lunes, 21 de junio de 2021

¿Cómo puede un cristiano sacarle rendimiento a su propio muro de Facebook para enseñar a otros sobre su fe?

 


Venimos de aquí: Mi exhortación a los cristianos que no le sacan provecho a su propio muro de Facebook (https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2021/06/16-mi-exhortacion-los-cristianos-que-no.html).

Quizá seas de los que sí te enfrentas a circunstancias adversas y no tienes reparos en hablar de todo, pero lo haces solo en persona. Y me parece bien que así sea: es lo ideal, puesto que el cara a cara debe ser lo prioritario, siempre que la ocasión lo permita. Pero insisto: teniendo una herramienta tan útil y que usamos para otras cosas, hay que sacarle provecho a tu propio muro de Facebook para dar a conocer la fe cristiana, y más aún si tienes centenares de contactos virtuales inconversos en las redes.

Consejos y pasos a seguir a partir de ahora
Tras el análisis de la problemática que vimos en el artículo anterior y del porqué muchos no usan su muro para hablar de temas cristianos, aquí van mis consejos sobre lo que puedes hacer al respecto y qué actitud tomar:

1) Céntrate en tu propio muro
Muchos dirán: “soy miembro de 20 grupos cristianos en Facebook y allí comparto de todo entre el resto de los miles que participamos”. Meh. Eso no me vale. Está muy bien que lo hagas si es tu caso. Yo mismo anuncio mis artículos en dichos grupos para enseñar a otros cristianos en temas como soltería, padres, jóvenes, aborto, herejías, eutanasia, depresión, películas, libros y otros muchos más, pero ahí solo entran creyentes, no inconversos. Viene a ser lo mismo que si hablas de Dios con otros que comparten tu fe y solo cuando estás reunido en el local de la iglesia, y no lo haces cuando estás fuera del lugar de reunión y con no creyentes.
Además, lo que publiques se perderá en el mismo día entre la marabunta de publicaciones que se dan en dichos grupos.
De ahí que me esté refiriendo exclusivamente a tu propio muro; es donde debes volcar tu esfuerzo y tu atención principal.

2) No atosigues; deja respirar
Hay creyentes que apabullan con un exceso de publicaciones. Como tienen el deseo de que todo el mundo sepa lo mismo que ellos saben y que conozcan más de Dios, suben a cada instante mensajes, imágenes, artículos y vídeos cristianos. A los ojos de un inconverso, eso le resultará agobiante y, aunque no eliminen de contacto a tales individuos, sí usarán la opción de “dejar de seguir” para dejar de estar manera de ver las publicaciones de dicha persona.
Para que esto no suceda –o lo menos posible-, lo mejor es ser selectivo, concreto, tanto en temas candentes como atemporales, y espaciarlos en el tiempo: mejor uno cada día o cada varios días, que veinte cada hora. Así se le ofrecerá la oportunidad al que te visualiza de mirar lo que más le interese sin esa especie de presión continua que experimenta al ver diariamente el muro de un cristiano que no descansa ni un segundo.
Una comida, por muy exquisita que sea, necesita tiempo para ser disfrutada y digerida. Mucha de ella de forma repetitiva terminará por crear problemas estomacales. Aquí lo mismo, como bien dice Proverbios: “¿Hallaste miel? Come lo que te basta, no sea que hastiado de ella la vomites. Detén tu pie de la casa de tu vecino, no sea que hastiado de ti te aborrezca” (Pr. 25:16-17).

3) El tiempo del prójimo no es ilimitado
Es verdad que muchos desaprovechan horas y horas en Internet centrándose en necedades, y que únicamente suelen usarlo para desconectar y no para aprender lo más mínimo. Pero hay otra realidad: es igualmente cierto que el tiempo digital del que disponen aquellos que son más ecuánimes para las redes sociales es limitado. Muchos tienen que repartir las horas entre el trabajo, la familia, el descanso, los quehaceres diarios, etc. En mi propio caso, acoto mucho lo que leo, tanto en papel como en digital, y me centro en temáticas concretas cada cierto tiempo para profundizar en cada una de ellas.
Por lo tanto, tenlo presente a la hora de decidirte por un contenido u otro y sobre la periodicidad a la hora de publicar. Más no siempre es mejor. Es deseable ir al grano según los temas que creas convenientes y dejar tiempo para el que quiera reflexionar a solas, en lugar de obligarlo a saltar a otro tema y olvidar lo que leyó en tu muro unas horas atrás.

