lunes, 29 de enero de 2024

Las cuatro fases de la agenda del diablo: su historia hasta “nuestros días” y su derrota final

 


(Escultura de Baphomet erigida por el Templo de Satán)

Mucho se habla hoy en día de la llamada agenda 2030, a la que se le otorga tintes satánicos. Lo que muchos olvidan, es que esta agenda lleva en marcha más siglos de los que ninguno de nosotros puede conocer, en lo que a fechas concretas se refiere. A grandes rasgos, y en términos bíblicos, aunque haya distintas sub-fases, podemos establecer que está dividida en cuatro genéricas. Eso es lo que vamos a analizar hoy. Asó tendremos una perspectiva concisa, para que incluso el que nunca ha leído la Biblia lo pueda ver con claridad.

Fase 1ª: La rebelión
Siendo un ser creado, un querubín grande, protector, lleno de sabiduría y acabado de hermosura, al que Dios puso en el santo monte por donde se paseaba (cf. Ez. 28:12, 14), en algún momento de la eternidad pasada, decidió rebelarse contra Dios mismo, diciendo en su corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo” (Is. 14:13-14).
Por dicha acción, por enaltecerse a causa de su hermosura, por corromper la sabiduría que le había sido otorgada, por la multitud de sus maldades y pecados, le expulsaron del cielo y fue derribado hasta el Seol (cf. Is. 14:15; Ez 28:15, 17, 18). Fue tal la rebelión que incitó, que arrastró con él a la tercera parte de los ángeles (cf. Ap. 12:4).
Mientras este mentiroso espera su juicio, donde será lanzado al lago de fuego y azufre por toda la eternidad (Ap. 20:10),  al que Jesús describió como “homicida desde el principio” y “padre de mentira” (Jn. 8:44), no gobierna en el infierno como el folclore popular nos ha vendido, sino que anda como león rugiente, buscando a quién devorar (1 P. 5:8) y arrastrar con él a la condenación, acusando incluso a los creyentes día y noche (cf. Ap. 12:10).

Fase 2ª: Provocando la Caída
Es fácil de imaginar cuán frustrado se tuvo que sentir al fracasar su alzamiento contra Dios y lo humillado que quedó en su nueva condición, así que, cuando Él creó a los seres humanos, lanzó su furia contra ellos para romper la comunión perfecta entre el Creador y su creación. Y sucedió lo que todos sabemos: en forma de serpiente, se acercó a Eva y la hizo dudar de la Palabra del Altísimo, al que presentó como mentiroso y egoísta, ya que no quería compartir la divinidad. Tanto Eva, como Adán momentos después, cayeron en la trampa y fueron arrojados fuera. Desde entonces, su labor de “tentador” no ha cambiado ni un ápice hasta nuestros días: “el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero” (Ap. 12:9).
Como una ola arrastrada por un Tsunami, las consecuencias del pecado trajo todo tipo de desgracias sobre la humanidad:

- externas: enfermedades, la propia muerte, desastres de la naturaleza (cf. Ro. 5:12-21; Ro 8:22).
- internas: amargura, enojo, ira, gritería, maledicencia, malicia, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, envidias (Ef. 4:31).
- deseos inmundos: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, herejías, homicidios, borracheras, orgías (Gá. 5:19-21).

Fase 3ª: El intento de impedir la cruz de Jesús
Como explicamos ampliamente en Y el diablo gritó: “¡No lo crucifiquéis!” (http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2017/04/y-el-diablo-grito-no-lo-crucifiqueis.html), él hizo todo lo posible para que Cristo no llegara a la cruz, puesto que conocía el significado de su muerte vicaria y lo que supondría para todos aquellos que aceptaran dicho sacrificio: el perdón de pecados y la vida eterna. Y lo intentó por todos los medios posibles:

