lunes, 18 de diciembre de 2023

¿Te pareces a Loki y a Pablo de Tarso? ¿Cuál es tu “glorioso propósito” para el 2024 y, en general, en la vida?

 


Tal y como he descrito en más de una ocasión, al tener tan impregnado en mi interior multitud de pasajes bíblicos, hay infinidad de escenas de la vida cotidiana o de todo aquello que leo, veo u oigo, que me recuerdan a esos textos que se pasean por mi mente y los relaciono automáticamente. Por eso puedo escribir sobre libros, artículos de prensa, películas, series o cualquier otra cosa que se ponga en mi camino, sea secular o cristiano: porque todo lo paso por el filtro de las Escrituras. En esta ocasión, me ha sucedido tras terminar de ver el emotivo final de las andaduras de uno de los grandes personajes que ha parido Marvel en las últimas décadas: Loki, un antiguo villano, interpretado magistralmente por el actor británico Tom Hiddleston, cuya historia ha llegado a su conclusión tras catorce años.

¿Quién es Loki y qué anhelaba?
Para exponer la enseñanza que quiero impartir, no es necesario conocer la amplia biografía del personaje ni entrar en mil detalles, pero sí conocer una mínima información: siendo el hijo biológico de un gigante llamado Laufey, se convierte en el hijo adoptivo de Odin y Frigga, siendo, por tanto, el hermano de Thor. Aunque era príncipe en la tierra de Asgard, estaba lleno de celos ante su hermano porque él heredaría el trono, y con el que mantenía una relación de amor-odio, de admiración y de odio. Frustrado por no poder alcanzar la gloria que anhelaba, y sintiéndose engañado porque se le ocultó su verdadero origen, se lanzó a la conquista de la Tierra.
El mismo actor muestra cómo era Loki al principio, cuando trató de llevar a cabo sus planes: “Si recordáis en la primera película de Los Vengadores, Loki baja a la Tierra. Mira directamente a Sam Jackson. Está Nick Fury y yo digo ´Soy Loki de Asgard. Estoy cargado con un glorioso propósito`. Es arrogante y tiene derecho, y está hinchado y va a apoderarse del mundo”[1].
Ese era el primer Loki que todos conocimos: alguien cuyo “glorioso propósito” en la vida era ser grande, poderoso, admirado y reconocido por sus hazañas. Pero muchos años después sucedió algo: descubrió que había otras líneas temporales en el universo, con distintas versiones de sí mismo. Si te parece extraño el concepto, la idea es muy sencilla de entender: imagina que hubiera multitud de universos, donde, en cada uno de ellos, la historia de la humanidad, y la tuya propia, se hubiera desarrollado de otras maneras. Por ejemplo, un mundo donde los nazis hubieran ganado la 2ª Guerra Mundial. Otro donde los dinosaurios no se hubieran extinguido. Otro donde Corea del Norte fuera una democracia. Otro donde tus padres no se hubieran conocido. Otro donde te hubieras casado con una persona distinta o estuvieras soltero. Y así con todo lo que puedas fantasear.
Cuando Loki descubre la AVT (Autoridad de Variación Temporal), una agencia que se encarga de mantener el orden en todas las líneas temporales y borrar las problemáticas, conoce al agente Mobius, que cambiará su forma de entender la vida. De nuevo, que hable el actor Tom Hiddleston: “Básicamente, le muestra a Loki que el propósito glorioso era una falacia y le da una especie de segunda oportunidad. Y creo que lo más emocionante de la serie fue ver a Loki intentar replantearse y redescubrir ese sentido del propósito, con el que todos nos sentimos identificados.
Durante toda su vida, Loki había luchado por un “propósito”, pero ahora descubre que, el que consideraba más importante (el reconocimiento, la grandeza, el poder, etc.), son una estupidez, por lo que se siente perdido, triste y sin saber cuál es la razón de su existencia.

La transformación de Loki
Por razones que no son necesarias explicar, hay una especie de máquina que permite la existencia de todos esas líneas temporales a la vez, pero se está sobrecargando y llegando al límite de quebrar. Si eso sucede, miles de billones de vidas perecerán. Loki lo intenta todo para evitarlo: viaja al pasado incontables veces y se pasa siglos aprendiendo física cuántica, en su desesperación por detener el proceso y revertirlo antes de que sea demasiado tarde. Pero llega a la conclusión de que es inevitable. Todo está a punto de acabar y ser destruido... pero entonces Loki descubre ese “glorioso propósito” que llevaba buscando toda su vida: su elección es sacrificarse por el bien de todos; usando su poder, mantendrá unidas todas las líneas temporales. Con sus propias manos, las sostendrá por toda la eternidad en una especie de árbol. Cuando lo hace, podemos ver que su rostro es de completa paz.
El antiguo villano lo ha dado todo por los demás. El que quería postrar a los seres humanos, se entrega por ellos. El que creía que la grandeza era ser reconocido, descubre que todo eso es pura necedad. El que creía estar en lo correcto, comprueba por sí mismo que estaba errado.

¿Quién es Pablo y qué anhelaba?
Conocido en sus orígenes con su primer nombre, Saulo, de Tarso, tenía, en sus inicios, muy claro su “glorioso propósito”: “Y Saulo asolaba la iglesia, y entrando casa por casa, arrastraba a hombres y a mujeres, y los entregaba en la cárcel” (Hch 8:3). Estaba tan convencido que sentía deseos de muerte contra todo el que se considerase cristiano, tanto que llegó a consentir en la muerte de uno de ellos, llamado Esteban, mientras le apedreaban (cf. Hch. 8:1). Le pidió autorización al sumo sacerdote para apresar a todos los que encontrara (cf. Hch. 9:2). Como un león al acecho, esperaba a su presa para devorarla. 

La transformación de Saulo a Pablo
Esa era su vida. Ese era su “glorioso propósito”. Pero, al igual que Loki, aunque era sincero, llegó el día en que el mismo Maestro le demostró cuán perdido estaba.  Tanto que decidió cambiarse el nombre por el de Pablo, que es como solemos conocerlo.
¿Qué le sucedió? Que responda él mismo: “Habiendo yo sido antes blasfemo, perseguidor e injuriador; mas fui recibido a misericordia porque lo hice por ignorancia, en incredulidad. Pero la gracia de nuestro Señor fue más abundante con la fe y el amor que es en Cristo Jesús. Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero” (1 Ti. 1:13-15). Una de las personas que escribió buena parte del Nuevo Testamento se reconoció como el primero de los pecadores.
Su “glorioso propósito” fue arrancando de raíz y se dedicó a uno completamente opuesto: de perseguir al Dios en el que creían los cristianos, a proclamarlo y servirlo sin descanso. En cuanto a la justicia de la ley, irreprensible, y teniendo un alto estatus social y religioso, renunció a todo. Parafraseando a Leonard Ravenhill: “Lo que muchos predicadores tienen por curriculum, Pablo lo tenía por basura”.

