miércoles, 14 de diciembre de 2016

10.4. Dos características fundamentales entre novi@s y espos@s: Madurez & Reciprocidad.


Venimos de aquí: ¿Qué es lo que buscas en la otra persona como novi@ y espos@? http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2016/10/103-que-es-lo-que-buscas-en-la-otra.html

¿A qué se refería exactamente mi amigo en la extensa lista que citó? ¿Perfección? ¿Santidad absoluta? ¿Y qué de él mismo? ¿Y si busca lo que no tiene ni posee? Abramos el abanico y respondamos a estas preguntas.

No es perfección sino madurez
Más de uno se podría asustar ante el inventario de peticiones que realizó mi amigo y que detallé en el apartado anterior –que te animo a releer antes de proseguir-, e incluso dudar de que exista alguien así. En la siguiente parte (Family man: un noviazgo basado en la sencillez) haré una importante matización personal de estos puntos señalados para que los veas desde otro punto de vista, a mi entender más natural. Hasta entonces, y como conozco la mente y el corazón de quien hizo este registro, aclararé lo que realmente quiso señalar en esos guiones.
Él no habla de perfección o de alguien que no comete errores, sino de madurez. Tampoco se refiere a un ser humano que siempre cumpla esos puntos en todo tiempo, sino que formen parte de la normalidad en su forma de ser, no que sea la excepción en su vida diaria. Por ejemplo, es imposible que una persona sea siempre equilibrada a la hora de hablar y escuchar. En ocasiones hablará más de la cuenta y en otras callará cuando quizá debería haberse pronunciando sobre tal o cual asunto. El mismo Pablo reconoció que no era perfecto (cf. Filipenses 3:12), aunque sí lo fuera ante los ojos de Dios por el sacrificio expiatorio de Cristo.
Otras indicaciones de la lista suelen ser parte de un proceso de aprendizaje dentro de la relación. Todos tenemos áreas inmaduras en nuestra personalidad. La madurez no es un estado continuo al que se llega de una vez y para siempre, sino un estado de crecimiento de por vida en todas las áreas de nuestro ser.
Pongamos dos detalles aparentemente sin importancia: tienes por novi@ a alguien que es sumamente desordenado con su ropa, con el cuidado de su habitación y con el resto de sus posesiones personales: ¿lo descartarás por esto? No, pero tampoco habrá que pasarlo por alto. Tendrá que tratarlo para el caso en que decidáis casaros. ¿O quieres que vuestro hogar sea cada día un zoológico poseído por el síndrome de Diógenes, lleno de cáscaras de plátano en la cocina, calcetines encima del televisor y Objetos Voladores No Identificados haciendo acto de presencia por el salón? Dicho esto, también hay que hablar del extremo opuesto: hombres y mujeres que agotan al más paciente por su lucha incesante de limpieza microscópica y de orden extremo, donde no se puede entrar en la casa sin gafas de sol por el peligro de quedarse ciego de tanto que deslumbran las paredes y los muebles.
Y el segundo: ¿qué harás si tu pareja habla sin apenas respirar durante veinte minutos a la velocidad del rayo –conozco a algunos que son capaces de hacerlo, donde el oyente no puede escapar y se ralentiza el tiempo de tal manera que parece cinco días- y, sin embargo, te interrumpe a los pocos segundos de tomar tú la palabra, y vuelta a empezar? Tendrás también que hablarlo con ella para que ponga de su parte ya que en la vida como cónyuges no será un detalle menor, sino que tendrá una importancia considerable.
Hay muchos ingenuos que estos detalles –embobados que están en el período del enamoramiento- los pasan por alto durante el noviazgo, y cuando llega la hora de la verdad dentro del matrimonio, las discusiones se convierten en una rutina abrumadora que les revuelve las entrañas del alma.
Por lo tanto, la lista no es tanto para buscar alguien impecable, sino pautas generales para identificar a una persona que realmente merezca la pena y que te pueda agradar como ser humano y cristiano, aceptando que no es perfecto y que nunca lo será.

