lunes, 21 de septiembre de 2015

7.5. Un muro contra la lujuria



Venimos de aquí: La sexualidad del soltero cristiano: Sanidad & Hábitos y concupiscencias. http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2015/09/74-la-sexualidad-del-soltero-cristiano.html

El dominio propio no lo proporciona la edad ni el paso del tiempo. Aunque ambos sean prósperos y felices, ni siquiera un noviazgo o el matrimonio rompen de por sí determinados hábitos y maneras de pensar. Algunos creyeron que sí. Unos tiraron aquel material pornográfico que guardaban y otros solucionaron sus problemas de lujuria dentro del matrimonio. Pero, en otros muchos casos, tarde o temprano, cuando la emoción del sentimiento inicial disminuyó, si no se había solucionado la raíz del problema, la lucha terminó por regresar. Es un error pensar que la lujuria se soluciona simplemente con un anillo en el dedo. Nuestra naturaleza caída y corrompida nos acompañará de por vida. Así que hay que ponerse manos a la obra desde este preciso instante. 

Pasos concretos y prácticos
Nadie cambia de la noche a la mañana. Quizá el primer impulso y la emoción te hagan creer que sí, pero nada está más alejado de la realidad. Por eso tienes que reflexionar y llegar a la sincera conclusión de que realmente quieres cambiar tu forma de pensar, de sentir y de actuar en lo que respecta a tu manera de entender la sexualidad y las debilidades que ella te está acarreando.
La misma definición que dimos sobre la concupiscencia es muy clara: apetito o hábito desordenado. La solución por lo tanto no es una fórmula mágica ni recitar algún rezo místico. Siendo pragmáticos, todo se limita a hacer lo opuesto a lo que se hace: Lo que está desordenado hay que ordenarlo. Y al igual que llevó tiempo desordenarlo, llevará tiempo ordenarlo. Quizá más, porque el pecado es fácil llevarlo a la práctica. Una casa en ruinas no se convertirá en un palacio en una semana, ni siquiera en un mes. Se levantará por medio de la constancia y la perseverancia:

1. El primer paso que hay que dar es innegociable: Presentarse delante de Dios y expresar la situación actual sin cortapisas y sin negar nada, con total sinceridad. El propósito es que Él te ofrezca claridad en tus pensamientos sobre lo que estás haciendo mal y qué tienes que cambiar: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno” (Salmo 139:23-24).

2. El segundo, la práctica en la vida diaria. Sabes tus debilidades y tu manera de pensar. Conoces tus puntos débiles. Los reconoces delante de Dios y de ti mismo, y no arguyes ninguna excusa o justificación. Ninguna. Cuando aparezcan las tentaciones en el ámbito sexual, vas a actuar en consecuencia: vas a “ejecutar” un plan previamente desarrollado y que no dependerá de lo que estés sintiendo en ese momento. Aún con el corazón exaltado, vas a apartarte literalmente de lo que te incita. Vas a reeducarte. Vas a tener unos hábitos nuevos y saludables. Dice Pablo: “Presentasteis vuestros miembros para servir a la inmundicia y a la iniquidad, así ahora para santificación presentad vuestros miembros para servir a la justicia” (Romanos 6:19).

Situaciones reales
Leamos esta historia:

“Me levanto por la mañana. Salgo de mi casa. Hay un socavón en la acera. No lo veo y me caigo en él. Al día siguiente, salgo de mi casa, me olvido de que hay un socavón en la acera, y me vuelvo a caer en él. Al tercer día, salgo de mi casa tratando de acordarme que hay un socavón en la acera. Sin embargo, no lo recuerdo y caigo en él. Al cuarto día, salgo de mi casa tratando de acordarme del socavón en la acera. Lo recuerdo y, a pesar de eso, no veo el pozo y caigo en él. Al quinto día, salgo de mi casa. Recuerdo que tengo que tener presente el socavón en la acera y camino mirando al suelo. Y lo veo y, a pesar de verlo, caigo en él. Al sexto día, salgo de mi casa. Recuerdo el socavón en la acera. Voy buscándolo con la mirada. Lo veo, intento saltarlo, pero caigo en él. Al séptimo día, salgo de mi casa. Veo el socavón. Tomo carrerilla, salto, rozo con la punta de mis pies el borde del otro lado, pero no es suficiente y caigo en él. Al octavo día, salgo de mi casa, veo el socavón, tomo carrerilla, salto, ¡llegué al otro lado! Me siento tan orgulloso de haberlo conseguido que lo celebro dando saltos de alegría... Y al hacerlo, caigo otra vez en el pozo. Al noveno día, salgo de mi casa, veo el socavón, tomo carrerilla, lo salto y sigo mi camino. Al décimo día, justo hoy, me doy cuenta de que es más cómodo caminar... por la acera de enfrente”[1].