- A través de Herodes, quiso matarlo cuando era un niño (Mt. 2:13-18).
- Quiso nombrarlo rey del mundo por sus propios métodos: “Y le llevó el diablo a un alto monte, y le mostró en un momento todos los reinos de la tierra. Y le dijo el diablo: A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque a mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy. Si tú postrado me adorares, todos serán tuyos” (Lc. 4:5-7).
- Quiso que la muchedumbre le proclamara rey tras la multiplicación de los panes y los peces: “Aquellos hombres entonces, viendo la señal que Jesús había hecho, dijeron: Este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo. Pero entendiendo Jesús que iban a venir para apoderarse de él y hacerle rey, volvió a retirarse al monte él solo” (Jn. 6:14-15).
- Quiso evitarle la muerte por medio del “mal consejo” de Pedro: “Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día. Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca. Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: !!Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres” (Mt. 16:21-23).
- Quiso forzar la situación para que “fuerzas sobrenaturales” hicieran acto de aparición y así salvar al Hijo de Dios de ser apresado: “Pero uno de los que estaban con Jesús, extendiendo la mano, sacó su espada, e hiriendo a un siervo del sumo sacerdote, le quitó la oreja. Entonces Jesús le dijo: Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán. ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles?” (Mt. 26:51-53).
- Quiso que, tras la declaración de Jesús ante el Sanedrín de que era el Hijo del Hombre, lo demostrara fuera de lugar y de tiempo: “Entonces le escupieron en el rostro, y le dieron de puñetazos, y otros le abofeteaban, diciendo: Profetízanos, Cristo, quién es el que te golpeó” (Mt. 26:67-68).
- Quiso que Pilato lo liberase, al contrario que la multitud: “Entonces Pilato, convocando a los principales sacerdotes, a los gobernantes, y al pueblo, les dijo: Me habéis presentado a éste como un hombre que perturba al pueblo; pero habiéndole interrogado yo delante de vosotros, no he hallado en este hombre delito alguno de aquellos de que le acusáis. Y ni aun Herodes, porque os remití a él; y he aquí, nada digno de muerte ha hecho este hombre. Le soltaré, pues, después de castigarle. Y tenía necesidad de soltarles uno en cada fiesta. Mas toda la multitud dio voces a una, diciendo: !!Fuera con éste, y suéltanos a Barrabás! Este había sido echado en la cárcel por sedición en la ciudad, y por un homicidio. Les habló otra vez Pilato, queriendo soltar a Jesús; pero ellos volvieron a dar voces, diciendo: !!Crucifícale, crucifícale! Él les dijo por tercera vez: ¿Pues qué mal ha hecho éste? Ningún delito digno de muerte he hallado en él; le castigaré, pues, y le soltaré. Mas ellos instaban a grandes voces, pidiendo que fuese crucificado. Y las voces de ellos y de los principales sacerdotes prevalecieron. Entonces Pilato sentenció que se hiciese lo que ellos pedían; y les soltó a aquel que había sido echado en la cárcel por sedición y homicidio, a quien habían pedido; y entregó a Jesús a la voluntad de ellos” (Lc. 23:13-25).
- Y su último intento, a la desesperada –ya crucificado-, donde jugó la carta que le quedaba: “Entonces crucificaron con él a dos ladrones, uno a la derecha, y otro a la izquierda. Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza, y diciendo: Tú que derribas el templo, y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz. De esta manera también los principales sacerdotes, escarneciéndole con los escribas y los fariseos y los ancianos, decían: A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar; si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en él” (Mt. 27:38-42).

En todas ellas, el diablo fracasó.

Fase 4ª: El hombre inconverso siendo instrumento del diablo
La Biblia es bastante clara sobre las intenciones del diablo: llevar al ser humano a hacer el mal. El mal en sí no hace exclusiva alusión a casos extremos como posesiones, con misas negras o rituales satánicos como algunos pueden imaginar, sino, como de manera escueta, explica el diccionario: “lo contrario al bien”. Por lo tanto, si la voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta (cf. Ro. 12:2), la del diablo es mala, desagradable e imperfecta. Su deseo sigue siendo el mismo que cuando se rebeló: suplantar los designios divinos. Todo hombre y mujer, de carne y hueso, que cree, defiende, practica o promulga cualquier idea, sea la que sea, contraria al “bien” establecido por Dios, está haciendo el “mal” y, por lo tanto, siendo un instrumento del diablo. Y todo ello sin echar espuma por la boca o cualquier otra imagen que tenemos de sus servidores. Son seres humanos normales y corrientes: con sus vidas, sus tristezas y alegrías, sus trabajos, sus estudios, sus sonrisas y todo lo demás. Incluso Pedro, sin saberlo, fue en una ocasión instrumento del propio diablo, puesto que le rogó a Jesús que evitara la cruz. ¿Y qué respuesta recibió?: “¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres” (Mt. 16:23).
¿Cómo sabemos quiénes hacen el mal deseado por el diablo? Extremadamente fácil de dilucidar con varios ejemplos:

- Dios estableció las relaciones sexuales para las personas casadas del sexo opuesto. En consecuencia, todos aquellos que las llevan a cabo antes de o fuera de, o entre personas del mismo sexo, están en el mal.
- Dios estableció el matrimonio y la familia como la unión entre un hombre y una mujer. En consecuencia, cualquier otra forma de familia, está en el mal.
- Dios estableció que el vínculo del matrimonio era irrompible, salvo por causa de defunción o adulterio. En consecuencia, cualquier otra razón dada para la ruptura, es contraria al bien.
- Dios creó al ser humano y le infundió vida desde el mismo momento de la concepción. En consecuencia, todos aquellos que acaban con una vida en cualquier etapa de su gestación o proceso vital, están en el mal.

Estos cuatro puntos –entre otros muchos que podría citar-, están claramente expuestos en Su Palabra: “Dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Gn. 2:24); “¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne? Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre. [...] Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera” (Mt. 19:4-6, 9).
Y vuelvo a repetirlo: no es necesario “practicar” nada de esto para “estar en el mal”. También son parte del mismo aquellos que lo defienden o promulgan.
Como dije al comienzo, seguro que hay más sub-fases –sobre todo, con lo concerniente a la historia de Israel, cuando se alejaban de Dios-, pero estas cuatro son bien claras.

