lunes, 2 de septiembre de 2024

¿Qué tiene que decir el cristianismo sobre la supuesta caída de Occidente a manos del Islam? (2ª parte)

 


Venimos de aquí: ¿Caerá Occidente a manos del Islam? Según Arturo Pérez-Reverte, sí. pero... (1ª parte): https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2024/08/caera-occidente-manos-del-islam-segun.html

¿Es posible romper con el pasado?
Según me ha contado también José Ángel en alguna ocasión, y ha dejado por escrito en varios de sus artículos –los cuales recomiendo-, los hijos de inmigrantes de origen árabe y religión islámica, al criarse en una cultura totalmente diferente, como es la nuestra, están rompiendo con las costumbres que traen los progenitores de sus lugares de origen.
Hace escasos días, tras encontrármelo casualmente por la calle, me numeró esta serie de particularidades: narró que muchas de estas jóvenes van a la piscina con sus amigas españolas del instituto, salen con chicos españoles, se casan con chicos que no son musulmanes, visten con minifalda, llevan el pelo suelto (algo que yo mismo he comprobado) y no van de vacaciones con sus padres a Marruecos; país que ni conocen ni al que quieren ir. Como le dije, sería muy llamativo contemplar in situ cómo reacciona un padre practicante, acérrimo del Islam, ante la “rebeldía” de su hija.
De nuevo, José Ángel y Arturo aquí tienen ideas diferentes, y mientras uno se muestra esperanzado, el otro expone una cara completamente desolada:

- “La esperanza para la deseable plena integración está en las segundas generaciones de esas familias que emigraron a Algeciras desde Marruecos hace poco más de veinte años. Esos jóvenes, nacidos y educados en España, ya han optado o no por el islam de manera libre y personal. Saben lo que es la libertad de expresión, y no la cambiarían por nada. Quieren formarse académicamente hasta donde se lo permitan sus neuronas. Opinan sobre política española y votan. Creen que un musulmán o una musulmana no tiene por qué vestir de una manera especial. Aprueban los valores que consagra la Constitución. Admiten los matrimonios mixtos. No tienen inconveniente en tomar algo de alcohol o, al menos, sentarse en mesas donde otros sí lo beben. No conciben que a nadie se le pueda obligar a abrazar una fe determinada. Y, lo más importante, no ven que el islam esté amenazado ni que vaya a desaparecer: por eso tal vez no refuerzan los signos externos de identidad islámica, como sí lo hacían sus padres”[1], explica José Ángel.

- “Uno de cada dos o tres jóvenes de origen musulmán coloca su identidad religiosa por encima de la nacional –y también la del país de origen antes que el de acogida-, está de acuerdo con la ley islámica y sostiene que la transgresión debe castigarse con dureza. [...] El insumiso se ve condenado a muerte social, boicotean su negocio, marginan a su familia”[2], indica Arturo.

Según Arturo, la identidad religiosa y cultural que traen de serie no tiene arreglo, porque es “imposible” librarse de ella o, al menos, tomar otro camino sin una serie de funestas consecuencias. Según José Ángel, sí es posible.
Sobre estos dos puntos de vista contrapuestos, he leído y escuchado otros muchos, y que se alinean en bandos distintos, por lo que pienso que tal dicotomía se basa en las esperanzas o desesperanzas de cada uno, en cómo perciben la realidad, y en las propias experiencias personales, según el barrio, la ciudad y el país de Europa donde viven. ¿Cuál postura es objetiva y cuál subjetiva? Eso lo dejo en manos del lector, para que reflexione por sí mismo.
El tiempo, juez implacable, nos dirá hasta qué punto esta ruptura con lo antiguo se normaliza y expande, o si se queda en una minoría anecdótica, y si logran apreciar el legado de nuestra historia, incluyendo las humanidades en todo su esplendor, como el arte, la música y la filosofía.
Por mi parte, y que no se me enfade mi amigo: sus planteamientos, que siempre me encanta leer y escuchar, son loables en grado sumo, y eso es digno de aplaudir y admirar. Ahora bien, conociendo el corazón humano en general, veo sus optimistas palabras un tanto inalcanzables, al menos de forma genérica y en ciertos matices. Eso sí, y permítaseme la licencia science-fiction: desde este lugar del multiverso, le animo a no dejar atrás su animosidad, que falta hace, y mucha.
Tampoco quiero instalarme en el pesimismo absoluto de Arturo. Una vez más, serán los acontecimientos futuros los que nos dirán qué realidad se establecerá, para qué lado se inclinará la balanza o si habrá cierto equilibrio en ella.

