Sodoma y Gomorra, donde la corrupción moral se toma por virtud. El creyente que niega esta realidad es que está completamente ciego. Por eso le hablo aquí a la iglesia en general y a los padres en particular: tenéis que empezar a luchar YA. No mañana ni dentro de un mes. O lo hacéis ya, y lográis la unión como Iglesia, o vais a veros sobrepasados y devorados por la nueva educación que está llegando a las aulas. Como dijo Martin Luther King: “Una nación se sentencia a sí misma cuando sus gobernantes legalizan lo malo y prohíben lo bueno, y cuando su iglesia cobardemente se vuelve cómplice con su silencio”.
Si eres padre o madre, háblalo en tu congregación. Crea un grupo y muévete. O luchas por el derecho a educar a tu hijo según los valores bíblicos y no por lo que la sociedad caída dice, o la batalla la tienes perdida a medio y largo plazo. Si los ateos quieren pensar, sentir y vivir como les plazca, que hagan lo que quieran, pero que no le enseñen sus valores a tus hijos, y menos por la imposición de leyes.
En muchos países ya se está censurando a aquellos que se posicionan contra la ideología de género. En Canadá se aprobó una ley en Junio de este mismo año donde el Estado puede llegar a retirarle a los padres la custodia de sus hijos si no aceptan el género que éstos eligen, ya que se considerará un delito de odio[4]. En otros ya se está hablando de multas económicas severas para los que no la acepten, e incluso de penas de cárcel.
Al paso que vamos, y puesto que tanto la libertad de expresión como la elección de cómo criar a los hijos están en serio riesgo, si la Parusía no acontece en los próximos años, puede que a los padres cristianos no les quede más remedio que sacar a sus hijos de las escuelas públicas y educarlos en casa o, en el peor de los casos, emigrar a otros lugares donde la locura no se haya establecido como norma.
Aparte de proteger a los pequeños de las ideas diabólicas que los promotores de la ideología de género están expandiendo y que buscan destruir el concepto de familia tal y como Dios lo estableció, solo nos queda denunciar el derrumbe moral de la sociedad que pisotea las leyes divinas y establece las suyas propias, anunciando a su vez el día en que tendrán que rendir cuentas ante el mismísimo Dios del que hoy en día se burlan. Y ahí no habrá escapatoria ante el único y verdadero Juez.
Hasta entonces, ¡Maranatha!


P.d: Como no todo el mundo ha perdido todavía la cabeza, aquí dejo las contundentes conclusiones a las que llega el Colegio de Pediatras de Estados Unidos: 


lunes, 22 de octubre de 2018

7. ¿Morir voluntariamente es un acto de libertad?


Venimos de aquí: La actitud ante la enfermedad propia y ajena & El ejemplo de un padre. https://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2018/02/6-la-actitud-ante-la-enfermedad-propia.html

Lo que piensan los pro y los anti sobre la libertad de decidir morir
Los pro-eutanasia parten de la premisa de que la potestad sobre la vida y la muerte le corresponde única y exclusivamente al propio individuo. Por lo tanto, es la persona y nadie más quién decide libremente cuándo darle conclusión a su vida, puesto que ésta no es considerada una obligación. Se defiende como un derecho para la población.
Dicho esto, es justo señalar todo lo que dicen ya que exponen su argumentación de una manera clara y sencilla: entienden que la eutanasia es para el que le desea, nunca una imposición. Esto nos presenta una situación bien definida:

- El que se sienta anímicamente fuerte y quiera gastar hasta su último aliento de vida –a pesar de sus enfermedades, dolores y circunstancias-, es libre de hacerlo.

- Aunque los cuidados personales y médicos sean aceptables para el paciente, siempre hay que respetar la voluntad de éste si quiere acabar con su vida. En este supuesto, él será también quién elija el cuándo.

Por lo tanto, para ellos no hay decisiones incorrectas puesto que lo que prima es la libertad de decisión – sea en un sentido u otro- y el derecho a elegir el cuándo.
Para aclarar esta cuestión, podemos empezar por definir qué es la libertad. Según el diccionario, estos son algunos de sus significados:

- Es la “facultad que tiene el ser humano de obrar o no obrar según su inteligencia y antojo”.
- Es el “estado o condición del que no está prisionero o sujeto a otro”.
- Es la “falta de coacción y subordinación”.
- Es el “poder o privilegio que se otorga uno mismo”[1].