¿Qué situaciones se pueden dar en la vida real que te tienten? (aplicables tanto a hombres como a mujeres):

1.     Algún programa de televisión o una película.
2.     Internet.
3.     Una revista.
4.     Una compañera de trabajo que trata de seducirte.
5.     Una amiga de estudios pero inconversa ante la cual te sientes sumamente atraído.
6.     Una desconocida que se acerca a ti en el gimnasio o en la piscina a la acudes diariamente y comienza a interesarte en ti o a coquetear.
7.     Una chica que no deja de mirarte en el bar donde estás viendo un partido de fútbol.
8.     Compañeros inconversos con los que practicas algún deporte y comienzan a narrar sus “hazañas” sexuales de las que quieren hacerte partícipe.

En este tipo de situaciones, tienes que tener las ideas claras de antemano. De lo contrario, te puedes ver envuelto en la sensualidad y en la inmoralidad sin ser prácticamente conciente. Algunas veces tendrás que hacer lo que no supo hacer el rey David: Él se recreó mirando cautivado a Betsabé que se bañaba desnuda. Todos sabemos cómo acabó la historia. Tendría que haber hecho lo mismo que José cuando la mujer de Potifar quiso que se acostara con ella: salir corriendo. Aunque ella siguió insistiendo, él tenía las ideas muy claras. Ya había tomado una determinación. Puede que su propia carne le gritará: “¡Hazlo!”, pero sujetó su cuerpo a su espíritu.
Hay conyunturas concretas que se pueden presentar sin previo aviso y donde lo más sensato es saber previamente cómo reaccionar, en lugar de sentir pavor, poner cara de poker o quedarse bloqueado.
En algunas de las situaciones descritas, tendrás que mostrarte como una persona íntegra, defender tus convicciones y las razones por las cuales no te vas a dejar arrastrar hacia el pecado. Tener en mente las palabras de José nos sirven como modelo a seguir: “Y él no quiso, y dijo a la mujer de su amo: He aquí que mi señor no se preocupa conmigo de lo que hay en casa, y ha puesto en mi mano todo lo que tiene. No hay otro mayor que yo en esta casa, y ninguna cosa me ha reservado sino a ti, por cuanto tú eres su mujer; ¿cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios? (Génesis 39:8-9). Situaciones comprometidas pueden ser un momento extraordinario para compartir tu fe si nunca pierdes de vista en quien has creído. Y hablo por experiencia.
En otros de los ejemplos citados, lo mejor será “quitarse del medio”. También es sabio preveer con antelación qué lugares pueden ser peligrosos para así directamente evitarlos. Por citar un caso: un grupo de chic@s cristian@s están de más en determinados pubs nocturnos, donde l@s chic@s solter@s inconvers@s van a ligar si surge la ocasión. Hay muchos otros lugares donde se puede tomar un refresco, cenar tranquilamente o disfrutar de alguna diversión sana sin ponerse una diana en la espalda.

