lunes, 1 de marzo de 2021

12. La crisis del Coronavirus: ¿Aprenderemos de todo esto o lo olvidaremos cuando pase?


Venimos de aquí: ¿Qué puedes aprender de la crisis del coronavirus? Que no debes volver atrás una vez que has abierto los ojos (https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2020/07/11-que-puedes-aprender-de-la-crisis-del.html).

Hace unos meses, al inicio de la pandemia y al poco de comenzar el confinamiento, mantuve una conversación con mi amigo Miguel sobre si creíamos que las personas cambiarían cuando todo pasara. Los dos llegamos a la misma conclusión: no. Se podrá pensar que ambos tenemos una versión pesimista de la humanidad, pero es simplemente un reflejo de la realidad que ya estamos observando claramente a nuestro alrededor. La inmensa mayoría vuelve a ser como los zombies que el cineasta George Romero mostró satíricamente en sus películas de los años 70 y hasta su fallecimiento para explicar la esencia y la naturaleza humana que se mueve por instintos y estímulos externos.
Como bien apunta mi otro amigo José Ángel: “La publicidad empieza a insistir en que tenemos que volver de inmediato a la misma vida de antes, a consumir igual, a beber igual, a contaminar igual... como si todo hubiera sido un mal sueño del que hay que despertar y olvidar. Todos a las prisas, al trabajo frenético, a por dinero, a los bares, al ruido, las pelis, las vacaciones lejanas, el turismo de masas, las compras innecesarias, la vanidad de las redes sociales, los créditos y las deudas, las comilonas insanas... que nadie se pare a pensar que hay otras formas de vivir, de encarar la realidad, de darle sentido a esta locura. Y los ancianos, a las residencias de nuevo, que molestan en casa, que no nos dejan hacer todo eso que hay que hacer. Y los niños también molestan (aunque es verdad que tienen la belleza del cachorro; no son como los viejos): al cole de inmediato o a las guarderías. Por lo visto no ha pasado nada: el mundo era perfecto hasta febrero. Repitamos la historia”.
Incluso el periódico “El Mundo” hizo un análisis sobre la situación “postpandemia”, y decía así: “Sexo, fiestas y despilfarro: así serán los años locos que llegarán tras la pandemia. En pleno récord de contagios, cada vez más expertos aventuran cómo se comportará la sociedad cuando termine la crisis. La Historia demuestra que, tras los grandes traumas, suele venir una resaca de gasto económico y desenfreno hedonista”[1].


Cambios globales vs Cambios personales
Hay filósofos y figuras religiosas que piensan lo contrario, que todo lo que está pasando va a sacar lo mejor del ser humano y vamos a “ascender” a una especie moralmente mejorada. La persona de la calle, que se aleja de las palabras vacías de estos humanistas que siguen confiando en la benevolencia del corazón humano, sabe que no será así. En una reciente entrevista, el célebre exjugador de Baloncesto y médico de profesión, Juan Antonio Corbalán, un ciudadano con los pies en la tierra, a la pregunta de si habremos aprendido la lección de todo esto, contestó así: “Yo creo que no. La humanidad tiene una inercia tan enorme... Nos durará durante un tiempo esta sensación de país, de compartir y de reconocer el trabajo de los otros. Creo que eso poco a poco irá disminuyendo y al final volveremos a los mismos vicios que hemos tenido siempre. Soy bastante escéptico porque muchos de los elementos que conforman nuestra sociedad son impuestos y tenemos una forma de capitalismo mal entendida. Eso nos hará volver otra vez a lo de que ´yo arreglo mi problema y el que venga por detrás que arree`. Ahora se impone la parte social, más redistributiva y más bonita y buena de las personas, que poco a poco se irá olvidando. Ojalá nos sirviera para hacer una sociedad nueva”[2]. Expresa un deseo (“ojalá sirviera”) pero muestra la realidad (“volveremos a los mismos vicios”).
¿Habrá individuos que a nivel personal serán diferentes “a mejor”? Seguro que sí. De entre los temas que hemos tratado en estas lecciones, estarán aquellos que se habrán dado cuenta de que no son el centro del mundo. Otros habrán aprendido a controlar física y mentalmente la ansiedad. También estarán los que habrán puesto su confianza en Dios en medio de la tormenta y esto les servirá para siempre aunque en el futuro vengan situaciones desagradables a sus vidas. Luego estarán los que, al ver que han sobrevivido a esta crisis médica mundial, se sentirán agradecidos cada día por todo lo que tienen, sea mucho o poco, en lugar de quejarse por lo que les falta. Otros habrán aprovechado este tiempo de encierro para buscar a Dios en Su Palabra y los que se alejaron para acercarse nuevamente a Él.
Habrá un poco de todo sin grandes variaciones: el carnal seguirá mostrando una actitud y una forma de pensar carnal. El cascarrabias seguirá siéndolo. El que se enoja a la mínima y por nimiedades seguirá haciéndolo. Los hinchas deportivos volverán a su pasión, llegando al extremo del “odio al del bando contrario”. Las feministas radicales volverán a reclamar el aborto libre y a defender la ida de que el género es una construcción social. El hereje se reafirmará en su herejía. El que cada vez que salía de fiesta bebía hasta ver las estrellas, ahora verá las constelaciones de la cogorza que llevará. El religioso volverá a su liturgia sin vida. Habrá espirituales que lo serán aun más y otros que habrán relajado su ética y moral. Los que estaban acostumbrados a depender de infinidad de cultos y actividades para alimentarse se habrán secado o habrán aprendido a comer por sí mismos. Los que comían por sí mismos, lo habrán seguido haciendo, incluso más, dándose buenos “banquetes”. Algunos habrán hecho caso a la exhortación de Pablo, de aprovechar bien el tiempo porque los días son malos (Ef. 5:16) y otros lo seguirán perdiendo en banalidades y en telebasura.
Ya dice esa famosa canción de Alaska: “¿A quién le importa lo que yo haga? ¿A quién le importa lo que yo diga? Yo soy así y así seguiré. Nunca cambiaré”. [...] Ya es demasiado tarde para cambiar ahora. Me mantendré firme en mis convicciones. Reforzaré mis posiciones”. Por eso, y en definitiva, las palabras de Apocalipsis se harán realidad: “El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía” (Ap. 22:11).
Creer que el cambio positivo será generalizado y que, a grandes rasgos, los habitantes del planeta Tierra cambiarán, es sencillamente no conocer a nuestra especie ni su historia pasada. Jesús llegó a preguntar de forma retórica: “Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?” (Lc. 18:8). La respuesta –en términos globales- es claramente que no.

Conocer el error en el que muchos caerán para no caer en él
Como ya vimos en el primer escrito, cuando se implemente de nuevo la total “normalidad” a nivel relacional y la vida social se restablezca –sea en unos meses o en varios años- los que no hayan aprendido nada durante este periodo oscuro volverán a las mismas rutinas anteriores. Y el porqué es muy sencillo de entender: cuando pasamos por malas experiencias, encontramos que la mejor manera de pasar página es “dejar de mirar atrás” y “mirar hacia adelante”. Y es así como “olvidamos”. Los recuerdos quedan almacenados en la memoria pero pierden su influencia sobre nosotros y dejan de ser el pan de cada día. De forma equilibrada, es una actitud deseada y sana que se centra en el presente y en los vivos. Incluso es aconsejada vehemente también por Pablo: “una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Fil. 3:13-14). Pero si las malas malas vivencias no nos lleven a cambiar lo que haya que cambiar, a mejorar lo que haya que mejorar y, en definitiva, a crecer, no habrá servido como aprendizaje ni encontrado su lugar como oportunidad para pulirnos y madurar.
Si solo tiene una enseñanza temporal, si solo nos ha servido para darnos cuenta del valor de la amistad, para darnos cuenta de cuánto echábamos de menos a los amigos y a los familiares, los besos y los abrazos, y cómo anhelábamos la libertad para viajar, hacer deporte, salir a cenar, a pasear o practicar cualquier afición, y nos limitamos a volver a hacer lo mismo–aun siendo sano todo lo citado- poco partido le abremos sacado a este periodo de nuestra vida. El Covid-19 no nos habrá enseñado nada trascendental.