¿Cuál es tu “glorioso propósito”?
Le hablo tanto a los cristianos como a los que no lo son: 

- Si tu glorioso propósito es alcanzar el reconocimiento y el aplauso, es que no te has enterado de nada, o te has perdido en el camino.

- Si tu glorioso propósito es dedicar el tiempo libre a tus aficiones, es que no te has enterado de nada, o te has perdido en el camino.

- Si tu glorioso propósito es usar los dones que recibiste para tu propia gloria, es que no te has enterado de nada, o te has perdido en el camino.

- Si tu glorioso propósito es obtener likes, corazoncitos o mensajes de admiración en las redes sociales por tus publicaciones o fotos, es que no te has enterado de nada, o te has perdido en el camino.

- Si tu glorioso propósito es hacer todo lo posible por quedar por encima de los demás, aunque eso suponga menospreciarlos o pisotearlos, es que no te has enterado de nada, o te has perdido en el camino.

- Si tu glorioso propósito es ganar más y más dinero para comprar sin fin, o incluso tener una vida a lo grande, con una casa gigantesca, viajes de lujo, posesiones materiales inabarcables, es que no te has enterado de nada, o te has perdido en el camino.

- Si tu glorioso propósito es vivir para lograr un cuerpo escultural, sea en el gimnasio o en el quirófano, es que no te has enterado de nada, o te has perdido en el camino.

- Si tu glorioso propósito es cualquier forma de hedonismo, el sexo, las conquistas sentimentales sine fine, es que no te has enterado de nada, o te has perdido en el camino.

Todo lo mencionado es “basura”. Hasta el personaje ficticio de Loki, antes de conocer la verdad, decía que se sentía vacío, a pesar de ser un “dios”. El catedrático Enrique Rojas expone dicha verdad irrefutable, aunque sorprendentemente oculta para millones de personas: “A la hora de la muerte los títulos y los honores desaparecen, la riqueza no sirve para nada, el prestigio es muy relativo, y lo único que quedan son las huellas del amor que hayamos dejado en el testimonio de nuestras vidas”[2].
Con esto no quiero decir, ni mucho menos, que no nos esforcemos por mejorar nuestra calidad de vida, que descuidemos nuestra salud, que disfrutar de la naturaleza o del tiempo libre sea malo per se, o que practicar deporte u otras actividades de ocio no sean sanas dentro de un equilibrio, sino que tengamos claras nuestras prioridades y qué es realmente lo que transciende.
Hasta que no comprendas y, sobre todo, que asimiles, que el reino de Dios no es de este mundo (Jn. 18:36) y que fuimos “creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Ef. 2:10), no te habrás enterado de nada y seguirás perdido.
Como he expuesto en diversas ocasiones, Pablo enseña que Dios ha dado dones a los hombres (cf. Ef. 4:8), pero toda obra humana que no haya servido ni sirva para la gloria eterna de Dios, será quemada por el fuego (2 P. 3:10-13). Buena parte de la literatura secular, de la música, del arte o de los logros deportivos, desaparecerán por completo.
De nuevo nos apunta Pablo qué rumbo tomar: “Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria” (Col. 3:1-4).

Conclusión
¡Que tu “glorioso propósito” para este 2024, y para el resto de tu vida, sea usar los dones que Dios te ha concedido para Su gloria y Su obra! “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres” (Col. 3:23). Es fundamenta que recuerdes esas palabras, puesto que, hoy en día, y de forma lamentable, muchos caen en “usar al Señor para alcanzar su propio beneficio y la admiración”.
No tiene que ser necesariamente actividades llamativas a los ojos ajenos. ¡Hay tanta variedad donde elegir! Puede ser desde educar a tu hijo en el Señor, hasta servir a las personas enfermas de tu familia, pasando por todo lo que se te ocurra y para lo que el Señor ponga delante de ti. Eso sí perdurará; el resto se perderá en la nada más absoluta.

lunes, 11 de diciembre de 2023

1.4 ¿Que los cristianos anunciemos el Evangelio y el arrepentimiento a los homosexuales es un acto de odio o de amor?

 


Venimos de aquí: 1.3 ¿Los cristianos predicamos que tanto homosexuales como heterosexuales somos malos por naturaleza y necesitamos de la misma salvación, o solo nos referimos a los homosexuales? (https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2023/11/13-los-cristianos-predicamos-que-tanto.html).

Como haré a lo largo de toda la obra, aviso que los capítulos de este libro hay que leerlos en el orden en el que están escritos, sin saltarse ninguno. El lector queda prevenido.

* Si alguien quiere profundizar en esta cuestión en particular, y saber cómo pensamos los verdaderos cristianos, aquí dejo la mejor predicación que he escuchado hasta ahora respecto al asunto, ofrecida por Andrés Corson. Por los comentarios en el vídeo, cristianos que tienen esta clase de sentimientos homosexuales, han recibido mucho consuelo y una perspectiva correcta del amor de Dios: “Mi hijo es gay, ¿qué hago? (https://www.youtube.com/watch?v=RQAkU0yK5XI).

Lamento profundamente que algunos homosexuales hayan sido amenazados o agredidos físicamente a lo largo de sus vidas, incluso por individuos que se decían “creyentes” y que los han odiado. Pero mi deber y el de todo cristiano es decirles la verdad del Evangelio, y no por eso somos “enemigos”, como retóricamente preguntó Pablo: ¿Me he hecho, pues, vuestro enemigo, por deciros la verdad?” (Gá. 4:16).
Señalar el estilo de vida homosexual –incluyendo el “monógamo”- como contrario a los deseos de Dios, que requiere del arrepentimiento y de un cambio radical, no es odio o falta de amor, sino todo lo contrario: anunciar el mensaje de salvación es el mayor acto de amor que se puede ofrecer. Es un acto de misericordia, junto con la  imperiosa necesidad que tenemos todos los cristianos de señalar la necesidad de buscar la VOLUNTAD de Dios en todos los aspectos de la vida.
Cuando un padre corrige o regaña a su hijo cuando este se equivoca o no hace algo bien, no significa que no lo ame. Si lo hace con buena voluntad, lo ama sin duda. No amarlo sería callarse y no enseñarle el camino correcto.
Aquí reproduzco los pensamientos de un cristiano y la conversación que mantuvo con un amigo homosexual: “Había decenas de características tangibles que estimaba en mi amigo, y se lo dije. Pero, con una voz temblorosa con nerviosismo y compasión, le confesé que mi amistad parecería insincera si yo no podía reafirmar lo que él mantenía como una parte central de su identidad: su sexualidad”.

- “Quiero que sepas que creo que Dios ama a cada persona de la misma manera y eso incluye al homosexual. Sería deshonesto para mí aparentar que estoy de acuerdo o que entienda el camino que tú crees es el correcto, pero acepto que eres libre de escoger tu propio camino en la vida. Eso no por que yo sea especialmente caritativo o generoso, sino porque Dios lo es”.

- “Entonces, ¿sigues pensando que me voy a ir al infierno porque soy gay?”.

