lunes, 15 de enero de 2024

30 monedas (1ª parte): Los cainitas, el evangelio apócrifo de Judas y los gnósticos

 

Para que quede claro desde el comienzo, y no haya confusiones sobre un posible error por mi parte:

- Cuando uso “Dios”, con D mayúscula, me refiero, obviamente, al Dios de la Biblia, el único verdadero. Por el contrario, cuando lo cito en minúscula, “dios”, hago referencia al inventado por los seres humanos.
- De igual manera, cuando escribo “Evangelio”, con la E inicial en mayúscula, hablo de los cuatro evangelios auténticos (Mateo, Marcos, Lucas y Juan), y cuando lo escribo en minúscula, me refiero a los apócrifos (falsos).

Los ingredientes “producto televisivo español” y “género de terror”, por separado, ya me producen tal rechazo que suelo evitarlos, pero juntos se multiplica por mil: huyo a toda costa. Y la serie “30 monedas” cumplía ambos requisitos. Pero, tras saltarme incontables veces en YouTube el tráiler de la segunda temporada, y atraerme, decidí ver el primer capítulo y darle una oportunidad. Para que engañar a nadie: me enganchó rápidamente. Salvo alguna actuación sobreactuada –como una anciana que parece La vieja del vicillo, del humorista José Mota-, del resto destaca casi todo, desde sus interpretaciones hasta la producción, destacando por encima de todo lo bien hilvanada que está su premisa. Se nota que el director Alex de la Iglesia ha puesto toda su pasión, aparte que ha tenido los medios necesarios a su alcance para plasmar lo que tenía en mente... excepto el último capítulo de ambas temporadas, que, visto lo visto, exigía un presupuesto hollywoodense, quedándose bastante descafeinados y de serie B, con momentos de verdadera vergüenza ajena.
Aunque luego profundizaremos en ella –ya que, más allá de la ficción, tiene un trasfondo histórico verdadero-, la trama gira en torno a la secta de los cainitas –quienes existieron realmente-, compuesta por sacerdotes, cardenales y obispos, que se han infiltrado en el Vaticano, y andan a la búsqueda de las treinta célebres monedas con las cuales fue recompensado Judas por traicionar a Jesús. Según nos cuentan, ellas tienen poderes místicos, tales que su poseedor se convertirá en el antipapa. Los miembros de esta secta ha vendido su alma al diablo, y están a la espera de hacerse con el control del planeta. El demonio perdió cuando fue desterrado del cielo, y ahora quiere reinar en este mundo, trayendo el caos más absoluto, bajo su dominio.
El antipapa, escoltado por el diablo

Verla o no verla, he ahí la cuestión
Antes de destapar qué se esconde detrás de dicha serie, quiero responder a las objeciones para visualizarla. Hay cristianos que podrán decir que les provoca rechazo la temática, y los puedo entender. En mi opinión, hay tres razones que se pueden presentar como argumento para no ver dicha serie, u otras semejantes, como “Misa de medianoche: Entre la fe y el fanatismo religioso” (https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2021/10/misa-de-medianoche-entre-la-fe-y-el.html):

1) La más lógica: el individuo prefiere ocupar su tiempo libre o de ocio en otros menesteres que le interesan más. Si es así, lo aplaudo.

2) Aunque está envuelta en una trama de fantasía pseudoreligiosa, trata asuntos sobrenaturales y demoníacos, por lo que algunas imágenes pueden resultar perturbadoras, junto a otras donde la sangre hace acto de aparición. A los que no quieran contemplarla por esta razón, o son aprensivos, los comprendo y los respeto por su decisión. En mi caso, es la causa exacta por la cual rehúyo películas de exorcismos o espíritus; no porque me den miedo, sino porque me dejan muy mal cuerpo. Con “30 monedas”, cuando olía que se venía alguna escena desagradable, hacía como los niños: me ponía la mano en la cara, y listo.
Sobre los otros momentos subidos de tono, mi consejo para todo el mundo es que el que llevo años aplicando muchos años: tu mejor aliado es el mando a distancia, concretamente el botón “las dos flechitas a la derecha”, y que sirve, como todo el mundo sabe, para pasar las imágenes hacia adelante. Problema resuelto, y más sencillo, imposible.

