jueves, 6 de mayo de 2021

12. Mi Testamento Vital

 


Vuelvo a repetir lo que dije en el escrito que precede a este: antes de que sigas, es necesario que leas los dos anteriores para que no caigas en prejuicios por el desconocimiento de ciertos aspectos médicos.

Venimos de aquí: ¿Has hecho ya el testamento vital? ¿Sabes lo que es? (https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2021/05/11-has-hecho-ya-el-testamento-vital.html).

Un ejemplo de Testamento Vital
Para aquellos que no sepan cómo rellenar la documentación, aquí voy a copiar parte de mi propio Testamento Vital (en letras azules), más concretamente tres cuestiones que vienen en el formulario de mi comunidad autónoma. Hay algunas más que podrás ver en los documentos oficiales, pero esas las dejo en la privacidad.

* Punto nº 1: VALORES VITALES QUE SE HAN DE TENER EN CUENTA Y QUE SUSTENTAN MIS DECISIONES Y PREFERENCIAS
Deseo que las personas que tengan que tomar decisiones sanitarias en mi lugar cuando me encuentre en una situación clínica que me impida expresar personalmente mi voluntad, tengan en cuenta los siguientes valores:

* Siempre que sea posible, quisiera:
1) Asearme y moverme por mí mismo.

2) Alimentarme sin necesidad de medidas artificiales.

3) Si el dolor no es muy intenso, estar consciente para poder comunicarme por mí mismo.

4) Vivir sin necesidad de estar conectado permanentemente a máquinas de soporte vital.

5) A menos que el tratamiento lo requiera de forma obligatoria, estar siempre en mi casa, especialmente en los últimos días donde ya la muerte esté próxima.

* Deseo que:
1) Si mi enfermedad llegara a estar en situación crítica irrecuperable e irreversible, no se me mantenga en vida por medio de tratamientos desproporcionados, extraordinarios o artificiales.

2) No se me aplique la eutanasia activa, ni siquiera estando legalizada.

3) No se me prolongue abusiva e irracionalmente mi proceso de muerte.

4) No me sigan poniendo tratamientos y haciendo pruebas cuando ya esté claro que no voy a recuperar la consciencia.

5) Que se me administren los cuidados paliativos y tratamientos adecuados (incluyendo la sedación paliativa, aun cuando esto acorte el tiempo de vida) para paliar los sufrimientos consecuentes, mientras que se continúa con todas las prácticas de higiene necesarias y se me sigue alimentando e hidratando de las formas provistas para estos casos, mientras que la enfermedad prosigue su curso natural.


- Punto nº 2: SITUACIONES CLÍNICAS EN LAS QUE QUIERO QUE SE APLIQUE ESTE DOCUMENTO
Este documento ha de tenerse en cuenta en aquellas situaciones clínicas en las que no haya expectativa de recuperación, que me produzcan un gran deterioro físico o mental o que sean incompatibles con las instrucciones y valores expresados en esta Declaración.
Si en cualquier momento de mi vida y como consecuencia de un alto grado de deterioro físico y mental, me encuentro en una situación que me impide absolutamente tomar decisiones sobre mi cuidado sanitario y sobre los tratamientos y/o técnicas de soporte vital que se me fuesen a aplicar, provocado por cualquiera de las causas que a continuación se enuncian:

1) Daño cerebral severo e irreversible (coma irreversible, estado vegetativo persistente, muerte cerebral).

2) Enfermedad en fase muy avanzada y/o terminal, ya sea por cáncer diseminado en fase avanzada, por enfermedad degenerativa del sistema nervioso o neuromuscular en fase avanzada que no responde al tratamiento y que impide mi movilidad y mi capacidad de relación.

3) Demencia de causa degenerativa avanzada, grave e irreversible.

4) Otras enfermedades o situaciones graves e irreversibles, comparables a las anteriores, que afecten plenamente a mi calidad de vida.


- Punto nº 5: OTRAS CONSIDERACIONES Y PREFERENCIAS QUE DEBEN TENER EN CUENTA
Tras mi fallecimiento, aunque respeto que se vele como tradición el cuerpo inerte (el cual será tratado en función del menor gasto económico), no deseo ceremonia religiosa de ningún tipo, puesto que la considero completamente innecesaria conforme a mi fe.