- “Perdóname si te dije eso. Más bien, es esto lo que creo: todo se reduce a lo que hacemos con Jesús. Yo creo que Él es el Hijo de Dios. No todos creen eso, pero daría cualquier cosa para que vieras la realidad de Jesús. Él le da significado y propósito a mi vida. Él puede hacer lo mismo por ti. Nadie se va al cielo por lo que hace o deja de hacer. Ese es el mensaje de Jesús. Todos los seres humanos pecan, y todos merecemos irnos al infierno por ello. Pero Jesús les ofrece a todos su gracia libremente. Sé que no es una parte fácil de la teología cristiana, pero sí, creo que la homosexualidad es un pecado, pero no es distinta de cualquier otro pecado. No es diferente a si me acuesto con alguien que no sea mi esposa o incluso si tengo una fantasía sexual momentánea. Dios creó la sexualidad, así que es buena, pero se puede expresar de maneras equivocadas. Cada uno de nosotros, gay o no o lo que sea, expresa la sexualidad de maneras rotas. Pero sabes qué, daría cualquier cosa por verte conocer a Jesús. Realmente lo haría. Yo moriría por eso. Todo esto gira sobre lo que decidas acerca de Jesús”[1].

Esto es, en definitiva, lo que creemos los cristianos. Por eso es triste cuando los que defienden con uñas y dientes la libertad de ser homosexual –lo sean o no- atacan a los cristianos preguntando con sorna y “buscándonos las cosquillas”, y nos dicen qué haríamos si tuviéramos un hijo o un ser muy cercano que nos confesara que siente atracción hacia las personas de su mismo sexo. Parafraseando la respuesta que en una ocasión leí de una hermana: “Nos sentaríamos a hablar con él, corrigiéndole a la luz de la Palabra, y oraríamos. ¡Ni que fuéramos monstruos que vamos a quemar en la hoguera a nuestros hijos!”.


[1] Soy extremadamente cuidadoso a la hora de copiar citas de otros autores, pero, en esta ocasión, aunque la tenía copiada, he traspapelado la fuente y no sé de dónde la copié a pesar de haberla rebuscado entre mis libros. Si algún día la encuentro la añadiré. Solo decir que, al ser tan interesante lo descrito y, a pesar de lo dicho, merece la pena transcribir esta historia.

lunes, 4 de diciembre de 2023

15.2. Los efectos traumáticos tras salir de una iglesia malsana o secta, y las diversas actitudes que toman los afectados

 


Venimos de aquí: ¿Cómo afrontar la vida tras salir de una secta o de una iglesia corrompida? (https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2023/10/151-como-afrontar-la-vida-tras-salir-de.html).

Empecemos por ver los efectos que suele provocar la salida traumática de una iglesia abusadora o malsana, o incluso de una secta.

Efectos
Para poder tratar los efectos, primero citemos algunos de los inmediatos en esta clase de síndrome de Estrés Postraumático:

- Se rememora continuamente el acontecimiento que provocó el trauma, con recuerdos muy detallados de todo lo acontecido. O el caso opuesto: dificultad para recordar hechos concretos de la vivencia traumática.
- Incapacidad para controlar los pensamientos obsesivos, los cuales surgen en la mente de manera involuntaria.
- Insomnio, pesadillas repetitivas y falta de sueño reparador. Esto provoca un cansancio abrumador las veinticuatro horas del día, lo que convierte al individuo en un alma en pena.
- Serias dificultades para concentrarse.
- Tristeza continua.
- Sensaciones desagradables de la misma intensidad que cuando aconteció el hecho en sí.   
- Ansiedad ante el temor a que la situación se pueda volver a repetir en el futuro.
- Sentimientos de pánico e ira al pensar en la posibilidad de encontrarse con sus acusadores. En el caso de que se produzca, se desconoce cómo reaccionará exactamente.
- Odio hacia aquellos que le infligieron tal dolor.
- Irritabilidad persistente y estallidos de ira, unido a la amargura y deseos de venganza.
- Sentimientos profundos de soledad.
- Evitación de todo contacto personal con otros seres humanos, al considerarlos a todos una amenaza por igual.
- Desconfianza generalizada, incluyendo a aquellos que se acercan con el propósito de ayudarle. Esto provoca que se encierre en sí mismo.
- Visualización de un futuro totalmente oscuro, desalentador y sin expectativas.
- Manifestaciones psicosomáticas, fruto de la ansiedad acumulada, como dolores de cabeza y musculares, mareos, bajadas de tensión y taquicardias.
- Repulsión a todo aquello que le recuerda de una manera u otra a las personas de las cuales huyó.
- Sentimientos de culpabilidad contra sí mismo por no haber evitado la situación que se produjo.
- Falta de apetito y desinterés por aquellas actividades sanas que siempre le han resultado placenteras.
- Enojo extremo, al saberse vigilado en la distancia por aquellos que dejó atrás y que parecen desear hundirlo en la miseria.
- Incapacidad para experimentar amor hacia sus semejantes. Esta apatía emocional conduce al individuo a sentir que ha perdido una parte imprescindible e intransferible de su humanidad.
- Indiferencia ante las muestras de cariño, las cuales no llegan a su corazón.
- Inseguridad, confusión y aturdimiento mental.
- En casos extremos, pensamientos recurrentes de suicidio, al considerarlo la única posibilidad de escapar del dolor que le abruma. 

Pueden ser más las sensaciones (que tú mismo podrías añadir y que son personales), pero basta con las citadas. Es evidente que no tienen que darse todos estos síntomas ni todo el mundo llega a los mismos extremos. Todo depende de diversos factores, como el carácter de la persona, el grado del trauma y de las consecuencias sobre su vida. Aun así, estos creyentes quedan, por norma general, profundamente dañados y el proceso de recuperación no es sencillo.

Diversos grupos y su actitud
He comprobado que, por norma general, se suelen dar seis grupos de individuos, respecto a la actitud que toman tras su marcha de estos lugares. Podríamos citar algún tipo más, pero estos son los más habituales:

1. El primer grupo busca otra iglesia local tras un periodo dedicado al descanso, la reflexión y la sanidad interior.

2. La segunda categoría la forman aquellos que, tras levantarse con gran esfuerzo del dolor que les causaron, prefieren vivir una vida tranquila y al margen del mundo eclesial institucional. Eso sí, jamás reniegan de su fe en Cristo, la cual manifiestan de diversas maneras, y obran para Él en libertad de múltiples maneras, usando los dones recibidos, fuera de las cuatro paredes de un local.

3. Un tercer sector está formado por lo que deciden tomar el modelo de la iglesia primitiva, reuniéndose en sus casas. Forman pequeños grupos (amigos y familiares) para alabar al Señor y compartir su Palabra, animándose unos a otros a las buenas obras y apoyándose en todo lo necesario.

4. El cuarto colectivo sería el de aquellos que rompen todo contacto con otros cristianos. Afirman seguir guardando la fe, pero se acostumbran a un estilo de vida tan frío que dejan de obrar para el Señor, de orar, de escudriñar Su Palabra, etc. Dios termina por tener un lugar muy secundario en sus vidas. Esto se detecta fácilmente cuando las cuestiones espirituales no aparecen por ningún lugar en sus conversaciones.

