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sábado, 11 de octubre de 2025
¿Israel o "Barbi" Gaza? ¿Genocidio? ¿Realidad histórica? Ahora que el fuego parece apagarse… (aunque el tiempo lo dirá)
En el lejano 2002 o
2003, no recuerdo exactamente, me
ofrecieron dar una serie de estudios sobre el eterno conflicto entre árabes y
judíos, lo que me llevó a tener que hablar sí o sí del tema de Palestina.
Usando tecnología arcaica (un proyector y transparencias, dos de las cuales
veis en la imagen), mostré una panorámica clara de todos los actores de esta
película. Como era un completo neófito en este asunto cuando me hicieron tal
oferta, tuve que empaparme y leer mil cosas por aquí y por allá. Así pude
ofrecer respuestas a todas esas preguntas que muchos se hacen, pero que ni los
medios de comunicación se esfuerzan en plantear y contestar, ya que a ellos les
mueve el morbo, el sensacionalismo, el drama y las audiencias. De ahí la
popularidad de personajes surrealistas como los que hemos visto en “La
flotilla”.
Es aquí donde debemos frenar y no dejarnos arrastrar
por las pasiones, sino ir al trasfondo de todo: ¿Existió alguna vez la nación
de “Palestina”? ¿De dónde viene el nombre? ¿Qué sucedió con los judíos que
vivían en aquellas tierras tras las revueltas contra el Imperio Romano? ¿Qué
pasó luego tras la expansión del Islam? ¿Quiénes habitaron la zona a lo largo
del tiempo, hasta los siglos XVIII y XIX? ¿Qué pasó en dicho lugar, que
pertenecía al Imperio Otomano hasta su caída en la 1ª Guerra Mundial? ¿Por qué
decidió la ONU dividir la zona en dos Estados tras el final de la 2ª Guerra Mundial?
¿El desplazamiento de millones de personas aconteció solo allí, o en otros
países? ¿Qué acontecimientos impidieron la creación del Estado Palestino en
1948 y qué parte de responsabilidad tuvieron determinados países árabes? ¿Qué
sucedió en 1967 durante la guerra de los Seis Días, que explican parte del
estancamiento posterior? ¿Quiénes, por ambos bandos, son los responsables de la
falta de paz, hasta el día de hoy?
Todas esas cuestiones las resolví en su momento, hace
ya casi veinticinco años. Y cualquiera lo puede hacer, sin necesidad de ser un
experto: basta con leer e informarse. Alguno podrá decir: “Seguro que tu visión
está sesgada. Además, no eres historiador”. Para evitar que haya personas con
prejuicios que no quieran leer aquellos estudios por esas dos razones, al final
de este breve escrito os voy a dejar el enlace a un vídeo del excelente
historiador Alberto Garín, que lo expone todo con mesura, claridad y sencillez.
Su exposición se basa en fuentes históricas y documentos; no es un alegato
político.
¡Ojo! Que esto no quita el horror de lo que, en una
ínfima parte, hemos visto en televisión. Por un lado, de parte de Hamás, que
asesinó a más de 1.200 personas, secuestró a 251 (según las cifras oficiales
del Gobierno de Israel, muchas de las cuales ya están muertas), incendió casas
y cometió todo tipo de atrocidades innombrables, todo documentado por múltiples fuentes
internacionales. Ante algo así, pregúntate: ¿Cuál habría sido tu respuesta si
esto le hubiera pasado a un ser querido? No olvidemos que, en su Carta
Fundacional de 1988, Hamás marcó como objetivo “exterminar a todos los judíos”
(preámbulo: “Israel existirá y continuará existiendo hasta que el Islam lo
destruya, tal como ha borrado a otros antes”), negando además la posibilidad de
una solución negociada (artículo 13).
Por el otro, los
bombardeos del ejército israelí han causado numerosas víctimas civiles y
destruido amplias zonas residenciales de Gaza. Los datos son difusos: el
Ministerio de Salud de Gaza –organismo controlado por Hamás- reporta unas
65.000 muertes, incluyendo tanto a combatientes como a civiles, y no siempre
distingue entre ellos. Fuentes occidentales estiman que entre 20.000 y 25.000
de los fallecidos podrían ser miembros de Hamás u otros grupos armados, aunque
resulta difícil comprobarlo mientras la guerra siga activa. Al mismo tiempo, la
devastación material es casi total: según análisis satelitales de la ONU
(UNOSAT), más del 75 % de los edificios de Gaza han sido dañados o destruidos,
con más de 100.000 edificaciones completamente arrasadas, y algunos informes
elevan la cifra total de estructuras afectadas a cerca de 193.000. Considerando
que antes de la guerra vivían unos 2,2 millones de habitantes, queda claro que,
aunque las pérdidas humanas sean enormes y trágicas, representan solo una
fracción de la población total. Esto no resta gravedad a los hechos ni a la
responsabilidad de quienes los provocaron, pero sí indica que la destrucción
masiva de infraestructuras no equivale automáticamente a un genocidio: estamos
ante una guerra extremadamente destructiva y desproporcionada en un territorio
densamente poblado, no ante un intento sistemático de exterminio de la
población.
Más allá de los números, hay algo que no debe
olvidarse: el sufrimiento civil no entiende de fronteras ni banderas. Las
cifras cambian, los discursos se enfrentan, pero el dolor humano permanece.
Dicho esto, como dice Alberto Garín, él va más allá de lo reciente
–y que acabo de mencionar-, y no entra a valorar moralmente los hechos históricos
que han llevado a esta situación, sino a mostrar los orígenes y las causas
profundas del conflicto. Esa es la labor de alguien que quiere mostrar la
verdad. Incluso él, que se reconoce como ateo, no entra en debates religiosos o
bíblicos (algo que yo sí hice en mis estudios), por lo que su visión es la más
centrada a ojos de todo el mundo y ante el que quiera ser realmente imparcial.
El que busque aquí un show lagrimal de la “Barbie de
Gaza” o ver a Javier Bardem con el puño en alto y el pañuelo palestino, no lo
encontrará. Pero el que quiera aprender una lección de por vida, esta es
extraordinaria. Dura una hora (veo manos en la cabeza en más de uno al leer su
duración), pero merece la pena verlo varias veces: la primera, para anotar
mentalmente las ideas principales; el resto, para asimilar los detalles. Lo que
dijo Jesús (“conoceréis la verdad y la verdad os hará libres”) también es
aplicable para este asunto. Ahí lo lleváis: https://www.youtube.com/watch?v=aLOFtNNw7sQ
* ALTERNATIVA:
Si no queréis ver el vídeo por la razón que sea (aunque escuchar a Garín es
todo un placer), podéis: 1) salir a pasear y escucharlo en audio a forma de
postcad. 2) pedirle a la IA que os haga un resumen ultra detallado y, a
continuación, guardarlo para tenerlo siempre disponible para su relectura.
lunes, 29 de septiembre de 2025
Esto no trata de “leches”, sino de integridad o de la ausencia de ella
Si alguien, un amigo, un conocido o un familiar, te
cuenta que ayer se “encontró” dos cajas de leche con doce cartones de a litro en
los bajos de un carro en el aparcamiento subterráneo del Mercadona de San
García (Algeciras), exactamente iguales a los de la foto, y se los llevó, en
lugar de devolverlos, a la espera de que llegara su legítimo dueño, que sepas
(y que sepa) que dicha “milk” era mía, la cual olvidé al cargar el coche. Por
mucho que volví a diez mil kilómetros por hora, ya se habían evaporado.
Habrá muchos que justificarán dicha acción: “si
hombre, devolverla, con lo bien que me viene”, “para que se la quede otro, me
la quedo yo”, “total, ya que está aquí…”.
Y no, esto no va de leches ni de los 10´54€ que se
quedaron en el camino, sino de algo infinitamente más profundo. Millones de
personas se muestran como adalides de las “causas perdidas”: se indignan ante
las injusticias del mundo, se enfurecen por el hambre y las guerras en ciertos
países –en otros no-, se llenan de ira ante las injusticias sociales,
económicas o raciales de sus gobernantes –a los que ellos mismos votaron y
eligieron-, y, en general, les arde el corazón al ver lo malo que hace el
prójimo, sea el vecino o un ciudadano en Australia al que no conocen de nada.
¿Cuál es el problema? Que no ven, o niegan, la maldad en sí mismos:
- El que miente con tal naturalidad que es capaz de
sonreírte mientras lo hace.
- El que escucha cómo despotrican de un familiar y no
tiene la valentía de preguntarle su versión, sino que se suma a la “fiesta” y
la acepta sin más, haciéndose cómplice, juez, jurado y verdugo.
- El que no hace bien su trabajo o se escabulle a la
mínima ocasión.
- El que engaña a su cónyuge y lo defiende con
expresiones como “es solo un poquito”, “ojos que no ven…”, “no se va a
enterar”, “es que no puedo evitarlo”.
- El que se alegra de la muerte de otro ser humano por
el hecho de no pensar igual.
- El que aprovecha un descuido del dueño del
establecimiento para apoderarse de una botella de alcohol y guardársela en la
mochila.
- El que quita algunos platos de su mesa para hacer
creer al camarero del bar que ha consumido menos de lo que ha hecho realmente, y
así pagar menos.
- El que le ingresa cierta cantidad de dinero a una
mujer para que le mande fotos o vídeos íntimos a través de Internet, y la mujer
que se presta a ello, considerando ambos dicho “intercambio” como “algo normal
y consentido”.
