Podríamos filosofar
mucho al respecto, pero Pablo responde a esta pregunta de manera magistral en
buena parte del primer capítulo de la carta a los romanos[1]. Aunque vamos a analizar parte de él, el
clímax podemos encontrarlo en el versículo 28: “Y como ellos no aprobaron tener en
cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no
convienen”. Así la traduce la Reina
Valera, y el resto de traducciones dejan clara la misma idea:
- “Por pensar que era una tontería reconocer a Dios,
él los abandonó a sus tontos razonamientos y dejó que hicieran cosas que jamás
deberían hacerse”. (NTV)
- “Ya que la gente creyó que no era importante conocer
a Dios, él los dejó que siguieran pervirtiendo su mente y terminaron haciendo
lo que no deben”. (PDT)
- “Como no han querido tener en cuenta a Dios, Dios
los ha dejado hacer todo lo malo que su mente inútil los lleva a hacer”. (TLA)
En definitiva: ellos no quieren saber nada de Dios y
prefieren seguir sus propios caminos, así que Él deja que hagan lo que quieran,
respetando el libre albedrío con el que los creó. ¿Resultado? Sus pensamientos
se han corrompido, hasta el punto de estar convencidos que actúan de manera
normal, por lo que no sienten remordimientos de conciencia ni creen que tengan
nada de que arrepentirse. Siempre creen llevar la razón y son los demás los que están equivocados, por
lo que es extrañísimo escucharlos pedir perdón por algo.
Eligen su propio camino
Dios dice: “yo he puesto
delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal” (Dt. 30:15). Por eso Él les habla consecuentemente a
los que han elegido la vida y el bien, y a los que han preferido la muerte y el
mal: “El que es injusto, sea injusto
todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique
la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía” (Ap. 22:11).
¿Y cuáles son esas “cosas” que no convienen y a las
que Pablo alude?: “injusticia,
fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios,
contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores,
aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males,
desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables,
sin misericordia” (Ro. 1:29-31).
Todo esto es una de las señales de los últimos tiempos
antes de la segunda venida de Cristo: “También
debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque
habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios,
blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural,
implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno,
traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios”
(2 Ti. 3:1-4).
Los extremos de la maldad lo marca cuánto siguen a sus
deseos carnales y, por eso, no todo el mundo que no es cristiano no es un asesino o un violador. Pero lo que vemos hoy en la humanidad
es muy evidente para cualquiera que mire un poco a su alrededor. Desde la propia
juventud no tienen problemas:
- en mentir (“engaños”).
- en tener relaciones sexuales sin estar casados (“fornicación”).
- en
vestir sin pudor para lucirse por la calle o en las redes sociales (“amadores de sí mismos” y “vanagloriosos”).
- en usar un lenguaje
soez y desvergonzado, y en comportarse desinhibidamente (“impíos” e “infatuados”).
- en emborracharse o en
“jugar” y competir a ver quién bebe más (“inventores
de males”).
- en reírse con los
memes de Internet que se burlan de Jesucristo (“aborrecedores de Dios” y “blasfemos”).
- en faltarles el respeto a sus padres y en usar el
chantaje emocional para lograr sus deseos, algo que logran retirándoles la
palabra, estando durante días con mala cara, quejándose por todo y de todo,
encerrándose en la habitación, negándose a comer, etc. (“desobedientes a los padres”, “sin
afecto natural” e “ingratos”),
como señalamos en “Algunas señales concretas antes de la Segunda Venida de
Cristo” (https://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2017/10/5-algunas-senales-concretas-antes-de-la.html).
Aunque nos pueda desconcertar, lo llamativo es que no
se sienten mal por lo citado, lo cual podríamos ampliar muchísimo más. En lugar
de reconocerse en este listado, arremeten contra los que los acusan, sin ser
capaces de mirarse a sí mismos.
Excusas
baratas y necias
Como Dios dice que es malo lo ellos hacen, replican y
justifican su manera de actuar de mil maneras distintas:
- “No hago nada
malo”.
- “¿Qué tiene de malo?”.
- “No soy tan malo”.
- “Hay mucha gente peor”.
- “Hago más cosas
buenas que malas, así que, si existe el cielo, sin duda Dios me dejará entrar”.
- “Todo el mundo lo hace”.
- “Es divertido y placentero”.
- “Dios es un aguafiestas”.
- “Él lo entenderá y me
perdonará”.
- “Voy a la iglesia y
con eso cumplo”.
- “Rezarle a los difuntos, ser supersticioso, creer en
el horóscopo y en la videncia me animan a seguir adelante”.
Luego están las dos
excusas más tremebundas que suelen exponer cuando se quedan sin ninguna:
1) “No es tan grave”.
