domingo, 20 de enero de 2019

Carta abierta de las ovejas olvidadas pero no perdidas


Foto de DanielBrachlow en Pixabay
1. Este escrito es la respuesta al hermano Diego Iglesias ante la emotiva y sensacional carta que publicó en este medio hace unos días y que tituló “Carta abierta a las ovejas olvidadas” (http://protestantedigital.com/tublog/46244/Carta_abierta_a_las_ovejas_olvidadas). Como una de esas ovejas, he aquí mis palabras. 
2. Esta carta fue publicada también en Protestante Digital: http://protestantedigital.com/tublog/46278/arta_abierta_de_las_ovejas_olvidadas_pero_no_perdidas

Querido Diego, en primer lugar quisiera felicitarle por su carta. Hacía años que las palabras escritas por otro hermano no me llegaban al corazón tan profundamente, y seguro que muchas otras “ovejas olvidadas” han sentido lo mismo. No puedo expresar hasta qué grado he sentido su sinceridad y afecto. Así que desde este otro lado de la pantalla le doy las gracias con todo mi sentir.
En segundo lugar –y será aquí donde me extienda-, aunque estoy seguro que conoce muchos casos ya que los ha descrito, quisiera expresarle también el pensar general que tenemos aquellos que estamos en la otra cara de la moneda, para que así algunos puedan empatizar como usted lo ha hecho tan gentilmente. ¡Ojalá muchos mostraran su mismo corazón!
Es triste que muchos creyentes –que verdaderamente han nacido de nuevo- hayan dejado de congregarse, siendo el que escribe uno de ellos. Es algo que nunca debería suceder, pero a la vista está que es más habitual de lo que nos gustaría reconocer. Muchos dirán que solo tenemos excusas, que no queremos poner de nuestra parte, que en verdad no estamos entregados al Señor o que queremos vivir a nuestro libre albedrío sin responsabilidades eclesiales. En otros casos somos tachados de pecadores, apóstatas, egoístas, resentidos, amargados, solitarios, faltos de fe o desobedientes a la Palabra de Dios que nos hemos enfriado. Este tipo de ideas y expresiones solo son piedras que nos lanzan y nos llevan a alejarnos aún más. Por mucho que lo aderecen dedicándonos “cariñosamente” textos bíblicos, especialmente el famoso “no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre” (He. 10:25), no vemos un interés genuino en nosotros como seres humanos, solo que vayamos para que “la iglesia esté llena”, “diezmemos” y “sirvamos sin rechistar en lo que nos digan”. Se mide nuestra espiritualidad, valía y ser si hacemos estas cosas, y no por el fruto del Espíritu.
Piensen lo que piensen otros hermanos –los cuales lo verán meramente como excusas-, expondré el porqué muchos no quieren ser parte de una iglesia evangélica contemporánea. Hay más razones, pero por falta de espacio me es imposible citarlas y desarrollarlas:

1. Doctrinas perniciosas y abuso espiritual
Es extraña la iglesia local donde, en mayor o en menor medida, no se ha infiltrado en los últimos años alguna falsa doctrina, como la teología de la prosperidad, la confesión positiva, las maldiciones generacionales, la cartografía espiritual o los conceptos humanistas sobre el éxito (que se asocia a la bendición de Dios y al pecado cuando no llega), ideas apoyadas por pastores que se hacen llamar a sí mismos “ungidos de Jehová” y que son intocables a pesar de que tienen una moral para ellos y otra para el resto de la congregación. En el momento en que dices algo en contra y lo denuncias, eres acusado de rebelde, de ser el anticristo y de estar haciendo la obra de las tinieblas. Al final, o pasas por el aro o sales escaldado; te vas o te echan. Nadie en su sano juicio querría compartir su vida con aquellos que le han humillado y abandonado. Y si vas a otra iglesia local con intención de sanar tus heridas pero observas nuevamente alguna de estas mentiras, corres o no paras de correr. Al final, te cansas de buscar y llega un momento en que el ánimo no da para más. Prefieres vivir con los tuyos y en paz.

2. Marginación
Los solteros adultos, los viudos y viudas, junto a los ancianos, entre otros grupos, suelen ser sistemáticamente marginados ya que no se les hace partícipes de la vida fuera de las cuatro paredes del local. Encuentran más vida y calor entre sus familiares, compañeros de trabajo y conocidos inconversos. Parece que lo único importante es “ir a la iglesia”. El “ya quedaremos”, “a ver si nos vemos” o “cuando pueda te aviso” que les dicen son frases que suenan a propósito de enmienda, pero que se quedan en bonitas palabras que se las lleva el viento. Lo habitual es “no existir” para los demás los días que no hay “culto”. Eso sí, cuando no asisten durante semanas o meses luego les dicen que “les echaron de menos”. Dichas palabras resultan hasta hirientes y son incongruentes: ¿Cómo se sostienen si en ese tiempo nadie los llamó por teléfono ni quedó con ellos?

3. Hastío ante la soberbia
Es terrible escuchar a pastores y hermanos día tras día menospreciar a otras iglesias locales porque unos son calvinistas y ellos arminianos, porque unos creen en el Milenarismo y otros no, porque unos creen en los dones y otros piensan que han cesado, y demás diferencias entre escuelas e interpretaciones teológicas. Los complejos de superioridad y las críticas sin misericordia resultan insufribles a oídos del alma, sobre todo cuando se promulgan desde el púlpito y el liderazgo.