- El que diseña ropa minimalista para chicas
adolescentes y las alienta a comprar sus productos para que vistan como si
fueran “otra cosa”, junto a los padres que lo permiten.
- El que destila odio por los cuatro costados en las
redes sociales porque el “contrario” es de un equipo de fútbol diferente.
- El que es capaz de “entrar” en el vientre de una
mujer con un “aspirador” y hacer añicos a la criatura que allí se encuentra.
Y la lista podría alargarla durante horas.
La realidad es que no deja de asombrarme la capacidad
del ser humano para autoconvencerse del “yo no he hecho nada malo”. A mi edad me
sigue dejando anonadado cómo son capaces de justificarse y no sentir culpa ni
remordimiento al mirarse en el espejo. Nunca dejo de salir de mi asombro contemplando
la facilidad que tienen para llamar a lo malo, bueno, y a lo bueno, malo (Is. 5:20).
Si mirasen con honestidad en su interior, verían, como muchos ya vimos en su
momento, que “en maldad han sido formados” (Sal. 51:5), y buscarían la
“medicina” para tal “enfermedad”.
¿Una sociedad diferente?
¿Cómo va a cambiar este mundo, que parece un
manicomio, si no lo hacen sus habitantes, a nivel individual? Lo que se
necesita son hombres y mujeres honestos, íntegros, confiables, sinceros,
nobles, de una firme moral y ética, y que no se dejen arrastrar por las malas
actitudes ajenas o imperantes. ¡Qué diferente sería este planeta si los
individuos fueran de dicha manera! Y todo comenzando con actos muy sencillos
por parte de ambos sexos:
- El hombre y la mujer que se da cuenta de que el
dueño del bar le ha dado dinero de más, se lo hace saber, y se lo reintegra.
- El hombre y la mujer que, por un descuido, producto
de una larga conversación o de tener la mente en otra parte, cuando llega a su
casa cae en la cuenta de que se ha ido del kiosko sin pagar, aunque fueran solo
unos céntimos, y decide volver a pagar.
- El hombre y la mujer que ayuda a los demás en la
medida de sus posibilidades, y si está en su poder hacerlo (Pr. 3:27).
- El hombre y la mujer que deja de mentir, de usar la
lisonja para alcanzar sus propósitos y que juzga con juicio recto, no según las
apariencias (Jn. 7:24).
- El hombre y la mujer que usa sus palabras para
instruir y corregir, no para maldecir, odiar o clamar por venganza (Pr. 12:18).
Y sí, el hombre y la mujer que DECIDE devolver la
leche que no es suya.
Un solo detalle. Un solo gesto. Una sola acción. Una
sola palabra. Una… una… una… suman mucho y conforman un TODO. ¿Qué clase de
hombre o mujer eres? ¿Qué clase de hombre o mujer serás? Te toca a ti
responder.
jueves, 14 de septiembre de 2023
¿El mal entiende de géneros? ¿Cuándo acabará la guerra entre el hombre y la mujer, y qué precio estamos pagando ambos mientras tanto?
La foto corresponde al beso no consentido que Jolene De’Lemos, dueña de caballos, le
estampó al jinete irlandés de veintitrés años Sean
Kirrane, cuando este logró ganar una carrera hípica en York, Inglaterra.
Sucedió apenas unos días después del “caso Rubiales”.
Venimos de aquí: Hashtag: #Seacabó. ¿El
machismo, el hembrismo, la desigualdad o qué exactamente? (https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2023/09/hastag-seacabo-el-machismo-el-hembrismo.html).
* Este escrito, y su predecesor –que es completamente necesario leer
antes de entrar en este-, es mi respuesta al artículo que publicó hace unos
días la pastora Asun Quintana, y qué tituló “#SeAcabó normalizar ciertas conductas” (https://protestantedigital.com/seneca-falls/67066/seacabo-normalizar-ciertas-conductas).
* Recuerdo lo que ya dije al comienzo del
otro:
- mostrar mi desacuerdo con una persona no
supone un ataque personal, sino ofrecer un punto de vista diferente.
- Nada de lo que voy a exponer tiene la
intención de defender a Rubiales –fuera el beso consentido o no, algo que
dirimirá la justicia-, ni actitudes semejantes, sino que, usando este caso,
quiero explicar cuestiones que van más allá del relato generalista, donde se
suele achacar todo al machismo, metiendo a cualquier hombre en el mismo
saco.
- en letra cursiva, las palabras de Asun; el
resto, las mías.
¿Solo el
hombre es culpable?
Hace unos días,
una amiga muy cercana paseaba con su bebé, y desde una ventana un hombre le
empezó a decir palabras de contenido sexual, que iban subiendo de tono hasta la
obscenidad. Eso sigue estando normalizado. A mi amiga le dio tanto, miedo que
entró rápidamente en un portal. Las mujeres se tienen que tragar estas
cosas... Porque hasta hace nada eso era normal, nos teníamos (y tenemos) que
aguantar. Incluso hace más años era un orgullo que te dijeran cosas por la
calle. Ahora este acto se identifica como acoso callejero, y está multado.
¿Conozco historias semejantes? Sí, hasta propias. Pero
me basta con citar a una antigua amiga, a la que tres chicos toquetearon a
plena luz del día. Aun así, ¿esto se limita de hombre a mujer? ¿Son, en
exclusiva, los hombres los que dicen todo tipo de barbaridades a las mujeres? Asun,
al decir que “por eso se puede entender a Jenni Hermoso y a las
jugadoras en su primera reacción hacia ese beso. Esta normalizado en muchos
ambientes. Esta asumido el piquito, la palmada en el trasero, colocarse
casi encima de ti por detrás para ver tu pantalla, mirarte de arriba abajo,
fijando los ojos en tus pechos, que te hagan burla por detrás, que te ignoren
tus opiniones aquellos que saben menos porque se creen más listos por el simple
hecho de ser varones, que te hagan la vida imposible por ser mujer, que
hagan chistes machistas, que ´te respeten mucho y consideren igual` pero no te
dan oportunidad ni te dan participación a la hora de opinar y decidir...”, está obviando la otra
realidad:
1) Hay mujeres de hoy en día, desde muy jovencitas, que
“acosan” en grupo a los chicos de sus deseos. Y no lo hacen diciéndoles “qué
guapos son”, sino expresándoles los que les “provoca” semejante cuerpo y,
describiéndoles, con todo lujo de detalles, lo que harían con ellos si se lo
llevaran al huerto. Y cuando no les hacen caso, llegan al bullying. De miradas
lascivas, ni hablemos: de 360º, de norte a sur y de este a oeste. Y esto sucede
tanto en los institutos como en las discotecas, pubs y lugares de trabajo.
Nada de esto sale en la prensa ni se suele contar –y
menos a un pastor-, porque los chicos, tanto jóvenes como adultos, no suelen
hacerlo, por vergüenza y el miedo al que dirán sobre una supuesta “falta de
hombría” por no acceder a dichas peticiones y propuestas.
De los cientos de mujeres que he conocido a lo largo
de mi vida, tanto cristianas con
las que no lo son, el 99,99999% jamás ha tenido experiencias como la que cuenta
Asu, ni como la que he señalado yo. Pero claro, solo se saca a relucir a
la amiga o a la conocida a la que dijeron alguna indecencia o con la que se
sobrepasaron.
2) Instagram
y Tik-Tok está lleno de niñas, que visten y bailan como si fueran gogós, imitando lo que ven en otras mujeres de más edad, el conocimiento y consentimiento de las madres, normalizando conductas sexuales impropias en crías.
3) En el presente,
las adolescentes beben alcohol igual que los hombres, y en algunos países se
emborrachan incluso más. Lo que antes era
una proporción de 3 a 1, está más
cerca de 1 a 1 a nivel mundial, como muestran los estudios[1].
4) La promiscuidad no es exclusivo de los hombres.
Cuando se les pregunta a las mujeres por el número de parejas sexuales que han
tenido, la respuesta suele oscilar entre las seis y las doscientas[2].
5) Cada vez se ve como más normal las llamadas “sugar
baby”, donde mujeres ofrecen una relación sentimental, solamente por intereses
económicos. El hombre se favorece de ella –que le ofrece “placer”, “cama” y
“atención”-, mientras la mujer se favorece de él –que le ofrece “dinero”,
“regalos” y “fiestas”. España es el quinto país del mundo con más usuarios en
aplicaciones que buscan este tipo de “relaciones”, con más de 400.000
suscriptores[3].
Escuchar a las propias chicas en México hablando del tema me impactó sobremanera
hace un par de días: “Las formas de ganar
dinero facil en 2023 (los papis azucarados)” (https://www.youtube.com/watch?v=Izlq1fFEfRE).
¿También achacamos todas
estas “actividades” solo al machismo?
Desigualdad ante los mismos actos
¿Dónde están las feministas,
que llevan un mes quejándose del beso de Rubiales como si fuera el gran
cataclismo mundial, clamando al cielo por el beso que le robó, de forma no
consentida, Jolene
De’Lemos, dueña de caballos, al jinete irlandés Sean
Kirrane, cuando este logró ganar una carrera hípica en York, Inglaterra, como
se ve en la foto del encabezado? ¿Dónde están los programas de televisión
dedicando horas y horas de programación al suceso? ¿Por qué la Fiscalía de
dicho país no ha dicho nada de nada, ni el Gobierno? ¿Por qué la Federación de
hípica no ha prohibido que sus caballos
vuelvan a competir? Si él hubiera decidido denunciar, sería el hazmerreír del
mundo entero. ¿Ahí no hubo abuso de poder, agresión sexual ni coacción? Ah, no,
eso fue un momento de euforia, dicen. ¿Y lo de Rubiales, qué fue entonces, un
actor porno abusando de una cría? La doble vara de medir, es evidente, aunque muchos
seguirán sin verla.