Su método no ha cambiado; solo modernizado y adaptado a los tiempos
Aunque la cuarta fase podamos clasificarla cronológicamente como la última, el mal ha estado presente desde el huerto del Edén. Cualquiera que conozca un mínimo de historia, sabrá que, ni el aborto, ni el infanticidio, ni el travestismo, ni el sexo prematrimonial, ni el adulterio, ni las perversiones sexuales de cualquier tipo, ni las relaciones contra natura, ni las borracheras, ni los homicidios, ni las atrocidades que se cometen en las guerras, ni al ateísmo, ni el paganismo, ni el esoterismo, ni la apostasía, son algo nuevo ni de ahora. ¡Si hasta los incas, los fenicios, los cartagineses, los galos, los celtas y los irlandeses, y muchos más naciones, tribus y culturas, sacrificaban niños a sus dioses, cayendo algunas en el canibalismo! ¡Incluso las mujeres romanas tiraban a sus recién nacidos al río Tíber a plena luz del día![1].
Por lo tanto, intrínsecamente y en el fondo, “nada hay nuevo debajo del sol” (Ec. 1:9). El mal ha sido parte de todas las eras de la humanidad, solo que, hoy en día:

1) Debido a la explosión demográfica, dicho mal se ha extendido por muchos lugares del planeta que estaban inhabitados, haciendo, por ejemplo, que la violencia haya alcanzado niveles dantescos que superan en cantidad –por magnitud y por el número de personas involucradas- a las invasiones bárbaras, vikingas y musulmanas en los llamados “años oscuros” (aproximadamente entre el 476 d. C y el 1000 d. C.), y lo vemos en que, “desde el año 1700 han muerto en conflictos armados unas 100 millones de personas, el 90% durante el siglo XX y un 13% desde 1945 al presente”[2].

2) La oferta de todo tipo de mal se ha multiplicado.
Desde la pornografía accesible para cualquier edad, las aplicaciones para tener relaciones sexuales con desconocidos –como si fueran animales dominados por sus instintos-, pasando por películas, series y programas nauseabundos como La isla de las tentaciones –entre otros muchos-, a redes sociales donde se expone la desnudez desvergonzadamente, la promoción implícita de la pedofilia y de la corrupción de menores por medio de canciones, bailes, fotografías sexualizadas, cómics japoneses y la ideología de género, la lista es interminable, y más que seguirá agrandándose.

3) Y, por último, el mal moral está todavía más institucionalizado desde los gobiernos –y que muchos llaman “Nuevo Orden Mundial”, y ya no se detendrá, puesto que el hombre de pecado hará uso de él cuando aparezca.
Pero no olvidemos que, desde antes del diluvio, se nos explica que “la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Gn. 6:5). Y en Sodoma y Gomorra, el mal –recuerdo: lo opuesto al bien establecido por Dios- era llevado a cabo “desde el más joven hasta el más viejo” (Gn. 19:4). ¡Ni diez personas justas pudieron encontrarse en dichos lugares! Lot vivía en una sociedad perversa (2 P. 2:7-8). El mal viene desde muy lejos.

Conclusión
Por todo lo expuesto, y como dijo Juan hace dos mil años: “el mundo entero está bajo el maligno” (1 Jn. 5:19). De ahí que hablar de agendas, incluso poner fechas, como si fuera algo reciente, cercano o futuro, no tiene sentido histórico ni bíblico. Es más, parece más bien “hacer la cábalá”, que sería como “hacer suposiciones a partir de datos incompletos o indicios”. Estar atento a los tiempos es razonable; ir más allá de eso es peligroso, puesto que lleva a muchos a una especie de obsesión apocalíptica. ¡Y ojo! ¡Que mis ganas de que se produzca la Parusía son abrumadoras! Pero eso no me lleva a vivir ansioso buscando “señales” por todas partes cada día, aunque las haya. Lo que debemos es centrarnos en hacer la obra de Dios en la tierra, en predicar las Buenas Nuevas y “todo el consejo de Dios” (Hch. 20:27), en ser sal y luz ante las tinieblas, y, como nos indicó Jesús: perseverar hasta el fin, se produzca cuando se produzca.


[2] Guerras, Genocidios y Pandemias - Entre las Guerras y Pandemias, cuál es el más devastador por Wilfredo G. Santa, MD (https://es.scribd.com/document/33083977/Guerras-Genocidios-y-Pandemias).

lunes, 22 de enero de 2024

30 monedas (2ª parte): Un bochorno teológico al servicio del diablo & ¿Por qué la humanidad prefiere los cuentos de viejas antes que al Dios de la Biblia?

 


Venimos de aquí: 30 monedas: Los cainitas, el evangelio apócrifo de Judas y los gnósticos (https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2024/01/30-monedas-1-parte-los-cainitas-el.html).

* Antes de empezar, repito lo que dije al comienzo de la primera parte:

- Cuando uso “Dios”, con D mayúscula, me refiero, obviamente, al Dios de la Biblia, el único verdadero. Por el contrario, cuando lo cito en minúscula, “dios”, hago referencia al inventado por los seres humanos.
- De igual manera, cuando escribo “Evangelio”, con la E inicial en mayúscula, hablo de los cuatro evangelios auténticos (Mateo, Marcos, Lucas y Juan), y cuando lo escribo en minúscula, me refiero a los apócrifos (falsos).