Atendiendo literal y estrictamente a estas definiciones, cualquier persona es libre de hacer lo que quiera con su vida, y eso incluye acabar con ella. Sin embargo, los pro recalcan con insistencia que el Estado, los políticos y la religión les roba esa libertad. Esta acusación es una falacia. Nadie obliga a nadie a vivir. Nadie les impide ejercer esa libertad que tienen. Pueden hacer lo que quieran y cuándo quieran. Pueden obrar a su antojo. No están prisioneros ni sujetos a otros. No son coaccionados ni están subordinados. Ellos tienen el poder que se otorgan a sí mismos. ¿Quieren acabar con sus vidas? Está en sus manos llevarlo a cabo en el momento en que lo consideren oportuno. Y esto no es cinismo por mi parte; es la pura realidad.
El problema que tenemos aquí es que hacemos distinción entre suicidio y eutanasia. Se señala que las formas no son las mismas, que en la primera se acaba de forma violenta e indigna, y en la segunda en paz sobre una cama. Uno es más estético que el otro, pero la cuestión es que el fin es el mismo: matarse a uno mismo; otra forma de suicidio. Y ahí entra de nuevo la libertad personal. Algunos afirman que “es cruel que el Estado obligue a vivir a una persona que no quiere hacerlo. Ya está bien de intromisión de las iglesias, políticos y médicos en lo que debe ser un derecho de la persona individual. ¿Quiénes son para decirme a mí cuánto tengo que vivir y hasta cuándo? Una persona adulta debería poder elegir cómo poner fin a su vida”. Todos estos postulados son muy elocuentes, pero omiten los hechos: la realidad es que nadie se entromete. Nadie obliga a vivir. Nadie obliga a nada a nadie. La persona tiene la libertad individual entre sus manos. El libre albedrío que exigen ya lo tienen. El que quiera dar por concluida su vida, tiene el poder de hacerlo cuando quiera.
Dicho esto, y de igual manera, una persona no puede esperar a que un gobierno apoye su deseo –puesto que los deseos no son derechos-, y que terceras personas (sean médicos o familiares) hagan por él –directamente o proporcionándole los medios- lo que por sí mismo no quiere hacer. En el caso de que no puedan hacerlo por sí mismo por el propio deterioro del cuerpo, tampoco pueden endosarle a nadie esa responsabilidad, consabidamente traumática.
Dejando a un lado estas justificaciones que ofrecen, lo más habitual es lo que ellos mismos reconocen: no se atreven, sea por miedo a que el plan salga mal, a quedar en peor estado, a sufrir, a la preocupación de que su nombre quede estigmatizado ante la sociedad, etc. Pero todo esto esconde casi siempre el instinto de supervivencia y que les impide suicidarse.
Los pro dirán que esto es desalmado, pero la realidad es que lo fácil es culpar siempre a los demás, cuando la libertad sobre sí mismos ya la tienen. Si no quieren ejercerla, no culpen a otros. La libertad del que anhela la muerte no tiene que institucionalizar el cómo hacerlo a golpe de ley.  

¿La decisión de morir es un acto de libertad ilimitada?
Para responder a este planteamiento podría decir lo que creo basándome en mis creencias cristianas, pero ya dije en el primer artículo (Eutanasia: ¿La buena muerte?
http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2017/03/1-eutanasia-la-buena-muerte.html) que no usaría razonamientos que incluyeran la fe hasta el capítulo final, y tampoco lo haré en lo que atañe a esta cuestión sobre la libertad personal.
Una vez que he mostrado los argumentos principales que usan los pro y los anti, paso a continuación a explicar el mío que va un paso más allá, que consiste en ampliar el concepto del término libertad. En mi opinión, la libertad absoluta es una quimera. Como tal, no existe, como no existe la autonomía absoluta. No somos libres porque hay muchas decisiones que no dependen de nosotros:

- No tenemos libertad para elegir si queremos venir o no a este mundo. Es una acción que depende de otras personas.  
- No tenemos libertad para escoger el lugar y la fecha de nacimiento.
- Cuando éramos jóvenes, no teníamos libertad para escoger una u otra comida: nuestros progenitores nos daban la que creían conveniente.
- No tenemos libertad para conducir cómo y por dónde queramos. Podemos manejar un vehículo si tenemos el carnet de circulación, pero no libertad para ir en dirección contraria, por medio de un parque o saltándonos los semáforos en rojo.