Es lo mismo que
sucede cuando un padre mata a su hijo: aparece en letras grandes, en primera
plana de la prensa generalista, durante semanas. Se organizan manifestaciones y
todo tipo de actos de repulsa. Cuando es una madre la que comete el mismo acto,
en la mayoría de las ocasiones se pasa de puntillas en los medios. Muchas
veces, salvo en algunos extremadamente llamativos (como el de los niños Gabriel
u Olivia), ni nos enteramos. La diferencia de visibilidad que se le da a unos y
a otros, según el género del asesino, es abismal.
Es más, cuando es el
varón el que lo comete, es un asesinato, por parte de un hombre malvado, frío,
retorcido, machista y en plena posesión de sus facultades mentales. Pero cuando
es la mujer, se retuerce el lenguaje hasta lo enfermizo para llamarlo “suicidio
ampliado” o “asesinato por compasión”, llevado a cabo por una mujer que tenía
problemas mentales o estaba deprimida. De nuevo, el doble rasero, que resulta grotesco.
Para los cinco puntos
señalados anteriormente y la historia del corredor, no hay hastag #seacabó, ni
bailes, ni campañas como “contra la violencia, tolerancia cero”. Mejor señalar
solo a los hombres, ¿verdad?
Las feministas piden
cárcel para Rubiales, al mismo tiempo que se permiten homenajes a terroristas y
se habla de amnistía a una serie de personajes siniestros que quieren desmontar
el país, algunos de ellos fugados de la justicia. Como dice el humorista José
Mota: estamos “tontos del tó”.
El mal no
entiende de géneros
Asun iniciaba su escrito con el texto de Isaías
5:20-23, donde se habla en contra de aquellos que “a lo malo dicen bueno, y a
lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz”. ¿Eso
significa que los que esperamos a que la Justicia decida estamos en el lado de
las tinieblas, al interpretar los hechos de manera diferente, tanto en el caso
de Rubiales como en los postulados de determinados movimientos feministas, y que
no nos sentimos representados por estas corrientes? Es lo mismo que se hace a
nivel secular, desde la política: cuando difieres de ellos, te tachan de machista,
facha, ultraderecha y fascista. Han convertido la libertad de expresión en
delito de odio.
Esta discriminación ya ha llegado a las aulas, como
podemos ver en este adolescente español, donde él mismo explica que, por
oponerse ante el feminismo radical, usando las palabras y la argumentación,
está sufriendo el acoso, hasta el punto de ser agredido, tanto por chicas y
como por chicos (aquí el vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=ka0ZVBYZOP8).
¿Pero qué enseña la Biblia? Que “no hay justo, ni aun uno” (Ro. 3:10). Ni hombres ni mujeres. Aunque
también salvó a su casa, Dios solo vio justo a Noé en esa generación (cf. Gn.
7:1). Al resto, hombres y mujeres, los destruyó en el diluvio, ya que “todo designio de los pensamientos del
corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Gn. 6:5). En
Sodoma y en Gomorra no había ni diez justos entre hombres y mujeres. Y, en el
año 2023, si no fuera por el sacrificio de Cristo en la cruz, seguiríamos sin
encontrarlos.
De las obras de la carne citadas por Pablo en Gálatas 5:19-21 (adulterio, fornicación,
inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos,
iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios,
borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas), participan activamente tanto
hombres como mujeres. Un único ejemplo que podemos mencionar –por lo
sorprendente que resulta- es en el aumento de enfermedades de transmisión
sexual: “Pese a
que se dan más en hombres (65%), llama la atención el espectacular aumento de
casos en mujeres, con un incremento superior al 1.000%, según datos aportados
por Bloom, un observatorio de salud femenina, relativos al período 2012-2019”[4].
Todas las mujeres que
quedan embarazadas sin desearlo por una aventura de una noche, ¿fueron por una
violación, o a causa de que ellas también se dejaron llevar por un momento de
pasión? ¿Culpamos también de eso al heteropatriarcado y a los marichulos? Menos
culpar a un género, y más repartir culpas.
Que no se le olvide a nadie: tanto hombres como
mujeres, están enfrascados en todo tipo de pecados y perversidades. Cuando leo “el machismo es una ideología, una forma de
ver el mundo, de ver a la mujer como ser inferior. Y se necesita un verdadero y
profundo cambio de mentalidad. Por eso es tan difícil la rehabilitación de
un maltratador, pero no imposible. Sé, como seguidora de Jesús, que el cambio
profundo y total sólo puede venir a través de Él”,
comparto dicha forma de pensar, puesto que sigue habiendo mucho
“cavernícola” suelto, pero se hace tanto
énfasis que parece que solo existe el machismo, y que es el mayor mal de la
humanidad.
¿Que todo hombre de bien está en contra del machismo?
Es evidente. ¿Que el machismo llama más la atención por sus efectos? Está claro
que sí. ¿Que la misandria también anida por doquier, como una contrarréplica
revanchista? Basta no autocegarse para conocer la respuesta. De ahí que ambos
son culpables ya que el mal no entiende de géneros.
Dejando a un lado la
teología, que enseña que, ante Dios, “no hay nadie bueno”, de entre esa
cantidad que cité de personas con las que he tratado, puedo decir, sin ninguna
duda, que, en términos meramente humanos, la proporción de hombres “malos” y
mujeres “malas”, hombres “buenos” y mujeres “buenas”, era la misma.
La
“normalización” del mal
Recordemos también el episodio de los colegios
mayores en Madrid, donde
desde el ´de los chicos` se vociferaba a voz en grito ante el “de las chicas”,
insultándolas de la manera más obscena, tratándolas como vulgares objetos
sexuales. Pues bien, algunas chicas ya habían normalizado estos actos, y lo
tomaban como una broma o parte de la ´cultura estudiantil´.
Al igual que vimos en
el primer artículo el significado que suele darse a expresiones groseras como
“échale huev..”, hay otras muchas que se usan coloquialmente para referirse a
otras personas. Palabras malsonantes, y que siempre se han empleado como
insulto o para faltarle el respeto a los demás, muchas veces se usan con otra
intención, incluso humorísticos. Y aquí me refiero a “hijo de p...”, “cabr..” y
otras por el estilo. Por eso se utilizan incluso en chistes o de forma sarcástica
en ciertos contextos y cuando hay confianza.
¿Me agradan? Ni de
lejos. ¿Las digo? Jamás. ¿Me resulta chocante escucharlas, aunque sea entre
colegas o amigos inconversos? Mucho. Pero es lo que tiene este mundo, que no
vive según los principios de Dios y del propio decoro. Y eso fue lo que mismo
que pasó en aquel colegio mayor, donde no se le concedía importancia. Eran
expresiones vulgares –barbaridades que reprocho con toda contundencia-, pero
que no llevaban ese halo de maldad que desde afuera muchos presuponían.
Dicho esto, repito lo
que ya analizamos: las chicas también son partícipes de este tipo de mal, como
de cualquier otro. En esta situación en particular, hasta ellas mismas
reconocían que les dedicaban cánticos y frases semejantes hacia los chicos. Y
cualquiera que haya tenido trato de compañerismo con mujeres en los estudios o algún
trabajo, sabe bien cuán habitual son las conversaciones entre ellas sobre los
hombres y los comentarios que hacen. Me ahorro mencionarlos porque estamos en
horario infantil... ¿Y las despedidas de solteras? Eso daría para una saga más
larga que Star Wars.
Todo eso,
absolutamente todo, lo hacen mujeres de todas las edades y espectros sociales:
altos, medios y bajos. Pero de eso nadie habla..., solo del machismo, machismo
y machismo, y de lo “normal” que nos resulta. Aunque sea de otra índole,
estamos ante una Nueva Inquisión, promulgada por los nuevos Torquemada.
Ah, pero tú
eres hombre
Algunos dirán: “ah, como tú eres hombre, te pones de
parte de ellos” o “hablas bajo tu sesgo machista”. Son los dos comodines que
sirven para todo y que suelta el feminismo cuando quiere señalarte y
silenciarte. El que tenga un pensamiento tan ideologizado como ese, le diría tres
cosas:
1) Se puede estar de acuerdo o no, pero los argumentos
que he expuesto son claros como el agua y no dependen de mi género. Ademas,
conozco a muchas mujeres que piensan exactamente igual que yo, y he leído a
otras tantas en prensa y redes sociales con la misma opinión.
2) Uno de mis lemas de vida se basa en la célebre
frase de Aristóteles: “Amicus Plato, sed magis amica veritas” (Platón es mi
amigo, pero más amiga es la verdad). Por mucho que admirase a su maestro Platón
y lo considerase su amigo, para el filósofo era más importante la verdad. Ni
apoyo ni estoy “en contra de”, sea el otro hombre, mujer, blanco o negro. ¡Como
si es un alienígena! ¡Me da exactamente igual! Lo único que debería importarle
a todo el mundo es la verdad.
3) Afirma Asun: “Concluyendo,
no cambia la cuestión principal este último video donde se ve a Jenni y al
resto de compañeras riéndose del beso. No nos aporta nada que cargue la
responsabilidad a la jugadora, que es lo que intenta Rubiales”. ¿Cómo qué
no? Lo cambia absolutamente todo. He leído a numerosísimas personas que han
cambiado de opinión tras ver el susodicho vídeo. Y me repito por enésima vez:
será el juez el que llegue o no a tales conclusiones.
