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sábado, 11 de octubre de 2025

¿Israel o "Barbi" Gaza? ¿Genocidio? ¿Realidad histórica? Ahora que el fuego parece apagarse… (aunque el tiempo lo dirá)


En el lejano 2002 o 2003, no recuerdo exactamente, me ofrecieron dar una serie de estudios sobre el eterno conflicto entre árabes y judíos, lo que me llevó a tener que hablar sí o sí del tema de Palestina. Usando tecnología arcaica (un proyector y transparencias, dos de las cuales veis en la imagen), mostré una panorámica clara de todos los actores de esta película. Como era un completo neófito en este asunto cuando me hicieron tal oferta, tuve que empaparme y leer mil cosas por aquí y por allá. Así pude ofrecer respuestas a todas esas preguntas que muchos se hacen, pero que ni los medios de comunicación se esfuerzan en plantear y contestar, ya que a ellos les mueve el morbo, el sensacionalismo, el drama y las audiencias. De ahí la popularidad de personajes surrealistas como los que hemos visto en “La flotilla”.

Es aquí donde debemos frenar y no dejarnos arrastrar por las pasiones, sino ir al trasfondo de todo: ¿Existió alguna vez la nación de “Palestina”? ¿De dónde viene el nombre? ¿Qué sucedió con los judíos que vivían en aquellas tierras tras las revueltas contra el Imperio Romano? ¿Qué pasó luego tras la expansión del Islam? ¿Quiénes habitaron la zona a lo largo del tiempo, hasta los siglos XVIII y XIX? ¿Qué pasó en dicho lugar, que pertenecía al Imperio Otomano hasta su caída en la 1ª Guerra Mundial? ¿Por qué decidió la ONU dividir la zona en dos Estados tras el final de la 2ª Guerra Mundial? ¿El desplazamiento de millones de personas aconteció solo allí, o en otros países? ¿Qué acontecimientos impidieron la creación del Estado Palestino en 1948 y qué parte de responsabilidad tuvieron determinados países árabes? ¿Qué sucedió en 1967 durante la guerra de los Seis Días, que explican parte del estancamiento posterior? ¿Quiénes, por ambos bandos, son los responsables de la falta de paz, hasta el día de hoy?

Todas esas cuestiones las resolví en su momento, hace ya casi veinticinco años. Y cualquiera lo puede hacer, sin necesidad de ser un experto: basta con leer e informarse. Alguno podrá decir: “Seguro que tu visión está sesgada. Además, no eres historiador”. Para evitar que haya personas con prejuicios que no quieran leer aquellos estudios por esas dos razones, al final de este breve escrito os voy a dejar el enlace a un vídeo del excelente historiador Alberto Garín, que lo expone todo con mesura, claridad y sencillez. Su exposición se basa en fuentes históricas y documentos; no es un alegato político.

¡Ojo! Que esto no quita el horror de lo que, en una ínfima parte, hemos visto en televisión. Por un lado, de parte de Hamás, que asesinó a más de 1.200 personas, secuestró a 251 (según las cifras oficiales del Gobierno de Israel, muchas de las cuales ya están muertas), incendió casas y cometió todo tipo de atrocidades innombrables, todo  documentado por múltiples fuentes internacionales. Ante algo así, pregúntate: ¿Cuál habría sido tu respuesta si esto le hubiera pasado a un ser querido? No olvidemos que, en su Carta Fundacional de 1988, Hamás marcó como objetivo “exterminar a todos los judíos” (preámbulo: “Israel existirá y continuará existiendo hasta que el Islam lo destruya, tal como ha borrado a otros antes”), negando además la posibilidad de una solución negociada (artículo 13).

Por el otro, los bombardeos del ejército israelí han causado numerosas víctimas civiles y destruido amplias zonas residenciales de Gaza. Los datos son difusos: el Ministerio de Salud de Gaza –organismo controlado por Hamás- reporta unas 65.000 muertes, incluyendo tanto a combatientes como a civiles, y no siempre distingue entre ellos. Fuentes occidentales estiman que entre 20.000 y 25.000 de los fallecidos podrían ser miembros de Hamás u otros grupos armados, aunque resulta difícil comprobarlo mientras la guerra siga activa. Al mismo tiempo, la devastación material es casi total: según análisis satelitales de la ONU (UNOSAT), más del 75 % de los edificios de Gaza han sido dañados o destruidos, con más de 100.000 edificaciones completamente arrasadas, y algunos informes elevan la cifra total de estructuras afectadas a cerca de 193.000. Considerando que antes de la guerra vivían unos 2,2 millones de habitantes, queda claro que, aunque las pérdidas humanas sean enormes y trágicas, representan solo una fracción de la población total. Esto no resta gravedad a los hechos ni a la responsabilidad de quienes los provocaron, pero sí indica que la destrucción masiva de infraestructuras no equivale automáticamente a un genocidio: estamos ante una guerra extremadamente destructiva y desproporcionada en un territorio densamente poblado, no ante un intento sistemático de exterminio de la población.

Más allá de los números, hay algo que no debe olvidarse: el sufrimiento civil no entiende de fronteras ni banderas. Las cifras cambian, los discursos se enfrentan, pero el dolor humano permanece.

Dicho esto, como dice Alberto Garín, él va más allá de lo reciente –y que acabo de mencionar-, y no entra a valorar moralmente los hechos históricos que han llevado a esta situación, sino a mostrar los orígenes y las causas profundas del conflicto. Esa es la labor de alguien que quiere mostrar la verdad. Incluso él, que se reconoce como ateo, no entra en debates religiosos o bíblicos (algo que yo sí hice en mis estudios), por lo que su visión es la más centrada a ojos de todo el mundo y ante el que quiera ser realmente imparcial.

El que busque aquí un show lagrimal de la “Barbie de Gaza” o ver a Javier Bardem con el puño en alto y el pañuelo palestino, no lo encontrará. Pero el que quiera aprender una lección de por vida, esta es extraordinaria. Dura una hora (veo manos en la cabeza en más de uno al leer su duración), pero merece la pena verlo varias veces: la primera, para anotar mentalmente las ideas principales; el resto, para asimilar los detalles. Lo que dijo Jesús (“conoceréis la verdad y la verdad os hará libres”) también es aplicable para este asunto. Ahí lo lleváis: https://www.youtube.com/watch?v=aLOFtNNw7sQ

* ALTERNATIVA: Si no queréis ver el vídeo por la razón que sea (aunque escuchar a Garín es todo un placer), podéis: 1) salir a pasear y escucharlo en audio a forma de postcad. 2) pedirle a la IA que os haga un resumen ultra detallado y, a continuación, guardarlo para tenerlo siempre disponible para su relectura.

lunes, 29 de septiembre de 2025

Esto no trata de “leches”, sino de integridad o de la ausencia de ella

 


Si alguien, un amigo, un conocido o un familiar, te cuenta que ayer se “encontró” dos cajas de leche con doce cartones de a litro en los bajos de un carro en el aparcamiento subterráneo del Mercadona de San García (Algeciras), exactamente iguales a los de la foto, y se los llevó, en lugar de devolverlos, a la espera de que llegara su legítimo dueño, que sepas (y que sepa) que dicha “milk” era mía, la cual olvidé al cargar el coche. Por mucho que volví a diez mil kilómetros por hora, ya se habían evaporado.
Habrá muchos que justificarán dicha acción: “si hombre, devolverla, con lo bien que me viene”, “para que se la quede otro, me la quedo yo”, “total, ya que está aquí…”.
Y no, esto no va de leches ni de los 10´54€ que se quedaron en el camino, sino de algo infinitamente más profundo. Millones de personas se muestran como adalides de las “causas perdidas”: se indignan ante las injusticias del mundo, se enfurecen por el hambre y las guerras en ciertos países –en otros no-, se llenan de ira ante las injusticias sociales, económicas o raciales de sus gobernantes –a los que ellos mismos votaron y eligieron-, y, en general, les arde el corazón al ver lo malo que hace el prójimo, sea el vecino o un ciudadano en Australia al que no conocen de nada. ¿Cuál es el problema? Que no ven, o niegan, la maldad en sí mismos:

- El que miente con tal naturalidad que es capaz de sonreírte mientras lo hace.

- El que escucha cómo despotrican de un familiar y no tiene la valentía de preguntarle su versión, sino que se suma a la “fiesta” y la acepta sin más, haciéndose cómplice, juez, jurado y verdugo.

- El que no hace bien su trabajo o se escabulle a la mínima ocasión.

- El que engaña a su cónyuge y lo defiende con expresiones como “es solo un poquito”, “ojos que no ven…”, “no se va a enterar”, “es que no puedo evitarlo”.

- El que se alegra de la muerte de otro ser humano por el hecho de no pensar igual.

- El que aprovecha un descuido del dueño del establecimiento para apoderarse de una botella de alcohol y guardársela en la mochila.

- El que quita algunos platos de su mesa para hacer creer al camarero del bar que ha consumido menos de lo que ha hecho realmente, y así pagar menos.

- El que le ingresa cierta cantidad de dinero a una mujer para que le mande fotos o vídeos íntimos a través de Internet, y la mujer que se presta a ello, considerando ambos dicho “intercambio” como “algo normal y consentido”.