4) Asegúrate que coincida plenamente con la verdad bíblica
Este es el gran error que me encuentro con más frecuencia: hermanos, llenos de buena fe y mejores intenciones, que exponen imágenes, pensamientos, reflexiones y vídeos que resultan completamente antibíblicos, por muy aderezados que estén con versículos y pasajes. Los copian de lo que han oído de otros, de escritores “famosos” o de sus pastores, sin haber estudiado por sí mismo en profundidad los temas en cuestión.
Nadie, absolutamente nadie, está exento de equivocarse, pero hacerlo de forma sistemática en los mismos asuntos, expandiendo así falsas doctrinas, es algo muy serio. Y es lo que suele suceder cuando se expande el veneno de la teología de la prosperidad, la confesión positiva y otras por el estilo que caen en el paganismo, el sincretismo religioso y la filosofía barata. La mezcla de verdad y de mentira se ha fusionado de tal manera que lo que vemos hoy en día son abundantes iglesias al estilo de la de Pérgamo y Tiatira, que eran leales a Cristo, tenían obras, amor y servicio, pero, a la vez, toleraban herejías (cf. Ap 2:12-29).
Otros ponen en boca de Dios palabras que Él no ha dicho, lo cual es gravísimo. Es lo más tremebundo que puede hacer un cristiano. Las redes sociales, concretamente Facebook, están inundadas con frases como estas que inducen directamente al error: “Hijo, viene el tiempo donde vas a recuperar muchas cosas perdidas. Att. Dios”; “te voy a sacar de esta con la frente en alto y las manos llenas. ¡Te lo prometo” (Dios); “Dios llegará a tu casa, te dará un abrazo y te dirá: no te preocupes, yo estoy aquí para sanarte”; “José salió del pozo. Lázaro salió de la tumba, y nosotros saldremos de esta pandemia en el nombre de Jesús”. Tardé menos de dos minutos en encontrarlas, con una simple pasada en un grupo; y hay cientos como ellas cada día. Pueden sonar muy hermosas –de ahí que decenas de personas digan “amén” a dichas publicaciones-, pero cualquiera que haya estudiado en serio la Biblia con una buena exégesis se dará cuenta inmediatamente de los disparates teológicos que suponen ese tipo de afirmaciones por el estilo. 
En definitiva: antes de compartir algo, no te dejes llevar por la primera impresión o por lo que otros dicen; estudia, contrasta la información y asegúrate de que la enseñanza que quieres hacer llegar a otros concuerda con el conjunto global de las Escrituras. De lo contrario, lo mejor es abstenerse o limitarse a publicar pequeños textos bíblicos que tengan un significado inconfundible. Mientras tanto, centrarse primero en la propia formación, siendo esta la única manera de crecer, de no caer en los prejuicios y de aprender de los errores.

Continuará en: 18. Últimos pasos para que un cristiano aproveche de cara a los demás su propio muro de Facebook.

lunes, 14 de junio de 2021

Mi exhortación a los cristianos que no le sacan provecho a su propio muro de Facebook

 