El método radical de Jesús
Jesús fue bastante claro: “Si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno. Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno” (Mateo 5:29-30).
Él fue muy tajante. Si tu ojo o tu mano te es ocasión de pecar, quítalos de ti. Estaba hablando de la seriedad del pecado y de las consecuencias del infierno. Pero en la Biblia no se nos cuenta que entre los cristianos fuera una práctica habitual la automutilación. No había reuniones los viernes por la noche donde después de la vigilia se reunían y comenzaban a sacarse los ojos y a cortarse las manos. Igual que explicamos el problema que le acarreó a Orígenes el malentendido del pasaje de los eunucos, podría ocurrirnos con este. ¿Estaba el Señor diciendo que tomáramos un cuchillo con la punta ardiendo y cortáramos de nuestro cuerpo aquellos miembros que nos incitaran a pecar? A todos los cristianos de todas las épocas, el cuerpo le es motivo de tentación y pecado, así que imagínemos qué carnicería. Seríamos todos una cabeza andante sin ojos, brazos ni piernas. Ni siquiera eso. Nos pasaría como al protagonista de cierta película, que tenía un ojo de cristal y decía que ese era el bueno...
Para que lo veas de manera sencilla: ¿Qué le ocurre a un albañil cuando le entra un pequeño grano de cemento en el ojo? Si no lo saca, el ojo se infectará. Al principio será una simple molestia e incomodidad. Si no se cura, llegará al extremo de perder la visión parcial o completamente. El pecado es como poner cerilla en un árbol. Se quemará una ramita. Luego el tronco. Y finalmente el árbol entero.
Jesús estaba enseñando realmente: quita de tu vida todo aquello que te hace pecar y todo que sea motivo de caída. Incluso aparta muy lejos de ti todo aquello que te hace sentir tentado: “No podrá evitar el pecado quien en vez de huir cuando comienza a experimentar la tentación, decide involucrarse repetidamente en las situaciones o con las personas que lo están motivando a actuar pecaminosamente”[2]. En esto sí que hay que ser radical. Mejor pasarse a veces que quedarse corto. Sergio Scataglini nos narra las experiencias de su ministerio: “En muchas de las conferencias donde predico, ponemos físicamente un basurero espiritual, y yo invito a las personas a purificar su hogar y su vida, trayendo las cosas que ofenden a Dios para echarlas en él. Hemos llegado a llenar varios barriles con basura espiritual en esas conferencias. La gente lleva videos impíos, cds demoniacos, drogas, pornografía, joyas procedentes de relaciones ilícitas, y muchas cosas más. La lista es interminable”[3]. De ahí su exhortación: “Quita toda la basura que pueda haber en tu vida. Comienza a controlar y a dominar todo lo que entra por tu ojo. Tira aquellas revistas que son inmorales. Tira aquellos libros que atentan contra la santidad de Dios. Tira toda la música que te incita al mal. Cuida todo lo que ves en la televisión. Cuida todo lo que ves en Internet. Cuida tus conversaciones y lo que escuchas. Cuida lo que lees. Y quita de tu vida todo aquello que no produce paz para tu alma”[4]. Como dijo Pablo: “Velad debidamente” (1 Corintios 15:34).

Desterrar la impiedad
Somos llamados a desterrar en toda su dimensión aquello que nos tienta y está en potencia de hacernos caer.
Quizá no le des ninguna importancia a lo que entra por tus sentidos, como la vista o el oído. Ni siquiera crees que esto puede afectarte, pero es un error gravísimo. La mente es una masa que todo lo absorbe: lo que lees, lo que ves en la televisión y la música que oyes, cuando está fuera del orden de Dios establecido en Su Palabra, modelan tus pensamientos, tu manera de hablar y de sentir, haciéndote dudar de tu estilo de vida cristiano. Provocan que desees vivir como la sociedad caída dictamina en sus pasiones, apelando en muchas ocasiones a los más bajos instintos. La filosofía mundana, sin duda alguna, hace todo lo posible para robarte la santidad y alejarte de Dios: “La Biblia nos habla de ojos físicos y ojos espirtuales. Ambas visiones producen alteraciones que afectan positiva o negativamente a nuestra vida. Lo que vemos fisicamente influye en nuestro interior y la visión interna afectará la orientación de los ojos naturales. El uso que hacemos de nuestros ojos físicos y espirituales llenará todo nuestro ser de luz o tinieblas”[5].
Si el médico nos ha prohibido comer carne, ¿por qué habremos de entrar a comer en un asador? La solución no es reprimirse después. Eso es enfermizo y dañino para la salud mental. La solución debe venir antes. No puedes decir: “Esta es la última vez que miro” o “es la última vez que lo hago”. No, por la sencilla razón que cita una y otra vez en las Escrituras: “Los ojos del hombre nunca están satisfechos” (Proverbios 27:20), y “nunca se sacia el ojo de ver” (Eclesiastés 1:8). Aquí el término clave es  “nunca”. Como dijo Job, tendrás que hacer un pacto con tus ojos, cuyo enfoque dependerá de lo que haya en tu corazón: “Hice pacto con mis ojos; ¿cómo, pues, había yo de mirar a una virgen?” (Job 31:1).

