lunes, 8 de octubre de 2018

Dios: el verdadero gran showman


Sinceramente, no tenía ninguna intención de ver El gran showman. Aunque su protagonista -Hugh Jackman- me gusta bastante como actor, las dos últimas películas que vi de género musical (Los miserables y La La Land) no me entusiasmaron, logrando el efecto de sobresaturarme, así que no me apetecía lo más mínimo verla, a pesar de que Moulin Rouge es una de mis favoritas. Pero meses después de su estreno, un amigo (mis gratitud a “El Benítez”) me dijo que era muy bonita, algo que pude confirmar hace unas semanas, concretamente la noche del 22 de septiembre.
Su puesta en escena, su historia, la profundidad de las letras de sus canciones, sus personajes, las coreografías, todo en general, me atrapó y enamoró desde el primer momento. Visualmente es portentosa. Entre las canciones, todas me gustaron sobremanera. Sería imposible quedarse con una. Quizás podría ser The Greatest Show (https://www.youtube.com/watch?v=By7_W_ehaWA), aunque mi cara al escuchar cantar Never Enough a Jenny era la misma que la del protagonista: de auténtica fascinación (https://www.youtube.com/watch?v=JZ9pHBEUWPo). Y qué decir de la que la que ganó el Globo de Oro 2018 a la “Mejor canción”: This is me. Como se puede encontrar fácilmente en youtube, mejor dejo el emotivo ensayo de la misma con varios de sus actores (https://www.youtube.com/watch?v=XLFEvHWD_NE). Y si te quedas con ganas de más, ahí tienes la espectacular y pasional preparatoria de From Now On (https://www.youtube.com/watch?v=PluaPvhkIMU).
Para alguien como yo que no ha bailado en su vida –no, a aquello que hice un par de veces no se le puede llamar baile- lograron algo imposible: que, al menos, internamente –y subrayo lo de internamente-, moviera el esqueleto.
Desvaríos e inclinaciones musicales aparte, puedo decir que, mientras la contemplaba, escribía mentalmente las palabras que vas a leer a continuación. Si no la has visto –aunque está claro que todo es cuestión de gustos-, te la recomiendo antes de seguir leyendo: es pura magia. Y si ya lo has hecho, revisualizala bajo el prisma que te voy a presentar. Si tuviera que elegir un escrito de entre todos los que he hecho hasta el día de hoy, me quedo con este. La enseñanza espiritual que se muestra es tan grande que me robó más de una sonrisa de gozo. Como cristianos, es muy fácil sentirse identificado con estos protagonistas “extraños”. Espero que disfrutes de la lectura y la guardes dentro de ti.

Un hombre con un sueño diferente
La película está basada en la historia real de Phineas Taylor Barnum (1810-1891), fundador del circo Ringling Brothers and Barnum & Bailey Circus. Resumiendo hasta el extremo la película –y sabiendo que los detalles varían en la vida real como se puede comprobar al leer su biografía- tras casarse, tener dos hijas y ser despedido de su trabajo por la bancarrota de la empresa, decide plasmar en la realidad lo que tiene en mente: un circo que hiciera reír al público, algo nunca antes visto. Para ello contrata a las personas más extrañas de la ciudad: una mujer barbuda, una criada, un enanito, un hombre peludo (hombre-perro le llaman), un gigantón, negros (para la época estaban mal vistos), dos hermanos siameses físicamente unidos, gordos, feos, asiáticos, etc., conviertiéndolos en una familia.
Su espectáculo se convierte en todo un éxito, aunque es despreciado por parte de la clase media y por toda la alta, que ve a estos personajes marginados como despreciables, burlescos e indignos. El corazón de Barnum está por encima de todo y sigue adelante. Eso sí, en su deseo de llegar a ese público que le rechazaba, perdió el rumbo y dejó en segundo plano el circo, a sus compañeros y a su familia para centrarse en llevar a las alturas a Jenny Lind, una cantante cuya voz lo tenía prendado, y así lograr sus deseos personales de reconocimiento. Una vez que se da cuenta de su error y antes de que sea demasiado tarde, vuelve a casa y con sus amigos para llevar al circo a un nuevo nivel.