Bochorno teológico
La serie “30 monedas” toma muchos de los elementos citados en la primera parte (cainismo y gnosticismo), y los entremezcla con narraciones del folklore popular, paganismo, maldiciones ancestrales, teorías de la conspiración, Illuminatti, reminiscencias lovecraftianas y referencias a diversas sagas cinematográficas.
Mientras que la primera temporada se iniciaba con una premisa muy interesante, desvaría sobremanera en su segunda, hasta convertirse en ridícula. ¡Si hasta sale un OVNI y dos zombis parlanchines, siendo uno de ellos una especie de John Wick! Lo visto es fruto de toda esa amalgama de ideas que rondan por la mente de su director, Alex de la Iglesia, de las que ha bebido desde su juventud, siendo un apasionado del terror, la fantasía, la literatura y el cine en general. Pero, en mi opinión, ha desvariado tanto que ha caído en el mayor de los esperpentos.
También resulta bochornoso esa parte del guion que intenta responsabilizar a Dios del mal en el mundo, como si fuera el causante del mismo, en lugar del hombre. De esto ya hablamos en “¿Qué harías si tú fueras Dios?” (https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2019/01/que-harias-si-tu-fueras-dios.html).
Por su parte, muestra al diablo como una pobre marioneta, al que culpar cuando el mal se manifiesta. Esta aberración teológica se repite en la serie “Lucifer”, que también analizamos en su momento en “Lucifer: ¿simpático, de buen corazón y condenado injustamente?” (http://usatumenteparapensar.blogspot.com/2016/10/1-lucifer-simpatico-de-buen-corazon-y.html).

¿Por qué el Evangelio de Judas es falso y los de Mateo, Marcos, Lucas y Juan son auténticos?
Entre los ateos, los agnósticos, los liberales o falsos cristianos (como los supuestos eruditos del “seminario de Jesús”), está muy extendida la idea de que fueron un grupo de personas los que decidieron, por su propia voluntad, seleccionar qué Evangelios serían los auténticos (Mateo, Marcos, Lucas y Juan) y cuáles rechazarían (Tomás, Felipe, Pedro, María y otros), en función de sus intereses particulares. De esta manera, afirman que el cristianismo, tal y como lo entendemos, es una invención humana, una religión más para controlar a la humanidad, y que no existe un solo cristianismo, sino muchos. El mínimo análisis de dichas palabras no corroboran dichas afirmaciones.
Aunque en el futuro dedicaré una serie de escritos a analizar en profundidad los apócrifos, podemos adelantar que lo único que hicieron los cristianos fue separar la verdad de la mentira, y para ello se basaron en unas premisas muy sencillas, y que son las mismas que cualquier historiador secular lleva a cabo cuando investiga documentos antiguos. Una de ellas, entre muchas más, se basaba en que debían haber sido escritos por aquellos que vivieron en la misma época de Jesús o de los apóstoles, algo que sucedió con los conocidos Evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Así se evitaba que se manipulara, añadiera u omitiera cualquier acontecimiento.
Por eso, Juan comienza su primera carta de esta manera: “Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida (porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó); lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos” (1 Jn. 1:1-3).
De manera muy parecida comienza Lucas su Evangelio: “Puesto que ya muchos han tratado de poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas, tal como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron con sus ojos, y fueron ministros de la palabra” (Lc. 1:2). Los hechos acontecieron delante de todo el mundo, a lo largo y ancho de Israel.
Igualmente, Pedro, en su primer discurso en público, ante toda la ciudad de Jerusalén, dijo: “Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis; a este, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole; al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella” (Hch. 2:22-24). Si hubiera habido engaño, y como seguían vivas los miles de personas que fueron testigos de la vida de Jesús, cualquiera habría denunciado la falsedad. Pero no fue así, sino todo lo contrario: sabían que era verdad, tanto que ese mismo día se convirtieron tres mil personas (cf. Hch. 2:41).
Es muy llamativo, y no es casualidad, que los ateos le concedan credibilidad a los evangelios gnósticos, pero no a los canónicos. Creer en los apócrifos es como aceptar como verídicas las leyendas que se narran en las películas de Indiana Jones. Todos los apócrifos han demostrado ser históricamente fraudulentos por unas causas u otras, en las cuales profundizaré su momento, cuando entre a tratar temas de apologética, aunque ya mostré en la primera parte por qué el de Judas es falso.