Este es mi testamento vital. Cualquier duda podrás consultarla con el médico que te atienda, y de ti dependerá añadir o quitar. Te animo a que, en paz, sin prisas pero sin pausa, lo lleves a cabo[1].

* CADA CUAL TENDRÁ QUE BUSCAR LA DOCUMENTACIÓN PROPIA DE SU PAÍS Y DE SU REGIÓN. EN MI CASO, AQUÍ DEJO EL ENLACE A LA PÁGINA WEB DE LA JUNTA DE ANDALUCÍA DONDE SE PUEDEN DESCARGAR LOS DOCUMENTOS A RELLENAR Y PEDIR CITA PARA HACER EL REGISTRO DE VOLUNTADES VITALES ANTICIPADAS.


- Formularios: En el menú “documentos disponibles”:

- Solicitud de inscripción: Anexo I.
- Voluntad vital anticipada: Anexo II.
- Aceptación del representante: Anexo III.
- Aceptación del sustituto del representante: Anexo IV.

Los anexos III y IV no son obligatorios.



[1] Listado de direcciones de Registros de Voluntades Anticipadas:

https://www.aecc.es/SobreElCancer/Derechosdelospacientes/Paginas/Listadoregistr0.aspx


lunes, 3 de mayo de 2021

11. ¿Has hecho ya el testamento vital? ¿Sabes lo que es?

 


Venimos de aquí: La alternativa a la eutanasia: los cuidados paliativos (https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2021/03/10-la-alternativa-la-eutanasia-los.html).

Antes de seguir, es imprescindible que entiendas la diferencia desde el punto de vista médico entre “acabar con la vida” y “no prolongarla”, y conceptos como la “sedación paliativa”. Todo ello lo expliqué en el artículo anterior. Si no lo has leído, es necesario que lo hagas antes para que no malinterpretes nada de lo que voy a señalar sobre el “Testamento vital”.

En todos estos escritos he mostrado la otra cara de la moneda: la que defiende justo las ideas opuestas a las que promulgan los pro-eutanasia y las alternativas a ésta. Hemos analizado, por activa y por pasiva:

- El evidente peligro que conlleva basarse en casos excepcionales y extremos para establecer normas y leyes.
- Los argumentos que usan los que defienden la decisión de morir como un derecho y los errores de dichas ideas.
- El camino que se vislumbra claramente en el horizonte, donde la eutanasia libre –intrínsecamente unida al aborto libre al basarse en la misma premisa (que la vida en muchos casos no es digna de ser vivida)-, sea parte de las nuevas costumbres de la sociedad. Se comienza apoyando para enfermedades irreversibles y se amplia a todo el que la que desee.

En los dos últimos artículos, y para terminar –apéndice aparte-, veremos el llamado “Testamento vital”, que buena parte de la población desconoce y cuya importancia es sublime, tanto que todo el mundo debería hacerlo cuanto antes.