Son únicamente algunos ejemplos muy básicos de muchos que podríamos citar. En la vida adulta y en lo concerniente a la eutanasia, por mucho que se proclame a los cuatro vientos que es nuestra vida, que nosotros decidimos y que los demás tienen que respetar esa determinación, la decisión de dejar de vivir tampoco depende en exclusiva de nosotros. ¿Por qué hago esta afirmación? Porque se reiteran una y otra vez los derechos que tenemos pero se pasan por alto los deberes. Y entre los deberes que tiene la persona que desea morir está el escuchar las voces de los que le rodean: padres, espos@, hij@s y herman@s. Cuando una decisión implica y afecta a más personas, la libertad en términos absolutos desaparece. La libertad individual tiene límites, por mucho que se quiera defender lo contrario. Esa es la frontera que hay que tener clara entre derechos y deberes.
El filósofo Stuart Mill (1806-1873) dijo sobre la libertad: “Cada individuo tiene el derecho a actuar de acuerdo a su propia voluntad en tanto que tales acciones no perjudiquen o dañen a otros. Como bien se explica aquí: “Defiende Stuart Mill que no puede permitirse que el individuo se perjudique permanentemente a sí mismo y a sus bienes, porque somos seres sociales y el daño que se inflige uno a sí mismo repercute en los demás”[2].
Todo se enfoca en el principio de que el enfermo no quiere que la familia cargue con él, y que sería muy egoísta no respetar su decisión de morir por el hecho de que otros le amen y quieren tenerle cerca a pesar de la enfermedad. No lo veo así, por la sencilla razón de que se desvía la atención ante los límites de la libertad que deja bien claro el señor Mill, obviando con esto dicho planteamiento: ¿El paciente le ha preguntado a su familia qué piensa al respecto? ¿Le ha pedido a los que le aman que le digan cómo les afectaría si tomara la decisión de la eutanasia? ¿Está dispuesto a que le lleven la contraria? ¿Ha pensado en la conmoción emocional y psicológica que experimentarán sus hijos al saber que quiere morir ya? ¿Está completamente convencido de que ellos no querrían tenerlo a su lado, independientemente de que tuvieran que volcarse en atenciones sobre él? Se pone todo el énfasis en respetar la voluntad de la persona, pero no se hace ninguna mención a que ésta valore las opiniones de sus cercanos.
Nos basamos en el principio de que el enfermo se beneficia ante la eutanasia, pero se deja a un lado cómo perjudica a otros. Por eso creo que quien antepone la libertad individual infravalorando la de los demás –en este caso, la de los seres queridos-, abusa de su propia libertad.
Si en el matrimonio –que está formado por dos personas- las decisiones son consensuadas, ante la muerte tampoco tendría que haber una única y última palabra. No debería ser un “yo”, ni siquiera un “tú”, sino un “nosotros”. Por eso, en los votos matrimoniales, se dice: “Te quiero a ti como esposa y me entrego a ti, y prometo serte fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y la enfermedad, todos los días de mi vida.
Siempre se muestran testimonios de familiares que, ante la cámara de televisión, apoyan la decisión del esposo o del padre de acabar con su vida. Si las entrevistas a los seres cercanos fueran completamente privadas y sin posibilidad de que el enfermo las oyera, las respuestas serían muy diferentes, como ocurre en muchas ocasiones donde el cónyuge o los hijos se han posicionado completamente en contra. Pienso que, en la realidad, muchos de ellos los apoyan –o, al menos, se mantienen al margen o dicen respetar la decisión-, porque no les queda más remedio, no porque realmente estén de acuerdo. Se evitan enfados, discusiones que pueden acabar en serios reproches y en la propia ruptura familiar.
Visto de esta manera, para mí la libertad acaba donde comienzan los derechos de los que me rodean. Es por eso que el enfermo debería aprender con buena actitud y disposición a escuchar el corazón de los seres queridos. Tras hacerlo, estoy convencido de que muchos –que no todos- recularían en su decisión ante la eutanasia, aunque siempre habría casos que seguirían insistiendo a pesar de la oposición de la familia.

