lunes, 21 de octubre de 2019

Infamia: “Protestantes por la República Catalana” que quieren romper España


Hace mucho tiempo dije que ya nada me sorprendía dentro del mundo evangélico. Y así lo pensaba por entonces, pero me he prometido a mí mismo que nunca más volveré a decir esa frase. Si el llamado protestantismo, en su versión original, tiene la versión más pura y fidedigna de las doctrinas bíblicas y con las cuales me identifico plenamente, la llamada “iglesia evangélica” del siglo XXI no me representa en absoluto por la sencilla razón de que, en términos generales, no representa la enseñanza de Cristo[1]. ¿Quedan congregaciones sanas? Quiero creer que sí, pero lo que vemos hoy en día es que la mayoría cojean de una pata u otra: vemos una lamentable lucha de poder, el surgimiento de “super apóstoles”, una soberbia sin límites de los autoproclamados “ungidos de Jehová” que se consideran prácticamente infalibles, la expansión de multitud de herejías: teología de la prosperidad, confesión positiva, risa santa, maldiciones generacionales, paños ungidos, etc., todo aderezado con versículos bíblicos que son expuestos con sonrisas y aparente conocimiento en infinidad de predicaciones y libros, mientras que los miembros ingenuos aceptan esas enseñanzas con un profundo “amén”. A eso hay que sumarle el despilfarro de ingentes cantidades de dinero en organizar “conciertos” y actividades inútiles mientras que el pecado campa a sus anchas entre ellos: inmoralidad sexual, adulterio, divorcios sin que se cumpla el requisito bíblico, yugo desigual, fornicación, desvergüenza en el comportamiento y en la forma de vestir, negocios ilegales, fraude fiscal, celos, envidias y una lista interminable.
En los últimos años, la nueva moda está siendo aceptar la ideología de género y el matrimonio homosexual. En conjunto, este tipo de “iglesia” no representa al Altísimo sino al mismísimo diablo. Denunciar todo lo reseñado es considerado como “falta de amor”. Suena irónico cuando toda la Biblia nos exhorta a “señalar con el dedo”, a juzgar toda enseñanza (cf. Hch. 17:11), todo espíritu (cf. 1 Jn. 4:1), toda profecía (cf. 1 Co. 14:29) y a todo aquel que se hace llamar “apóstol” (cf. Ap. 2:2). De ahí que Jesús dijera:“No juzguéis según la apariencia, sino juzgad con justo juicio” (Jn. 7:24).

Lo último: Cristianos evangélicos por la República
¿Cuál es la última aberración que he oído en estos días? La existencia de un grupo en Cataluña llamados “Protestants per la República Catalana” y que se presentan de esta manera: “Es un grupo con inquietudes políticas y comprometidas creado para compartir la realidad protestante republicana, y crear un espacio libre de debate sobre el desarrollo de la república Catalana. Es un grupo cerrado para no crear debate de enfrentamiento pero donde poder añadir más gente que tenga una buena voluntad de diálogo” (traducido del catalán).
Sabía de la existencia de grupos católicos y sacerdotes a favor del movimiento (cuyas sandeces ya refuté en https://infovaticana.com/blogs/firma-invitada/usando-nombre-dios-vano-mentir-mentir-mentir-jesus-guerrero/), pero a estos los desconocía. Junto a ellos, la Iglesia Evangélica Española (IEE, una denominación metodista-presbiteriana), la misma que acepta como proveniente de Dios el movimiento LGTBI, han hecho un comunicado mostrando su más profundo desacuerdo con la sentencia al procés realizada por el Tribunal Supremo” donde los cabecillas del intento de golpe de Estado en España han sido condenados por sedición a varios años de prisión. Por su parte, “Protestants per la República Catalana” ha dicho: “Consideramos que esto es una interpretación alejada de nuestro origen como cristianos: Jesús de Nazaret se enfrentó al orden establecido y transformó la sociedad”, al mismo tiempo que han manifestado que “el dolor de los presos de esta causa y su familias es también nuestro dolor”[2].
Vergonzoso e infame. Todo eso y mucho es lo que representan dichas palabras. Cuando estalló el conflicto, le dediqué cuatro artículos (Usando el nombre de Dios en vano para mentir, mentir y mentir: https://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2017/09/usando-el-nombre-de-dios-en-vano-para.html), ¿Cristianos catalanes independentistas? Al pan, pan, y al vino, vino: http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2017/10/cristianos-catalanes-independentistas.html, Y el diablo engañó a los independentistas: https://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2017/10/y-el-diablo-engano-los-independentistas.html, Cuando el independentismo usa las mismas tácticas que los fariseos: https://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2017/11/cuando-el-independentismo-usa-las.html), pero, visto lo visto, es necesario volver a repetir ciertas ideas que expuse en esos escritos para desenmascarar las mentiras, las cuales muchos creen en su fanatismo aunque en sus argumentos afirman basarse en la actitud de Jesús mismo y en “los sentimientos”, acusándonos al resto de no comprenderlos.

