lunes, 29 de abril de 2019

1. Morir joven, a los 140 años

Portadas de la revista “Time” que analizan las investigaciones que se están llevando a cabo por multinacionales y farmacéuticas para lograr la “inmortalidad”, señalando algunos la fecha de 2045 como el año en que será posible.

Estamos en un intervalo entre la última generación humana mortal y la primera generación humana inmortal. Yo no pienso morir. Así de sencillo. No está entre mis planes. En los próximos 20 a 30 años vamos a curar todas las enfermedades, y subrayo: todas las enfermedades. [...] Los médicos van a quedar desempleados. [...] A mí me gusta decir que vamos a ver la muerte de la muerte.

Estas no son palabras mías tras haber sufrido una intoxicación alimentaria ni el comienzo de una novela de Arthur C. Clarke. Tampoco forman parte de la biografía no-autorizada de Matusalén ni de las memorias del Conde Drácula o del cuasi inmortal Jordi Hurtado. Salen de la boca de José Luis Cordeiro, alguien al que últimamente tenemos hasta en la sopa, y que se presenta como profesor de la Singularity University e Ingeniero del MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts creado en 2009 por la NASA y financiado por Google) pero cuyas credenciales son más que dudosas y es considerado por algunos como un mero charlatán. Lo que nos interesa no es quién es realmente, sino las afirmaciones que lleva a cabo puesto que trazan una línea de investigación que está siendo llevada a cabo por numerosos científicos y empresas de todo el mundo. Aunque discrepan en los detalles, a grandes rasgos tienen ideas comunes.
Dado que resulta muy interesante el tema, que tanto filósofos como teólogos ya están debatiendo al respecto, y ante los argumentos de peso que se presentaron en el programa de La sexta columna –titulado “2045: la muerte de la muerte”[1]-, merece la pena analizar las ideas que plantea y el supuesto futuro que está relativamente cerca de abrirse ante los ojos del ser humano: ¿qué y cuánto hay de verdad en el enunciado del célebre Ingeniero? ¿Qué perspectiva podemos tomar basándonos en nuestra fe cristiana?

¿Ideas locas o realidad?
Tras escuchar a José Luis, podemos pensar que es el clásico “profeta” de turno al que le gusta llamar la atención y jugar a la ciencia ficción para lucrarse económicamente. Pero cuando vemos que buena parte de la comunidad científica (médicos, biólogos, genetistas, científicos, ingenieros moleculares, etc.) comparten la esencia del mensaje, y que empresas como Google, Facebook y Microsoft están invirtiendo miles de millones de dólares en la investigación de estas áreas, entonces hay que tomárselo en serio y no despreciar a la ciencia como hacen algunos. Sería de necios mirar para otro lado y no meditar al respecto. Por si te sientes inquieto ante las siguientes revelaciones, y antes de llegar a las reflexiones finales, te adelanto para tu tranquilidad que, como bien veremos, el mensaje eterno de Cristo no varía ni un ápice. Pero antes de llegar ahí, escuchemos a los científicos.
En el año 1990 se comenzó el llamado “Proyecto Genoma”, que consistía en secuenciar el ADN del ser humano. Dicho programa fue concluido en 2003, siendo todo un hito para la ciencia. Sin entrar en muchos detalles para no perdernos en términos extraños, “el ADN es el ácido desoxirribonucleico responsable de contener toda la información genética de un individuo o ser vivo, información que es única e irrepetible en cada ser ya que la combinación de elementos se construye de manera única. Este ácido contiene, además, los datos genéticos que serán hereditarios, o sea que se transmitirán de una persona a otra, de generación en generación, por lo cual su análisis y comprensión resulta ser de gran importancia para realizar cualquier tipo de investigación científica o aventurar una hipótesis que verse sobre la identidad o sobre las características de un individuo”[2]. ¿Qué significa esto?: Que nuestros genes contienen la información de todos nuestros aspectos, desde el color de ojos hasta la constitución física en su totalidad, como la tendencia a desarrollar en el futuro una u otra enfermedad.
Los estudios que se están realizando consisten en averiguar qué funciones realizan exactamente cada uno de estos genes. A medida que sepamos cuáles son defectuosos y qué efectos provocan, por ejemplo, un tumor, enfermedades cardiovasculares y mentales, etc., se podrán “reparar” o “sustituir” por genes sanos. Visto así, es apasionante. ¿Quién no querría que le detectaran en un simple análisis que va a tener una dolencia severa por unos genes en mal estado y que le pudieran tratar con medicina preventiva antes de que ocurriera? ¿Quién no querría que le curasen?
Si las personas morían hace un siglo por simples infecciones o por enfermedades que en el presente son fácilmente tratables, lo mismo seguirá sucediendo con otros padecimientos que a día de hoy no tienen cura. Unos científicos dicen que se podrá curar todo, y otros que no, pero sí que se mejorarán considerablemente los tratamientos, y que, enfermedades que son mortales a día de hoy, se convertirán en crónicas, donde el afectado podrá hacer vida normal. En definitiva, sea una cosa u otra, sea más pronto que tarde, todos concuerdan en los aspectos básicos.