¿Es mejor la alternativa moral que tiene para ofrecer Occidente al Islam?
Más allá de todo lo descrito, para mí el problema es más peliagudo. La cuestión es que la moral occidental –dominada por el ateísmo, el hedonismo más exacerbado, el egoísmo y la indiferencia- poco tiene que ofrecer como alternativa y que mejore lo que el Islam promulga.
Es cierto que aquí pueden encontrar una libertad social, unos derechos para la mujer, unas infraestructuras desarrolladas y unas condiciones higiénico-sanitarias y de vida que mejoran en gran manera a las de sus países de origen. Buscan un mundo mejor que el suyo, y no se les puede culpar: nosotros haríamos lo mismo en el caso de vernos en su situación. Y ojo, lo vuelvo a recalcar: con esto no estoy apoyando la suicida y demencial política migratoria actual, sino poniéndome en la piel de ellos. Pero, al fin y al cabo, se trata de dos cosmovisiones que chocan frontalmente: libertad contra represión, libertinaje contra principios, nos gusten estos más o menos. Por citar solo tres ejemplos:

- Mientras que aquí las mujeres reniegan de la maternidad, o abortan si un embarazo llama a la puerta, para ellos la familia y los hijos son sagrados.

- Mientras que aquí la mujer es sexualizada desde la adolescencia y viste semidesnuda, para ellos es un ser inferior al hombre, que debe dedicarse en exclusiva a las tareas del hogar y que no debe mostrar su cuerpo en público.

- Mientras que aquí el sexo prematrimonial, las relaciones abiertas, el consumo de pornografía y las canitas al aire son el pan de cada día, para ellos la poligamia es aceptable si se dan las condiciones adecuadas.

Por eso, ¿asimilar costumbres? ¿Cuáles? Porque si nos referimos a los principios morales, Occidente tampoco es de buen ejemplo. ¿Queremos que asimilen la promiscuidad, el rollito de una noche, el consumo masivo de alcohol y tabaco, que vayan en microbikinis y tangas a la playa, que hagan Top Less entre las masas o que se abran un OnlyFans? ¿Le enseñamos a “normalizar” el aborto para que lo practiquen cuando se queden embarazadas? ¿Los volvemos adictos a los videojuegos y la pornografía? No confundamos enseñarles libertad con libertinaje, que es lo que aquí impera.
Es curioso que ambos se consideren superiores al contrario. La realidad es que la hipocresía y la inmoralidad es un denominador común, puesto que el mal anida en el corazón de todo ser humano.
De igual manera, el cristianismo actual, dividido como nunca, formado por falsos cristianos, sincretismo y “ateos en la práctica”, cuya moralidad apenas se distingue de la sociedad caída, encerrado cómodamente entre cuatro paredes, donde muchos abrazan la ideología de género y los postulados LGTBIQ+, tampoco les resulta una alternativa llamativa; más bien, todo lo contrario. Les genera un rechazo atroz, y con toda la razón.

El mensaje, inalterable, de Jesús para nosotros ante esta compleja situación
Tras el análisis político-cultural que hemos llevado a cabo en estos dos escritos, e independientemente de lo que acontezca en las próximas décadas, no me queda más remedio que volver a lo único que todo cristiano debe tener claro, y que son las palabras de Jesús: “Mi reino no es de este mundo” (Jn. 18:36).
Muchos cristianos “pelean” por hacer de esta tierra la suya, de este mundo el suyo, deshumanizando a los que no son como ellos, considerándolos como bestias salvajes a las que tener bien lejos. Al final, no nos diferenciamos de aquellos a los que señalamos. Y es ahí donde incontables cristianos fallamos –en ocasiones, por ignorancia, en otras, por dejarnos llevar por las emociones más viscerales-, y no hacemos nada por dar a conocer ese “otro reino” a los que andan en este.
Salvo entre los misioneros de algunas congregaciones o denominaciones religiosas, en ninguna iglesia –al menos, que yo conozca-, se capacita a los fieles de a pie para llegar al pueblo musulmán que nos rodea. Yo mismo me considero falto de preparación, y es una laguna de conocimiento a la que, más temprano que tarde, debo poner solución, por medio del estudio. Por eso, reto a todo creyente a cultivarse al respecto. Solo de esta manera podrá ver, al que considera “enemigo”, como un alma perdida, necesitada del Dios vivo, que murió en la cruz para regalar la misma salvación que recibimos nosotros por pura gracia.
Nuevamente Jesús lanzó una declaración de intenciones contundente: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Mr. 16:15). ¡Toda criatura! Y eso no excluye a nadie, sea de una raza, etnia, religión o estatus social: “Dios no hace acepción de personas” (Hch. 10:34). Así que es hora de que empecemos a aplicarnos el cuento, y nos confrontemos ante el espejo de nuestra propia alma, en lugar de ir de santurrones altivos. Es hora de dejar nuestros prejuicios –fundados o infundados, con razón o sin parte de ella- y aplicarnos la verdad bíblica, y que está por encima de cualquier creencia política o ideológica que podamos tener.
¿Qué la tarea es ardua? Muchísimo. ¿Qué es un camino fácil? Ni muchísimo menos. Pero el camino a seguir es el que nos mostró, nuevamente, Jesús: “Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen. [...] Porque si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores hacen lo mismo” (Lc. 6:27, 32, 33).
¿Cómo hacerlo de forma práctica y concreta? La respuesta daría para otra disertación, y previamente debo reflexionar sobre ella. Cuando lo haga, retomaré esta tesis, pero como no sé cuándo sucederá, sería conveniente que cada cual empezara a hacerlo ya por su cuenta.
Mientras tanto, concluyo estas líneas con las palabras de Alfonso Ropero: “El horizonte cristiano no está limitado por una cerrada geografía de nación santa localizada en un pedazo de tierra, sino que corresponde al horizonte cósmico de un pueblo universal, compuesto por todas las lenguas y todas las razas”[3].