- El que diseña ropa minimalista para chicas adolescentes y las alienta a comprar sus productos para que vistan como si fueran “otra cosa”, junto a los padres que lo permiten.

- El que destila odio por los cuatro costados en las redes sociales porque el “contrario” es de un equipo de fútbol diferente.

- El que es capaz de “entrar” en el vientre de una mujer con un “aspirador” y hacer añicos a la criatura que allí se encuentra.

Y la lista podría alargarla durante horas.

La realidad es que no deja de asombrarme la capacidad del ser humano para autoconvencerse del “yo no he hecho nada malo”. A mi edad me sigue dejando anonadado cómo son capaces de justificarse y no sentir culpa ni remordimiento al mirarse en el espejo. Nunca dejo de salir de mi asombro contemplando la facilidad que tienen para llamar a lo malo, bueno, y a lo bueno, malo (Is. 5:20). Si mirasen con honestidad en su interior, verían, como muchos ya vimos en su momento, que “en maldad han sido formados” (Sal. 51:5), y buscarían la “medicina” para tal “enfermedad”.

¿Una sociedad diferente?
¿Cómo va a cambiar este mundo, que parece un manicomio, si no lo hacen sus habitantes, a nivel individual? Lo que se necesita son hombres y mujeres honestos, íntegros, confiables, sinceros, nobles, de una firme moral y ética, y que no se dejen arrastrar por las malas actitudes ajenas o imperantes. ¡Qué diferente sería este planeta si los individuos fueran de dicha manera! Y todo comenzando con actos muy sencillos por parte de ambos sexos:

- El hombre y la mujer que se da cuenta de que el dueño del bar le ha dado dinero de más, se lo hace saber, y se lo reintegra.

- El hombre y la mujer que, por un descuido, producto de una larga conversación o de tener la mente en otra parte, cuando llega a su casa cae en la cuenta de que se ha ido del kiosko sin pagar, aunque fueran solo unos céntimos, y decide volver a pagar.

- El hombre y la mujer que ayuda a los demás en la medida de sus posibilidades, y si está en su poder hacerlo (Pr. 3:27).

- El hombre y la mujer que deja de mentir, de usar la lisonja para alcanzar sus propósitos y que juzga con juicio recto, no según las apariencias (Jn. 7:24).

- El hombre y la mujer que usa sus palabras para instruir y corregir, no para maldecir, odiar o clamar por venganza (Pr. 12:18).

Y sí, el hombre y la mujer que DECIDE devolver la leche que no es suya.

Un solo detalle. Un solo gesto. Una sola acción. Una sola palabra. Una… una… una… suman mucho y conforman un TODO. ¿Qué clase de hombre o mujer eres? ¿Qué clase de hombre o mujer serás? Te toca a ti responder.

jueves, 14 de septiembre de 2023

¿El mal entiende de géneros? ¿Cuándo acabará la guerra entre el hombre y la mujer, y qué precio estamos pagando ambos mientras tanto?

 


La foto corresponde al beso no consentido que Jolene De’Lemos, dueña de caballos, le estampó al jinete irlandés de veintitrés años Sean Kirrane, cuando este logró ganar una carrera hípica en York, Inglaterra. Sucedió apenas unos días después del “caso Rubiales”.

Venimos de aquí: Hashtag: #Seacabó. ¿El machismo, el hembrismo, la desigualdad o qué exactamente? (https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2023/09/hastag-seacabo-el-machismo-el-hembrismo.html).

* Este escrito, y su predecesor –que es completamente necesario leer antes de entrar en este-, es mi respuesta al artículo que publicó hace unos días la pastora Asun Quintana, y qué tituló#SeAcabó normalizar ciertas conductas” (https://protestantedigital.com/seneca-falls/67066/seacabo-normalizar-ciertas-conductas).

* Recuerdo lo que ya dije al comienzo del otro:
- mostrar mi desacuerdo con una persona no supone un ataque personal, sino ofrecer un punto de vista diferente.
- Nada de lo que voy a exponer tiene la intención de defender a Rubiales –fuera el beso consentido o no, algo que dirimirá la justicia-, ni actitudes semejantes, sino que, usando este caso, quiero explicar cuestiones que van más allá del relato generalista, donde se suele achacar todo al machismo, metiendo a cualquier hombre en el mismo saco. 
- en letra cursiva, las palabras de Asun; el resto, las mías.

¿Solo el hombre es culpable?
Hace unos días, una amiga muy cercana paseaba con su bebé, y desde una ventana un hombre le empezó a decir palabras de contenido sexual, que iban subiendo de tono hasta la obscenidad. Eso sigue estando normalizado. A mi amiga le dio tanto, miedo que entró rápidamente en un portal.  Las mujeres se tienen que tragar estas cosas... Porque hasta hace nada eso era normal, nos teníamos (y tenemos) que aguantar. Incluso hace más años era un orgullo que te dijeran cosas por la calle. Ahora este acto se identifica como acoso callejero, y está multado. 

¿Conozco historias semejantes? Sí, hasta propias. Pero me basta con citar a una antigua amiga, a la que tres chicos toquetearon a plena luz del día. Aun así, ¿esto se limita de hombre a mujer? ¿Son, en exclusiva, los hombres los que dicen todo tipo de barbaridades a las mujeres? Asun, al decir que “por eso se puede entender a Jenni Hermoso y a las jugadoras en su primera reacción hacia ese beso. Esta normalizado en muchos ambientes. Esta asumido el piquito, la palmada en el trasero, colocarse casi encima de ti por detrás para ver tu pantalla, mirarte de arriba abajo, fijando los ojos en tus pechos, que te hagan burla por detrás, que te ignoren tus opiniones aquellos que saben menos porque se creen más listos por el simple hecho de ser varones,  que te hagan la vida imposible por ser mujer, que hagan chistes machistas, que ´te respeten mucho y consideren igual` pero no te dan oportunidad ni te dan participación a la hora de opinar y decidir...”, está obviando la otra realidad:

1) Hay mujeres de hoy en día, desde muy jovencitas, que “acosan” en grupo a los chicos de sus deseos. Y no lo hacen diciéndoles “qué guapos son”, sino expresándoles los que les “provoca” semejante cuerpo y, describiéndoles, con todo lujo de detalles, lo que harían con ellos si se lo llevaran al huerto. Y cuando no les hacen caso, llegan al bullying. De miradas lascivas, ni hablemos: de 360º, de norte a sur y de este a oeste. Y esto sucede tanto en los institutos como en las discotecas, pubs y lugares de trabajo.
Nada de esto sale en la prensa ni se suele contar –y menos a un pastor-, porque los chicos, tanto jóvenes como adultos, no suelen hacerlo, por vergüenza y el miedo al que dirán sobre una supuesta “falta de hombría” por no acceder a dichas peticiones y propuestas.
De los cientos de mujeres que he conocido a lo largo de mi vida, tanto cristianas con las que no lo son, el 99,99999% jamás ha tenido experiencias como la que cuenta Asu, ni como la que he señalado yo. Pero claro, solo se saca a relucir a la amiga o a la conocida a la que dijeron alguna indecencia o con la que se sobrepasaron.

2) Instagram y Tik-Tok está lleno de niñas, que visten y bailan como si fueran gogós, imitando lo que ven en otras mujeres de más edad, el conocimiento y consentimiento de las madres, normalizando conductas sexuales impropias en crías.

3) En el presente, las adolescentes beben alcohol igual que los hombres, y en algunos países se emborrachan incluso más. Lo que antes era una proporción de 3 a 1, está más cerca de 1 a 1 a nivel mundial, como muestran los estudios[1].

4) La promiscuidad no es exclusivo de los hombres. Cuando se les pregunta a las mujeres por el número de parejas sexuales que han tenido, la respuesta suele oscilar entre las seis y las doscientas[2].

5) Cada vez se ve como más normal las llamadas “sugar baby”, donde mujeres ofrecen una relación sentimental, solamente por intereses económicos. El hombre se favorece de ella –que le ofrece “placer”, “cama” y “atención”-, mientras la mujer se favorece de él –que le ofrece “dinero”, “regalos” y “fiestas”. España es el quinto país del mundo con más usuarios en aplicaciones que buscan este tipo de “relaciones”, con más de 400.000 suscriptores[3]. Escuchar a las propias chicas en México hablando del tema me impactó sobremanera hace un par de días: “Las formas de ganar dinero facil en 2023 (los papis azucarados)” (https://www.youtube.com/watch?v=Izlq1fFEfRE).

¿También achacamos todas estas “actividades” solo al machismo?