¿Dónde está la diferencia?
El matiz, el antes y el después, lo que diferencia lo temporal de lo atemporal, lo efímero de lo eterno, está incluido en la segunda mitad de las palabras citadas de Pablo. Sí, dejar atrás el pasado, pero con un propósito: proseguir a la meta, “al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Fil. 3:14). Aquí no hay término medio: o buscamos cruzar esa meta cuando lleguemos al final de nuestra vida o seguimos mirando únicamente esta vida presente y nada más.
Pablo fue muy claro sobre las malas épocas, y esta lo es: “Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos” (Ef. 5:15-16). Así que, para terminar esta serie de escritos y como colofón –aunque quién sabe si los ampliaré en el futuro en función de las circunstancias- tienes que hacerte una serie de preguntas para ver si estás aprovechando este tiempo de forma sabia o lo estás tirando literalmente a la basura:

- Si estabas lejos de Dios, ¿te has acercado a Él?

- Si no le buscabas, ¿le has buscado?

- Si no le conocías, ¿ya le conoces?

- Si no habías aceptado su regalo de salvación, ¿lo has aceptado ya?

- ¿Tienes la certeza de que tu nombre está escrito en el Libro de la Vida?

- ¿Has profundizado en su conocimiento leyendo Su Palabra o te has limitado a hacer gimnasia, a matar las horas delante del ordenador, del móvil o de la tablet?

- ¿Has leído buenos libros cristianos o te has limitado a novelas seculares?

- ¿Tu mirada sigue puesta exclusivamente en este mundo sin tener en cuenta la eternidad?

- ¿Estás preparado para cuando la muerte llame a tu puerta, sea en la fecha que sea?

- ¿Tu único deseo es retomar la normalidad anterior o anhelas con mayor ahínco el regreso de Cristo?

- ¿Has aprendido a confrontar la ansiedad física y mental, y a descansar la de tu alma en Dios?

- ¿Sabes ya cómo hacer que tu alma halle reposo en Dios en lugar de depender de los vaivenes de la vida?

- ¿Has comprendido realmente y de forma práctica que no eres el centro del universo?

- ¿Eres más agradecido ahora que antes y has hallado el contentamiento en la sencillez y no en la búsqueda del reconocimiento social o las posesiones materiales?

Podría plantear infinidad de cuestiones más, pero las más básicas e importantes están aquí recogidas. Y recordemos que saber las respuestas adecuadas no significa haber aprendido si no se ponen por obra. Ya resaltó Platón tal verdad: “El que aprende y aprende y no practica lo que sabe, es como el que ara y ara y no siembra”.

Conclusión
Una reciente encuesta en Alemania señalaba que el 41% de la población piensa más en el significado de la vida desde el coronavirus[3]. Un porcentaje bajísimo dada la situación. C. S. Lewis dijo: “Dios nos grita en el dolor, es el altavoz que utiliza para despertar a un mundo sordo”. Ni el dolor del coronavirus sirve para que los sordos busquen dejar de serlo cuando podrían si quisieran. 
Hay otros que parece que sí están buscando en Internet a Dios durante el confinamiento: “Muchas entidades que trabajan compartiendo el Evangelio por Internet han visto un gran aumento en la solicitudes y preguntas de los usuarios. Así, por ejemplo, el ministerio enbuscadeJesus.net y pazconDios.net coordinado en España por Decisión, que cuenta en la actualidad con un equipo de 23 voluntarios como consejeros online, ha atendido miles de solicitudes desde que comenzó el estado de alarma. A nivel global, pazconDios aumentó un 42% en marzo sus visitas sobre el promedio de 2019. 190.000 personas han visitado las páginas especiales creadas sobre el Covid-19 desde que comenzó la pandemia, de las cuales 9000 oraron pidiendo la paz de Dios en sus vidas y 1700 dejaron sus datos para continuar en contacto. [...] Una voluntaria tuvo una conversación con una mujer con miedo a la muerte por el Covid-19. En medio de esa desesperación la usuaria mencionaba que no tenía paz, que se sentía sola y que no encontraba sentido a todo lo que estaba pasando. La voluntaria le guió a varios textos de la Biblia que prometen paz y le presentó el mensaje del amor de Dios. Después de un rato, la usuaria se calmó y decidió orar aceptando el perdón y amor de Dios. Luego escribía que estaba llorando por la paz que estaba sintiendo al haber hecho la oración reconociendo a Jesús como su Salvador y que estaba perdiendo ese miedo tan terrible al virus”[4].
La realidad es que, cuando pase el efecto y el shock provocado por el coronavirus, y cuando los confinamientos concluyan definitivamente, salvo excepciones, en la mayoría de los casos, se hará realidad ese refrán que dice “si te he visto, no me acuerdo”: todo irá quedando atrás y solo quedarán pequeños reductos de personas que habrán adquirido y asimilado lecciones que determinarán para bien su futuro y su eternidad. Es y será motivo de gran alegría.
El mundo va a seguir girando, y de igual manera las catástrofes naturales nos volverán a golpear cada cierto tiempo: sea en forma de terremotos, tsunamis, lluvias torrenciales, huracanes o nuevos virus. A esto habrá que sumarle la mano destructora del ser humano: guerras, atentados terroristas, injusticias sociales, enfrentamientos políticos y todo tipo de actividades destructoras que suelen ser la norma en nuestra historia. Así que nada depende de lo que suceda o deje de suceder, si no de tu decisión personal respecto a Dios: aceptar o no el sacrificio que Él llevó a cabo en la cruz por tus pecados y, una vez hecho, cambiar todo lo que haya que cambiar.

miércoles, 10 de febrero de 2021

Wonder Woman 84: ¿Cuáles son tus deseos?

 

Para no perder mis buenas costumbres, puedo decir que, como en otras muchas ocasiones[1], una película que ha recibido críticas muy desiguales entre los periodistas y buena parte del fandom, me ha emocionado por su historia y, sobre todo, fascinado por su mensaje. Y lo ha hecho tanto que, aunque sigo convaleciente sin un diagnóstico claro, con pocas fuerzas y a la espera de más pruebas, en un proceso que se está haciendo eterno, me ha hecho ilusionarme lo suficiente como para dedicar un tiempo a escribir este artículo a lo largo de los momentos en los que el dolor y las vicisitudes correspondientes me han ofrecido una tregua, después de muchas semanas sin teclear. 
Un buen amigo me recomendó no verla, pero no le hice caso (lo siento) y la disfruté desde el segundo cero hasta el cameo final en medio de los postcréditos. No se me hizo larga a pesar de su extensa duración. Me estoy refiriendo –como ya habrás podido adivinar por el título- ni más ni menos que a la segunda parte de Wonder Woman, que sigue las aventuras de Diana, interpretada por la actriz israelí Gal Gadot, y que ha hecho suyo por completo al personaje. Lo único que lamento es no haberla visto en el cine a causa de la pandemia en la que estamos envueltos. En pantalla grande el espectáculo visual habría sido aún mayor.
Si su predecesora estaba ambientada en la Primera Guerra Mundial, donde se nos narraba el origen de la Amazona y sus primeras aventuras tras salir de Themyscira, aquí la trama salta al año 1984. Para aquellos que de niños vimos un millón de veces al  difunto Christopher Reeve enfundado en el traje de Superman, lo primero que observamos es que tanto el tono como la forma de ambas películas se asemejan sobremanera, salvo en la calidad de imagen y sonido, a causa, evidentemente, de los avances de reproducción que el mundo cinematográfico ha experimentado en estas cuatro décadas que separan la una de la otra. Mientras que en la historia primaria de Diana predominaba la oscuridad y la tragedia, aquí son los colores brillantes, la abundancia de luz y las vestimentas excéntricas propias de la época las que toman el poder.

Los deseos de héroes y villanos
La heroína, que sigue ayudando siempre que la ocasión lo requiere, se esfuerza en mantener su presencia oculta a los ojos humanos, llevando una existencia solitaria, y con el pesar de la pérdida que sufrió de su amado Steve Trevor, quién murió cuarenta años atrás. Desde entonces, ha esquivado a los hombres y no se ha permitido amar a ninguno. Actualmente trabaja en arqueología y antropología. Al inicio de la historia, conoce a Barbara Minerva, una chica con estudios en geología, gemología, litología y criptozoología, aunque a nivel social es bastante insegura y patosa, siendo rehuida sistemáticamente por todo el mundo, a pesar de que es muy inteligente, divertida y afable.

