miércoles, 28 de octubre de 2026

No seas Mbappé; no seas el Real Madrid; no seas un cobarde

 


Vaya por delante que el escribe estas líneas es fiel seguidor del Real Madrid desde que tiene uso de razón, décadas ya. Y disfruto de los goles de Kylian Mbappé como el que más. Así que tengo derecho de sobra a alzar la voz, ya que no voy a hablar como «futbolero» sino como persona y, además, como cristiano.
En este mundo global donde las noticias vuelan, todos hemos conocido la polémica en la que se ha visto envuelta el jugador francés y, por ende, el club blanco: cuando le preguntaron qué memes sobre él (imágenes retocadas y humorísticas) le hacían gracia, dijo que especialmente una en la que aparecía su rostro superpuesto al de Mao Zedong, al que llamó dictador. Y se armó la marimorena: el Ministerio Chino lanzó un comunicado mostrando el dolor que había causado dicha ofensa al pueblo chino. Las televisiones del país asiático retiraron de la parrilla televisiva la liga española y Kylian perdió varios patrocinadores, lo que le supone dejar de ingresar unos 30 millones de euros al año de los más de 100 que cobraba por patrocinios.
Por otro lado, dado que el mercado chino genera una parte muy sustancial de los ingresos por productos oficiales del club blanco, las pérdidas por dejar de ingresar habrían sido millonarias.
Ante este terremoto, tanto el jugador como el club se han arrepentido y disculpado públicamente, dejando claro que sienten un profundo respeto por la historia y la cultura china.
Aquí no hablamos de una opinión, de libertad de expresión o de «yo pienso esto» y «tú piensas lo contrario». Es un hecho objetivo que Mao Zedong fue un dictador. Tras ganar la guerra civil en 1949, sí, unificó el país y acabó con el imperialismo. Sí, redistribuyó la tierra e hizo que millones de pobres mejoraran sus condiciones de vida. Sí, prohibió los matrimonios concertados y la venta de mujeres. Y sí: sus políticas provocaron la Gran Hambruna, donde murieron alrededor de 40 millones de personas; lanzó una campaña para perseguir, torturar y matar a cientos de miles de intelectuales; destruyó gran parte del patrimonio histórico y religioso; y estableció un sistema de control estatal que no toleraba la oposición. Todos estos datos son manifiestos en los libros de historia y están ampliamente documentados. Por eso los historiadores llaman «dictador» a Mao Zedong. La verdad no tiene medias tintas ni es subjetiva.
Si Hitler hubiera derrotado a los Aliados en la Segunda Guerra Mundial y su reinado permaneciera en el 2026, ¿no lo llamaríamos dictador para «no ofender al pueblo alemán»?

La dignidad no tiene precio
Ni Kylian ni el Real Madrid deberían haber perdido perdón. Me han decepcionado por completo. Han agachado la cabeza como corderitos. Se han puesto de rodillas ante el Dragón chino.
El jugador es multimillonario y podría vivir de lujo el resto de su vida aunque nunca volviera  a ganar  un céntimo nunca más. ¿Que lo aficionados chinos dejan de ser del Madrid? ¿Y qué? ¿Que ya no ven más en China los partidos? Ellos se lo pierden. ¿Que bajan los ingresos del club y de la liga española? ¿Y qué? «Ay, no, que entonces en vez de fichar a cinco cracks solo podremos fichar a cuatro y bajará el nivel», dirán algunos. La dignidad no se vende ni por todo el oro del mundo ni a cambio de nada. ¡Cobardes!
Me fui de una iglesia porque sus líderes la habían convertido en una secta. Quise reformarla y me patearon sin descanso. Lo perdí todo: amigos, reputación, sustento económico y un futuro pastoral que ya asomaba en el horizonte. Tardé años en cerrar las heridas que me provocaron. Fueron tan profundas que si se pudiera radiografiar el alma se verían decenas de cicatrices. Y como yo, muchos que aún tienen secuelas. Y no solo allí, sino en otras partes del mundo donde los casos se cuentan por miles. ¿Y sabes qué? Que hice lo que tenía que hacer, y aun sabiendo hoy que pasaría lo mismo lo volvería a hacer.
Jesús no calló por miedo a las consecuencias. Jesús le plantó cara a los judíos. Los llamó hipócritas y generación de víboras. Y lo mataron. Murió como un valiente y venció. Hollywood nos ha hecho creer que la valentía es no tener miedo, como si tuviéramos que ser una mezcla de Jason Stathon y Arnold Schwarzenegger, que mira al villano de turno y lo enfrenta lleno de adrenalina y testosterona. Y eso no es así: valentía es decir la verdad, aun asustado y sabiendo que vas a pagar un precio muy alto.
Esta sumisión por conveniencia no ocurre solo en los altares o en los vestuarios de fútbol; se ha convertido en el mal endémico de nuestra época. Lo vemos en las grandes multinacionales que callan cuando los derechos humanos son vulnerados para no perder cuota de mercado, en políticos que traicionan sus principios por un puñado de votos y en profesionales que prefieren asentir en una reunión de oficina antes que arriesgar su puesto por decir la verdad. Sin embargo, vender los principios por estabilidad o dinero siempre resulta en la ruina de la propia conciencia.

No seas un cobarde
¿Con quién pasas las veinticuatro horas del día? Contigo. ¿A quién ves en el espejo cada vez que lo miras? A ti. Entonces, ¿cómo una conciencia que se traiciona a sí misma, que traiciona la verdad, puede dormir tranquila? Imposible.
Si ves algo mal, dilo. Si el mal campa a tu alrededor, denúncialo. Llama a las cosas por su nombre. Si en tu iglesia se enseñan herejías, no calles. Si cometen tropelías, enfréntalas. Si están abusando espiritualmente de otros, da la cara por ellos. Si tienes que irte, hazlo. No tragues más basura. Mejor morir de pie con la cabeza alta y la conciencia tranquila que no vivir doblando la rodilla ante los hombres: «La cobardía pregunta: “¿Es seguro?”. La conveniencia pregunta: “¿Es políticamente aceptable?”. La vanidad pregunta: “¿Es popular?”. Pero la conciencia pregunta: “¿Es correcto?”» (M. Luther King).
Por favor, no te vendas en ningún aspecto de la vida ni seas un cobarde.

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