3) Otros se niegan a ver este tipo de contenidos alegando que “puede afectar a los débiles en la fe”. Ahí estoy en desacuerdo. La fe no es algo etéreo, algo en lo que se cree sin más y que está vacía de razonamientos, como si ante el más mínimo titubeo las creencias sobre Dios desaparecieran. La fe, la auténtica fe, sobreabunda en pruebas: aunque no vemos cara a cara al Señor en el que hemos creído, la vida de Jesús, sus palabras, acciones, milagros, muerte y resurrección, junto a las evidencias sobre la veracidad de la Biblia, están ahí, disponibles para todo el mundo. Y el que tenga dudas, solo tiene que leer e investigar, en lugar de mirar para otro lado o echarle la culpa de su “débil fe” a las obras elaboradas por ateos o personas del mundo televisivo y cinematográfico. Grandes libros de apologética se han escrito a lo largo de los siglos, para el deleite de toda persona, destacando, entre otros muchos, los de C.S. Lewis, Josh McDowell, Lee Strobell o César Vidal. Además, bien mandó Jesús: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí” (Jn. 5:39).

Este párrafo lo he añadido tras ver la segunda temporada. Aunque cada uno es libre de hacer lo que considere oportuno, personalmente NO recomiendo ver la serie por un motivo en particular: determinadas escenas de la primera tanda de capítulos –que me parecen mucho mejores que su continuación- tenían un pase, no porque no fueran duras –que lo eran-, sino porque eran escasas, pero en la segunda temporada sobrepasa todo límite. Por citar un solo ejemplo, la representación del infierno y de lo que allí sucede –el arquetípico espectáculo, y antibíblico, de los demonios torturando a los humanos condenados-, es grotesco, bizarro, enfermizo, hiriente a toda sensibilidad y de muy mal gusto. Secuencias como esas y otras me obligaron a apartar la mirada en más de una ocasión y en usar el mando para saltarlas.

Dicho todo esto, aclaro que, para lo que vamos a aprender en las siguientes líneas, no es necesario haber visto la serie. Lo interesante no es la ficción que se nos cuenta, sino lo que hay detrás, que parte de las creencias de una secta –los cainitas-, que surgió en los primeros siglos de la cristiandad bajo el amparo de los gnósticos, y donde acabaremos explicando el porqué a la humanidad le gusta este tipo de historias.

Las herejías y los gnósticos
Prácticamente, desde su comienzo, el cristianismo se enfrentó a diversas facciones que predicaban herejías, como el Docetismo y el Adopcionismo, de las que hablé brevemente en el primer capítulo de mi libro “Herejías por doquier” (http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2013/08/normal-0-21-false-false-false-es-x-none_21.html). Y uno de estos grupos heréticos fueron los gnósticos, seguidores del gnosticismo, que viene de la palabra griega gnosis (“conocimiento”, “ciencia”). ¿En qué creían?:

- Para los gnósticos, Jehová, el Dios del Antiguo Testamento, no es el Dios todopoderoso y bueno que los cristianos conocemos, sino el Demiurgo, una divinidad inferior y malvada que creó el universo, siendo menor al que consideran el verdadero dios. Este dios, el de los gnósticos, a causa de su propia perfección, está oculto, no se relaciona con el resto de seres imperfectos y, por lo tanto, es incognoscible (“no se puede conocer”). El Demiurgo solo es un ser más que emanó del verdadero dios, esclavizando el espíritu de los humanos a la materia y a la carne.