Escuchen a alguien que sabe infinitamente más de leyes
que Asun Quintana y que yo, como es la abogada Begoña Gerpe. Espero que haga
reflexionar y despertar a más de uno. Aquí les dejo dos vídeos, entre otros,
donde trata el tema en cuestión:
- “El vídeo que desmonta el relato de Jennifer
Hermoso” (https://www.youtube.com/watch?v=1AqWOH970yQ
- “Me sentí víctima de una agresión”. Jennifer Hermoso
habla (https://www.youtube.com/watch?v=pOjEj1kibQw).
El precio
que estamos pagando ambos sexos
Todo lo que estamos contemplando ante nuestros ojos,
parece más bien una venganza, donde se prefiere generalizar a todo el colectivo
masculino y, a su vez, destruir la presunción de inocencia del hombre, en un
intento de resarcir a todas las mujeres, tanto del pasado como del presente. Lo
único que están logrando es:
1) Que los machistas de verdad lo sean aún más.
2) Que muchas mujeres terminen odiando a los hombres
por el simple hecho de serlos, colgándoles el sambenito de que todos son
potenciales maltratadores, violadores y asesinos, como se observa en muchas
marchas feministas y en todo tipo de vídeos en las redes, donde les dedican
cánticos ofensivos, y se postulan en contra del matrimonio y de tener hijos.
3) Que no se vaya a las causas que se esconden detrás de
cada asesinato y acto de violencia, y siga dándose por hecho que siempre es causado
por el “odio” a un género.
4) Que se esté produciendo un nuevo fenómeno, cada vez
más común: crear, en los que no son machistas, un sentimiento de animadversión
hacia un amplio espectro de mujeres. El hartazgo que sienten muchos hombres de
que se les criminalice por todo, está llegando a unos límites peligrosos y, si
sigue por estos derroteros, tarde o temprano, va a acabar mal, donde no
descarto algún tipo de desgracia, causada por algunos individuos que
implosionen a nivel emocional y lo paguen con inocentes.
5) Que las víctimas de verdadero acoso y abuso sexual
se sientan ninguneadas.
6) Que las nuevas generaciones de chicas crezcan
creyendo que el “empoderamiento” sea “menospreciar al género masculino” y el “libertinaje”,
que ya no distinguen del término “libertad”.
7) Que se esté creando un caldo de cultivo de puro odio,
donde ya estamos viendo sus primeros frutos: una brecha social entre hombres y
mujeres, como los causados, por ejemplo, por el independentismo catalán, con
rupturas de relaciones familiares y amistades, según en qué bando se sitúe cada
uno respecto a los postulados feministas.
8) Que hombres y mujeres ya no seamos iguales ante la
ley, que se favorezca a uno por encima del otro con las llamadas “cuotas” de
género, y que se hagan pruebas diferentes para acceder al mismo puesto de
trabajo. Es una completa burla a cualquier inteligencia la expresión
“discriminación positiva”. ¿Se
acabó lo que nos conviene pero no se acabó lo que nos favorece? ¿Igualdad? Ya
se nota.
9) Que se haga un énfasis tan desmesurado en el machismo –y que sí, hay que afrontarlo
cuando surja en todas sus variantes-, que se generaliza y se magnifica todo con
una ligereza que asusta. Parece que todo
gira en torno a dicho asunto, dejando en un segundo plano otros iguales de
graves o mucho más, como la sexualización de las adolescentes, el acceso libre
a la visualización de pornografía desde la misma infancia, la promiscuidad
entre los jóvenes, el aborto indiscriminado, la libre elección de sexo
independientemente de lo que muestre la biología, y la excarcelación de violadores y pederastas. Estos temas, y
muchos que me dejo en el tintero, ahí están, se saben, pero ... #noseacabó.
Conclusión
Bíblicamente, el
origen es muy claro: el huerto del Edén, Adán culpó a Eva, y ella al diablo;
ninguno de los dos fue capaz de asumir su propia culpa. Y así seguimos miles de
años después.
Como creyente, pocas cuestiones me resultan más tristes
que contemplar lo que está sucediendo a nivel mundial, donde somos carnaza para
aquellos que nos gobiernan, y muchos, cegados todavía, son usados sin ser
conscientes de ello, dejándose enfrascar en batallas sin fin. Es otra forma de
sectarismo, y del que los creyentes deberían huir.
Ser parte de un hastag denominado “seacabó” –aparte de
no servir para nada-, mientras que no se hace ni una sola manifestación en
contra de los causantes de la “ley del solo sí es sí”, que ha rebajado la pena
a más de mil violadores y pederastas, es dantesco, donde se le hace el juego al
feminismo radical, que solo denuncia lo que no le gusta, callando ante otras
muchas injusticias y actos de maldad, como las citadas párrafos atrás. Por otro
lado, cae en la ingenuidad de negar lo escrito en la Biblia: que el mal –sea el
que sea- no se acabará hasta que Cristo regrese, y que todo lo demás, sin
conversión individual, son parches. Hasta ese día, el mal se multiplicará (cf.
Mt. 24:12).
Espero y deseo que
algo cambie, y que más hombres y mujeres despierten.
[1] https://kffhealthnews.org/news/article/hoy-las-mujeres-toman-tanto-como-los-hombres-pero-sufren-las-consecuencias-antes/
[2] ¿Cual es tu conteo de hombres? https://www.youtube.com/watch?v=4MgQHfFljdo
lunes, 11 de septiembre de 2023
Hashtag: #Seacabó. ¿El machismo, el hembrismo, la desigualdad o qué exactamente?
- Este escrito, y su continuación, es mi respuesta al artículo que
publicó hace unos días la pastora Asun Quintana, y que tituló “#SeAcabó normalizar ciertas conductas” (https://protestantedigital.com/seneca-falls/67066/seacabo-normalizar-ciertas-conductas).
- Partiendo del “beso” de Rubiales a la
jugadora Jennifer Hermoso, el artículo que ella escribe trata de visibilizar
ciertas conductas machistas que siguen campando a sus anchas entre la sociedad.
En letra cursiva, voy a citar partes de la autora para mostrar la otra cara de
la moneda, la cual se suele omitir, provocando que se caiga en la subjetividad,
y el precio que está pagando la sociedad por culpa de esta división de sexos,
donde todo es blanco o negro, ahora también aupada desde ciertos púlpitos
cristianos.
- Creo que sobra decirlo, pero nunca está de
más recordarlo: mostrar mi desacuerdo con una persona no supone un ataque
personal, sino ofrecer un punto de vista diferente.
- Nada de lo que voy a exponer tiene la
intención de defender a Rubiales –fuera el beso consentido o no, algo que
dirimirá la justicia-, ni actitudes semejantes, sino que, usando este caso,
quiero explicar cuestiones que van más allá del relato generalista, donde se
suele achacar todo al machismo, metiendo a cualquier hombre en el mismo
saco.
- Recuerda: en letra cursiva, las palabras de Asun; el resto, las mías.
¿Interpretación o realidad? ¿Quién debe juzgar?
Está
circulando un nuevo video con el que se intenta responsabilizar a la jugadora
Jennifer Hermoso, del gesto de Rubiales hacia ella. Viendo el video de las
jugadoras celebrando la victoria, y riéndose del beso (ellas lo llaman beso, él
lo llama pico para quitarle importancia). Lo
que pienso es que están con la euforia de la victoria, y no se han
parado a pensar con frialdad en el tema. No han asimilado lo que ocurrió. Lo
están descubriendo en ese momento, se ríen, Jenni explica cómo le sujetó
la cabeza (no dice nada en absoluto de la pregunta que supuestamente le
hizo el presidente, de consulta antes de besarla), risas eufóricas y nerviosas…
Cuando la
euforia baja, y ante las reacciones del presidente y de los medios, Jenni
reflexiona y se posiciona ante este hecho. Porque cuesta asimilar y darse
cuenta de que se nos ha vejado, cuando la vejación está integrada en la
cultura.
Este gesto
del beso forzado en la boca, como los calificativos subidos de tono, manoseo,
etc. son hechos normalizados hace años... como se ha normalizado que un hombre,
más aún un jefe, se puede permitir esto con sus subordinadas o empleadas.
Las
futbolistas lo normalizaron… como yo cuando lo vi, me rebotó en mi interior, me
indignó y se lo dije a mi esposo. Y eso que pensé que igual tenían una relación
entre ellos... lo dejé pasar con mucha incomodidad, como cientos de
detalles de la vida diaria. Los
dejas pasar. Porque la sensación es como la de luchar contra una montaña
que siempre ha estado ahí, y no te planteas moverla de su lugar...
Pero esto no
es excusa. Jenni Hermoso en un principio, lo normalizó, aunque ya había dicho
que no le gustó, en el primer video. Cuando se le fue la euforia y se
le pidió su postura, ante las declaraciones de Rubiales, ya en frío tuvo
que reflexionar y pronunciarse, se dio cuenta y valoró el hecho desde otra
perspectiva, la perspectiva de género. Y negó rotundamente su
consentimiento. Y también digo que aun cuando hubiera sido consentido, que
no lo parece ni lo creo, está fuera de lugar y es machismo. Pero sería menos
grave claro.
Muchas
jugadoras de la selección española han manifestado son tratadas así en el
pasado, y en su diaria relación con el entrenador y con Rubiales. Línea de
trato machista, que las considera niñatas de pataleta y quejicas. Por eso se
plantaron las 15 que no acudieron a los Mundiales para denunciar lo que
ocurría. Por eso cuando ganaron Rubiales se tocó los testículos mirando al
entrenador como una victoria de la testosterona sobre las niñatas.