5. Otros son los que, tristemente, se apartan del Señor. Aunque la mayoría no reniega declarándolo con palabras directas, lo hacen con sus hechos, ya que se dedican a vivir fuera del orden de Dios; algunos con pecados llamativos y otros, simplemente, sin querer saber nada de Él.
Si eran verdaderamente hijos de Dios nacido de nuevo es un debate doctrinal en el cual no entro aquí, puesto que ya lo he hecho en otras ocasiones en el blog. Dicho lo cual, afirmo que nada, absolutamente nada, justifica abandonar all Señor. Parafraseando a Pedro, les digo: “¿A dónde iréis, si únicamente Jesucristo tiene palabras de vida eterna?”. Job lo perdió todo y no por ello renunció, sino que siguió el camino eterno.

6. Otros señalan que no se han apartado, proclamando que siguen siendo cristianos de pura cepa, citan las Escrituras aquí y allá, mencionan a Jesús siempre que pueden, pero, por unas razones u otras, modifican aquellos aspectos éticos y morales de la Biblia que no les gustan, reajustándolos a sus propias creencias, muchas de ellas basadas en la sociedad presente y en las nuevas modas que van surgiendo. Rehacen a Dios a su propia imagen y semejanza caída, lo cual es una blasfemia en sí mismo.

Mi anhelo es ayudar a todos ellos, estén en un grupo u otro, que han sido marcados a fuego por una dolorosa salida de la iglesia local a la que asistían. Y puedo hablar de ello con propiedad porque transité ese camino. Para ello analizaremos los síntomas y veremos qué hacer en tales circunstancias para que el afectado pueda ir aplicándolo paso a paso. Es fundamental que entiendas estas palabras del pastor Gerardo de Ávila: “En una crisis salva el nivel conceptual de la fe, no los sentimientos, que son nuestros peores enemigos en esos momentos”. Todo lo que vamos a ver está basado en tal premisa.

Lo que Dios tiene que decirte
Sea cual sea tu caso y tu situación personal, te diré que hay esperanza para ti, y que el inmenso dolor que puede embargar tu alma no tiene que eternizarse. El primer interesado en restaurarte es el Señor mismo, tu Padre celestial, y así lo afirma una y otra vez a lo largo y ancho de Su Palabra: “Más yo haré venir sanidad para ti, y sanaré tus heridas [...] He aquí que yo les traeré sanidad y medicina; y los curaré, y les revelaré abundancia de paz y de verdad [...] El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres: me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor” (Jer. 30:17, 33:6; Lc. 4:18).
Lo normal es que esta sanidad no sea instantánea sino progresiva, y que, como vimos, dependerá de muchos factores: calado de las heridas, daños causados, áreas personales afectadas, etc. De ahí que pueda llevar semanas o meses la recuperación completa, incluso años en los casos más graves, porque es lo más profundo de tu ser lo que ha sido dañado. Y esta sanidad no se logrará reprendiendo demonios y demás parafernalia que se observa en algunos lugares. En muchas ocasiones, el Señor se sirve del quebrantamiento para sanar el corazón, siendo las lágrimas las que, una vez derramadas sobre las heridas, cicatrizan el alma.
Es en ese tiempo de debilidad donde Dios te puede llevar a un crecimiento personal de un valor incalculable, si descansas en Sus manos, ya que su poder se perfecciona en la debilidad (cf. 2 Co. 12:9). La madurez que puedes alcanzar por medio del dolor no tiene precio. Él prometió que no dejaría para siempre caído al justo (cf. Sal. 55:22) y que está cerca de los quebrantados de corazón (cf. Sal. 34:18).
Quizá en este instante las palabras no te digan nada. Puede que no las creas, que suenen hasta falsas. Si piensas así, te entiendo. Pero un día serán reales, e incluso podrás ayudar a otros. Recuerda que las mayores marcas y cicatrices de la historia de la humanidad –las de Jesús tras resucitar-, han traído sanidad a millones de personas de todas las épocas: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Ro. 8:28). Dios te llamó en su momento y estará siempre contigo, puesto que tiene un propósito en medio, a través de tu dolor y durante el proceso de sanidad: Si hay un proyecto coherente y bien edificado, el dolor, el sufrimiento, la decepción, la humillación, el fracaso, etc., tienen sentido. ¿Por qué? ¿De qué manera? El sufrimiento, en sus diversas formas, cura al hombre de su profunda soberbia y lo va volviendo más amoroso con los demás. A la corta, lo frena; pero, a la larga, lo hace más humano, más comprensivo y tolerante. Cuando estos impactos negativos no son recibidos así, el hombre se neurotiza y se torna agrio, amargado, resentido, echado a perder, etc. El mismo sufrimiento que hace madurar a unos conduce a otros a uno de los peores capítulos de la psiquiatría: la personalidad enferma. La diferencia está en el modo de aceptarlo en el contexto del proyecto personal”[1].
Las penurias de José fueron dramáticas: lo intentaron asesinar, fue traicionado y vendido por sus propios hermanos, encarcelado durante años injustamente, etc., pero  terminó hablando de esta manera: “Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien” (Gn. 50:20).

Empatizando contigo
Entiendo mejor de lo que puedas imaginar los sentimientos que habitan en tu corazón. Entiendo tu dolor. Entiendo tu rabia. Entiendo lo que es sentirse desolado. Entiendo lo que es sentirse traicionado y abandonado. Entiendo cuando me hablas de esas noches en vela llenas de temor. Entiendo cuando dices que “lloras sin llorar”. Entiendo qué significa despertarse en medio de la noche empapado en sudor tras una pesadilla que se repite una y otra vez. Sé lo que es sentirse indefenso mientras eres emocionalmente linchado. Sé lo que es desear estar fuera de este mundo. Sé lo que significa no confiar ni en tu sombra. Pero también sé que, en lo más profundo de tu ser, existe el deseo de recuperarte. Sé que es un clamor que gritas en silencio y que ahogas dentro de tu alma. Y sé cuánto se puede aprender de la mala experiencia. No te diré que sea fácil, porque eso sería engañarte, y ya estás saturado de mentiras. Pero sé que se puede porque lo he experimentado en primera persona.
Si algo he aprendido es que existe una abismal diferencia entre padecer secuelas y que ellas tomen el control absoluto el resto de tu vida. La definición de secuela es: “Trastorno o lesión que queda tras la curación de una enfermedad o traumatismo, y que es consecuencia de ellos”. Las secuelas son normales, pero el fin de todo es aprender de ellas, adaptándose a las nuevas condiciones de vida, eliminando el grave pesar interior que han dejado, para, finalmente, crecer como resultado de todo el proceso. Ahora que el trauma se ha producido, no puedes dejar que tu vida gire en torno a él. Debes usarlo en tu beneficio, aunque en medio del proceso de aprendizaje resulte bastante doloroso.
A lo largo de este extenso capítulo, que comienza aquí tras la introducción que ya vimos, permíteme mostrarte lo que una vez aprendí. Lo aquí establecido son principios generales, ya que cada uno de nosotros y cada caso es distinto, por lo que se deberán adaptar a cada situación personal. Posiblemente nuestras circunstancias pasadas no fueran exactamente iguales ni el cómo las vivimos, pero el dolor tiene patrones que se repiten para todos, por lo que es normal sentirse identificados y empatizar con el otro.
Afrontemos los síntomas y los efectos más dolorosos volcándonos en la solución, puesto que si adoptas una actitud pasiva los efectos negativos se volverán crónicos y la superación del trauma será aun más difícil de lo que ya es de por sí. Así que pongamos las cartas sobre la mesa y barajemos hasta dar con la mano ganadora.