Continuará en ¿Cansado de vivir? El destino a punto de alcanzarnos.

lunes, 8 de octubre de 2018

Dios: el verdadero gran showman


Sinceramente, no tenía ninguna intención de ver El gran showman. Aunque su protagonista -Hugh Jackman- me gusta bastante como actor, las dos últimas películas que vi de género musical (Los miserables y La La Land) no me entusiasmaron, logrando el efecto de sobresaturarme, así que no me apetecía lo más mínimo verla, a pesar de que Moulin Rouge es una de mis favoritas. Pero meses después de su estreno, un amigo (mis gratitud a “El Benítez”) me dijo que era muy bonita, algo que pude confirmar hace unas semanas, concretamente la noche del 22 de septiembre.
Su puesta en escena, su historia, la profundidad de las letras de sus canciones, sus personajes, las coreografías, todo en general, me atrapó y enamoró desde el primer momento. Visualmente es portentosa. Entre las canciones, todas me gustaron sobremanera. Sería imposible quedarse con una. Quizás podría ser The Greatest Show (https://www.youtube.com/watch?v=By7_W_ehaWA), aunque mi cara al escuchar cantar Never Enough a Jenny era la misma que la del protagonista: de auténtica fascinación (https://www.youtube.com/watch?v=JZ9pHBEUWPo). Y qué decir de la que la que ganó el Globo de Oro 2018 a la “Mejor canción”: This is me. Como se puede encontrar fácilmente en youtube, mejor dejo el emotivo ensayo de la misma con varios de sus actores (https://www.youtube.com/watch?v=XLFEvHWD_NE). Y si te quedas con ganas de más, ahí tienes la espectacular y pasional preparatoria de From Now On (https://www.youtube.com/watch?v=PluaPvhkIMU).
Para alguien como yo que no ha bailado en su vida –no, a aquello que hice un par de veces no se le puede llamar baile- lograron algo imposible: que, al menos, internamente –y subrayo lo de internamente-, moviera el esqueleto.
Desvaríos e inclinaciones musicales aparte, puedo decir que, mientras la contemplaba, escribía mentalmente las palabras que vas a leer a continuación. Si no la has visto –aunque está claro que todo es cuestión de gustos-, te la recomiendo antes de seguir leyendo: es pura magia. Y si ya lo has hecho, revisualizala bajo el prisma que te voy a presentar. Si tuviera que elegir un escrito de entre todos los que he hecho hasta el día de hoy, me quedo con este. La enseñanza espiritual que se muestra es tan grande que me robó más de una sonrisa de gozo. Como cristianos, es muy fácil sentirse identificado con estos protagonistas “extraños”. Espero que disfrutes de la lectura y la guardes dentro de ti.

Un hombre con un sueño diferente
La película está basada en la historia real de Phineas Taylor Barnum (1810-1891), fundador del circo Ringling Brothers and Barnum & Bailey Circus. Resumiendo hasta el extremo la película –y sabiendo que los detalles varían en la vida real como se puede comprobar al leer su biografía- tras casarse, tener dos hijas y ser despedido de su trabajo por la bancarrota de la empresa, decide plasmar en la realidad lo que tiene en mente: un circo que hiciera reír al público, algo nunca antes visto. Para ello contrata a las personas más extrañas de la ciudad: una mujer barbuda, una criada, un enanito, un hombre peludo (hombre-perro le llaman), un gigantón, negros (para la época estaban mal vistos), dos hermanos siameses físicamente unidos, gordos, feos, asiáticos, etc., conviertiéndolos en una familia.
Su espectáculo se convierte en todo un éxito, aunque es despreciado por parte de la clase media y por toda la alta, que ve a estos personajes marginados como despreciables, burlescos e indignos. El corazón de Barnum está por encima de todo y sigue adelante. Eso sí, en su deseo de llegar a ese público que le rechazaba, perdió el rumbo y dejó en segundo plano el circo, a sus compañeros y a su familia para centrarse en llevar a las alturas a Jenny Lind, una cantante cuya voz lo tenía prendado, y así lograr sus deseos personales de reconocimiento. Una vez que se da cuenta de su error y antes de que sea demasiado tarde, vuelve a casa y con sus amigos para llevar al circo a un nuevo nivel.