Hay cinco palabras que he resaltado en negrita, y que
son con las que debería haber comenzado su escrito: “Lo que pienso es que”. Esa
es la realidad: todo lo demás, es quitarle la presunción de inocencia a un
hombre. Cuando llegue el juicio, será un juez el que, tras escuchar a las dos
partes y las pruebas presentadas, determinará quién lleva razón y quién no, nos
guste o no la decisión que tome. Mientras tanto, todo lo demás es “lo que uno
supone”. Y ya lo puede decir Pedro Sánchez, Miquel Iceta, Yolanda Díaz, Pam, Sussana Griso, Cristina Pardo, Echenique o
quién quiera, que todo es conjeturar. Recordemos que Irene Montero fue condenada hace escasos meses por el Tribunal Supremo a pagar 18.000 euros a un padre al que acusó de maltratador, y todo por afirmar algo que solo era el propio pensamiento de ella, no la realidad
Dar por hecho que “Jenni
Hermoso en un principio, lo normalizó” o que “ya en frío tuvo que reflexionar y pronunciarse, se dio cuenta y
valoró el hecho desde otra perspectiva, la perspectiva de género” es hacer
creer al lector lo que pasó, sin duda alguna, cuando es simplemente lo que Asun
Quintana “cree que pasó”. A falta de una sentencia oficial, está extrapolando
sus propios pensamientos y dándolos por hechos comprobados.
Esto es hacer de verdugo imparcial, ya que,
directamente, confirma que las palabras del señor Rubiales son falsas, y que
hay que creerla a ella, sí o sí. Aquí ya aparece el consabido lema: “hermana,
yo sí te creo”. Pues no: no hay que creer a nadie, sea hombre o mujer, hasta
que lo demuestre. ¿No ha revelado los recientes casos del actor Johnny Depp, y
los futbolistas Benjamin Mendy y Mason Greenwood –todos ellos acusados de algún
tipo de violencia, agresión, abuso sexual o violación, y absueltos tras ser
despedidos de sus trabajos, pasar por la cárcel y haber sido masacrados por los
medios de comunicación y los movimientos feministas, que las mujeres también
mienten? Sin embargo, con nuestras leyes actuales, todo hombre, antes de que
ser juzgado por los jueces competentes, sufre el escarnio público y la
condenación.
Hará unos cuatro
años, muy cerca de mi casa, abrieron una pequeña tienda, tanto de productos de
ferretería como de comestibles. En una de las ocasiones, me acerqué a que me
hicieran una fotocopia del DNI. Le dije a la chica, de unos dieciocho a veinte
años, que me hiciera ambas caras en el mismo folio. Ella no sabía, y gastó
varias hojas, hasta el punto que le dije que lo dejara, que las imprimera en
folios distintos y que ya lo recortaría yo en casa. Hace unos días supe, por
boca del dueño, que la había despedido porque “no valía para el puesto y no
aprendía después de tanto tiempo”. Ella lo ha denunciado por acoso sexual y su
abogado pide tres años de cárcel. ¿Quién dice la verdad? Ni idea. ¿No la creeré
porque el desempeño que mostró el día que me atendió no fue el mejor? Sería
estúpido por mi parte. ¿Le creeré a él porque sus argumentos parecían
convincentes? Sería sumamente injusto. ¿Creeré a uno a otro por ser XX o XY??
Caería en la necedad. Por eso no juzgo lo que desconozco en detalle. Será, una
vez más, un juez el que lo haga.
Por algo Dios puso
Jueces en Israel: para hacer justicia, y no para que, el pueblo, movido por las
pasiones, tomara parte. Y en la actualidad es igual. El que es culpable, que
pague. El que no, no. Y que, ni lo uno ni lo otro, dependa de nuestras filias o
fobias, ni de nuestro sexo. De ahí que tengan que ser los instruidos señores
jueces españoles, los que decidan con Rubiales y cualquier otra persona, como
con los también futbolistas Dani Alves y Antony, junto a los que vengan en el
futuro, sean personajes famosos o gente desconocida y corriente. Y eso será
cuando haya sentencia firme –es decir, que ya no se pueda recurrir-, a favor o
en contra.
¿Los hombres
mienten y las mujeres no?
¿Por qué se no menciona lo que pasó en una discoteca de
Sant Quirze del Vallès (Barcelona)? Una menor de edad, supuestamente, fue
drogada y obligada a realizar una felación en medio de la pista de baile de un
local. Ella no recordaba nada... hasta que el vídeo fue difundido. Su madre
decía que “conocía muy bien a su hija” y que “ella no era capaz de hacer algo
así”. La prensa se hizo eco inmediatamente y, día tras día, repetía la noticia.
¿Cuál fue la verdad tras la investigación? Los
Mozos de Escuadra (Policía Autonómica Catalana), después de visionar las
cámaras de seguridad y entrevistar a los testigos, descartaron ambos hechos: ni la drogaron ni nadie la obligó a hacer lo
que hizo. Salvo la grabación y posterior difusión, todo fue consentido.
Simplemente, asustada de que sus familiares y conocidos pudieran llegar a ver
el vídeo, se inventó su propia película
y mintió. Por eso, “hermana, yo no te creo... hasta que las pruebas digan lo
contrario”. ¿Es que los cristianos, y las cristianas, no han aprendido
que la mujer de Potifar también dio falso testimonio?
¿Que no hay denuncias falsas? Sin duda, las hay.
“Bueno, pero los datos oficiales no respaldan tus palabras”. ¿Es que ya todo el mundo se ha olvidado del reciente caso de tres hermanas norteamericanas, que denunciaron haber sido violadas a
manos de tres chicos afganos en Murcia (España), y que, tras la investigación,
se descubrió que era todo inventado, que lo que querían era cobrar la
indemnización de un seguro antiviolación que habían contratado en su país de
origen?[1] ¿Y qué del también
futbolista Theo Hernández, denunciado por agresión sexual por la modelo hispano
rusa Luisa Kremleva, la cual, tras descubrirse la mentira, fue detenida por
“simulación de delito”[2]?
¡Qué casualidad que las masas solo sepan de hechos
donde el hombre resultó culpable, y no al contrario! ¿Tendrán algo que ver los
medios de comunicación de tal desinformación entre la población en general? Es
una pregunta retórica e irónica. Más de un caso conozco, incluyendo a un
compañero de trabajo, que estuvo setenta y dos horas en un calabozo, que pasó
las de Caín por una denuncia de su ex, que quería sacarle hasta el último euro,
y se sacó de la chistera una supuesta agresión... ¡cuando él estaba de viaje, bien lejos! ¡Hasta la amiga de su mujer declaró a favor de mi colega, mostrando
unos mensajes de wasap que la delataban a ella, sus embustes y malas
intenciones!
Además, cuando la demanda contra el hombre queda
sobreseída o se le declara no culpable, no queda registrada en la
Administración. Para que esto suceda, debe ser el hombre el que, a
continuación, demande a la mujer. Pocos hombres, tras el mal trago que han
pasado, tienen ganas y recursos económicos para contratar abogados y comenzar
un nuevo proceso judicial. Lo único que desean es pasar página y seguir
adelante. Como en este vídeo
explica la abogada Yobana Carril –que, aparte, afirma que “España no es un país
machista”, no se contabilizan los datos de todas las denuncias falsas para no
desincentivar a las mujeres que realmente son maltratadas (https://www.eldiestro.es/2019/10/la-abogada-yobana-carril-cuenta-el-vergonzoso-motivo-por-el-que-se-ocultan-los-datos-de-denuncias-falsas-de-mujeres-contra-hombres/).
¿Pero no era
“solo sí es sí”? “Haciendo la cama”
Y también
digo que aun cuando hubiera sido consentido, que no lo parece ni lo creo, está
fuera de lugar y es machismo. Pero sería menos grave claro. Muchas jugadoras de
la selección española han manifestado son tratadas así en el pasado, y en su
diaria relación con el entrenador y con Rubiales. Línea de trato machista, que
las considera niñatas de pataleta y quejicas. Por eso se plantaron las 15 que
no acudieron a los Mundiales para denunciar lo que ocurría.
Vuelvo a repetirme: si fue consentido o no, lo
determinará un juez en los tribunales, y no dependerá de lo que a Asun, o a
cualquier otra persona, le parezca o crea. En el caso de que fuera consentido,
habría estado fuera de lugar y del protocolo, pero nada más. Como la misma
famosa ley dice, “si dice sí, es sí, y, por lo tanto, no hay delito”. ¿O es que
ahora también el “sí” es “no”? Al paso que van, los hombres no van a querer dar
ni dos besos en la mejilla a una mujer, ni aunque ella quiera o lo permita.
Lo de la renuncia de las otras quince jugadoras... no
sé qué información ha leído, pero no fue “por denunciar lo que ocurría”. Ellas
pidieron el cese del entrenador Jorge Vilda, y así se lo hicieron saber a
Rubiales, el cual se negó, al no ver motivos para ello. Las razones que
adujeron fue que no estaba a la altura del cargo, y luego se supo que había también
razones personales: supuestamente, un exceso de control sobre sus horarios de
descanso, de la comida, de la exigencia física de los entrenamientos y del uso
del tiempo libre. Es “curioso” que las nuevas jugadoras, Campeonas del Mundo,
hayan dicho que el ambiente ha sido sensacional, como se pudo comprobar in situ
en el ya famoso vídeo del autobús.