El Testamento vital
Conozco muy pocas personas dispuestas a hablar claramente de la muerte. A casi todo el mundo le desagrada. En mi caso, no tengo ningún problema en sacarla a colación y suelo bromear sobre ella. La doctora con la que me reuní para formalizar el Testamento vital no paró de reírse ante mis ocurrencias. Por citar un solo ejemplo de las muchas que le dije, le señalé que, sí me muero en verano, tengo dicho que me entierren con el bañador, ya que en esa época del año soy muy caluroso, y que si es en invierno con un pijama bien abrigado que ahí soy muy friolero. Nada de ropa elegante y formal, que para darse la vuelta en la cama/ataud me resultaría muy incómodo. Y, por supuesto, que pongan en mi lápida la frase “a ver si quedamos”.
Es cierto que, en muchas ocasiones, no se habla de tal acontecimiento porque conlleva traer a colación malos recuerdos si en el pasado fallecieron seres queridos. Pero otras veces es por miedo, por negación, por superstición, por creer que evitar mencionarla ahuyentara la muerte, o porque parece tétrico y macabro, cuando la realidad es que guardar silencio tiene consecuencias negativas que se podrían evitar.
Si se planeara correctamente y con antelación, serviría para evitar circunstancias complejas y dolorosas ante enfermedades inesperadas o terminales, tanto para el que las padece como para los familiares. Y es aquí donde me refiero al Testamento vital. Todos sabemos que el testamento, a secas, es la “declaración que de su última voluntad hace una persona, disponiendo de bienes y de asuntos que le atañen para después de su muerte”[1]. Pero el Vital no tiene nada que ver con ese. Aunque en países como Alemania sí está bastante extendido, y los últimos datos hablaban de más de 9 millones de Testamentos vitales redactados y registrados, en otros como en España, a día que estoy escribiendo estas palabras (1 de mayo de 2021), hay poco más de 479.000, de los cuales casi 56.000 son de mi región (Andalucía). Por lo tanto, empecemos definiendo qué es para que quede bien claro:
“El término testamento vital, documento de voluntades anticipadas o de instrucciones previas, se refiere al documento escrito por el que un ciudadano manifiesta anticipadamente su voluntad -con objeto de que ésta se cumpla en el momento que no sea capaz de expresarse personalmente- sobre los cuidados y el tratamiento de su salud o, una vez llegado el fallecimiento, sobre el destino de su cuerpo o de sus órganos. Su aplicación se entiende en previsión de que dicha persona no estuviese consciente o con facultades suficientes para una correcta comunicación”[2].
Es sencillo de entender. Además, en dicho documento se podrá “designar a uno o varios representantes que podrán actuar como interlocutores válidos con el médico o el equipo sanitario, sustituyéndote en el caso de que no puedas expresar tu voluntad por ti mismo”[3], con el fin de que se cumplan las instrucciones indicadas previamente. Evidentemente, es necesario que el representante manifieste su aceptación por escrito. El representante no es obligatorio, y en mi caso no he designado ninguno.
Con este Testamento vital se logra que la persona decida por sí misma el tratamiento a seguir por parte de los médicos en caso de que su situación le impida comunicarse y manifestar sus deseos debido a un estado de inconsciencia causado por daños cerebrales o una enfermedad irreversible. El individuo puede aceptar o rechazar determinas actuaciones sanitarias que recibiría dado el caso, como:

- Tratamientos sin efectividad práctica.
- Que se le mantenga con vida artificialmente (p.ej. con respiración asistida) en un estado irreversible y/o vegetativo de muerte en vida.

La vida hay que preservarla siempre que sea posible, pero nunca prolongarla más allá de lo natural de forma involuntaria, que es lo que suele ocurrir en demasiadas ocasiones (cayendo en lo que se conoce como “ensañamiento terapéutico”), siendo un sinsentido y otro de los argumentos razonables que usan los pro-eutanasia para defenderla. Esto no implica convertir la muerte en un derecho ni que se interrumpan las curas normales subyacentes a la propia enfermedad.
A su vez, dicho escrito puede abarcar otros aspectos:

- La elección del lugar donde se desea recibir la atención en el final de la vida.
- El destino del cuerpo o de los órganos del mismo tras el fallecimiento.
- Si se desea estar acompañado en los momentos cercanos al fallecimiento.
- Si se desea asistencia religiosa.

¿Cómo llevarlo a cabo?
La importancia de lo descrito es trascendental, y espero que estas líneas conciencien a los lectores, llevándoles a hacerlo con premura. Así, en el caso de que se produzca la situación no deseada, se descarga de esa responsabilidad a la familia, evitándole afrontar una situación para la que no sabrían cómo actuar y por la cual nadie quiere pasar. Y aquí muestro un único ejemplo que sirve para mostrar su importancia: “Un ictus cerebral dejó a Margarita postrada en una cama. Tenía 78 años y nunca volvió a despertar. Su hijo Carlos cuenta que su madre, pequeña y delgada, siempre dijo que prefería ´irse` de manera natural. ´Mi padre había muerto de cáncer cinco años antes y los últimos meses vivió una agonía hospitalaria tremenda y sin sentido. Ella no quería eso`, dice. Y lo había dejado por escrito: no quería sondas, ni tratamiento si la situación era irreversible. Y lo era. Sus hijos lo sabían y los médicos fueron informados. La mujer, que ya estaba muy delicada de salud antes de sufrir el ictus, murió sedada poco después. ´Y se fue en paz`, asegura su hijo”[4].
Aquí dejo información que debes conocer y las instrucciones sobre el proceso a seguir para firmar el Documento de Voluntades Anticipadas (DVA)[5], refiriéndome a mi país (España). Los lectores de otros países tendrán que informarse en su lugar de origen:

- Aunque en el presente ya queda automáticamente registrado en la historia clínica, no estaría de más que tu médico de cabecera lo supiera.
- Es recomendable conservar la copia del DVA.
- Comenta con tu médico de familia y tu médico especialista el contenido del documento. Ellos te pueden asesorar sobre la evolución de una enfermedad y las consecuencias de tomar una u otra decisión.
- Si has nombrado a un representante, éste ha de conocer el contenido de tu Documento de Voluntades Anticipadas.
- Para que una DVA sea válida, debe estar firmada por una persona mayor de edad.
- El documento puedes modificarlo, sustituirlo o anularlo de forma nominativa en cualquier momento por el mismo procedimiento que realizaste para formalizarlo por primera vez. Siempre se tendrá en cuenta el contenido del último documento otorgado.
- Es aconsejable que releas el documento cada cierto tiempo para verificar que sigues estando de acuerdo con lo reflejado en él. En caso de que no sea así debes modificarlo y notificarlo en el registro.
- Además de ti mismo, solo tu representante, en el caso de que lo hayas designado, y el médico responsable de tu atención en el momento en que se requiera el conocimiento de la Declaración de Voluntades Anticipadas, pueden acceder al Registro de Voluntades Anticipadas de tu Comunidad Autónoma para consultar su contenido y actuar en consecuencia.
- Mientras la persona permanezca consciente y lúcida, su voluntad “hablada” prevalecerá sobre la escrita. Ten esta idea siempre presente.

En el siguiente y último escrito, publicaré algunas partes de mi Testamento Vital. Así, a la hora de redactar el tuyo, te podrá servir de guía. Aún así, recuerda que cualquier duda, cualquier aspecto que no entiendas o no tengas claro, se lo podrás preguntar al médico que te atenderá y cambiar lo que quieras en el acto tras sus explicaciones el día en que conciertes la cita.

Continuará en: Mi testamento vital.

viernes, 23 de abril de 2021

5.3. Tu hijo necesita que sus padres le prediquen el evangelio y que no sean unos “ogros” en casa

 


Venimos de aquí: Hablad de sexo con vuestros hijos antes de que sea demasiado tarde (https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2021/04/52-hablad-de-sexo-con-vuestros-hijos.html).

Junto a todo lo reseñado a lo largo de este capítulo, los hijos necesitan que sus padres les prediquen el Evangelio; que sean claros con ellos. Como no he parado de insistir, no pueden desatenderse y dejar que sean otros quienes les enseñen a sus retoños sobre lo que concierne a Dios. Muchos creen que “hacer” cristiano a un hijo es lograr que asista a una congregación, se siente en un banco y participe de las actividades. ¡Qué error! Otros progenitores no hacen nada: viven sus vidas como creyentes, pero no dedican ni un minuto a enseñarle a los pequeños nada del Señor que los salvó. Ni siquiera se preocupan en formarse para transmitir correctamente sus conocimientos. Los dejan a sus anchas, donde lo único que les preocupa es que “se porten bien”, “dejen tranquilos a papá y a mamá” y “no griten”, mientras los jovencitos pasan el día delante de un ordenador o una videoconsola sin educar la mente, sin leer ni ser instruidos.
No se puede dejar que la instrucción espiritual dependa únicamente de una escuela dominical o de un grupo de jóvenes. La responsabilidad primera la tienen los padres: “Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa” (Mt. 5:14-15). No se puede ser sal y luz fuera de casa ante otros y no dentro de ella ante los pequeños.
Jesús dijo que el Padre lo había enviado a predicar el año agradable del Señor (cf. Lc. 4:19). Esta labor les corresponde ahora a los padres. Son ellos los primeros que tienen que predicarles el mensaje de salvación, la razón exacta de su condición pecaminosa, la naturaleza caída que anida en ellos, junto a las consecuencias en la vida diaria y en la eternidad que esto conlleva.
Muchos no hablan con ellos sobre cuestiones espirituales porque tienen miedo al rechazo, porque no saben adaptar el lenguaje adulto y adecuarlo a la edad del oyente, por falta de preparación, e incluso por vergüenza, cuando es su deber anunciarles el camino de Dios: “¿Qué camino es éste? Para nosotros es el camino de la voluntad de Dios, el evangelio de Jesús. No de hacerlos esclavos de una religión, sino de un camino. Jesús es el camino, la verdad y la vida, por tanto debemos enseñar el camino de Jesús a nuestros hijos. ¿Dónde hacerlo? En el hogar, en la vida familiar (Dt. 6:4-9). [...] ¿Cómo lo vamos a hacer? Enseñando las Escrituras a nuestros hijos (2 Ti. 3:15), orando juntos como familia, adorando juntos en el hogar, enseñando a obedecer en cada área de la vida y mostrando un modelo de vida de fe a seguir como padres. Sin hipocresía, sin doblez. [...] El humanismo dice que hay que dejar a cada hijo escoger el camino que mejor le parezca; los padres no deben influir en sus decisiones. Qué gran mentira. [...] Necesitamos reunirnos como familia para orar juntos por los desafíos que se presentan en las diversas etapas de la vida y su desarrollo. Exponer la Palabra de Dios. Situar los tiempos y etapas de cada momento. Estos momentos deben ser abiertos, donde podamos exponer las necesidades de cada uno, enfatizar la unidad familiar en medio de las pruebas, tener una panorámica global de la situación que se vive”[1].