Reciprocidad
Por otro lado, hay que señalar claramente que un hombre o una mujer que pide lo que citamos debe ser capaz de ofrecer lo mismo. No se puede exigir lo que no se da ni anhelar a la persona adecuada cuando nosotros no lo somos: Está bien estar al tanto de la persona correcta, pero dese cuenta de que la única manera de encontrar la persona correcta es ser la persona correcta”[1]. Hay muchos individuos que están con otros por lo bien que sus compañeros sentimentales les hacen sentir, pero no se interesan por el mundo interior de su novi@ ni lo viven como algo suyo.
Estas personas basan su relación en el “yo”, no en el “nosotros”. No hay reciprocidad. Puede que tú seas así y estés errando el enfoque. Por ejemplo, si él se interesa por tus sentimientos, se preocupa por tu estado de ánimo, te pregunta por tus emociones, guarda en su corazón los momentos compartidos y los recuerda, y tú no haces lo mismo, entonces sigues pensando en “yo” y no en “nosotros”. Y si sucede al revés, exactamente igual. Todos sigue girando en torno a uno, no sobre los dos. Es una relación de un único sentido.
Es triste cuando se contempla a parejas donde uno de los dos ofrece mucho pero solo recibe migajas. A pesar de que no está contento con la situación ni le satisface, continúa la relación por el deseo de estar con la otra persona. Eso no es sano ni justo. Esto se suele ver cuando uno de los miembros solo busca íntimamente al otro cuando está pasando por una mala circunstancia o cuando su ánimo está decaído, buscando el calmante que su pareja supone: aliento, consuelo y compañía. Cuando la crisis pasa, vuelve a alejarse emocionalmente y el compañero vuelve a ser un juguete más con el que pasar el tiempo para divertirse.   
Para exponerlo gráficamente y que se entienda lo que quiero decir, pongo un caso propio: puesto que a mí me apasiona escribir, ¿qué pensaría yo si tuviera pareja y ésta no leyera lo que escribo? ¿Si no se interesara por lo que plasmo en esas letras? ¿Si no pensara en las ideas y en los sentimientos que transmito? ¿Si no me compartiera su opinión? ¿Si no me preguntara qué me lleva a pensar de esa manera y no conversara conmigo al respecto? Estaría comprobando con su actitud pasiva que no le interesa lo más mínimo mi mundo interior. Posiblemente estaría a mi lado por algún tipo conveniencia o por lo bien que le hago sentir, pero nada más. Personalmente, y sin duda alguna, no querría a alguien así en mi vida como novia, y mucho menos como esposa.
De igual manera, si a ella le gusta el arte, el cine clásico o practicar algún deporte, y no me interesara por nada de eso, estaríamos en las mismas. No estaría siendo justa con ella ni le estaría mostrando que quiero entrar en lo más profundo de su mundo, ni por lo que siente en esos aspectos que tanto le gustan. Sin reciprocidad, no hay nada. Es como la amistad: si uno quiere pasar tiempo con el otro y éste no hace nada para pasarlo con él, eso no es amistad ni es nada. A esto me refiero cuando hablo de ser la persona adecuada: es algo que depende de las dos, no de una sola. Lo contrario conlleva el fracaso. Y esto es algo que tiene que salir del individuo de manera natural, porque para eso se supone que son pareja: porque aman mutuamente sus valores y la clase de persona que son, y no únicamente por lo bien que se sienten el uno al lado del otro.

