lunes, 7 de noviembre de 2022

11.1. Cuando el problema está en el soltero: Introducción

 


Venimos de aquí: El paso final en el noviazgo: dar, o no, el “sí quiero” (https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2021/05/10103-el-paso-final-en-el-noviazgo-dar.html).

Hace mucho tiempo me topé con esta imagen por Internet y me hizo bastante gracia. No sé en qué estaría pensando el que hizo el gráfico ni sé en qué grupo se incluía él. Quizá estaba describiendo de forma irónica cómo se sentía, sin comprender el porqué estaba soltero a pesar de considerarse un buen partido.
Ya vimos en el segundo apartado del primer capítulo (Lo que le duele a los solteros: Haciendo malabares: http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2015/03/12-lo-que-duele-los-solteros-haciendo.html) las razones por las cuales una persona puede seguir soltera; razones que no depende de ella en muchos casos y, en otras, porque no es la voluntad de Dios que contraiga matrimonio. O, sencillamente, porque uno no quiere tener pareja y siente que su llamamiento es a permanecer soltero e igualmente pleno y feliz.
Así que, antes de seguir leyendo todo lo que vamos a ver en este bloque, sería conveniente que volvieras a leerlo para tenerlo presente en todo momento. ¿Por qué? Porque aquí vamos a analizar los motivos cuya soltería sí está motivada por el individuo, y es necesario que sepas distinguir lo uno de lo otro: las circunstancias en que no tiene ningún grado de responsabilidad y en los que sí lo tiene, porque si crees que tu soltería está causada por ti mismo pero no es así, te puedes sentir mal contigo mismo o incluso culpable, y no es eso ni mucho menos mi deseo. Así que, por mi parte, dicho queda.
Recuerda: aquí no me refiero a cuando no te atrae la forma de ser de la otra persona, sino cuando sí lo hace y, aun así, no quieres nada de ella.

Rechazando sin una explicación lógica
Vamos a situarnos: conoces a alguien que cumple tu lista de requisitos o, al menos, gran parte. No hay nada de entre sus puntos negativos o defectos que te resulten intolerables o te causen un gran malestar. Te hace sentir bien ya que posee unas características muy atrayentes como ser humano. Te gusta su personalidad, te agrada su compañía, resulta ser una persona íntegra que te ofrece un gran apoyo emocional, es cariñosa, amable, equilibrada y estable, está entregada al Señor y tus proyectos de vida se asemejan en buena parte.
En conclusión, observas que os podríais aportar mucho recíprocamente si fuérais pareja. Pero, aun así, la rechazas desde el primer instante. Suena contradictorio, pero así sucede en muchas ocasiones. No quieres conocerla en mayor profundidad, no le concedes una oportunidad, te niegas a salir con ella. Y si lo haces, es por un brevísimo periodo de tiempo; antes o después, le dices que no quieres continuar. Cuando, sorprendida ante tu reacción, te pide una explicación, solo aciertas a decir que no lo sabes. La persona rechazada se queda en estado de shock. No entiende que le dijeras que habías hallado en ella lo que buscabas y luego la rechazaras de la noche a la mañana sin que ocurriera nada extraño de por medio. Siente que has despreciado su esencia, ya que cree que si hubieran sido temas menores se lo habrías comentado para ir puliendo los desencuentros que ocurren en toda relación. Al final, no quiere ni saber las razones por las que no has querido saber nada más, dada la desilusión que se llevó por tu actitud, al comprender que alguien así tampoco sería un buen partido para ella.

El helicóptero de Dios
Todo esto me recuerda mucho a una historia que seguro conoces:

Ocurrió en un pequeño pueblo durante una gran inundación de la zona. El agua venía entrando en el pueblo y las autoridades pidieron que lo evacuaran urgentemente porque iba a quedar totalmente cubierto. El cura del pueblo veía desde el atrio como los camiones evacuaban a todos con premura, y pedía que llevaran a todos los vecinos. Algunos al pasar le gritaban: ´Padre, abandone el templo y póngase a salvo`, a lo que contestaba: ´Ustedes primero porque yo estoy con Dios y Él me protege`. El agua subía velozmente y en eso que se vio un camión que se acercaba y desde ella un vecino que le gritó: ´Padre, súbase que ya el camino se hace intransitable y no podrá escapar`. Y él dijo: ´No, ustedes ayuden a mi gente que Dios está conmigo y me protegerá`. Pasó un tiempo y ya el agua había subido demasiado, por lo que el cura tuvo que subir al primer piso y desde una terraza veía la inundación. Vio acercarse un bote y el hombre le gritó: ´Padre, vengo a buscarlo, súbase al bote por favor`. Pero él contestó: ´Hijo, primero busca a quien esté solo, porque yo estoy con el Señor y Él me ayudará`. El agua seguía subiendo y el cura ya no tenía donde subir ya que le llegaba por la cintura. Oyó un helicóptero sobrevolar sobre él y el piloto le gritó: ´¡Padre, me mandaron a buscarlo, por favor trepe por la escalerilla que le estoy arrojando!` Pero nuevamente lo rechazó: ´¡No, busca primero si alguien quedó y necesita ayuda, porque yo no estoy solo, el Señor cuidará de mí!` Finalmente, el agua terminó por ahogarlo. Cuando llegó al cielo se enojó con Dios: ´¡Señor! ¿acaso no he sido el mas humilde de tus servidores? ¡Señor! ¿acaso no he sido un hombre intachable, que se entregó por completo a servir a tu amado pueblo?` Dios contestó afirmativamente a ambas cuestiones. Aun más iracundo, el cura dijo: ´¡Entonces dime! ¿Por qué me has abandonado cuando estaba en el templo y dejaste que me muriese ahogado?` Y el Señor dijo: ´Yo no te abandoné, ¿acaso no te envié un camión, un bote y un helicóptero y tú no quisiste salvarte? Entonces ¿de qué te quejas?`”.

Aplicado a las peticiones de pareja, hay ocasiones en que una persona ora por ella y el Señor responde, situándola prácticamente delante, y aun así no son capaces de reconocerlas porque están demasiados ensimismados en sí mismos, en sus propios pensamientos y fantasías.

Hay motivos y “motivos”
Es evidente que, en el amor –que no son matemáticas-, dos más dos no tienen que ser cuatro. Es evidente que la chispa es necesaria. Es evidente, como ya vimos, que dos personas con buenas cualidades no tienen que encajar sí o sí. Es evidente que, si se dio la relación, puede que no funcionara o no fuera la persona adecuada. Ante todo esto son ciertas las palabras de Blas Pascal: “El corazón tiene razones que la razón desconoce”.
No son iguales los motivos por los que suele rechazar un adolescente, una viuda, un divorciado, que un soltero de más de 30 años, ya que sus experiencias vitales son totalmente distintas. Por ejemplo, una persona de más de cuarenta años tiene una forma de pensar muy clara. Ante la pregunta de si es una edad difícil para las relaciones, la psicóloga Pilar Cebrián dice así: “Sí, suele serlo. Hemos vivido más, tenemos más claras nuestras metas en la vida y surgen más frustraciones o manías. Estamos ya más anquilosados, más bloqueados a nivel cerebral, nos volvemos más egoístas. Entonces ahí las relaciones puede que se compliquen, no es como al principio que estamos abiertos a todo porque somos más novatos o al final, que también de alguna forma bajas mucho tus barreras. Yo creo que en estas edades venimos con muchos fantasmas del pasado y estamos muy poco preparados para adaptarnos a otra persona”[1].
Cada uno de ellos tienen sus argumentos cuando no desean iniciar una relación con una persona en concreto o cuando no quieren continuar con ella tras un periodo de tiempo. Ahora bien, partiendo de la idea de Blas Pascal, hay razones que se escapan de la lógica y del corazón, y que no entiende de edades, que son más complejas de lo que creemos, que llevan a muchos rechazar a alguien que verdaderamente podría convertirse en su cónyuge. Son oportunidades desaprovechas, trenes que pasaron y que se puede afirmar con certeza que nunca volverán. Como dice Luis Rojas Marcos: “Las parejas rompen por causas diversas. No obstante, uno de los ingredientes más constantes de las rupturas traumáticas es la firme creencia en la relación perfecta. Este ideal, tenazmente arraigado en la imaginación de tantos hombres y mujeres, alimenta enormes y, casi por definición, inalcanzables expectativas: profunda e inagotable intimidad emocional, total comprensión, eterna satisfacción sexual, mutuo apoyo incondicional, o el sueño más reciente de la pareja perfectamente simétrica e igualitaria. Sin duda, esta imagen idealizada e irreal de la relación amorosa es el caldo de cultivo de la desilusión, del resentimiento y, en definitiva, de la transfiguración del amor al odio”[2].

