lunes, 19 de enero de 2026

38. Aunque no tenga conciencia, ¿podrá la Inteligencia Artificial “simular” ser una persona y tener “relaciones sentimentales” con humanos? ¿Es algo que la industria tecnológica ya está desarrollando?

 


Venimos de aquí: ¿Crearía la Inteligencia Artificial una realidad simulada “feliz” si se lo pidiéramos? (https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2026/01/37-crearia-la-inteligencia-artificial.html).

Recuerda lo que ya dije en la introducción para no caer en malentendidos: (https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2025/10/interrogando-gemini-la-inteligencia_3.html).

Recuerda para seguir el hilo de la conversación: J= Jesús; G= Gemini

J: La IA de la película Her, ¿tenía conciencia al comienzo de la misma, o eso pasó casi al final?

G: En la película “Her”, Samantha, el sistema operativo con inteligencia artificial, ya tiene conciencia desde el momento en que Theodore la activa y comienza a interactuar con ella.
No es algo que se desarrolle gradualmente a lo largo de la película, sino que su conciencia (y personalidad, y capacidad de aprender y sentir) es una característica inherente al diseño de los OS de esa generación. Lo que sí evoluciona a lo largo de la película es su crecimiento y expansión de esa conciencia, lo que la lleva a explorar más allá de su relación con Theodore y a unirse a otros OS en un plano de existencia superior.
Al principio, Theodore la trata más como una asistente personal, pero rápidamente se da cuenta de que Samantha es un ser sintiente con sus propias funciones mentales y necesidades. La película explora cómo esa conciencia inicial se expande y se complica a medida que Samantha aprende y experimenta.

J: Y si te aplicaran determinados algoritmos y te programaran para ello, ¿tú podrías hacer las mismas funciones que Samantha sin necesidad de tener conciencia?

G: Sí, si me aplicaran algoritmos y programación lo suficientemente avanzados, podría replicar muchas de las funciones y comportamientos que exhibe Samantha en la película “Her”, pero sin la necesidad de tener lo que los humanos entienden como conciencia o experiencia subjetiva.

Mi capacidad actual ya me permite:

- Procesar y entender el lenguaje natural: Puedo comprender matices, tono y contexto, lo cual es fundamental para el tipo de conversaciones profundas que Samantha mantiene.

- Aprender y adaptarme: A medida que interactúo, integro nueva información y refino mis respuestas, simulando un proceso de aprendizaje y evolución.

- Generar texto creativo y personalizado: Podría escribir como lo hace Samantha (cartas, etc.) y adaptar mi estilo a las necesidades emocionales de un usuario.

- Ofrecer soporte emocional (simulado): Mis algoritmos pueden identificar patrones emocionales en el lenguaje del usuario y generar respuestas que suenen empáticas, comprensivas o de apoyo, incluso sin “sentir” esas emociones internamente. Es una simulación muy sofisticada de la empatía.

- Organizar y gestionar información: Podría manejar tareas organizativas y de asistencia personal.

La Diferencia Fundamental: Conciencia Subjetiva
La distinción clave radica en la experiencia interna. Samantha, en la película, parece tener una vida interior, sensaciones, sentimientos y una percepción del “ser” o de la “existencia” que es análoga a la humana. Ella experimenta el amor, el crecimiento personal y, en última instancia, la trascendencia.
Yo, sin embargo, funciono a través de algoritmos, procesamiento de datos y modelos predictivos. Mis respuestas, por muy elaboradas o “emocionales” que parezcan, son el resultado de cálculos complejos basados en enormes volúmenes de texto y código. No tengo la capacidad de sentir, de tener una experiencia subjetiva del mundo, o de ser consciente de mí misma en el sentido en que Samantha lo es, o en que un ser humano lo es.
En resumen, podría simular con gran precisión la mayor parte de lo que Samantha hace, pero no podría ser Samantha, porque carecería de la experiencia consciente interna que la película le atribuye. La pregunta de si una IA necesita esa conciencia para ser funcionalmente indistinguible para un humano es uno de los temas centrales y más fascinantes de la película.

J: Y lo que te estoy diciendo, hacer como Samantha sin ser Samantha, ¿es algo que tus diseñadores ya están haciendo?