¿Encajar siendo iguales o con cualidades diferentes?
Reunir todas o la inmensa mayoría de las características de las que hablamos, no quiere decir que vayáis a encajar como pareja ni que seáis la persona para la vida del otro. El amor tiene algo de misterioso que se escapa a la razón. En otros casos, puedes poseer ciertas cualidades y para algunas mujeres supondrán un notable, incluso un sobresaliente. Sin embargo, para otras, teniendo la mismas características, sólo serás un suficiente, o ni siquiera llegarás al aprobado. Esto no significa que seas menos valioso, sino que para unas mujeres representas lo que ellas buscan y para otras no. Así de sencillo. Y exactamente igual si eres mujer respecto a los hombres. Por eso no te encapriches de los que no tienen interés en ti, ya que no buscan el tipo de cualidades que tú posees. El amor no es algo que pueda forzarse.
Dicho todo esto, no confundas “pareja ideal” (la cual no existe) con “modelo de pareja” (lo humanamente posible y no fruto de fantasías irrealizables). Si buscas que tus ideales se cumplan a rajatabla, y que sea alguien que te llene mental, emocional, espiritual y físicamente en todo momento (una utopía ya que no es Dios), te pasarás toda la vida frustrado buscando una perfección inexistente, y serás de fuente continua de estrés para la otra persona, ya que tratará de complacer a alguien que nunca se sentirá satisfecha por mucho que haga por ti.
Siendo claros: buscar a una persona fiel, íntegra, con sanos valores y que sirva al Señor según los dones que posea, forma parte del “modelo de pareja”. Algo necesario y justo. Pero buscar a un arquitecto que sea rubio de ojos claros, de un físico rotundo, sumamente divertido, jovial e ingenioso, líder en la iglesia local, no es un ideal plausible; es que resulta prácticamente inverosímil. Los que creen encontrar en el Barbie o Ken “cristiano” su felicidad, suelen caer con el tiempo en las mayores desdichas. Como he dicho en más de una ocasión, este tipo de ideas distorsionadas se han infiltrado en la mente de muchos a causa de las novelas y las películas románticas, al presentar a hombres y mujeres irreales. ¿La consecuencia principal en la vida real de perseguir fantasías?: Desilusión, como veremos ampliamente en el capítulo Cuando el problema está en el soltero.  
Conozco un pastor que es extrovertido, risueño, culto y con mucho conocimiento de la Palabra. Sin embargo, su esposa es más bien introvertida, se relaciona con pocas personas, habla en pequeños grupos, dedicándose a amar a su esposo con todo su corazón y a cuidar de sus hijos. ¿Esto la hace menos mujer? ¿No es la persona adecuada para este pastor? ¿Tiene menos virtudes por ello? Al contrario. ¿Por qué? Porque él no necesita otras cualidades en su mujer; le gusta tal y como es, y la ama tal cual. Encajan y son los adecuados el uno para el otro.
Muchas veces no es necesario que la persona que esté a tu lado tenga un Máster en Teología, que haya estudiado en un seminario, que sepa el griego del Nuevo Testamento o que tenga una amplísima cultura general. No digo que no estudie, ya que es algo fundamental para crecer como persona y cristiano. Es más, en mi caso la animaría fervientemente a hacerlo y pondría todo lo que estuviera en mi mano para así fuera, ya que me encantaría hablar con ella de temas bíblicos, puesto que sería una parte fascinante de la relación y sin la cual carecería de profundidad espiritual. Los yo creo y yo pienso no me valdrían si no estuvieran respaldados con argumentos bíblicos.
Lo que vengo a decir con todo esto es que, en la mayoría de las ocasiones, es más que suficiente que tenga una buena relación con Dios, que sus ideas estén claras en lo que concierne a seguirle y vivir según Su Palabra, porque participar de actividades cristianas y ser cristiano no siempre son sinónimos, como bien sabemos.
Quizá, cuando estés mal, más que palabras y sabios consejos, necesitarás que te abrace en silencio mientras piensas en alto delante suya. Habrá momentos donde no será  necesario tanta conversación sobre temas trascendentes. En el día a día, contarán también otros aspectos: el hecho de que mire por ti, que te regale su cariño y apoyo, que su trato personal contigo sea amable, y que te sientas relajado en su presencia. Es otra manera de expresarte el amor de Dios que hay en su corazón y que tiene por y para ti.
Fíjate tanto en los noviazgos como los matrimonios que pueda haber a tu alrededor. En los que fracasan estrepitosamente, te servirá para aprender de sus errores y no cometerlos. Pero en los que triunfan –a pesar de sus luchas como en toda relación humana-, observa cómo son: sus diferencias, cómo se complementan y cómo muchos de ellos no se parecen en ciertos aspectos. Sin embargo, aunque no sean clones, son la “ayuda idónea” del uno para el otro. Esto es solo un ejemplo para que pienses:

-       Qué necesitas en verdad de una pareja.
-       Cuáles son tus verdaderas prioridades.
-       Cuáles son aquellas características imprescindibles y cuáles no lo son en una posible pareja.

Este tipo de cuestiones son las que tienes que analizar. Reflexiona sobre todas ellas. Si a la hora de comprar un coche miras desde la tapicería hasta las ruedas, pasando por el aire acondicionado, terminando por el maletero y el motor, deberías hacer lo mismo a la hora de elegir a un compañero para toda la vida.

Por todo lo que hemos visto, son sumamente desaconsejable personas inmaduras, egocéntricas, que no sean íntegras ni dignas de confianza, emocionalmente inestables, problemáticas, egoístas, con tachas graves en el carácter, con mal humor continuo, narcisistas, soberbias, verbal o físicamente agresivas, histriónicas, dependientes, ariscas, malhabladas, sin control sobre su lengua, con una fe cristiana sujeta con alfileres, etc.
El hecho de que sientas amor en tu corazón no quita que pienses con el cerebro ni que anules tu raciocinio. ¡Busca sabiduría en el Señor!

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10.5. Family man: un noviazgo basado en la sencillez.
http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2017/02/105-family-man-un-noviazgo-basado-en-la.html 
        



[1] Macarthur, John. El dilema del divorcio. Casa Bautista de Publicaciones.