miércoles, 12 de septiembre de 2018

10.6.6. En una relación sentimental, ¿hasta qué punto son importantes la diferencia de edad y la atracción física?


Venimos de aquí: El conocimiento mutuo: El miedo a los padres de tu pareja: esos seres llamados “suegros” (https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2018/08/1065-el-miedo-los-padres-de-tu-pareja.html).

Sé honesto: por mucho que digan los cristianos que ellos son diferentes y que lo que les atrae es la belleza interna, basta que en una red social un chico o una chica guapa pongan una foto bien llamativa para que en minutos aparezcan decenas de “corazoncitos” y comentarios que buscan un fin aunque se envuelvan en una curiosa espiritualidad: “Qué bell@ eres. Que el Señor te bendiga... ¿me pasas tu número de teléfono? ¡Ojalá el Padre de las luces nos permita vernos en persona! ¡Y quién sabe qué puede pasar después!”. Comentarios como este, que suena hasta cómico, son el pan de cada día en los grupos y comunidades de Internet. Los que son menos agraciados, pues...
“El amor no entiende de edades” y “el físico es lo de menos” son dos frases que oído y leído en multitud de ocasiones. Aunque ambas puedan parecer puramente superficiales, quiero analizarlas y que reflexionemos juntos. Creo que, aunque no son méritos en el sentido estricto de la palabra (ya que no se adquieren como consecuencia de alcanzar unos valores personales), hay que aceptar que cuentan.

La atracción hacia diversas edades
Hasta hace pocos años, estaba mal visto por la sociedad que una mujer estuviera casada con un hombre de menor edad. Algunos no le concedían importancia, pero sí es cierto que era poco habitual encontrarse este tipo de relaciones. Hoy en día suelen darse con mayor frecuencia e incluso con diferencias considerables de diez años o más, como el caso de Shakira (1977) y Piqué (1987) o el presidente de Francia, el señor Macron (1977) y su esposa Briggite (1953).
En el lado contrario, que un hombre estuviera con una señorita más joven era visto como el éxito de todo un galán, al lograr conquistar con su forma de ser a una jovencita físicamente en su plenitud, cuando él ya comenzaba la decadencia.
Las feministas más radicales ven esto como una prueba más del machismo patriarcal imperante que nos han inculcado. Como siempre digo, no me gustan los extremos. Todo tiene una razón de ser. Aquí tenemos que analizar dos circunstancias:

1. ¿Qué provoca que una mujer se sienta atraída por un hombre más joven, y viceversa?
2. ¿Qué provoca que una mujer se sienta atraída por un hombre mayor, y viceversa?

Como he dicho, no me refiero a unos pocos años, sino a una barrera a contar a partir de diez.
En el primer caso (mujeres y hombres atraídos por personas del sexo opuesto bastante más jóvenes), suele deberse a la sensación que ell@s mismos experimentan: la pareja más joven les hace sentirse de igual manera: más jóvenes de lo que muestra el carné de identidad, tanto interna como externamente. Un/una cuarentón/cuarentona que está con alguien de treinta años o menos se siente revitalizado en su espíritu. Aparte, su estima propia crece, al contemplar que ha logrado enamorar a alguien por sí mismo, por ser quien es realmente, por su esencia, y no tanto por su físico que comienza a languidecer.
En el segundo caso (mujeres y hombres atraídos por personas del sexo opuesto mayores que ell@s), suele deberse a que encuentran una madurez en el otro que anhelan con toda su alma y que no encuentran en personas de su edad. Emocionalmente se sienten más cercanos a este tipo de individuos, más acordes con lo que buscan en una pareja: ternura, afecto, ideas claras, empatía, atención, equilibrio, seguridad emocional, etc. Por todo esto, suelen admirar a su pareja. Es algo que se observa desde la misma juventud: los clásicos casos de adolescentes que se enamoran de sus maestr@s.
En ambos casos, puede deberse también a otra explicaciones: si la mujer tuvo una relación disfuncional o distante con su padre o el hombre con su madre (o eran críticos y controladores), es posible que, al conocer a personas mayores que le proporcionan la calidez que no tuvieron en su juventud, se sientan poderosamente atraídas y lleguen a enamorarse. Esa es la explicación de las relaciones fugaces entre hombres de más de cuarenta años y chicas veinteañeras.
Por lo que hemos visto, es cierto que el amor no entiende de edades. El corazón es capaz de ver más allá de una imagen externa y puede prendarse con pasión de cualquier ser humano, independientemente de cuantos años les separen.

¿A buen puerto?
Ahora, tras explicar brevemente las razones, tenemos que preguntarnos: ¿Es posible que llegue a buen término una relación entre dos personas con edades dispares? Según un estudio desarrollado por científicos de la Universidad de Colorado en Boulder, “tener una gran diferencia de edad en la pareja aporta una mayor satisfacción para ambos a corto plazo pero esta felicidad se desvanece con el tiempo”[1]. Por lo tanto, debemos admitir que no es fácil, así que pongamos todas las cartas sobre la mesa para exponer los pros y los contras.
Un hombre de veinticinco años puede llegar a enamorarse realmente de una mujer de cuarenta y cinco (esa es la trama principal de la película “Mi segunda vez” –The Rebound en el original- protagonizada por Catherine Zeta-Jones y Justin Bartha). Si han sabido cuidarse, a esas edades todavía se conservan muy bien y la belleza que poseen es sin duda hermosa. Pero, ¿qué ocurrirá cuando él tenga treinta y cinco (en toda su plenitud) y ella tenga cincuenta y cinco? ¿Y él cincuenta y cinco y ella setenta y cinco, siendo ya toda una ancianita? El mismo ejemplo podríamos citarlo en el caso contrario. Puede que se convierta en una relación hija-padre (o abuelo) o hijo-madre (abuela), más que en un matrimonio entre dos personas iguales. El salto generacional puede ser demasiado grande.
Algunos dirán que si era amor verdadero seguirán juntos, y que si él la abandona a los pocos años habrá demostrado que era un capricho egoísta. La realidad no es tan sencilla. No podemos limitarlo todo a blanco o negro. ¿Por qué?: Porque no es tanto una cuestión de belleza, sino de “etapas vitales”, y esto afecta tanto a hombres que están con mujeres mayores como a la inversa: los dos estarán casi con total seguridad en tramos muy diferentes del camino.
La vitalidad también variará considerablemente. Son muchas las variables que tendrán que considerar antes de que pasen los años y de que avance la relación: estilos de vida, afinidades, educación, valores, ideas respecto al futuro, proyectos en común, etc: “Considerando todas sus dimensiones y aplicándolo a seres humanos maduros, el amor es una coincidencia afortunada de disposiciones complementarias, que se inicia con una atracción química, continua con una unión estable segura, y se transforma en un proyecto común que trasciende las vidas que lo encarnan”. No creo en lo de coincidencia afortunada, pero sí en el resto de la definición ofrecida por José Luis González de Rivera y Revuelta, Catedrático y Jefe del Servicio de Psiquiatría de la Fundación Jiménez Díaz.
Dado que los matices son casi infinitos, solo puede concluir con esta idea: si esa relación procede de Dios, llegará a buen puerto y será una vida completa y feliz en términos generales. De lo contrario... Así que, si llegas a enamorarte de una persona considerablemente mayor o menor, sé sabio y no te dejes llevar por el primer impulso. Reflexiona y acércate al Señor para buscar verdadera sabiduría y Su voluntad.