- Aseguraban que la materia es inherentemente mala –de ahí que digan que dios no pudo crearla-, mientras que el espíritu es bueno. Por eso consideraban que el cuerpo de Cristo era una mera apariencia (docetismo).
Algunos de ellos propugnaban un estilo de vida asceta, donde se debía castigar el cuerpo para liberar el espíritu. Otros, en el polo opuesto, recalcaban que daba exactamente igual lo que se hiciera con el cuerpo, aunque fuera malo o considerado inmoral –promulgando así el libertinaje-, ya que la salvación dependía únicamente de la parte espiritual del hombre.

- Conforme a este principio, en su falso evangelio, se inventaron que Jesús le agradeció a Judas que lo entregara: así, al morir, podría “liberarse” de su cuerpo, que, recordemos, al ser material, consideraban malvado. De esta manera podría volver al mundo de los espíritus, al reino grande e ilimitado cuya inmensidad no ha visto ninguna generación de ángeles» (nº. 47 del apócrifo).

- Para ellos, Jesús no es Dios ni el Hijo del Padre, sino un poder celestial o semi-dios, que se vistió de hombre sin serlo, enviado del verdadero dios, que vino a destapar las mentiras de Jehová y a mostrar la salvación.

- Consideran que la salvación no es por fruto de la fe en el sacrificio expiatorio de Cristo en la cruz, sino por el conocimiento (gnosis) de las “verdades” anteriormente citadas. En consecuencia, el hombre se puede salvar a sí mismo.

En su intento de corroborar sus dichos, afirmaron que, como privilegiados, habían recibido conocimientos ocultos y superiores al resto, todo ello de parte de individuos que habían tratado directamente con Jesús. Y como Judas había sido uno de ellos, supuestamente, “el favorito”, le atribuyeron la autoría para respaldar sus falsas creencias, que consistían en tomar parte de la fe cristiana y readaptarla a los conceptos del gnosticismo. En el fondo, una nueva forma de sincretismo religioso. Lo que ellos no sabían, o no esperaban, es que sus mentiras saldrían más temprano que tarde a la luz, puesto que ese supuesto evangelio fue rubricado entre uno y dos siglos después de la muerte de Judas, por lo que él no supo nada al respecto, ya que ni siquiera fue su pluma la que lo llevó a cabo. Por lo tanto, es una obra anónima, del que se desconoce el autor exacto.
Todo lo reseñado es pura teología satánica que confrontó Ireneo de Lyon, obispo y mártir fallecido en el año 202: Por lo tanto, que ninguno piense que existe otro Dios Padre distinto de nuestro Creador, como lo imaginan los herejes, que desprecian al Dios verdadero y hacen un ídolo del Dios inexistente, creándose un padre por encima de nuestro Creador y tienen para sí el haber descubierto algo más grande que la verdad. En realidad, todos estos son impíos y blasfeman contra su Creador y Padre como ya hemos demostrado en la Exposición y Refutación de la falsa gnosis. Otros, todavía desprecian la venida del Hijo de Dios y la economía de su encarnación trasmitida por los Apóstoles y vaticinada por los profetas para la restauración de la humanidad, como concisamente hemos demostrado. También a estas personas hay que contarlas entre los incrédulos”[1].