Un Dios estrafalario... a los ojos del mundo, al igual que sus seguidores
Siendo P. T. Barnum una persona estrambótica a los ojos de la sociedad de su época, Dios es un Dios que busca igualmente lo “extraño”: a los perdidos. Además, a diferencia de Barnum, no se pierde en el camino ni se deja deslumbrar por las luces que hay alrededor. Tiene la ideas muy claras desde siempre. Y, a los ojos del mundo, de nuestra sociedad, del marketing imperante, de los medios de comunicación, de un altísimo porcentaje de personas que viven en este planeta, el Dios verdadero, el Dios descrito en la Biblia, el Dios al que seguimos los cristianos, el único Dios, es alguien estrafalario. Con sus verdaderos seguidores –nosotros- acontece igual; somos una especie de “espectáculo” que sufre las mofas ajenas: “Pero traed a la memoria los días pasados, en los cuales, después de haber sido iluminados, sostuvisteis gran combate de padecimientos; por una parte, ciertamente, con vituperios y tribulaciones fuisteis hechos espectáculo; y por otra, llegasteis a ser compañeros de los que estaban en una situación semejante” (He. 10:32-33).
El diccionario nos define dicho término como “extravagante, raro, ridículo”. Así somos los cristianos nacidos de nuevo para el mundo. También Dios lo es para los que no le conocen. El ser humano piensa de una manera y Él lo hace de forma opuesta:

1) Mientras la clase media y alta de la sociedad desprecia a la clase baja –algo que se ve muy claramente en la película-, Jesús se acercaba principalmente a lo que se considera escoria: marginados, enfermos mentales, pobres, prostitutas, endemoniados, etc., cumpliendo Él mismo las palabras proféticas que leyó de Isaías: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor” (Lc. 4:18-19).

2) Mientras que al hombre le impresionan los títulos universitarios, el coeficiente intelectual, la fama, el estatus social, el trabajo que tengamos, nuestra cuantía económica, las posesiones materiales o la belleza física, a Dios no: “Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es,  a fin de que nadie se jacte en su presencia. Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor” (1 Co. 1:26-31).

3) Mientras que el mundo se burla de los que tienen fe, a Él le maravilla: “Entrando Jesús en Capernaum, vino a él un centurión, rogándole, y diciendo: Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado. Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré. Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará. Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe” (Mt. 8:5-10).

4) Mientras las grandes empresas del mundo eligen a lo mejor de lo mejor para trabajar con ellas, Dios:

- Eligió a un muchacho, pastor de ovejas, para ser el rey más grande de Israel.
- Eligió a una humilde judía para ser el depósito de la Encarnación.
- Eligió a meros pescadores y recaudadores de impuestos como sus discípulos.
- Eligió a un asesino (Saulo) para convertirlo en uno sus mayores mensajeros.

5) Mientras el mundo observa con envidia a los millonarios, sus casas, sus coches, sus yates, sus vacaciones, sus mujeres despampanantes a precio de bisturí, sus vestidos y sus joyas, junto a las fiestas que organizan donde asiste la crème de la crème, Jesús llama a su banquete a “los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos” (Lc. 14:13).

6) Mientras muchas iglesias consumen buena parte de sus recursos económicos en comprar nuevos terrenos, en organizar conciertos, en asientos más cómodos, en iluminación de colores, etc, Dios ponía y pone el énfasis en distribuir esas colectas entre los pobres, las viudas y los huérfanos.

7) Mientras millones de personas consideran el éxito personal y el reconocimiento social como el mayor logro que se puede alcanzar, Dios considera que este mundo no era ni es digno de aquellos que, a causa de la fe, “fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados” (He. 11:37-38).

8) Mientras que el mundo se regodea en la grandeza propia, Jesús mismo “siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres” (Fil. 2:6-8).