La atracción física
Aunque seas cristiano, ¡para qué te vas a engañar! Si somos cuerpo, alma y espíritu, es normal que te fijes en las tres partes de manera equilibrada. ¿O acaso debes despreciar la belleza que Dios ha creado? Seamos sinceros: cuando te preguntan qué te parece alguien que apenas conoces y señalas inmediatamente que no te llama la atención, estás diciendo claramente que no te atrae físicamente. Por el contrario, uno de los grandes estímulos que encuentran las personas para acercarse por primera vez a alguien del sexo opuesto es la belleza física.
Aquí nos encontramos a los dos extremos opuestos. Por un lado, están aquellos que únicamente valoran a las personas por su físico. Estos son los inmaduros y a los que yo llamo “babosos”. Por el otro, los que dicen que no se fijan para nada en el físico. Esta idea podemos verla en la historia que se nos narra en la divertida película Amor ciego. Hall (Jack Blackel) es un tipo que valora exclusivamente a las mujeres por su belleza. Un buen día, tras quedar encerrado en el ascensor, es hipnotizado por un famoso conferencista, lo cual le lleva a ver a las personas tal y como son en su interior. Si son hermosas por dentro, él las ve sumamente hermosas en el exterior. Y si tienen un oscuro corazón, por muy hermosas que sean físicamente, él las ve como viejas arrugadas. De ahí que, ante la sorpresa de todo el mundo, se enamora de Rosemary (Gwyneth Paltrow). A pesar de que ella es exageradamente obesa, él la ve como si fuera una modelo, lo que da lugar a todo tipo de malentendidos y escenas cómicas. Finalmente, descubre la verdad y la verdadera apariencia de Rosemary. Aunque en un principio queda en estado de shock, evitando todo contacto, decide que realmente quiere estar con ella porque la ama. Y así concluye con el consabido “happy end”.
Aunque la moraleja es realmente buena (siendo una crítica a la sociedad que le concede una importancia suprema a la apariencia física), considero que se sitúa en ambos extremos de la realidad.

Sin cánones
Creo que la clave es encontrar un punto intermedio, donde la búsqueda de un ideal físico no sea lo primero ni lo más importante, pero sí que resulte atractivo a tus ojos, siendo como es: alt@ o baj@, con más o menos kilos, con ojos azules o marrones, etc.
Aquí no hay mandamientos inamovibles. Por decirlo de alguna manera: un corazón lleno de amor sirve de gafas correctoras ante cualquier supuesto defecto físico y logra el efecto extraordinario de hacer brillar aun más aquello que ya de por sí llama la atención. Por eso propongo una idea alternativa que pocos la ponen en práctica: si te gusta en grado sumo una persona pero no te resulta especialmente atractiva a nivel físico, sé su amigo y dale tiempo. No te estoy diciendo que tengas una cita o que inicies una relación de noviazgo, sino que, manteniendo las distancias convenientes para que no haya malentendidos, lo añadas al círculo en el que te mueves. Quizás, el día menos esperado, tus ojos te sorprendan y desees mucho más que una amistad. La atracción física puede darse a posteriori de la atracción hacia su persona. La mente puede terminar viendo lo que ve el corazón, ya que la belleza está en el ojo del que mira. Y, si no sucede, al menos habrás ganado un buen amigo, puesto que en realidad es el carácter lo que verdaderamente perdura.
De manera inconsciente, solemos asociar la belleza externa a la interna, cuando en muchas ocasiones resulta inversamente proporcional: el que es agraciado fisicamente tiene un alma “fea” y el que no tiene un cuerpo atractivo tiene un alma “hermosa”.
Personalmente, seré extremadamente sincero: si la belleza externa no va acompañada de la belleza interna, no me dice nada. Es más, si no me gusta –o deja de gustarme- el carácter de una mujer, aunque sea muy hermosa en el aspecto físico, dejo hasta de verla guapa. Por el contrario, he llegado a sentirme atraído y ver como guapas a mujeres que se alejaban de los patrones clásicos de la belleza, de mis propias ideas preconcebidas o de lo que suele marcar la sociedad.
Con esto no estoy queriendo decir, ni mucho menos, que todas las personas físicamente agraciadas sean malas personas y que las que no son favorecidas resulten buenas per se. Pero la atracción física, tanto para hombres como mujeres desprevenidos, puede ser un cebo cuando no hay nada más detrás de esa apariencia. Por eso afirmo que, por muy hermosa que sea alguien externamente, si su carácter no toca el corazón, el aspecto resultará indiferente tarde o temprano. A corto plazo puede que te llame poderosamente la atención. Pero a medio y largo plazo, la belleza externa sin la interna te resultará completamente hueca. De ahí las palabras de Pedro: “Que el adorno de ustedes no consista en cosas externas, como peinados exagerados, joyas de oro o vestidos lujosos, sino en lo íntimo del corazón, en la belleza incorruptible de un espíritu suave y tranquilo” (1 P. 3:3-4, DHH). Esto no consiste en que una mujer no pueda llevar el cabello trenzado o lucir con elegancia, o que deba vestir como una vagabunda y descuidar su apariencia, sino en que sea equilibrada entre el cultivo del carácter y el cuidado del cuerpo (ya que este es templo del Espíritu Santo, cf. 1 Co. 6:19).
Hay mujeres (y cada vez más hombres) que visten “mundanamente”, sin pudor ni modestia. Esto es propio de personas vanidosas o que tratan de tapar otras inseguridades personales, y para lograr tal propósito exhiben sus cuerpos para ser admiradas. Esto no debería darse entre cristianos, sean de uno sexo u otro, sino primar “la belleza incorruptible de un espíritu suave y tranquilo” (1 P. 3:4, DHH).
            