Desigualdad ante los mismos actos
¿Dónde están las feministas, que llevan un mes quejándose del beso de Rubiales como si fuera el gran cataclismo mundial, clamando al cielo por el beso que le robó, de forma no consentida, Jolene De’Lemos, dueña de caballos, al jinete irlandés Sean Kirrane, cuando este logró ganar una carrera hípica en York, Inglaterra, como se ve en la foto del encabezado? ¿Dónde están los programas de televisión dedicando horas y horas de programación al suceso? ¿Por qué la Fiscalía de dicho país no ha dicho nada de nada, ni el Gobierno? ¿Por qué la Federación de hípica no ha prohibido que sus caballos vuelvan a competir? Si él hubiera decidido denunciar, sería el hazmerreír del mundo entero. ¿Ahí no hubo abuso de poder, agresión sexual ni coacción? Ah, no, eso fue un momento de euforia, dicen. ¿Y lo de Rubiales, qué fue entonces, un actor porno abusando de una cría? La doble vara de medir, es evidente, aunque muchos seguirán sin verla.  
Es lo mismo que sucede cuando un padre mata a su hijo: aparece en letras grandes, en primera plana de la prensa generalista, durante semanas. Se organizan manifestaciones y todo tipo de actos de repulsa. Cuando es una madre la que comete el mismo acto, en la mayoría de las ocasiones se pasa de puntillas en los medios. Muchas veces, salvo en algunos extremadamente llamativos (como el de los niños Gabriel u Olivia), ni nos enteramos. La diferencia de visibilidad que se le da a unos y a otros, según el género del asesino, es abismal.
Es más, cuando es el varón el que lo comete, es un asesinato, por parte de un hombre malvado, frío, retorcido, machista y en plena posesión de sus facultades mentales. Pero cuando es la mujer, se retuerce el lenguaje hasta lo enfermizo para llamarlo “suicidio ampliado” o “asesinato por compasión”, llevado a cabo por una mujer que tenía problemas mentales o estaba deprimida. De nuevo, el doble rasero, que resulta grotesco.
Para los cinco puntos señalados anteriormente y la historia del corredor, no hay hastag #seacabó, ni bailes, ni campañas como “contra la violencia, tolerancia cero”. Mejor señalar solo a los hombres, ¿verdad?
Las feministas piden cárcel para Rubiales, al mismo tiempo que se permiten homenajes a terroristas y se habla de amnistía a una serie de personajes siniestros que quieren desmontar el país, algunos de ellos fugados de la justicia. Como dice el humorista José Mota: estamos “tontos del tó”.

El mal no entiende de géneros
Asun iniciaba su escrito con el texto de Isaías 5:20-23, donde se habla en contra de aquellos que “a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz”. ¿Eso significa que los que esperamos a que la Justicia decida estamos en el lado de las tinieblas, al interpretar los hechos de manera diferente, tanto en el caso de Rubiales como en los postulados de determinados movimientos feministas, y que no nos sentimos representados por estas corrientes? Es lo mismo que se hace a nivel secular, desde la política: cuando difieres de ellos, te tachan de machista, facha, ultraderecha y fascista. Han convertido la libertad de expresión en delito de odio.
Esta discriminación ya ha llegado a las aulas, como podemos ver en este adolescente español, donde él mismo explica que, por oponerse ante el feminismo radical, usando las palabras y la argumentación, está sufriendo el acoso, hasta el punto de ser agredido, tanto por chicas y como por chicos (aquí el vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=ka0ZVBYZOP8).
¿Pero qué enseña la Biblia? Que “no hay justo, ni aun uno” (Ro. 3:10). Ni hombres ni mujeres. Aunque también salvó a su casa, Dios solo vio justo a Noé en esa generación (cf. Gn. 7:1). Al resto, hombres y mujeres, los destruyó en el diluvio, ya que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Gn. 6:5). En Sodoma y en Gomorra no había ni diez justos entre hombres y mujeres. Y, en el año 2023, si no fuera por el sacrificio de Cristo en la cruz, seguiríamos sin encontrarlos.
De las obras de la carne citadas por Pablo en Gálatas 5:19-21 (adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas), participan activamente tanto hombres como mujeres. Un único ejemplo que podemos mencionar –por lo sorprendente que resulta- es en el aumento de enfermedades de transmisión sexual: “Pese a que se dan más en hombres (65%), llama la atención el espectacular aumento de casos en mujeres, con un incremento superior al 1.000%, según datos aportados por Bloom, un observatorio de salud femenina, relativos al período 2012-2019”[4].
Todas las mujeres que quedan embarazadas sin desearlo por una aventura de una noche, ¿fueron por una violación, o a causa de que ellas también se dejaron llevar por un momento de pasión? ¿Culpamos también de eso al heteropatriarcado y a los marichulos? Menos culpar a un género, y más repartir culpas.
Que no se le olvide a nadie: tanto hombres como mujeres, están enfrascados en todo tipo de pecados y perversidades. Cuando leo “el machismo es una ideología, una forma de ver el mundo, de ver a la mujer como ser inferior. Y se necesita un verdadero y profundo cambio de mentalidad. Por eso es tan difícil la rehabilitación de un maltratador, pero no imposible. Sé, como seguidora de Jesús, que el cambio profundo y total sólo puede venir a través de Él”, comparto dicha forma de pensar, puesto que sigue habiendo mucho “cavernícola” suelto, pero se hace tanto énfasis que parece que solo existe el machismo, y que es el mayor mal de la humanidad.  
¿Que todo hombre de bien está en contra del machismo? Es evidente. ¿Que el machismo llama más la atención por sus efectos? Está claro que sí. ¿Que la misandria también anida por doquier, como una contrarréplica revanchista? Basta no autocegarse para conocer la respuesta. De ahí que ambos son culpables ya que el mal no entiende de géneros.
Dejando a un lado la teología, que enseña que, ante Dios, “no hay nadie bueno”, de entre esa cantidad que cité de personas con las que he tratado, puedo decir, sin ninguna duda, que, en términos meramente humanos, la proporción de hombres “malos” y mujeres “malas”, hombres “buenos” y mujeres “buenas”, era la misma.

La “normalización” del mal
Recordemos también el episodio de los colegios mayores en Madrid, donde desde el ´de los chicos` se vociferaba a voz en grito ante el “de las chicas”, insultándolas de la manera más obscena, tratándolas como vulgares objetos sexuales. Pues bien, algunas chicas ya habían normalizado estos actos, y lo tomaban como una broma o parte de la ´cultura estudiantil´.

Al igual que vimos en el primer artículo el significado que suele darse a expresiones groseras como “échale huev..”, hay otras muchas que se usan coloquialmente para referirse a otras personas. Palabras malsonantes, y que siempre se han empleado como insulto o para faltarle el respeto a los demás, muchas veces se usan con otra intención, incluso humorísticos. Y aquí me refiero a “hijo de p...”, “cabr..” y otras por el estilo. Por eso se utilizan incluso en chistes o de forma sarcástica en ciertos contextos y cuando hay confianza.
¿Me agradan? Ni de lejos. ¿Las digo? Jamás. ¿Me resulta chocante escucharlas, aunque sea entre colegas o amigos inconversos? Mucho. Pero es lo que tiene este mundo, que no vive según los principios de Dios y del propio decoro. Y eso fue lo que mismo que pasó en aquel colegio mayor, donde no se le concedía importancia. Eran expresiones vulgares –barbaridades que reprocho con toda contundencia-, pero que no llevaban ese halo de maldad que desde afuera muchos presuponían.
Dicho esto, repito lo que ya analizamos: las chicas también son partícipes de este tipo de mal, como de cualquier otro. En esta situación en particular, hasta ellas mismas reconocían que les dedicaban cánticos y frases semejantes hacia los chicos. Y cualquiera que haya tenido trato de compañerismo con mujeres en los estudios o algún trabajo, sabe bien cuán habitual son las conversaciones entre ellas sobre los hombres y los comentarios que hacen. Me ahorro mencionarlos porque estamos en horario infantil... ¿Y las despedidas de solteras? Eso daría para una saga más larga que Star Wars.
Todo eso, absolutamente todo, lo hacen mujeres de todas las edades y espectros sociales: altos, medios y bajos. Pero de eso nadie habla..., solo del machismo, machismo y machismo, y de lo “normal” que nos resulta. Aunque sea de otra índole, estamos ante una Nueva Inquisión, promulgada por los nuevos Torquemada.

Ah, pero tú eres hombre
Algunos dirán: “ah, como tú eres hombre, te pones de parte de ellos” o “hablas bajo tu sesgo machista”. Son los dos comodines que sirven para todo y que suelta el feminismo cuando quiere señalarte y silenciarte. El que tenga un pensamiento tan ideologizado como ese, le diría tres cosas:

1) Se puede estar de acuerdo o no, pero los argumentos que he expuesto son claros como el agua y no dependen de mi género. Ademas, conozco a muchas mujeres que piensan exactamente igual que yo, y he leído a otras tantas en prensa y redes sociales con la misma opinión.

2) Uno de mis lemas de vida se basa en la célebre frase de Aristóteles: “Amicus Plato, sed magis amica veritas” (Platón es mi amigo, pero más amiga es la verdad). Por mucho que admirase a su maestro Platón y lo considerase su amigo, para el filósofo era más importante la verdad. Ni apoyo ni estoy “en contra de”, sea el otro hombre, mujer, blanco o negro. ¡Como si es un alienígena! ¡Me da exactamente igual! Lo único que debería importarle a todo el mundo es la verdad.