¿Detener el envejecimiento?
La edad media en 1900 era de 31 años. Incluyendo al que escribe, muchos de los que están leyendo estas líneas ya no estarían por este mundo. En la segunda década del siglo XXI, la media de vida se sitúa en 80 años para los hombres y 85 para las mujeres. Es muy llamativo que, en poco más de un siglo, se ha doblado la esperanza de vida: “A lo largo de los últimos 200 años, la esperanza de vida se ha elevado a un ritmo constante de más de dos años por década, así que nos encaminamos irremediablemente a una sociedad en la que muchos millones de personas van a vivir mucho más tiempo. [...] Un niño que nazca hoy mismo en un país de Occidente tiene más del 50% de posibilidades de vivir más allá de los 105 años. Hace un siglo, sólo un niño de cada 100 podría conseguirlo. Si usted tiene ahora 20 años, tiene un 50% de opciones de vivir más de 100, y al menos la mitad de los ciudadanos que hoy tienen 40 llegará a los 95”[3].
¿En qué trabajan actualmente los científicos respecto a la edad biológica? Ni más ni menos que en detener el envejecimiento. Y no solo aplazarlo, sino revertirlo. Suena desconcertante, pero actualmente se está investigando a fondo por cientos de científicos en multitud de proyectos. Aubrey de Grey, gerontólogo médico en Cambridge, director del centro SENS en California y fundador de la Fundación Matusalén, afirma que “podremos parar el envejecimiento con una sola inyección”[4].
La española María A. Blasco –biologa molecular, directora de CNIO (Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas) y autora del libro cuyo título encabeza este artículo-, explica que ya lo han logrado en ratones. Estos viven mucho más que el resto de su especie: el equivalente a 120 años humanos. La clave está nuevamente en el ADN, en el extremo de los cromosomas, llamados telómeros. Los telómeros se van acortando conforme envejecemos y son los causantes del proceso de envejecimiento y, en última instancia, de la muerte. En los ratones lo que han hecho es mantener estos telómeros largos durante más tiempo, logrando así que sean más jóvenes durante más tiempo y, en consecuencia, que vivan más. No es que sean ratones viejos que se mantienen viejos durante más tiempo (algo indeseable), sino que son jóvenes durante más tiempo, valga la redundancia. Además, tienen menos enfermedades, puesto que muchas de éstas están asociadas a la vejez.
El siguiente paso de la investigación es lograr los mismos resultados en seres humanos. Las consecuencias serían relevantes:

- Una vida donde primase en todas sus etapas el vigor físico e intelectual. A esto, el profesor Robert Pogue Harrison lo llama Juvenescencia, lo cual no significa que seremos viejos más tiempo, sino jóvenes durante más años. En ese sentido, la comunidad científica considera el envejecimiento como una enfermedad curable.
- Puesto que el germen de los infartos y de muchas enfermedades como el Alzhemer, el Parkinson o el cáncer es el proceso molecular de envejecimiento, si pudiéramos mantenernos jóvenes, la incidencia de estas enfermedades entre la población sería muy baja.
Aparte de los telómeros, el otro frente abierto de par en par se sitúa en las conocidas como “medusas Hidra[5], y sobre la cual los laboratorios están dedicando millones en investigarla. Es un organismo que tiene una longitud de 1 mm a 20 mm, y que es capaz de envejecer y rejuvenecer ilimitadas veces. La tesis es sencilla: si hay seres vivos en la naturaleza que no envejecen, solo es cuestión de tiempo que seamos capaces de entender cómo lo hacen y aplicarnos el cuento.

¿Posible o imposible?
Ante todo esto, y coincidiendo con la fecha de 2045 que apuntaba en su libro la bióloga molecular María A. Blasco, el mismo José Luis Cordeiro espera por entonces estar en tratamientos de rejuvenecimiento donde sus células puedan volver a ser jóvenes.
El célebre escritor Isaac Asimov (1920-1992), fue también Doctor en ciencias por la Universidad de Colombia, profesor de bioquímica y doctor en filosofía. Aparte de promulgar las conocidas tres leyes de la robótica, destacó por ser un futurista. En sus novelas Las bóvedas de acero (1953), El sol desnudo (1957), Los robots del Amanecer (1983), Robots e Imperio (1985), y toda la saga Fundación, vemos que los espaciales (seres humanos que emigraron a otros planetas y los colonizaron) tienen un promedio de vida de 300 años, precisamente porque han dominado las técnicas genéticas de las que estamos hablando a lo largo de estas líneas y que son reales. Él mismo escribió al respecto en 1986 en su libro científico El código genético.
Incluso científicos cristianos hablan de que puede llegar a ser perfectamente posible. En este caso, John Wyatt, presidente del grupo de Estudios Éticos de la Asociación Médica Cristiana del Reino Unido, profesor de pediatría neonatal y neonatólogo consultante en University College de Londres: “Es interesante que la muerte no sea una necesidad biológica. Cada célula viva y el organismo están equipados con la maquinaria necesaria para sanarse y renovarse de modo que la vida continúe indefinidamente. Aunque parece sorprendente, la vida eterna no es una imposibilidad biológica. En un sentido, aunque las celulas individuales están destinadas a morir, los organismos parecen estar diseñados para vivir para siempre. El proceso del envejecimiento involucra mecanismos biológicos activos que entendemos poco, que impiden que el proceso de repararse y renovarse funcione, que lleva al fin al decaimiento biológico y la muerte. Quizá este sea una contra parte física de la verdad bíblica que por medio de la maldad humana la creación está sujeta a ´la corrupción que la esclaviza` (Ro. 8:21)”[6].

Conclusión
Con lo que hemos analizado, tengamos muy presente que no son ideas descabelladas. Es algo en lo que esto coinciden todos los científicos. Varían en qué grado se podrá materializar y en el cuándo: “Los más optimistas opinan que la primera persona en prolongar su vida indefinidamente está ya viva. Otros más pesimistas opinan que el tema puede tardar unos dos siglos. Que no se consiga nunca... eso no lo opina nadie que tenga conocimientos de biología molecular”[7].
Ya hemos visto lo que se vaticina para las próximas décadas. Quizá nosotros no lleguemos a verlo con nuestros propios ojos pero sí las generaciones más jóvenes.
Como en 2045 –que es la fecha que se cita en el título del programa-, no sé si seguiré por este barrio, si la sociedad estará en pie tal y como la conocemos, o si se habrá producido la Parusía o no, aprovecharé que todavía me funciona relativamente bien la mente para darle una conclusión clara a todo lo concerniente a la inmortalidad.

Continuará en ¿Qué tiene que decir el cristianismo sobre los deseos de la biotecnología de rediseñar al ser humano? https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2019/09/2-que-tiene-que-decir-el-cristianismo.html


martes, 16 de abril de 2019

Como cristiano, ¿no sabes a quién votar? & Los valores de Dios y los del diablo


Podría haber puesto fotos de Trump, de Maduro, de Pedro Sánchez, de Macron, de los Lepen, de Matteo Silvani, de Casado, de Abascal, de Rivera, de Arrimadas o de cualquier otro político del mundo. No lo he hecho porque entonces el escrito podría quedar desfasado con el tiempo, y no es ese mi propósito, sino que sirva para siempre. Los políticos van y vienen, suben y bajan, aparecen y desaparecen, pero los partidos –aunque algunos cambien de nombre en ocasiones- permanecen. Así que, según tu país, puedes poner el logo de los partidos que allí existen.