* En el siguiente enlace está el índice:
* La comunidad en facebook:
* Prosigue en:
7.6. La sexualidad del soltero cristiano: La transformación & Libres de la esclavitud. 
http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2015/10/la-transformacion-libres-de-la.html


[1] Cuento inspirado en un poema tibetano reescrito por Jorge Bucay en Cuentos para pensar.
[2] Hormachea, David. El adulterio: ¿Qué hago? Nelson. Pág. 51.
[3] Scataglini, Sergio. El fuego de su santidad. Creación.  
[4] Ibid.
[5] Zaballos. Virgilio. Conceptos errados. Logos.

jueves, 10 de septiembre de 2015

7.4. La sexualidad del soltero cristiano: Sanidad & Hábitos y concupiscencias



Venimos de aquí: Origen y desarrollo del deseo sexual & Lujuria y pornografía http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2015/08/origen-y-desarrollo-del-deseo-sexual.html

De manera sumamente realista, comprobamos el problema que se le presenta al ser humano si el descubrimiento de la sexualidad no se enfoca correctamente, sumado a la lujuria y a las distintas ofertas que ofrece la sociedad (como es la pornografía), que saca a relucir lo peor de hombres y mujeres, y las diversas heridas emocionales que todo esto puede ocultar.

La sanidad
Todos aquellos que son adictos a algún tipo de pornografía de las que vimos, deben ir a la raíz del dolor: ¿Qué se esconde debajo del caparazón externo? ¿Cuáles son los verdaderos deseos del corazón? ¿Qué motivó las heridas (soledad, aislamiento, rechazo, inseguridades, falta de estima propia, codependencia, aburrimiento, egoísmo, necesidades emocionales no satisfechas, etc.)? Responder a estas preguntas será el primer paso para sanar el corazón. Como dice Shannon Ethridge, pregúntate “quienes son los rostros que están en nuestras fantasías, qué papeles desempeñan, qué papeles desempeñamos nosotros, qué emociones principales suscitan esas fantasías, y por qué, qué acontecimiento en nuestra historia creó la necesidad de experimentar tal emoción, cómo medica esa fantasía el dolor emocional de nuestro pasado o nuestro presente [...] qué tipos de imágenes encienden tu fuego lo quieras o no, cuándo sientes la necesidad/deseo de estimularte sexualmente, cuáles son algunas de las imágenes mentales en las que sabes que siempre puedes confiar para lograr esa meta”[1].  
Mientras que estas heridas no sean sanadas, estas personas seguirán sintiéndose atraídos por diversas adicciones y serán esclavos de ellas, cuando Cristo nos llamó a todos “a la libertad gloriosa de los hijos de Dios” (Romanos 8:21).
Por todo lo que hemos visto, podemos distinguir y diferenciar perfectamente el motivo por el cual el placer solitario se hacía presente en la adolescencia (descubrimiento y exploración) y cuáles las causas en la vida adulta (deseos físicos, emocionales y sentimentales no satisfechos o evasión de la realidad ante los problemas, que pueden conducir a la lujuria y a las pasiones más bajas).