¿Quiénes eran los cainitas? & Los Evangelios apócrifos
Los cainitas eran parte del movimiento de los gnósticos. Como nos cuenta nuevamente Ireneo, los cainitas surgieron en el siglo II en el este del Imperio Romano. Se basaban en el Evangelio apócrifo de Judas, y entre sus fundamentos principales estaba venerar a Judas Iscariote y a Caín, especialmente a este último; de ahí el nombre con el que se identificaban. En general, aunque tenían muy pocos seguidores, rendían culto a todos los que se enfrentaban al Dios del Antiguo Testamento, al que consideraban una divinidad menor y cruel, que había robado la chispa divina a los mortales. Por eso rendían pleitesía a los ya mencionados, y a otros como Esaú o Coré, e incluso a los sodomitas, al considerarlos víctimas de este falso dios. 
Mientras que, realmente, Judas fue un traidor que se suicidó por la terrible culpa que le embargó, y al que Jesús llamó “el hijo de perdición” (Jn. 17:12), el apócrifo lo presenta como el discípulo predilecto de entre los apóstoles, y que conocía al verdadero dios, distinto al de los judíos y mostrado en el Antiguo Testamento. Según el falso evangelio, le llegó a decir a Jesús que sabía realmente quién era él: Yo tengo conocimiento de quién eres tú y de dónde vienes. Tú vienes del inmortal reino de Barbelo”. En los antiguos textos gnósticos, Barbelo era la Divina Madre de todo.
Al saber esta verdad, Jesús le prometió revelarle secretos que nadie más conocía, ni siquiera el resto de apóstoles: “Aléjate de los demás y te diré los misterios del reino”. Mientras que Pablo enseña que la salvación es por gracia (cf. Ef. 2:8-9), ellos, como buenos gnósticos, promulgaban que se lograba por el conocimiento oculto y especial, solo apto para algunos elegidos.
Según estas ideas, fue el Maestro mismo el que le pidió que lo entregase, como parte de su plan, donde no hay ni crucifixión, ni muerte, ni resurrección. En dicho relato falaz, Jesús le dijo a Judas: Tú serás el decimotercero, y serás maldito por generaciones y vendrás para reinar sobre ellos”.
Después de haberme leído en evangelio apócrifo de Judas –es muy breve, aparte de que el original está incompleto-, puedo confirmar lo que todo el mundo afirma de tal escrito: parece que estás leyendo a Nostradamus o cualquier manuscrito New Age, ya que muchas partes son incomprensibles y ambiguas, donde cada uno puede interpretar lo que le venga en gana. Por otro lado, está tan mal narrado que mi sobrina de once años escribe redacciones con mayor sentido. Mientras que para entender al Jesús de la Biblia no hace falta tener estudios de ninguna clase, el apócrifo no lo comprende ni un experto en jeroglíficos. Si un escrito semejante se publicara hoy en día, se diría que el autor estaba bajo el influjo de alguna sustancia alucinógena.
Estos despropósitos, y todos los concernientes al gnosticismo, fueron refutados por Ireneo, en su serie de libros titulados “Contra las Herejías”. Según el obispo, la raíz y las ideas de dicho falso evangelio estuvo en el mago Simón, al que conocemos por los Hechos de los Apóstoles, donde se nos cuenta que quiso comprar con dinero el poder para hacer milagros, siendo duramente reprendido por Pedro. Como ya hemos apuntado, los cainitas inventaron el Evangelio de Judas, en un intento de respaldar sus creencias.

Continuará en 30 monedas (2ª parte): Un bochorno teológico al servicio del diablo & ¿Por qué la humanidad prefiere los cuentos de viejas antes que al Dios de la Biblia?


[1] Demostración de la predicación apostólica. Epideixis 99. https://www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/fkc.htm

lunes, 18 de diciembre de 2023

¿Te pareces a Loki y a Pablo de Tarso? ¿Cuál es tu “glorioso propósito” para el 2024 y, en general, en la vida?

 


Tal y como he descrito en más de una ocasión, al tener tan impregnado en mi interior multitud de pasajes bíblicos, hay infinidad de escenas de la vida cotidiana o de todo aquello que leo, veo u oigo, que me recuerdan a esos textos que se pasean por mi mente y los relaciono automáticamente. Por eso puedo escribir sobre libros, artículos de prensa, películas, series o cualquier otra cosa que se ponga en mi camino, sea secular o cristiano: porque todo lo paso por el filtro de las Escrituras. En esta ocasión, me ha sucedido tras terminar de ver el emotivo final de las andaduras de uno de los grandes personajes que ha parido Marvel en las últimas décadas: Loki, un antiguo villano, interpretado magistralmente por el actor británico Tom Hiddleston, cuya historia ha llegado a su conclusión tras catorce años.