(Barbara y Diana, el día que se conocieron)

El trabajo de Barbara consiste en investigar una piedra misteriosa que el FBI le ha enviado para su análisis. Aunque en primera instancia parece una baratija, más tarde descubrimos que fue creada por Dolos, el dios de la mentira, el Duque del Engaño, quien concede deseos, sean cuales sean[2]. Como este dato todavía lo desconocen, en una especie de juego y anhelo, Diana pide que Steve vuelva a la vida. Por su parte, Barbara desea ser como Diana e implora por su belleza, sensualidad y capacidad de atracción hacía los demás; en definitiva, en ser especial. El anhelo de ambas mujeres se hace realidad: Steve reaparece –aunque en otro cuerpo- y Barbara pasa a ser el centro de atención. Además, de regalo y sin saberlo –al rogar ser como Diana- adquiere su fuerza y agilidad.
Por su parte, Maxwell Lord (junto con Lex Luthor, uno de los grandes villanos del universo DC, y cuyo carácter tiene nexos en común con el desarrollado por Gene Hackman en 1978), divorciado y padre de un hijo, famoso en la televisión por hacer anuncios comerciales, empresario petrolero pero arruinado, busca desesperadamente dicha piedra puesto que conoce sus poderes. Cuando la logra, dice así: “Deseo ser tú, la mismísima Gema de los Sueños”. Al lograr dicha potestad, puede darle cualquier cosa a los que se lo piden, y él, a cambio, tomar lo que desee de ellos. Esto hace que él mismo se convierta en una especie de genio de la lámpara.
La situación, de forma progresiva, se vuelve caótica a nivel mundial. Un mundo donde cada uno de los seres humanos pueden ver realizados sus deseos más ocultos: fama, venganza, la muerte de un conocido, riqueza, un porche, una granja, etc. Incluso el presidente de los Estados Unidos –en plena guerra fría- pide tener más armas nucleares en las fronteras rusas, lo que provoca que sea inminente una conflagración contra la Unión Soviética, y con ello el fin de la civilización.
Así logra Maxwell poco a poco que el mundo se ponga a sus pies, conquistando su mayor anhelo: la grandeza. Hacía el final de la historia, sabemos por varios flashback el porqué de su deseo: cuando era niño, su padre lo maltrataba y humillaba, pegaba a su madre y sufría bullying en la escuela. Esa falta de amor y vacío interior que acumuló quería compensarla de adulto logrando el poder absoluto, la admiración de todos y el control de los que le rodeaban. En ese aspecto, analizando los detalles de su infancia, su deseo era comprensible, aunque no el método para alcanzarlo.

¿Cuál es el problema, el truco que hay detrás de la piedra, “la pata de mono”? Que todo deseo que se hace realidad conlleva una pérdida y te quita algo:

- Diana –la cual es inmortal y una semidiosa-, es herida y comienza a perder su fuerza y habilidades sobrehumanas, llegando a sangrar ante las balas.

- Barbara pierde progresivamente su dulzura, su alegría y su humanidad en conjunto, terminando por convertirse en un ser monstruoso (Cheetah, “leopardo”) llena de rencor y amargura.

- La salud de Maxwell se deteriora gravemente a cada deseo que otorga.

Al resto de la humanidad le sucede lo mismo en distintos aspectos. El planeta se convierte en un caos donde prima la violencia desmedida.

Nuestros deseos
Los deseos, sean cuales sean, dentro del orden moral establecido por Dios, pueden llegar a ser lícitos: el amor en el caso de Diana, las amistades íntimas en el de Barbara, y el afecto, la cercanía y el reconocimiento en el de Mawxell. Cada uno de nosotros tiene “deseos”, y todos ellos nacen en el corazón. La pregunta, visto lo visto, que tú tienes que plantearse seriamente, es si esos deseos que anidan en ti están dentro de la voluntad divina y cuáles son los propósitos que pretendes alcanzar con ellos.
Todos conocemos las palabras de Jesús: “Del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias” (Mt. 15:19). Recordemos que hay deseos que tienen su contrapartida y, aunque sean alcanzados, traen consecuencias negativas en las propias personas o incluso una gran desolación a los que les rodean:

- Lo vemos en los que quieren ser admirados y cuyo precio que tienen que pagar es venderse a sí mismos de maneras poco o nada sanas, como contar a desconocidos detalles muy íntimos de la vida privada en redes sociales, mostrando buena parte de la desnudez en fotos y vídeos, exhibiéndose físicamente, etc.

- Lo vemos en aquellos que se esfuerzan por alcanzar con afán y al precio que sea puestos y cargos políticos, eclesiales, laborales o de cualquier otro tipo. Muchos lo logran, pero a costa de pisotear a unos y otros. Ganaron de aquella manera el puesto, pero perdieron humanidad.

- Lo vemos en muchos gobernantes, cuyas intenciones iniciales era mejorar la calidad de vida del pueblo, pero cuando llegaron al poder solo buscaron el beneficio propio.

- Lo vemos en individuos llenos de complejos y de aires de grandeza que están al frente de iglesias, y que usan sus privilegios para imponer sus propias normas que sobrepasan el despotismo.

- Lo vemos en los que luchan con ahínco por tener cierto estatus económico para tener una vida más holgada, pero con el tiempo se vuelven avariciosos y soberbios, terminando por mirar con superioridad a los que no llegan a su altura, perdiendo con ello la humildad y dadivosidad que pudieron tener en el pasado.

- Lo vemos en los que mienten o defraudan, que pueden salirse con la suya, pero dejándose en el camino la propia integridad.

- Lo vemos en aquellos que buscan y encuentran aventuras extramatrimoniales –físicas o emocionales- y que tarde o temprano destruyen la relación y el corazón de sus cónyuges, marcándoles de por vida. 

- Lo vemos en los terroristas y en los sectarios nacionalistas que buscan alcanzar sus ideales e imponer sus ideologías intransigentes por encima de la mayoría y del respeto básico a la vida.

- Lo vemos entre aficionados de algún equipo deportivo que, sin llegar a la violencia física de los ultras, usan palabras hirientes y descalificantes para los seguidores de otros colores.

- Lo vemos en aquellos que bucean por Internet anhelando el contacto humano, pero terminan enfrascados en una relación tóxica, en pornografía, en lujuria o en fornicación.

- Lo vemos entre los negacionistas del virus, que se creen más listos que nadie, y entre aquellos que, aún aceptando la realidad, no se ponen la mascarilla, no guardan las distancias de seguridad o asisten a fiestas clandestinas. El “yoismo” y el individualismo en su máxima expresión.

- Y, no lo olvidemos, lo vemos en nosotros mismos, cuando nuestros deseos caen en el egocentrismo, anteponiendo en todo momento el “yo” por encima del “tú” y del “nosotros”. Por poner un solo ejemplo, uno muy reciente: en estos casi dos meses que llevo de “peregrinaje” por el ambulatorio y el hospital, he podido comprobar de primera mano la forma en que, en medio de la situación que estamos padeciendo por el Covid, resalta sobremanera todo esto entre los pacientes de otras dolencias menos graves. Si ya de por sí la paciencia y el sosiego no suelen ser virtudes que suelan brillar como norma general entre la especie humana, en estos momentos menos aún. Todo el mundo quiere que le atiendan el primero. La crispación se palpa en el aire. Las críticas no tardan en aparecer si la realización de una radiografía se demora diez minutos. Las malas caras son la tónica porque los resultados de los análisis se demoran, como si no hubiera más personas esperando lo mismo. Todos se quejan a la más mínima. Nadie da las gracias. Nadie le dedica unas palabras de amabilidad o una media sonrisa de complicidad a los sanitarios. Entiendo perfectamente –y hablo también por mí- que, cuando se está enfermo, el estado de ánimo no es el mejor, y menos en la situación actual que, usando el lenguaje coloquial, “nos tiene quemados”. Pero de ahí a que nadie se ponga en la piel de los otros pacientes y, sobre todo, de los médicos y enfermeros, a pesar de que están experimentando un estrés constante y que les está afectando su salud física y psicológica, dista un abismo. El deseo siempre es el mismo: “yo”, “mío”, “ahora”, “ya”.