Venimos de aquí: Si me engañas una vez, la culpa es tuya; si me engañas dos, la culpa es mía (https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2019/04/si-me-enganas-una-vez-la-culpa-es-tuya.html).

Respondamos con sinceridad: ¿Cuántos de nosotros conoce los programas de los partidos políticos? ¿Cuántos los hemos leído? Diría que muy pocos. Aunque esto es algo que está cambiando poco a poco –o al menos así parece ser-, hasta ahora la inmensa mayoría de las personas suelen votar a un candidato u otro por cuestiones banales:

- Por tradición familiar.
- Porque siempre han votado al presidenciable de dicho partido.
- Porque consideran que es el que mejor se expresa.
- Porque es el más elegante.
- Porque es el que cae más simpático.
- Porque han oído un par de ideas suyas y les gustan (una bajada del recibo de la luz, un 1% más de pensión, etc.), aunque desconozcan la ideología de trasfondo.
- Porque a ellos les ha ido bien en la vida, aunque al resto de la nación no.
- Porque prefieren no complicarse escuchando al resto.

Otros lo hacen, sencillamente, porque se “venden”. Así de claro lo digo. Y por venderse no quiero decir que reciben un sobre con un buen taco de billetes a cambio de votar al que se lo ofrece. Es algo mucho más sencillo: personas mayores que, por medio de asociaciones y comunidades, se enteran de viajes a mítines políticos, donde, a cambio de escuchar durante un par de horas al político de turno y aplaudirle como parte de la masa, se les ofrece un par de bocadillos y refrescos gratuitos. Esa señora mayor o matrimonio jubilado que no tiene nada que hacer, que dice “me dan un paseo en autobús, paso el día con otros de mi edad y nos invitan a comer”, pues lo termina votando. Hace poco supe el caso de una mujer “de iglesia” que asistía por estas razones a las reuniones de un grupo político a favor del aborto. ¿Por qué? Por lo dicho: por una excursión y un bocata. Eso si, rogaba a las amigas que no se lo dijeran al cura...
Como todos los espectadores en los concursos de televisión que van para pasar el rato, sucede igual en la política. Fíjate en las caras de muchos asistentes a congresos. Y no me refiero a los que ponen detrás del estrado, que suelen ser los fieles y los más guapos y guapas. Hago alusión a la masa que está detrás y que las cámaras enfocan dando palmas, sonriendo y ondeando banderitas del partido: ¡Muchos ni escuchan lo que allí se está diciendo!
Meses después de meter la papaleta en la urna del que le invitó a una cervecita Cruzcampo bien fresquita, se queja de que lo han engañado: que tiene que pagarse medicinas que antes cubría la seguridad social, que el precio de la cesta de la compra sigue aumentado, que el desempleo sigue igual, que su hijo tiene un sueldo miserable y que lo explotan, etc. Y en las próximas elecciones, ¿se leerá las propuestas? Para nada. Votará de nuevo al que le ofrezca el mejor viaje, la mejor comida, al que mejor hable, al más guaperas y al que le baje dos euros la bombona de butano.
Quizá en tu caso no es algo tan llamativo, pero puede ser que hayas votado hasta ahora o en ocasiones por alguna de las razones expuestas en los guiones de unas líneas atrás.

Breves pinceladas
Para que esto no siga ocurriendo y tengamos una idea más justa sobre en base a qué debemos votar como cristianos en las elecciones (sean este año o el que sea), voy a dar unas breves pinceladas, las que considero fundamentales, porque es imposible abarcar todos los temas habidos y por haber sin alargar hasta el infinito este escrito. Ahora bien, soy plenamente consciente que habrá temas que otras personas consideran fundamentales y que aquí no cito. Así que eso ya lo dejo esa parte en la propia investigación personal.
Aunque por mi parte tengo por norma no volver a votar más de dos veces a un partido que ha fallado repetidamente y de forma grave en los mismos asuntos o que ha incumplido promesa tras promesa cuando ha gobernado, es evidente que nadie está obligado a seguir este principio mío. Además, yo no le voy a decir a nadie a quién debe votar.
No podemos dejarnos llevar por impulsos ni por la emoción del momento, o por el candidato que más simpático nos parezca. Hacer algo de esto sería un error. También tenemos que tener mucho cuidado con la prensa y los medios de comunicación, ya que, según el corte ideológico que tengan, cargarán y despotricarán contra los partidos que piensan de forma opuesta a la de ellos, y hablarán maravillas de los que piensen igual.
También tenemos que tener claro que, puesto que no tienen a Cristo por Señor ni Salvador, es imposible que concuerden en todo lo que Él enseña en su Palabra, incluso con lo que nosotros a título personal creemos en algunos asuntos. Aun dándose el caso de que llegaran a ser buenos gobernantes, no olvidemos que ninguno podrá contentar a todo el mundo y que no será perfecto. Hasta el mismo David, que en términos generales fue un gran rey, cometió gravísimos errores.
Así que lo que voy a hacer es formular una serie de preguntas que cada uno deberá hacerse a la luz de las enseñanzas bíblicas para que así vea cuál partido político –o más de uno- se ajustan más a esas pautas, y luego votar en consecuencia. Eso en el caso de que te decidas a hacerlo, ya que en el anterior escrito hablamos de la posibilidad de votar “en nulo”.
La clave para empezar la encontramos nuevamente en un texto de Jeremías: “Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová. Será como la retama en el desierto, y no verá cuando viene el bien, sino que morará en los sequedales en el desierto, en tierra despoblada y deshabitada. Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová. Porque será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto. Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?  Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras” (Jer. 17:5-10).
Por lo tanto, la primera y gran pregunta que tienes que hacerte es esta: aunque los candidatos de tu nación no sean cristianos nacidos de nuevo, ¿qué puntos de su programa electoral concuerdan con los valores de Dios y cuáles con los del diablo?