¿Quién es Loki y qué anhelaba?
Para exponer la enseñanza que quiero impartir, no es necesario conocer la amplia biografía del personaje ni entrar en mil detalles, pero sí conocer una mínima información: siendo el hijo biológico de un gigante llamado Laufey, se convierte en el hijo adoptivo de Odin y Frigga, siendo, por tanto, el hermano de Thor. Aunque era príncipe en la tierra de Asgard, estaba lleno de celos ante su hermano porque él heredaría el trono, y con el que mantenía una relación de amor-odio, de admiración y de odio. Frustrado por no poder alcanzar la gloria que anhelaba, y sintiéndose engañado porque se le ocultó su verdadero origen, se lanzó a la conquista de la Tierra.
El mismo actor muestra cómo era Loki al principio, cuando trató de llevar a cabo sus planes: “Si recordáis en la primera película de Los Vengadores, Loki baja a la Tierra. Mira directamente a Sam Jackson. Está Nick Fury y yo digo ´Soy Loki de Asgard. Estoy cargado con un glorioso propósito`. Es arrogante y tiene derecho, y está hinchado y va a apoderarse del mundo”[1].
Ese era el primer Loki que todos conocimos: alguien cuyo “glorioso propósito” en la vida era ser grande, poderoso, admirado y reconocido por sus hazañas. Pero muchos años después sucedió algo: descubrió que había otras líneas temporales en el universo, con distintas versiones de sí mismo. Si te parece extraño el concepto, la idea es muy sencilla de entender: imagina que hubiera multitud de universos, donde, en cada uno de ellos, la historia de la humanidad, y la tuya propia, se hubiera desarrollado de otras maneras. Por ejemplo, un mundo donde los nazis hubieran ganado la 2ª Guerra Mundial. Otro donde los dinosaurios no se hubieran extinguido. Otro donde Corea del Norte fuera una democracia. Otro donde tus padres no se hubieran conocido. Otro donde te hubieras casado con una persona distinta o estuvieras soltero. Y así con todo lo que puedas fantasear.
Cuando Loki descubre la AVT (Autoridad de Variación Temporal), una agencia que se encarga de mantener el orden en todas las líneas temporales y borrar las problemáticas, conoce al agente Mobius, que cambiará su forma de entender la vida. De nuevo, que hable el actor Tom Hiddleston: “Básicamente, le muestra a Loki que el propósito glorioso era una falacia y le da una especie de segunda oportunidad. Y creo que lo más emocionante de la serie fue ver a Loki intentar replantearse y redescubrir ese sentido del propósito, con el que todos nos sentimos identificados.
Durante toda su vida, Loki había luchado por un “propósito”, pero ahora descubre que, el que consideraba más importante (el reconocimiento, la grandeza, el poder, etc.), son una estupidez, por lo que se siente perdido, triste y sin saber cuál es la razón de su existencia.

La transformación de Loki
Por razones que no son necesarias explicar, hay una especie de máquina que permite la existencia de todos esas líneas temporales a la vez, pero se está sobrecargando y llegando al límite de quebrar. Si eso sucede, miles de billones de vidas perecerán. Loki lo intenta todo para evitarlo: viaja al pasado incontables veces y se pasa siglos aprendiendo física cuántica, en su desesperación por detener el proceso y revertirlo antes de que sea demasiado tarde. Pero llega a la conclusión de que es inevitable. Todo está a punto de acabar y ser destruido... pero entonces Loki descubre ese “glorioso propósito” que llevaba buscando toda su vida: su elección es sacrificarse por el bien de todos; usando su poder, mantendrá unidas todas las líneas temporales. Con sus propias manos, las sostendrá por toda la eternidad en una especie de árbol. Cuando lo hace, podemos ver que su rostro es de completa paz.
El antiguo villano lo ha dado todo por los demás. El que quería postrar a los seres humanos, se entrega por ellos. El que creía que la grandeza era ser reconocido, descubre que todo eso es pura necedad. El que creía estar en lo correcto, comprueba por sí mismo que estaba errado.