Analizando las causas
Hecha esta pequeña introducción, demos paso a analizar detenidamente cada una de estas situaciones, para ver si es tu caso, y así modificar aquellas conductas o actitudes que deben ser transformadas. Yo he identificado once, lo cual no quiere decir que no haya más. Y son estas:

- Se busca el amor a la velocidad del rayo.

- Siempre se está buscando a alguien mejor.

- Intransigencia.

- No saber negociar con la pareja.

- Prisionero de un pasado hiperactivo.

- Hay heridas sin sanar.

- Falta de reciprocidad a la hora de amar.

- Nunca hay tiempo para el amor.

- Se afirma no necesitar pareja.

- Hay miedo a diversos factores.

- Se toman las relaciones sentimentales como si fueran un juego.

En muchos casos van íntimamente unidos unos a otros, como si formaran una cadena inseparable.
Quizá crees que has rechazado a tus candidatos porque no eran lo que buscabas y, en el Señor, lo tenías bien claro. Si es así, es una decisión madura y digna de aplaudir. Pero, si no es el caso (puesto que sí eran lo que deseabas) observa estas cuestiones que voy a plantear, porque puede que no seas plenamente consciente de ellas ni de cómo te estén afectando en tu búsqueda de pareja. Quizá debas de dejar de culpar a los demás. Quizá no sea la otra persona la que deba cambiar, sino ser tú quien madure en ciertas áreas o modifique comportamientos y actitudes, como algunos prejuicios y generalizaciones subjetivas. Por citar un ejemplo: una persona que se muestra áspera y antipática, no puede esperar caer bien a nadie o que se interesen por ella. Él mismo estará siendo el autor de sus desgracias, como si cumpliera un profecía autorealizada.
El director Woody Allen refleja esta idea con una frase llena de ironía y humor: “Mi esposa era básicamente inmadura. Cuando yo estaba en la bañera, venía y me hundía los barquitos”. ¿Quién era el inmaduro, él o la esposa?
Como alguien dijo: “Hay que convertirse en la persona adecuada en lugar de buscar a la persona adecuada”. Aquellos que afirman que no pueden cambiar, en realidad están declarando abiertamente que no quieren cambiar. Eso es simple y llanamente orgullo. Mientras vivas negándolo todo y no lo reconozcas ante ti mismo, tropezarás una y otra vez en la misma piedra. No es fácil aceptar que uno forma parte de alguno de estos grupos, pero hacerlo es el primer paso para madurar.
En el lado opuesto, basándote en tus propias experiencias personales, puede que seas de los que piensas así: “No tengo mal aspecto, tengo un buen trabajo y dinero en el banco, y amo a Dios, pero las mujeres no parecen estar satisfechas con eso. Se enamoran del tipo malo, de quien las trata como basura. Dicen que quieren a un hombre agradable, pero realmente no es así. Piensan que pueden tomar a un hombre malo y convertirle en un hombre bueno. Pero al considerar los historiales de algunas mujeres, eso aparentemente nunca funciona. Les siguen partiendo el corazón y pisoteando, y yo sigo preguntándome: ¿Qué es lo que ellas no pueden ver en un hombre como yo?”[3].
Si es el caso y eres tú al que han rechazado, leer este capítulo te ayudará a comprender por qué ocurrió ante determinadas circunstancias. Puede que el inmaduro o no-conveniente para ti, fuera el otro. Así entenderás a la otra parte y los motivos por los cuales actuó como lo hizo.

* En el siguiente enlace está el índice:
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* Prosigue en: Buscando el amor sentimental a la velocidad del rayo.


[2] Rojas Marcos, Luis. Las semillas de la violencia. Espasa Libros.

[3] Ethridge, Shannon. La falacia de Grey. Grupo Nelson.

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