Su modelo de nación
¿Piensa que todos los españoles somos iguales y tenemos los mismos derechos como recoge la Constitución o piensa conceder privilegios a algunas regiones y personas por encima del resto? Por otro lado, dicho político ¿promueve el nacionalismo o el patriotismo? El general francés Charles de Gaulle (1890-1970) explicó la diferencia entre dos conceptos que nos pueden servir como base: “Patriotismo es cuando el amor por tu propio pueblo es lo primero; nacionalismo, cuando el odio por los demás pueblos es lo primero”.
Algunos dicen que no se puede imponer la voluntad de la mayoría sobre la minoría. ¿Entonces qué hacemos? ¿La voluntad de la minoría sobre la mayoría? Es imposible contentar a todo el mundo en cualquier área de la vida. No es “imponer”, puesto que la democracia consiste en que el pueblo decide por el consenso de una mayoría qué rumbo quiere que tome una nación, respetando las culturas, tradiciones y diferencias de cada una de las partes mayoritarias y minoritarias que la conforman y que enriquecen el conjunto. Ninguna comunidad es mejor que la otra. Si esto no se cumple por alguna de las partes llega la confrontación, la segmentación, el desprecio, el odio y el sectarismo, que es lo que tristemente se ha ido cultivando en Cataluña en las últimas décadas con el beneplácito del resto de partidos políticos.
Algunos pueden pensar que este es un tema menor; todo lo contrario, y más en los tiempos que corren donde una era de populismo lo invade todo: Debemos amar la nación en la que Dios nos hizo nacer. No hacerlo sería despreciar la voluntad de Dios. Pero esto no significa odiar al resto de naciones o partes de una nación, que es lo que hacen personajes supremacistas como el señor Torra –el, por ahora, presidente de Cataluña-, que considera al resto de españoles como “bestias carroñeras, víboras y hienas” y a los catalanes que hablan español como “bestias que viven, mueren y se multiplican”. Pregúntate si los candidatos tienen un deseo de bienestar para tu país basándose en el amor a su tierra o en el odio a la ajena y al prójimo.

Aborto
¿Está a favor o en contra del aborto? ¿Qué planes tiene para ayudar y “proteger” a las embarazadas, o su solución es el aborto libre? Para reflexionar sobre esta cuestión: Falacias abortistas y la nueva ley del aborto” (http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2013/12/falacias-abortistas-y-la-nueva-ley-del.html).

Eutanasia
¿Está a favor de establecer la eutanasia como un derecho y despenalizarla o piensa prohibirla y centrarse en las unidades de “cuidados paliativos”? Para reflexionar sobre esta cuestión: “Eutanasia: ¿La buena muerte?” (http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2017/03/1-eutanasia-la-buena-muerte.html) y siguientes artículos.

La familia, la educación y el matrimonio homosexual
La base para cualquier cristiano es bien clara: el matrimonio es la unión entre un hombre y una mujer, donde ambos tienen un padre y una madre, y no hay más inventos: “Dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Gn. 2:24). Así que tenemos que preguntarnos:
¿Qué piensa respecto al matrimonio? ¿Lo considera la unión entre un hombre y una mujer, o también incluye en el término a personas del mismo sexo? Para reflexionar sobre esta cuestión: ¿Cristianos homófobos o con derecho a disentir? (http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2016/11/cristianos-homofobos-o-con-derecho_28.html). Con esto no quiero decir que vaya en contra de “colectivos homosexuales” –puesto que eso sería incluso delictivo- sino qué piensa al respecto y cómo piensa actuar al respecto.
¿Favorecerá a las familias que quieran tener hijos? ¿Se les concederán ayudas  económicas? ¿Que asistencia tendrán las embarazadas sin recursos? ¿Y qué hará con los permisos de paternidad y maternidad?
¿Ese partido quiere, como dice el artículo 27.3 de la Constitución Española, que los padres sigan teniendo el derecho de que sus hijos reciban en las escuelas la enseñanza religiosa que ellos decidan, o será el Estado el que diga qué educación deben recibir los jóvenes en áreas como la moralidad y la sexualidad? ¿Está a favor o en contra de la ideología de género que están tratando de imponer los grupos LGTBI?
¿Está de acuerdo o en contra de los vientres de alquiler? ¿Qué ley va a establecer al respecto? ¿Va a regular el contenido de lo que se puede ver en el llamado “horario infantil”? ¿O seguirá permitiendo que la “telebasura”, llena de vulgaridad y de sexo, siga acampando a sus anchas a cualquier hora del día? ¿Hará algo para que los menores de edad no puedan ver páginas pornográficas y que tengan que identificarse para acceder a este contenido –por lo que los padres lo sabrían-, como algún partido ya ha propuesto?

Personas desfavorecidas
Dios se interesaba sobremanera en que las personas más desfavorecidas y desprotegidas de la sociedad fueran ayudadas por el resto. Así que pregúntate: ¿Qué proyecto tiene el candidato para todos ellos? ¿Qué plan de ayuda va a ofrecer a las viudas, los huérfanos, los ancianos, los desempleados y para las personas con discapacidades físicas o mentales? Recordemos cómo se preocupaba Dios de estos grupos dentro del pueblo hebreo, no para señalar que se tenga que hacer de la misma manera, sino para mostrar que el sentir de misericordia siempre tiene que estar presente: “Al fin de cada tres años sacarás todo el diezmo de tus productos de aquel año, y lo guardarás en tus ciudades. Y vendrá el levita, que no tiene parte ni heredad contigo, y el extranjero, el huérfano y la viuda que hubiere en tus poblaciones, y comerán y serán saciados; para que Jehová tu Dios te bendiga en toda obra que tus manos hicieren” (Dt. 14:28.29).

El extranjero y la inmigración
¿Cómo piensa ese partido político tratar a los extranjeros que lleguen a la nación?
Tenemos que partir de un concepto básico: el problema de la inmigración es un asunto global. Mientras existan países donde la hambruna, la guerra, la ausencia de democracia y la falta de oportunidades para tener una vida digna, todo seguirá igual. Si yo estuviera en una situación como la descrita y además tuviera familia, haría todo lo posible para llegar a un lugar donde pudiera tener todo eso. Cruzaría a nado el Océano Atlántico si fuera necesario. ¿O es que tú no? En muchas cárceles de España se vive mejor que en muchos países subdesarrollados. Si me encontrara en un país en ruinas del tercer mundo, preferiría una prisión española con tres comidas al día, cama, ducha y toda el agua que quisiera. Por eso, para muchos inmigrantes, occidente es lo más parecido al “cielo”.
Por lo tanto, es un asunto bien grave y que, al igual que otros muchos citados en la primera parte, no se solucionarán hasta la Parusía. ¿Qué hacer mientras tanto? Difícil pregunta y dificilísima respuesta, y más cuando uno no tiene poder real para tomar las decisiones finales. Daré mi opinión tratando de ajustarla a ciertos principios bíblicos que Dios estableció para Isreal y que podemos tomarlos como un modelo genérico para todas las naciones modernas:

1) Tengamos aquí presente el texto de Deuteronomio que acabamos de leer que hace referencia al extranjero y a la provisión para él, y añadamos este que es FUNDAMENTAL: “Porque Jehová vuestro Dios es Dios de dioses y Señor de señores, Dios grande, poderoso y temible, que no hace acepción de personas, ni toma cohecho; que hace justicia al huérfano y a la viuda; que ama también al extranjero dándole pan y vestido. Amaréis, pues, al extranjero; porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto” (Dt. 10:17-19). El que los desprecia porque “no son de aquí” habla muy mal de él, es una manifiesta falta de amor y algo que debe corregir sin falta.