Imagina un mundo donde las personas no tuvieran la clase de “deseos” que he citado y, por lo tanto, no se llevarán a cabo. Desde el mayor gobernante del país más poderoso del mundo, pasando por aquellos que se basan en la autocracia, acabando con el más sencillo de los mortales, entre los que nos encontramos tú y yo. ¡Sería algo completamente diferente!
Muchos siguen sin comprender estas palabras que Dios le dedicó a Caín respecto a los deseos pecaminosos y que son igualmente aplicable a nosotros: Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él” (Gn. 4:6-7). El pecado no tiene que controlarnos porque ya no es nuestro “Señor”. Como señala Bob Davies: “No reclamamos que somos perfectos. El pasado siempre va a estar en el fondo, existen luchas ocasionales, pero no rigen mi vida. Es una decisión progresiva la de rendirnos al llamado de Cristo”. Lo mismo que apunta Mike Haley: “Aunque las tentaciones ocasionalmente siguen llegando las comparo con una mosca molesta. Pasan junto a mí y me molestan durante un minuto. Las ahuyento y se van”.
No olvidemos que, al fin y al cabo, la causa de que la sociedad sea tal cual contemplamos es, sencillamente, por los deseos egoístas de cada una de los individuos que queremos hacer nuestra propia voluntad, como el pueblo de Israel cuando no quiso un profeta que les dictara los mandamientos de Dios sino un rey para ser “como todas las naciones” (1 S. 8:20), y cuyas consecuencias todos conocemos. Ya lo explicó Juan a la perfección y en pocas palabras hace dos mil años: “Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1 Jn. 2:16-17). Y Santiago terminó de rematar la idea: “¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No es de vuestras pasiones, las cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites (Stg. 4:1-3).

Un canto de esperanza
(Diana con la Armadura Aguila Dorada, que en el pasado perteneció a Asteria)

 Recuerdo que, cuando estrenaron en 2016 “Batman v Superman: El amanecer de la justicia”, la criticaron por ser argumentalmente “demasiado oscura y dramática”. Ahora con “Wonder Woman 1984” la critican por lo opuesto: por una supuesta conclusión pretenciosa y llena de ñoñería por un “exceso de luz”. Los aficionados no saben ni lo que quieren y rara vez están satisfechos.
Entre las críticas positivas que he encontrado de esta secuela de La chica maravilla, todas tienen un denominador común, y que es la misma con la que me siento identificado tras visualizarla: el mensaje actual e imperecedero que transmite sobre cómo podemos cambiar las personas –cada uno de nosotros- desde el momento en que renunciamos  voluntariamente a ciertos deseos: los malos mayormente, y algunos lícitos que lo mejor es dejarlos pasar, porque, por unas razones u otras, no nos convienen: cierto trabajo, cierta amistad, cierta pareja sentimental, cierta afición, ciertos beneficios económicos, etc. Por eso toca a cada uno reflexionar en ambos aspectos: los deseos lícitos y los ilícitos (cada uno sabe cuáles son los suyos), y más si algunos de ellos se han logrado ya de formas “poco honestas”.
Diana renunció a Steve a cambio de sanar físicamente, recuperar sus poderes y ayudar a la raza humana; Barbara renunció a ser igual a Diana y recuperó su antiguo ser; Maxwell renunció al reconocimiento y al poder a cambio de salvar a su propio hijo por puro amor. A todos ellos les dolió en lo más profundo de su corazón desistir, pero lo hicieron por un bien mayor.
(Diana y Steve en el momento de la despedida)

(Maxwell abrazando a su hijo tras el reencuentro)

Por último, la propia Wonder Woman, usando el Lazo de la Verdad atado al cuerpo de Maxwell para comunicarse con toda la humanidad a la vez, convenció a ésta de renunciar a sus malos deseos con estas palabras: “El mundo era un lugar precioso tal y como era, y no se puede tener todo. Solo se puede tener la verdad. Y la verdad es suficiente. La verdad es preciosa. Mira el mundo y mira lo que tu deseo le está costando. Tienes que ser un héroe. Solo tú puedes salvar el presente. Renuncia a tu deseo si quieres salvar el mundo. Porque tú no eres el único que ha sufrido, que quiere más. Que quiere recuperar a alguien. Que no quiere volver a tener miedo. O sentirse solo. O asustado. O impotente. Porque tú no eres el único que ha imaginado un mundo donde todo era diferente. Mejor. Por fin. Un mundo donde ser amado, tenido en cuenta y valorado. Por fin. ¿Pero qué precio has pagado? ¿Ves la verdad?”.
Su mensaje es coincidente con el bíblico por tres razones:

1) Si la primera parte se centraba en cómo el amor podía salvar el mundo, en esta continuación se añade el poder de la verdad y la anteposición del “nosotros” por encima del “yo”. En el largometraje, el dios de la mentira –Dolos-, en la Biblia es el diablo, “padre de mentira” (Jn. 8:44) y el mayor ególatra de todos los tiempos. Este ser lleva haciendo promesas de felicidad desde el comienzo de la historia que solo traen desgracias presentes y eternas. Tristemente, los seres humanos siguen picando sin aprender de sus predecesores.
Por su parte, que Jesús es la personificación de la Verdad (Jn. 14:6), la cual hace verdaderamente libre al que la acepta (Jn. 8:36).

2) El mundo era un lugar precioso en el Edén antes de que entraran los deseos del hombre ajenos a las intenciones de Dios: “Como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Ro. 5:12).

3) Aunque Diana derrotó a Barbara usando la fuerza (en primera y última instancia, sigue siendo una película de superhéroes), la gran victoria no la logró usando los puños sino hablando a lo más profundo del corazón, tal como hizo Dios en la cruz por medio de Cristo: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él” (Jn. 3:16-17).

Conclusiones
Por todo lo narrado en esta película, más allá de sus espectaculares escenas de acción, de la vibrante banda sonora del siempre genial compositor alemán Hans Zimmer y de cómo refleja la mitología que se lleva mostrando en las viñetas de los cómics desde el año 1941, trae un mensaje de esperanza y de luz en un mundo actual donde ambas escasean. Nos muestra que nuestro panorama personal interno y la forma en que vemos la vida depende de nuestros propios deseos. Y ojo, no me estoy refiriendo a esa falsa teología y filosofía que enseña falazmente que son nuestros pensamientos los que “crean” nuestra realidad. Eso es falso. Millones de personas pasan por este mundo con nobles deseos y no tienen una vida destacada ante sus semejantes ni su mundo es de color de rosa.
Si se llevara a cabo la enseñanza que se transmite en esta fantasía, la vida en este planeta sería radicalmente distinta. Dicho esto, y como siempre repito: no va a haber cambios globales a mejor. El mundo y su moral va a ir seguir yendo a peor hasta la parusía, puesto que la propia maldad no la vemos únicamente ya entre individuos sino de forma institucionalizada con leyes que atentan directa y flagrantemente contra los designios divinos.
Por lo tanto, el cambio debe ser “personal”, en lugar de dejarnos llevar por la corriente de este mundo, teniendo claro que nuestros deseos no pueden ser los mismos antes de la conversión que después de ella: “Todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás” (Ef. 2:3).
Como dijo Pablo insistentemente en diversas cartas: “Vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne. [...] Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne... los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. [...] En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos. [...] Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría. [...] enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente” (Ro. 13:14; Gá. 5:16, 24; Ef. 4:22; Col. 3:5; Tit 2:12).
Espero que hayas comprendido que “el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne” (Gá. 5:17) y en qué manera cambia la vida presente, el futuro y la eternidad en función de cuáles sean tus deseos. En ti queda qué hacer al respecto.