A la humanidad le encanta la mentira cuando conduce al libertinaje
¿Por qué le gusta a infinidad de personas la imagen que se ofrece de la divinidad en este tipo de realidades alternativas? ¿Por qué prefieren creer en las novelas de Dan Brown o del infatigable y farsante J.J. Benítez? Sencillísimo de exponer y entender la respuesta: el Dios de la Biblia y el mensaje de salvación transmitido por el Hijo, exige un cambio de vida; lo que comúnmente conocemos como “arrepentimiento”. Se pasa de vivir, pensar y sentir bajo nuestras propias ideas y argumentos, a hacerlo bajo los principios que Dios enseña en Su Palabra. La fornicación, el adulterio, la vida homosexual, la mentira, las borracheras, la idolatría, los celos, las envidias, entre otros aspectos, deben ser desterrados.
Por el contrario, los falsos “evangelios”, los falsos “maestros”, los falsos “pastores”, los falsos “sacerdotes”, los falsos “escritores”, los falsos “creyentes”, distorsionan la verdad para ajustarla al gusto de los seres humanos, y solo piden a los demás la adhesión a lo que ellos predican o, en su defecto, “que cada cual crea lo que quiera”.
De esta manera, las personas pueden “crear” a su propio “dios” –en minúscula- para que se adapte a sus gustos personales. Así pueden seguir viviendo tal y como les plazca, sin que exista algo llamado “pecado”, “conversión”, “cielo” e “infierno”. En definitiva, nada que requiera de arrepentimiento y, mucho menos, de la necesidad de un redentor y Salvador que muere para expiar nuestros pecados. Así, el que se emborracha, puede seguir haciéndolo; el que mantiene relaciones antes del matrimonio, puede seguir haciéndolo; el que engaña a su cónyuge, puede seguir haciéndolo; el que miente, puede seguir haciéndolo; el que quiere rezar a figuras religiosas, santos o ángeles, puede seguir haciéndolo... y así con todo lo imaginable. En definitiva, el que quiere vivir de espaldas a Él y omitir sus claros mandamientos.
Por eso hay millones de personas que prefieren creer en el horóscopo, en el esoterismo, en la videncia, en los amuletos, en las supersticiones, en la reencarnación, en la inexistencia del alma, en la no-consecuencia de los actos propios durante nuestro paso por este mundo. También se quedan con la literatura que ofrece un Jesús menor, meramente humano, dócil, manejable, domesticado, dicharachero, imperfecto, flexible, presentándolo a veces como un maestro moral, y en otras como un gran hombre sabio que alcanzó la iluminación, como el Buda o el Confucio de turno. Incluso se llega a decir que es un extraterrestre que procede de otro planeta. O su “dios” favorito: el que habla únicamente del amor, la libertad y el perdón, pero nunca de la santidad, la justicia y la ira divina, y donde cualquier camino conduce a Dios, como el que trató de regalarnos Netflix con su falso Mesías (“Un peligroso y falso Mesías camina por Netflix”: https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2020/01/un-peligroso-y-falso-mesias-camina-por.html).
Conocí a un chico –hoy en día ya tendrá más de treinta años- que decía ser cristiano. Por razones que exceden a este escrito, no quiso saber nada más del Cristo verdadero. Ya no lo amaba como una vez dijo hacerlo en el pasado. Desde entonces, no pierde la oportunidad en denigrar a todos los creyentes, dedicando buena parte de su tiempo a proclamar a un falso Jesús, despreciando todo aquello que Él dijo sobre QUIÉN era: Dios Encarnado. Individuos así me provocan gran tristeza. Fuera o no cristiano, viene a mi mente este pasaje cuando pienso en este tipo de personas: “Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio” (He. 6:4-6).
Esto mismo les sucede a muchos de los que se “apartan” y que exponen todo tipo de razones para justificarse: tuvieron malas experiencias eclesiales, se lo pasaban mejor con los inconversos, se sentían realizados sin necesidad de Dios, creían que sus vidas iban a ser maravillosas por el hecho de ser cristianos y que los problemas desaparecerían, comenzaron a aceptar las modas de la sociedad que Dios rechaza de plano (aborto, homosexualidad, divorcio por cualquier causa), etc. Al fin y al cabo, nada que Jesús no hubiera anticipado, cuando dijo que estos serían los que tendrían la casa asentada sobre la arena, y no sobre la roca (cf. Mt:7-24-27), más si cabe cuando explicó la parábola del sembrador: “Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino. Y el que fue sembrado en pedregales, este es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo; pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza. El que fue sembrado entre espinos, este es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa” (Mt. 13:19:22). 
¿Es posible que regresen a la fe? Esa pregunta ya la contesté en “¿Puede volver a Dios un “cristiano” que ha negado a Cristo con sus palabras o sus obras?”  (http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2017/05/puede-volver-dios-un-cristiano-que-ha.html).
¿Cuál es el problema de fondo, y que no quieren afrontar, tanto los que creen a los Brown o J.J. Benítez de turno, o los que abandonaron al Dios de la Biblia? Que, como bien enseñó Jesús, si no se arrepienten, todos perecerán igualmente (cf. Lc. 13:3-5) y, como apuntaló Pablo, “no heredarán el reino de Dios” (1 Co. 6:10). Pueden “sentirse” bien consigo mismos, incluso “felices”, considerarse “buenas personas”, llevar a cabo todo tipo de “actos de amor”, ser “amables”, “amigables” y “admirados”, tanto en persona como en redes sociales, alcanzar el “éxito” y el “reconocimiento”. Pero la realidad es que, sin arrepentimiento, sin depositar la confianza en el sacrificio de Jesús en la cruz por los pecados, todo eso no servirá absolutamente de nada.