3) Afirma Asun: “Concluyendo, no cambia la cuestión principal este último video donde se ve a Jenni y al resto de compañeras riéndose del beso. No nos aporta nada que cargue la responsabilidad a la jugadora, que es lo que intenta Rubiales”. ¿Cómo qué no? Lo cambia absolutamente todo. He leído a numerosísimas personas que han cambiado de opinión tras ver el susodicho vídeo. Y me repito por enésima vez: será el juez el que llegue o no a tales conclusiones.
Escuchen a alguien que sabe infinitamente más de leyes que Asun Quintana y que yo, como es la abogada Begoña Gerpe. Espero que haga reflexionar y despertar a más de uno. Aquí les dejo dos vídeos, entre otros, donde trata el tema en cuestión:

- “El vídeo que desmonta el relato de Jennifer Hermoso” (https://www.youtube.com/watch?v=1AqWOH970yQ
- “Me sentí víctima de una agresión”. Jennifer Hermoso habla (https://www.youtube.com/watch?v=pOjEj1kibQw).

El precio que estamos pagando ambos sexos
Todo lo que estamos contemplando ante nuestros ojos, parece más bien una venganza, donde se prefiere generalizar a todo el colectivo masculino y, a su vez, destruir la presunción de inocencia del hombre, en un intento de resarcir a todas las mujeres, tanto del pasado como del presente. Lo único que están logrando es:

1) Que los machistas de verdad lo sean aún más.

2) Que muchas mujeres terminen odiando a los hombres por el simple hecho de serlos, colgándoles el sambenito de que todos son potenciales maltratadores, violadores y asesinos, como se observa en muchas marchas feministas y en todo tipo de vídeos en las redes, donde les dedican cánticos ofensivos, y se postulan en contra del matrimonio y de tener hijos.

3) Que no se vaya a las causas que se esconden detrás de cada asesinato y acto de violencia, y siga dándose por hecho que siempre es causado por el “odio” a un género.

4) Que se esté produciendo un nuevo fenómeno, cada vez más común: crear, en los que no son machistas, un sentimiento de animadversión hacia un amplio espectro de mujeres. El hartazgo que sienten muchos hombres de que se les criminalice por todo, está llegando a unos límites peligrosos y, si sigue por estos derroteros, tarde o temprano, va a acabar mal, donde no descarto algún tipo de desgracia, causada por algunos individuos que implosionen a nivel emocional y lo paguen con inocentes.

5) Que las víctimas de verdadero acoso y abuso sexual se sientan ninguneadas.

6) Que las nuevas generaciones de chicas crezcan creyendo que el “empoderamiento” sea “menospreciar al género masculino” y el “libertinaje”, que ya no distinguen del término “libertad”.

7) Que se esté creando un caldo de cultivo de puro odio, donde ya estamos viendo sus primeros frutos: una brecha social entre hombres y mujeres, como los causados, por ejemplo, por el independentismo catalán, con rupturas de relaciones familiares y amistades, según en qué bando se sitúe cada uno respecto a los postulados feministas.

8) Que hombres y mujeres ya no seamos iguales ante la ley, que se favorezca a uno por encima del otro con las llamadas “cuotas” de género, y que se hagan pruebas diferentes para acceder al mismo puesto de trabajo. Es una completa burla a cualquier inteligencia la expresión “discriminación positiva”. ¿Se acabó lo que nos conviene pero no se acabó lo que nos favorece? ¿Igualdad? Ya se nota.

9) Que se haga un énfasis tan desmesurado en el machismo –y que sí, hay que afrontarlo cuando surja en todas sus variantes-, que se generaliza y se magnifica todo con una ligereza que asusta. Parece que todo gira en torno a dicho asunto, dejando en un segundo plano otros iguales de graves o mucho más, como la sexualización de las adolescentes, el acceso libre a la visualización de pornografía desde la misma infancia, la promiscuidad entre los jóvenes, el aborto indiscriminado, la libre elección de sexo independientemente de lo que muestre la biología, y la excarcelación de violadores y pederastas. Estos temas, y muchos que me dejo en el tintero, ahí están, se saben, pero ... #noseacabó.

Conclusión
Bíblicamente, el origen es muy claro: el huerto del Edén, Adán culpó a Eva, y ella al diablo; ninguno de los dos fue capaz de asumir su propia culpa. Y así seguimos miles de años después.
Como creyente, pocas cuestiones me resultan más tristes que contemplar lo que está sucediendo a nivel mundial, donde somos carnaza para aquellos que nos gobiernan, y muchos, cegados todavía, son usados sin ser conscientes de ello, dejándose enfrascar en batallas sin fin. Es otra forma de sectarismo, y del que los creyentes deberían huir.
Ser parte de un hastag denominado “seacabó” –aparte de no servir para nada-, mientras que no se hace ni una sola manifestación en contra de los causantes de la “ley del solo sí es sí”, que ha rebajado la pena a más de mil violadores y pederastas, es dantesco, donde se le hace el juego al feminismo radical, que solo denuncia lo que no le gusta, callando ante otras muchas injusticias y actos de maldad, como las citadas párrafos atrás. Por otro lado, cae en la ingenuidad de negar lo escrito en la Biblia: que el mal –sea el que sea- no se acabará hasta que Cristo regrese, y que todo lo demás, sin conversión individual, son parches. Hasta ese día, el mal se multiplicará (cf. Mt. 24:12).

Espero y deseo que algo cambie, y que más hombres y mujeres despierten.

lunes, 11 de septiembre de 2023

Hashtag: #Seacabó. ¿El machismo, el hembrismo, la desigualdad o qué exactamente?

 


- Este escrito, y su continuación, es mi respuesta al artículo que publicó hace unos días la pastora Asun Quintana, y que tituló#SeAcabó normalizar ciertas conductas” (https://protestantedigital.com/seneca-falls/67066/seacabo-normalizar-ciertas-conductas).

- Partiendo del “beso” de Rubiales a la jugadora Jennifer Hermoso, el artículo que ella escribe trata de visibilizar ciertas conductas machistas que siguen campando a sus anchas entre la sociedad. En letra cursiva, voy a citar partes de la autora para mostrar la otra cara de la moneda, la cual se suele omitir, provocando que se caiga en la subjetividad, y el precio que está pagando la sociedad por culpa de esta división de sexos, donde todo es blanco o negro, ahora también aupada desde ciertos púlpitos cristianos.

- Creo que sobra decirlo, pero nunca está de más recordarlo: mostrar mi desacuerdo con una persona no supone un ataque personal, sino ofrecer un punto de vista diferente.

- Nada de lo que voy a exponer tiene la intención de defender a Rubiales –fuera el beso consentido o no, algo que dirimirá la justicia-, ni actitudes semejantes, sino que, usando este caso, quiero explicar cuestiones que van más allá del relato generalista, donde se suele achacar todo al machismo, metiendo a cualquier hombre en el mismo saco. 

- Recuerda: en letra cursiva, las palabras de Asun; el resto, las mías.

¿Interpretación o realidad? ¿Quién debe juzgar?
Está circulando un nuevo video con el que se intenta responsabilizar a la jugadora Jennifer Hermoso, del gesto de Rubiales hacia ella. Viendo el video de las jugadoras celebrando la victoria, y riéndose del beso (ellas lo llaman beso, él lo llama pico para quitarle importancia). Lo que pienso es que están con la euforia de la victoria, y no se han parado a pensar con frialdad en el tema. No han asimilado lo que ocurrió. Lo están descubriendo en ese momento, se ríen, Jenni explica cómo le sujetó la cabeza (no dice nada en absoluto de la pregunta que supuestamente le hizo el presidente, de consulta antes de besarla), risas eufóricas y nerviosas…
Cuando la euforia baja, y ante las reacciones del presidente y de los medios, Jenni reflexiona y se posiciona ante este hecho. Porque cuesta asimilar y darse cuenta de que se nos ha vejado, cuando la vejación está integrada en la cultura.
Este gesto del beso forzado en la boca, como los calificativos subidos de tono, manoseo, etc. son hechos normalizados hace años... como se ha normalizado que un hombre, más aún un jefe, se puede permitir esto con sus subordinadas o empleadas. 
Las futbolistas lo normalizaron… como yo cuando lo vi, me rebotó en mi interior, me indignó y se lo dije a mi esposo. Y eso que pensé que igual tenían una relación entre ellos... lo dejé pasar con mucha incomodidad, como cientos de detalles de la vida diaria. Los dejas pasar.  Porque la sensación es como la de luchar contra una montaña que siempre ha estado ahí, y no te planteas moverla de su lugar...
Pero esto no es excusa. Jenni Hermoso en un principio, lo normalizó, aunque ya había dicho que no le gustó, en el primer video. Cuando se le fue la euforia y se le pidió su postura, ante las declaraciones de Rubiales, ya en frío tuvo que reflexionar y pronunciarse, se dio cuenta y valoró el hecho desde otra perspectiva, la perspectiva de género. Y negó rotundamente su consentimiento. Y también digo que aun cuando hubiera sido consentido, que no lo parece ni lo creo, está fuera de lugar y es machismo. Pero sería menos grave claro.
Muchas jugadoras de la selección española han manifestado son tratadas así en el pasado, y en su diaria relación con el entrenador y con Rubiales. Línea de trato machista, que las considera niñatas de pataleta y quejicas. Por eso se plantaron las 15 que no acudieron a los Mundiales para denunciar lo que ocurría. Por eso cuando ganaron Rubiales se tocó los testículos mirando al entrenador como una victoria de la testosterona sobre las niñatas.