[1] Como en El ascenso de Skywalker: La imperiosa necesidad que tenemos tú y yo de ser redimidos: https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2020/05/el-ascenso-de-skywalker-la-imperiosa.html, Mignonnes, cuties y guapis: niñas y adolescentes que no saben lo que es la feminidad por culpa de los adultos (1ª parte): https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2020/09/mignonnes-cuties-y-guapis-ninas-y.html

 [2] Esto me recordó sobremanera a la trama principal de una de las grandes obras para adultos que ha dado el manga japonés, la la conocida obra “Death Note”, donde se podía matar a cualquier persona si se deseaba de corazón y se escribía el nombre en ese libro de muerte, surgiendo el planteamiento filosófico de si esto, en manos justas, podía acabar con la maldad en el mundo.


lunes, 14 de diciembre de 2020

Están vivos: ¡Despierta, te están manipulando!

 


Sirviéndome de la célebre película “Están vivos”, todo lo que voy a exponer a continuación se basa en la realidad de la sociedad en la que vivimos y en los valores que la dominan, que nos hace comprender el significado y el alcance de las palabras de Juan: “El mundo entero está bajo el maligno” (1 Jn. 5:19).

Un hombre grande y fuerte, abalanzándose sobre ti, comienza a lanzarte todo tipo de puñetazos: en la cara, en las costillas, en el pecho. Te derriba, te acosa y te golpea sin compasión. Ante semejante panorama, no te queda más remedio que defenderte. Ese “loco” que está delante tuya quiere que, sin tú desearlo, te pongas unas ridículas y simples gafas de sol. Te dice que tu manera de contemplar el mundo cambiará cuando lo hagas, que ellas te harán ver la realidad tal y como es. Te niegas una y otra vez, así que te enfrascas en un largo y violento intercambio de golpes. A pesar de las heridas infringidas, ninguno de los dos desiste. Tu adversario no ceja en su empeño en que lleves esas gafas y tú no consientes que trate de doblegarte y te imponga hacer algo que no quieres. Finalmente, con los dos agotados, él logra su objetivo. Tu vida cambia para siempre en un solo segundo tras “ver”...
Quien haya visto la película “Están vivos” (The Live en el original y Sobreviven en Hispanoamérica)[1], del director John Carpenter, sabrá que esta secuencia que he narrado como si tú fueras uno de los protagonistas, forma parte de dicho largometraje, y cuya escena sin duda alguna es recordada por su extensa duración y su mezcla de surrealismo y humor negro. Siendo considerada de “serie b” por su bajo presupuesto, y resultando un fracaso de taquilla en su estreno en 1988, poco tiempo después y hasta el día de hoy, comenzó a considerarse un film de culto por el trasfondo tan real y brutal que nos presenta de la sociedad, valiéndose de una historia de intriga y ciencia ficción. Dejó huella en toda una generación –incluyéndome a mí- y sigue haciéndolo en todo aquel que la visualiza por primera vez, que suele repetir su visionado más de una vez a lo largo de su vida por el impacto que causa y cómo refleja nuestro mundo. Si no la has visto, antes de seguir leyendo, te recomendaría que la visualizaras para que descubrieras por ti mismo las sorpresas y luego volvieras aquí a reflexionar.
En ella se nos narra la vida de John Nada –su apellido dice mucho de las intenciones del autor-, que llega a Los Ángeles en busca de trabajo. Allí escucha al clásico predicador callejero gritando estas proclamas: “Hay veneno de serpientes bajo sus labios. Su boca está llena de amargura y maldiciones. Y en su camino, no hay más que ruina y miseria. ¡No tienen temor de Dios! Ellos han tomado los corazones y las mentes de nuestros líderes. Han tomado a sueldo a los ricos y poderosos, y nos han cegado a la verdad. Nuestro espíritu humano ha sido dañado. ¿Por qué adoramos a la codicia? Están más allá de nuestra vista, alimentándose de nosotros, nos pisotean para subirse sobre nuestro hombros, desde el nacimiento hasta la muerte son nuestros dueños. Nos controlan. Ellos son nuestros amos. ¡Despierta! Están cerca de tí, a tu alrededor”.
También escucha una emisión pirata televisiva donde dicen: “Nuestros impulsos están siendo redirigidos. Estamos viviendo en un estado inducido artificialmente de la conciencia que se asemeja al sueño. [...] Los pobres y la clase baja están creciendo. La justicia racial y los derechos humanos son inexistentes. Ellos han creado una sociedad represiva, y nosotros somos sus cómplices involuntarios. Su intención de gobernar recae en la aniquilación de la conciencia. Hemos sido inducidos a un estado de trance. Ellos nos han hecho indiferentes a nosotros mismos, a los demás. Nos centramos sólo en nuestro propio beneficio. Por favor, comprenda. [...]. Ese es su principal método de supervivencia: mantenernos dormidos. Nos mantienen egoístas, nos mantienen sedados”.
John encuentra empleo en una obra de la construcción como peón, dada su fortaleza física. La primera noche, ve a un grupo de personas actuando de forma extraña que entran y salen de una iglesia cercana transportando cajas, como queriendo ocultarlas. Lo primero que se nos pasa por la mente es que quizá son terroristas que llevan explosivos. Y esta idea se refuerza cuando al día siguiente la Policía desaloja toda la zona a la fuerza y vacía la iglesia, golpeando con virulencia a un hombre de color y ciego que parece ser el líder de la organización. Como John no quiere quedarse con la duda del porqué de estos hechos, entra en el local para ver qué estaban buscando los agentes. Lo único que encuentra es una caja que está oculta y no se habían llevado. Al abrirla solo hay gafas de sol. La desilusión que se lleva en ese instante es la misma que la que siente el espectador. ¿Tanto por unas gafas? Antes de tirarlas, se guarda dos para sí mismo. Y entonces sucede lo inimaginable que le da una vuelta a todo: al ponérselas, contempla la ciudad completamente en blanco y negro, como si fuera una película antigua. Comienza a caminar por la calle y lo que observa llega a ser terrorífico: muchas de las personas tienen rostros no-humanos.

A su vez, los carteles de publicidad muestran su verdadera apariencia: donde sin gafas ponía “Los datos de control crean un ambiente informático transparente”, con ella se lee “Obedece”. Donde se veía “Ven al Caribe” con la imagen de una mujer sensual, ahora se lee “Cásate y reprodúcete”. Y así con todos los anuncios: “no al pensamiento independiente”, “consume”, “obedece”, “confórmate”, “sométete”, “mantente dormido”, “compra”, “mira la televisión”, “sin imaginación”, “no cuestiones la autoridad”. En los billetes de dólares, ahora lee las palabras: “Este es tu Dios”.
Los seres humanos, sin saberlo, están siendo controlados subliminalmente por una raza alienígena que coexiste entre nosotros pasando completamente desapercibida, ya que tienen apariencia humana y solo por medio de dichas gafas se puede ver su verdadero rostro. Desde policías, periodistas y políticos hasta famosos y trabajadores normales, están en todas las esferas y en todo el planeta. ¿Y si solo él conoce la verdad? ¿Dónde está la resistencia? ¿Existe acaso? ¿Cuánto tiempo llevan aquí moldeando y usando a la humanidad? ¿Cómo dar a conocer al mundo lo que sucede? ¿Quién le iba a creer? ¿Cómo podría parar esta conspiración mundial cuando ellos están al control y son millones? La angustia que uno comienza a experimentar a partir de ese momento es muy viva.
Los “otros” descubren que es capaz de ver la realidad y comienza una cacería implacable contra él. Logra huir, matando en el camino a varios de estos seres, que ante la opinión pública son simples personas. A partir de entonces, se emite una orden de búsqueda y captura hacia John por asesinato. Al día siguiente, busca a Frank, el compañero de trabajo que le buscó alojamiento. Tras contarle su historia, no cree una sola palabra y le pide que se vaya. Es ahí donde comienza la pelea para que se ponga las gafas. Finalmente, al ponérselas, contempla la misma realidad que John le había narrado con anterioridad. Su sorpresa es mayúscula.
Tras reunirse con el grupo que había en la iglesia –los rebeldes que conocían la verdad-, descubre que la manera en que “los otros” logran que no vieran la realidad era por medio de una señal de televisión, la cual con las gafas eran interferidas. Así que el objetivo estaba claro: destruir la gigantesca antena que emitía dicha señal. Sin entrar en más detalles ni en el destino final de Nada y Frank, logran su propósito y los alienígenas son descubiertos y contemplados tal y como son. Dicho momento es hilarante.
La película en sí es una crítica mordaz al sistema de este mundo en el que vivimos, donde se nos inculca de forma continua valores consumistas, materialistas, superfluos, sexuales y un largo etcétera. Como vamos a ver con todo lujo de detalles, los que están en el poder –que no son alienígenas como en la fábula narrada sino personas como tú y yo- nos controlan, manejan nuestros pensamientos, convirtiéndonos en sus marionetas. Y todo ello por medio de un instrumento que usan y que se conoce como “ingeniería social”, que se sirve de todos los medios a su alcance, principalmente los medios de comunicación.