2) Leamos este otro pasaje: “No oprimirás al jornalero pobre y menesteroso, ya sea de tus hermanos o de los extranjeros que habitan en tu tierra dentro de tus ciudades. En su día le darás su jornal, y no se pondrá el sol sin dárselo; pues es pobre, y con él sustenta su vida; para que no clame contra ti a Jehová, y sea en ti pecado” (Dt. 24:14-15). Aunque sea extranjero, debe remunerársele conforme al trabajo que realice. Lo contrario sería injusto, y es tan grave que Dios dijo que es “maldito sea el que cometa una injusticia con un extranjero, una viuda o un huérfano” (Dt. 27:19. DHH).

3) Dios no permitía que Israel adoptara costumbres religiosas de otras naciones paganas: “Oíd la palabra que Jehová ha hablado sobre vosotros, oh casa de Israel. Así dijo Jehová: No aprendáis el camino de las naciones, ni de las señales del cielo tengáis temor, aunque las naciones las teman. Porque las costumbres de los pueblos son vanidad” (Jer. 10:1-3).

 Aunque hoy en día no se puede decir que exista un solo país del mundo donde la moral se base totalmente en la moral cristiana, no podemos permitir que los extranjeros traten de imponernos normas que pertenecen a sus credos religiosos, sean cuales sean, sobre todo si no respetan los derechos humanos. Respetarlos es un cosa y otra muy distinta dejar que los establezcan como normas de conducta para el resto de nosotros.

4) Todo esto se resume en la historia del buen samaritano narrada por Jesús. No podemos ser como el sacerdote y el levita que pasaron de largo ante un hombre que necesitaba ayuda (cf. Lc. 10).

Otro tema –que no afecta a los políticos sino a los cristianos exclusivamente- es qué hacemos para predicarles el evangelio a los extranjeros y cómo mostrarles el amor del Dios verdadero. Pero eso es algo que deben debatir cada iglesia local y que no toca tratarlo aquí puesto que me saldría del tema principal. No debemos olvidar que nosotros mismos, como dijo Pedro, somos “extranjeros y peregrinos” en este mundo (2 P. 2:11).
Señalados estos cuatro puntos, tenemos que ser conscientes a la vez que los recursos de una nación no son ilimitados. Si yo tengo un bocadillo y alguien tiene hambre, lo parto por la mitad y los dos quedamos medianamente saciados. Si veinte me piden un trozo del mismo bocadillo, solo comeremos migajas y todos seguiremos hambrientos. Con la inmigración sucede igual.
Por lo tanto, tenemos que preguntarnos cómo piensa el candidato afrontar la llegada de refugiados, qué hará con ellos, qué trato va a tener con los países de origen y cómo va a regular la inmigración, ya que no hay trabajo ni recursos para todos. Tiene que haber sensatez y equilibrio.

Economía
¿En qué piensa emplear los impuestos recaudados a la población y cómo piensa distribuirlo entre la Sanidad, las infraestructuras, el transporte público, las energías renovables, la Educación, la cultura, las Administraciones públicas y los Cuerpos y Fuerzas de seguridad del Estado?

Violencia de género, prostitución, trata de personas y penas a condenados
¿Qué nuevas medias se aprobarán para proteger a los afectados por la violencia en el hogar, sean mujeres, hombres, niños o ancianos? ¿Cómo se ayudará a todas aquellas mujeres que han ejercido la prostitución y no saben qué hacer tras salir de ese mundo? ¿Está dicho partido a favor de legalizar o de ilegalizar la prostitución? ¿Perseguirá penalmente a los que traten de acceder a estos “servicios”, al igual que ya hacen desde hace años otros países europeos como Suecia, Noruega, Islandia, Irlanda del Norte y Francia? Es terrible que, a día de hoy, España sea el tercer país del mundo tras Tailandia y Puerto Rico en consumo de prostitución, y es dantesco que Alemania y Holanda la hayan legalizado, cuando “un reciente estudio publicado por la Escuela de Economía de Londres, muestra que en 150 países, la legalización de la prostitución condujo a la expansión de este mercado y al aumento de la trata de personas”[1].
Y dos preguntas más para terminar este apartado: ¿Aplicará la prisión permanente revisable o todo seguirá como hasta ahora? ¿Considera que se puede reinsertar –y cómo- a asesinos, pederastas y violadores una vez que han cumplido sus condenas o que deben permanecer en prisión el resto de sus días?

Su relación con otros países
¿Cómo será su relación con otras naciones y sus mandatarios? ¿Tendrá relaciones comerciales con aquellos que no respetan los derechos humanos, que usan a niños como mano de obra y donde el resto de trabajadores son explotados por el propio Estado y empresas multinacionales? ¿Les venderá armas? ¿Será parte de la explotación comercial y colonialista que llevan a cabo algunas naciones con las más subdesarrolladas o denunciará tales actitudes?

El Islam radical
¿Permitirá que el Islam que promueve el salafismo –junto a sus imanes- contrario a la democracia, que denigra a las mujeres y desprecia a los que no piensan como ellos, se establezca en la nación?