La suma de los tres puntos reseñados y otras cuestiones que he dejado en el tintero explica “nuestros porqué”, se acepten o no, y que suele ser fruto de una liturgia rígida que convierte a los cristianos en espectadores bajo una estructura imposible de cambiar, donde lo que prima es la inversión económica para asuntos secundarios o no bíblicos, y la importancia de la asistencia. No buscamos una iglesia perfecta ya que nosotros no lo somos, pero hay cosas por las que ya no pasamos.
Estas ideas las he expresado en persona y por escrito en varias ocasiones y siempre caen en saco roto. Por eso su carta ha sido aíre fresco. Como puede ver, querido hermano Diego, los que hemos dejado de congregarnos no ha sido por causas menores o por cualquier circunstancia. Pero créame: Seguimos teniendo comunión con el Señor, seguimos amándole por encima de todas las cosas, seguimos escudriñando las Escrituras y gozándonos en ellas, seguimos haciendo su obra tal y como la sentimos (aunque sea fuera del local), seguimos predicando el Evangelio siempre que podemos, seguimos compartiendo conversaciones sobre nuestro Dios con otros hermanos en la misma situación, y seguimos anhelando Su regreso. Así que, un día, todos nosotros, tanto los que se reúnen a la manera tradicional como los que no, nos volveremos a juntar en Su presencia. Hasta que ese día llegue, reciba el mayor de los abrazos de parte de todas las ovejas olvidadas pero no perdidas: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano” (Jn. 10:27-28).

martes, 8 de enero de 2019

¿Cuáles son tus sueños para este año? ¿Y para el resto de tu vida? & ¿Merecen todos la pena?


Cuando se acercan los últimos días del año, casi todos solemos hacer balance de cómo nos ha ido. De igual manera, hacemos planes de lo que nos gustaría hacer en el nuevo que está por entrar. Espero que como cristiano tengas ganas de meditar de una forma clara, sencilla y objetiva sobre este asunto, algo que vamos a hacer en las siguientes líneas, teniendo presente las palabras de Pablo: “Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos” (Ef. 5:15-16). Así que vamos a analizar las razones y qué proyectos, deseos e ideas merece la pena sacar adelante y, a su vez, cuáles no y los porqué.

El sueño de Coleman: The King
Hará un par de meses emitieron un documental sobre la vida de Ronnie Coleman (1964). Para el que no lo conozca, está considerado como el mejor culturista de todos los tiempos, por eso su apodo es The King (El Rey). Hasta que se retiró, ganó ocho veces el Mr. Olympia, la competición más importante dentro de ese mundillo. Ver su estado actual es tristísimo y muy duro. Fruto de su entrenamiento inhumano, sus secuelas son terribles: ha sufrido dos reemplazos de cadera y múltiples operaciones de espalda. Los discos de su espalda están comprimidos, desalineados y colapsados, los nervios bloqueados y las piernas siempre entumecidas. Incluso los tornillos que le implantaron han llegado a romperle algunos huesos. Su estado de degeneración es avanzado por todo el peso que ha estado levantando durante tantos años.
No puede caminar sin la ayuda de muletas y se mueve con serias dificultades. Cuando le preguntan cuál es su grado de dolor de 0 a 10, responde que 12 ó 13, las veinticuatro horas del día y los siete días de la semana, y que él mismo considera insoportable, por lo que no le queda más remedio que tomar continuamente oxicodona, un potente analgésico pero que es potencialmente adictivo y con todo tipo de efectos secundarios para el organismo.
Como afirman otros culturistas de su época que lo admiran profundamente, Ronnie levantaba en el calentamiento lo que ellos levantaban en el entrenamiento. ¡En prensa de pierna llegó a mover 1021 kilos! Nunca ha habido alguien como él y, hasta el día de hoy, nadie que se le compare. Llevó los límites corporales a un nuevo nivel, aunque, como puedes imaginar, y aunque su entrenamiento fuera titánico, dicha fisonomía no se consigue solo a base de comer a mansalva arroz hervido, pollo a la plancha y batidos de proteínas, sino también con la ayuda inestimable del consumo masivo de sustancias dopantes. Por eso no lo considero un deporte, sino un concurso de músculos.
A pesar de que los médicos se lo desaconsejan, sigue yendo a entrenar a las cuatro y medía de la madrugada y levantando pesos que la inmensa mayoría del resto de mortales no podríamos. ¿Orgullo? ¿Vanidad? ¿Afán de superación? ¿Miedo a perder toda la masa magra que todavía conserva? ¿Temor a caer en el olvido? ¿Vigorexia crónica? Solo Dios sabe lo que hay realmente en su corazón.
Tanto por lo que dicen los demás de él como lo que se observa al escucharlo, parece una persona humilde, agradable, sencilla, amigable y risueña. En definitiva, un pedazo de pan, aunque cualquiera que tenga un mínimo de noción de reconocimiento de expresiones faciales verá en él un rastro de tristeza.
Tiene una casa impresionante y ha creado una especie de imperio con su imagen. Pero la realidad es la que es: apenas puede hacer vida normal, tiene que agarrarse a todo para dar un solo paso, camina como un anciano y no puede ni jugar con sus hijas pequeñas como un padre normal. Deseándole de corazón al señor Coleman la mejor recuperación posible de su última intervención quirúrgica, la pregunta que tenemos que hacernos es obvia: toda esa vitrina llena de trofeos, ¿de verdad le ha merecido la pena, viendo el precio que ha tenido que pagar? La verdad objetiva y sin fanatismos es que no, ni de lejos.
A pesar de todo lo descrito, afirma que no se arrepiente de nada y da a entender que volvería a hacer lo mismo; solo le “duele” haber levantado únicamente dos veces 363 kilos haciendo sentadilla cuando pudo. En el documental se nos cuenta que sus notas tanto en el instituto como en la universidad eran de dieces. Llegó a obtener la calificación de Cum laude en contabilidad. Pero aquí vemos una clara muestra de que la inteligencia y la sabiduría no son necesariamente sinónimos; muchas veces son directamente antónimos. Su sueño –ser el número uno del mundo- le ha llevado a su condición actual. A pesar de que durante su juventud el cuerpo le fue avisando –se le salió un disco levantando 272 kilos y, en otra ocasión, perdió el conocimiento el día antes de una competición hasta el extremo de no poder levantarse de la cama de lo exhausto que se encontraba- él se empeñó en seguir adelante y desatender las señales de alarma. Y todo porque, en sus propias palabras, amaba el culturismo y practicarlo. Como dice el refrán, hay amores que matan.