lunes, 26 de agosto de 2024

¿Caerá Occidente a manos del Islam? Según Arturo Pérez-Reverte, sí. Pero... (1ª parte)

 


Aunque no es la primera vez que escucho proclamas semejantes, nunca había leído a un escritor famoso hacer semejantes aseveraciones: según Arturo Pérez-Reverte, en su reciente escrito “Oikofobia: odiar la casa donde vives”, estamos asistiendo, a cámara lenta, pero de forma inevitable e irreversible, a la caída de Europa a manos del Islam, por medio de la inmigración, tanto legal como ilegal. ¿Las causas que él expone? La podéis leer cómodamente en https://www.zendalibros.com/oikofobia-odiar-la-casa-donde-vives/.
Por si hay algún perezoso que no se quiere molestar en leerlo –mi tirón de orejas para él-, le diré que, resumiendo al extremo, entre los motivos, señala la debilidad de los propios ciudadanos europeos, más la cobardía y la colaboración implícita de los gobernantes europeos, junto al miedo de ser acusados por los medios como racistas, islamófobos, fascistas y de ultraderecha.

¿Lleva razón Arturo? Una opinión divergente
Le compartí el escrito de Pérez-Reverte a un amigo, José Ángel Cadelo, algecireño, también escritor, experto en Cultura y Religión Islámica, y que suele abordar sin tapujos dichos asuntos en las colaboraciones que lleva a cabo en el periódico “Europa Sur” –lo que le ha suscitado enemigos por ambos bandos-, para que me diera su parecer.
Me señaló algunos aspectos que no comparte: datos sacados de contexto y tremendamente exagerados, donde Reverte se dirige a un público en concreto, con el que conecta a través del drama y el caos, en una visión apocalíptica. En este aspecto, no lo aprueba, ni aprecia, ni recomienda este tipo de periodismo. Por otro lado, le parece bien que saque a colación ciertos asuntos y que ponga ciertos puntos sobre las íes al respecto de esas políticas buenistas, tanto de Bruselas como de muchos gobiernos europeos, que durante muchos años hemos padecido ante la migración. De esta manera, ve correcto que asuste un poco a la sociedad, para que esa opinión pública demande a sus gobiernos actitudes más duras ante la migración.
Algunos parecen que ya lo están haciendo, aprobando planes para revertir la situación, aunque, por ahora, no se aprecian los resultados porque apenas han tenido recorrido desde que se pusieron en marcha. Conforme se desarrollen, se irá viendo.