¿Qué pueden hacer los solteros cristianos?
El problema para los solteros cristianos es qué hacer con esa sensualidad, con ese aspecto sensorial y con esos deseos que habitan en ellos. Tienen que ponerle remedio o se verán envueltos en la lujuria, en mayor o en menos medida, de una manera u otra. La solución no es la que llevó a cabo erróneamente Orígenes (teólogo, maestro y célebre escritor cristiano del s. II y III). Malentendiendo las palabras de Jesús sobre hacerse eunuco, se cortó lo que no debería haber cortado jamás. Seguro que entiendes a qué me estoy refiriendo... Tiempo después comprendió que era un error; pero claro, ya era demasiado tarde...
Seamos brutalmente honestos: el cristiano debe aceptar que la sexualidad está reservada para el matrimonio, ni antes ni fuera de él. Aquí no hay medias tintas. Mientras tanto, se llegue a cambiar o no de estado civil, únicamente quedan dos alternativas:

1. Controlar ese deseo: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” (2 Timoteo 1:7).
Como nuevamente muestra Shannon Ethridge: “Somos seres sexuales. Desde la cuna hasta la tumba. Sencillamente no podemos escapar a esta realidad. Sin embargo, algunas personas lo siguen intentado, y otras podrían incluso tener éxito hasta cierto grado. [...] Pero solamente porque no deberíamos o no podemos apagar por completo nuestros pensamientos sexuales no significa que tengamos derecho a dejarlos encendidos a toda velocidad, ´expresarlos` según nuestro capricho y llevar a otros a relaciones sexuales disfuncionales con nosotros. La Biblia dice claramente que el acto de intimidad sexual fue diseñado estrictamente para el lecho matrimonial. Si no estamos casados, seguimos siendo seres sexuales, sencillamente no somos sexualmente activos. Al menos así es como debe funcionar segun el plan perfecto de Dios. Por tanto, una alternativa a la represión sexual para las personas solteras es la sublimación, definida como ´el desvio de la energía de un impulso sexual u otro impulso biológico de su meta inmediata a otra de naturaleza o uso social, moral o estético más aceptable”. En otras palabras, canalizar esa misma energía hacia la pintura, la escritura, la danza, la canción u otro pasatiempo o plan más saludable. Algunas de las mayores obras de arte, libros y canciones han nacido sencillamente porque quien las originó estaba subliminando sus pasiones sexuales en lugar de expresarlas”.
En el capítulo titulado ¡Vive!, trataremos exténsamente cómo enfocar nuestras vidas en otras áreas sanas y disfrutables.

2.  Llenar nuestra vida de Dios y de algunos amigos íntimos para satisfacer las necesidad emocionales y espirituales que tenemos de comunión con nuestro Creador y nuestros semejantes, como vimos en los capítulos que le dedicamos al respecto:

* Los solteros se preguntan: ¿Dónde están los amigos? Un problema de peso:
* Una amistad verdadera:
* La soledad y Dios:

Esos tres apartados son fundamentales. Si quieres sanidad y una nueva vida, no los pases por alto. Mientras tanto, todo seguirá igual. ¡De ti depende!