¿En qué se fijan hombres y mujeres?
Por si esto le sirve a las mujeres, lo diré alto y claro: no necesitáis tener el cuerpo de una supermodelo ni poneros 500 capas de maquillaje. La naturalidad es algo que la inmensa mayoría de los hombres –hablo de hombres emocionalmente maduros- aprecia en gran medida. En lo que refiere al peso, aunque vosotras creáis lo contrario, el hombre normal (subrayo lo de normal) no siente una especial atracción hacia la delgadez, por mucho que nos la quiera vender la industria de la moda y el cine. Por el contrario, prefiere un peso normal, acorde a la constitución propia de cada mujer. Y para eso no son necesarias quince operaciones de cirugía plástica o dos horas agotadoras corriendo en una cinta en el gimnasio. Observa cuando vayas por la calle: la inmensa mayoría de las mujeres son físicamente normales. Incluso aquellas que tienen un físico envidiable tienen sus propios complejos y partes de sí que no les gustan.
Tanto un hombre como una mujer quieren un compañero que se cuide. En el caso del hombre, prefiere una mujer que para cuidarse haga algún tipo de deporte sencillo o ejercicio (como caminar) que a aquellas que se saltan comidas o pasan hambre para guardar la línea. Pocas cosas hay más frustrantes que tener a una mujer sentada a tu lado y ver cómo marea el plato sin apenas probar bocado. Entiendo que el tiempo libre para hacer deporte pueda ser escaso, pero, excepto en situaciones muy extremas (trabajos de jornadas larguísimas, tener que cuidar a tiempo completo a un familiar enfermo, etc.), siempre se puede organizar la agenda para sacar unas horas a la semana[2].
Basta con que leas cualquier encuesta o que preguntes a un hombre (racional, no sátiro) y verás que, cuando se siente atraído por una mujer, lo que desea es que sea ella misma. Por si te ayuda, un apunte: en el plano físico, lo que más le gusta a los hombres es el rostro en general. Sé que las encuestas señalan otros atributos corporales, pero recuerda que no son cristianos quienes responden a tales preguntas, lo cual no quita que un creyente maduro también considere hermosas diferentes partes del cuerpo, pero no lo considera lo más importante.
En el capítulo “La sexualidad del soltero cristiano”, vimos las razones por las cuales la mujer tiende a fijarse menos en la parte física del hombre (http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2015/08/72-como-sienten-la-sexualidad-hombres-y.html). ¿O acaso no te has sorprendido nunca el hecho de ver a un hombre físicamente normal con una mujer extremadamente hermosa a su lado? Aunque es evidente que también se sientan atraídas por el físico, quizá a los hombres les sorprenda saber que las mujeres con las ideas claras valoran por encima de todo la personalidad en general (inteligencia, simpatía, empatía, integridad, tacto emocional, etc.). Más atrás en la lista aparece la apariencia externa, que no tiene que ser sinónimo exclusivo de “belleza”, sino que incluye de manera muy importante la manera de vestir y la higiene. Y al final de todo este inventario se encuentra la posición económica, aunque en la adolescencia es muy usual escuchar comentarios como este: “Si es guapo ya me gusta”. Los he oído y supongo que tú también, pero es fruto de la edad, la inmadurez y de los enamoramientos fugaces. No hay otra explicación para aquellas adolescentes que lloran y gritan desaforadas ante sus ídolos musicales. Pasiones que desaparecen con la misma velocidad con la que surgieron.

Conclusión
Quiero creer que no elegirás a una persona exclusivamente por su físico. Eso sería sumamente superficial. Y si alguien te busca a ti por esa razón, corres el serio riesgo de que tarde o temprano te abandone cuando conozca a alguien más guapo que tú.
¿De verdad quieres a tu lado un florero que se limite a sonreír y lucir palmito, sea hombre o mujer? ¿Alguien sin intereses, superficial, apático, sin temas de conversación, que no tenga nada que decir aparte de palabras banales y que sus programas de televisión favoritos sean los de cotilleos y famosos? ¿No sería mejor una pareja que cultiva el carácter, que adquiera valores, que acumula riqueza interior, que se apropia y se mueve por principios bíblicos? La persona que solo se preocupa por cuidar su físico tiene que tomar conciencia de que esa belleza desaparecerá con el tiempo y que ya no le servirá más ante su pareja. Lo que perdurará será su esencia, su ser interior.
Algunos conquistan a esos floreros para sentirse bien consigo mismos o presumir de presa cazada. Aunque es evidente que Dios tenía unos planes mucho más grandes que los que el pagano rey Asuero podía imaginar, me resulta sumamente infantil la actitud del rey al elegir a Ester como esposa tras una especie de concurso de belleza (cf. Ester 2:2-4). Y sí, es posible que terminara amándola no solo por su belleza sino también por su carácter (cf. Ester 2:17), pero en primera instancia la seleccionó exclusivamente por su belleza. Mucha corona en la cabeza pero bien hueca.
De igual manera, tampoco creo que Jacob amara instantáneamente a Raquel únicamente por su belleza física (cf. Gn. 29:17-18). Seguramente se quedó prendado y cautivado ante su hermosura. Pero ya  vimos que ese sentimiento inicial no es amor, sino idealización. A menos que Jacob hubiera carecido de neuronas, sin duda no habría trabajado siete años por una mujer de la cual no le atraía su carácter. Ningún hombre en sus cabales lo haría. Así que, sin duda, fue una promesa arriesgada la que hizo ya que se dejó llevar por su primer impulso. Por todo esto no es aconsejable dejarse dominar por las pasiones físicas ni por lo contemplan los ojos.