¿Crees que tus pensamientos son genuinos y propios?
Cualquier ser humano cree que sus pensamientos son de su propia cosecha y que sus ideas y valores pertenecen a su mundo personal, en el cual ha llegado a sus propias conclusiones. La realidad es completamente opuesta: en la inmensa mayoría de las ocasiones, esas “conclusiones” a las que llega han sido previamente manipuladas y  moldeadas de forma tendenciosa. Desde todas las esferas –política, social, moral y religiosa- y sin darse cuenta del proceso que están llevando con él, el individuo está siendo “fabricado” a imagen y semejanza de lo que promulgan los que están en el poder para que termine pensando lo que ellos quieren que piense. Y, como he dicho y recalco, sin que la persona sea consciente del proceso que están llevando con él. Ahí radica el secreto del éxito. Haciendo un juego de palabras redundantes: está tan acostumbrada a que la manipulen sin saber que la están manipulando que sigue dejándose manipular.
Todo esto es un proceso que comienza en la infancia, toma velocidad durante la adolescencia y ya está completamente afianzado cuando llegamos a la vida adulta, tanto que no nos damos cuenta. La información que recibimos –y con ella los valores y las ideologías- forma parte de nosotros sin que la pasemos por ningún filtro que se base en la objetividad y en la reflexión personal.
Esta “fabrica” de pensamientos que se injertan de manera natural en la mente de cada individuo, tiene su origen en las políticas de los gobiernos y es transmitida en los medios de comunicación generalistas –es decir, muy conocidos y que manejan grandes sumas económicas y de audiencia- en forma de propaganda, anuncios, shows, programas de debate, películas, radio, televisión y prensa escrita. Como dijo de forma general el célebre cantautor y poeta estadounidense Jim Morrison (1943-1971), “Quien controla los medios de comunicación, controla las mentes”. Fue Edward Louis Bernays (1891-1995) –publicista, periodista e inventor de la teoría de la propaganda y las relaciones públicas, judío de nacionalidad austríaca y sobrino de Sigmund Freud- quién desarrolló la propaganda como método de control de la opinión o mente pública, “quien sentía que el buen juicio democrático del público ´no era confiable` así que ´deben ser guiados desde arriba`[2].
Como él mismo dijo en su libro “Propaganda”, publicado en 1928: “La manipulación consciente e inteligente de los hábitos y opiniones organizados de las masas es un elemento de importancia en la sociedad democrática. Quienes manipulan este mecanismo oculto de la sociedad constituyen el gobierno invisible que detenta el verdadero poder que rige el destino de nuestro país. [...] Quienes nos gobiernan, moldean nuestras mentes, definen nuestros gustos o nos sugieren nuestras ideas, son en gran medida personas de las que nunca hemos oído hablar. Ello es el resultado lógico de cómo se organiza nuestra sociedad democrática”[3].
Algunos lo hacen de forma sutil y otros abiertamente. Esto es lo que, llevado a gran escala, se conoce como “ingeniería social”, la cual “es un término empleado en un doble sentido. Primero: esfuerzos para influir actitudes; relaciones y/o acciones sociales en la población de un país o región. Y segundo: una manera de implementar o aproximar programas de modificaciones sociales. Ambas acepciones implican tentativas a gran escala, sea por gobiernos o grupos privados”[4]. En general, lo llevan a cabo gobiernos, lobbies, multinacionales, empresas privadas y públicas, organizaciones sociales, religiosas, sectas y otros poderes fácticos.
Para guiarte en un solo sentido –en el que ellos quieren- usan diversas tácticas para que, a su vez, no hagas caso al que piensa de manera contraria:

- Ridiculizan al contrario.
- Lo silencian, lo ignoran y lo censuran.
- Sacan sus palabras de contexto.
- No conceden el derecho a réplica.
- Despersonalizan al rival, convirtiéndolo en símbolo del mal.
- Muestran solo un punto de vista: el propio.
- Lo menosprecian, se burlan y lo muestran de forma caricaturesca.
- Magnifican los errores ajenos –o al menos hacen especial énfasis en ellos- y minimizan los propios.
- No hacen autocrítica, y cuando lo hacen es con la boca pequeña, aprovechando la ocasión para alabarse a sí mismos por su “humildad” ante el deseo de cambiar y mejorar.
- Cuando ponen imágenes o fotos del adversario, suele ser en posturas ridículas: bostezando, en actitud chulesca, con la mandíbula desencajada, con rostros cansados, con un ojo cerrado, como si fuera un meme viviente.
- Apelan a las emociones, al nervio, al corazón, y lo usan de tal manera que sus palabras parecen racionales. Esta es una característica de ese término tan de moda: posverdad, que es “la relativización de la veracidad, la banalización de la objetividad de los datos y la supremacía del discurso emotivo”[5]. Como expliqué en “¿Los cristianos debemos respetar a todas las religiones, digan lo que digan? ¿Cada uno es libre de creer lo que quiera? ¿Existe más de una verdad?” (https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2019/03/11-debemos-respetar-todas-las.html), “la verdad se basa en los hechos y en la realidad. Por lo tanto, es inmutable. Citando un solo ejemplo, un árbol no es un animal que habla, ni un tiburón es una planta. La posverdad –y que se vende como si fuera la verdad- se basa en lo que creo y en lo que siento, en mentiras, en datos sin confirmar y falsos, en la subjetividad, en opiniones personales, en sentimientos y emociones, y en lo que ´me gustaría`. Por eso la RAE define así el término: ´Distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales`. Solo existe una ´verdad`, pero la ´posverdad` se da por miles de millones, tantos como pensamientos tiene cada persona que ha vivido y vivirá”.
- Y, por último, prometen un mundo feliz si se implementan sus postulados, sean sociales, políticos o económicos.

Estos son patrones que se repiten una y otra vez.

Áreas donde se manipula la realidad
Veamos ahora áreas concretas donde se trata de condicionar al individuo. Cuando leas alguna noticia o reportaje en la prensa (en papel y en digital), veas algún programa televisivo, serie, película o novela, comprueba por ti mismo la forma tendenciosa en que te venden “su realidad”: 

1. Valores sexuales. Puesto que lo que se promulga es la liberación en todos los aspectos –especialmente de la moral judeo-cristiana- el terreno familiar y sexual es uno más. Para llevar a cabo sus tesis progresistas, los medios hacen un especial énfasis en las dificultades de conciliar el matrimonio y el trabajo, en formar una familia y en lo difícil que es tener una relación para toda la vida. Por el contrario, se exaltan las bondades del sexo sin compromiso, las parejas abiertas, la canita al aire y el probar la sexualidad con ambos géneros para comprobar con cuál te sientes más identificado y cuál resulta más placentero.
Visto así, la mente se forma desde muy joven con la idea de que lo primero requiere un esfuerzo que no merece la pena, y lo segundo es siempre atractivo a gusto del consumidor y del momento, no exigiendo nada a cambio.
Lo llamativo es que nunca hablan de las consecuencias, o al menos no hacen una correlación entre causa-efecto, como si los efectos de los principios que promueven fueran independientes: matrimonios y noviazgos destruidos; madres solteras; personas con profundas heridas emocionales, embarazos no deseados (de los cuales muchos acaban en aborto), hijos que se crían únicamente con el padre o la madre al lograr uno de ellos la custodia exclusiva, etc.

