Vaya por delante que el escribe estas líneas es fiel seguidor del Real
Madrid desde que tiene uso de razón, décadas ya. Y disfruto de los goles de
Kylian Mbappé como el que más. Así que tengo derecho de sobra a alzar la voz,
ya que no voy a hablar como «futbolero» sino como persona y, además, como
cristiano.
En este mundo global donde las noticias vuelan, todos hemos conocido la
polémica en la que se ha visto envuelta el jugador francés y, por ende, el club
blanco: cuando le preguntaron qué memes sobre él (imágenes retocadas y
humorísticas) le hacían gracia, dijo que especialmente una en la que aparecía su
rostro superpuesto al de Mao Zedong, al que llamó dictador. Y se armó la
marimorena: el Ministerio Chino lanzó un comunicado mostrando el dolor que
había causado dicha ofensa al pueblo chino. Las televisiones del país asiático retiraron
de la parrilla televisiva la liga española y Kylian perdió varios patrocinadores,
lo que le supone dejar de ingresar unos 30 millones de euros al año de los más
de 100 que cobraba por patrocinios.
Por otro lado, dado que el mercado chino genera una parte muy sustancial
de los ingresos por productos oficiales del club blanco, las pérdidas por dejar
de ingresar habrían sido millonarias.
Ante este terremoto, tanto el jugador como el club se han arrepentido y disculpado
públicamente, dejando claro que sienten un profundo respeto por la historia y
la cultura china.
Aquí no hablamos de una opinión, de libertad de expresión o de «yo
pienso esto» y «tú piensas lo contrario». Es un hecho objetivo que Mao Zedong
fue un dictador. Tras ganar la guerra civil en 1949, sí, unificó el país y
acabó con el imperialismo. Sí, redistribuyó la tierra e hizo que millones de
pobres mejoraran sus condiciones de vida. Sí, prohibió los matrimonios
concertados y la venta de mujeres. Y sí: sus políticas provocaron la Gran
Hambruna, donde murieron alrededor de 40 millones de personas; lanzó una
campaña para perseguir, torturar y matar a cientos de miles de intelectuales;
destruyó gran parte del patrimonio histórico y religioso; y estableció un
sistema de control estatal que no toleraba la oposición. Todos estos datos son
manifiestos en los libros de historia y están ampliamente documentados. Por eso
los historiadores llaman «dictador» a Mao Zedong. La verdad no tiene medias
tintas ni es subjetiva.
Si Hitler hubiera derrotado a los Aliados en la Segunda
Guerra Mundial y su reinado permaneciera en el 2026, ¿no lo llamaríamos
dictador para «no ofender al pueblo alemán»?
La dignidad no tiene precio
Ni Kylian ni el Real Madrid deberían haber perdido perdón. Me han
decepcionado por completo. Han agachado la cabeza como corderitos. Se han
puesto de rodillas ante el Dragón chino.
El jugador es multimillonario y podría vivir de lujo el resto de su vida
aunque nunca volviera a ganar un céntimo nunca más. ¿Que lo aficionados
chinos dejan de ser del Madrid? ¿Y qué? ¿Que ya no ven más en China los
partidos? Ellos se lo pierden. ¿Que bajan los ingresos del club y de la liga
española? ¿Y qué? «Ay, no, que entonces en vez de fichar a cinco cracks solo
podremos fichar a cuatro y bajará el nivel», dirán algunos. La dignidad no se
vende ni por todo el oro del mundo ni a cambio de nada. ¡Cobardes!
Me fui de una iglesia porque sus líderes la habían convertido en una
secta. Quise reformarla y me patearon sin descanso. Lo perdí todo: amigos,
reputación, sustento económico y un futuro pastoral que ya asomaba en el
horizonte. Tardé años en cerrar las heridas que me provocaron. Fueron tan
profundas que si se pudiera radiografiar el alma se verían decenas de
cicatrices. Y como yo, muchos que aún tienen secuelas. Y no solo allí, sino en
otras partes del mundo donde los casos se cuentan por miles. ¿Y sabes qué? Que
hice lo que tenía que hacer, y aun sabiendo hoy que pasaría lo mismo lo
volvería a hacer.
Jesús no calló por miedo a las consecuencias. Jesús le plantó cara a los
judíos. Los llamó hipócritas y generación de víboras. Y lo mataron. Murió como
un valiente y venció. Hollywood nos ha hecho creer que la valentía es no tener
miedo, como si tuviéramos que ser una mezcla de Jason Stathon y Arnold
Schwarzenegger, que mira al villano de turno y lo enfrenta lleno de adrenalina y
testosterona. Y eso no es así: valentía es decir la verdad, aun asustado y
sabiendo que vas a pagar un precio muy alto.
Esta sumisión por conveniencia no ocurre solo en los altares o en los
vestuarios de fútbol; se ha convertido en el mal endémico de nuestra época. Lo
vemos en las grandes multinacionales que callan cuando los derechos humanos son vulnerados para no perder cuota de mercado, en políticos que traicionan sus
principios por un puñado de votos y en profesionales que prefieren asentir en
una reunión de oficina antes que arriesgar su puesto por decir la verdad. Sin
embargo, vender los principios por estabilidad o dinero siempre resulta en la
ruina de la propia conciencia.
No seas un cobarde
¿Con quién pasas las veinticuatro horas del día? Contigo. ¿A quién ves
en el espejo cada vez que lo miras? A ti. Entonces, ¿cómo una conciencia que se
traiciona a sí misma, que traiciona la verdad, puede dormir tranquila? Imposible.
Si ves algo mal, dilo. Si el mal campa a tu alrededor, denúncialo. Llama
a las cosas por su nombre. Si en tu iglesia se enseñan herejías, no calles. Si
cometen tropelías, enfréntalas. Si están abusando espiritualmente de otros, da
la cara por ellos. Si tienes que irte, hazlo. No tragues más basura. Mejor
morir de pie con la cabeza alta y la conciencia tranquila que no vivir doblando
la rodilla ante los hombres: «La
cobardía pregunta: “¿Es seguro?”. La conveniencia pregunta: “¿Es políticamente
aceptable?”. La vanidad pregunta: “¿Es popular?”. Pero la conciencia pregunta:
“¿Es correcto?”» (M. Luther King).
Por favor, no te vendas en ningún aspecto de la vida ni seas un cobarde.

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