Otros dos sencillos ejemplos
Al igual que el señor Coleman, hay deportes como el fútbol americano y el Boxeo que provocan serias lesiones y aun así se siguen practicando. Recuerdo que en mi infancia uno de mis ídolos deportivos era el delantero argentino Gabriel Omar Batistuta, que fue campeón de dos Copas de América con su selección y, entre otros trofeos, máximo goleador de la liga italiana en la temporada 94-95 con la Fiorentina.
Recuerdo que de joven me fijaba mucho en él a la hora de imitar su forma de golpear el balón y me asombraba la potencia que tenía, junto a su capacidad para marcar goles desde cualquier ángulo. Lo que muy pocos sabían –puesto que hasta que no se retiró no llegó a contarlo- es que durante muchos años de su carrera se infiltraba para poder jugar. Tras su jubilación, no podía estar de pie ni quince minutos. Llegó un día en que su tortura física era tan insoportable que acudió a su médico rogándole que le amputara las piernas. Él quería reemplazar sus piernas por prótesis, como las del atleta sudafricano Pistorius.
Si este formidable jugador hubiera hecho caso al sentido común no se habría infiltrado –algo que hacen otros muchos deportistas y a los que se les alaba por ello-, pero él prefirió la gloria humana y alcanzar un sueño.
Y el último caso, el de Eddie Hall, cuya máxima ambición era convertirse en el hombre más fuerte del mundo, algo que logró en 2017 ganando el World’s Strongest Man. De nuevo, debido a sus entrenamientos, sufre apnea del sueño, por lo que tiene que dormir con una máscara de oxígeno. Y hace muy poco, mientras era jaleado y aclamado por un enfervorecido público formado por miles de personas, logró batir el récord del mundo de Deadlift al levantar 500 kilos mientras sangraba por la nariz y se desmayaba segundos después (vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=T9Y4o_BqC0A).


¿Consecuencias? Que las cite él mismo: “La presión sobre mi cuerpo era surrealista. Me desmayé después de conseguirlo. Tenía hemorragias nasales y experimenté síntomas de conmoción cerebral durante tres o cuatro semanas. Ni siquiera era capaz de recordar el nombre de mi mujer y de mis hijos”. Lo llamativo es que, a pesar de haberse jugado la vida y el futuro de su propia familia, añade: “No es saludable hacer algo así. Pero es una gran sensación. Soy el primer hombre en levantar media tonelada, he hecho historia y estoy muy orgulloso de formar parte de ella”[1]. Otra persona que de nuevo antepuso lograr algo “histórico” por encima de su propio bien y el de sus seres queridos, aunque gracias a Dios ha renunciado a seguir por esa senda porque afirma que no quiere que sus hijos crezcan sin padre.

Lo que opina la sociedad caída de estos sueños
Lo sorprendente es que los que practican culturisimo o simplemente hacen algo de musculación consideran algo lícito llegar a estos límites por alcanzar unas marcas y lograr premios, incluso aunque ese sea el precio a pagar, ya que ellos han sido felices haciendo lo que hacían. En el caso de Coleman, en los días posteriores de la emisión del documental, los comentarios que se leían en las redes sociales me dejaron boquiabierto. Tienen a Ronnie como una leyenda, un mito viviente y un ejemplo de superación a imitar. Incluso dicen que es muy ventajista ahora señalar un error la lucha que llevó a cabo para alcanzar su sueño y nos acusan a los que criticamos este tipo de locuras de sentir envidia por no tener dicho cuerpo. ¡Menuda bobada! Una persona llegó a decir que, para él, Coleman es “Dios”. Pura idolatría hacia el cuerpo humano, al que prácticamente endiosan en los medios de comunicación (revistas, televisión, cine, canales de youtube y redes sociales). Aunque muy pocas, también hubo alguna que otra opiniones sensatas, como esta: “¿El éxito en la vida es ser el mejor? ¿Vale mas el legado que la salud? ¿Qué motiva a una persona a querer ser el mejor a cualquier precio? ¿Qué mueve a una sociedad a potenciar y ensalzar figuras cuyo máximo aporte en la vida es tener un cuerpo inmenso utilizando mil sustancias dañinas? ¿Por qué la gente ensalza esto? En fin, así nos va como sociedad”. Ni que decir que rápidamente los haters se lanzaron contra él dedicándole todo tipo de “piropos” y diciendo que quién era para juzgar.
Otros señalan que ejemplos como los que he puesto son la excepción dentro de la norma, que no todos los deportistas tienen lesiones graves y tienen una vida sin problemas. Y es cierto. Pero eso es quedarse muy corto de miras ya que no es ahí donde está mi enfoque: he citado esos casos para mostrar una realidad mucho más profunda, aquella a la que Jesús hizo mención: “Donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Mt. 6:21). A la vez que sentíamos compasión, nos reíamos de Gollum cuando decía con ojos saltones su frase favorita: “Mi tesoro”. El anillo era su tesoro, el cual controlaba su mente y su corazón. Todo giraba en torno a él. En este tipo de “deportistas”, su tesoro es alcanzar un físico lleno de músculos y de récords. En otras personas es el dinero, la fama, las compras, las posesiones materiales o el éxito con las personas del sexo opuesto. Es en algo de esto donde depositan su corazón. Pero lo que deslumbra al ser humano a Dios no le impresiona en absoluto. Por eso se puede ser una persona sencilla, incluso humilde, y erradamente tener el corazón puesto donde no se debe.
Sabiendo que nuestro cuerpo es el templo del Espíritu Santo –y que por lo tanto tenemos que cuidarlo- y conociendo los beneficios físicos y mentales del deporte sano como vimos en ¡Vive! Disfrutando sanamente (http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2016/01/81-vive-disfrutando-sanamente.html), y que es conveniente practicarlo, no sirve absolutamente para nada en términos eternos de legado a favor de la humanidad y del prójimo alcanzar ciertos sueños meramente físicos, incluso sin lesiones de por medio. Es aquí donde encajan perfectamente las palabras de Pablo: “Porque el ejercicio corporal para poco es provechoso” (1 Ti. 4:8). Pero claro, para el que solo tiene ojos para este mundo y esta vida, es lógico que piense lo contrario.
Todas estas personas que consideran admirable y extraordinario los logros por estos deportistas están completamente ciegos. Y en ellos se hacen brutalmente actuales las palabras que Juan escribió hace veinte siglos: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1 Jn. 2:15-17).
Las marcas y récords de estas personas han quedado registrados como parte de la historia de la humanidad. ¿Han merecido la pena? Según los seres humanos, sí. ¿La realidad? Ni por asomo. Una vez más se hacen realidad las palabras de Eclesiastés 1:2: “Vanidad de vanidades, todo es vanidad”. Por mucho que crean que han pasado a la historia, la eternidad hará caer en el olvido cualquiera de sus logros físicos. Como dice el catedrático Enrique Rojas: “A la hora de la muerte los titulos y los honores desaparecen, la riqueza no sirve para nada, el prestigio es muy relativo, y lo único que quedan son las huellas del amor que hayamos dejado en el testimonio de nuestras vidas”[2].
No todos los sueños son lícitos ni deseables. Por ejemplo: podemos sentir atracción sentimental hacia una persona, pero no ser conveniente porque no es cristiana. Y es por eso que nosotros también tenemos que plantearnos cuáles son los sueños más adecuados para nosotros como hijos de Dios. Es igual de absurdo que afanarse por ganar más y más dinero, llenar más y más el ropero, comprar más y más objetos inertes, etc.