2. Valores éticos. La idea de los derechos y las libertades personales se anteponen a cualquier tipo de obligación. Esto se observa con total claridad en el llamado “derecho a abortar”. Al embrión y al feto no se le considera “persona” ni un ente separado de la madre, por lo que se vende la idea de que la mujer es libre para hacer con su cuerpo lo que desee. Los traumas que sufren muchas mujeres y el negocio millonario que supone para las clínicas abortistas se pasa por alto.
A su vez, se publican artículos donde se señala cuán “malvadas” son aquellas personas, asociaciones, partidos políticos y grupos pro-vida que tratan de convencer a las embarazadas de que no aborten y les ofrecen soluciones y alternativas[6].
De igual manera:

- Se carga contra aquellos que están en contra de la eutanasia y el suicidio asistido. Para ellos, también es un derecho.
- Se ataca a los que defienden que la educación de los hijos debe depender de la moral y de las creencias de los padres y no del Estado. La agenda progresista, como apunta Marcel Garcia, “utilizando como excusa que ciertas familias son ´machistas` y que no saben educar bien a sus hijos, y que hay que garantizar la ´libertad` de los menores, el Estado arrebata los derechos fundamentales y constitucionales de las manos de las familias, para poder moldear a las nuevas generaciones de forma que en un futuro le sean útiles al propio Estado”[7]. Un tratado,  conocido como Glen Cove +5, de los comités firmado en Ginebra en 2001 –que son los comités de los Derechos Humanos de Naciones Unidas- dice en uno de sus párrafos: “Hay que eliminar de las legislaciones nacionales, toda referencia a los derechos-deberes de los padres en materia de educación, reproducción y sexualidad de los hijos menores”[8]
- Se acusa a los que señalan las incoherencias de la llamada “ideología de género” y de las leyes promulgadas que atentan contra de la igualdad entre hombres y mujeres.

A todos estos los denominan retrógrados, fascistas, misóginos, antifeministas, homófobos y de ultraderecha.

3. Consumismo/materialismo
Se relaciona el dinero, la belleza física, un determinado tipo de cuerpo, la abundancia de ropa, el consumo de determinadas bebidas alcohólicas y la posesión de objetos materiales (coches, teléfonos móviles, ordenadores, Tablets), con la felicidad y el éxito personal. Los anuncios de televisión y el marketing imperante son un claro ejemplo de cómo venden dicha idea como absoluta. En la vida real, esto se observa en la proliferación de grandes centros comerciales, centros de belleza, gimnasios y en un uso desmedido de las tarjetas de crédito, muchas veces para comprar objetos completamente innecesarios. Las tiendas, tanto físicas como online, se llenan de “promociones” con eslóganes como “oferta exclusiva”, “solo disponible durante 24 horas”, “unidades limitadas”, “rebajas nunca vistas”. Todo consiste en crear una necesidad artificial y sentido de urgencia que se apodere del raciocinio.
Así tienen la sociedad actual: infantilizada y narcotizada con los diversos soma que, los que manejan los hilos, proporcionan.
Los jóvenes suelen ser los más afectados, ya que se esfuerzan sobremanera por aparentar bienestar en las redes sociales, sintiéndose ansiosos o fracasados cuando no alcanzan estos ideales, llevándoles a la frustración, a estados emocionales de tristeza y depresión, junto a una pobre autoestima.

4. Religión/espiritualidad. Aquellos que pertenecen a una religión –sea la que sea- o poseen ciertas creencias espirituales, tienen inculcada el principio de “evitar” a toda costa saber del porqué de las creencias de otras religiones y de otros sistemas de fe. Y, si lo hacen, es con un “experto” a su lado que les diga qué creer. Eso de “comparar” y “buscar la verdad” con sensatez por uno mismo, mejor no. Quédate donde estás y te irá bien, no vayas a enojar a tu Dios y seas condenado. Este sucede entre católicos, evangélicos, Testigos de Jehová, Mormones, musulmanes, etc.

5. Ateísmo. Los ateos promulgan valores que, según ellos, son absolutos: “Está demostrada la teoría de la evolución”; “Dicha teoría tira por tierra el concepto de un Ser supremo”; “Todos los científicos del mundo son ateos”. Y así multitud de afirmaciones que están llenas de falacias y que buscan la destrucción de la fe judeo-cristiana. Para ello exponen grandes titulares de científicos ateos y publican entrevistas donde célebres autores exponen sus ideas, cuyas afirmaciones casi nadie investiga. También, para desprestigiar a los creyentes, ponen en boca de ellos palabras que no han dicho (la llamada “falacia del hombre de paja”) o palabras que sí han dicho pero cuyas personas carecen de conocimiento y yerran. Por último, publican en primera plana cualquier tipo de escándalo provocado por algún religioso, sea de tipo sexual o económico. En el caso de emitir noticias falsas, no rectifican a menos que medie una denuncia de por medio.

6. Distintas vertientes dentro del cristianismo. Entre los propios cristianos, y teniendo en cuenta la cantidad de “sectores”, “denominaciones” y “corrientes” existentes, muchos de ellos consideran peligrosos a las que no piensan igual en cada área. El calvinista avisa a sus fieles que se cuiden de los arminianos. El arminiano avisa a sus fieles que se cuide de los calvinistas. Los amilenaristas, los premilenaristas y los postmilenaristas se enfrentan entre sí, tachando de herejes o inconversos a sus “hermanos”. Lo mismo sucede con los “cesesionistas” y los “no cesesionistas” en lo que respecta a los dones espirituales.
Es más, todos estos grupos le dicen a sus seguidores que mejor eviten leer la literatura “del bando contrario”. El creyente pensará así que está siendo protegido sin saber que le están robando la libertad, la capacidad de pensar y de llegar a conclusiones por sí mismo.
Luego están aquellos que, efectivamente, creen herejías que no forman parte de la verdadera teología cristiana: teología de la prosperidad, confesión positiva, maldiciones generacionales, cartografía espiritual o los conceptos humanistas sobre el éxito, que se asocia a la bendición de Dios y al pecado cuando no llega. ¿Qué hacen para salvarguardar su falsa enseñanza? Les dicen a sus seguidores frases como: “Hazme caso a mí porque los otros no tienen fe”; “Ellos no creen en el poder de Dios”; “Dios me ha levantado a mí como su ungido para dejar en evidencia el pecado de los falsos creyentes”; “El Señor me ha dado una nueva revelación. Créela”; “Nosotros somos parte de los 7000 que no han doblado su rodilla ante el mundo”; “Recuerda que mejor es la obediencia que los sacrificios. Así que no pienses. Obedéceme”. Todo eso lo hacen apelando a textos bíblicos que no tienen nada que ver con su significado real.

7. La apropiación del término “Iglesia”. Todos los medios de comunicación, cuando publican alguna declaración de algún miembro oficial del catolicismo romano (un sacerdote, un obispo o el mismo “Papa”), comienzan el comunicado así: “La Iglesia dice...”. El resto son “grupos salidos de...”, “hermanos separados”, “la iglesia luterana” o “sectas protestantes”. Lo mismo señalan cuando los ateos o los gobiernos seculares los critican o hacen algo en contra de sus intereses. Entonces el titular es: “Otro ataque a la Iglesia”[9].
Los medios consideran que la ICR representa la doctrina oficial que todos los cristianos creen. La verdad es muy distinta. En un aspecto, la Iglesia está formada únicamente por aquellos que “han nacido de nuevo”, no por un grupo en concreto que se suscribe a unas siglas. Y en otro aspecto, a nivel institucional, puesto que sus ideas suelen chocar frontalmente con la enseñanza bíblica, no se les puede considerar como los paladines del cristianismo.