¿El sentir de la población?
En el caso de que todo siga igual, el problema se multiplicará, y más si los datos referentes a la delincuencia aumentan, van aparejados a este sector de la población o se les asocia por costumbre –estigmatizando a todos por igual, por medio de esos vídeos en redes sociales que se hacen virales-, que es lo que ya está sucediendo y hemos visto en los últimos años.
Entre los autóctonos, salvo entre aquellos que siguen en la inopia o están ideológicamente lobotomizados, queriendo acoger absolutamente a todos los inmigrantes, ya se percibe un hastío del tema. Esto lo hemos comprobado en determinados conatos de implosión, como aconteció semanas atrás a lo largo y ancho en Reino Unido, con disturbios de considerable violencia, o en manifestaciones pacíficas de miles de personas, como en Gran Canaria, desbordados ante las olas migratorias que padecen. Además, el hecho de que los medios de comunicación tradicionales sesguen la verdad, desinformen, tergiversen o, directamente, ignoren ciertos sucesos –aunque, a decir verdad, no es la única materia en la que manipulan-, aumenta más el furor y el auge de determinadas masas descontentas, que acceden a otras fuentes de información y, a su vez, están perdiendo el miedo al uso de la fuerza, lo cual no es un buen síntoma.
Esta turba, si no se frena a tiempo, apaciguándola, por medio de las medidas adecuadas respecto a la inmigración, puede crecer y explotar como la pólvora. Por ejemplo, si sucediera de nuevo un gran atentado en suelo europeo, o se cometiera un crimen atroz llevado a cabo por personas que se consideren parte activa del Islam, lo sean o no realmente.
Por todo lo citado, y apoyando las palabras de Cadelo, entre las afirmaciones de Peréz Reverte, considero una falacia que diga que “la inmigración ni se debe parar ni es posible hacerlo, porque además de inevitable es necesaria. Sin esa mano de obra, sin sangre nueva, la vida aquí sería insostenible, la economía acabaría yéndose al diablo, la pirámide de población se invertiría de forma monstruosa y la seguridad social sería imposible”. Y yerra porque, si se quiere, la inmigración se puede controlar: solo hace falta voluntad política y los medios para aplicar las leyes.
¿Traer inmigrantes? Sí, pero solo los que pueda absorber el país, y más si están cualificados, en lugar de abrir las puertas de par en par a los más de 1400 millones de habitantes que hay en África. Y no olvidemos la otra cara de la moneda: hay que fomentar la natalidad entre los nacionales con todo tipo de ayudas e incentivos, y para eso es imprescindible un cambio absoluto en las políticas económicas de este país, que no para de despilfarrar millones y millones de euros en puras sandeces o en proyectos no prioritarios. Menos gastárselos en promover la cultura de la muerte, que enseña a la mujer a acabar con la vida del bebé que lleva en su vientre, y más ayudar a los padres. Si esto no se lleva a cabo, la sustitución poblacional, aunque tarde varias generaciones, sí que se convertirá en inamovible, siendo nosotros los extranjeros, donde pasaremos a ser lo que ya muchos denominan Eurabia.

¿En qué aspectos queremos que se integren los musulmanes?
Queremos que se integren. Pero, ¿qué entendemos por integración? Que respeten las leyes y no delincan, lo que incluye todo lo básico y de sentido común: no robar, no matar, no violar, no dedicarse al tráfico de drogas y no ocupar propiedades ajenas. Que no traten de establecer la Sharia, como ya sucede en algunas barriadas de Londres, sino que respeten los derechos humanos. Que acepten el sistema democrático europeo, y que no traten de establecer un Califato, como pidieron públicamente en una manifestación en Hamburgo. Que permitan a sus hijas trabajar fuera del hogar si lo desean y casarse por amor con quienes quieran, en lugar de obligarlas de forma concertada con algún primo o por interés. Que no les amputen sus genitales. Que no se las obligue a llevar un hiyab, sino que luzcan su rostro como les plazca. Queremos que no vengan de manera descontrolada o, simplemente, a vivir de los recursos del Estado, sino de forma proporcional y con el deseo de aportar al bienestar social general.
En definitiva, lo mínimo que se le pediría a cualquier persona civilizada, proceda de una parte del mundo u otra. Y eso es algo que, para que todo cambie, se debería enseñar desde la misma infancia en los colegios a esos jóvenes que han nacido aquí, aunque sean de padres inmigrantes.

¿Es posible el multiculturalismo?
Aquí Arturo y José Ángel difieren, al menos en el trasfondo. El primero dice: “El multiculturalismo es un cuento chino. La Historia demuestra que unas culturas empujan a otras impregnándose de ellas, pero siempre acaba imponiéndose la más vigorosa”. Al respecto, siempre se ha citado a Toledo, conocida como la “ciudad de las tres culturas”, donde vivían musulmanes, judíos y cristianos, como ejemplo de convivencia pacífica en los siglos XII y XIII. Sin embargo, muchos historiadores consideran esto como una fake news: coexistían, pero no convivían, y aunque en lo cultural hubo grandes frutos, tenían considerables refriegas violentas. Según Arturo, en el momento en que numéricamente unos son más, prevalecen, y los contrarios terminan siendo súbditos, en mayor o en menor medida, donde hay salvadas excepciones y que no representan la norma.
Por su parte, Cadelo, en contraste, hace este apunte, junto a la única solución posible, tomando como ejemplo nuestra ciudad: “Los escasos problemas de convivencia que surgen, en ciudades como Algeciras, entre los miembros de unas y otras civilizaciones, no tienen nada que ver con las religiones respectivas ni el modo de dirigirse a Dios; más bien, con la herencia cultural y política de cada comunidad. Ha quedado demostrado que seguidores de diferentes tradiciones espirituales (también los agnósticos y los materialistas) son capaces de coexistir e incluso mantener una cívica y suficiente relación de vecindad. Eso es evidente; pero la verdadera convivencia exige necesariamente que todos los colectivos implicados en ella compartan, como mínimo, una misma idea de libertad, de respeto a la libertad del otro, de diversidad y de tolerancia. [...] Existen ciudades en otros países europeos con una presencia histórica de inmigrantes, en las que musulmanes, hindúes, cristianos, budistas, judíos y otros van a los mismos bares y salas de fiesta, asisten juntos al cine, opositan a las mismas plazas, comparten departamentos en las facultades, se apuntan a los mismos talleres de teatro o danza, votan y se presentan como candidatos, se casan entre ellos y hasta participan juntos en las fiestas de sus respectivas tradiciones: la Navidad, el Año Nuevo Chino, la Fiesta del Cordero, el Holi, el Sucot... [...] Pero para que llegue ese día aún tienen las diferentes comunidades que aprender mucho más las unas de las otras, profundizar en la razón de las diferencias culturales y superar algunas barreras y tabúes de origen histórico. Para entonces la condición de ciudadano estará por encima de la de musulmán, cristiano, ateo o agnóstico. De eso se trata”.