Tus sueños; mis sueños
Cuando usamos la palabra sueño lo hacemos de una manera un tanto mística, como si estuviéramos haciendo alusión a algo inalcanzable porque son meras fantasías. En mi caso, un “sueño” sería tener una piscina gigantesca de varias hectáreas. Es uno de los grandes deseos mentales que he tenido toda mi vida, supongo que por lo que disfruto nadando solo y la sensación de paz en la que me envuelve el silencio. En el tuyo, y ahondando en el terreno de la fantasía, quizá sea ser millonario, vivir en una isla paradisíaca, tener un Ferrari o una mansión con cien habitaciones.
Todo esto es, como he dicho, meras fantasías. Así que, en mi opinión, creo que lo que tenemos que hacer es enfocarlo de otra manera: en lugar de sueños deberíamos denominarlos “proyectos, ideas y deseos”. Para su ejecución, seguiremos un claro principio bíblico: “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres” (Col. 3:23).
Alguno puede que, tras leer este texto y lo que estoy exponiendo, se haya puesto a pensar exclusivamente en que esto significa abandonar los hobbies –sean cuales sean- e involucrarse más en su iglesia local: asistir a más cultos semanales, ofrendar más allá de las posibilidades, comprar nuevos instrumentos musicales para el coro, etc. Sin darse cuenta, están cambiando “proyectos” por “legalismo”.
Para ir al grano sobre verdaderas ideas que repercutirán para bien tanto para los que te rodean como para ti mismo, pondré un ejemplo muy concreto que he llevado a cabo en estos últimos años para que veas a dónde quiero llegar: Hace más de una década me encontraba predicando varias veces al mes. Una de esas semanas tenía ya preparado el sermón pero, por circunstancias que se dieron en una de las congregaciones locales, decidí cambiarlo por completo un par de días antes para enfocarme en lo que de verdad necesitaban los hermanos: tratar sobre la depresión desde un punto de vista bíblico. Entre el trabajo y las actividades eclesiales apenas tenía tiempo, así que las dos noches anteriores me quedé hasta bien entrada la madrugada leyendo muchísimo sobre el tema para prepararlo lo mejor posible. Y gracias a Dios salió bastante bien. Después de aquella ocasión, me dí cuenta que tenía que cambiar mi enfoque: en lugar de ir al día a día o de semana en semana, decidí que tenía que profundizar en multitud de temas y adquirir conocimientos en muchas áreas. Así nació en mí el profundo deseo de investigar y escribir sobre infinidad de cuestiones para aprender y crecer espiritualmente, sobre todo para mi propia riqueza interior y, a su vez, dar a conocer lo aprendido.
Hice un listado de todo lo que vino a mi mente y meses después –desde el verano de 2008- implementé en mi vida un plan meticuloso sobre los pasos que llevaría a cabo. Desde entonces he leído centenares de libros y he estado miles de horas tecleando. Todo lo he ido cumpliendo a rajatabla y he añadido nuevos asuntos sobre la marcha. ¿El resultado? Dos libros publicados (Herejías por doquier: http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2013/08/normal-0-21-false-false-false-es-x-none_21.html y Mentiras que creemos http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2014/06/mentiras-que-creemos.html), otros más subiéndolos al blog poco a poco junto a decenas de artículos que tocan todos los palos posibles. A pesar de todo, sigo sintiendo que “solo sé que no sé nada”, pero lo que he aprendido y la riqueza espiritual que he aportado a mi vida es incuantificable. Y todo por un “sueño” que tuve muchos años atrás.  Como siempre, las palabras de Pablo son acertadísimas al señalar que “Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Fil. 2:13).