* En el siguiente enlace está el índice:
* La comunidad en facebook:
* Prosigue en:
10.7.1. Aprende a expresarle tus pensamientos y sentimientos a tu pareja.



[2] Quiero hacer una distinción con todo mi respeto para los que padecen cierto tipo de problemas: no es lo mismo una persona con 10 ó 15 kilos de sobrepeso porque come sin parar, que aquella que padece una enfermedad, como la obesidad mórbida o el hipotiroidismo (que tiene como efecto secundario el sobrepeso). Los primeros son totalmente responsables de su estado físico (ni siquiera la edad es una excusa), mientras los segundos no lo son, ya que es algo ajeno a su voluntad y necesitan tratamiento médico.

lunes, 27 de agosto de 2018

A medio segundo de ser atropellado y ¿morir?


Dicen que, cuando uno está a punto de morir, toda la vida pasa por delante de sus ojos: el día del décimo cumpleaños, el recuerdo del primer beso (en la mejilla), el primer amor, aquel momento especial con los amigos, las noches de diversión, el instante en que se ganó la competición deportiva, hechos concretos de felicidad con los hijos y la familia, y un largo etcétera.
En mi caso, no vi absolutamente nada y si hubiera visto algo de lo citado me habría quedado sin ese medio segundo para reaccionar, el cual me evitó ser atropellado por un coche completamente lanzado contra mí. Era la madrugada del 10 de agosto, sobre las 3 de la madrugada. Estaba trabajando en el puerto de mi ciudad a unos cincuenta metros del embarque. Un coche rojo deportivo iba a más de 80 km por hora en una recta larga, cuando, sin venir a cuento y justo cuando estaba a mi altura, se dio cuenta de que su barco era otro y cambió de dirección completamente, así que giró y se dirigió de frente justo donde yo estaba, a menos de 4 metros. No me lo podía creer.
En las películas de Hong Kong, el protagonista siempre corre hacia el coche, salta con una pierna sobre el capó y da una voltereta para caer de pie tal cual Bruce Lee sobre el piso como una especie de superhombre. Como no soy experto en artes marciales ni estoy loco, no intenté semejante hazaña: cuando tenía practicamente encima al kamikaze, salté con todas mis fuerzas de forma lateral para esquivarlo, como saltan los gatos al asustarse. Cuando mis piernas tocaron nuevamente el asfalto, mis manos se apoyaron con un golpe brusco sobre el coche del conductor, que frenó casi en seco, lo que muestra que el vehículo quedó a milímetros de mi cuerpo. Medio segundo más y no lo cuento. Me aparté bruscamente mientras él me decía en una mezcla de acento árabe-andaluz: “Tio, tio, que no te he visto. Perdona, ha sido sin querer, no te he visto. ¿Estás bien, estás bien?”, frase que repitió en varias ocasiones y, a pesar de que yo llevaba puesto un chaleco reflectante que se ve a muchos metros de distancia, insistía en no haberme visto. Todavía impactado, solo acerté a decirle: “¡Vaya tela, con lo grande que es el puerto!”, que estaba bien y que siguiera su camino.
Instantes después de la experiencia, los mismos músculos de las piernas que se flexionaron y tensaron para saltar, eran un “flan”, y el susto me duró un par de días. Aunque en ese puesto de trabajo he tenido varios altercados en todos estos años, ninguno tan “terminal” como este. Y, que recuerde, en otras circunstancias y lugares, ha sido la cuarta vez a lo largo de mi vida que la muerte ha estado bien cerca de mi camino.
Si en el título he puesto la palabra “morir” entre signos de interrogación, es porque las consecuencias de lo que podría haber pasado nadie lo sabe, solo Dios. Podría haber fallecido en el acto o haber quedado gravemente herido. O quién sabe, quizá el coche se habría partido por la mitad al chocar contra los poderes kryptonianos que alberga mi cuerpo...

Todo esto me hizo ver –o recordar- de forma muy intensa que nunca sabemos cuándo nuestra mortalidad humana llegará a su fin, y me hizo reflexionar sobre esta cuestión, que ahora quiero compartir contigo, hayas pasado por una experiencia semejante o no.

Nuestra propia mortalidad e inmortalidad
¿En qué estaba yo pensando segundos antes de librarme? En las ganas que tenía que acabara aquella noche dado que el volumen de trabajo era enorme y estaba muy cansado. Aparte de alguna conversación liviana con los compañeros de trabajo, estaba tan exhausto que no me planteaba nada más ni la mente daba para pensamientos profundos, solo el deseo de llegar a casa para dormir y doblar la cama por la mitad. Ahora bien, la muerte es un tema que no me preocupaba en absoluto, puesto que es un tema que resolví hace muchos años, como líneas más adelante explicaré.
Antes de seguir, sé tú quien se pregunte en qué sueles pensar por norma general en otros momentos, y cómo pasas el tiempo y los días. Casi con total seguridad, pensando y haciendo cosas para el hoy y el mañana cercano:

- Con quién saldrás a cenar esta noche.
- Qué próxima películas verás en el cine.
- Qué almorzarás mañana.
- Qué ropa te pondrás para salir.
- Qué te vas a comprar con el dinero que has ganado en el trabajo.
- Qué nuevo libro vas a leer.
- Qué canción escucharás.
- Dónde irás de vacaciones.
- A qué fiesta de cumpleaños irás.
- Qué carrera estudiarás.
- Qué trabajo buscarás.
- Si quieres casarte realmente con tu novio.
- Si te atreverás a expresarle tus sentimientos a la chica que te atrae.

Y una larga lista más que puedes hacer tú mismo. Y es cierto que muchas de estas cuestiones son importantes y necesarias, que todo tiene sin duda su tiempo y su lugar. Hay “tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de endechar, y tiempo de bailar; tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar; tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar; tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar” (Ec. 3:4-7).
Pero, a menos que hayas tenido una experiencia traumática que te cambió por completo, son pocos los que piensan más allá de las cuestiones citadas, y mucho menos en algo como la muerte.