9) Mientras que en esta era de Amazon, AliExpress y Media Markt se nos llama a comprar para aprovechar las nuevas oportunidades y llenar nuestra vida de objetos, Dios nos dice –por medio de Pablo- que “teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto” (1 Ti. 6:8-11), que aprendamos a contentarnos y sepamos vivir, sea que tengamos abundancia como si somos humildes (cf. Fil. 4:11-12).

10) Mientras que la prensa dedica sus portadas al nacimiento de algún heredero al trono en los países monárquicos (hijo que luego asiste a las mejores universidades del mundo), Jesús, el Rey de Reyes, nació en un pesebre y trabajó de carpintero.

11) Mientras que los deportistas, cantantes, actores y demás miembros de la farándula llegan a los eventos en limusinas, coches de época, deportivos y descapotables, el Rey de Israel entró en Jerusalén sobre un pollino.  

12) Mientras que el hombre suele ser egoísta y no le gusta compartir lo suyo con los demás, Dios es la dadivosidad personificada: de la nada –porque quiso y sin necesidad- creó un universo hermosamente complejo y lleno de variopintas criaturas (cf. Gn. 1). Luego formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente” (Gn. 2:7). Fue algo tan maravilloso que en ese acto sobrenatural creó el mismo ADN del que estamos formados: “Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas” (Sal. 138:16). Nos amó tanto que murió por nosotros en la cruz (cf. Ro. 5:8). Y, por si todo esto fuera poco, en su momento, compartirá su Reino con sus hijos.

Con lo que hemos visto –y podríamos seguir eternamente- es normal que, para el mundo, ¡no haya nadie más estrafalario que Dios y sus seguidores!

¿Quién decide cómo es Dios, Él o nosotros?
A lo largo y ancho de la historia de la humanidad, el hombre ha tratado de decirle a Dios cómo tiene que ser, qué tiene que pensar, qué tiene que sentir, qué tiene que decir y cómo tiene que actuar, como si pudieran moldear a Dios a su gusto.
Job pensó que le demostraría a Dios el error que estaba cometiendo con él (cf. Job 13-33). Los fariseos y saduceos le pidieron una señal del cielo. Jesús les dijo que no, que la señal sería Su resurrección (Mt. 16:1-4); Pedro le dijo que no fuera a la cruz. Jesús se enfureció y le dijo “!!Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres” (Mt. 16:23); Jacobo y Juan querían mandar fuego del cielo a una aldea que no los había recibido. Jesús “los reprendió, diciendo: Vosotros no sabéis de qué espíritu sois; porque el Hijo del Hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas” (Lc. 9:55-56); Herodes le hizo muchas preguntas a Jesús, pero él nada le respondió” (Lc. 23:9). ¡Hasta el diablo le dijo a Jesús lo que tenía que hacer para demostrar Quién era! (cf. Lc. 4:1-13).
Mil ejemplos más podríamos poner. Y esto es algo que sigue pasando en el presente, un día sí y otro también. En esta categoría se pueden encuadrar a los distintos grupos:

1) Uno está formado por los que yo llamo Ateos cristianos liberales. Son aquellos que afirman creer en Dios a su manera, que no han nacido de nuevo, y que niegan algunas o casi todas las doctrinas bíblicas básicas como el pecado original, la divinidad de Cristo, la salvación por gracia, la resurrección de entre los muertos, la segunda venida del Hijo a este mundo, el establecimiento del Reino, el juicio final, etc. Además, suelen afirmar que Dios no considera como pecado la homosexualidad, la unión en yugo desigual, entre otras cuestiones. Esto es algo que defienden personas que se dicen creyentes, pero que en la realidad son ateas. Creen en un “dios” que ellos mismos se han sacado de la chistera, adaptándolo a sus gustos, preferencias e ideas propias. No se consideran malos ni piensan que necesiten ser salvados. Y para rematar, no aceptan bajo ningún concepto la idea del infierno.
Ante esto, la refutación la hizo hace varios siglos C.S. Lewis en su libro “Mero cristianismo”: “Estoy tratando de impedir que alguien diga la tontería que la gente dice a menudo de Él: ´Estoy preparado para aceptar a Jesús como un gran maestro moral, pero no acepto sus afirmaciones de que era Dios`. Eso es algo que no debemos decir. Un hombre que fuera puramente hombre y dijera las cosas que Jesús dijo no sería un gran maestro moral. O sería un lunático —a nivel del hombre que dice que es un huevo hervido— o sería el diablo del infierno. Hay que tomar una decisión: o este hombre era, y es, el Hijo de Dios, o era un loco o algo peor. Lo puedes hacer callar por necio, lo puedes escupir y matarlo como a un demonio, o puedes caer a sus pies y llamarlo Señor y Dios. Pero no salgamos con ningún disparate condescendiente diciendo que era un gran maestro humano. Él no nos dejó esa opción abierta ni era su intención hacerlo”
Por eso Jesús dijo –y dice- a todas estas personas “que si no os volvéis y os hacéis como niños (en el sentido de aceptar el Evangelio), no entraréis en el reino de los cielos” (Mt. 18:3). Es como en la película de la que estamos hablando: los que aceptan, sonríen y ríen de alegría son los niños, hombres y mujeres sencillos de corazón, mientras que el resto abuchea, se queja y pone mala cara.