Hay cinco palabras que he resaltado en negrita, y que son con las que debería haber comenzado su escrito: “Lo que pienso es que”. Esa es la realidad: todo lo demás, es quitarle la presunción de inocencia a un hombre. Cuando llegue el juicio, será un juez el que, tras escuchar a las dos partes y las pruebas presentadas, determinará quién lleva razón y quién no, nos guste o no la decisión que tome. Mientras tanto, todo lo demás es “lo que uno supone”. Y ya lo puede decir Pedro Sánchez, Miquel Iceta, Yolanda Díaz, Pam, Sussana Griso, Cristina Pardo, Echenique o quién quiera, que todo es conjeturar. Recordemos que Irene Montero fue condenada hace escasos meses por el Tribunal Supremo a pagar 18.000 euros a un padre al que acusó de maltratador, y todo por afirmar algo que solo era el propio pensamiento de ella, no la realidad
Dar por hecho que “Jenni Hermoso en un principio, lo normalizó” o que “ya en frío tuvo que reflexionar y pronunciarse, se dio cuenta y valoró el hecho desde otra perspectiva, la perspectiva de género” es hacer creer al lector lo que pasó, sin duda alguna, cuando es simplemente lo que Asun Quintana “cree que pasó”. A falta de una sentencia oficial, está extrapolando sus propios pensamientos y dándolos por hechos comprobados. 
Esto es hacer de verdugo imparcial, ya que, directamente, confirma que las palabras del señor Rubiales son falsas, y que hay que creerla a ella, sí o sí. Aquí ya aparece el consabido lema: “hermana, yo sí te creo”. Pues no: no hay que creer a nadie, sea hombre o mujer, hasta que lo demuestre. ¿No ha revelado los recientes casos del actor Johnny Depp, y los futbolistas Benjamin Mendy y Mason Greenwood –todos ellos acusados de algún tipo de violencia, agresión, abuso sexual o violación, y absueltos tras ser despedidos de sus trabajos, pasar por la cárcel y haber sido masacrados por los medios de comunicación y los movimientos feministas, que las mujeres también mienten? Sin embargo, con nuestras leyes actuales, todo hombre, antes de que ser juzgado por los jueces competentes, sufre el escarnio público y la condenación.
Hará unos cuatro años, muy cerca de mi casa, abrieron una pequeña tienda, tanto de productos de ferretería como de comestibles. En una de las ocasiones, me acerqué a que me hicieran una fotocopia del DNI. Le dije a la chica, de unos dieciocho a veinte años, que me hiciera ambas caras en el mismo folio. Ella no sabía, y gastó varias hojas, hasta el punto que le dije que lo dejara, que las imprimera en folios distintos y que ya lo recortaría yo en casa. Hace unos días supe, por boca del dueño, que la había despedido porque “no valía para el puesto y no aprendía después de tanto tiempo”. Ella lo ha denunciado por acoso sexual y su abogado pide tres años de cárcel. ¿Quién dice la verdad? Ni idea. ¿No la creeré porque el desempeño que mostró el día que me atendió no fue el mejor? Sería estúpido por mi parte. ¿Le creeré a él porque sus argumentos parecían convincentes? Sería sumamente injusto. ¿Creeré a uno a otro por ser XX o XY?? Caería en la necedad. Por eso no juzgo lo que desconozco en detalle. Será, una vez más, un juez el que lo haga.
Por algo Dios puso Jueces en Israel: para hacer justicia, y no para que, el pueblo, movido por las pasiones, tomara parte. Y en la actualidad es igual. El que es culpable, que pague. El que no, no. Y que, ni lo uno ni lo otro, dependa de nuestras filias o fobias, ni de nuestro sexo. De ahí que tengan que ser los instruidos señores jueces españoles, los que decidan con Rubiales y cualquier otra persona, como con los también futbolistas Dani Alves y Antony, junto a los que vengan en el futuro, sean personajes famosos o gente desconocida y corriente. Y eso será cuando haya sentencia firme –es decir, que ya no se pueda recurrir-, a favor o en contra.

¿Los hombres mienten y las mujeres no?
¿Por qué se no menciona lo que pasó en una discoteca de Sant Quirze del Vallès (Barcelona)? Una menor de edad, supuestamente, fue drogada y obligada a realizar una felación en medio de la pista de baile de un local. Ella no recordaba nada... hasta que el vídeo fue difundido. Su madre decía que “conocía muy bien a su hija” y que “ella no era capaz de hacer algo así”. La prensa se hizo eco inmediatamente y, día tras día, repetía la noticia. ¿Cuál fue la verdad tras la investigación? Los Mozos de Escuadra (Policía Autonómica Catalana), después de visionar las cámaras de seguridad y entrevistar a los testigos, descartaron ambos hechos: ni la drogaron ni nadie la obligó a hacer lo que hizo. Salvo la grabación y posterior difusión, todo fue consentido. Simplemente, asustada de que sus familiares y conocidos pudieran llegar a ver el vídeo, se inventó su propia película y mintió. Por eso, “hermana, yo no te creo... hasta que las pruebas digan lo contrario”. ¿Es que los cristianos, y las cristianas, no han aprendido que la mujer de Potifar también dio falso testimonio?
¿Que no hay denuncias falsas? Sin duda, las hay. “Bueno, pero los datos oficiales no respaldan tus palabras”. ¿Es que ya todo el mundo se ha olvidado del reciente caso de tres hermanas norteamericanas, que denunciaron haber sido violadas a manos de tres chicos afganos en Murcia (España), y que, tras la investigación, se descubrió que era todo inventado, que lo que querían era cobrar la indemnización de un seguro antiviolación que habían contratado en su país de origen?[1] ¿Y qué del también futbolista Theo Hernández, denunciado por agresión sexual por la modelo hispano rusa Luisa Kremleva, la cual, tras descubrirse la mentira, fue detenida por “simulación de delito”[2]?
¡Qué casualidad que las masas solo sepan de hechos donde el hombre resultó culpable, y no al contrario! ¿Tendrán algo que ver los medios de comunicación de tal desinformación entre la población en general? Es una pregunta retórica e irónica. Más de un caso conozco, incluyendo a un compañero de trabajo, que estuvo setenta y dos horas en un calabozo, que pasó las de Caín por una denuncia de su ex, que quería sacarle hasta el último euro, y se sacó de la chistera una supuesta agresión... ¡cuando él estaba de viaje, bien lejos! ¡Hasta la amiga de su mujer declaró a favor de mi colega, mostrando unos mensajes de wasap que la delataban a ella, sus embustes y malas intenciones!
Además, cuando la demanda contra el hombre queda sobreseída o se le declara no culpable, no queda registrada en la Administración. Para que esto suceda, debe ser el hombre el que, a continuación, demande a la mujer. Pocos hombres, tras el mal trago que han pasado, tienen ganas y recursos económicos para contratar abogados y comenzar un nuevo proceso judicial. Lo único que desean es pasar página y seguir adelante. Como en este vídeo explica la abogada Yobana Carril –que, aparte, afirma que “España no es un país machista”, no se contabilizan los datos de todas las denuncias falsas para no desincentivar a las mujeres que realmente son maltratadas (https://www.eldiestro.es/2019/10/la-abogada-yobana-carril-cuenta-el-vergonzoso-motivo-por-el-que-se-ocultan-los-datos-de-denuncias-falsas-de-mujeres-contra-hombres/).

¿Pero no era “solo sí es sí”? “Haciendo la cama
Y también digo que aun cuando hubiera sido consentido, que no lo parece ni lo creo, está fuera de lugar y es machismo. Pero sería menos grave claro. Muchas jugadoras de la selección española han manifestado son tratadas así en el pasado, y en su diaria relación con el entrenador y con Rubiales. Línea de trato machista, que las considera niñatas de pataleta y quejicas. Por eso se plantaron las 15 que no acudieron a los Mundiales para denunciar lo que ocurría.