Cuando la muerte está a la puerta no suele llamar
Seguro que:

- Has visto en la televisión el derrumbe del puente en Génova donde han muerto varias decenas de personas.
- Has visto en estos días el primer aniversario de los atentados en las Ramblas de Barcelona en el cual fallecieron 16 personas.
- Viste en su momento los fatídicos accidentes de famosos deportistas o actores como Paul Walker (Cuando cae el telón de esta vida: http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2013/12/cuando-cae-el-telon-de-esta-vida.html), Ángel Nieto, Drazen Petrovic o Fernando Martín, entre otros muchos.
- Te quedaste con la boca abierta con las imágenes del Tsunami de Japón en 2011 con casi veinte mil defunciones y el terromoto de Haití de 2010 con más de trescientos mil. 
- Te conmueves cada verano cuando ves en los noticieros a niños ahogados en la piscina o en la playa.
- Se te ha puesto la piel de gallina en estos años con los atentados de las Torres Gemelas, los de Londres, el 11M en Madrid, en diversos lugares de París, y otros muchos más, con miles de víctimas en total.
- Te estremeciste con los incendios del verano de 2017 en Portugal, cuyas imágenes parecían sacadas de una producción de Hollywood, y que acabaron con la vida de cientos de personas.

Y como estos, miles de sucesos que llenan las páginas de las crónicas periodísticas de forma diaria, junto a historias cotidianas que no salen en la prensa pero que nosotros y nuestros familiares cercanos sufren directamente.

A la hora inesperada
Cuando escuchamos estos casos o de algún conocido que muere de forma inesperada (sea por una enfermedad, un accidente o de forma repentina), las expresiones que suelen salir de nuestra boca se repiten una y otra vez:

- ¡Qué mala suerte!
- ¡Eran tan joven!
- ¡Tenía toda la vida por delante!
- No lo entiendo, era mayor pero estaba perfecta de salud. Anoche mismo estuve hablando con ella animadamente hasta la noche.
- ¡Qué desgracia, él acababa de ser padre y de ser ascendido en el trabajo!
- Dios, ¿por qué? ¡Ella estaba embarazada!
-  ¡Toda la vida trabajando y ahora se jubila y muere a las dos semanas! ¡No ha podido disfrutar de nada!
- ¡Si hubieran descubierto su enfermedad un poco antes estaría vivo!
- ¡No puede ser, terminó su carrera universitaria hace un mes!
- ¡Ahora que se le veía tan feliz!
- ¡A meses de casarse con su novia de toda la vida, y pasa esto!

Y así, decenas de frases más en la que solemos expresar nuestra sorpresa, como si la muerte tuviera edad y esperase al día en que nosotros queramos morir.
El mismo texto que cité líneas atrás de forma incompleta dice también que “todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Tiempo de nacer, y tiempo de morir(Ec. 3:1-2). Todos nos preparamos para vivir pero muy pocos se preparan para morir. Algunos porque piensan que es el fin de la existencia y otros muchos porque creen que es un acontecimiento muy lejano, que todavía no les toca. Sin embargo, ¿qué tenían en común todos los fallecidos que he mencionado en la lista? Que ninguno de ellos pensó cuando se levantó aquella mañana que la muerta les iba a abrir la puerta de golpe y sin avisar. Y a nosotros nos pasará lo mismo, sea mañana o dentro de cincuenta años o más.

Mi propia maldad
La cuestión es estar preparado porque no es el fin de todo, sino el comienzo de todo, el paso de un estado a otro, de un lugar a otro. La teología cristiana llama a esos dos destinos “cielo” e “infierno”. Muchos piensan que ir a un sitio u otro depende de “ser mejor”, “ser peor”, “ser más bueno” o “ser más malo”. Todo un error. Si así fuera, nadie iría a la presencia de Dios con todos los errores que cometemos a lo largo de nuestra vida. Algunos, después de todos estos años de cristiano, en su ignorancia siguen creyendo de que mi convencimiento de que voy a ir al cielo, a esa vida eterna prometida por el que resucitó de entre los muertos, es porque me considero bueno. Y eso está muy lejos de la verdad. Yo no soy mejor que nadie, y ni siquiera “bueno”. Soy plenamente consciente de ello.
Mis propios familiares, amigos y compañeros de trabajo saben que soy todo lo contrario a perfecto, que estoy a millones de años luz de dicha perfección. Aunque muchos de ellos me aprecien, me valoren, me quieran o me digan con cariño “¡qué buena gente eres!” (aunque habrá otros que pensarán de mí “¡qué mala gente es!” o irritable o falso, o qué sé yo), sé cuando me dejo llevar por el enojo; sé cuando me enciendo en ira; sé cuando critico con mala fe; sé cuando hablo de más; sé cuando sobran algunas de mis palabras. Y así con un millón de detalles, faltas y pecados.
Citando un solo ejemplo reciente, en la tarde de más trabajo de todo el verano: estaba bien de ánimo, me encontraba muy tranquilo y tratando con sosiego y amabilidad a los clientes. Internamente me sentía “muy santo”. Apenas un par de horas después, y ante una situación incontrolable y que ya se salía de madre, el que escribe estas líneas, hastiado –después de varios años sin sucederme-, entró en combustión espontánea y tocó a arrebato ante más de diez coches: con ostensibles gestos corporales, levanté la voz a niveles atronadores, una mezcla de bomba atómica y Drácula, con la intención de que los conductores obedecieran las indicaciones. Por unos segundos, el silencio más absoluto se hizo a mi alrededor, no sé si por temor, respeto o sorpresa de los presentes. Supongo que más de uno pensaría que me había vuelto loco, o quizá empatizó conmigo y consideró normal mi reacción. Así que, en mi caso, de “bueno” en términos absolutos, nada. Jesús mismo dijo que “bueno” solo es Dios (cf. Mr. 10:18).
Por eso son tan reales las palabras que Pablo dijo sobre su propia persona: Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. [...] Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí” (Ro. 7:19, 21). Y, si eres sincero, seguro que tú también lo sabes de ti mismo. Todos tenemos un lado oscuro, lo manifestemos más o menos ante los demás. 