Quizá, no lo sé, Asun no ha formado parte de un
vestuario profesional o amateur, o no esté muy puesta de los entresijos que
ocurren ahí, pero siempre es lo mismo: cuando los jugadores no están contentos
con el mister –sea por la táctica que usa, por los métodos de entrenamiento,
por la alineación, por la disciplina que se les exige, por la alimentación o
por cualquier otra cosa-, se le “hace la cama”, como conmúnmente se conoce.
Empiezan las malas caras, la desgana y las filtraciones a la prensa, con la
intención de que caiga el cabeza del grupo, y así poner a otro entrenador, más
de su agrado. Es lo mismo que hicieron previamente otras veintitrés jugadoras, que
pidieron por carta la dimisión del anterior seleccionador, Ignacio Quereda, al
considerar ellas que sus métodos eran “arcaicos” y le faltaba preparación.
Llevo cuarenta años viendo cientos y cientos de
partidos de fútbol, leyendo prensa y oyendo radio, y eso ha sido siempre de
dicha manera en absolutamente todos los deportes. E igual sucede con entrenadoras
femeninas. Es lo que aconteció con Anna Tarrés, que fue despedida tras las
quejas de una parte de las nadadoras de natación sincronizada[3].
No me voy a entretener en poner más ejemplos
concretos, involucrando al Real Madrid, al Barcelona, y a incontables equipos
nacionales y extranjeros, cuyos jugadores tomaron actitudes semejantes. Hasta
podría narrar mi propia historia personal dentro del mundo del Balonmano. Pero
no lo haré, porque, por su amplitud, eso daría para un libro y me desviaría del
tema principal.
Si cuando es de hombres a mujeres, se considera “machismo”, entonces,
cuando es de hombres a hombres y mujeres a mujeres, ¿qué es? ¿Y por qué se
silencia? ¿Por qué ahí no salen las mujeres a llenar Twitter con #seacabó?
El verdadero
significado de “tocarse”
Por eso
cuando ganaron Rubiales se tocó los testículos mirando al entrenador como una
victoria de la testosterona sobre las niñatas.
¿Que lo de tocarse donde se tocó el señor Rubiales fue
de muy mal gusto, incluso obsceno? Sin duda. ¿Alguna vez he hecho semejante acto? No, ni se me
ocurriría. Ahora bien, en el mundo del deporte, ¿qué significa ese gesto entre
hombres? Todo el que lo practica de forma seria, lo sabe de sobra. Cuando
queremos animarnos unos a otros, decimos: “échale narices”, “pon toda la carne
en el asador” o “déjate el alma”, y siempre van en el mismo sentido: “removerte
las entrañas para encender tu ánimo y llevarte a correr como si te fuera la
vida”. Por eso, entre los no creyentes, son muy habituales la expresiones
“échale huev..” o “con dos cojo...”. ¿Suenan mal? Sí. ¿Deberían ser parte del
vocabulario de los deportistas o de cualquier otra persona? No. Pero su
“traducción” no va más allá de la que he expuesto. Y eso fue lo que expresó en
un momento de euforia desbordada Rubiales: “Habéis (hemos) ganado porque le
habéis (hemos) echado huev...”.
¿Estoy defendiéndolo? Ya he dicho que no. Es más:
nunca me ha caído simpático por algunas de sus actitudes en el pasado, también
contra otros hombres. Y con dicha escena en el palco de honor, en presencia de
la Reina y la Infanta, menos aun. ¿Debería haber dimitido? Posiblemente, aunque
ya ha pedido perdón en varias ocasiones. Pero de ahí a lanzarlo a las fauces
del infierno y considerarlo el adalid del machismo, hay un gran trecho.
Con todo lo reseñado, decir que “por eso cuando ganaron Rubiales se tocó los testículos mirando al
entrenador como una victoria de la testosterona sobre las niñatas”, es una
completa falacia que roza la calumnia, ya que dicho gesto no iba para ellas.
Nadie, ni siquiera las que acusan a Rubiales, han dicho nada al respecto,
porque ni ellas mismas lo han entendido en ese sentido.
Asun Quintana se equivoca, puesto que llega a una
conclusión desacertada, al partir de una premisa de la que le falta conocer el
significado de ciertas variables, como el código no-escrito que se da en los
vestuarios deportivos y que he explicado. Juzgar las intenciones de una persona
en función de la propia interpretación, a la que le falta ciertos datos
fundamentales, no es propio de aquellos que estamos llamados a juzgar con
juicio recto (cf. Jn. 7:24).
Me llama mucho la
atención que, por medio de un artículo, Protestante Digital haya hecho mención
al acto de Rubiales y, sin embargo, haya guardado absoluto silencio sobre los
pechos fuera de la cantante Amaral en su último concierto. ¿Se juzga lo primero
pero no lo segundo? ¿Vendemos la bajada del escote como una reivindicación,
una señal de libertad de la mujer?
Termino respondiendo a la pregunta del título: ¿Qué se
acabó exactamente? Tristemente, por un lado, la libertad de expresión, cuando
supone ir en contra de la versión oficial, sea en este tema o en cualquier otro. El precio a pagar es el insulto barato (machista, facha, ultraderecha, fascista, etc.), la cancelación y las amenazas. Y, por otro, todavía más grave: la presunción de inocencia
del hombre, sea quién sea. Ya no importa qué haga quién, sino quién lo hace: el
hombre.
Continuará
en ¿El mal entiende de géneros?
¿Cuándo acabará la guerra entre el hombre y la mujer, y qué precio estamos
pagando ambos mientras tanto?
lunes, 28 de agosto de 2023
Cuando la iglesia falla en proteger a una víctima de abuso sexual & ¿Qué debería hacer la iglesia y el afectado en esos casos?
* El lector debe tener presente en todo
momento estas palabras: soy consciente de que hay partes que no son fáciles de
asimilar, pero la línea de actuación que aquí muestro se basa en los principios
bíblicos y en las leyes del hombre respecto a estos casos. Ahora bien,
manifiesto abiertamente mi incapacidad humana para saber si una persona que
comete tales actos es un cristiano genuino o un falso creyente. Creo que cada
caso es distinto y hay que analizarlo individualmente, y que será la evidencia
externa, global y mantenida en el tiempo, la que apunte en una dirección u
otra. Somos completamente libres de formarnos una opinión y tomar partido. En
caso de que nos tocara juzgar, que Dios nos dé sabiduría.
En una reciente entrevista, el conocido escritor
peruano Mario Vargas Llosa, ganador del Premio Nobel de Literatura en 2010,
narraba cómo se sintió y las consecuencias que trajo sobre su persona un
intento de abuso sexual por parte de un sacerdote cuando todavía era un niño.
Esto es algo que, lamentablemente, ocurre tanto en el mundo católico como en el
evangélico, tal como mostré en “Spotlight: El porqué de los abusos sexuales de
sacerdotes católicos y, sí, también, entre pastores y líderes evangélicos” (https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2019/02/spotligth-el-porque-de-los-abusos.html).
A partir de aquí, voy a usar varios extractos de sus
declaraciones para ahondar en este tema, que muchos tratan de ocultar bajo una
alfombra cuando ocurre, pero que se olvida de las víctimas y del agresor,
cayendo en actitudes que no solucionan el problema ni van a la raíz del asunto.
¿Una fe
destruida por el abuso?
“Quedé muy fastidiado [...] Ocurrió cuando yo estaba
en sexto de primaria. Al año siguiente el curita estaba muy avergonzado, no se
atrevía a saludarme en los recres, cuando ya ni siquiera yo estaba
ya en su clase. [...] La única consecuencia que tuvo esta historia fue que yo,
que había sido muy católico, empecé a darme cuenta de que yo ya no creía. La
religión se convirtió en una especie de cosa puramente formal, y yo había sido
bastante creyente. Pero tomé una distancia con eso, la religión dejó de ser un
problema para mí, al contrario que para algunos compañeros que estaban muy
obsesionados con el tema religioso. La verdad es que en el caso mío aquello fue
un pequeño incidente. [...] aquello fue apenas un momento. Pero si tuvo el
efecto de apartarme de la religión, de desinteresarme de ella, y me di cuenta
de que ya no creía, que mi relación con la Iglesia era una actitud
completamente formal en la que no había un empeño interior como el que tenía
antes ante la cosa religiosa. [...] En algunas personas tuvo unas consecuencias
traumáticas, pero no fue mi caso. Ese curita no llegó a cosas mayores. Cuando
sentí sus manos buscando en la bragueta me puse muy nervioso, salí
completamente de la habitación, y él también fue atacado de igual nerviosismo”[1].
La vivencia del señor Vargas Llosa sucedió cuando él
era muy joven, cuyos conocimientos sobre Dios y la espiritualidad se resumían a
la ejecución de una serie de rituales y actividades dictadas por terceras
personas. En muchos adultos suele suceder igual o de forma parecida: se
congregan, llevan a cabo A, B y C, que, por norma general, mezcla Biblia y
legalismo, pureza y carga, verdad y mentira, y así viven una religión a la que
llaman cristianismo pero que, en puntos esenciales, difieren considerablemente
de la fe predicada por Jesucristo. El ser interior no ha sido renovado ni
transformado, solo en apariencia ante el resto del grupo, donde se vive por
mero emocionalismo y por lo que dicta un líder carismático.