Antes de entrar en matería, y ante la posibilidad de que muchos cristianos huyan de aquí al leer la palabra “exhortación” –al creer que es sinónimo de “bronca”, y más si lo han padecido en persona-, quiero explicar brevísimamente el término para que entiendan mis intenciones.
En el griego original del Nuevo Testamento, exhortar es “apremiar a alguien para que siga un curso de conducta”[1]. Y en castellano es todavía más claro: “Incitar a alguien con palabras, razones y ruegos a que haga o deje de hacer algo”[2]. Ese es mi deseo al exhortar: animar con las mejores intenciones posibles a todos los cristianos a tomar una conducta determinada. Es lo que deberíamos hacer todos los creyentes (no solo los pastores), como bien se nos enseña: “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría. [...] Exhortaos los unos a los otros. [...] Alentaos los unos a los otros. [...] Animaos unos a otros y edificaos unos a otros” (Col. 3:16; He. 3:13; 1 Ts. 4:18; 1 Ts. 5:11).
Como en otra ocasión ahondaré sobre el significado de “exhortación”, espero que sea suficiente para que queden claros mis propósitos, y sea recibido con ánimo y positividad. Que nadie entienda este artículo y los dos siguientes como un ensañamiento ni una alusión a nadie, sino como una crítica constructiva, que es la que siempre tenemos que hacer. Así podremos ver un marco de actuación que muchos cristianos están desaprovechando por distintas razones, y que, una vez encauzadas con ciertas pautas, podría ser de mucha utilidad al quitarse los corsés que les ahogan y temen.

Los muros de los cristianos en las redes sociales
La realidad que nos encontramos en el día a día en Internet es que un porcentaje muy alto de cristianos están desaprovechando una herramienta muy útil en pleno siglo XXI para anunciar “todo el consejo de Dios” (Hch. 20:27). Algunos piensan que “Facebook” es “mundano” y no se debería usar para asuntos divinos. Estas personas olvidan que todo depende del uso que se le dé, ya que, en sí, es neutral. Bien dijo el teólogo y escritor alemán José Hutter que “la rueda podía servir para un carro de combate romano o para llevar al primer ministro de Etiopía –recién convertido- de vuelta a casa. Un barco podía atacar una ciudad o llevar al apóstol Pablo a evangelizar media Europa. Un tren sirvió tanto para llevar millones de judíos a campos de concentración, como sirve para llevar unos abuelos para una visita de sus hijos y nietos. La tecnología nuclear se empleaba tanto para erradicar dos ciudades japonesas en un segundo, como para facilitar energía a millones de hogares. Y de la misma manera, la tecnología digital sirve tanto para establecer un infierno totalitario sin igual en la historia, como para facilitarnos avances y un bienestar sin parangón”. Lo mismo con esta red social: se puede usar para difundir las mayores barbaridades ideológicas como para anunciar el camino de Dios.
En consecuencia, todo depende del “usuario”, y lo que se observa es que apenas hay diferencia –y en muchos casos ninguna-, entre “el muro” de un creyente y el de un inconverso: fotos personales por doquier (a solas, con los amigos, con la pareja sentimental o la familia), vídeos humorísticos, de música o de política, anuncios de individuos y animales desaparecidos, comentarios sobre aficiones como los deportes en general, el cine, el mundo de la farándula, la literatura, etc.
En algunos casos se busca la aprobación social, una dosis de autoestima o mostrar cuán apasionantes son sus vidas, tema que ya traté en “Por favor, dime lo bueno que soy, que me quieres, y hazme sentir especial” (https://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2018/01/por-favor-dime-lo-bueno-que-soy-que-me.html) y “El cristianismo convertido en un show para el beneficio y el lucimiento personal” (http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2017/01/el-cristianismo-convertido-en-un-show.html). En otros, solo quieren exponer momentos “felices” y de alegría, o compartir con desconocidos o con amigos virtuales los gustos propios.
Personalmente, es algo que no hago porque no me gusta ni me hace falta, pero considero perfectamente lícito que otros lo lleven a cabo si es de su agrado, siempre y cuando sea de forma equilibrada y sin caer en la excesiva autoexposición ni en el puro postureo. Ahora bien, por norma general, ¿qué suele suceder en lo que concierne a los múltiples factores de la fe, la enseñanza escritural y la fe cristiana? Que, en la mayoría de los muros de los creyentes, todo esto suele brillar por su ausencia. Y es por eso que afirmo que se le saca muy poco beneficio a esta red social en concreto.

Las razones que llevan a muchos cristianos a no usar su muro
¿Qué le sucedió a Juan el Bautista cuando dijo la verdad, señalándole a Herodes su pecado? No en el momento, pero poco tiempo después le cortaron la cabeza. Y, en otras formas más metafóricas, es lo que suele suceder cuando expones tu fe y la ética cristiana ante todo el mundo en tu propio nicho de Facebook:

- Habrá personas que pensarán mal de ti.