¿En paz?
La muerte no consiste en lo que el folclore y el cine nos suele hacer creer: dejar todos los asuntos resueltos, haber hecho las paces con todo el mundo, haber hecho testamento o decirle a los seres queridos en el lecho de muerte cuánto los queremos. La clave, la única clave, es haber hecho las paces con Dios. ¿Cómo? Puesto que mi intención con este escrito era llamarte la atención sobre ese acontecimiento que nos puede sobrevenir en cualquier momento, el qué y el cómo te lo dejo expuesto aquí: No soy religioso, ni católico, ni protestante; simplemente cristiano (http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2013/09/no-soy-religioso-ni-catolico-ni.html). Leelo atentamente porque es muy fácil de entender. Ahí se verá si tu interés es genuino y si has reflexionado lo suficiente.
Solo decirte para terminar que no lo dejes para cuando acabes los estudios, o logres el trabajo soñado, o tengas el noviazgo/matrimonio/hijos/dinero/casa/coche/reconocimiento deseado. Aunque todos desean morir de ancianitos, durmiendo, sin enterarse y en plena posesión de sus facultades mentales, nunca se sabe el día ni la hora. Un coche que se cruza, una enfermedad inesperada o un accidente casero. Quién sabe. Puede que esta noche o mañana vengan a pedirte tu alma (cf. Lc. 12:20).
¿No es mejor vivir al día pero con el futuro resuelto y asegurado? ¿Qué mejor inversión puedes hacer ahora en el presente que un seguro eterno para el futuro? ¿No es mejor vivir en paz sabiendo que, pase lo que pase y cuándo pase, tienes garantizada una eternidad plena y radiante de felicidad en un lugar donde “ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor”? (Ap. 21:4).

p.d: Te lo vuelvo a recordar: No soy religioso, ni católico, ni protestante; simplemente cristiano (http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2013/09/no-soy-religioso-ni-catolico-ni.html).

lunes, 13 de agosto de 2018

10.6.5. El miedo a los padres de tu pareja: esos seres llamados “suegros”

(la cara de él lo dice todo: trágame tierra)

Venimos de aquí: El conocimiento mutuo: ¿El noviazgo es el fin del tiempo para uno mismo y de los amigos? https://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2018/05/1064-el-noviazgo-es-el-fin-del-tiempo.html

Posiblemente, una de las cuestiones más complejas en toda relación de pareja es la que concierne a las respectivas familias. El resultado de este tipo de relación repercutirá para bien o para mal en el noviazgo (y posteriormente en el matrimonio), ya que puede ser tanto de bien como de piedra de tropiezo. Recordemos que Jetro, el suegro de Moisés, fue de bendición para su yerno al aconsejarle sabiamente en los caminos de Dios (cf. Éx. 18:13-27). Pero, de igual manera, Jesús nos señaló que podría darse el caso opuesto: por causa de Él, habría división dentro de la misma familia, incluyendo a la familia política (cf. Lc. 12:49-53).

Diversas opciones
Las opciones son tan variadas que no es fácil en primera instancia establecer ciertas pautas concretas de comportamiento, pero podemos llegar a ellas analizando la situación. Veamos las muchas variantes que se pueden dar:

1. Que tus suegros sean creyentes y disfruten de una buena conversación sobre todo tipo de temas bíblicos.
2. Que sean creyentes pero muy cerrados en su forma de entender la Palabra de Dios. En este caso, puede que: 

- Te concedan libertad y no entren en disputas.
- O, por el contrario, traten de hacerte ver una y otra vez lo equivocado que estás en asuntos doctrinales secundarios.

3. Que sean inconversos y que la sola mención de Dios les altere el ánimo.
4. Que pertenezcan a otra religión y disientan continuamente del cristianismo, siendo la tensión palpable.
5. Puede que te acojan con los brazos abiertos, te traten como a un hijo, se alegren verdaderamente de que estés con su hij@ y que seas parte de la vida de ellos.
6. Que sean cariñosos contigo o, en su opuesto, te critiquen en todo.
7. Puede que sean posesivos y se entrometan en cada decisión que toméis, o que os concedan total libertad en vuestros asuntos personales.
8. Puede ser que no estén de acuerdo con la relación que mantienes con su hij@ pero que..:

- No te lo hagan saber sino que lo disimulen.
- Te lo hagan saber abiertamente, sea por sus palabras (como señalando lo que no les gusta de tu persona o comparándote con antiguas parejas), o por sus actos (como mostrarse indiferentes ante ti).
- No deseen que entre una persona nueva en casa.
- Un hermano o hermana trate de torpedear la relación. Por ejemplo, tratándote con desdén o usando siempre el sarcasmo a la hora de hablar contigo.

9. Puede que tu pareja (o tú mismo)..:

- No se lleve bien con sus propios padres y tenga heridas emocionales del pasado.
- O que su relación sea bastante fluida y llena de afecto mutuo.

Fuentes de información
Para saber qué imagen se ajusta más a la realidad es necesario que los conozcas bien, y ellos a ti. Para que esto sea posible, las dos fuentes principales de información serán:

- Tu pareja: Ella te pondrá al día de toda la historia familiar y de cada uno de los miembros, junto a todas las vivencias del pasado (tanto positivas como negativas), y te describirá su relación presente con sus propios padres y sus hermanos (si los tuviera): si es fluida o existen tiranteces, si habla o guarda silencio en su presencia, si es dependiente o independiente de ellos, si les pide opiniones o consejos, si abre su corazón o no delante de sus padres y qué piensa de ellos, etc. Tú tendrás que hacer lo mismo respecto a tu propia familia.

- La observación y tu propia experiencia: Puesto que no siempre somos totalmente objetivos y la opinión que te ofrezca tu pareja puede diferir en matices, conocerlos de primera mano será una parte importante para establecer un principio de relación con ellos, independientemente de la opinión de tu pareja. Ahora bien, escucha siempre lo que ella te diga y no te precipites en hacer juicios de valor, ni en un sentido ni en otro.