Un Dios estrafalario... a los ojos del mundo, al igual que sus seguidores
Siendo P. T. Barnum una persona estrambótica a los ojos de la sociedad de su época, Dios es un Dios que busca igualmente lo “extraño”: a los perdidos. Además, a diferencia de Barnum, no se pierde en el camino ni se deja deslumbrar por las luces que hay alrededor. Tiene la ideas muy claras desde siempre. Y, a los ojos del mundo, de nuestra sociedad, del marketing imperante, de los medios de comunicación, de un altísimo porcentaje de personas que viven en este planeta, el Dios verdadero, el Dios descrito en la Biblia, el Dios al que seguimos los cristianos, el único Dios, es alguien estrafalario. Con sus verdaderos seguidores –nosotros- acontece igual; somos una especie de “espectáculo” que sufre las mofas ajenas: “Pero traed a la memoria los días pasados, en los cuales, después de haber sido iluminados, sostuvisteis gran combate de padecimientos; por una parte, ciertamente, con vituperios y tribulaciones fuisteis hechos espectáculo; y por otra, llegasteis a ser compañeros de los que estaban en una situación semejante” (He. 10:32-33).
El diccionario nos define dicho término como “extravagante, raro, ridículo”. Así somos los cristianos nacidos de nuevo para el mundo. También Dios lo es para los que no le conocen. El ser humano piensa de una manera y Él lo hace de forma opuesta:

1) Mientras la clase media y alta de la sociedad desprecia a la clase baja –algo que se ve muy claramente en la película-, Jesús se acercaba principalmente a lo que se considera escoria: marginados, enfermos mentales, pobres, prostitutas, endemoniados, etc., cumpliendo Él mismo las palabras proféticas que leyó de Isaías: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor” (Lc. 4:18-19).

2) Mientras que al hombre le impresionan los títulos universitarios, el coeficiente intelectual, la fama, el estatus social, el trabajo que tengamos, nuestra cuantía económica, las posesiones materiales o la belleza física, a Dios no: “Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es,  a fin de que nadie se jacte en su presencia. Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor” (1 Co. 1:26-31).

3) Mientras que el mundo se burla de los que tienen fe, a Él le maravilla: “Entrando Jesús en Capernaum, vino a él un centurión, rogándole, y diciendo: Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado. Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré. Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará. Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe” (Mt. 8:5-10).

4) Mientras las grandes empresas del mundo eligen a lo mejor de lo mejor para trabajar con ellas, Dios:

- Eligió a un muchacho, pastor de ovejas, para ser el rey más grande de Israel.
- Eligió a una humilde judía para ser el depósito de la Encarnación.
- Eligió a meros pescadores y recaudadores de impuestos como sus discípulos.
- Eligió a un asesino (Saulo) para convertirlo en uno sus mayores mensajeros.

5) Mientras el mundo observa con envidia a los millonarios, sus casas, sus coches, sus yates, sus vacaciones, sus mujeres despampanantes a precio de bisturí, sus vestidos y sus joyas, junto a las fiestas que organizan donde asiste la crème de la crème, Jesús llama a su banquete a “los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos” (Lc. 14:13).

6) Mientras muchas iglesias consumen buena parte de sus recursos económicos en comprar nuevos terrenos, en organizar conciertos, en asientos más cómodos, en iluminación de colores, etc, Dios ponía y pone el énfasis en distribuir esas colectas entre los pobres, las viudas y los huérfanos.

7) Mientras millones de personas consideran el éxito personal y el reconocimiento social como el mayor logro que se puede alcanzar, Dios considera que este mundo no era ni es digno de aquellos que, a causa de la fe, “fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados” (He. 11:37-38).

8) Mientras que el mundo se regodea en la grandeza propia, Jesús mismo “siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres” (Fil. 2:6-8).