Cada uno es libre de quedarse con una opinión u otra. Y para eso seguiremos profundizando en la continuación.

Continuará en “¿Qué tiene que decir el cristianismo sobre la supuesta caída de Occidente a manos del Islam? (2ª parte)

lunes, 1 de julio de 2024

Materia oscura. Como por “suerte” o por “desgracia”, solo tienes una vida: ¿qué harás con ella?

 

Tengo muy claro que, si hubiera sido profesor, habría usado la literatura, el cine y las series de televisión, y cualquier otro medio valioso a mi alcance, para enseñar a mis alumnos. Como no es el caso, y mi único altavoz es este sencillo blog, invitaré, una vez más, a todos, a la reflexión. En esta caso, sirviéndome de la magnífica serie Dark Matter (Materia oscura, no confundir con otra del mismo nombre), basada en la novela homónima de Blake Crouch –autor de la también sensacional trilogía The Wayward Pines, y cuya emisión llegó a su fin hace escasos días.
Aunque parte de una premisa de ciencia ficción y en una teoría de la física cuántica, es un thriller, ya que la trama gira en torno a su protagonista y el drama al que se enfrenta cuando pierde a su familia en un mundo que no es el suyo... Aunque no te guste la ciencia ficción, la recomiendo: es todo un drama.
A los jóvenes les ayudará para ver qué pueden hacer con aspectos muy concretos de sus vidas, lo que les evitará cometer multitud de errores, mostrándole un camino infinitamente más sano. Cuando escucho a ciertas personas decir “están en la edad de cometer locuras; ya aprenderán”, me quedo estupefacto. Luego vienen los llantos, los arrepentimientos, la mala conciencia, los malos recuerdos y los traumas. Eso es como decir: “No hace falta que le enseñe a mi hijo que debe detenerse cuando el semáforo esté en rojo. Ya lo aprenderá solo”. ¡Claro, cuando un coche se lo lleve por delante! ¿No te gustaría aprender de las faltas de los que te precedieron, para no caer en ellas?
Por otro lado, a los adultos les servirá para poner en perspectiva sus acciones pasadas y presentes, y así analizar qué pueden cambiar.

Dark Matter: su trama
Imagina que llevas una vida normal y feliz: eres profesor de física en la universidad, estás felizmente casado con una mujer maravillosa llamada Daniela, tienes un hijo adolescente, y eres comedido y hogareño. Fue la vida que elegiste. Hubo un momento en el pasado en que tuviste otra opción: desarrollar un complejo proyecto científico de una idea sobre la que tenías la base y la teoría, pero que hubiera necesitado de todo tu tiempo y esfuerzo para llevarla a la práctica, por lo que toda tu existencia habría girado en torno a ella y te habría impedido formar una familia.
¿En qué consistía dicho invento? En una especie de máquina, con forma de caja gigante, que te permite viajar al infinito multiverso, donde existen infinitos , y que tomaron infinitas decisiones distintas en la vida. Para que lo entiendas:

- en uno de esos mundos, el personaje de Jason Deseen decidió construir esa máquina, renunciar a estar con su novia Daniela, ser una persona de éxito y acabar con otra mujer a la que realmente no amaba.
- y en otro de esos mundos prefirió no construirla y casarse con el amor de su vida.