Apuntes finales
Seguro que hay muchas más preguntas y si meditas encontrarás más planteamientos sobre asuntos éticos y morales que tienen una respuesta bíblica. Pero con estos, que son representativos y generales, creo que bastan para, al menos, plantearse seriamente a quién debes votar o no.
¿Votar a un candidato que algunos de sus principios concuerdan con los de Dios significa que los cristianos queremos imponer una Teocracia? No, como ya vimos en El cuento de la criada: ateos que creen que los cristianos quieren imponer una dictadura” (https://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2017/07/1-el-cuento-de-la-criada-ateos-que.html). Pero tampoco nos podemos quedar de brazos cruzados, quejándonos por todo y manteniéndonos al margen mientras esperamos la Segunda Venida. Tenemos que ofrecer nuestra opinión en forma de voto, para que, dentro de la maldad que existe en esta sociedad, pueda haber leyes más justas y acorde a la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Ro. 12:2) y aportar nuestro pequeño granito de arena mientras llega la consumación de los tiempos.
Ahora serás tú el que introduzca la papeleta en la urna, y que Dios nos ayude a todos.

lunes, 1 de abril de 2019

Si me engañas una vez, la culpa es tuya; si me engañas dos, la culpa es mía


Dice el refranero popular que “el hombres es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra”. ¿Dos veces? Afirmaría que dos millones de veces. La idea en sí no nos deja en buen lugar, puesto que nos señala como seres incapaces de aprender de sus propios errores. Esto no debería ser así, pero a muchos les sucede en diversos aspectos de la vida:

- No aprenden de las malas experiencias.
- No aprenden cómo tratar a los demás.
- No aprenden a empatizar.
- No aprenden de las malas relaciones sentimentales.
- No aprenden a alejarse de amistades de influencia perniciosa.
- No aprenden de... mil cosas.

Del amor al odio
En lo que respecta a los gobernantes y políticos suele suceder de la misma manera: se deposita la confianza en ellos, esperamos que cambien el curso de la historia y nos ilusionamos creyendo que mejorarán nuestras vidas. Y así con todos los aspectos que nos podemos imaginar. Escuchamos sus promesas y damos vítores en nuestro interior. ¡Cuántas veces nos hemos visto pensando “ojalá este sea presidente”! Pensamos en él como un Salvador, una especie de “Mesías” que nos salvará de los males de la sociedad. Pero luego viene el baño de realidad: te desilusionan de tal manera que se pasa del amor al odio, y de ver solo sus virtudes a solo sus defectos. Terminamos tan hastiados de ellos que nos levantamos cada día deseando que dejen de gobernar. Sentimos que nos han engañado y pensamos que si los tuviéramos delante les daríamos bofetadas de todos los colores. Y esto les pasa a los que son de izquierda, a los que son de derechas, a los que creen en la monarquía y a los que prefieren una república. A todos.
El problema viene unos años después. Nuevos mítines y nuevas promesas. Banderas que ondean al viento con los símbolos del partido. De nuevo la ilusión se apodera de nosotros: “Este nuevo candidato no es como los anteriores”; “Él sí es verdaderamente diferente”; “Sus valores son apasionantes”; “Nos llevará a una etapa de prosperidad como nunca antes se ha visto”; “Se acabará por fin la injusticia y la desigualdad”; “No habrá pobres ni empleos precarios”. Muchos se toman de las manos de esos políticos con lágrimas en los ojos mientras cantan esa famosa canción de Nino Bravo: “¡¡¡Libre!!! Como el sol cuando amanece, yo soy libre como el mar”. ¡Ay, qué emoción! Meses después el hartazgo es tal que el estribillo se transforma en el de Pimpinela: “Por eso vete, olvida mi nombre, mi cara, mi casa. Y pega la vuelta...”.
Unos son descubiertos con líos de faldas. Otros que “donde dije digo, digo Diego”. Algunos resultan ser corruptos. Muchos de ellos que presumían de ejemplo de austeridad empiezan a vivir como nuevos ricos. Y lo más triste: más de uno a los que en verdad el ciudadano de a pie no le importa un pimiento.

Nos mienten una y otra vez
Estoy seguro que a ti, lector, te sucede como a mí: la inmensa mayoría de los políticos nos parecen un verdadero fraude que nos mienten a la cara. Todas sus frases empiezan por “Si yo soy presidente... (promesas)”. En sus mítines se llenan la boca con palabras grandilocuentes perfectamente calculadas para provocar la reacción emocional de sus oyentes, con gestos serios cuando toca y con sonrisas de oreja a oreja en otros momentos, engatusando a todo el que se deja. Y cuando acaban esas reuniones espectaculares y multitudinarias que cuestan miles y miles de euros, se dedican a saludar efusivamente con la mano en alto, ¡incluso algunos se ponen a bailar! Siempre que los veo hacer esto, me pregunto si es que las madres los estarán viendo por televisión y quieren mandarles recuerdos: “¡Eh mamá, que salgo en la tele!”. ¿Y todo esto para qué? Para hacer promesas que, cuando se sientan en la silla del poder, no cumplen ni por asomo. Pero ya da igual: tienen su asiento y su sueldo, que no tardan en subirse considerablemente un 500%. Por su parte, el resto de los mortales pueden dar las gracias y sentirse afortunados si son mileuristas.
Lo increíble es que no pasa nada ni hay consecuencias. Si yo hiciera una  propuesta a una empresa ofreciendo mis servicios y ésta me contratara, y luego yo no cumpliera con lo firmado, ¿qué sucedería? Me despedirían y me demandarían al instante. Con los políticos no sucede así. Se les persigue si se descubre que son corruptos o sí se han llevado dinero ilegalmente, pero por engañarnos no pasa nada. Es más, en todo caso, si el partido no está contento con él o la presión social es tan grande que se exige su destitución, dicho sujeto es reubicado en otro cargo fuera de los focos, pero cobrando un sueldo vitalicio. Toda esta historia descrita es como un continuo deja vú del que parece que no podemos escapar.
Entonces gritamos: “¡Que se vayan de una vez!”. Y creemos que la culpa es de ellos por engañarnos. Pero no nos damos cuenta de que no es la primera vez que nos engañan, sino la enésima. Es un ciclo que se repite sin fin, como la pescadilla que se muerde la cola. Siempre creemos que “el siguiente gobernante será el bueno”. Y luego pasa lo que pasa. Pero ahí la culpa ya no es de ellos, sino nuestra, sea por ingenuidad o pura necedad, por creerlos y confiar en ellos en el grado en el que lo hacemos. ¡Nos volvemos ilusos! La Biblia nos habla bien claro de nuestro error: Maldito el varón que confía en el hombre” (Jer. 17:5).