Ante esta realidad, que lleva a los afectados por un
abuso sexual a apartarse de Dios, hago una y otra vez hincapié en la sublime
importancia de adquirir una fe conceptual. Tener una “creencia” sin saber por
qué se tiene es un suicidio intelectual. Seguir la línea marcada por otras
personas, sean los padres o “líderes” eclesiales, sin plantearse las razones ni
reflexionar, es construir la casa sobre la arena. La historicidad de las
Escrituras, las profecías sobre Jesús, Su resurrección, el problema del mal en
el mundo o el matrimonio y la sexualidad, deberían ser temas que todo creyente
debería dominar. No meramente para tener el conocimiento, sino para que dichas
verdades le lleven a la profunda decisión de transformarse, hacer la voluntad
de Dios y seguirle, al precio que sea y suceda lo que suceda.
Tristemente, como en la situación de Mario, a pesar de
que él mismo reconoce que no le dejó ningún trauma y que fue más un susto que
no pasó a mayores, se alejó y dijo “adiós”, en lugar de hacerse las preguntas
correctas y buscar las respuestas de
Dios y en Dios. Hoy en día se
reconoce como agnóstico, a pesar de que, llamativamente, afirma que la religión
es uno de los ingredientes fundamentales de la convivencia humana y del orden.
Como he dicho, lo que suele acontecer en muchos casos
es que el individuo se vuelve hacía sí mismo, comienza a vivir según su propia
voluntad, se amolda a imagen y semejanza del mundo, y adopta las costumbres de
la sociedad caída, entre otros aspectos. Creyéndose libre, se vuelve esclavo.
Ahora bien: no creo que todos los que se renuncian a
la fe después de una vivencia terrible como el abuso sexual sean meramente
religiosos. Por mi parte, pienso que entre ellos puede haber cristianos
“nacidos de nuevo”, ya que las reacción del alma humana ante un trauma de
semejantes proporciones es imprevisible, donde la persona no razona con
claridad, le cuesta tomar decisiones, se encuentra desorientada y no piensa a
medio o largo plazo. A ellas me dirigiré más adelante.
Sé que los calvinistas dirán, tanto del agresor como
del agredido que se apartan, que nunca fueron cristianos, y que, si realmente
lo eran, tarde o temprano volverán al Camino. Por su parte, los arminianos
señalarán que, posiblemente, sí lo eran, pero al apostatar en la práctica, el
Espíritu Santo se retiró y sus nombres fueron borrados del Libro de la Vida. Como
he descrito en muchas ocasiones, (a pesar de tener mi opinión, expresada en “Silencio:
¿cristianos que apostatan?”: http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2017/05/silencio-cristianos-que-apostatan.html y “¿Puede
volver a Dios un “cristiano” que ha negado a Cristo con sus palabras o sus
obras?: http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2017/05/puede-volver-dios-un-cristiano-que-ha.html), dicho debate es irresoluble mientras estemos en
este mundo, por mucho que calvinistas y arminianos digan lo contrario. Una vez
más, las discusiones las dejo para ellos, puesto que pensar de una manera u
otra no afecta a nada de lo que estoy exponiendo.
¿Qué hacer?
El caso concreto del célebre escritor, quedó en un
intento de abuso –intento inexcusable e igualmente deplorable-, pero en otros
chicos sí llegó a consumarse, provocándoles serios traumas. Cuando se producen
abusos o acosos sexuales, aunque seguramente los habrá que callan de por vida,
los más jóvenes no suelen contar nada hasta que transcurren muchos años y se
sienten con fuerzas para hacerlo. La primera reacción de un afectado suele ser:
- Callarse por vergüenza.
- Callarse por el miedo al qué dirán.
- Callarse por miedo a las represalias por parte del
abusador.
- Callarse por albergar sentimientos de culpa, al
creer que podía haberlo evitado.
- Callarse porque piensa que no le creerán.
Aquí podríamos hablar de tres tipos de abuso:
1) El abuso sexual directo (violación), donde se usa
la fuerza física para someter a la víctima contra su voluntad. Un ejemplo
bíblico lo encontramos en Amnón, que violó a su hermanastra Tamar (2 S. 13).
2) El abuso sexual sutil, donde se usa la posición
eclesial, la admiración que provoca en otros o el sex-appeal, para seducir al individuo y manejarlo a su antojo. Sin
ser plenamente consciente, el afectado está siendo manipulado por un lobo eclesial, como vimos en “El
carácter maquiavélico y oscuro de los lobos eclesiales” (https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2014/11/el-verdadero-lobo.html).
3) La relación sexual consentida, donde la persona no
es forzada físicamente, y posee la suficiente madurez y capacidad para decir
que “no” a las proposiciones verbales del interesado y, aun así, da rienda
suelta a sus deseos y pasiones, “tras ser manipulada psicológicamente”.
En todas estas coyunturas, vamos a señalar una misma
línea de actuación: la víctima siempre debe dar a conocer la situación. Nunca
debe callar. Aunque sean los primeros pasos a dar, no basta con escapar de la escena del crimen y del criminal. En primera instancia, tiene
que buscar y encontrar a verdaderos cristianos que tomen cartas y hagan
justicia ante el resto del cuerpo de Cristo. En segundo lugar, debe denunciarlo
ante las autoridades policiales y no solo ante la iglesia local, y, a la vez,
rodearse de personas que le apoyen. Por su parte, la iglesia debe ARROPAR a la
víctima, en lugar de TAPAR al abusador.
Es cierto que Jesús dijo: “Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y
él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano” (Mt. 18:15), pero aquí no
estamos hablando de un simple pecado más, sino de algo que va más allá de una
falta moral, sino de una violación que está penada por la ley de cualquier país
civilizado, y el violador, abusador o acosador, debería pagar por ello ante la
justicia humana, según esté estipulado.
¿Qué será fácil? Con total seguridad, no. Es un paso
que marcará a muchos y traerá daños colaterales. Pero cualquier herida que no
se cura y lesión del alma que no se
extirpa, termina por gangrenar al afectado, eternizando el trauma, llenándolo
de amargura y resentimiento, incluso de odio, siendo el caldo de cultivo
perfecto para que la víctima renuncie a todas sus creencias anteriores como
forma de huida mental. Y, también, por qué no decirlo, impedirá que el abusador
se enfrente a su propio mal, desposeyéndole de la oportunidad de pedir perdón,
arrepentirse profundamente y empezar de nuevo.
Recordemos que, un hombre, al que la Biblia
consideraba “conforme al corazón de Dios”
(1 S. 13:14), llegó a cometer la vileza de adulterar con Betsabé y mandar a
matar indirectamente a su marido para tratar de ocultar su maldad. Si algo así
lo hizo alguien tan apegado al Señor, ¡cuánto más es posible que llegue a caer
un falso creyente o un creyente light!
Pero su vida no acabó ahí. Observó las consecuencias de sus actos tras las
palabras del profeta Natán, que le señaló su pecado con toda crudeza usando una
fábula (2 S. 12). Su casa y su familia pagaron el precio de por vida. Pero, en
la gracia de Dios, se le concedió la oportunidad de arrepentirse. Si no hubiera
sido así, no habría escrito uno de los grandes salmos de la historia, el 51,
conocido por todos los cristianos del mundo, y que comienza así: “Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu
misericordia; Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones.
Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado” (Sal. 51:1-2).
Dicho esto, dejo claro un punto para que no haya lugar
a malentendidos: que la persona se arrepienta y el efectado lo perdone, no
significa que deba librarse ante la ley de sus fechorías.
La iglesia
debe actuar sin demora
Por todo lo dicho, estoy completamente convencido de
que tales acciones –la denuncia y encarar el problema-, deberían llevarse a
cabo lo antes posible. Se puede
entender el silencio, dada la situación inicial de shock, por el miedo a la
confrontación y, sobre todo, cuando el afectado es un crío, como el narrado por
Vargas Llosa.
De ahí que resulte
injustificable la manera en que la
iglesia trató el caso del difunto Revi Zacharias, el apologeta y conferenciante
evangélico[2],
el cual no solo mantuvo relaciones sexuales con decenas de mujeres, sino que
acosó a otras muchas. Aunque se ha tenido constancia que amenazó a varias de
ellas si lo contaban, la Organización de Revi falló miserablemente en
protegerlas, al no sacar la verdad a la luz. No es de recibo que se ignoraran,
marginaran, acusaran y apartaran a todas aquellas personas que preguntaron
sobre el comportamiento de Zacharias, algo que suele ser la norma en demasiadas
ocasiones. Así es como funcionan las sectas, no la Iglesia de Cristo.
Por otro lado, aunque
el resultado de la investigación ha sido claro sobre su falta de ética sexual,
señalar los abusos que cometió en vida tras su defunción, y no antes, no me
parece la ética cristiana que nos enseña la Biblia, que se resumen de nuevo en
lo que Jesús mostró: “Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y
repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. Mas si
no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres
testigos conste toda palabra. Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia;
y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano” (Mt. 18:15-17). Mientras el culpable esté con vida, hay tiempo para afrontarlo y hacer
que pague. Luego, tras su muerte, solo sirve para relatar las calamidades que
llevó a cabo, y nada más.
El propósito es:
- mostrar el pecado.
- hacer justicia.
- proteger al agredido y al resto del cuerpo de Cristo.
- apartar al agresor de la comunión de los santos para
impedir que prosiga con su maldad.
- permitir la restauración, aunque esté en la cárcel
varios años o el resto de sus días.
- en caso de que no exista arrepentimiento, expulsarlo
ipso facto.
Si nada cambia en él, entonces, dicho individuo dejará
de ser parte de la iglesia universal, no se le considerará más como cristiano,
ni se le tratará como hermano. Solo quedará predicarle el Evangelio como a un
inconverso, mientras que paga su delito ante la justicia humana.