- Habrá personas que te eliminarán de entre sus contactos.

- Habrá personas que, en la vida real, se alejarán de tu compañía.

- Habrá personas que te verán como un fanático religioso.

- Habrá personas que te evitarán.

- Habrá personas que te ignorarán.

- Habrá personas que arremeterán contra tus palabras.

- Habrá personas que llegarán al insulto personal.

- Habrá personas que, llenas de prejuicios, dejarán comentarios de menosprecio.

Ante esta situación, muchos no están dispuestos a pagar ese precio. ¿A quién le gusta que piensen mal de uno, que le bloqueen, eliminen o ignoren, que le vean como un sectario, que le rehúyan y que le ataquen? ¡A nadie! Puede desanimar a cualquiera encontrarse en medio de un “tiroteo virtual”, donde le acribillan sin miramientos.
Por eso prefieren vivir tranquilos y sin meterse en “problemas” hablando de temas de la moral cristiana que difiere de la opinión de la sociedad caída: aborto, relaciones prematrimoniales, homosexualidad, matrimonio, ideología de género, filosofías paganas, falta de pudor, uso del alcohol para fines desinhibidores, etc. Prefieren caer simpático a todo el mundo, hablar de lo “bonito que es el amor”, con eslóganes como “vive y deja vivir”, y subiendo a las redes vídeos, fotos y comentarios que saben que serán regados de likes.
Desde ese punto de vista, y en términos meramente humanos, es perfectamente comprensible, pero, a la vez, están perdiendo oportunidades de oro de ser usados por Dios empleando un método más y al alcance de casi cualquiera, de manera sencilla y adaptada a estos tiempos para seguir llevando a cabo el mandato de Jesús: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Mr. 16:15).

Continuará en: ¿Cómo puede un cristiano sacarle rendimiento a su propio muro de Facebook para enseñar a otros sobre su fe? 


[1] ´Parakaleo`: “Llamar a una persona”; ´Paraineo`: “Recomendar, advertir”; ´Diamartoromai`: “Testificar exhaustivamente, dar un solemne testimonio”; ´Paraklesis`: Denota “ruegos, aliento”. Vine, W.E. Diccionario Expositivo de palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento. Caribe.

[2] Biblioteca de Consulta Microsoft® Encarta® 2005.


lunes, 7 de junio de 2021

La mujer de la ventana: ¿Ves pasar tu vida mientras observas cómo viven los demás?

 


Anna Fox, psiquiatra especializada en niños, vive recluida en su piso de varias plantas en New York. No sale a la calle desde hace diez meses, ya que padece de agorafobia, que es un pánico desmedido a los espacios abiertos, y que la lleva a sufrir ataques de pánico si hace el más mínimo intento de salir a la calle. Incluso los repartidores tienen que dejar la correspondencia en el portón y ella les paga con dinero en efectivo con un sobre por debajo de la puerta. Se pasa todo el tiempo en bata, durmiendo, bebiendo vino, viendo películas clásicas, tomando la abundante medicación que le han recetado, y solo se arregla para las sesiones con su terapeuta. Aparte, tiene alguna que otra “conversación” telefónica con su marido e hija que no viven con ella, ya que, según nos cuenta, está separada. Su único contacto humano, aparte de un gato, es con un joven al que tiene de inquilino en el sótano y que le saca la basura, junto a algún arreglo que le hace en el hogar.
¿Cuál es el mayor “pasatiempo” de Anna? Puesto que no tiene vida propia, la respuesta es bastante obvia: contemplar lo que sucede en su barrio, y más específicamente a sus vecinos, a los que se podría considerar que espía, mirándolos desde la ventana. Desde la mujer que plancha, pasando por el grupo de oración y la chica que ensaya sus notas musicales en la trompeta, hasta la nueva familia que se ha mudado. Así hasta que contempla un asesinato y que denuncia a la Policía, la cual no la cree al no hallar ninguna prueba y viendo que su estado mental no parece el más saludable. Ahí comenzará su propia batalla por demostrar que no está loca...