El peligro y las consecuencias de la “democracia” sin Dios
La democracia, considerado el mejor sistema de organización social (ya que permite que el pueblo decida quiénes serán sus gobernantes y qué leyes quieren que se aprueben), tiene un riesgo manifiesto desde su establecimiento: puesto que un porcentaje muy alto de la población no se rige por las enseñanzas bíblicas –sea porque son ateos o porque, diciéndose cristianos, no se sujetan a ella-, las leyes humanas terminan siendo decididas al margen de Dios y sus principios. Si una mayoría vota a gobernantes que están a favor del aborto, de la eutanasia, de llamar matrimonio a la unión de dos personas del mismo sexo, de permitir la adopción de bebés por estas parejas, entre otras cuestiones, al final terminan estableciéndose como leyes.
¿Es una victoria de la democracia? No. En la democracia, cuando los seres humanos ignoran a Dios, esta se convierte en una tragedia que conlleva graves consecuencias, que es ni más ni menos el mundo que tenemos: inmoral, libertino, promiscuo y desvergonzado. Es una democracia camuflada en anarquía y dictadura moral.
Si eres un cristiano lector habitual de la Biblia, sabrás perfectamente que esto no es algo nuevo, y que sucedió en un momento muy determinado en el tiempo en la historia de Israel. Dios estableció una forma de gobierno basada en la Teocracia donde había, por un lado, profetas que anunciaban su Ley y, por otro, jueces que la hacían cumplir. La promesa era que mientras el pueblo viviera bajo esas normas perfectas, todo les iría bien: “Acontecerá que si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra. Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios. Bendito serás tú en la ciudad, y bendito tú en el campo. Bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, el fruto de tus bestias, la cría de tus vacas y los rebaños de tus ovejas. Benditas serán tu canasta y tu artesa de amasar. Bendito serás en tu entrar, y bendito en tu salir. Jehová derrotará a tus enemigos que se levantaren contra ti; por un camino saldrán contra ti, y por siete caminos huirán de delante de ti. Jehová te enviará su bendición sobre tus graneros, y sobre todo aquello en que pusieres tu mano; y te bendecirá en la tierra que Jehová tu Dios te da. Te confirmará Jehová por pueblo santo suyo, como te lo ha jurado, cuando guardares los mandamientos de Jehová tu Dios, y anduvieres en sus caminos. Y verán todos los pueblos de la tierra que el nombre de Jehová es invocado sobre ti, y te temerán. Y te hará Jehová sobreabundar en bienes, en el fruto de tu vientre, en el fruto de tu bestia, y en el fruto de tu tierra, en el país que Jehová juró a tus padres que te había de dar. Te abrirá Jehová su buen tesoro, el cielo, para enviar la lluvia a tu tierra en su tiempo, y para bendecir toda obra de tus manos. Y prestarás a muchas naciones, y tú no pedirás prestado. Te pondrá Jehová por cabeza, y no por cola; y estarás encima solamente, y no estarás debajo, si obedecieres los mandamientos de Jehová tu Dios, que yo te ordeno hoy, para que los guardes y cumplas,y si no te apartares de todas las palabras que yo te mando hoy, ni a diestra ni a siniestra, para ir tras dioses ajenos y servirles” (Dt. 28:1-14).
Por el contrario, si desobedecían, les iría mal: Pero acontecerá, si no oyeres la voz de Jehová tu Dios, para procurar cumplir todos sus mandamientos y sus estatutos que yo te intimo hoy, que vendrán sobre ti todas estas maldiciones, y te alcanzarán” (Dt. 28:15). Dichas “maldiciones” están entre el versículo 16 y el 68, y que no cito por su extensión y para no hacer excesivamente largo este escrito.
¿Qué sucedió siglos después? Que, al igual que Adán y Eva en el huerto del Edén, el pueblo hebreo quiso ir por libre, y así se lo hizo saber al profeta Samuel: “Entonces todos los ancianos de Israel se juntaron, y vinieron a Ramá para ver a Samuel, y le dijeron: He aquí tú has envejecido, y tus hijos no andan en tus caminos; por tanto, constitúyenos ahora un rey que nos juzgue, como tienen todas las naciones. Pero no agradó a Samuel esta palabra que dijeron: Danos un rey que nos juzgue. Y Samuel oró a Jehová. Y dijo Jehová a Samuel: Oye la voz del pueblo en todo lo que te digan; porque no te han desechado a ti, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos. Conforme a todas las obras que han hecho desde el día que los saqué de Egipto hasta hoy, dejándome a mí y sirviendo a dioses ajenos, así hacen también contigo. Ahora, pues, oye su voz; mas protesta solemnemente contra ellos, y muéstrales cómo les tratará el rey que reinará sobre ellos” (1 S. 8:4-9). ¿La reacción de Samuel? Les mostró el maltrato que iban a recibir de parte de sus propios reyes (cf. 1 S. 8:10-18). Y aún con todo, el pueblo “no quiso oír la voz de Samuel, y dijo: No, sino que habrá rey sobre nosotros; y nosotros seremos también como todas las naciones, y nuestro rey nos gobernará, y saldrá delante de nosotros, y hará nuestras guerras. Y oyó Samuel todas las palabras del pueblo, y las refirió en oídos de Jehová. Y Jehová dijo a Samuel: Oye su voz, y pon rey sobre ellos” (1 S. 8:19-22).
Esto no agradó a Dios, porque estaban dejando claro que no querían depender de Él ni obedecerle. Él, respetando la libertad de ellos, lo permitió. A partir de entonces, las consecuencias serían claras: el bienestar del pueblo dependería de la benevolencia o malicia del rey. Si éste era sabio y bueno, el pueblo viviría en paz. Si el rey era un tirano o un mal gobernante, el pueblo sufriría por ello, pecaría e incluso sería destruido, como así sucedió muchas veces. La primera cara de la moneda podemos verla en el rey David: “Y reinó David sobre todo Israel; y David administraba justicia y equidad a todo su pueblo” (2 S. 8:15). Y la segunda –entre otros- en Acab (cf. 1 R. 16) y Roboam (cf. 2 Cr. 12).
En un caso u otro, se hacían realidad –y se hacen- las palabras del proverbio: Cuando los justos dominan, el pueblo se alegra; Mas cuando domina el impío, el pueblo gime” (Pr. 29:2). Y esto no sucedía solo en Israel: es lo mismo que ha acontecido en cada nación del mundo desde el comienzo de los tiempos (recordemos que Hitler fue elegido democráticamente), y continúa sucediendo hoy en día, incluso en “democracia”: gobernantes que cobran impuestos desmedidos, que olvidan a los más desfavorecidos, que hacen más ricos a los ricos y más pobres a los pobres, que viven a lo grande, que encarcelan a los que disienten, que son altivos y prepotentes, que esclavizan, que expropian tierras, que permiten la corrupción, que mienten, que roban, que permiten que haya familias que pasen hambre y frío, que venden el aborto como un derecho, que legalizan la prostitución y algunas drogas, etc.