Cuidado con
prejuzgar
Antes de la Pandemia, se puso de moda –fuente de
infinitos memes-, el estribillo compuesto por el feminismo radical que decía
“el violador eres tú”, donde se venía a afirmar que todos los hombres somos
potenciales violadores, y que siempre hay que creer a la mujer que denuncia
cualquier tipo de abuso. Esto es una injusticia, ya que destruye por completo
la presunción de inocencia, donde podrían acusar a tu propio padre, hermano o
hijo, y quedar estigmatizado de por vida si la acusación fuera falsa. En el
cristianismo no debe ser así, por lo que no se debería haber tapado el caso de Revi
Zacharias y otros muchos que, lamentablemente, se siguen produciendo. Aunque
tendría que haber pagado ante las autoridades y con la cárcel, el principio a seguir con él
debería haber sido el mismo que nos dejó por escrito el apóstol Pablo: “Hermanos, si alguno fuere sorprendido en
alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de
mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado”
(Gá. 6:1). Es llamativo que dice “si alguno fuera sorprendido”; es decir: aquí
no es el ofensor el que confiesa su pecado por propia voluntad, sino que,
sencillamente, “le han pillado”. Ante esta persona, incluso así, los principios
son los mismos: “restaurarle (si se diera el caso y fuera su deseo) con
espíritu de mansedumbre”.
Cuando no se siguen las instrucciones divinas, pasa lo
que pasa: la iglesia es desacreditada, el daño se perpetua y los inconversos
nos observan como hipócritas de doble rasero, creyendo que nos consideramos
mejores, y que tratamos de ocultar el mal que anida en el alma de cada ser
humano.
¿La búsqueda
de venganza o de la justicia?
Hay individuos que lo que lo que quieren es realmente
venganza, usando la violencia física, lo cual es terrible, como vimos en Respondamos
sinceramente: ¿deseamos justicia o venganza? (https://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2017/09/respondamos-sinceramente-deseamos.html). Teniendo en cuenta la gravedad que supone un abuso
sexual, sin ponerme ni mucho menos del lado del agresor –el cual me produce
náuseas-, los principios divinos y nuestra conducta son INALTERABLES. Podemos
verlos en algunos textos, entre otros muchos que podría citar:
- “De cierto os digo que todos los pecados serán perdonados a
los hijos de los hombres, y las blasfemias cualesquiera que sean; pero
cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tiene jamás
perdón, sino que es reo de juicio eterno” (Mr. 3:28-29).
- “Cuando se
cumplió el tiempo en que él había de ser recibido arriba, afirmó su rostro para
ir a Jerusalén. Y envió mensajeros delante de él, los cuales fueron y entraron
en una aldea de los samaritanos para hacerle preparativos. Mas no le
recibieron, porque su aspecto era como de ir a Jerusalén. Viendo esto sus
discípulos Jacobo y Juan, dijeron: Señor, ¿quieres que mandemos que descienda
fuego del cielo, como hizo Elías, y los consuma? Entonces volviéndose él, los
reprendió, diciendo: Vosotros no sabéis de qué espíritu sois; porque el Hijo
del Hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para
salvarlas. Y se fueron a otra aldea” (Lc. 9:51-55).
- “Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia
quiero, y no sacrificio. Porque no he
venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento” (Mt. 12:7).
- “No os venguéis vosotros mismos,
amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la
venganza, yo pagaré, dice el Señor” (Ro.
12:19).
- “Vivo yo, dice Jehová el Señor, que no quiero la muerte
del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva” (Ez. 33:11).
En mi caso, ante aquellos que abusaron espiritualmente
de mí, ¿deseo justicia? ¡Obvio! Y eso no es venganza ni rencor. En parte, ya la
ha tenido, porque están pagando: fueron expulsados de la congregación que
pastorearon –más bien, destrozaron-, durante varias décadas. Aparte, han perdido la reputación y el buen nombre –aunque, autoengañándose, crean lo contrario-, con el descrédito que eso conlleva a sus espaldas. Todo el mundo sabe ya cómo son. Si siguen
como hasta ahora, yendo de víctimas, cuando son los únicos culpables, y sin
reconocer todo el mal que han causado, junto a todos los cadáveres que dejaron a su paso, seguirán sufriendo las
consecuencias, sea en esta vida o en la otra; no solo por mi historia –que es
una más-, sino por la de centenares de personas. Dios no olvida ni perdona al
que no se arrepiente.
A pesar de todo lo que les ha acontecido, y todos los
“Natán” que les han confrontado, no han modificado su conducta ni un ápice,
acusando a los demás de calumnias –cuando se limitan a narrar la verdad de hechos
verificados-, o proclamando de forma bochornosa que Dios está haciendo
“limpieza”. Aunque se les llena la boca con sonrisas hablando del Señor, al que
no conocen –solo religiosamente-, actúan como Faraón ante Moisés, endureciendo
más y más sus corazones.
¿Les deseo la condenación? Ni mucho menos. Sigo
anhelando que, de alguna manera, algo suceda –el qué, no lo sé, puesto que nada
de lo acontecido hasta ahora les ha llevado al cambio-, que les haga
enfrentarse al espejo oscuro de sus malas acciones. Y esto no es “buenismo” ni
“ingenuidad” por mi parte. Sé perfectamente cómo son y lo que hay, pero lo
vuelvo a repetir: me ciño a los deseos del propio Jesús de Nazaret y de Su
Evangelio. Solo de esta manera, cuando fallezca, me los podré encontrar en la
presencia de Dios y abrazarlos.
Por el lado contrario: al que quiere vengarse por sí
mismo, o pide que sean otros los que lo lleven a cabo por él, o les desea el
mal, desobedece directamente al Señor, se aleja de Su deseo y de Su corazón, y
es reprendido como Juan y Jacobo.
¿Es normal sentirse airado ante un abuso, sea físico,
emocional o espiritual? ¡Por supuesto! Lo extraño sería lo contrario. Pero de
nuevo Pablo nos muestra que airarse (sentimientos de enojo y emociones de
rabia) y pecar (desear el mal, pagar con el mismo mal, con actos o deseos) no
son iguales: “Airaos, pero
no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo” (Ef. 4.26). Es un tema que está tan claro en la
Biblia, y que todo cristiano debería tener asimilado, que me resulta hasta
redundante insistir en él.
Superar los
traumas
Sigamos citando a Mario Vargas Llosa: “Chicos de mi
barrio no se recuperaron nunca. [...] Es difícil para los chicos, lo era en mi
época, tocar estos temas, los silenciaban sin saber que esto iba a tener
consecuencias trágicas en sus vidas”.
Como hemos visto, un denominador común entre muchas
víctimas es que guardan silencio. Por lo tanto, y lo vuelvo a repetir, el
primer paso a dar es obvio: hablar, hablar y hablar. Llorar, llorar y llorar.
Descansar, descansar y descansar. Apoyarse día tras día en los verdaderos
amigos. Y un punto importante: desahogarse, que significa exponer todos los
sentimientos negativos y de dolor que anidan en el corazón, sea por escrito
como auto terapia o conversando el tiempo que sea necesario.
Experimentar emociones como la ira y la impotencia son
muy naturales. Las personas que no siguen estos pasos de manera saludable y
“vomitando” lo que llevan dentro, terminan albergando sentimientos de puro odio
contra al agresor. Algunos de ellos, hasta se ponen en contacto de alguna
manera con su agresor, al que llegan a desear la muerte. Eso no es liberación,
sino aferrarse todavía más a los hechos, y quedar emocionalmente atado al
agresor, haciéndose daño a sí mismo. Es el mayor error que se puede cometer:
roba la paz y alimenta el odio, siendo éste uno de los peores cánceres
que existen, ya que destruye el alma de forma virulenta. Aunque crea que se
quitado una carga, al guardar ese rencor, una parte de su corazón estará
siempre herida, y lo arrastrará el resto de su vida.
Además, aunque su dolor es completamente lógico y
comprensible, es una oportunidad que se desaprovecha de poner realmente en
práctica varios principios bíblicos: “Amad
a vuestros enemigos. [...] No paguéis a nadie mal por mal... No os
venguéis vosotros mismos” (Mt. 5:44; Ro. 12:17, 19). Este tipo de mensajes
no son para cuando la vida sonríe o las personas nos aman, sino precisamente en
los momentos opuestos.
Puede que, más adelante, quizá mucho tiempo después,
sea un paso que se desee dar, aunque no es obligatorio: ya en paz, enfrentarse
cara a cara con él. Decirle el dolor que provocó, pero no para odiarlo, sino
como paso final para terminar de cerrar la herida y seguir viviendo.
Como la superación de un abuso sexual implica muchos
aspectos (miedo, culpa, vergüenza, soledad, baja autoestima, ira, desconfianza,
malos recuerdos, insomnio, pesadillas, ansiedad, cambios bruscos en el estado
de ánimo, desesperanza, intimidaciones de terceras personas, etc.), y al tener
incontables nexos en común con el abuso espiritual (ya que afecta a la misma
esencia del ser humano), me explayaré en los diez apartados de los que está
conformado el capítulo quince del libro “Sobrevivir al abuso espiritual”, y que
estoy publicando en el blog.
Hasta entonces, espero que lo escrito hasta aquí haya
servido para sacar el tema a la luz y comenzar el camino de la recuperación.
Eso sí: nada de lo que yo diga quita de pedir ayuda a personas capacitadas para
hacerlo.
A los afectados, ¡os mando todo mi ánimo y el mayor de
los abrazos!
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