8. Inmigración. En los últimos años, muchos gobiernos están a favor del multiculturalismo; es decir, un mismo país donde convivan distintas culturas y religiones aunque sus valores sean completamente opuestos. Lo que el señor Rodríguez Zapatero llamó Alianza de Civilizaciones. Para inculcar esta idea en la mente de los nativos de cada país, se ocultan u omiten los delitos cometidos por extranjeros o sencillamente se sitúan en segunda plana, como si tuvieran menor importancia que los cometidos por los nacidos en dicha nación. Afirman que mostrar los datos solo trae como resultado el aumento del odio. Un simple ejemplo –por llamativo- fue el que se produjo en la Nochevieja de 2015 en Colonia (Alemania). Aunque, en un principio, tanto la prensa como la Policia trataron de taparlo, la magnitud de los hechos provocó que finalmente saliera a la luz: 500 casos de agresión sexual, casi todos perpetrados por marroquíes, argelinos, iraquíes, sirios e ilegales[10].
A aquellos que no están a favor del multiculturalismo –especialmente cuando tiene que ver con el Islam y avisan del peligro de la rama salafista-, se les estigmatiza con expresiones como racistas, xenófobos y fachas, propio de los grupos radicales de ultraderecha. Meten el mismo saco a los violentos y a aquellos que expresan sus argumentos con razonamientos –como el control de la inmigración- sin el uso de la violencia física o verbal. En definitiva, a todos los que no defienden la ideas de estos gobiernos, se les considera “malvados” y “desalmados”.
En el lado opuesto, están aquellos medios que presentan a absolutamente todos los inmigrantes como peligrosos y destructores del bienestar social y no muestran la violencia que los grupos neonazis cometen contra ellos. Olvidan que el periodismo, en lo que concierne a los sucesos, debe ser objetivo e imparcial[11]. A base de insistir en “la maldad” de los inmigrantes, conduce en muchas ocasiones a que, el ciudadano de a pie, rechace sistemáticamente a todos los inmigrantes, y no haga el esfuerzo de empatizar con los que buscan una vida mejor, sin pensar en que ellos harían lo mismo si vivieran en países destruidos o en Estados fallidos donde la violencia, el asesinato, la hambruna, el tráfico de drogas o la guerra son el pan de cada día. También cometen el error de no hacer distinción entre “buenos” y “malos” ciudadanos, ciudadanos que solo desean vivir en paz y aquellos en cuyos corazones anida el odio, convirtiéndolo todo en blanco o negro, sin colores intermedios.

Nosotros somos pilas mientras que ellos nos manejan a su antojo
¿Te das cuenta ahora cómo influyen en tus pensamientos, moldeándolos y “educándolos”? Creemos lo que ellos quieren que creamos, y sin necesidad de imposiciones o de caer en regímenes autoritarios, dictatoriales u opresivos. Ahí está la ironía: que todo ha sido elegido democráticamente por los propios ciudadanos. Y como las personas vivimos como pensamos, y pensamos como ellos quieren, vivimos como ellos quieren. El mecanismo para lograrlo es tan sutil, progresivo y se ha llevado a cabo durante tantos años, que no nos damos cuenta ni ofrecemos resistencia de ningún tipo. Nos lo muestran como “deseable”, “agradable”, “positivo”, “lo mejor para nosotros” y “fuente de felicidad”.
Todo esto, como decía el señor Morfeo en “Matrix”, es el mundo que ha sido puesto delante de nosotros para que no sepamos que somos meras pilas entre millones que alimentan el sistema, el cual funciona como el engranaje de un reloj. ¿Qué fin buscan los que manejan este sistema? Es evidente si levantas un poco la cabeza y observas:

1) “Dinero”, puesto que proporciona unas condiciones de vida extremadamente lujosas y a la que la persona corriente no puede acceder.
2) “Poder”, puesto que les llena el ego. La vanagloria les embriaga y adoran el reconocimiento público. Manejar a las masas a nivel global y al individuo a nivel particular les hace sentirse mejores, superiores y por encima del resto, como si fueran especiales siendo parte de la élite.

No son “alienígenas” con cara de zombies los que manejan este mundo. Son personas de carne y hueso que se sirven de ti, de tus sueños, de tu facilidad para ilusionarte, para sus propios intereses. Como dicen en la película: Ellos son inversores. La Tierra es sólo un planeta más. Su tercer mundo… Nosotros somos sus recursos naturales. Quieren agotar el planeta y después marcharse. Quieren convertirnos en seres indiferentes. Desean eliminarnos. Podríamos ser animales de compañía, podríamos ser comida, pero lo que verdaderamente somos es ganado.
(Asamblea General de la ONU, uno de los lugares donde los mandamases del mundo dictan las líneas maestras a seguir por el resto)

Nos hacen creer que se preocupan por nosotros, pero no es verdad: ellos mismos son su primera prioridad. Un ejemplo lo podemos ver en el tabaco. Un gobierno que antepusiera la salud de los ciudadanos en lugar de los beneficios económicos que percibe a cambio, prohibiría absolutamente la producción de dicho producto, el cual provoca enfermedades de todo tipo, muchas de ellas mortales. ¿Qué hacen para lavarse la conciencia y hacernos creer que miran por nuestra salud? Prohíben fumar en lugares cerrados para que no afecte a los fumadores pasivos, obligan a las tabacaleras a que las cajetillas lleven imágenes grotescas de pulmones ennegrecidos o tumores y, por último pero no menos importante, aumentan el precio y el IVA, lo que logra el efecto que ellos realmente buscan: el considerable aumento de la recaudación a base de impuestos a favor del Estado.
Por medio del control del sistema, de la generalización de ciertos valores, del ocio, del entretenimiento y de nuestra búsqueda incesante de alcanzar los medios necesarios para vivir (trabajo, casa, coche, comida y comodidad), ellos se encargan de que tengamos nuestra mente ocupada –más bien, sobresaturada-, tanto que no haya espacio, tiempo, fuerzas ni ánimos para pensar ni reflexionar en temas importantes y sin la influencia de nadie. Así logran que nuestra conciencia esté completamente adormecida. A menor conocimiento, más fáciles somos de manipular. Nos creemos “dioses” porque pensamos que controlamos nuestro destino, cuando somos esclavos de la ilusión que ha sido puesta ante nuestros ojos y a la que llamamos “realidad”. Como vimos en “El Nuevo Orden Mundial: ¿Cómo sabemos que el mundo está bajo el maligno?” (https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2019/03/10-el-nuevo-orden-mundial-como-sabemos.html), este opio cultural y social nos tiene embotados.

Gafas o ceguera & Pastilla roja o azul
Con todas las pruebas aportadas, podemos entender el porqué la inmensa mayoría de la humanidad vive “en tinieblas”, prestándole importancia a lo presente y no a lo porvenir, a lo efímero y no a lo eterno.
Si eres de los que todavía no ha observado la cruda realidad y no has despertado, ahora depende de ti ponerte las “gafas” y contemplar la verdad tal y como es. Lo contrario es seguir ciego –aunque creas que ves-, dejando que te controlen bajo una “democracia” que esclaviza tu ser. Puedes seguir viviendo sin más, luchando por los propósitos que los que controlan el sistema han programado para la sociedad o disfrutando de los placeres temporales, como el personaje de Cifra en “Matrix”, que prefería no seguir viendo “el desierto de lo real” (como lo describía Morfeo), sino que deseaba volver a ser ciego para así ignorar voluntariamente la verdad y seguir viviendo una gran mentira que le permitiría gozar de la parte del mundo que le agradaba. Puedes tener dudas, como Neo ante el dilema de tomar la pastilla azul o la roja. Y recuerda la pelea entre los dos amigos de “Están Vivos”, que refleja claramente la metáfora: a pesar de la insistencia de uno de ellos, el otro no quería ver, de ahí su resistencia a ponerse unas sencillas gafas de sol, ni siquiera recibiendo puñetazos. Por eso el intercambio de golpes fue tan largo.
Ahora eres tú quién decide: gafas sí o gafas no. Pastilla azul o pastilla roja.


[1] Inspirada en el relato corto “Eight O’Clock in the Morning” (A las 8 en punto de la mañana), de Ray Nelson en 1963, historia que a su vez fue adaptada al cómic por Bill Wray en 1986, con el título de “Nada”.
[5] Blog “Expansión”. Orellana Gómez P.A. La posverdad, Los medios y el fact checking. 2018. 1
[7] AGENDA: Los derechos sexuales de los menores. https://www.youtube.com/watch?v=U_pB9m2kVAc
[8] https://www.youtube.com/watch?v=STGAbVafWwA Vídeo publicado originalmente en el canal HMTelevisión el día 17/02/2015: Marcando el norte: Hay que crear un hombre nuevo https://www.youtube.com/watch?v=8qo8y2uaAQc.