Vuelvo a repetirme: si fue consentido o no, lo determinará un juez en los tribunales, y no dependerá de lo que a Asun, o a cualquier otra persona, le parezca o crea. En el caso de que fuera consentido, habría estado fuera de lugar y del protocolo, pero nada más. Como la misma famosa ley dice, “si dice sí, es sí, y, por lo tanto, no hay delito”. ¿O es que ahora también el “sí” es “no”? Al paso que van, los hombres no van a querer dar ni dos besos en la mejilla a una mujer, ni aunque ella quiera o lo permita.
Lo de la renuncia de las otras quince jugadoras... no sé qué información ha leído, pero no fue “por denunciar lo que ocurría”. Ellas pidieron el cese del entrenador Jorge Vilda, y así se lo hicieron saber a Rubiales, el cual se negó, al no ver motivos para ello. Las razones que adujeron fue que no estaba a la altura del cargo, y luego se supo que había también razones personales: supuestamente, un exceso de control sobre sus horarios de descanso, de la comida, de la exigencia física de los entrenamientos y del uso del tiempo libre. Es “curioso” que las nuevas jugadoras, Campeonas del Mundo, hayan dicho que el ambiente ha sido sensacional, como se pudo comprobar in situ en el ya famoso vídeo del autobús.
Quizá, no lo sé, Asun no ha formado parte de un vestuario profesional o amateur, o no esté muy puesta de los entresijos que ocurren ahí, pero siempre es lo mismo: cuando los jugadores no están contentos con el mister –sea por la táctica que usa, por los métodos de entrenamiento, por la alineación, por la disciplina que se les exige, por la alimentación o por cualquier otra cosa-, se le “hace la cama”, como conmúnmente se conoce. Empiezan las malas caras, la desgana y las filtraciones a la prensa, con la intención de que caiga el cabeza del grupo, y así poner a otro entrenador, más de su agrado. Es lo mismo que hicieron previamente otras veintitrés jugadoras, que pidieron por carta la dimisión del anterior seleccionador, Ignacio Quereda, al considerar ellas que sus métodos eran “arcaicos” y le faltaba preparación.
Llevo cuarenta años viendo cientos y cientos de partidos de fútbol, leyendo prensa y oyendo radio, y eso ha sido siempre de dicha manera en absolutamente todos los deportes. E igual sucede con entrenadoras femeninas. Es lo que aconteció con Anna Tarrés, que fue despedida tras las quejas de una parte de las nadadoras de natación sincronizada[3].
No me voy a entretener en poner más ejemplos concretos, involucrando al Real Madrid, al Barcelona, y a incontables equipos nacionales y extranjeros, cuyos jugadores tomaron actitudes semejantes. Hasta podría narrar mi propia historia personal dentro del mundo del Balonmano. Pero no lo haré, porque, por su amplitud, eso daría para un libro y me desviaría del tema principal. 
Si cuando es de hombres a mujeres, se considera “machismo”, entonces, cuando es de hombres a hombres y mujeres a mujeres, ¿qué es? ¿Y por qué se silencia? ¿Por qué ahí no salen las mujeres a llenar Twitter con #seacabó?

El verdadero significado de “tocarse”
Por eso cuando ganaron Rubiales se tocó los testículos mirando al entrenador como una victoria de la testosterona sobre las niñatas.

¿Que lo de tocarse donde se tocó el señor Rubiales fue de muy mal gusto, incluso obsceno? Sin duda. ¿Alguna vez he hecho semejante acto? No, ni se me ocurriría. Ahora bien, en el mundo del deporte, ¿qué significa ese gesto entre hombres? Todo el que lo practica de forma seria, lo sabe de sobra. Cuando queremos animarnos unos a otros, decimos: “échale narices”, “pon toda la carne en el asador” o “déjate el alma”, y siempre van en el mismo sentido: “removerte las entrañas para encender tu ánimo y llevarte a correr como si te fuera la vida”. Por eso, entre los no creyentes, son muy habituales la expresiones “échale huev..” o “con dos cojo...”. ¿Suenan mal? Sí. ¿Deberían ser parte del vocabulario de los deportistas o de cualquier otra persona? No. Pero su “traducción” no va más allá de la que he expuesto. Y eso fue lo que expresó en un momento de euforia desbordada Rubiales: “Habéis (hemos) ganado porque le habéis (hemos) echado huev...”.
¿Estoy defendiéndolo? Ya he dicho que no. Es más: nunca me ha caído simpático por algunas de sus actitudes en el pasado, también contra otros hombres. Y con dicha escena en el palco de honor, en presencia de la Reina y la Infanta, menos aun. ¿Debería haber dimitido? Posiblemente, aunque ya ha pedido perdón en varias ocasiones. Pero de ahí a lanzarlo a las fauces del infierno y considerarlo el adalid del machismo, hay un gran trecho.
Con todo lo reseñado, decir que “por eso cuando ganaron Rubiales se tocó los testículos mirando al entrenador como una victoria de la testosterona sobre las niñatas”, es una completa falacia que roza la calumnia, ya que dicho gesto no iba para ellas. Nadie, ni siquiera las que acusan a Rubiales, han dicho nada al respecto, porque ni ellas mismas lo han entendido en ese sentido.
Asun Quintana se equivoca, puesto que llega a una conclusión desacertada, al partir de una premisa de la que le falta conocer el significado de ciertas variables, como el código no-escrito que se da en los vestuarios deportivos y que he explicado. Juzgar las intenciones de una persona en función de la propia interpretación, a la que le falta ciertos datos fundamentales, no es propio de aquellos que estamos llamados a juzgar con juicio recto (cf. Jn. 7:24). 
Me llama mucho la atención que, por medio de un artículo, Protestante Digital haya hecho mención al acto de Rubiales y, sin embargo, haya guardado absoluto silencio sobre los pechos fuera de la cantante Amaral en su último concierto. ¿Se juzga lo primero pero no lo segundo? ¿Vendemos la bajada del escote como una reivindicación, una señal de libertad de la mujer?

Termino respondiendo a la pregunta del título: ¿Qué se acabó exactamente? Tristemente, por un lado, la libertad de expresión, cuando supone ir en contra de la versión oficial, sea en este tema o en cualquier otro. El precio a pagar es el insulto barato (machista, facha, ultraderecha, fascista, etc.), la cancelación y las amenazas. Y, por otro, todavía más grave: la presunción de inocencia del hombre, sea quién sea. Ya no importa qué haga quién, sino quién lo hace: el hombre.

Continuará en ¿El mal entiende de géneros? ¿Cuándo acabará la guerra entre el hombre y la mujer, y qué precio estamos pagando ambos mientras tanto?

lunes, 28 de agosto de 2023

Cuando la iglesia falla en proteger a una víctima de abuso sexual & ¿Qué debería hacer la iglesia y el afectado en esos casos?

 


* El lector debe tener presente en todo momento estas palabras: soy consciente de que hay partes que no son fáciles de asimilar, pero la línea de actuación que aquí muestro se basa en los principios bíblicos y en las leyes del hombre respecto a estos casos. Ahora bien, manifiesto abiertamente mi incapacidad humana para saber si una persona que comete tales actos es un cristiano genuino o un falso creyente. Creo que cada caso es distinto y hay que analizarlo individualmente, y que será la evidencia externa, global y mantenida en el tiempo, la que apunte en una dirección u otra. Somos completamente libres de formarnos una opinión y tomar partido. En caso de que nos tocara juzgar, que Dios nos dé sabiduría.

En una reciente entrevista, el conocido escritor peruano Mario Vargas Llosa, ganador del Premio Nobel de Literatura en 2010, narraba cómo se sintió y las consecuencias que trajo sobre su persona un intento de abuso sexual por parte de un sacerdote cuando todavía era un niño. Esto es algo que, lamentablemente, ocurre tanto en el mundo católico como en el evangélico, tal como mostré en “Spotlight: El porqué de los abusos sexuales de sacerdotes católicos y, sí, también, entre pastores y líderes evangélicos” (https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2019/02/spotligth-el-porque-de-los-abusos.html).
A partir de aquí, voy a usar varios extractos de sus declaraciones para ahondar en este tema, que muchos tratan de ocultar bajo una alfombra cuando ocurre, pero que se olvida de las víctimas y del agresor, cayendo en actitudes que no solucionan el problema ni van a la raíz del asunto.