¿Quién es Pablo y qué anhelaba?
Conocido en sus orígenes con su primer nombre, Saulo, de Tarso, tenía, en sus inicios, muy claro su “glorioso propósito”: “Y Saulo asolaba la iglesia, y entrando casa por casa, arrastraba a hombres y a mujeres, y los entregaba en la cárcel” (Hch 8:3). Estaba tan convencido que sentía deseos de muerte contra todo el que se considerase cristiano, tanto que llegó a consentir en la muerte de uno de ellos, llamado Esteban, mientras le apedreaban (cf. Hch. 8:1). Le pidió autorización al sumo sacerdote para apresar a todos los que encontrara (cf. Hch. 9:2). Como un león al acecho, esperaba a su presa para devorarla. 

La transformación de Saulo a Pablo
Esa era su vida. Ese era su “glorioso propósito”. Pero, al igual que Loki, aunque era sincero, llegó el día en que el mismo Maestro le demostró cuán perdido estaba.  Tanto que decidió cambiarse el nombre por el de Pablo, que es como solemos conocerlo.
¿Qué le sucedió? Que responda él mismo: “Habiendo yo sido antes blasfemo, perseguidor e injuriador; mas fui recibido a misericordia porque lo hice por ignorancia, en incredulidad. Pero la gracia de nuestro Señor fue más abundante con la fe y el amor que es en Cristo Jesús. Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero” (1 Ti. 1:13-15). Una de las personas que escribió buena parte del Nuevo Testamento se reconoció como el primero de los pecadores.
Su “glorioso propósito” fue arrancando de raíz y se dedicó a uno completamente opuesto: de perseguir al Dios en el que creían los cristianos, a proclamarlo y servirlo sin descanso. En cuanto a la justicia de la ley, irreprensible, y teniendo un alto estatus social y religioso, renunció a todo. Parafraseando a Leonard Ravenhill: “Lo que muchos predicadores tienen por curriculum, Pablo lo tenía por basura”.

¿Cuál es tu “glorioso propósito”?
Le hablo tanto a los cristianos como a los que no lo son: 

- Si tu glorioso propósito es alcanzar el reconocimiento y el aplauso, es que no te has enterado de nada, o te has perdido en el camino.

- Si tu glorioso propósito es dedicar el tiempo libre a tus aficiones, es que no te has enterado de nada, o te has perdido en el camino.

- Si tu glorioso propósito es usar los dones que recibiste para tu propia gloria, es que no te has enterado de nada, o te has perdido en el camino.

- Si tu glorioso propósito es obtener likes, corazoncitos o mensajes de admiración en las redes sociales por tus publicaciones o fotos, es que no te has enterado de nada, o te has perdido en el camino.

- Si tu glorioso propósito es hacer todo lo posible por quedar por encima de los demás, aunque eso suponga menospreciarlos o pisotearlos, es que no te has enterado de nada, o te has perdido en el camino.

- Si tu glorioso propósito es ganar más y más dinero para comprar sin fin, o incluso tener una vida a lo grande, con una casa gigantesca, viajes de lujo, posesiones materiales inabarcables, es que no te has enterado de nada, o te has perdido en el camino.

- Si tu glorioso propósito es vivir para lograr un cuerpo escultural, sea en el gimnasio o en el quirófano, es que no te has enterado de nada, o te has perdido en el camino.

- Si tu glorioso propósito es cualquier forma de hedonismo, el sexo, las conquistas sentimentales sine fine, es que no te has enterado de nada, o te has perdido en el camino.