Esta es la historia que se nos cuenta en la película “La mujer en la ventana” –basada en la novela del mismo título del autor seudónimo AJ. Finn-, protagonizada por Amy Adams, excelente actriz de la que hablé ampliamente en otra ocasión con motivo de la serie “Heridas abiertas” (¿No te sientes amado por tu madre y/o tu padre? Bienvenido a “Heridas abiertas”: https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2018/09/no-te-sientes-amado-por-tu-madre-yo-tu.htm). No es mi intención desvelar nada más de la trama, dejándola para aquellos que la quieran visualizar. Lo que sí haré, como he hecho en otras ocasiones, es servirme de la idea principal para tratar un tema que le concierne a millones de personas, cristianos incluidos.

Vidas que se limitan a mirar por la ventana
Por infinidad de circunstancias, incontables personas ven su propia vida pasar sin mayor trascendencia. No sufren de agorafobia ni viven encerradas en sus casas, pero su paso por este mundo básicamente consiste en:

- Estudiar.
- Trabajar.
- Ganar dinero.
- Gastar ese dinero.
- Viajar.
- Ver la televisión.
- Salir a pasear.
- Participar en todo tipo de festivales, fiestas y folclore de su país.
- Emborracharse o, al menos, “pillar el puntito”, como ellos lo llaman.
- Practicar algún deporte.
- Volcarse en alguna afición personal.
- Leer y escuchar música.
- Disfrutar de la comida.
- Hablar sobre las vidas ajenas y analizarlas bajo su propio prisma.

Algunas de estas prácticas son positivas y sanas. También las hay inicuas y, en el peor de los casos, perjudiciales. Y así un día, y otro, y otro, y otro... hasta que “la Parca” llama a la puerta.
Todo esto y más, lo sepan o no, les impide a muchos “mirar más allá”, “mirarse a sí mismos” y confrontar preguntas que se hace su “yo” interior: pensamientos y sentimientos que prefieren “sepultar” bajo todas estas actividades, porque ciertas interrogantes y emociones les resultan extremadamente incómodas.

¿Qué se esconde detrás de todo esto?
Muchos hablan de la llamada “crisis de los 40”, pero personalmente estoy convencido, y más tras conocer a innumerables personas de todas las generaciones, que cada época y edad tienen su propia crisis:

- El preadolescente, que se siente en crisis al estar en una fase de indefinición –al no ser ya un niño ni tampoco un adulto- y encontrarse de pronto con cambios físicos y mentales que le cambian la vida para siempre.
- El adolescente, que se siente en crisis porque busca su lugar en el mundo y se enfrenta a decisiones muy difíciles para su corta edad cómo qué carrera estudiará.
- El joven, que se siente en crisis porque anhela poder tener un trabajo estable, alcanzar la independencia económica y luchar por sus objetivos personales.
- El adulto, entre los 30 y los 50 años, que se siente en crisis cuando se plantea si su vida está siendo de provecho, al observar que no se siente realizado, haya alcanzado o no ciertos objetivos que se marcó. Por eso se pregunta si ha merecido la pena lo que ha llevado a cabo con anterioridad. No se siente saciado por las metas o logros que ha podido alcanzar, sea un buen trabajo, una buena posición económica, un físico determinado, un estilo de casa en concreto, el coche o el barco de sus sueños, el reconocimiento social, una pareja sentimental o algún anhelo cumplido como escribir un libro, grabar un disco de música, presentar sus fotografías en una galería de arte o dar conferencias sobre algún tema. Siempre siente que le falta algo y pasa por picos y valles.
- El adulto plus, que es el que se acaba de jubilar, se siente en crisis al observarse fuera del hábitat en el que ha estado llevando una rutina durante varias décadas y “desposeído” de ella, y no sabe qué hacer a partir de entonces.
- El anciano, que ve mermada sus capacidades físicas e intelectuales, apoderándose de él la desgana y el hastío, como si la vida no tuviera ya nada que ofrecerle ni él que dar.