¿Una fe destruida por el abuso?
“Quedé muy fastidiado [...] Ocurrió cuando yo estaba en sexto de primaria. Al año siguiente el curita estaba muy avergonzado, no se atrevía a saludarme en los recres, cuando ya ni siquiera yo estaba ya en su clase. [...] La única consecuencia que tuvo esta historia fue que yo, que había sido muy católico, empecé a darme cuenta de que yo ya no creía. La religión se convirtió en una especie de cosa puramente formal, y yo había sido bastante creyente. Pero tomé una distancia con eso, la religión dejó de ser un problema para mí, al contrario que para algunos compañeros que estaban muy obsesionados con el tema religioso. La verdad es que en el caso mío aquello fue un pequeño incidente. [...] aquello fue apenas un momento. Pero si tuvo el efecto de apartarme de la religión, de desinteresarme de ella, y me di cuenta de que ya no creía, que mi relación con la Iglesia era una actitud completamente formal en la que no había un empeño interior como el que tenía antes ante la cosa religiosa. [...] En algunas personas tuvo unas consecuencias traumáticas, pero no fue mi caso. Ese curita no llegó a cosas mayores. Cuando sentí sus manos buscando en la bragueta me puse muy nervioso, salí completamente de la habitación, y él también fue atacado de igual nerviosismo”[1].
La vivencia del señor Vargas Llosa sucedió cuando él era muy joven, cuyos conocimientos sobre Dios y la espiritualidad se resumían a la ejecución de una serie de rituales y actividades dictadas por terceras personas. En muchos adultos suele suceder igual o de forma parecida: se congregan, llevan a cabo A, B y C, que, por norma general, mezcla Biblia y legalismo, pureza y carga, verdad y mentira, y así viven una religión a la que llaman cristianismo pero que, en puntos esenciales, difieren considerablemente de la fe predicada por Jesucristo. El ser interior no ha sido renovado ni transformado, solo en apariencia ante el resto del grupo, donde se vive por mero emocionalismo y por lo que dicta un líder carismático.
Ante esta realidad, que lleva a los afectados por un abuso sexual a apartarse de Dios, hago una y otra vez hincapié en la sublime importancia de adquirir una fe conceptual. Tener una “creencia” sin saber por qué se tiene es un suicidio intelectual. Seguir la línea marcada por otras personas, sean los padres o “líderes” eclesiales, sin plantearse las razones ni reflexionar, es construir la casa sobre la arena. La historicidad de las Escrituras, las profecías sobre Jesús, Su resurrección, el problema del mal en el mundo o el matrimonio y la sexualidad, deberían ser temas que todo creyente debería dominar. No meramente para tener el conocimiento, sino para que dichas verdades le lleven a la profunda decisión de transformarse, hacer la voluntad de Dios y seguirle, al precio que sea y suceda lo que suceda.
Tristemente, como en la situación de Mario, a pesar de que él mismo reconoce que no le dejó ningún trauma y que fue más un susto que no pasó a mayores, se alejó y dijo “adiós”, en lugar de hacerse las preguntas correctas y buscar las respuestas de Dios y en Dios. Hoy en día se reconoce como agnóstico, a pesar de que, llamativamente, afirma que la religión es uno de los ingredientes fundamentales de la convivencia humana y del orden.
Como he dicho, lo que suele acontecer en muchos casos es que el individuo se vuelve hacía sí mismo, comienza a vivir según su propia voluntad, se amolda a imagen y semejanza del mundo, y adopta las costumbres de la sociedad caída, entre otros aspectos. Creyéndose libre, se vuelve esclavo.
Ahora bien: no creo que todos los que se renuncian a la fe después de una vivencia terrible como el abuso sexual sean meramente religiosos. Por mi parte, pienso que entre ellos puede haber cristianos “nacidos de nuevo”, ya que las reacción del alma humana ante un trauma de semejantes proporciones es imprevisible, donde la persona no razona con claridad, le cuesta tomar decisiones, se encuentra desorientada y no piensa a medio o largo plazo. A ellas me dirigiré más adelante.
Sé que los calvinistas dirán, tanto del agresor como del agredido que se apartan, que nunca fueron cristianos, y que, si realmente lo eran, tarde o temprano volverán al Camino. Por su parte, los arminianos señalarán que, posiblemente, sí lo eran, pero al apostatar en la práctica, el Espíritu Santo se retiró y sus nombres fueron borrados del Libro de la Vida. Como he descrito en muchas ocasiones, (a pesar de tener mi opinión, expresada en “Silencio: ¿cristianos que apostatan?”: http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2017/05/silencio-cristianos-que-apostatan.html y “¿Puede volver a Dios un “cristiano” que ha negado a Cristo con sus palabras o sus obras?: http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2017/05/puede-volver-dios-un-cristiano-que-ha.html), dicho debate es irresoluble mientras estemos en este mundo, por mucho que calvinistas y arminianos digan lo contrario. Una vez más, las discusiones las dejo para ellos, puesto que pensar de una manera u otra no afecta a nada de lo que estoy exponiendo.

¿Qué hacer?
El caso concreto del célebre escritor, quedó en un intento de abuso –intento inexcusable e igualmente deplorable-, pero en otros chicos sí llegó a consumarse, provocándoles serios traumas. Cuando se producen abusos o acosos sexuales, aunque seguramente los habrá que callan de por vida, los más jóvenes no suelen contar nada hasta que transcurren muchos años y se sienten con fuerzas para hacerlo. La primera reacción de un afectado suele ser:

- Callarse por vergüenza.
- Callarse por el miedo al qué dirán.
- Callarse por miedo a las represalias por parte del abusador.
- Callarse por albergar sentimientos de culpa, al creer que podía haberlo evitado.
- Callarse porque piensa que no le creerán.

Aquí podríamos hablar de tres tipos de abuso:

1) El abuso sexual directo (violación), donde se usa la fuerza física para someter a la víctima contra su voluntad. Un ejemplo bíblico lo encontramos en Amnón, que violó a su hermanastra Tamar (2 S. 13).

2) El abuso sexual sutil, donde se usa la posición eclesial, la admiración que provoca en otros o el sex-appeal, para seducir al individuo y manejarlo a su antojo. Sin ser plenamente consciente, el afectado está siendo manipulado por un lobo eclesial, como vimos en “El carácter maquiavélico y oscuro de los lobos eclesiales” (https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2014/11/el-verdadero-lobo.html).

3) La relación sexual consentida, donde la persona no es forzada físicamente, y posee la suficiente madurez y capacidad para decir que “no” a las proposiciones verbales del interesado y, aun así, da rienda suelta a sus deseos y pasiones, “tras ser manipulada psicológicamente”.

En todas estas coyunturas, vamos a señalar una misma línea de actuación: la víctima siempre debe dar a conocer la situación. Nunca debe callar. Aunque sean los primeros pasos a dar, no basta con escapar de la escena del crimen y del criminal. En primera instancia, tiene que buscar y encontrar a verdaderos cristianos que tomen cartas y hagan justicia ante el resto del cuerpo de Cristo. En segundo lugar, debe denunciarlo ante las autoridades policiales y no solo ante la iglesia local, y, a la vez, rodearse de personas que le apoyen. Por su parte, la iglesia debe ARROPAR a la víctima, en lugar de TAPAR al abusador.
Es cierto que Jesús dijo: “Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano” (Mt. 18:15), pero aquí no estamos hablando de un simple pecado más, sino de algo que va más allá de una falta moral, sino de una violación que está penada por la ley de cualquier país civilizado, y el violador, abusador o acosador, debería pagar por ello ante la justicia humana, según esté estipulado.
¿Qué será fácil? Con total seguridad, no. Es un paso que marcará a muchos y traerá daños colaterales. Pero cualquier herida que no se cura y lesión del alma que no se extirpa, termina por gangrenar al afectado, eternizando el trauma, llenándolo de amargura y resentimiento, incluso de odio, siendo el caldo de cultivo perfecto para que la víctima renuncie a todas sus creencias anteriores como forma de huida mental. Y, también, por qué no decirlo, impedirá que el abusador se enfrente a su propio mal, desposeyéndole de la oportunidad de pedir perdón, arrepentirse profundamente y empezar de nuevo.
Recordemos que, un hombre, al que la Biblia consideraba “conforme al corazón de Dios” (1 S. 13:14), llegó a cometer la vileza de adulterar con Betsabé y mandar a matar indirectamente a su marido para tratar de ocultar su maldad. Si algo así lo hizo alguien tan apegado al Señor, ¡cuánto más es posible que llegue a caer un falso creyente o un creyente light! Pero su vida no acabó ahí. Observó las consecuencias de sus actos tras las palabras del profeta Natán, que le señaló su pecado con toda crudeza usando una fábula (2 S. 12). Su casa y su familia pagaron el precio de por vida. Pero, en la gracia de Dios, se le concedió la oportunidad de arrepentirse. Si no hubiera sido así, no habría escrito uno de los grandes salmos de la historia, el 51, conocido por todos los cristianos del mundo, y que comienza así: “Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado” (Sal. 51:1-2).
Dicho esto, dejo claro un punto para que no haya lugar a malentendidos: que la persona se arrepienta y el efectado lo perdone, no significa que deba librarse ante la ley de sus fechorías.

La iglesia debe actuar sin demora
Por todo lo dicho, estoy completamente convencido de que tales acciones –la denuncia y encarar el problema-, deberían llevarse a cabo lo antes posible. Se puede entender el silencio, dada la situación inicial de shock, por el miedo a la confrontación y, sobre todo, cuando el afectado es un crío, como el narrado por Vargas Llosa.
De ahí que resulte injustificable la manera en que la iglesia trató el caso del difunto Revi Zacharias, el apologeta y conferenciante evangélico[2], el cual no solo mantuvo relaciones sexuales con decenas de mujeres, sino que acosó a otras muchas. Aunque se ha tenido constancia que amenazó a varias de ellas si lo contaban, la Organización de Revi falló miserablemente en protegerlas, al no sacar la verdad a la luz. No es de recibo que se ignoraran, marginaran, acusaran y apartaran a todas aquellas personas que preguntaron sobre el comportamiento de Zacharias, algo que suele ser la norma en demasiadas ocasiones. Así es como funcionan las sectas, no la Iglesia de Cristo.
Por otro lado, aunque el resultado de la investigación ha sido claro sobre su falta de ética sexual, señalar los abusos que cometió en vida tras su defunción, y no antes, no me parece la ética cristiana que nos enseña la Biblia, que se resumen de nuevo en lo que Jesús mostró: “Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano” (Mt. 18:15-17). Mientras el culpable esté con vida, hay tiempo para afrontarlo y hacer que pague. Luego, tras su muerte, solo sirve para relatar las calamidades que llevó a cabo, y nada más.
El propósito es:

- mostrar el pecado.
- hacer justicia.
- proteger al agredido y al resto del cuerpo de Cristo.
- apartar al agresor de la comunión de los santos para impedir que prosiga con su maldad.
- permitir la restauración, aunque esté en la cárcel varios años o el resto de sus días.
- en caso de que no exista arrepentimiento, expulsarlo ipso facto.