Al igual que vimos respecto a las amistades, ver cómo interactúa con sus familiares será otra manera más de conocer a tu pareja y de entender el porqué responde ante ciertas situaciones de una manera determinada. Cuando veas que se comporta de una forma concreta que no comprendes, pregúntale con naturalidad y sin enjuiciar. Para eso eres su pareja. Si habla bien de ellos o, por lo contrario, su opinión es negativa, escucha sus razones. Más que nunca la comunicación será imprescindible. Todo ello será una oportunidad magnifica para entrar en el mundo emocional de tu novi@ y en su vida en general. Por ejemplo, el hecho de que alguien se encierre emocionalmente delante de sus familiares siempre está motivado por alguna razón, pero eso no significa que contigo actúe de la misma manera.

Influencias: No sois esclavos del pasado
Michael Smalley, en su libro “Vestidos para las citas amorosas”, dice: “Recuerda: probablemente te va a tratar de la misma manera en que su padre trata a su madre. No importa lo mucho que pretendamos lo contrario, los padres son modelos”. Sí, es cierto que los padres son modelos y que de ellos aprenden los hijos, pero no estoy de acuerdo con el concepto global de la afirmación. Aunque los padres puedan ser modelos, eso no significa que todo el mundo siga su forma de actuar, ni siquiera que lo hagan de manera parecida. Como expliqué en la misma introducción, uno de los métodos por los cuales aprendemos es por “contraste”, en el cual observamos los errores ajenos para no cometerlos y actuar de forma opuesta. Conozco hermanos que uno de sus progenitores fueron:

- Drogadictos.
- Ludópatas.
- Alcohólicos.
- Emocionalmente distantes.

Sin embargo, ninguno de sus hijos se les asemeja. Es más, son polos opuestos: sanos y encantadores. La sociología que encasilla y cree que el destino de una persona está sujeto al modelo de padres que ha tenido resulta bastante pobre ante los ojos de Dios, puesto que deja de lado la obra en sus hijos a través de Cristo. Todos los seres humanos estamos influenciados por “mil” factores (el ambiente familiar, social, político, amistades, etc.) que conforman parte de nuestro carácter, pero el Señor nos libertó de cualquier pasado que nos atara para creer un nuevo presente. Dios ha puesto en nosotros la capacidad de decidir qué pasos dar en la vida en lo que concierne a las relaciones personales y en todo lo demás, por lo que no estamos determinados por lo que aprendimos en el pasado.
Ciertamente puede darse el caso opuesto en una persona: que esté muy influenciado por la educación que ha recibido de sus padres, por las experiencias que ha vivido y por el tipo de relación que mantiene con ellos. Un individuo muy dependiente,  que siempre trate de agradarlos o les pida consejos para cada decisión en la vida, puede provocar continuos conflictos en la pareja ya que será alguien inseguro o inmaduro, y puede que una vez casados siga anteponiendo las opiniones de sus padres a las de su cónyuge.
Si ha sido siempre sumiso y no posee capacidad de iniciativa propia, puede que solo sepa tener una relación subyugada, ya que no sabe comportarse de otra manera. Alguien que resulta muy susceptible cuando recibe una crítica (aun siendo constructiva) puede estar motivado a que siempre ha sido muy criticado por sus progenitores. En otros casos, el miedo irracional a cometer un error ante su pareja puede estar causado a que era humillado y avergonzado por sus padres.
Por todo esto, es necesario conocer esta parte tan importante de la vida de tu pareja antes del matrimonio. Así la entenderás mejor. Son detalles fundamentales. También tienes que ser consciente de que puede que delante de ti y de su círculo más cercano saque a relucir lo mejor de su persona. Esto no significa que debas pasar por alto malas actitudes que puedas observar ante sus familiares, ya que un comportamiento bipolar y extremo puede ser indicativo de problemas más profundos y, en el peor de los casos, de una manifiesta hipocresía.

El trato personal con tus suegros
Es evidente que el trato personal con los suegros dependerá de cómo sean y a qué grupo pertenezcan de los que hemos visto. Ahora bien, hay principios generales que sirven para todos los casos:

- Conocerlos personalmente: Muchos malentendidos pueden venir motivados por lo que tú crees de ellos y ellos creen de ti. Así que debes dar un paso al frente para conocerlos realmente. Puede que os sorprendáis gratamente o puede que no, pero para ello es necesario sentarte con ellos (con los dos a la vez o por separado) y hablar con educación: preguntarles por sus vidas, por lo que piensan en distintas asuntos, sus creencias, sus aficiones, lo que les atrae, etc. Busca puntos en común y aspectos que te agraden. No seas demasiado invasivo hasta pasado un tiempo y puedas comprobar que se puede establecer un clima de confianza. Es normal que te sientas un tanto tenso al querer causar una buena impresión, pero es la mejor manera de conocer el verdadero corazón de un ser humano.

- El respeto: Trata de establecer una comunicación basada en el respeto. El hecho de que no estés de acuerdo con sus pensamientos o su forma de actuar no significa que debas estar en guerra con ellos y saltar al mínimo desacuerdo. Se puede convivir teniendo opiniones diferentes. Tu único deber, y la parte que te corresponde, es estar en paz en la medida de lo posible (cf. Ro. 12:18). Al igual que se debe honrar a los padres (cf. Éx. 20:12), también hay que honrar a los de tu pareja. Eso significa tenerlos en consideración y en estima, mostrándonos íntegros, sea cual sea su actitud hacia nosotros.

- Escucharlos con atención. Incluso si no les parece bien que su hijo y tú estéis juntos, escucha sus argumentos sin interrumpirlos. Cuando hayan terminado de hablar, exponles de forma clara tu manera de pensar al respecto. Escucha también la opinión de tus propios familiares, amigos y hermanos en Cristo respecto a tu pareja. Quizás ellos vean algo que a ti se te escapa, tanto positivo como negativo. Eso sí, no te cases porque ellos te digan que es alguien maravilloso, sino porque tú lo decides. La Escritura dice: “Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no desprecies la dirección de tu madre” (Pr. 1:8), pero esto no significa que todas las opiniones de tus padres sean igualmente válidas y llenas de sabiduría.

- Los consejos: Puede que estén acostumbrados a dar consejos. Presta atención a lo que dicen ya que quizá resulte de bendición como las palabras de Jetro a Moisés y saques algo bueno. Examínalo todo y retén lo bueno (cf. 1 Ts. 5:21).