Todo lo mencionado es “basura”. Hasta el personaje ficticio de Loki, antes de conocer la verdad, decía que se sentía vacío, a pesar de ser un “dios”. El catedrático Enrique Rojas expone dicha verdad irrefutable, aunque sorprendentemente oculta para millones de personas: “A la hora de la muerte los títulos y los honores desaparecen, la riqueza no sirve para nada, el prestigio es muy relativo, y lo único que quedan son las huellas del amor que hayamos dejado en el testimonio de nuestras vidas”[2].
Con esto no quiero decir, ni mucho menos, que no nos esforcemos por mejorar nuestra calidad de vida, que descuidemos nuestra salud, que disfrutar de la naturaleza o del tiempo libre sea malo per se, o que practicar deporte u otras actividades de ocio no sean sanas dentro de un equilibrio, sino que tengamos claras nuestras prioridades y qué es realmente lo que transciende.
Hasta que no comprendas y, sobre todo, que asimiles, que el reino de Dios no es de este mundo (Jn. 18:36) y que fuimos “creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Ef. 2:10), no te habrás enterado de nada y seguirás perdido.
Como he expuesto en diversas ocasiones, Pablo enseña que Dios ha dado dones a los hombres (cf. Ef. 4:8), pero toda obra humana que no haya servido ni sirva para la gloria eterna de Dios, será quemada por el fuego (2 P. 3:10-13). Buena parte de la literatura secular, de la música, del arte o de los logros deportivos, desaparecerán por completo.
De nuevo nos apunta Pablo qué rumbo tomar: “Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria” (Col. 3:1-4).

Conclusión
¡Que tu “glorioso propósito” para este 2024, y para el resto de tu vida, sea usar los dones que Dios te ha concedido para Su gloria y Su obra! “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres” (Col. 3:23). Es fundamenta que recuerdes esas palabras, puesto que, hoy en día, y de forma lamentable, muchos caen en “usar al Señor para alcanzar su propio beneficio y la admiración”.
No tiene que ser necesariamente actividades llamativas a los ojos ajenos. ¡Hay tanta variedad donde elegir! Puede ser desde educar a tu hijo en el Señor, hasta servir a las personas enfermas de tu familia, pasando por todo lo que se te ocurra y para lo que el Señor ponga delante de ti. Eso sí perdurará; el resto se perderá en la nada más absoluta.

lunes, 11 de diciembre de 2023

1.4 ¿Que los cristianos anunciemos el Evangelio y el arrepentimiento a los homosexuales es un acto de odio o de amor?

 


Venimos de aquí: 1.3 ¿Los cristianos predicamos que tanto homosexuales como heterosexuales somos malos por naturaleza y necesitamos de la misma salvación, o solo nos referimos a los homosexuales? (https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2023/11/13-los-cristianos-predicamos-que-tanto.html).

Como haré a lo largo de toda la obra, aviso que los capítulos de este libro hay que leerlos en el orden en el que están escritos, sin saltarse ninguno. El lector queda prevenido.

* Si alguien quiere profundizar en esta cuestión en particular, y saber cómo pensamos los verdaderos cristianos, aquí dejo la mejor predicación que he escuchado hasta ahora respecto al asunto, ofrecida por Andrés Corson. Por los comentarios en el vídeo, cristianos que tienen esta clase de sentimientos homosexuales, han recibido mucho consuelo y una perspectiva correcta del amor de Dios: “Mi hijo es gay, ¿qué hago? (https://www.youtube.com/watch?v=RQAkU0yK5XI).