¿En que se cae cuando se pasa por estas crisis? En la autoconmiseración y en las comparaciones con los demás. Al hecho de “sentirse triste con uno mismo”, se une ese “mirar por la ventana” la vida del prójimo, y a esto ha colaborado excelsamente las redes sociales: se miran las fotos ajenas para ver si son “más” felices, si viajan más, si se divierten, si se han comprado una nueva casa o un coche, si sus hijos son agraciados e inteligentes, si tienen un buen trabajo, si se pasean del brazo de un chico o chica hermosa, si están felizmente casados o solteros, etc. Hay estudios que concluyen que “Facebook te puede hacer creer que la vida de los otros es más interesante que la tuya y que, por contraste, eres un aburrido. [...] La gente tiende a atribuir a los contenidos positivos publicados por otros la categoría de estado permanente cuando la mayoría de las veces se trata de situaciones circunstanciales. [...] Tú haces lo mismo, pero quizás alguna vez te dé por pensar que el resto de la humanidad vive permanentemente en un atardecer de Bali. Nada es feo en Instagram, son imágenes idealizadas de uno mismo. ´Una foto es muy poderosa, crea una comparación social inmediata y produce sentimientos de inferioridad`”[1].
¿Qué hacen las personas para no pensar y no dejarse llevar por las emociones negativas que les producen las crisis en distintas edades? Como ya he dicho, unas se centran en algunas de las actividades que cité líneas atrás, y otras en el autobombo, en la cultura reinante del postureo y en los happy-selfie. Hasta cristianos terminan sucumbiendo a estas modas, convirtiendo incluso la exposición pública de la fe en un show para el enaltecimiento personal, como describí hace un tiempo (http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2017/01/el-cristianismo-convertido-en-un-show.html).

Refrescando ideas fundamentales
Aunque lo que voy a exponer a continuación está enfocado al grupo que he descrito de “adultos” (ya que es la franja de edad en la que me encuentro), sus principios básicos sirven para todos.
La realidad es que, cualquier cristiano, por muy maduro que sea, se puede sumir en un profundo bache al mirar atrás y preguntarse si su vida ha sido significativa hasta el momento y si lo va a ser en los años que, previsiblemente, le quedan por delante. En esos momentos de zozobra, todo suele verse desde la lupa del desánimo que potencia la negatividad; tanto se siente que quema el corazón. Aunque trata de no pensar en ello y busca de nuevo las maneras de alejarse de dichos sentimientos, se siente atrapado durante unos días o semanas. En estas condiciones, es muy fácil perder la perspectiva y estar poco lúcido. Por eso es tan importante conocer la diferencia entre “estar” bien y “sentirte” bien (http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2015/10/2-la-diferencia-entre-estar-bien-y.html).
Así que lo que vamos a hacer es confrontar esas emociones, junto a un ejercicio de memoria y de reflexión, para así realinear una vez más nuestros pensamientos con los de Dios. De esta manera, tomaremos de nuevo conciencia de las palabras que Cristo le dijo a la mujer samaritana: “mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás” (cf. Jn. 4:14).

1) Tu pasado
Los seres humanos padecemos de una especie de Alzheimer que nos crea problemas para recordar lo bueno del pasado y de dónde venimos. Los cristianos también sufrimos en ocasiones de dicho padecimiento de desmemoria. Por eso tenemos que tener siempre presente que:

- Tuvimos el privilegio de oír el Evangelio y que nuestros ojos fueran abiertos a la verdad.
- Jesús pagó por nuestros pecados en la cruz.
- Jesús ya resucitó de entre los muertos. Por mucho que lo sepamos, ¡jamás debería dejarnos de asombrarnos tal acontecimiento!
- Ya fuimos salvados.
- Ya fuimos perdonados.
- Ya fuimos regenerados.
- Nuestros nombres fueron escritos en el Libro de la Vida.
- Fuimos sellados con el Espíritu Santo.
- Parafraseando a Agustín de Hipona, “nuestro corazón halló descanso en Dios”[2].
- Nuestro valor estuvo y está en nuestro Creador, y no depende de las opiniones ajenas, de la iglesia tal o cual o de la sociedad caída que nos envuelve.
- Aunque pudiéramos sentir que nadie nos amaba en este mundo, supimos que Dios sí lo hacía a título personal, siendo Él la expresión máxima del amor en toda su pureza y esplendor.

