lunes, 17 de marzo de 2025

¿Por qué las personas que te rodean llaman bueno a lo que es malo? ¿Eres tú uno de ellos?

 


Podríamos filosofar mucho al respecto, pero Pablo responde a esta pregunta de manera magistral en buena parte del primer capítulo de la carta a los romanos[1]. Aunque vamos a analizar parte de él, el clímax podemos encontrarlo en el versículo 28: “Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen”. Así la traduce la Reina Valera, y el resto de traducciones dejan clara la misma idea:

- “Por pensar que era una tontería reconocer a Dios, él los abandonó a sus tontos razonamientos y dejó que hicieran cosas que jamás deberían hacerse”. (NTV)

- “Ya que la gente creyó que no era importante conocer a Dios, él los dejó que siguieran pervirtiendo su mente y terminaron haciendo lo que no deben”. (PDT)

- “Como no han querido tener en cuenta a Dios, Dios los ha dejado hacer todo lo malo que su mente inútil los lleva a hacer”. (TLA)

En definitiva: ellos no quieren saber nada de Dios y prefieren seguir sus propios caminos, así que Él deja que hagan lo que quieran, respetando el libre albedrío con el que los creó. ¿Resultado? Sus pensamientos se han corrompido, hasta el punto de estar convencidos que actúan de manera normal, por lo que no sienten remordimientos de conciencia ni creen que tengan nada de que arrepentirse. Siempre creen llevar la razón y son los  demás los que están equivocados, por lo que es extrañísimo escucharlos pedir perdón por algo.

Eligen su propio camino
Dios dice: “yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal” (Dt. 30:15). Por eso Él les habla consecuentemente a los que han elegido la vida y el bien, y a los que han preferido la muerte y el mal: “El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía” (Ap. 22:11).
¿Y cuáles son esas “cosas” que no convienen y a las que Pablo alude?: “injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades;  murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia” (Ro. 1:29-31).
Todo esto es una de las señales de los últimos tiempos antes de la segunda venida de Cristo: “También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios” (2 Ti. 3:1-4).
Los extremos de la maldad lo marca cuánto siguen a sus deseos carnales y, por eso, no todo el mundo que no es cristiano no es un asesino o un violador. Pero lo que vemos hoy en la humanidad es muy evidente para cualquiera que mire un poco a su alrededor. Desde la propia juventud no tienen problemas:

- en mentir (“engaños”).

- en tener relaciones sexuales sin estar casados (“fornicación”).

- en vestir sin pudor para lucirse por la calle o en las redes sociales (“amadores de sí mismos” y vanagloriosos”).

- en usar un lenguaje soez y desvergonzado, y en comportarse desinhibidamente (impíos” e “infatuados”).

- en emborracharse o en “jugar” y competir a ver quién bebe más (“inventores de males”).

- en reírse con los memes de Internet que se burlan de Jesucristo (“aborrecedores de Dios” y “blasfemos”).

- en faltarles el respeto a sus padres y en usar el chantaje emocional para lograr sus deseos, algo que logran retirándoles la palabra, estando durante días con mala cara, quejándose por todo y de todo, encerrándose en la habitación, negándose a comer, etc. (“desobedientes a los padres”, “sin afecto natural” e “ingratos”), como señalamos en “Algunas señales concretas antes de la Segunda Venida de Cristo” (https://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2017/10/5-algunas-senales-concretas-antes-de-la.html).

Aunque nos pueda desconcertar, lo llamativo es que no se sienten mal por lo citado, lo cual podríamos ampliar muchísimo más. En lugar de reconocerse en este listado, arremeten contra los que los acusan, sin ser capaces de mirarse a sí mismos.

Excusas baratas y necias
Como Dios dice que es malo lo ellos hacen, replican y justifican su manera de actuar de mil maneras distintas:

-  “No hago nada malo”.
- “¿Qué tiene de malo?”.
- “No soy tan malo”.
- “Hay mucha gente peor”.
- “Hago más cosas buenas que malas, así que, si existe el cielo, sin duda Dios me dejará entrar”.
- “Todo el mundo lo hace”.
- “Es divertido y placentero”.
- “Dios es un aguafiestas”.
- “Él lo entenderá y me perdonará”.
- “Voy a la iglesia y con eso cumplo”.
- “Rezarle a los difuntos, ser supersticioso, creer en el horóscopo y en la videncia me animan a seguir adelante”.