Continuará en: 15.3. ¿Reprimir el dolor tras salir de una secta o iglesia abusadora? & Controlando las mentiras que llegan a tus oídos.


[1] Rojas, Enrique. La conquista de la voluntad. Ediciones Planeta Madrid, S.A.

lunes, 27 de noviembre de 2023

11.7. ¿Eres soltero porque hay heridas en ti sin sanar?

 


Venimos de aquí: ¿Eres soltero porque sigues prisionero de un pasado hiperactivo? (https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2023/10/116-eres-soltero-porque-sigues.html).

Lo repetiré a lo largo de todo el capítulo: las causas a la solteria que estamos exponiendo son adyacentes o secundarias. Las causas principales que suelen darse o ser la norma están descritas claramente en el segundo apartado del primer capítulo (Lo que le duele a los solteros: Haciendo malabares: http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2015/03/12-lo-que-duele-los-solteros-haciendo.html). Lo aclaro para que no haya malos entendidos y nadie se cree falsos sentimientos de culpa.

En muchos casos, el pasado hiperactivo del que hablamos en el apartado anterior, trae como consecuencia heridas que aun no han sido sanadas completamente. Quizá creían que lo estaban. Incluso puede que hayan pasado varios años desde aquel estilo de vida, pero en el interior, alguna de ellas, sigue sangrando. Puede ser facilmente observada por terceras personas ya que, externamente, hay aspectos que siguen sin cambiar. En este caso concreto, en lo que respecta a las relaciones de pareja. Y, cuando me refiero a heridas del pasado, no hago alusión únicamente a los acontecimientos fuera del orden de Dios que ya analizamos, sino a posibles traumas que acontecieron y que no fueron sanados: desde una mala ruptura, a una relación previa sumamente negativa que provocó una desconfianza total en las personas del sexo opuesto, o mil situaciones que no tienen nada que ver con la pareja. Cada uno sabe cuáles son esas impresiones que se quedaron profundamente marcadas y cuyos recuerdos impiden que le ofrezcan una sincera oportunidad a un pretendiente o que se muestren excesivamente críticos con ellos.

Consecuencias
Se producen los dos extremos:

1) en unos casos, huyen de toda relación y del amor, se encierran en sí mismos, puesto que no confían en los seres humanos en general, y en el sexo opuesto en particular.

2) El caso contrario se da en aquellos que siempre tienen una relación, para huir del resto del mundo. Ninguna de las dos soluciones son sanas ni quitarán el dolor.

Normalmente, se mueren por amar, pero cuando aparece el sujeto sobre el que volcar su corazón, algo falla. Al igual que los pasados hiperactivos, este tipo de heridas pueden llevar al sujeto a elegir una pareja que no les conviene, aun sabiendo que no es la persona que querrían para sí mismos. También aquí pueden darse dos casos: 

- Si son mujeres, buscan un hombre que haga de padre con ellas, y si son hombres buscan una mujer que haga de madre con ellos. El problema reside en que, cuando comienzan a relacionarse y observan que el otro también tiene algunos miedos e inseguridades (como todo el mundo), incluso ciertas heridas humanas, se alejan de él, buscando a otra persona que no tenga desperfectos en el corazón y que sea emocionalmente perfecta. Esto se nota fácilmente porque cuando estás con ellos y le muestras las debilidades de tu corazón, no te apoyan y se muestran frías. La realidad es que se sienten profundamente desilusionadas de que no seas perfecto, y el mito que habían construido sobre ti se desmorona en cuestión de segundos.

- En el segundo caso, eligen (inconscientemente) una persona herida para rescatarla y así redimirse a sí mismas. De esta manera, harán por otro lo que nadie hizo por ellas. Cuando descubren que su pareja sabe cuidar de sí misma y no necesita de nadie que la salve, sino una relación de igual a igual, pierden la atracción que creían sentir por el otro. Así que siguen buscando a alguien a quien sanar.

Atados por las heridas
Quizá crea que sanó las heridas porque se siente bien en este preciso instante. Incluso puede aparentar ser una persona positiva y llena de vitalidad. La realidad es que, sin saberlo, se engañan a sí mismas hasta cierto punto. Cuando en el horizonte se vislumbra una relación formal, seria y con un proyecto de futuro, los fantasmas del pasado se manifiestan: A veces una persona accidentalmente dice o hace algo que dispara una vieja herida del pasado. Si está es una relación personal nueva, la reacción puede deberse a una conexión previa, su familia de origen, o ambas cosas. [...] Por eso hay personas que se sienten atacados cuando alguien les dice algo sin mala fe, pero que sí fue dicho con mala fe por otra persona en el pasado. En situaciones como estas parece como si una persona fuera un campo minado. Cuando el otro inocentemente pisa heridas enterradas, la persona tipo campo minado estalla en temor, retirada o enojo”[1].
Es entonces cuando se da cuenta de que sigue emocionalmente enferma, al menos en esa área. Lagrimas que fueron reprimidas. Palabras de dolor que se callaron. Rabia contenida. Perdón no concedido. Incapacidad para aceptar los propios errores. Equivocaciones que se repiten. Un periodo de duelo no experimentado. Incapacidad para amar románticamente en una relación. Un tiempo que pasó pero permaneció en lo profundo del corazón que sigue cerrado a cal y canto, y que les pesa. Un alma llena de inseguridad. Creen buscar el amor pero cuando hallan un candidato encuentran mil razones para rechazarlo. Como señala Bernardo Stamateas: “Mucha gente sufre por el enamoramiento porque no pueden enamorarse, son personas que han tenido una gran desilusión y que viven descalificando a la gente que conocen”. Son sentimentales pero inaccesibles.
Puede que, durante la corrección del pasado, estuvieran mal por un tiempo, incluso bastante, pero las cicatrices del alma no llegaron a formarse o no cauterizaron correctamente. Aparentemente, llevaban una vida normal, aunque cada cierto tiempo rompían a llorar cuando menos lo esperaban sin saber las razones exactas. Continuaron con su vida tiempo después, se embarcaron en multitud de actividades y proyectos personales, creyendo que así pasarían página, pero en algún momento del presente se dieron cuenta de que a su corazón aun le afectaban esas heridas. Esto provoca que, sin ser plenamente consciente de ello, se hagan daño a sí mismos, ya que boicotean toda relación con su actitud, al no prestarle a la otra persona la atención que sería lógica, aparte de que vuelven a poner el listón sumamente alto en lo que dicen buscar.
Por el contrario, si algún detalle de la nueva relación se asemeja en lo más mínimo a la anterior, aunque sean nímios y donde no tienen nada que ver las circunstancias actuales con las pasadas, la persona abandonará a su pretendiente porque sus miedos internos toman de nuevo el control.