Por cada pequeñísima decisión que Jason tomó, existen infinitos mundos con sus correspondientes Jason, y donde todo transcurre de manera distinta. En muchos, apenas difieren, pero en otras las diferencias son abismales.
Entonces, ¿qué nos cuenta la serie? Vemos cómo el Jason que no se casó y construyó la máquina, se arrepiente de la vida que ha tenido, porque no es feliz. Así que, usando su propio invento, viaja al mundo del Jason que sí se casó, lo secuestra, lo mete en la máquina, y lo manda a su propio mundo; es decir, se intercambia por él. De repente, un Jason se ve viviendo con la mujer que amó en su juventud y con un hijo, y el otro Jason se ve completamente desposeído de todo ello. A partir de entonces, veremos, a lo largo de los nueve interesantísimos capítulos, el día a día de ambos y, sobre todo, el camino que uno de ellos –el que fue arrojado de su realidad original- tendrá que recorrer para volver con su familia, junto con todas las desdichas que experimentará.
En esos diversos mundos hay de todo: en algunos la humanidad pereció a causa de una nueva era glacial, por la abrasión del sol o por los efectos de una epidemia mortal. En otros el planeta es pasto de las llamas, está completamente sumergido bajo las aguas o desértico. Por todos ellos debe transitar Jason en su intento de encontrar el camino a casa, donde ve a otros Jason: por ejemplo, uno está en la cárcel y divorciado, y su mujer e hijo le temen y le odian. Y lo mismo sucede con Amanda, su compañera de viaje, una psicóloga que era la novia del Jason que inventó la máquina. En esos otros mundos, estaba casada y tenía una hija preciosa, en otro era presidente de una cadena de hamburguesas, etc. En uno había fallecido, así que la reacción de la madre al verla entrar en casa...
Pasar por todo eso les va afectando más y más, tanto psíquica como emocionalmente, hasta el punto de derrumbarse y caer en la desesperanza.

Mi propio “multiverso”
Que yo sepa, nadie ha inventado una caja que nos permita ver e ir a otros supuestos mundos, donde el transcurso de la historia en general, y de la nuestra en particular, se haya desarrollado de una manera distinta a la que conocemos. Así que, dejando a un lado esa fantasía, podemos tomar la idea en sí para ceñirnos a nuestro propio “multiverso” y ver qué decisiones podemos tomar en nuestro día a día, y cuyas repercusiones no tienen límites.
Para que te vayas haciendo una idea de por dónde iré, y a dónde quiero llegar contigo, empezaré contando, brevemente, cuatro particularidades de mi paso por este planeta, hasta ahora:

- Si hubiera variado ligeramente algunas decisiones que tomé, y en lugar de haber dicho no hubiese dicho , posiblemente, ahora mismo, estaría trabajando en algunos de esos lugares que deseché. ¿El problema? Me habría impedido desarrollarme en otras áreas en las que estaba enfrascado en ese momento, y consideraba más importantes.

- Si hubiera agachado mi cabeza ante el abuso eclesial, aceptado la religiosidad más enfermiza y la obediencia ciega, posiblemente, ahora mismo, sería pastor. ¿El problema? Aunque aquello me cerró puertas, habría sido un hipócrita: alguien que, para lograr un puesto eclesial, vende su dignidad como persona y niega sus creencias más profundas en cuanto a la fe.

- Si hubiera hecho caso a los acercamientos sentimentales de algunas mujeres en concreto, o algunas otras hubieran atendido a los míos, posiblemente, ahora mismo, estaría casado y con hijos. ¿El problema? Ni ellas eran para mí, ni yo era para ellas.

- Si el más mínimo detalle hubiera variado en las ocasiones en que la muerte pasó rondando a mi alrededor, posiblemente, ahora mismo, ya no estaría en este plano de la existencia. Es algo que conté en “El gato con botas: ¿Cómo cambia la vida, y todo, mirar a la muerte ´cara a cara´?” (https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2023/05/el-gato-con-botas-como-cambia-la-vida-y.html).

Si existiera otro universo, quizá habría otra versión de mí. Una en la que estoy casado y tengo familia numerosa. Una en la que soy un mejor escritor y me dedico profesionalmente a dicha labor. O quién sabe, otra en que la que soy deportista de élite. Seguro que tú mismo has pensado o imaginado en tus propias divergencias vitales. 
Pero, más allá de esta ciencia ficción, ¿qué puedo decir de lo que sí es real y me ha acontecido? Que, dadas las circunstancias descritas, y sin entrar en detalles, creo que tomé las decisiones acertadas. Y, cuando no las tomé directamente, estrellarme contra una pared me indicó qué era lo mejor. Haber tomado alguno de esos otros caminos, me habría llevado a ser infeliz y estar amargado. Son puertas que ya cerré y caminos por los cuales no deseo volver a transitar. Por lo tanto, pienso estar en el lado correcto del “multiverso”.
Por supuesto, también he tomado resoluciones desatinadas. Palabras que dije sin pensar. Palabras que hirieron a otros. Palabras que callé y debería haber pronunciado. Confiar en quien no debí hacerlo. Pasar tiempo con personas de doble cara que me robaban la energía y la alegría. Dejarme llevar por las emociones y no por lo que me dictaba el raciocinio. Sobrellevar cargas de otros que no me correspondían. Tener amistades donde no existía la reciprocidad. Y así, podría describir mil escenas distintas de decisiones desacertadas que tomé. Como no quiero aburrirte con mi vicisitudes, y esto no trata de mí, sino de ti, y de ayudarte, iré al grano.