Conclusión
El anuncio no ha cambiado ni un ápice, y así permanecerá hasta el día en que AQUEL que lo creó todo de la nada, se manifieste de nuevo ante toda la humanidad: “Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras” (1 Co. 15:3-4).
Ese es el mensaje inalterable que debemos seguir proclamando los cristianos, ante “ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 P. 3:15).
Así que menos “30 monedas”, menos “El Código Da Vinci”, menos “Caballo de Troya”, menos “El Mesías de Netflix”, y más anunciar que Cristo es el gran Yo Soy: el camino, la verdad y la vida, y que nadie va al Padre, sino a través de Jesús (cf. Jn 14:6).

lunes, 15 de enero de 2024

30 monedas (1ª parte): Los cainitas, el evangelio apócrifo de Judas y los gnósticos

 

Para que quede claro desde el comienzo, y no haya confusiones sobre un posible error por mi parte:

- Cuando uso “Dios”, con D mayúscula, me refiero, obviamente, al Dios de la Biblia, el único verdadero. Por el contrario, cuando lo cito en minúscula, “dios”, hago referencia al inventado por los seres humanos.
- De igual manera, cuando escribo “Evangelio”, con la E inicial en mayúscula, hablo de los cuatro evangelios auténticos (Mateo, Marcos, Lucas y Juan), y cuando lo escribo en minúscula, me refiero a los apócrifos (falsos).

Los ingredientes “producto televisivo español” y “género de terror”, por separado, ya me producen tal rechazo que suelo evitarlos, pero juntos se multiplica por mil: huyo a toda costa. Y la serie “30 monedas” cumplía ambos requisitos. Pero, tras saltarme incontables veces en YouTube el tráiler de la segunda temporada, y atraerme, decidí ver el primer capítulo y darle una oportunidad. Para que engañar a nadie: me enganchó rápidamente. Salvo alguna actuación sobreactuada –como una anciana que parece La vieja del vicillo, del humorista José Mota-, del resto destaca casi todo, desde sus interpretaciones hasta la producción, destacando por encima de todo lo bien hilvanada que está su premisa. Se nota que el director Alex de la Iglesia ha puesto toda su pasión, aparte que ha tenido los medios necesarios a su alcance para plasmar lo que tenía en mente... excepto el último capítulo de ambas temporadas, que, visto lo visto, exigía un presupuesto hollywoodense, quedándose bastante descafeinados y de serie B, con momentos de verdadera vergüenza ajena.
Aunque luego profundizaremos en ella –ya que, más allá de la ficción, tiene un trasfondo histórico verdadero-, la trama gira en torno a la secta de los cainitas –quienes existieron realmente-, compuesta por sacerdotes, cardenales y obispos, que se han infiltrado en el Vaticano, y andan a la búsqueda de las treinta célebres monedas con las cuales fue recompensado Judas por traicionar a Jesús. Según nos cuentan, ellas tienen poderes místicos, tales que su poseedor se convertirá en el antipapa. Los miembros de esta secta ha vendido su alma al diablo, y están a la espera de hacerse con el control del planeta. El demonio perdió cuando fue desterrado del cielo, y ahora quiere reinar en este mundo, trayendo el caos más absoluto, bajo su dominio.
El antipapa, escoltado por el diablo

Verla o no verla, he ahí la cuestión
Antes de destapar qué se esconde detrás de dicha serie, quiero responder a las objeciones para visualizarla. Hay cristianos que podrán decir que les provoca rechazo la temática, y los puedo entender. En mi opinión, hay tres razones que se pueden presentar como argumento para no ver dicha serie, u otras semejantes, como “Misa de medianoche: Entre la fe y el fanatismo religioso” (https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2021/10/misa-de-medianoche-entre-la-fe-y-el.html):

1) La más lógica: el individuo prefiere ocupar su tiempo libre o de ocio en otros menesteres que le interesan más. Si es así, lo aplaudo.

2) Aunque está envuelta en una trama de fantasía pseudoreligiosa, trata asuntos sobrenaturales y demoníacos, por lo que algunas imágenes pueden resultar perturbadoras, junto a otras donde la sangre hace acto de aparición. A los que no quieran contemplarla por esta razón, o son aprensivos, los comprendo y los respeto por su decisión. En mi caso, es la causa exacta por la cual rehúyo películas de exorcismos o espíritus; no porque me den miedo, sino porque me dejan muy mal cuerpo. Con “30 monedas”, cuando olía que se venía alguna escena desagradable, hacía como los niños: me ponía la mano en la cara, y listo.
Sobre los otros momentos subidos de tono, mi consejo para todo el mundo es que el que llevo años aplicando muchos años: tu mejor aliado es el mando a distancia, concretamente el botón “las dos flechitas a la derecha”, y que sirve, como todo el mundo sabe, para pasar las imágenes hacia adelante. Problema resuelto, y más sencillo, imposible.