¿Votar o no votar?
¿Esto queriendo dar a entender con todo esto que no votemos? Aunque lo he pensando en momentos puntuales de mi vida –fruto de la constante desilusión-, ahora no pienso así, ni mucho menos. Como ya dije en ¿Cristianos catalanes independentistas? Al pan, pan, y al vino, vino (http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2017/10/cristianos-catalanes-independentistas.html), “no quiero entrar a debatir si un cristiano debe o no involucrarse directamente en una organización política, sino en una de las las acepciones que tiene el término: ´arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados, comunidades, regiones, etc`[1]. Tomando como base esa definición, un cristiano –desempeñe la labor que desempeñe dentro del cuerpo de Cristo- puede y debe tener una opinión sobre los Gobiernos de este mundo y en cada asunto que afecta a los habitantes de este planeta, y actuar en consecuencia a la luz de las Escrituras”. Pensar que la iglesia cristiana –que no es una institución, sino un organismo vivo que está formado exclusivamente por los que han nacido de nuevo- tiene que estar al margen de la política y no saber nada de ella, es un sinsentido y no tiene ni pies ni cabeza.
Ahora bien, aquí tenemos dos opciones:

1) Votar “en nulo”. Para el que no sepa qué significa esto, dejaré que sea el pastor sevillano Juan Sánchez Araujo el que explique en qué consiste y sus intenciones personales: El voto nulo es aquel que presenta algún defecto grave como, por ejemplo, un sobre con dos papeletas de candidaturas contrarias, algunos nombres tachados o la papeleta rasgada. Esos votos se incluyen en el recuento, pero no otorgan escaños. Tampoco se suman a la candidatura ganadora ni a la perdedora; de modo que al usarlo no se interfiere con la voluntad del electorado. Sin embargo, el voto nulo puede captar la atención de los políticos y de la sociedad e indicarles que hay ciudadanos que no se sienten representados por los programas de los partidos porque creen en un mundo distinto, piensan de un modo distinto, viven de manera distinta, reivindican una solución diferente para los problemas de la sociedad actual y pregonan una esperanza también diferente basada en las promesas del Dios creador, la buena noticia de Jesucristo el Salvador y el poder transformador del Espíritu Santo anunciados en la Biblia. Por otro lado, un voto así da al traste con las acusaciones interesadas que nos tachan de ´fachas`, ´rojos` y otros epítetos peyorativos, y nos identifica únicamente como cristianos en este mundo; pues si nuestro voto sale a la luz pública es posible que la gente nos demande razón acerca de la esperanza que hay en nosotros y, si no sale, siempre podremos hacer referencia al mismo cuando nos pregunten o sea conveniente. Supongo que muchos me considerarán ingenuo -y tal vez lo sea-, pero prefiero identificarme con Dios y con el evangelio de su Hijo (de modo que si tuviera que sufrir por algo fuese por causa de Cristo) que con otras causas menos nobles o excelentes. Además, esta opción tranquiliza mi conciencia y hace que me sienta libre para predicar el evangelio a ´diestra` y a ´siniestra`. No soy el enemigo de nadie, porque el evangelio es para todos. Mi voto nulo será, pues, un voto de testimonio”[2].
Aunque dudo de la eficacia de llevar esta acción a cabo, es una opción muy respetable y digna de tener en cuenta, aunque como dice el al autor sea un asunto de conciencia. Si todos pensáramos igual, dejando de votar, al final serían millones de votantes que no ejercerían su derecho, dejando en manos completamente ajenas quiénes serían sus gobernantes. Además, personalmente, y a pesar de lo que dice el señor Araujo, votar a un partido u otro no me califica como “enemigo” del contrario ni me impide predicarle el evangelio a nadie, sea del signo político que sea.

2) Votar al partido que creamos más se ajusta a los principios bíblicos. Esto es lo que vamos a analizar en el segundo escrito por si te decides a no votar “en nulo”, lo cual ya dejo en manos de cada persona.

Primeras conclusiones
Hemos pasado de una Teocracia a una “monarquía/república” (según el país), pasando por dictaduras (algunas que siguen vigentes) y otros sistemas de gobierno, y ahora –al menos en los países occidentales- vivimos en “democracia”: las personas deciden quiénes mandan, cuando olvidamos que están muertas en sus delitos y pecados (cf. Ef. 2:1), como bien dice Pablo de todo el que no ha nacido de nuevo.
Votar libre y democráticamente e ilusionarse no tiene que llevarnos a creer que “si sale ganador el que yo quiero todo será mejor”. Por lo tanto, no podemos esperar que, a grandes rasgos, este mundo cambie. Que nadie piense que los políticos van a revolucionar la sociedad o sus valores. Seguirá habiendo corruptos. Seguirá habiendo quiénes entren en política para vivir de sus privilegios. Seguirá existiendo inmoralidad y maldad. Seguirá extendiéndose valores que atenten directamente contra las leyes de Dios. Simple y llanamente porque los gobernantes de este mundo viven de espaldas a Él.
Es un error terrible que haya cristianos que esperen el cielo en la tierra por medio de manos humanas. Ya somos advertidos de que, en términos generales –especialmente en términos morales-, la sociedad va a ir a peor hasta el momento de la Parusía. El Reino se hará pleno cuando Cristo regrese, no antes, ni por asomo. Pero dentro de lo malo tenemos que hacer todo el bien posible y no quedarnos de brazos cruzados. Como dijo Edmund Burke: “El mayor error lo comete quien no hace nada porque sólo podría hacer un poco”.

Continuará en: Como cristiano, ¿no sabes a quién votar?