Alguno podría decir que “todo esto pertenece al pasado”, pero la realidad es que repercute y afecta directamente a tu presente. Además, es independiente de nuestras circunstancias de vida actuales o futuras –mientras paseemos por este mundo-, sean buenas o malas, agradables o desagradables. Nuestra existencia ya halló sentido puesto que Él le ha dado propósito eterno a todo. Por eso podemos decir como Isaías: “En gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se alegrará en mi Dios” (Is. 61:10).

2) Tu presente
Cuando las situaciones de la vida vienen mal dadas, nos sucede como a los judíos: habiendo sido liberados de la esclavitud de Egipto, a la mínima, al tocarles pasar por el desierto, ya estaban con los brazos en alto en señal de protesta y queja. En nuestro caso, igual: olvidamos todo el pasado que he reseñado y de dónde nos ha sacado el Señor. Esto nos sucede cuando el desánimo se apodera de nosotros, cuando el trabajo escasea, cuando tenemos que hacer malabares para poder llevarnos un plato de comida a la boca, cuando no nos llega el dinero para pagar la factura de la luz o del butano. Entonces nuestras bocas se llenan de palabras de quejas y nuestros puños se alzan contra el cielo por las “injusticias” que no nos gustan.
En lugar de caer en estas actitudes, debemos ser como Samuel, sabiendo que “hasta aquí nos ayudó Jehová” (1 S. 7:12), y que Dios es nuestro Eben-ezer (piedra de ayuda).

3) Tu futuro inmediato y el del resto de tu vida
Puedes sentir que lo que has hecho para el prójimo y para Dios en todos los años pasados de tu vida no tienen valor ni han servido para nada. Experimentas esa sensación –que conozco muy bien-, de que tus obras apenas tienen trascendencia; que aquellos a los que les predicaste el evangelio, siguen perdidos; que aquellos a los que aconsejaste, no te hicieron ningún caso. Todo esto te hace sentir que todas esas horas dedicadas han sido una pérdida de tiempo. Cuando Pablo dijo que no nos cansáramos de hacer el bien, porque a su tiempo segaríamos (cf. Gá. 6:9), es porque también sabía que podemos cansarnos si no vemos la cosecha. Si a eso le añadimos que, en muchas ocasiones, estamos rodeados de personas –tanto cristianas como ateas- que solo se fijan en tus errores e imperfecciones, que son incapaces de hablar de lo bueno que pueda haber en ti y que siempre piensan mal sobre tus acciones, pues la suma negativa, desesperante y cansina hacia nosotros mismos, puede hacerse muy cuesta arriba.
Esa es la razón por la que tenemos que cambiar nuestra perspectiva: todo lo que has hecho hasta ahora (pensamientos, sentimientos, comportamientos y obras), si se basan de los mandamientos de Dios establecidos en Su Palabra, tiene suma importancia. ¡Estás haciendo, nada más y nada menos, que la obra de Dios en la tierra! Y así tienes que seguir, veas resultados visibles o no.
Es lógico y humano sentirnos en ocasiones como Elías, que creía que su obra era infértil, que estaba tan agotado física, emocional y espiritualmente, que se sentó debajo de un árbol y le pidió a Dios que acabara con su vida. Pero Dios nos reconforta con Su alimento, a veces físico y en otras ocasiones de forma emocional y espiritual, como hizo con el profeta.
Así que sigue usando los dones que Dios ha puesto en ti. Sigue llevando a cabo las obras que se vayan presentando en tu camino. Sigue mostrando el mensaje de salvación a los perdidos. Sigue viviendo en humildad y en sencillez. Si eres padre, educa a tus hijos en el Señor y en Sus principios. Aporta tu granito de arena ante los problemas que se manifiesten en la sociedad, como el desempleo, la pobreza o las desigualdades. Sigue hablando a los que quieran escuchar. Sigue formándote bíblicamente. Sigue enseñando a los que quieran aprender. Sigue aconsejando a los que quieran hacer la voluntad divina. Ten presente que Jesús les habló a las multitudes, y que el mensaje era el mismo para todos, pero se centró en unos pocos.
Que todo lo que hagas sea para darle la gloria a Dios y no a ti mismo o para que otros te alaben, sabiendo que nada quedará sin recompensa, ¡ni siquiera un vaso de agua! (cf. Mr. 9:41). Aunque creas que nadie ve lo que haces, Dios es el primer observador de todos. Y un gran ejemplo que siempre tengo presente es el de la viuda que entregó su ofrenda: pasó completamente desapercibida y nadie dijo nada de ella, pero sí lo hizo quien tenía que hacerlo: Jesús (cf. Mr. 21:1-4).