¿Qué proyectos e ideas tienes?
¿Estoy diciéndote con esto que te dediques a escribir? No, porque entonces ya no serías tú. Tú eres tú y yo soy yo. Tienes que ver, que analizar, que “soñar” qué quieres llevar a cabo en este año nuevo. Pueden ser planes a corto, medio o largo plazo. Que sean realizables. Que te exijan una disciplina mental. Que luches por ellos. Que no busquen la gloria humana, sino tu crecimiento como hijo de Dios y, como consecuencia, que repercutan para bien en el resto de tus hermanos. ¿Ideas?:

- Prepararte bíblicamente para darle una educación personalizada a tu hijo sobre los grandes principios éticos para que los vaya asimilando y aprenda cómo ponerlos en práctica en medio de esta sociedad caída y amoral.
- Especializarte en algún tema bíblico en particular.
- Dar charlas en tu iglesia local sobre temas concretos que no se suelan tratar en las predicaciones: herejías y falsas doctrinas, sexualidad, matrimonio, soltería, ética personal en el trabajo, ética en el uso de las redes sociales, familia, hijos, pornografía, superación de pecados, vestimenta, depresión, ideología de género, temas sociales, etc. Lo puedes hacer de mil maneras y de forma amena: usando películas, libros, diapositivas, preguntas y respuestas, mesa redonda o de la forma en que se te ocurra.
- Crear grupos para realizar actividades donde se priorice el aliento y la comunión entre hermanos. Sería para distintos sectores dentro de la iglesia: viudos, divorciados, huérfanos, pobres, necesitados, solitarios, desempleados, etc.

Y como los citados, decenas de supuestos más. También pueden abarcar aspectos muy personales: superar tal o cual debilidad, dejar tal o cual pecado, corregir algún aspecto negativo del carácter como el mal genio, la lengua sibilina o el ser un condenador profesional.
Tómate tu tiempo para reflexionar. Pídele a Dios que hable a tu mente y tu corazón. Sabiendo que los sueños no son inamovibles y pueden cambiar de un tiempo a otro, que Él ponga en ti deseos y proyectos para este 2019 y para el resto de tus días. ¡Y llévalos a cabo!


[2] Citado en Tu matrimonio sí importa. Juan Varela & M. Mar. Clie, pág. 259.

lunes, 10 de diciembre de 2018

¿Es hora de cerrar mi blog? & Del ánimo al desánimo y viceversa



Como medía, el número de lecturas suele variar entre las ciento cincuenta y quinientas por artículo. Entonces ¿cuál es la razón de que me esté replanteando cerrar? Que en los dos últimos meses las cifras han caído hasta apenas sobrepasar las cincuenta lecturas por escrito, cantidades que considero muy bajas y que son las mismas que hubo en los dos primeros años del blog, con la diferencia de que por entonces era normal ya que apenas estaba suscrito a dos o tres comunidades de facebook y gmail, aparte de que nadie me conocía. Por eso el descenso me ha dejado anonadado; tengo la sensación de haber dado tres pasos atrás. ¿Una mala racha? I dont know. En el lado positivo está el hecho de que el número de lecturas en general en otros escritos sigue aumentando paulatinamente.
Pero para explicar el resto de la realidad que me suelo encontrar, pondré un caso muy sencillo para que se vea la panorámica.

Caminando entre el silencio, el rechazo, el apoyo y la aceptación
A finales de octubre publiqué un artículo donde denunciaba la manera en que por ley se quiere enseñar la ideología de género a los niños desde la misma infancia y cómo los padres tenían que luchar contra ella. Era un llamado a toda la Iglesia en general y a los cristianos en particular a compartirlo para denunciar la situación y prepararse ante lo que se nos viene encima. Como siempre hago, lo publicité en dos docenas de grupos y comunidades. Aquí me encontré las dos caras: en unos grupos pasaron completamente por alto el asunto. Nadie dijo nada ni lo compartió, a pesar de que estos grupos están formados por miles de miembros. La única persona que me escribió fue una lesbiana y, como puedes imaginar y comprobar en la captura de pantalla, no fue para felicitarme la Navidad ni a mí ni a los creyentes en general, y cuyo nombre he tachado por respeto.
En la otra cara de la moneda, otro grupo lo compartió de forma masiva, como también puedes ver. He recortado el nombre de ambos grupos puesto que no es mi intención dejar en evidencia a uno y exaltar al otro, solo exponer cuán chocante y paradójico resulta, y lo difícil que es comprender tales diferencias en el interés mostrado.
Las dos realidades que he presentado –la de grupos que ignoran sistemáticamente las publicaciones y otros que hacen lo opuesto-, es la que me suelo encontrar mes tras mes. ¿Cuál suele ser la normal? La primera. Es más: lo habitual es que al que le gusta no diga nada, y al que no le gusta no pierda ni un segundo en mostrar su opinión disonante, incluso en ocasiones de forma poca educada. 
En los meses “buenos”, como humano que soy, siento un impulso refrescante. Y, en los meses “malos” –donde reina el silencio o la indiferencia- se sienten ganas de poner el cartel de “cerrado” en el blog. Las sensaciones son muy pero que muy opuestas. Los que me apoyan saben quiénes son y cuán agradecido les estoy, al igual que los que no me conocen en persona pero comparten mis escritos sin pedir nada a cambio.
Por eso me llamó la atención el comentario que dejó una hermana llamada Sofía. Pocos días después de publicar la séptima parte de los escritos dedicados a mostrar los argumentos contrarios a la eutanasia (¿Morir voluntariamente es un acto de libertad?: https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2018/07/7-morir-voluntariamente-es-un-acto-de.html), escribió esto en una comunidad de gmail: Es lamentable que una comunidad cristiana de tantos miembros, sea tan indiferente a las publicaciones en general. No hay interés por las cosas de arriba; El enfriamiento espiritual de los creyentes, es la causa de la falta de respuestas de Dios. Aman la bendición, más no al que bendice”. Si no fuera porque no la conocía de nada, habría pensado que era una amiga íntima defendiéndome y mostrando su incomprensión ante la falta de apoyo y de palabras de ánimo. Entendiendo y agradeciendo las palabras de Sofía, al final del escrito expresaré qué busco con los escritos, y que no tiene nada que ver con conseguir likes ni corazoncitos.