3) Otros se niegan a ver este tipo de contenidos alegando que “puede afectar a los débiles en la fe”. Ahí estoy en desacuerdo. La fe no es algo etéreo, algo en lo que se cree sin más y que está vacía de razonamientos, como si ante el más mínimo titubeo las creencias sobre Dios desaparecieran. La fe, la auténtica fe, sobreabunda en pruebas: aunque no vemos cara a cara al Señor en el que hemos creído, la vida de Jesús, sus palabras, acciones, milagros, muerte y resurrección, junto a las evidencias sobre la veracidad de la Biblia, están ahí, disponibles para todo el mundo. Y el que tenga dudas, solo tiene que leer e investigar, en lugar de mirar para otro lado o echarle la culpa de su “débil fe” a las obras elaboradas por ateos o personas del mundo televisivo y cinematográfico. Grandes libros de apologética se han escrito a lo largo de los siglos, para el deleite de toda persona, destacando, entre otros muchos, los de C.S. Lewis, Josh McDowell, Lee Strobell o César Vidal. Además, bien mandó Jesús: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí” (Jn. 5:39).

Este párrafo lo he añadido tras ver la segunda temporada. Aunque cada uno es libre de hacer lo que considere oportuno, personalmente NO recomiendo ver la serie por un motivo en particular: determinadas escenas de la primera tanda de capítulos –que me parecen mucho mejores que su continuación- tenían un pase, no porque no fueran duras –que lo eran-, sino porque eran escasas, pero en la segunda temporada sobrepasa todo límite. Por citar un solo ejemplo, la representación del infierno y de lo que allí sucede –el arquetípico espectáculo, y antibíblico, de los demonios torturando a los humanos condenados-, es grotesco, bizarro, enfermizo, hiriente a toda sensibilidad y de muy mal gusto. Secuencias como esas y otras me obligaron a apartar la mirada en más de una ocasión y en usar el mando para saltarlas.

Dicho todo esto, aclaro que, para lo que vamos a aprender en las siguientes líneas, no es necesario haber visto la serie. Lo interesante no es la ficción que se nos cuenta, sino lo que hay detrás, que parte de las creencias de una secta –los cainitas-, que surgió en los primeros siglos de la cristiandad bajo el amparo de los gnósticos, y donde acabaremos explicando el porqué a la humanidad le gusta este tipo de historias.

Las herejías y los gnósticos
Prácticamente, desde su comienzo, el cristianismo se enfrentó a diversas facciones que predicaban herejías, como el Docetismo y el Adopcionismo, de las que hablé brevemente en el primer capítulo de mi libro “Herejías por doquier” (http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2013/08/normal-0-21-false-false-false-es-x-none_21.html). Y uno de estos grupos heréticos fueron los gnósticos, seguidores del gnosticismo, que viene de la palabra griega gnosis (“conocimiento”, “ciencia”). ¿En qué creían?:

- Para los gnósticos, Jehová, el Dios del Antiguo Testamento, no es el Dios todopoderoso y bueno que los cristianos conocemos, sino el Demiurgo, una divinidad inferior y malvada que creó el universo, siendo menor al que consideran el verdadero dios. Este dios, el de los gnósticos, a causa de su propia perfección, está oculto, no se relaciona con el resto de seres imperfectos y, por lo tanto, es incognoscible (“no se puede conocer”). El Demiurgo solo es un ser más que emanó del verdadero dios, esclavizando el espíritu de los humanos a la materia y a la carne.

- Aseguraban que la materia es inherentemente mala –de ahí que digan que dios no pudo crearla-, mientras que el espíritu es bueno. Por eso consideraban que el cuerpo de Cristo era una mera apariencia (docetismo).
Algunos de ellos propugnaban un estilo de vida asceta, donde se debía castigar el cuerpo para liberar el espíritu. Otros, en el polo opuesto, recalcaban que daba exactamente igual lo que se hiciera con el cuerpo, aunque fuera malo o considerado inmoral –promulgando así el libertinaje-, ya que la salvación dependía únicamente de la parte espiritual del hombre.

- Conforme a este principio, en su falso evangelio, se inventaron que Jesús le agradeció a Judas que lo entregara: así, al morir, podría “liberarse” de su cuerpo, que, recordemos, al ser material, consideraban malvado. De esta manera podría volver al mundo de los espíritus, al reino grande e ilimitado cuya inmensidad no ha visto ninguna generación de ángeles» (nº. 47 del apócrifo).

- Para ellos, Jesús no es Dios ni el Hijo del Padre, sino un poder celestial o semi-dios, que se vistió de hombre sin serlo, enviado del verdadero dios, que vino a destapar las mentiras de Jehová y a mostrar la salvación.

- Consideran que la salvación no es por fruto de la fe en el sacrificio expiatorio de Cristo en la cruz, sino por el conocimiento (gnosis) de las “verdades” anteriormente citadas. En consecuencia, el hombre se puede salvar a sí mismo.