Y pregunto: ¿Dios mandó a su Hijo a morir en una cruz por ellos y no es tan
grave? Aunque este tipo de personas se tienen por buenas en líneas generales,
el verdadero cristiano, a medida que crece, piensa de sí mismo todo lo
contrario: ve el pozo negro de su alma y siente desfallecer, al mismo tiempo
que contempla la perfecta santidad de Dios y da gracias una y otra vez al saber
que sus pecados han sido pagados por Cristo en la cruz.
2) “A mí los
cristianos que no me digan nada que ellos no son tan buenos” (argucia que ya
refuté en Cuando los
cristianos ofrecemos un mal ejemplo y se nos acusa con razón de hipócritas: http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2015/09/1-cuando-los-cristianos-ofrecemos-un.html).
Creen su propia mentira
Unos se comportan
como si Dios no existiera, y otros –los que dicen de boquilla hacia fuera que
sí creen- no le hacen ningún caso. La realidad es que todos ellos tienen la CONCIENCIA CAUTERIZADA, como señala Pablo en 1 Timoteo
4:2. La versión PDT (Palabra de Dios para todos) traduce dicho texto de una
forma más entendible para el lector de hoy en día: “Ellos no saben la diferencia entre el bien y el mal. Es como si su
entendimiento hubiera sido quemado con hierro candente”.
Sin más, se vuelven insensibles al pecado, y por eso
terminan llamando malo a lo bueno, y a lo bueno malo (cf. Is. 5:20): “Para los
seres humanos, tener una conciencia cauterizada es el resultado de pecar
continua e impenitentemente. Finalmente, el pecado enturbia el sentido moral
del bien o del mal, y el pecador impenitente se hace insensible a las
advertencias de la conciencia, que Dios ha puesto en cada uno de nosotros para
que nos guíen (cf. Ro. 2:15)”[2].
Dado el estado en que
está la conciencia, llegan a sentir en su corazón que su forma de comportarse
es correcta. Sin saberlo, o sin quererlo saber, o sin querer reconocerlo, están
errados. Han moldeado sus conciencias de tal manera que se creen su propio
engaño. Ahí se les puede aplicar rotundamente estas palabras: “Engañoso es el corazón más que todas
las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” (Jer.
17:9). El texto hace alusión al hombre que se apoya en su propia
sabiduría humana y que deja de lado a Dios para los asuntos de la vida. El tal
es considerado una y otra vez en la Biblia como un necio: “Afirmaban ser
sabios pero se convirtieron en completos necios” (Ro. 1:22; NTV).
No hay
término medio
Si existe una sensación que me deja afectado es
aquella que siento cuando se me cruza por la mente alguna persona a la que le
he predicado el Evangelio –o sé que otro lo ha hecho- y, por activa o por
pasiva, lo ha rechazado con mil pretextos. Y me enferma porque sé que, cada
segundo que transcurre, se la está jugando, porque en cualquier instante puede
morir en circunstancias inesperadas –tenga la edad que tenga- y que, si es así,
se va de cabeza al infierno, que es la separación eterna de Dios y de todo lo
bueno. Jesús fue tan claro al respecto que nadie puede evadirse: “ancha es la puerta, y espacioso el camino
que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; estrecha es la
puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan”
(Mt. 7:13-14).
O estás en la luz o estás en tinieblas. O aborreces lo
bueno o aborreces lo malo. O amas los deleites carnales o amas a Dios. O vas
camino al cielo o vas camino al infierno. O vas al Paraíso eterno o vas a la
condenación eterna. O tu Padre es Dios o tu padre es el diablo. O tu nombre
está escrito en el Libro de la Vida o no lo está. No hay caminos alternativos.
No sé en qué lado estás, pero, por mi parte, más claro
no puedo hablar, porque cito literalmente lo que Dios enseña al respecto. No es
mi palabra, sino la Suya plasmada en la Biblia, la cual hasta un niño atento
puede entender. Y se va a cumplir, sí o sí. ¿Quieres seguir creyendo tus
propias ideas? ¿Quieres seguir con tu estilo de vida? ¿Quieres seguir creyendo
que eres bueno? Es tu decisión, y las consecuencias, en su momento, serán las
que serán.
¿Quieres cambiar tus ideas por las del Creador?
¿Quieres cambiar tu estilo de vida? ¿Quieres aceptar que no eres bueno, “que no hay justo, ni aun uno”[3]?
Harás bien. Si es así, ahora tendrás que aceptar de verdad y de corazón el
mensaje de salvación: “Porque
primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por
nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que
resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras” (1
Co. 15:3-4).
El camino a transitar es bien claro: “Que si confesares con tu boca que Jesús es
el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás
salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se
confiesa para salvación. Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere,
no será avergonzado. Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el
mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan; porque
todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Ro. 10:9-13).
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