¿El amor sana?
He leído opiniones diversas sobre si el amor es terapéutico o no. La realidad es que sí, pero hay un matiz muy importante: mi opinión es que no se debe buscar una relación con el propósito de sanar heridas ya que es conveniente curarlas antes. Si se comienza un vínculo serio con heridas graves, puede que se paguen con la persona con la que se establece la relación: con una forma dura de hablar, con resentimiento, frialdad, indiferencia emocional, etc. Las persona heridas hacen daño a otras: “Si el enojo no se desfoga apropiada e inofensivamente, ¿quién sabe cuándo se desbordará y contaminará tu nueva relacion? A veces el enojo toma la forma de resentimiento y amargura”[2]. Bernardo Stamateas añade a esto que “muchas personas son como un camión de basura: andan cargadas de frustración, odio, enfado y decepción. A medida que la basura se va amontonando necesitan encontrar un lugar donde arrojarla. Si se lo permito, me la arrojarán a mí”[3].
Incluso se darán otro tipo de complicaciones, como la dificultad para abrirse plenamente, tanto a nivel emocional como en el plano romántico. Pienso que, cuando alguien está profundamente herido, no está en condiciones de ofrecer un amor sano y tampoco es capaz de recibirlo en igual medida, ya que le costará sentirlo realmente. Siempre habrá una barrera.
Ahora bien, también estoy plenamente convencido de que una relación sana, donde impera el amor, ayuda a terminar de cerrar lesiones del pasado. Una persona que abandonó su relación anterior porque su pareja era agresiva verbalmente y no mostraba ningún tipo de cariño, sentirá un gran vigor si en su nuevo emparejamiento encuentra calidez, ternura, dulzura, respeto, comprensión, confianza, valoración y aprecio.
¿Cómo no iba a ser el amor terapéutico, cuando el amor de Dios sana tantas heridas del alma? El ser humano es capaz de mostrar parte de ese amor: “Debido a que somos heridos en las relaciones, nuestra sanidad tambien se encontrará en las relaciones con otros. Encontrar a alguien, un consejero, líder espiritual, cónyuge o amigo, con quien puedas ser totalmente sincero [...] es una parte vital de ese proceso. Mientras tú batalla permanezca entre tu orejas, tiene mucho poder sobre ti. Expresarla con alguien que te amará incondicionalmente y te alentará hacia la victoria es una increible experiencia de crecimiento”[4].
Así que sí, el amor sana. Pero, como he dicho, no se debe ir a una relación con el propósito principal de sanar todo el pasado, porque si las heridas son muy grandes, nada de lo que haga el benefactor será suficiente para su amado. Siempre se sentirá insatisfecho con lo que recibe y reclamará sin descanso, lo que será fuente continua de conflictos, y más sin son los dos los que tienen heridas sin sanar: “Cuando tú vives en una miseria personal de insastisfacción y te juntas con otra persona igual de insatisfecha y miserable, la otra persona está cargando con su vida y tu miseria”[5].

Sin precipitaciones
Dicho esto, también quiero subrayar la importancia de no iniciar una relación justo en el momento en que se ha producido una herida emocional profunda, ni siquiera en los días o semanas siguientes. La razón se basa en una cuestión meramente orgánica que afecta directamente al estado de ánimo y a las emociones. He aquí el porqué: poseemos lo que se conoce como el sistema nervioso vegetativo (o autónomo), que se encarga del movimiento y del funcionamiento de los órganos internos sin la necesidad de que los controlemos directamente. Para levantar mi brazo, tengo que ordenar voluntariamente a mi cuerpo que lo haga. Pero de hacer que mi corazón o mis riñones funcionen, se encarga el sistema nervioso autónomo. Este sistema nervioso está dividido en dos partes:

- El simpático: Se activa en actividades que requieren un trabajo físico, y especialmente en situaciones de estrés  (aumentado los latidos del corazón, proveyendo así de mayor aporte de oxígeno a los músculos y prepararando el cuerpo ante una posible amenaza).

- El parasimpático: Se activa en condiciones de calma y bienestar, relajando el pulso y la tensión arterial.

Es importante señalar que ambas partes no pueden estar activas al mismo tiempo. Una persona que está sumamente herida tiene su sistema nervioso parasimpático a pleno rendimiento a causa del estrés. Por lo tanto, será incapaz de disfrutar de la persona que está interesada en ella. Aun cuando quiera, le será imposible. Pueden estar en el ambiente más idílico, paseando tranquilamente, mientras toman un helado, pero su mente no estará allí. Los chistes no le harán gracia. Las historias ajenas no le interesarán lo más mínimo. Se mostrará tensa, seria, ausente y distraída. En estas circunstancias, es mejor posponer el encuentro hasta que las aguas hayan vuelto a su cauce.

Afrontando las heridas
¿Qué hacer ante una herida profunda? Tomar decisiones drásticas como dejar el trabajo, cambiar de casa, de congregación o incluso de ciudad no suele servir. Puede proporcionar un alivio temporal, e incluso en ciertos casos puede ser muy recomendable. Pero, si te sientes identificado con lo que hemos visto y crees que es tu caso, el único camino es entregar tu dolor al Señor para que Él lleve todas tus cargas y heridas: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mt. 11:28). No olvides que Cristo no vino “solo” a salvarnos, sino también a sanar a los quebrantados de corazón (cf. Lc. 4:18).
Terminado citándote las palabras que Hilary Swank (protagonista femenina de “Escritores de la libertad/Diarios de las calles”) le dice a sus alumnos: “Quiero que hagas un brindis por el cambio. Y eso significa que a partir de este momento todas las voces que te han dicho que no a algo, quedan silenciadas. Todas las razones que dicen que las cosas nunca cambiarán, desaparecen. Y a partir de este momento, la persona que eras ya no cuenta. Ahora te toca a ti”.

* En el siguiente enlace está el índice:
* La comunidad en facebook:
* Prosigue en: ¿Eres soltero porque solo esperas recibir amor y no darlo?


[1] Townsend, John. Más allá de los límites. Vida.

[2] Wright, Norman. 101 preguntas antes de volver a casarte. Casa Bautista. Pág. 26.

[3] Stamateas, Bernardo. Gente tóxica. Zeta Bolsill. Pág. 48.

[4] Ethridge, Shannon. La falacia de Grey. Nelson.