4) Tu futuro eterno
¿Qué van a seguir viniendo crisis a tu vida cada cierto tiempo, donde te volverás a sentir como la mujer en la ventana y experimentarás que no formas parte de este mundo, como si no encajaras en absoluto? Sin duda alguna. Pero haz tuyo este lema para cuando eso suceda: “De crisis en crisis hasta la victoria final”. ¿Y cuál es esa victoria final? La vida eterna que, a menos que el Señor venga antes, nos llegará tras la muerte. Mientras que un inconverso mira tal acontecimiento con desánimo y lo contempla como la derrota de su cuerpo a la edad y a las circunstancias, para el cristiano nacido de nuevo es la llegada del día que siempre ha deseado. ¡Será un grito de victoria!
Conocida la respuesta –y que ya sabías perfectamente-, te hago una pregunta: ¿cuánto tiempo hace que no te detienes a pensar en ella? Y no me refiero a un pensamiento fugaz o a un breve comentario de cinco segundos con otro hermano en la fe, sino a detenerte en tu mente y ser “envuelto” por dicha idea. Si lo hicieras a menudo, cada crisis la verías de otra manera.
Como dije en “Mentiras que creemos” (http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2014/06/mentiras-que-creemos.html), “si hay un momento en el cual me quedo literalmente bloqueado es cuando medito en la eternidad. ¿Cómo será? ¿Qué haremos exactamente? ¿Qué debe ser vivir sin preocupaciones, sin problemas, sin ninguna clase de dolor? ¿Cómo experimentaremos las bodas del Cordero, con todo el pueblo redimido delante de la presencia de Dios? ¿Cómo será su manifestación visible? ¿Cómo será escuchar su voz? ¿Qué veremos allí? Es emocionante y, por encima de todo, mi mayor anhelo: el momento en que pasemos a la eternidad y por fin le veamos cara a cara. Por eso reconozco que en mis peores épocas es a la promesa de Jesús sobre la morada en el Cielo que nos está preparando a la que más me agarro, y en la que con mayor grado me gozo. ¿Significa esto que me dejo llevar por la fantasía para escaparme de la realidad? Ni mucho menos. Sólo sigo lo que Pablo le dijo a Timoteo, que echara mano de la vida eterna (cf. 1 Ti. 6:12), la cual ya poseía. ¿Y qué significa echar mano de ella? Ni más ni menos que recordar que ´nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas` (Fil. 3:20-21).
Por eso el cristiano puede confrontar la desesperanza con esperanza, y la tristeza humana con el gozo del Señor. Me resultan muy especiales las palabras del rey David: ´En cuanto a mí, veré tu rostro en justicia; Estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza` (Sal. 17:15)”.

Conclusión
Imprime las ideas principales aquí desarrolladas. Pégalas en la nevera o junto a tu escritorio o mesita de noche. Vuelve a ellas cada poco tiempo, especialmente en los momentos de desaliento. Y que sean parte de tu propia alma. ¡Un día nos veremos envueltos de gloria!


[2] Cita de su libro Confesiones: “Nos hiciste para ti, y nuestro corazón no halla descanso hasta no estar en ti”.