Si nada cambia en él, entonces, dicho individuo dejará de ser parte de la iglesia universal, no se le considerará más como cristiano, ni se le tratará como hermano. Solo quedará predicarle el Evangelio como a un inconverso, mientras que paga su delito ante la justicia humana.

Cuidado con prejuzgar
Antes de la Pandemia, se puso de moda –fuente de infinitos memes-, el estribillo compuesto por el feminismo radical que decía “el violador eres tú”, donde se venía a afirmar que todos los hombres somos potenciales violadores, y que siempre hay que creer a la mujer que denuncia cualquier tipo de abuso. Esto es una injusticia, ya que destruye por completo la presunción de inocencia, donde podrían acusar a tu propio padre, hermano o hijo, y quedar estigmatizado de por vida si la acusación fuera falsa. En el cristianismo no debe ser así, por lo que no se debería haber tapado el caso de Revi Zacharias y otros muchos que, lamentablemente, se siguen produciendo. Aunque tendría que haber pagado ante las autoridades y con la cárcel, el principio a seguir con él debería haber sido el mismo que nos dejó por escrito el apóstol Pablo: “Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado” (Gá. 6:1). Es llamativo que dice “si alguno fuera sorprendido”; es decir: aquí no es el ofensor el que confiesa su pecado por propia voluntad, sino que, sencillamente, “le han pillado”. Ante esta persona, incluso así, los principios son los mismos: “restaurarle (si se diera el caso y fuera su deseo) con espíritu de mansedumbre”.
Cuando no se siguen las instrucciones divinas, pasa lo que pasa: la iglesia es desacreditada, el daño se perpetua y los inconversos nos observan como hipócritas de doble rasero, creyendo que nos consideramos mejores, y que tratamos de ocultar el mal que anida en el alma de cada ser humano.

¿La búsqueda de venganza o de la justicia?
Hay individuos que lo que lo que quieren es realmente venganza, usando la violencia física, lo cual es terrible, como vimos en Respondamos sinceramente: ¿deseamos justicia o venganza? (https://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2017/09/respondamos-sinceramente-deseamos.html). Teniendo en cuenta la gravedad que supone un abuso sexual, sin ponerme ni mucho menos del lado del agresor –el cual me produce náuseas-, los principios divinos y nuestra conducta son INALTERABLES. Podemos verlos en algunos textos, entre otros muchos que podría citar:

- “De cierto os digo que todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres, y las blasfemias cualesquiera que sean; pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, sino que es reo de juicio eterno” (Mr. 3:28-29).

- “Cuando se cumplió el tiempo en que él había de ser recibido arriba, afirmó su rostro para ir a Jerusalén. Y envió mensajeros delante de él, los cuales fueron y entraron en una aldea de los samaritanos para hacerle preparativos. Mas no le recibieron, porque su aspecto era como de ir a Jerusalén. Viendo esto sus discípulos Jacobo y Juan, dijeron: Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, como hizo Elías, y los consuma? Entonces volviéndose él, los reprendió, diciendo: Vosotros no sabéis de qué espíritu sois; porque el Hijo del Hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas. Y se fueron a otra aldea” (Lc. 9:51-55).

- Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento” (Mt. 12:7).

- “No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor” (Ro. 12:19).

- Vivo yo, dice Jehová el Señor, que no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva” (Ez. 33:11).

En mi caso, ante aquellos que abusaron espiritualmente de mí, ¿deseo justicia? ¡Obvio! Y eso no es venganza ni rencor. En parte, ya la ha tenido, porque están pagando: fueron expulsados de la congregación que pastorearon –más bien, destrozaron-, durante varias décadas. Aparte, han perdido la reputación y el buen nombre aunque, autoengañándose, crean lo contrario-, con el descrédito que eso conlleva a sus espaldas. Todo el mundo sabe ya cómo son. Si siguen como hasta ahora, yendo de víctimas, cuando son los únicos culpables, y sin reconocer todo el mal que han causado, junto a todos los cadáveres que dejaron a su paso, seguirán sufriendo las consecuencias, sea en esta vida o en la otra; no solo por mi historia –que es una más-, sino por la de centenares de personas. Dios no olvida ni perdona al que no se arrepiente.
A pesar de todo lo que les ha acontecido, y todos los “Natán” que les han confrontado, no han modificado su conducta ni un ápice, acusando a los demás de calumnias –cuando se limitan a narrar la verdad de hechos verificados-, o proclamando de forma bochornosa que Dios está haciendo “limpieza”. Aunque se les llena la boca con sonrisas hablando del Señor, al que no conocen –solo religiosamente-, actúan como Faraón ante Moisés, endureciendo más y más sus corazones.
¿Les deseo la condenación? Ni mucho menos. Sigo anhelando que, de alguna manera, algo suceda –el qué, no lo sé, puesto que nada de lo acontecido hasta ahora les ha llevado al cambio-, que les haga enfrentarse al espejo oscuro de sus malas acciones. Y esto no es “buenismo” ni “ingenuidad” por mi parte. Sé perfectamente cómo son y lo que hay, pero lo vuelvo a repetir: me ciño a los deseos del propio Jesús de Nazaret y de Su Evangelio. Solo de esta manera, cuando fallezca, me los podré encontrar en la presencia de Dios y abrazarlos.
Por el lado contrario: al que quiere vengarse por sí mismo, o pide que sean otros los que lo lleven a cabo por él, o les desea el mal, desobedece directamente al Señor, se aleja de Su deseo y de Su corazón, y es reprendido como Juan y Jacobo.
¿Es normal sentirse airado ante un abuso, sea físico, emocional o espiritual? ¡Por supuesto! Lo extraño sería lo contrario. Pero de nuevo Pablo nos muestra que airarse (sentimientos de enojo y emociones de rabia) y pecar (desear el mal, pagar con el mismo mal, con actos o deseos) no son iguales: “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo” (Ef. 4.26). Es un tema que está tan claro en la Biblia, y que todo cristiano debería tener asimilado, que me resulta hasta redundante insistir en él.

Superar los traumas
Sigamos citando a Mario Vargas Llosa: “Chicos de mi barrio no se recuperaron nunca. [...] Es difícil para los chicos, lo era en mi época, tocar estos temas, los silenciaban sin saber que esto iba a tener consecuencias trágicas en sus vidas”.
Como hemos visto, un denominador común entre muchas víctimas es que guardan silencio. Por lo tanto, y lo vuelvo a repetir, el primer paso a dar es obvio: hablar, hablar y hablar. Llorar, llorar y llorar. Descansar, descansar y descansar. Apoyarse día tras día en los verdaderos amigos. Y un punto importante: desahogarse, que significa exponer todos los sentimientos negativos y de dolor que anidan en el corazón, sea por escrito como auto terapia o conversando el tiempo que sea necesario.
Experimentar emociones como la ira y la impotencia son muy naturales. Las personas que no siguen estos pasos de manera saludable y “vomitando” lo que llevan dentro, terminan albergando sentimientos de puro odio contra al agresor. Algunos de ellos, hasta se ponen en contacto de alguna manera con su agresor, al que llegan a desear la muerte. Eso no es liberación, sino aferrarse todavía más a los hechos, y quedar emocionalmente atado al agresor, haciéndose daño a sí mismo. Es el mayor error que se puede cometer: roba la paz y alimenta el odio, siendo éste uno de los peores cánceres que existen, ya que destruye el alma de forma virulenta. Aunque crea que se quitado una carga, al guardar ese rencor, una parte de su corazón estará siempre herida, y lo arrastrará el resto de su vida.
Además, aunque su dolor es completamente lógico y comprensible, es una oportunidad que se desaprovecha de poner realmente en práctica varios principios bíblicos: “Amad a vuestros enemigos. [...] No paguéis a nadie mal por mal... No os venguéis vosotros mismos” (Mt. 5:44; Ro. 12:17, 19). Este tipo de mensajes no son para cuando la vida sonríe o las personas nos aman, sino precisamente en los momentos opuestos.
Puede que, más adelante, quizá mucho tiempo después, sea un paso que se desee dar, aunque no es obligatorio: ya en paz, enfrentarse cara a cara con él. Decirle el dolor que provocó, pero no para odiarlo, sino como paso final para terminar de cerrar la herida y seguir viviendo.
Como la superación de un abuso sexual implica muchos aspectos (miedo, culpa, vergüenza, soledad, baja autoestima, ira, desconfianza, malos recuerdos, insomnio, pesadillas, ansiedad, cambios bruscos en el estado de ánimo, desesperanza, intimidaciones de terceras personas, etc.), y al tener incontables nexos en común con el abuso espiritual (ya que afecta a la misma esencia del ser humano), me explayaré en los diez apartados de los que está conformado el capítulo quince del libro “Sobrevivir al abuso espiritual”, y que estoy publicando en el blog.
Hasta entonces, espero que lo escrito hasta aquí haya servido para sacar el tema a la luz y comenzar el camino de la recuperación. Eso sí: nada de lo que yo diga quita de pedir ayuda a personas capacitadas para hacerlo.
A los afectados, ¡os mando todo mi ánimo y el mayor de los abrazos!