[5] Davila, Zoricelis. Felizmente Solteros. Mundo Hispano.

lunes, 20 de noviembre de 2023

Barbie y Gloria: dejad el discurso victimista & Escuchad también a los hombres & Mejor juntos que cada uno por su lado & Perdidos sin Dios (2ª parte)

 


Venimos de aquí: No, Barbie: no todos los hombres somos Ken (1ª parte): https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2023/11/no-barbie-no-todos-los-hombres-somos.html

La realidad en su conjunto, y no la sesgada que muestra Gloria –y que vamos a mostrar-, es que el hombre occidental vive bajo un totalitarismo ideológico, donde no se permite la disidencia del discurso oficial, y que obedece exclusivamente a intereses políticos que manejan a las masas. El precio a pagar es el insulto barato: fascista y machista son los dos más habituales, términos que muchos emplean a la mínima ocasión, y sin saber realmente su significado. Por ejemplo, el machismo lo define el diccionario tal que así: “Actitud y comportamiento de quien discrimina o minusvalora a las mujeres por considerarlas inferiores respecto de los hombres”. Ni una de mis palabras entran dentro de esa consideración, ya que, lo que voy a ofrecer, son meramente datos y realidades fehacientes. Sin embargo, para muchos –me repito: desconociendo el significado del concepto-, dirán que es “machismo” por mi parte, por el simple hecho de que no acepto sus postulados.

El discurso victimista de Gloria, la mujer que juega a Barbie
Cuando Ken establece el patriarcado en Barbieland, Gloria ofrece un discurso ante todas las mujeres, para que despierten del control mental al que están siendo sometidas. En cursiva, sus palabras; el resto, mis comentarios:

- Cuando afirma que es literalmente imposible ser mujer. Siempre tenemos que ser extraordinarias, pero, hagamos lo que hagamos, nunca lo hacemos bien”, está proyectando sus propios pensamientos, ensimismada en su rol de mártir, haciendo una generalización, como si las malas experiencias de un grupo de mujeres fuera la norma absoluta y vital en todo su conjunto. Señora Gloria, no todo es blanco o negro; la vida está llena de colores y matices.

- “Tienes que ser jefa, pero no mala. Tienes que liderar, pero sin machacar las ideas del otro”. ¿También eres víctima si eres una mala jefa o una mala líder? En esos casos, ¿no será tuya la culpa? A alguien que acusa siempre a los demás de todas sus desgracias, de sus malas acciones y decisiones, se la considera una persona manipuladora y tóxica.

- “No puedes ser maleducada, ni fanfarrona, ni egoísta”. Poder, puedes, como si quieres conducir en dirección contraria por la autopista. Pero, si lo haces, tendrás que asumir las consecuencias: si eres maleducada, posiblemente lo serán contigo; si eres fanfarrona, las personas humildes te evitarán a toda costa; si eres egoísta, no tendrás derecho a pedirle nada a los demás. ¿Debo felicitarte por el hecho de ser mujer, aunque actúes como una mala persona?

- “Tiene que encantarte ser madre, pero no hables demasiado de tus hijos”. Nadie obliga a nadie a ser madre hoy en día. Y si tienes hijos, y alguien te dice que hablas demasiado de ellos, quizá es porque lo haces en exceso con personas que no le interesan tantos detalles de tu vida.

- “Tienes que responder por el mal comportamiento de los hombres, y, si dices algo, te echan en cara que te quejas”. ¿Tan triste es tu vida, Gloria, que te hacen responsable de lo que hacen los hombres? Si lo dices porque eres la secretaria de esos empresarios que se muestran en la película, lo puedo entender, pero habla por ti y no generalices como haces continuamente, que ya cansa.

- “Y de hecho no solo lo haces todo mal, sino que todo es culpa tuya”. Al señor guionista que ha escrito esta declaración: ¿de verdad tomas por tontas a todas las mujeres del planeta Tierra, como si vivieran continuamente en un infierno de lágrimas y quebrantamiento?

- “Estoy tan cansada de verme a mí y a cualquier otra mujer hacer lo imposible para gustar a la gente”. Si vas por la vida buscando gustar a los demás, entonces has caído en la paranoia, y tienes un problema de salud mental y emocional. Y quiero creer que, en su mayoría, ni hombres ni mujeres son así de dementes.

El discurso es victimista hasta niveles insospechados. Dada la seriedad del asunto, recordemos el significado de victimismo: “El victimismo es un trastorno paranoide de la personalidad​ muy común, en el que el sujeto adopta el papel de víctima a fin de, por un lado, culpar a otros de conductas propias y, por otro, enarbolar la compasión de terceros como defensa a supuestos ataques”. Esto se ve en casi todas las palabras que expone y que dan mucho jugo.
Por muy épico-feminista que pueda parecer la disertación de Gloria, es un insulto y un menosprecio a las propias mujeres, un verdadero lavado de cerebro. Les hace suponer que ni siquiera son capaces de ver lo bueno de la vida, sin caer en los extremismos que ella presenta, de no saber distinguir por sí mismas a un hombre tóxico de otro que no lo es, como si todos los hombres solo buscaran mujeres floreros, sirvientas y adoradoras del macho-machista.
Conozco muchísimas mujeres que se han sacado su carrera universitaria, van al gimnasio, asisten a clases de canto mientras imparten danza, que te dan un abrazo tan afectuoso que te alegran el día, al contrario que la amargada de Gloria. Entre ellas hay mujeres guapísimas y otras que no lo son. Hay otras que son madres solteras y trabajan, y otras que son amas de casa y sacan adelante, junto a sus esposos, a una familia numerosa. Las hay con mucho dinero e independientes, y otras que viven al día y con lo justo. Son humanas como todos, con sus virtudes y defectos. Tienen sus días buenos y sus días malos. Sus tristezas y alegrías. ¿Y sabes qué, Gloria? Ninguna de ellas va por la vida culpando a los demás de nada, ni a tu imaginario patriarcado. Todo lo que han logrado ha sido por su propio esfuerzo, no victimizándose. Aprende de ellas, porque de ti, poco o nada tienen que aprender.
De verdad Gloria, ¡te has cubierto de gloria! ¡Ni que vivieras en un campo de refugiados en Siria!

La realidad del hombre
Con este “sermón”, parece que ser mujer es horrible y que la vida del hombre es extremadamente sencilla y placentera. Para Gloria, solo existe “su dolor”, “sus circunstancias”, “sus sentimientos”, “lo que ha sufrido o “sufre” y lo que “le han hecho”. Ante esto, hablemos un poco del hombre:

- En la mayoría de países, el 70% de las víctimas de asesinato son hombres. Por citar algunos ejemplos escandalosos: en México fueron asesinadas 3957 mujeres, por 32.336 hombres; en Argentina: 372 mujeres, por 2042 hombres[1].
Por lo tanto, cada vez que yo salgo a la calle, tengo tres veces más posibilidades de que me asesinen que a una mujer. Uno de ellos fue un amigo y hermano en la fe: una agradable noche de verano, paseando tranquilamente con su esposa, lo apuñalaron en el corazón, sin ninguna razón. Un hombre encantador, amable, inteligente, atleta, espiritual, risueño y, en un segundo... A pesar de estar a escasos metros de un Hospital, murió al instante.