Los hábitos y la concupiscencia
Cuando un pensamiento o una acción se repiten con asiduidad, se convierte en un hábito. Existen hábitos saludables, como el de lavarse los dientes después de cada comida. Como dice John MacArthur: “Los hábitos son maneras de vivir adquiridos. Se forma un hábito cuando se hace una cosa repetidamente hasta que llega ser un patrón. Los hábitos pueden ser acciones, actitudes o modos de pensar que se han arraigado hasta llegar a ser una segunda naturaleza en nosotros. Hebreos 5:14, por ejemplo, habla de personas ´que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal` y 2 Pedro 2:14 dice que los falsos maestros ´tienen el corazón habituado a la codicia”.
Por eso, un mal hábito que va en contra de los mandamientos de Dios se convierte en pecado. Y en el tema de la sexualidad que estamos tratando exactamente igual. La lujuria es un “vicio consistente en el uso ilícito o en el apetito desordenado de los deleites carnales”. De por sí, el apetito no es malo como hemos dejado bien claro. Lo que traza la línea entre el bien y el mal es el uso que demos a esos apetitos. Y cuando alguien se deja arrastrar profanamente por ellos, cae en malos hábitos, independientemente de que esté casado o soltero.
Para ese hábito desordenado la Biblia usa el término concupiscencia. Palabra extraña. Nunca la he escuchado en ninguna película ni leído en ningún periódico. Nunca nadie ha insultado a otro diciéndole: “¡Eres un concupiscente!”. Sin embargo, la usan Pablo, Pedro y Santiago. Me voy a centrar en este último porque le concede mucha importancia. Él dice: “Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte” (Santiago 1:13-15).
Algunos culpan de sus prácticas pecaminosas al diablo y lo reprenden una y otra vez, semana tras semana, hasta el punto de llevar a cabo auténticos rituales surrealistas, una versión casi cómica de la película El exorcista. Únicamente les falta el agua bendita y un sacerdote invocando a todos los santos y vírgenes del folclore popular. Sin necesidad de parafernalias, Jesús identificó de dónde provienen estos deseos: “Del corazón” (Mateo 15:19).
El hecho de que sientas un deseo sexual no es sinónimo de pecar. Siempre y cuando no te dejes llevar por esos deseos, el pecado no existe. El pecado sólo es pecado cuando se consuma la tentación, fruto de la propia debilidad. La misma palabra concupiscencia nos lo aclara: Viene del griego epithumia, y denota un intenso deseo de cualquier tipo. Son los frutos prohibidos y codiciados por el alma. El deseo en sí no tiene que ser malo. Ahora bien, cuando Santiago se refiere a las concupiscencias está haciendo alusión a “los apetitos o hábitos desordenados del alma”.
En general, vienen a ser aquellas debilidades morales que, por causa de la naturaleza caída y la práctica del pecado, antes o después de la conversión, se han convertido en puntos débiles. Te pondré un ejemplo para que lo entiendas. Veamos esta historia:

“Supongamos que tu mejor amigo tiene un problema. Es cleptómano. Ya lo han sorprendido dos veces y registrado una. Hoy estás de tiendas con él y de momento notas que está sudando. Él te admite avergonzado que cada momento siente una gran tentación de robar. Admite que cada segundo libra una desesperada batalla por no robar todo lo que tiene a la vista. Y si no sale de allí, va a tener un problema terrible. ¿Qué sucedió? Ambos mirasteis las mismas cosas. Nada te tentó a ti y todo lo tentó a él.
Pero después todo cambia. Tres semanas más tarde ambos estáis juntos en una conferencia de negocios al otro lado del país. Esa noche, en tu habitación, eres tu quien suda. Te prometiste a ti mismo que no volverías a ver esas películas pornográficas otra vez. Pero no puedes irte a dormir. Son las dos de la madrugada y no te han hecho efecto ni una ducha fría ni las píldoras para dormir. Tu amigo cleptómano está en la habitación de al lado profundamente dormido y no le echó ni una mirada al televisor; y ahí estás tú, acercando la mano poquito a poco al mando del televisor. Todavía no has cedido, pero la tentación es enorme”[2].

Quizá crees que no puedes evitarlo. Puede que hayas llegado a un extremo en el que has llenado tu mente de argumentos racionales para justificarte: “No lo puedo resistir”, “No es para tanto”, “¿Qué importancia tiene?”, “Todo el mundo lo hace”, “¿Qué malo tiene ver algo que me hace sentir placer?”, etc. Pero Dios enseña justo lo opuesto, como le dijo a Caín: “El pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él” (Génesis 4:7). Sí, el pecado puede estar delante de ti, pero puedes sujetarlo y no someterte a él. La afirmación es contundente: Tú te enseñorearás de él, y no al revés.
Destierra de tu lenguaje ese tipo de expresiones y aprópiate de lo que enseña la Palabra: “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar” (1 Corintios 10:13).

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7.5. La sexualidad del soltero cristiano: Un muro contra la lujuria:
http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2015/09/75-un-muro-contra-la-lujuria.html 


[1] Ethridge, Shannon. La falacia de grey. Nelson.
[2] Wilkinson, Bruce.  La verdad acerca de la tentación. Unilit.