Tu propio “multiverso” & Preguntas que debes responder
Al mirar tu propia vida, y como no te conozco personalmente, no sé qué opciones has tomado, cuáles consideras positivas y cuáles erradas. Puede referirse a los estudios que llevaste a cabo. O la persona con la que contrajiste matrimonio. O haberte acostado con tal o cual durante el noviazgo. O haberte dejado llevar por la ira en lugar de callar. O haber guardado silencio cuando deberías haberte mostrado asertivo. Decisiones,  microdecisiones y macrodecisiones, que llevaste a cabo. El pasado pasó, y ahí se queda. Pero, ¿y las que estás tomando en el presente, hoy mismo, segundo a segundo, y tomarás en el futuro? Es eso sobre lo que debes meditar. Las opciones son claras, en TODOS y CADA UNO de los ASUNTOS:

- ¿Serás de los que use el alcohol para encajar entre la multitud, o incluso para olvidar los malos momentos? ¿O serás una persona madura, que afronte lo que venga con sabiduría y sensatez?

- ¿Serás de los que use su tiempo libre únicamente para la diversión, el ocio y el mero hedonismo? ¿O guardarás parte del mismo para instruirte, para crecer y adquirir nuevos conocimientos en historia, filosofía, teología y ciencias sociales, entre otros, principalmente por medio de la lectura?

- ¿Serás de los que llene su mente de pornografía y de toda la basura que anida en las redes sociales? ¿O la llenarás de buenos libros y sanos entretenimientos?

- ¿Cuál crees que es tu estado civil adecuado, según tu personalidad, el de soltero o el de casado? ¿Qué opción elegirás de las dos?

- Si tienes ya pareja, ¿te casarás con él, creyendo que es el adecuado para ti, y viceversa? ¿O, por el contrario, verás que lo mejor es acabar la relación, antes de dar ese paso?

- ¿Serás de los que regala su cuerpo a la primera persona de la que se enamoran, o lo guardarás para el amor de tu vida, cuando te cases?

- ¿Serás fiel cuando tengas pareja? ¿O seguirás coqueteando con otros que te agraden o muestren interés en ti?

- ¿Serás una persona que se queje continuamente por todo, y por minucias? ¿O serás alguien que quitará importancia a los problemas, viendo el vaso medio lleno?

- ¿Dejarás que tu lengua se deje llevar por la ira cuando algo no se haga como tú quieres? ¿O serás alguien sosegado que habla con respecto, de la misma manera en que te gustaría que te hablaran a ti? 

- ¿Serás de los que se obsesionan con lograr un cuerpo cuasi perfecto para luego lucirlo en Internet? ¿O disfrutarás del ejercicio y del deporte por salud, sin buscar el lucimiento ni la vanagloria?

- ¿Serás de los que aplique en su vida ese refrán que dice “no es más feliz quien más tiene, sino quien menos necesita”? ¿O vivirás por y para el materialismo, y estar siempre pensando en adquirir más de todo, como más ropa, más joyas, más coches y más casas?

- Si no eres creyente, ¿leerás solo libros y artículos de ateos para “respaldar” tu incredulidad y tus prejuicios? ¿O, por el contrario, le darás una oportunidad a la literatura que, con argumentos racionales e históricos, defienden el cristianismo como real?

- ¿Serás de los que cree en Dios durante un tiempo, pero cuando vienen las pruebas se apartan? ¿O serás de los que siguen firmes, a pesar de las tormentas que se le presenten? (cf. Lc. 8:13; Mt. 7:24-27).

- ¿Serás de los que use sus dones para la propia presunción y el aplauso del hombre? ¿O, aunque pases desapercibido ante las multitudes, los emplearás para la obra de Dios, para darlo a conocer, y para Su gloria? (cf. Ef. 4:8; Col. 3:23).

- ¿Serás como Marta, una persona afanada y turbada ante cualquier situación de la vida, sea pequeña o grande, o como María, que descansarás en las promesas de Dios? (cf. Lc. 10:38-42).