- Puesto que los hombres suelen desempeñar los trabajos físicamente más duros y peligrosos, los accidentes laborales recaen mayormente sobre ellos: en mi país (España), en el año 2022, fueron 170.189 el número de mujeres que lo padecieron, mientras que los hombres alcanzaron la cifra de 382.000. Aquí se pueden ver las estadísticas desde el 2015[2]:

- De entre estos accidentes, el índice de mortalidad es todavía más claro: de los 826 trabajadores que perdieron la vida en 2022, “los accidentes mortales en jornada se distribuyeron en 638 casos en hombres y en 41 en mujeres. En in itinere, 113 fueron hombres y 34 fueron mujeres”[3].

- En mi país, el hombre no tiene presunción de inocencia. En el momento en que una mujer lo denuncia, automáticamente es llevado al calabozo cuarenta y ocho horas; setenta y dos si sucede un viernes.

- A pesar de que el número de agresiones es muy superior entre parejas homosexuales, únicamente las mujeres heterosexuales tienen un número de ayuda telefónica al que llamar si sufren maltratos de su pareja. Por su parte, el hombre no dispone de nada al respecto, aunque sea la misma situación.  

- No siempre, pero, por norma general, la mujer busca un hombre proveedor, con un estatus social y económico superior que ella, ya que eso le proporciona seguridad. Sin embargo, el hombre no tiene en cuenta este factor a la hora de fijarse en una mujer: no tiene problemas en proveer, aunque ella no tenga trabajo, gane muy poco o trabaje en un McDonald´s. Estas entrevistas, y las respuestas que ofrecen ambos sexos, son muy llamativas al respecto: “¿A qué clase social debe de pertenecer un hombre para contraer matrimonio?” (https://www.youtube.com/watch?v=K55ZWHqbrE8).

- Los hombres son, con diferencia, los que más se suicidan, pero de eso nadie habla. ¿Verdad, Gloria? En el 2021, de las 4003 personas que lo hicieron en España, 2982 eran hombres[4]. La tasa se repite en todos los países del mundo. Aquí una pequeña muestra de la Tasa por cada 100.000 habitantes[5]:

- En 2022, de las 28.500 personas sin hogar en España, a los que solemos llamar “vagabundos”, el 77% son hombres[6].

- Barbie le dice a Gloria que no quiere hacer daño a Ken, a lo que ella replica: “Te ha quitado la casa. Les ha lavado el cerebro a tus amigas y quiere controlar el Gobierno”. A un amigo mío, que ha sufrido en sus carnes un divorcio, no creo que le haga ni pizca de gracia lo que dice Gloria. En un divorcio, a menos que previamente se haya firmado una “separación de bienes”, quien se lleva buena parte de los mismos es la mujer: casa, pensión y, en el caso de haberlos, la custodia de los hijos.

- Igual que una buena madre es capaz de dar la vida por proteger a su hijo, un buen hombre hace lo mismo por una mujer en peligro, aunque no la conozca de nada.

A pesar de todo los datos ofrecidos, señora Gloria, los hombres no hacemos películas de juguetes para mostrar cuán dura es la vida, ni presentarnos como víctimas.

Hombres y mujeres, ¿cada uno por su lado, y sin Dios?
He leído a algún crítico de cine –de nuevo, hombre-, defendiendo la película basándose en su final: afirman que las Barbies recuperan el modelo de sociedad que había antes del “golpe de Estado Patriarcal” ejecutado por Ken, pero sin cometer los errores de antes. ¿What? O sea, mintiendo, siembran cizaña, manipulando a los hombres, haciéndoles creer que les interesan sus gustos y aficiones, llenándoles de celos al irse con otros hombres y que así se enfrenten entre ellos, con el fin de recuperar el status quo anterior, donde ellas lo hacían todo, ¿y tengo que aplaudirlas? Hasta votan de manera clandestina para que los hombres no puedan hacerlo. Vuelven a echarlos a un lado y los alejan, más si cabe.
Otros dicen que el mensaje es que Barbie –las mujeres en general- debe descubrir quién es en realidad, sin necesidad de que Ken –los hombres en general- se lo diga. Y lo propio con Ken respecto a sí mismo. Eso sí puede defenderlo, pero, en el fondo, lo que se observa es muy triste: hombres y mujeres separados, y cada uno por su lado. Ni amistades, ni compañerismo, ni noviazgo, ni matrimonio, ni nada. No hay unión ni reconciliación, solo individualidad, pura y dura.
Ni hombres ni mujeres son seres de luz, ni reyes, ni reinas, ni principes, ni princesas, ni muñecos, ni muñecas. Son seres humanos que, sin Dios, caminan sin rumbo por este mundo. Y, hasta que no sepan ver esa realidad, todo seguirá igual. Por mucho que busquen, aquí o allá, de mil maneras diferentes, ambos seguirán perdidos, hasta no encontrar al que los creó.

Conclusión
Si se hubiera visto un equilibrio, podría haberlo aceptado como una comedia: nos habríamos reído todos. Pero ridiculizar a un género para exaltar al otro, y encima añadiendo una ideología que solo causa prejuicios, fobias y la división que ya se está encargando de provocar el feminismo radical en la última década, pues no tiene nada de sano. Es tan lamentable que no existen palabras en el vocabulario que pueden expresar el daño que están haciendo, al crear dos bandos, como si fuera una guerra. Tanto en Barbieland como en ese “mundo real” que representan, no hay cariño entre ellos, ni interés mutuo, ni complicidad, ni complementariedad. No hay nada. Solo vemos individualidad: “vosotros, por un lado, y nosotras, por el otro”; eso es lo que muestran.
Así tenemos la sociedad actual: parejas sin compromiso, relaciones abiertas, sexo causal por doquier, divorcios a la mínima, infidelidades de todo tipo, descenso abismal de la natalidad en Occidente[7], chicas adolescentes exhibiendose en redes sociales como si fueran prostitutas y chicos como si fueran gigolós, consumo desmedido de alcohol –donde la mujer ya bebe tanto o más que el hombre-[8], adicción a la pornografía y transmisión de valores vomitivos por medio de una música soez. Y eso es lo que ha traído: la destrucción de la familia tradicional, donde lo que impera es el “yo”, “mi placer”, “mi cuerpo”, y nada de esto incluye el matrimonio, ni el tener hijos, despreciando a la mujer que, libre y voluntariamente, decide ser madre, trabajar o no hacerlo fuera del hogar, ser o no ama de casa y criar a sus retoños, de mutuo acuerdo con su esposo.
Barbie no es una comedia. Es un drama que solo provoca lágrimas de dolor. Una pena. Una verdadera pena. Una oportunidad perdida de traer paz a esta desesperante y estúpida guerra de sexos, en la que andan enfrascados los movimientos radicales feministas, apoyados por los medios de comunicación y muchos lobbies. En lugar de mostrar unidad, hombres y mujeres que se complementan, que se unen para luchar contra las injusticias del mundo, traen más división.
Si ya estamos pagando el precio, las próximas décadas serán una catástrofe, cuando muchas de las mujeres que han comprado esta ideología, se den cuenta que fueron engañadas. Tengo ganas de ver cómo reaccionan cuando llegue ese día. Si seguimos por este barrio, aquí estaremos para narrarlo.