Sorpresas inesperadas, tanto para bien como para mal
Hay sorpresas positivas, con picos que sobresalen como Inside Out (1ª Parte): ¿Cuáles son las emociones que controlan tu vida? (http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2016/02/inside-out-cuales-son-las-emociones-que.html) con 737 lecturas hasta la fecha,  L@s cristian@s ante el bikini y otras cuestiones (http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2015/12/78-ls-cristians-ante-el-bikini-y-otras.html) con 595, La sexualidad del soltero cristiano: Sanidad & Hábitos y concupiscencias (http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2015/09/74-la-sexualidad-del-soltero-cristiano.html) con 516, ¿Cristianos catalanes independentistas? Al pan, pan, y al vino, vino (http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2017/10/cristianos-catalanes-independentistas.html) con 726, y ¿Cómo debe vestir una mujer cristiana? (http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2015/10/77-como-debe-vestir-una-mujer-cristiana.html) con 1502.
En el lado opuesto –el negativo-, destaco tres que son de mis escritos favoritos y, curiosamente, de los menos leídos: Cuando los cristianos ofrecemos un mal ejemplo y se nos acusa con razón de hipócritas (http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2015/09/1-cuando-los-cristianos-ofrecemos-un.html) con 108 lecturas, Dios: el verdadero gran showman (https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2018/10/dios-el-verdadero-gran-showman.html) también con 108, Westworld: ¿Quién serías si pudieras ser quién quisieras? ¿Y qué harías? (https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2018/07/westworld-quien-serias-si-pudieras-ser.html) con 121.

Estas cifras corresponden a la última fecha que las he mirado: 7 de diciembre de 2018.
Para mí lo fácil sería dejar de hablar de los asuntos menos leídos y centrarme en los que más. Pero si hiciera eso estaría cayendo en mi propia trampa: pensar que no tienen importancia, cuando sí la tienen, y mucha. Además, estaría traicionando el espíritu que Pablo manifestó, el de anunciar “todo” el consejo de Dios (cf. Hch. 20:27).
Lo más inesperado de todo esto es cuando publico algo que creo que no lo va a leer ni una tortuga marina y sucede todo lo contrario. Cuatro ejemplos clarísimos son: Lucifer: ¿simpático, de buen corazón y condenado injustamente? (http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2016/10/1-lucifer-simpatico-de-buen-corazon-y.html) con 325, Las abismales diferencias entre Jesús y Superman (http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2016/04/las-abismales-diferencias-entre-jesus-y.html) también con 317, El cuento de la criada: ateos que creen que los cristianos quieren imponer una dictadura (https://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2017/07/1-el-cuento-de-la-criada-ateos-que.html) con 5373 lecturas, y Alma salvaje: Cuando el dolor puede convertirnos en la mejor o en la peor versión de nosotros mismos (http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2015/06/alma-salvaje-cuando-el-dolor-puede.html) con 1202.

¿Qué temas interesan y cuáles no?
Como el blog está dividido en etiquetas que hacen la función de índice temático, es fácil comprobar qué temas interesan más y cuáles menos. Los que más: lo referente a la soltería, a la sexualidad, a los errores doctrinales, a los problemas y todo lo que trata sobre sentimientos de tristeza o depresión. Es algo comprensible ya que son asuntos universales, independientemente de la edad y el país de procedencia.
También aquí me he encontrado con gratas sorpresas, al contemplar que ha habido cambios en la forma de pensar y sentir de los lectores. Por ejemplo, esto se comprueba viendo el comentario que me dejó un hermano argentino hace poco en Fracasos por falta de sabiduría & ¿Citas amorosas? (http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2016/09/102-fracasos-por-falta-de-sabiduria_20.html) o las palabras positivas –y para mí inesperadas- que me han dejado varias hermanas a lo largo del tiempo en L@s cristian@s ante el bikini y otras cuestiones (http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2015/12/78-ls-cristians-ante-el-bikini-y-otras.html) y que se pueden leer en el mismo blog. Como otros escritos donde trato aspectos peliagudos o que no suelen ser abordados, me daba mucho respeto la respuesta que recibiría. ¿El resultado? Chicas y mujeres que decidieron cambiar ante Dios, ante los demás y ante sí mismas, que decidieron dar un paso al frente, independientemente de lo que diga la sociedad. A eso lo llamo mostrar personalidad.
¿Y cuáles los que temas que menos parecen importar a los cristianos? La eutanasia en general (algunos escritos son bastante leídos pero otros pasan sin pena ni gloria), el aborto, aquellos que recomiendan libros en particular (salvo alguna excepción), los que hacen mención a ayudar a los demás en términos personales y/o económicos. Y, encabezando la cola (lo cual es triste), los que tratan sobre la importancia de cambiar actitudes ante el mundo, nuestros semejantes y ante otros cristianos, como por ejemplo el que precede a este escrito: Cristianos que salen a cazar a otros cristianos (https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2018/11/cristianos-que-salen-cazar-otros.html) con 54, Si tú quieres (http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2015/02/si-tu-quieres.html) con 67,  ¿Odiando a nuestros enemigos? (http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2013/10/odiando-nuestros-enemigos.html) con 51 y La intolerancia de los que se hacen llamar tolerantes (http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2013/11/la-intolerancia-de-los-que-se-hacen.html) con 50.
¿Es casualidad el desinterés de los cristianos ante estos temas? No lo creo. Las estadísticas dan que pensar, y estas ofrecen dos impresiones: una, que parece que a los creyentes los asuntos sociales no son de su incumbencia y miran para otro lado, como si lo humano no afectara al reino de Dios. Con dar alguna ofrenda en la iglesia local les basta. Y dos, que no queremos que nadie nos diga que tenemos que cambiar y mejorar aspectos personales, y que nos conformamos puesto que nos sentimos felices tal y como somos. Por el contrario, basta con ver cualquier publicación en las redes donde se lanzan mensajes como “¿Quién quiere recibir la bendición de Dios?” (la cual entienden como prosperidad sentimental, laboral, económica y material); en breves minutos, cientos de personas escriben “yo” y “amén”. Palabras como las de Job las consideran malditas y prohibidas: “Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos” (Job 2:10), desechando así multitud de pasajes bíblicos y el destino de muchos de los héroes de la fe de los que se habla en Hebreos 11. ¿Quieres cambiar? No. ¿Quieres bendición? Sí. Llamativo.
En mi opinión, y como más de una vez he reseñado, esto puede ser un reflejo de dos aspectos:

1) La dejadez a la hora de leer y estudiar teología por uno mismo usando una sana hermenéutica, peligro del que ya avisé seriamente en su momento: Aprender y crecer & Conformarse y estancarse (http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2014/12/aprender-y-crecer-conformarse-y.html). Este pasotismo conduce a muchos creyentes a creer todo lo que dice un “pastor” o autor famoso, incluso aunque llegue a decir verdaderos disparates.
2) La “liturgia” establecida por lo general en muchas congregaciones, donde sutil o directamente se hace creer que lo verdaderamente importante es lo que ocurre entre las cuatro paredes del local, el cual muchos llaman erradamente “iglesia”. Al final, los cristianos desdoblan su personalidad: actividad sin fin en el local (especialmente enfocada a la música y a decenas de reuniones) y desidia fuera de él.

Las otras razones por las cuales no leen este blog
Aparte de lo ya mencionado, veamos algunas razones más por las cuales creo que no son cientos de miles de personas las que leen cada uno de los escritos publicados. Y esto lo voy a contar por si eres de los que compartes por las redes y te sientes identificado, al creer que tus palabras no tienen importancia o caen en saco roto.
Estas nueve son las que he identificado y son muy fáciles de entender, aunque puede que haya alguna más que se me escape:

1. La más evidente. En internet hay literalmente millones de páginas web; incontables las que son de contenido cristiano. Al igual que cuando entramos en un supermercado seleccionamos entre toda la variedad existente, con lo que leemos exactamente igual. Por lo que, en mi caso, las probabilidades que ser “seleccionado” es, en términos de porcentaje, bastante bajo.

2. Han leído algún artículo y, sencillamente, no les termina de gustar mi estilo o las distintas temáticas, o directamente no están de acuerdo con el contenido. O una mezcla de todas. Si yo leo a un autor unas cuantas veces y no me gusta, en lugar de seguir con él busco a otros que sean de mi agrado. Así que esta es una explicación muy razonable y comprensible al porqué no me leen un mayor número de personas.

3. No estoy en posición de exigir algo que yo tampoco hago. Teniendo en cuenta el punto uno, acoto mucho lo que leo. Y todo ello según mis gustos y tiempo. Todos quisiéramos que los días tuvieras quinientas horas, pero solo son las que son y tienes que repartirla entre tu trabajo, hijos, familia, descanso, etc. De igual manera, la mente termina por embotarse cuando la sobrecargas de trabajo intelectual, por lo que no puedo leer todo lo que me gustaría. A día de hoy, tengo casi veinte páginas con links de artículos que quiero leer y no paran de acumularse. Por cada diez que leo, se añaden otras tantas. Lo mismo con los libros. De ahí que solo en ocasiones muy puntuales me verás comentando lo que otras personas publican en sus redes sociales, y mucho menos las fotos, que ni las suelo ver. Ante esto, comprendo perfectamente a los que actúan igual respecto a mí.

4. Mea culpa. Quizá, si le dedicará más tiempo a las relaciones virtuales, obtendría mayor atención sobre mis escritos. Pero tomando en cuenta el punto uno y tres, y que hace un par de años tomé la decisión de relacionarme solo cara a cara –salvo excepciones muy concisas y breves-, no le dedico apenas tiempo cibernético a otros.

5. No hay ganas de cambiar. Basándome con insistencia en Romanos 12:2, continuamente reto a cambiar los pensamientos para ajustarlos a la buena, perfecta y agradable voluntad de Dios. Pero, ¿y si la persona no quiere cambiar? Entonces es normal que me esquive. Si alguien viste provocativamente o se exhibe en las redes y escribo al respecto, normal que salga corriendo. Si alguien dice amén a la teología de la prosperidad, normal que rehuya todo lo que digo en contra. Si alguien cree ciertas doctrinas y expongo bíblicamente que está errado, normal que salga corriendo. Si alguien está enfrascado en una relación de yugo desigual y señalo qué dice Dios al respecto, normal que salga corriendo. Y así con todo. Por lo que esta es otra razón para no leerme. Para ganarme el favor de estas personas, tendría que dejar de escribir sobre asuntos impopulares o que en las iglesias se consideran tabú. Si hiciera eso, sería lamentable por mi parte y olvidaría las palabras de Pablo: “Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo” (Gá. 1:10).

6. No hay interés ni ganas de pensar. Es triste comprobar que de forma masiva a las personas cada vez más les cuesta la misma vida leer algo que lleva más de diez palabras seguidas. Y no lo digo por mi blog (sería un engreído si pensara así), sino en general. Por eso muchos cristianos prefieren leer cartelitos de pocas palabras con un sol brillante de fondo. No tengo nada en contra de dichos letreros –sobretodo porque son textos de las Escrituras-, pero es obvio que a muchos les cuesta concentrarse cuando conlleva más de diez minutos de lectura atenta y reflexiva.