2) Luego está el grupo de cristianos que sí han nacido de nuevo pero que les suele pasar lo mismo pero de otra manera: se enfocan tanto en una faceta de Dios (unos en “la ira de Dios”, otros en “la santidad de Dios”, en “el amor de Dios”, etc. como si estuviera dividido en cachitos) que no conocen a Dios en su plenitud, solo una parte de Él. Se forman una imagen errónea o distorsionada porque se basan únicamente en algunos aspectos de Su carácter.
Para que entiendas lo que quiero decir, te pondré un ejemplo muy sencillo y gráfico: como todo el mundo, “soy” distintas partes que conforman un solo “yo”. Según el grado de confianza que tenga con la persona que tenga enfrente y, sobre todo, del interés genuino que muestre en mi “yo” y de las preguntas que me haga, le muestro una faceta u otra de mí: la parte profunda, la parte espiritual, la parte friki, la parte cinéfila, la parte bromista, la parte payasete, la parte lectora, la parte deportiva, etc. El que no conoce todas esas partes de mí no puede decir que me conoce de verdad. Lo mismo sucede con Dios. No podemos tomar “esto sí” y “esto no”, porque Él es un todo. Fácil de entender, ¿verdad?

3) Y el último, formado por los religiosos y que tampoco han nacido de nuevo. Son los que creen en el universalismo, en que todos los caminos conducen a Dios, en que Dios es el mismo en todas las religiones solo que los hombres lo ven de maneras distintas, en que Jesús no es el único mediador ante el Padre, en que no existe una única verdad, etc. Por eso no aceptan las palabras de Cristo, quien dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Jn. 14:6).

Todo esto es grotesco. ¡El barro diciéndole al Alfarero cómo tiene que ser!: “Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así?” (Ro. 9:20). Es como si un niño de dos años le dijera a su madre –que es una experta Shef- cómo tiene que hacer las croquetas.

Conclusiones
Si eres un cristiano nacido de nuevo, ¡nosotros somos los raros para el mundo! ¿Y sabes qué? ¡Que menuda alegría serlo! Si crees en el Dios de la Biblia, ¡Él es un Dios estrambótico para el mundo! ¿Y sabes qué? ¡MENUDO DIOS MÁS GRANDE TENEMOS! ¡Menudo Dios tan distinto a lo que muchos tienen en mente!
¡Dejemos a Dios ser Dios! ¡Dejemos de encorsetarlo! ¡Dejemos de ver solo algunas caras de Él! Dios no es como Phineas Taylor Barnum. Aunque tiene en común su predilección por aquellos que margina esta sociedad, es diferente a él porque no vende magia ni fantasía irreal, sino realidad. El circo es este mundo y un día acabará la función. Se acabará el circo de los políticos, de los medios de comunicación, de las redes sociales, de los espectáculos deportivos, etc. Y el verdadero show comenzará, cumpliéndose el anhelo de todos los cristianos cuando el Hijo regrese para disfrutar de sus hijos y nosotros de Él.

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