Luego están las dos excusas más tremebundas que suelen exponer cuando se quedan sin ninguna:

1) “No es tan grave”. Y pregunto: ¿Dios mandó a su Hijo a morir en una cruz por ellos y no es tan grave? Aunque este tipo de personas se tienen por buenas en líneas generales, el verdadero cristiano, a medida que crece, piensa de sí mismo todo lo contrario: ve el pozo negro de su alma y siente desfallecer, al mismo tiempo que contempla la perfecta santidad de Dios y da gracias una y otra vez al saber que sus pecados han sido pagados por Cristo en la cruz.

2) “A mí los cristianos que no me digan nada que ellos no son tan buenos” (argucia que ya refuté en Cuando los cristianos ofrecemos un mal ejemplo y se nos acusa con razón de hipócritas: http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2015/09/1-cuando-los-cristianos-ofrecemos-un.html).

Creen su propia mentira
Unos se comportan como si Dios no existiera, y otros –los que dicen de boquilla hacia fuera que sí creen- no le hacen ningún caso. La realidad es que todos ellos tienen la CONCIENCIA CAUTERIZADA, como señala Pablo en 1 Timoteo 4:2. La versión PDT (Palabra de Dios para todos) traduce dicho texto de una forma más entendible para el lector de hoy en día: “Ellos no saben la diferencia entre el bien y el mal. Es como si su entendimiento hubiera sido quemado con hierro candente”.
Sin más, se vuelven insensibles al pecado, y por eso terminan llamando malo a lo bueno, y a lo bueno malo (cf. Is. 5:20): “Para los seres humanos, tener una conciencia cauterizada es el resultado de pecar continua e impenitentemente. Finalmente, el pecado enturbia el sentido moral del bien o del mal, y el pecador impenitente se hace insensible a las advertencias de la conciencia, que Dios ha puesto en cada uno de nosotros para que nos guíen (cf. Ro. 2:15)”[2].
Dado el estado en que está la conciencia, llegan a sentir en su corazón que su forma de comportarse es correcta. Sin saberlo, o sin quererlo saber, o sin querer reconocerlo, están errados. Han moldeado sus conciencias de tal manera que se creen su propio engaño. Ahí se les puede aplicar rotundamente estas palabras: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” (Jer. 17:9). El texto hace alusión al hombre que se apoya en su propia sabiduría humana y que deja de lado a Dios para los asuntos de la vida. El tal es considerado una y otra vez en la Biblia como un necio: Afirmaban ser sabios pero se convirtieron en completos necios” (Ro. 1:22; NTV).

No hay término medio
Si existe una sensación que me deja afectado es aquella que siento cuando se me cruza por la mente alguna persona a la que le he predicado el Evangelio –o sé que otro lo ha hecho- y, por activa o por pasiva, lo ha rechazado con mil pretextos. Y me enferma porque sé que, cada segundo que transcurre, se la está jugando, porque en cualquier instante puede morir en circunstancias inesperadas –tenga la edad que tenga- y que, si es así, se va de cabeza al infierno, que es la separación eterna de Dios y de todo lo bueno. Jesús fue tan claro al respecto que nadie puede evadirse: “ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan” (Mt. 7:13-14).
O estás en la luz o estás en tinieblas. O aborreces lo bueno o aborreces lo malo. O amas los deleites carnales o amas a Dios. O vas camino al cielo o vas camino al infierno. O vas al Paraíso eterno o vas a la condenación eterna. O tu Padre es Dios o tu padre es el diablo. O tu nombre está escrito en el Libro de la Vida o no lo está. No hay caminos alternativos.
No sé en qué lado estás, pero, por mi parte, más claro no puedo hablar, porque cito literalmente lo que Dios enseña al respecto. No es mi palabra, sino la Suya plasmada en la Biblia, la cual hasta un niño atento puede entender. Y se va a cumplir, sí o sí. ¿Quieres seguir creyendo tus propias ideas? ¿Quieres seguir con tu estilo de vida? ¿Quieres seguir creyendo que eres bueno? Es tu decisión, y las consecuencias, en su momento, serán las que serán.
¿Quieres cambiar tus ideas por las del Creador? ¿Quieres cambiar tu estilo de vida? ¿Quieres aceptar que no eres bueno, “que no hay justo, ni aun uno”[3]? Harás bien. Si es así, ahora tendrás que aceptar de verdad y de corazón el mensaje de salvación: “Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras” (1 Co. 15:3-4).
El camino a transitar es bien claro: “Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado. Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan; porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Ro. 10:9-13).


[1] Recordemos que, originalmente, la Biblia no estaba dividida en capítulos.

[3] Ro. 3:10.

No hay comentarios:

Publicar un comentario