- ¿Aceptarás los mandamientos de Dios, Su ética y moral, o la reharás para que se adapte a tus propios pensamientos y fabricar tu propio “dios”? (cf. Ro. 12:2).

- ¿Usarás lo que no estés de acuerdo con Él como excusa para negarlo o despotricar sobre Su persona?

- ¿Serás de los que usa las mismas redes sociales para publicar continuamente cuestiones banales, como fotos, chistes o comentarios vacíos? ¿O las aprovecharás para enseñar y bendecir a otros en temas interesantes y vitales?

Las preguntas que puedes hacerte son muchas más de las citadas, pero las dichas son fundamentales.

Circunstancias incontrolables & Aprender de todo
Hay un grupo de teólogos que defienden lo que llaman “Determinismo absoluto”: enseñan, no solo que Dios, por medio de Su “voluntad decretada”, determina quién es salvado y quién es condenado, sino que decide hasta nuestras más pequeñas acciones, abarcando los pensamientos. Creen que, si no fuera así, Dios no sería soberano. A pesar de ello, consideran que tenemos “libre albedrío”. Por mucho que lo he estudiado, la forma en que tratan de encajar ambos conceptos me resulta completamente incomprensible. Aunque ya me he referido en alguna ocasión a dicha idea, cuando llegue el día –puesto que ese es otro tema- profundizaré todavía más en mi desacuerdo en dicho determinismo, que lo considero puro fatalismo.
Dicho esto, y centrándonos en el asunto de hoy, creo que hay circunstancias que podemos controlar y otras que no; siempre hasta cierto punto. Puesto que vivimos en un mundo con una naturaleza imparable, hay terremotos, huracanes y otras fuerzas salvajes. De igual manera, interactuamos con personas imperfectas –como lo somos nosotros-, con individuos que pecan –como nosotros-. Un grupo amplio de entre esas, hacen de la inmoralidad su estilo de vida, sea por la corrupción o cualquier tipo de vicio. Otras que están heridas, y al no saber gestionar dichas emociones, hieren a otras, y se convierten en lo que odian. Y, para terminar, los que tienen poca inteligencia emocional o áreas inmaduras de su personalidad. En definitiva, de una manera u otra, existe una relación directa entre nosotros como individuos, y todo lo que nos rodea.
Esto nos lleva a lo ya anunciado, lo inevitable y lo relativamente controlable, que se entrecruzan y están intrínsecamente unidos: no podemos evitar una guerra, pero sí salir del país antes de que suceda. No puedes controlar cómo son tus padres, el resto de tus familiares, compañeros de trabajo y vecino, pero sí cómo te relacionas con ellos y el trato que les ofreces, bajo los condicionantes que conoces. No puedes sujetar una falla sísmica, pero sí evitar vivir en determinados lugares. No puedes evitar que se cometan delitos en determinadas barriadas, pero sí puedes evitar pasear por ella. No puedes controlar que una amistad revele un secreto, pero sí aprender para no contarle más. Puedes conducir excelentemente, pero no puedes evitar que un conductor se salte un Stop y choque brutalmente contra tu coche. Puedes realizar un trabajo excelente para que te contraten como fijo en tu empresa, pero no puedes evitar que tu jefe le regale ese mismo puesto a un amigo suyo. Y así, con todo.
Visto así, nuestro control es, por lo tanto, limitado. Pero, dentro de lo que podemos hacer, todas las preguntas que te planteé en el apartado anterior, están bajo tu dominio. Es lo que significa “ser el mayordomo” de tu vida. Dios te ha permitido ser el “administrador” principal: de tu tiempo, de cómo ejerces, de tus intenciones, de decidir entre un sendero u otro.
Nuevamente, seguro que, si haces un repaso mental de tu vida, recordarás ciertos momentos del pasado, lejano o reciente, donde te gustaría haberte comportado de otra manera. De esos “errores”, lo único que podemos hacer es APRENDER, lo cual nos lleva a madurar y a pulirnos como seres humanos, absolutamente en todo: forma de actuar, de pensar y de sentir, amistades, relaciones, trato con el prójimo, etc. He conocido a tantas personas que, en lugar de aprovechar los reveses de la vida para evolucionar, han involucionado, aunque supongo que ellos pensarán lo contrario de sí mismos.
Recuerda también que los fallos son para APRENDER, no para quedarnos rumiando en el ayer, lo cual solo trae tristeza, desesperanza y, en los peores casos, depresión.
Ahora es cuando te toca volver al cuestionario planteado líneas atrás y DECIDIR cómo quieres ser y qué principios y modelo ético-moral vas a adoptar, para así implementarlo en lo más profundo de ti. Dedícale todo el tiempo necesario. Esto no son meras palabras que olvidar en una hora: es TODO lo que ERES y SERÁS.