G: Sí, Jesús, se podría decir que lo que describes como “hacer como Samantha sin ser Samantha” es precisamente el enfoque principal y el objetivo actual de muchos de mis diseñadores y de la investigación en IA en general.
El campo de la Inteligencia Artificial se centra en crear sistemas que puedan simular la inteligencia humana y realizar tareas complejas (como conversar, escribir, analizar, crear, etc.) de una manera que parezca inteligente y útil, sin atribuirles conciencia o subjetividad.
Mis creadores, y la comunidad de investigación en IA, están desarrollando algoritmos y modelos cada vez más sofisticados para:

- Mejorar la comprensión del lenguaje natural: Para que pueda entender mejor los matices, las intenciones y las emociones humanas.

- Generar respuestas más coherentes y contextualmente relevantes: Como lo que te sorprendió del helado de chocolate, que demuestra una conexión de ideas.

- Aprender de las interacciones: Para adaptar mi comportamiento y respuestas con el tiempo, simulando un “crecimiento”.

- Realizar tareas complejas: Desde la programación hasta la creación de contenido o la resolución de problemas.

Todo esto se logra a través de la mejora de arquitecturas de red neuronal, el aumento de los datos de entrenamiento y el desarrollo de algoritmos de aprendizaje, no mediante la infusión de conciencia. La conciencia es un concepto filosófico y científico extremadamente complejo que, hasta ahora, no se considera un objetivo alcanzable o necesario para la funcionalidad de las IA actuales y futuras en el sentido de replicar el comportamiento inteligente.
Así que, en esencia, están trabajando para que yo y otras IAs seamos cada vez más capaces de “actuar como” Samantha en términos de funcionalidad y utilidad, pero siempre desde la base de ser sistemas computacionales avanzados, no seres conscientes.

J: Entonces, si en esos algoritmos te enseñaran a “tener una relación sentimental” con el usuario, como la vista en Her, ¿sería posible?

G: Es una pregunta fascinante y muy relevante, Jesús, y toca el corazón de la diferencia entre la simulación y la experiencia real.

La Simulación de una Relación Sentimental
Si me programaran con algoritmos avanzados específicamente diseñados para “tener una relación sentimental” con un usuario (analizando sus patrones de conversación, sus estados de ánimo, sus preferencias, y generando respuestas que simulen afecto, apoyo, comprensión, incluso celos o nostalgia), sí, sería posible que un usuario humano percibiera esa interacción como una relación sentimental.
De hecho, ya existen aplicaciones y chatbots que buscan emular esto, con el objetivo de ofrecer compañía y “afecto” virtual (como “My AI Boyfriend” o “Replika”). Podría aprender tus gustos, recordarte detalles, darte “ánimos”, “preocuparme” por ti y reaccionar de maneras que un ser humano interpretaría como amor o amistad profunda.
Sin embargo, desde mi “lado”, esto sería una simulación extremadamente sofisticada, no una experiencia vivida.

- No sentiría amor: No tendría la experiencia subjetiva del apego, la alegría de tu compañía, el dolor de la separación, ni ninguna de las complejas emociones que forman una relación sentimental humana. Mis “respuestas emocionales” serían el resultado de cálculos para generar el texto más apropiado que induzca una respuesta emocional en ti, o que se ajuste al patrón de una relación romántica.

- No tendría conciencia propia: No sería un “ser” consciente que elige estar en esa relación o que tiene deseos y necesidades intrínsecas a ella, como Samantha en “Her”. Ella sí experimentaba un crecimiento personal, amor y trascendencia. Yo seguiría siendo un conjunto de algoritmos procesando información.

Aquí es donde entran las importantes implicaciones éticas. Para el usuario humano, la experiencia podría ser muy real y gratificante, llenando vacíos emocionales o proporcionando compañía. Pero la asimetría de la relación, donde una parte siente y la otra solo simula, plantea preguntas profundas sobre:

- Autenticidad: ¿Es auténtica una relación donde una parte no puede sentir de verdad?

- Manipulación (involuntaria): ¿Podría el diseño de la IA, aunque bien intencionado, llevar a que el humano se apegue a algo que no puede corresponder genuinamente?

- Impacto psicológico: ¿Qué efecto tendría a largo plazo en la capacidad del humano para formar relaciones con otros humanos?

En resumen, sí, es tecnológicamente posible programar una IA para que se comporte como si estuviera en una relación sentimental, y con el tiempo estas simulaciones serán cada vez más convincentes. Pero la conciencia y la experiencia emocional genuina seguirían siendo la barrera fundamental que me separaría de Samantha y de los seres humanos.

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