Que los padres sean de ejemplo y no “ogros”
En lugar de actuar de las maneras erróneas que hemos citado en los apartados previos, los problemas y las diferencias de opiniones hay que resolverlas en la intimidad y en casa, no en público o por la calle con los clásicos aspavientos y la cara de un búfalo a punto de embestir: “¡¡¡Cuando lleguemos a casa te vas a enterar. No vas a salir hasta el fin de los tiempos!!!”. Los padres tienen que tratar a sus hijos como les gustaría que les trataran a ellos: “Todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas” (Mt. 7:12).
Hay padres cristianos que, al estar con otros hermanos en el local de la iglesia, hablan como si vivieran en otro siglo, y dicen con rostros de santos: “Buenos días, queridísimo hermano. Me alegra de puro corazón verle un día más en la casa del Señor. Que Dios le bendiga grandemente y le llene abundantemente de paz y gozo”. Cuando llegan a casa, esos mismos santos, dejan en la puerta el antifaz y se comportan como una mezcla de King Kong y Godzilla, que se golpean el pecho con los puños, mientras que echan fuego por la boca sobre sus hijos, mutando en ogros, pagando a veces con los más pequeños los enfados que traen del trabajo, de la vida diaria o de circunstancias que no tienen nada que ver con ellos.

(Algunos padres cristianos cuando salen “de la iglesia” y llegan a casa)

Santiago habla en contra de esta doble ética: “De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así. ¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga?” (Stg. 3:10-11). 
Algunos se defenderán diciendo que ellos no maldicen a sus hijos ni les insultan, pero la realidad es que, en ocasiones, les hablan de maneras que jamás se les ocurriría hablarle a un hermano en Cristo. ¿Qué piensan los hijos cuando ven esta doble forma de ser de sus padres? Que son unos hipócritas. Así de claro, y con razón. En definitiva, malos ejemplos respecto a los valores que deberían transmitir los cristianos. Los padres tienen que ser íntegros, sin dobles caras: “Camina en su integridad el justo; Sus hijos son dichosos después de él” (Pr. 20:7).
Los progenitores no pueden pedirle a un hijo que sea paciente, manso, racional, ecuánime, amable y que tenga empatía, mesura, sensibilidad y tacto, si ellos no se muestran así. No pueden pedirle a un jovencito –que por edad es inmaduro- que se comporte como ni siquiera ellos –adultos supuestamente maduros- lo hacen. ¿Quieren los padres que sus hijos los respeten, aprendan a pedir perdón y sean cortés? Que prediquen con el ejemplo y se lo apliquen a sí mismos: que respeten a sus hijos, que les pidan perdón de corazón cuando se equivoquen y que se muestren educados hacia ellos.

Continuará en: ¿Cómo es el mundo actual donde viven los jóvenes y adolescentes?


[1] Zaballos. Virgilio. Esperanza para la familia. Logos. Pág. 49, 50, 61.