9) Mientras que en esta era de Amazon, AliExpress y Media Markt se nos llama a comprar para aprovechar las nuevas oportunidades y llenar nuestra vida de objetos, Dios nos dice –por medio de Pablo- que “teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto” (1 Ti. 6:8-11), que aprendamos a contentarnos y sepamos vivir, sea que tengamos abundancia como si somos humildes (cf. Fil. 4:11-12).

10) Mientras que la prensa dedica sus portadas al nacimiento de algún heredero al trono en los países monárquicos (hijo que luego asiste a las mejores universidades del mundo), Jesús, el Rey de Reyes, nació en un pesebre y trabajó de carpintero.

11) Mientras que los deportistas, cantantes, actores y demás miembros de la farándula llegan a los eventos en limusinas, coches de época, deportivos y descapotables, el Rey de Israel entró en Jerusalén sobre un pollino.  

12) Mientras que el hombre suele ser egoísta y no le gusta compartir lo suyo con los demás, Dios es la dadivosidad personificada: de la nada –porque quiso y sin necesidad- creó un universo hermosamente complejo y lleno de variopintas criaturas (cf. Gn. 1). Luego formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente” (Gn. 2:7). Fue algo tan maravilloso que en ese acto sobrenatural creó el mismo ADN del que estamos formados: “Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas” (Sal. 138:16). Nos amó tanto que murió por nosotros en la cruz (cf. Ro. 5:8). Y, por si todo esto fuera poco, en su momento, compartirá su Reino con sus hijos.

Con lo que hemos visto –y podríamos seguir eternamente- es normal que, para el mundo, ¡no haya nadie más estrafalario que Dios y sus seguidores!

¿Quién decide cómo es Dios, Él o nosotros?
A lo largo y ancho de la historia de la humanidad, el hombre ha tratado de decirle a Dios cómo tiene que ser, qué tiene que pensar, qué tiene que sentir, qué tiene que decir y cómo tiene que actuar, como si pudieran moldear a Dios a su gusto.
Job pensó que le demostraría a Dios el error que estaba cometiendo con él (cf. Job 13-33). Los fariseos y saduceos le pidieron una señal del cielo. Jesús les dijo que no, que la señal sería Su resurrección (Mt. 16:1-4); Pedro le dijo que no fuera a la cruz. Jesús se enfureció y le dijo “!!Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres” (Mt. 16:23); Jacobo y Juan querían mandar fuego del cielo a una aldea que no los había recibido. Jesús “los reprendió, diciendo: Vosotros no sabéis de qué espíritu sois; porque el Hijo del Hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas” (Lc. 9:55-56); Herodes le hizo muchas preguntas a Jesús, pero él nada le respondió” (Lc. 23:9). ¡Hasta el diablo le dijo a Jesús lo que tenía que hacer para demostrar Quién era! (cf. Lc. 4:1-13).
Mil ejemplos más podríamos poner. Y esto es algo que sigue pasando en el presente, un día sí y otro también. En esta categoría se pueden encuadrar a los distintos grupos:

1) Uno está formado por los que yo llamo Ateos cristianos liberales. Son aquellos que afirman creer en Dios a su manera, que no han nacido de nuevo, y que niegan algunas o casi todas las doctrinas bíblicas básicas como el pecado original, la divinidad de Cristo, la salvación por gracia, la resurrección de entre los muertos, la segunda venida del Hijo a este mundo, el establecimiento del Reino, el juicio final, etc. Además, suelen afirmar que Dios no considera como pecado la homosexualidad, la unión en yugo desigual, entre otras cuestiones. Esto es algo que defienden personas que se dicen creyentes, pero que en la realidad son ateas. Creen en un “dios” que ellos mismos se han sacado de la chistera, adaptándolo a sus gustos, preferencias e ideas propias. No se consideran malos ni piensan que necesiten ser salvados. Y para rematar, no aceptan bajo ningún concepto la idea del infierno.
Ante esto, la refutación la hizo hace varios siglos C.S. Lewis en su libro “Mero cristianismo”: “Estoy tratando de impedir que alguien diga la tontería que la gente dice a menudo de Él: ´Estoy preparado para aceptar a Jesús como un gran maestro moral, pero no acepto sus afirmaciones de que era Dios`. Eso es algo que no debemos decir. Un hombre que fuera puramente hombre y dijera las cosas que Jesús dijo no sería un gran maestro moral. O sería un lunático —a nivel del hombre que dice que es un huevo hervido— o sería el diablo del infierno. Hay que tomar una decisión: o este hombre era, y es, el Hijo de Dios, o era un loco o algo peor. Lo puedes hacer callar por necio, lo puedes escupir y matarlo como a un demonio, o puedes caer a sus pies y llamarlo Señor y Dios. Pero no salgamos con ningún disparate condescendiente diciendo que era un gran maestro humano. Él no nos dejó esa opción abierta ni era su intención hacerlo”
Por eso Jesús dijo –y dice- a todas estas personas “que si no os volvéis y os hacéis como niños (en el sentido de aceptar el Evangelio), no entraréis en el reino de los cielos” (Mt. 18:3). Es como en la película de la que estamos hablando: los que aceptan, sonríen y ríen de alegría son los niños, hombres y mujeres sencillos de corazón, mientras que el resto abuchea, se queja y pone mala cara.

2) Luego está el grupo de cristianos que sí han nacido de nuevo pero que les suele pasar lo mismo pero de otra manera: se enfocan tanto en una faceta de Dios (unos en “la ira de Dios”, otros en “la santidad de Dios”, en “el amor de Dios”, etc. como si estuviera dividido en cachitos) que no conocen a Dios en su plenitud, solo una parte de Él. Se forman una imagen errónea o distorsionada porque se basan únicamente en algunos aspectos de Su carácter.
Para que entiendas lo que quiero decir, te pondré un ejemplo muy sencillo y gráfico: como todo el mundo, “soy” distintas partes que conforman un solo “yo”. Según el grado de confianza que tenga con la persona que tenga enfrente y, sobre todo, del interés genuino que muestre en mi “yo” y de las preguntas que me haga, le muestro una faceta u otra de mí: la parte profunda, la parte espiritual, la parte friki, la parte cinéfila, la parte bromista, la parte payasete, la parte lectora, la parte deportiva, etc. El que no conoce todas esas partes de mí no puede decir que me conoce de verdad. Lo mismo sucede con Dios. No podemos tomar “esto sí” y “esto no”, porque Él es un todo. Fácil de entender, ¿verdad?

3) Y el último, formado por los religiosos y que tampoco han nacido de nuevo. Son los que creen en el universalismo, en que todos los caminos conducen a Dios, en que Dios es el mismo en todas las religiones solo que los hombres lo ven de maneras distintas, en que Jesús no es el único mediador ante el Padre, en que no existe una única verdad, etc. Por eso no aceptan las palabras de Cristo, quien dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Jn. 14:6).

Todo esto es grotesco. ¡El barro diciéndole al Alfarero cómo tiene que ser!: “Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así?” (Ro. 9:20). Es como si un niño de dos años le dijera a su madre –que es una experta Shef- cómo tiene que hacer las croquetas.

Conclusiones
Si eres un cristiano nacido de nuevo, ¡nosotros somos los raros para el mundo! ¿Y sabes qué? ¡Que menuda alegría serlo! Si crees en el Dios de la Biblia, ¡Él es un Dios estrambótico para el mundo! ¿Y sabes qué? ¡MENUDO DIOS MÁS GRANDE TENEMOS! ¡Menudo Dios tan distinto a lo que muchos tienen en mente!
¡Dejemos a Dios ser Dios! ¡Dejemos de encorsetarlo! ¡Dejemos de ver solo algunas caras de Él! Dios no es como Phineas Taylor Barnum. Aunque tiene en común su predilección por aquellos que margina esta sociedad, es diferente a él porque no vende magia ni fantasía irreal, sino realidad. El circo es este mundo y un día acabará la función. Se acabará el circo de los políticos, de los medios de comunicación, de las redes sociales, de los espectáculos deportivos, etc. Y el verdadero show comenzará, cumpliéndose el anhelo de todos los cristianos cuando el Hijo regrese para disfrutar de sus hijos y nosotros de Él.