7. La modernidad líquida. A esto hay que añadirle otro aspecto: el difunto sociólogo y filósofo Zygmunt Bauman (1925-2017) acuñó el concepto de “modernidad líquida”, que hacía alusión a cómo la sociedad había cambiado los valores tradicionales por otros donde priman la satisfacción inmediata. Se pasó de la modernidad sólida a la modernidad líquida puesto que ya nada es estable. Y esto es lo que vemos hoy en día: en lugar de leer, de buscar respuestas a cuestiones profundas a través de Dios y de indagar sobre el ser interior, la humanidad prefiere pasar su tiempo buscando el placer y el ocio como la máxima meta. Y esto es algo en que han caído también ciertos cristianos, especialmente los más jóvenes, que se han ido diluyendo en medio de esta modernidad líquida. El tiempo libre que tienen fuera del trabajo y los estudios lo dedican a salir a cenar, a wasapear, a ver vídeos en youtube, a Instagram, a escuchar música, a hacer deporte, a jugar a videojuegos, a ver películas y programas de televisión sin descanso, etc. Todo esto, que puede tener su tiempo y lugar de forma sana y equilibrada como he dicho en multitud de ocasiones, se ha terminado convirtiendo en el interés principal de muchos. Es así como se relajan, por lo que si el título de mi blog es el que es, es comprensible que no se acerquen ni con un palo de los que sirven para hacer selfies. Si necesidad de dar nombres, en España hay escritores excepcionales y que apenas son leídos. Mi propio editor me dijo que la demanda de libros ha decaído en los últimos años de forma muy llamativa entre la comunidad cristiana. ¿Crisis económica? Sí, es cierto, pero para comprar otras cosas no hay crisis. Curioso.

8. Soy un desconocido y no me vendo. Por un lado, no soy un Charles Swindoll o un César Vidal. Tampoco tengo una megaiglesia detrás como pueden tener otros autores del continente americano. Esto hace que a los ojos de muchos creyentes yo sea una especie de cristiano de segunda categoría. Dicho con ironía, podría imitar el método de los influencers fitness: subir vídeos míos grabándome desde que me levanto hasta que me acuesto, contando qué como, qué visto y que ejercicios hago: una sentadilla pesada por aquí y un press de banca por allá. Así me vendería absurdamente a mí mismo. O también podría meterme a youtuber, donde los que se dedican a eso logran en un solo vídeo las mismas visitas que yo en años, y cuyos vídeos consisten en cuánto tiempo tardan en comerse una hamburguesa de 3 kilos. Pero, en mi caso, va a ser que no. Este verano pasado me planteé muy seriamente crear un videoblog, con la idea de tratar los mismos temas que escribo pero ante una cámara y con un toque personal diferente. Llegué a hacer un boceto de cómo lo haría, per finalmente decidí que no, que no tengo necesidad de exponerme más de lo que ya hago. El que le interese los asuntos que trato, lo tiene muy fácil para leer. Además, una de las lecciones más importantes que he aprendido viene de las palabras que repetía sin cesar un pastor: “Lo importante no es el cartero, sino la carta”. Así que cuando cuento algo de mí no es para centrar la atención sobre mi persona, sino porque considero que puede aportar riqueza a lo que estoy exponiendo.

9. Y la última razón. A algunos no les caigo bien. Que levante la mano el cristiano que afirma las verdades del cristianismo y le cae bien a todo el mundo. ¡Ni un mano levantada! Luego hay otros cristianos que piensan mal de mí porque un día me estigmatizaron y se centran en mis errores o defectos, así que nada de lo que pueda llegar a decir lo consideran válido. No desechan los argumentos porque sean falsos, sino que me desechan a mí como persona, lo cual les lleva a no plantearse la posibilidad de que pueden estar errados.

¿Seguir adelante?
En términos meramente humanos, el blog supone demasiado esfuerzo para tan poco rédito. Pero, si a día de hoy, cerrara el blog, estaría dejándome llevar por la carne. Estaría demostrando mi estrechez de miras y una fe nula. Así que seguiré por aquí hasta que el número de lectores no se reduzca a la mínima expresión. Y si eso sucediera, pues cerraría y preguntaría quién estaría interesado en recibir por email los escritos y se los enviaría solo a ellos. Y si nadie se interesa, pues seguiría como siempre escudriñando las Escrituras para mi propio crecimiento.
Con todo lo que he señalado, si eres de los que te dedicas a escribir, puede que te hayas desanimado y llegado a pensar que las palabras de la Biblia que Dios pone en el corazón de cada uno no merecen la pena compartirlas porque son “cuatro gatos” las que la leen. Y yo te pregunto, ¿y qué? Si tienes una granja con miles de gallinas y vacas, tantas que tendrías para dar de comer a millones de personas, pero solo quieren comer mil, ¿les negarías el alimento a estas mil? ¿Verdad que no? Jamás olvidemos que el Señor nos ha llamado a ser fieles en lo poco (cf. Lc. 16.10). Recordemos las palabras que Jesús les dijo a los discípulos: “Dadles vosotros de comer” (Lc. 9:13). En aquel contexto se refería literalmente a comida. En el nuestro, casi siempre, el llamado es a dar comida espiritual.
Tú deber y el mío es ofrecer esa comida al que quiera, pero no depende de nosotros que la coman. Ten en mente que, en otra ocasión, Jesús dijo: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba” (Jn 7:37). ¿Has leído bien? Un condicional. No dijo “ven aquí que te agarre del cuello, te abra la boca y te oblige a la fuerza a beber”.
No olvides que unos plantamos y otros riegan, pero que el crecimiento es de Dios, el cual ha preparado las obras de antemano (cf. 1 Co. 6; Ef. 2:10). ¿Qué me encantaría que los que me leen compartieran mis escritos tantas veces como el de la ideología de género que cité líneas atrás? ¡Por supuesto! ¿Que me leyeran miles y miles de cristianos y ateos que de corazón buscan a Dios? ¡Encantado de la vida? No para conseguir likes, corazoncitos, admiración o ser el centro de atención, sino porque así llegaría a más personas y podrían ser bendecidas –que es mi única intención-, pero no es algo que dependa de mí.
Por tu parte, sigue ofreciéndole al resto lo que Dios pone en ti y ya será Él quien se encargue de que llegue a las personas que considere oportuno, sean muchas o pocas, te lo agradezcan o no, te digan qué les ha sido de bendición o guarden silencio, lo compartan con otros hermanos o se lo queden solo para ellos.
Lo que nos debe mover a seguir adelante es saber que estamos poniendo nuestro pequeño granito de arena en la obra de Dios en la Tierra. Así que merece la pena, ¡y mucho! Grábalo en tu mente para los momentos de desaliento. ¡Ánimo!