Lamento profundamente que algunos homosexuales hayan sido amenazados o agredidos físicamente a lo largo de sus vidas, incluso por individuos que se decían “creyentes” y que los han odiado. Pero mi deber y el de todo cristiano es decirles la verdad del Evangelio, y no por eso somos “enemigos”, como retóricamente preguntó Pablo: ¿Me he hecho, pues, vuestro enemigo, por deciros la verdad?” (Gá. 4:16).
Señalar el estilo de vida homosexual –incluyendo el “monógamo”- como contrario a los deseos de Dios, que requiere del arrepentimiento y de un cambio radical, no es odio o falta de amor, sino todo lo contrario: anunciar el mensaje de salvación es el mayor acto de amor que se puede ofrecer. Es un acto de misericordia, junto con la  imperiosa necesidad que tenemos todos los cristianos de señalar la necesidad de buscar la VOLUNTAD de Dios en todos los aspectos de la vida.
Cuando un padre corrige o regaña a su hijo cuando este se equivoca o no hace algo bien, no significa que no lo ame. Si lo hace con buena voluntad, lo ama sin duda. No amarlo sería callarse y no enseñarle el camino correcto.
Aquí reproduzco los pensamientos de un cristiano y la conversación que mantuvo con un amigo homosexual: “Había decenas de características tangibles que estimaba en mi amigo, y se lo dije. Pero, con una voz temblorosa con nerviosismo y compasión, le confesé que mi amistad parecería insincera si yo no podía reafirmar lo que él mantenía como una parte central de su identidad: su sexualidad”.

- “Quiero que sepas que creo que Dios ama a cada persona de la misma manera y eso incluye al homosexual. Sería deshonesto para mí aparentar que estoy de acuerdo o que entienda el camino que tú crees es el correcto, pero acepto que eres libre de escoger tu propio camino en la vida. Eso no por que yo sea especialmente caritativo o generoso, sino porque Dios lo es”.

- “Entonces, ¿sigues pensando que me voy a ir al infierno porque soy gay?”.

- “Perdóname si te dije eso. Más bien, es esto lo que creo: todo se reduce a lo que hacemos con Jesús. Yo creo que Él es el Hijo de Dios. No todos creen eso, pero daría cualquier cosa para que vieras la realidad de Jesús. Él le da significado y propósito a mi vida. Él puede hacer lo mismo por ti. Nadie se va al cielo por lo que hace o deja de hacer. Ese es el mensaje de Jesús. Todos los seres humanos pecan, y todos merecemos irnos al infierno por ello. Pero Jesús les ofrece a todos su gracia libremente. Sé que no es una parte fácil de la teología cristiana, pero sí, creo que la homosexualidad es un pecado, pero no es distinta de cualquier otro pecado. No es diferente a si me acuesto con alguien que no sea mi esposa o incluso si tengo una fantasía sexual momentánea. Dios creó la sexualidad, así que es buena, pero se puede expresar de maneras equivocadas. Cada uno de nosotros, gay o no o lo que sea, expresa la sexualidad de maneras rotas. Pero sabes qué, daría cualquier cosa por verte conocer a Jesús. Realmente lo haría. Yo moriría por eso. Todo esto gira sobre lo que decidas acerca de Jesús”[1].

Esto es, en definitiva, lo que creemos los cristianos. Por eso es triste cuando los que defienden con uñas y dientes la libertad de ser homosexual –lo sean o no- atacan a los cristianos preguntando con sorna y “buscándonos las cosquillas”, y nos dicen qué haríamos si tuviéramos un hijo o un ser muy cercano que nos confesara que siente atracción hacia las personas de su mismo sexo. Parafraseando la respuesta que en una ocasión leí de una hermana: “Nos sentaríamos a hablar con él, corrigiéndole a la luz de la Palabra, y oraríamos. ¡Ni que fuéramos monstruos que vamos a quemar en la hoguera a nuestros hijos!”.

Continúa en 1.5 ¿Quiénes quieren imponer sus propias leyes ante la sociedad y la justicia, los cristianos o los grupos LGTBI?: https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2024/05/15-quienes-quieren-imponer-sus-propias.html

[1] Soy extremadamente cuidadoso a la hora de copiar citas de otros autores, pero, en esta ocasión, aunque la tenía copiada, he traspapelado la fuente y no sé de dónde la copié a pesar de haberla rebuscado entre mis libros. Si algún día la encuentro la añadiré. Solo decir que, al ser tan interesante lo descrito y, a pesar de lo dicho, merece la pena transcribir esta historia.