En su intento de corroborar sus dichos, afirmaron que, como privilegiados, habían recibido conocimientos ocultos y superiores al resto, todo ello de parte de individuos que habían tratado directamente con Jesús. Y como Judas había sido uno de ellos, supuestamente, “el favorito”, le atribuyeron la autoría para respaldar sus falsas creencias, que consistían en tomar parte de la fe cristiana y readaptarla a los conceptos del gnosticismo. En el fondo, una nueva forma de sincretismo religioso. Lo que ellos no sabían, o no esperaban, es que sus mentiras saldrían más temprano que tarde a la luz, puesto que ese supuesto evangelio fue rubricado entre uno y dos siglos después de la muerte de Judas, por lo que él no supo nada al respecto, ya que ni siquiera fue su pluma la que lo llevó a cabo. Por lo tanto, es una obra anónima, del que se desconoce el autor exacto.
Todo lo reseñado es pura teología satánica que confrontó Ireneo de Lyon, obispo y mártir fallecido en el año 202: Por lo tanto, que ninguno piense que existe otro Dios Padre distinto de nuestro Creador, como lo imaginan los herejes, que desprecian al Dios verdadero y hacen un ídolo del Dios inexistente, creándose un padre por encima de nuestro Creador y tienen para sí el haber descubierto algo más grande que la verdad. En realidad, todos estos son impíos y blasfeman contra su Creador y Padre como ya hemos demostrado en la Exposición y Refutación de la falsa gnosis. Otros, todavía desprecian la venida del Hijo de Dios y la economía de su encarnación trasmitida por los Apóstoles y vaticinada por los profetas para la restauración de la humanidad, como concisamente hemos demostrado. También a estas personas hay que contarlas entre los incrédulos”[1].

¿Quiénes eran los cainitas? & Los Evangelios apócrifos
Los cainitas eran parte del movimiento de los gnósticos. Como nos cuenta nuevamente Ireneo, los cainitas surgieron en el siglo II en el este del Imperio Romano. Se basaban en el Evangelio apócrifo de Judas, y entre sus fundamentos principales estaba venerar a Judas Iscariote y a Caín, especialmente a este último; de ahí el nombre con el que se identificaban. En general, aunque tenían muy pocos seguidores, rendían culto a todos los que se enfrentaban al Dios del Antiguo Testamento, al que consideraban una divinidad menor y cruel, que había robado la chispa divina a los mortales. Por eso rendían pleitesía a los ya mencionados, y a otros como Esaú o Coré, e incluso a los sodomitas, al considerarlos víctimas de este falso dios. 
Mientras que, realmente, Judas fue un traidor que se suicidó por la terrible culpa que le embargó, y al que Jesús llamó “el hijo de perdición” (Jn. 17:12), el apócrifo lo presenta como el discípulo predilecto de entre los apóstoles, y que conocía al verdadero dios, distinto al de los judíos y mostrado en el Antiguo Testamento. Según el falso evangelio, le llegó a decir a Jesús que sabía realmente quién era él: Yo tengo conocimiento de quién eres tú y de dónde vienes. Tú vienes del inmortal reino de Barbelo”. En los antiguos textos gnósticos, Barbelo era la Divina Madre de todo.
Al saber esta verdad, Jesús le prometió revelarle secretos que nadie más conocía, ni siquiera el resto de apóstoles: “Aléjate de los demás y te diré los misterios del reino”. Mientras que Pablo enseña que la salvación es por gracia (cf. Ef. 2:8-9), ellos, como buenos gnósticos, promulgaban que se lograba por el conocimiento oculto y especial, solo apto para algunos elegidos.
Según estas ideas, fue el Maestro mismo el que le pidió que lo entregase, como parte de su plan, donde no hay ni crucifixión, ni muerte, ni resurrección. En dicho relato falaz, Jesús le dijo a Judas: Tú serás el decimotercero, y serás maldito por generaciones y vendrás para reinar sobre ellos”.
Después de haberme leído en evangelio apócrifo de Judas –es muy breve, aparte de que el original está incompleto-, puedo confirmar lo que todo el mundo afirma de tal escrito: parece que estás leyendo a Nostradamus o cualquier manuscrito New Age, ya que muchas partes son incomprensibles y ambiguas, donde cada uno puede interpretar lo que le venga en gana. Por otro lado, está tan mal narrado que mi sobrina de once años escribe redacciones con mayor sentido. Mientras que para entender al Jesús de la Biblia no hace falta tener estudios de ninguna clase, el apócrifo no lo comprende ni un experto en jeroglíficos. Si un escrito semejante se publicara hoy en día, se diría que el autor estaba bajo el influjo de alguna sustancia alucinógena.
Estos despropósitos, y todos los concernientes al gnosticismo, fueron refutados por Ireneo, en su serie de libros titulados “Contra las Herejías”. Según el obispo, la raíz y las ideas de dicho falso evangelio estuvo en el mago Simón, al que conocemos por los Hechos de los Apóstoles, donde se nos cuenta que quiso comprar con dinero el poder para hacer milagros, siendo duramente reprendido por Pedro. Como ya hemos apuntado, los cainitas inventaron el Evangelio de Judas, en un intento de respaldar sus creencias.

Continuará en 30 monedas (2ª parte): Un bochorno teológico al servicio del diablo & ¿Por qué la humanidad prefiere los cuentos de viejas antes que al Dios de la Biblia?


[1] Demostración de la predicación apostólica. Epideixis 99. https://www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/fkc.htm