- Establece límites saludables: El hecho de que los escuches no significa que tengas que darles permiso para acceder a todos los aspectos de tu vida privada ni que tendrás que hacer caso a todos los consejos que te proporcionen. Si accedes a ello, aunque no estés de acuerdo, te sentirás manipulado. Tú mismo deberás marcar esos límites.

Si hay algo de tu familia política que te desagrada o lo ves como un problema manifiesto para la relación (por ejemplo, la forma en que tu cuñado te trata al pretender dejarte en evidencia siempre que puede), háblalo a la menor oportunidad con tu pareja, antes que te sientas resentido. Puesto que los conflictos graves que pueden surgir son innumerables (suegros muy problemáticos, intransigentes, groseros, etc.) y que llevarían todo un libro para describirlos, pedid consejo como pareja ante hermanos maduros en el Señor que hayan podido pasar por situaciones semejantes.

Ayuda a tu pareja ante tus padres
Ya hemos visto cómo debe actuar el novio o la novia delante de sus suegros. Ahora tratemos otro asunto importante, la parte complementaria: cómo ayudar a tu pareja cuando esté delante de tus padres.
En primer lugar, tendrás que ser hospitalario. Esto no se limita a invitarlo a comer a casa de tus  padres, sino que, una vez allí, él/ella será la máxima prioridad para ti; al menos en las primeras etapas, hasta que se establezca una normalidad y cercanía en el trato con ellos. Eso llevará tiempo. Es una manera más de mostrarse servicial (que no esclavo). A menos que te lo pida personalmente, porque desee hablar con tus padres o con alguien de tu familia, no dejes a tu pareja a solas para dedicarte a tus propias actividades en esas visitas, como ver la televisión, navegar por Internet o hablar largamente por teléfono. Si lo haces, le estarás dando a entender que no te importa cómo se siente en una situación que le resulta sumamente incómoda, al saber que todos los ojos están puestos sobre él. Creerá que eres dos personas: una, la que habla con él cuando estáis en la calle, y dos, la que lo ignora cuando está con otras personas y que vive ensimismada.
Si lo dejas a solas intencionadamente para ver cómo se desenvuelve con tus padres, posiblemente él percibirá que lo estás poniendo a prueba y se sentirá enojado hacia ti. Todo ello hará que desconfíe de tu persona. Incluso considerará un desprecio el hecho de que no te sientes a comer a su lado, aun bajo el argumento de que tú siempre te sientas al lado de tu hermano o de tu padre. Tienes que aprender a calibrar los tiempos y las situaciones. También procura hablar de temas que le interesen para que pueda ser partícipe de la conversación, en lugar de excluirlo o quedarte callado. En definitiva, es tu obligación procurar que se sienta lo más cómodo posible, dentro de una escena que es tensa al principio. Recuerda: sé un buen anfitrión.
En segundo lugar: tendréis que negociar cuánto tiempo pasaréis con vuestras respectivas familias. Puede que, debido a que uno sea muy familiar y el otro no tanto, el primero pase mucho tiempo con ellos y el segundo todo lo contrario. A menos que él lo desee y que sea muy extrovertido, lo más conveniente en las primeras ocasiones es que las visitas no sean muy largas. Uno de los mayores errores que se cometen es preparar una actividad en la que participen los padres sin consultarlo previamente con el compañero, desde salir a tomar un café hasta realizar cualquier actividad recreativa, creyendo que así la integración será más rápida. Puede que lo que a ti te entusiasma y que te gusta, a él no le haga ni pizca de gracia. Las costumbres y tradiciones que para ti son agradables no tienen que serlo obligatoriamente para él. Debes hacerle partícipe en ese tipo de iniciativas: pregúntale y concédele la libertad de rechazar la idea o elegir otra alternativa. Si no lo haces, puede que guarde silencio para no incomodarte o no hacerte sentir mal, cuando quizá, en realidad, lo que él quería es que fuerais todos juntos a cenar como familia o simplemente ir a la playa a solas contigo.  

Confidencias 
Para terminar un asunto que considero fundamental: las historias personales que te cuente tu pareja en privado deben de quedar entre vosotros, y más si te ha pedido expresamente que algún tema en concreto no sea dado a conocer. Él está depositando su confianza y buena parte de su corazón en ti, y si no respetas esa ley no escrita de privacidad, estarás traicionándole. Al igual que tú no querrías que tus secretos más íntimos sean conocidos por tus suegros de boca de tu pareja, tampoco le gustará a tu novio que reveles a tu propia familia sus asuntos personales, a menos que él te conceda permiso. Vigila lo que hablas, tanto si está presente como si no. Evidentemente, hay asuntos que son de dominio público: a qué se dedica (si estudia, si trabaja o no, etc.), a qué dedica su tiempo, cuáles son sus aficiones, etc., pero hay otras cuestiones que no tienen que serlo. Esto no significa que estés ocultando información a tus padres, sino que es tu pareja quien debe darse a conocer y ser él quien decida qué parte de su intimidad revela y ante quién lo hace. Puede que quiera hacer partícipe de su mundo a tus padres pero no compartir con ellos el mismo grado de intensidad con otros miembros de la familia.
Es usual –pero erróneo- que los problemas personales que se transmiten en confianza a la pareja suelan ser conocidos por medio planeta. Desde la abuela que se entera de todo (y nadie sabe cómo), hasta la vecina cotilla del bloque que hace esquina con nuestra casa. Y todo se agranda cuando la familia al completo interviene siempre que hay conflictos, ofreciendo sus opiniones y comentarios, posicionándose a favor de uno de los dos bandos, lo que logra el maravilloso efecto de complicar más la situación. Cuando alguien no es discreto, y ante cualquier mínimo problema de pareja sale corriendo a contárselo a otras personas, no es digno de fiar.
La Biblia nos da la solución perfecta: Trata tu causa con tu compañero, y no descubras el secreto a otro, no sea que te deshonre el que lo oyere, y tu infamia no pueda repararse” (Pr. 25:9-10). Por lo tanto, guarda la confidencialidad e intimidad, y soluciona los problemas en privado, a menos que se te conceda el permiso para darlo a conocer a otros para buscar soluciones alternativas.

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10.6.6. El conocimiento mutuo: En una relación sentimental, ¿son importantes la diferencia de edad y la atracción física?
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