¿Jesús de Nazaret se enfrentó al orden establecido?
La pregunta que encabeza este apartado es una de las ideas para defender la creación de la República catalana que expone el grupo “protestante” que hemos citado. ¿Cuál es la realidad? Que eso es MENTIRA. Como ya dije, “los judíos esperaban un Mesías revolucionario que les liberase del yugo romano. Pero, cuando el Mesías llegó, y a pesar de la tiranía de Roma, Jesús no llamó a la rebelión contra el Imperio ni a la desobediencia civil. ¿Nos imaginamos a Jesús y a sus discípulos manifestándose en las calles y cantando proclamas en contra de los gobernantes y a favor de la independencia de Israel? ¿Nos imaginamos a Jesús puesto en pie encima de un caballo dándole patadas mientras sus seguidores empujaban a los soldados y amenazaban a los Magistrados? ¿Nos imaginamos a Jesús enseñándoles canciones a los niños contra Roma, llevándolos delante de los cuarteles de los soldados a protestar o usándolos para empapelar edificios públicos? ¿Verdad que no?”. Pues eso exactamente, con el añadido de la violencia de estos días, es lo que estamos contemplando.
El enfrentamiento de Jesús fue con los religiosos de su época, con los fariseos y con los saduceos, y la hipocresía que había en ellos, la cual destapó. Por el contrario, dijo “dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios” (Lc. 20:25). Nada de crear grupos para independizarse. Nada de huelgas generales como señal de protesta. Nada de movimientos para crear un nuevo Estado. Nada de un referéndum donde solo una parte de la población pudiera votar. Pablo, que era igual de consciente de la realidad en la que vivía, le recalcó a Tito lo que tenía que enseñar: “Recuérdales que se sujeten a los gobernantes y autoridades, que obedezcan, que estén dispuestos a toda buena obra” (Tit. 3:1). Estos textos no son interpretables. Pedro tambíen dijo:“Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 P. 2:9).
Ese es el llamado principal de los cristianos, no promover la ilegalidad y la ruptura con la nación en la que Dios les hizo nacer. Deberían sentirse agradecidos porque podrían haber nacido en países tercermundistas o dictatoriales. Con su actitud, le están diciendo a Dios que se ha equivocado por haberles hecho nacer en España. Lamentable.
Por eso lo vuelvo a repetir con toda la contundencia que me permite el lenguaje: aquellos cristianos que fueron a la votación el 1 de octubre de 2017, declarado ilegal por el Tribunal Superior de Justicia Catalana, PECARON, fueron cómplices de un delito y la libertad que expusieron en su defensa para acudir a votar fue libertinaje, de la misma manera que lo siguen haciendo estos grupos “cristianos” que se levantan, aunque sea de forma pacífica, contra el Gobierno de España. Todos ellos tienen el deber de obedecer siempre el poder legislativo y las leyes civiles: “Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos” (Ro. 13:1). El pasaje es claro por sí mismo: el que se resiste o se levanta contra la autoridad, sea de una forma u otra, por activa o por pasiva, está acarreando condenación para sí mismo. Tanto los que votaron aquel terrible día como los que han tomado esta senda, es necesario que se arrepientan.
¿Qué harán luego estos “cristianos” si logran sus sueños y en tan ansiada República se establecen leyes que no les gustan? ¿También se rebelarán? ¿Crearán un nuevo grupo llamado “protestantes que protestan contra la República”? Por eso, apelar a la Biblia para defender sus posturas “independentistas” es infame. Y el que lo hace y lo cree, está tan ciego que se está autoengañando.

¿Es injusta la condena de los cabecillas del procés? 
Según la IEE y los “Protestants per la República Catalana”, sí, es injusto. Pero, como escribía hace unos días un hermano pastor, eso es “una falsa piedad vestida de barretina”[3]. Según señalan los condenados y sus seguidores, han sido condenados por venganza y por expresar sus ideas, por lo que se consideran “presos políticos”. Otra falacia infinita. Han sido juzgados con la ley, por la ley y por sus actos.

- Proclamaron leyes de desconexión con las leyes de España de forma unilateral, ignorando la Constitución.
- Hicieron una declaración de independencia.

Dios perdona pero Él mismo puso jueces sobre Israel para juzgar todo asunto humano. Y perdonar implica arrepentimiento. En el caso de estos políticos, no solo no se arrepienten sino que ya están proclamando que lo van a volver a hacer. Por eso no puede haber amnistía de ningún tipo. A la espera de ver qué sucederá finalmente con el prófugo Puigdemont, los Junqueras, Forcadell, Romeva y compañía son peligrosos y deben estar entre rejas por lo que han hecho y para protegernos de ellos como sociedad.
Basados en un falso concepto de “buenismo” y “amor”, es inconcebible el comunicado de estas dos “asociaciones cristianas”, que se quieren poner por encima de la justicia y de Dios. En otros países habrían sido condenados a cadena perpetua o incluso a la pena de muerte. Aquí, en España, según lo tipifica la ley (la cual es igual para todos), sus condenas sí son justas y, según la opinión de muchos, incluso suaves y cortas. Por eso sería una vergüenza que, como parece ser, salieran en breve de prisión. No le deseamos ningún mal físico ni de ningún otro tipo y sentimos el dolor de sus familias, pero tienen que pagar por sus actos. Y esto no es venganza sino justicia, como vimos en ¿Deseamos justicia o venganza?” (https://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2017/09/respondamos-sinceramente-deseamos.html).
Sin embargo, ante lo reseñado, lo más grave concierne al orden ético y moral, aunque muchas no estén tipificadas como delito:

- Han hecho promesas que no podían cumplir.
- Han repetido hasta la saciedad el eslogan “Espanya ens roba” (España nos roba), cuando Cataluña es la comunidad con mayor número de procesados y acusados por corrupción.
- Han fracturado la sociedad catalana.
- Han roto familias y amistades.
- Han mentido sistemática y compulsivamente sobre la verdadera historia al enseñar que Cataluña fue en el pasado un país o que en 1714 hubo una guerra de secesión contra España en la que fueron derrotados.
- Han hecho creer a los más jóvenes que España es un Estado opresor, creando una realidad paralela.
- Han hecho creer que la República será la respuesta a todos sus anhelos de libertad y prosperidad, cuando ya es la más rica de la nación.
- Han permitido el crecimiento de partidos deleznables como la CUP (formado por todo tipo de antisistemas, anarquistas y okupas que llaman a la rebelión y a la desobediencia civil) o grupos como los CDR, que señalan, repudian, insultan y agreden a todos aquellos que no piensan como ellos (incluso a los independentistas no violentos), exactamente igual que hacían los nazis. Abominable. Es tal el odio que muchos de ellos guardan en sus corazones, que si pudieran y tuvieran cobertura legal, matarían. El carácter que tienen concuerda con gran exactitud con el descrito por Pablo del hombre de “los postreros días” (2 Tim. 3:1-4).
- Han ignorado a más de la mitad de la población de dicha región que está en desacuerdo con sus posturas.
- Han llegado a decir, como el todavía presidente (Torra), que los españoles y los catalanes que no hablan catalán somos carroñeros, víboras, hienas y bestias con forma humana. Todo un xenófobo que actúa como un capo. La oración del fariseo era “Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres” (Lc. 18:11). La oración de Torra es “Dios, te doy gracias porque no soy español”.
- Han subvencionado periódicos y un canal de televisión (TV3) para exaltar todo lo catalán y menospreciar todo lo español, promulgando un nacionalismo exacerbado y creando un sentimiento enfermizo de supremacía.
- Han dejado que infiltrados espíen en los institutos para ver si los niños hablaban en catalán.
- Han adoctrinado y usado a menores de edad como punta de lanza contra el Estado español.
- Han logrado, como malos “padres”, que se pierda el respeto a la autoridad por parte de estos “malcriados”.
- Han hecho que profesores y alumnos discriminen a hijos de Policías y Guardias civiles.
- Han creado de la nada sentimientos de odio.
- Han sido desleales, gastando millones de euros que el propio Estado les daba, para promover sus intereses, mientras la ciudadanía pasaba por verdaderas necesidades.
- Han querido hacer –y siguen exigiéndolo- un referéndum donde el resto de los 47 millones de españoles no podamos votar. A eso ellos lo llaman “negociar” y por eso no hay nada que hablar con ellos. El Artículo 1.2 de la Constitución dice que “la soberanía nacional reside en el pueblo español” (Art. 1.2). Es decir, en todos. En ningún país del mundo existe nada llamado “el derecho de autodeterminación” que permita a una parte de una nación escindirse de la otra.
- Han llevado a la sociedad a una situación límite, donde todo el odio acumulado hacia lo español ha terminado en estallidos de violencia y cuyo final desconocemos, temiéndonos lo peor.
- Han creado durante las cuatro últimas décadas un monstruo que ha crecido y al que ya no pueden controlar.

En definitiva, han creado una sociedad enferma cuyo terrible precio está pagando toda la sociedad catalana, con la injustificable permisibilidad de los partidos que han gobernado la nación en su conjunto todos estos años. El daño que han provocado es incuantificable. Puede que muchos escapen de la acción de la justicia humana, sean fugados o encapuchados. Esto puede irritar e indignar. Pero que nadie se preocupe: en su debido momento, y si no se arrepienten profundamente por todo el mal causado, tendrán que pasar irremediablemente por el juicio de Dios (cf. 1 Co. 5:13). De ahí ninguno se librará. Así que calma y a descansar en el Señor.

Una exhortación final
Dijo Pablo: “Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad” (1 Ti. 2:1). Vista las consecuencias de sus actos, con los dirigentes catalanes no se han cumplido ni se cumplen los deseos del apóstol: no vivimos quieta ni reposadamente. Muchos están con ansiedad, tristeza, lágrimas y depresión. Por el hecho de que dominan los impíos, “el pueblo gime” (Pr. 29:2).
Algunos defienden sus ideas con buenas palabras (como Guardiola o Xavi, ambos  pirómanos y calumniadores[4]) y otros con las piedras, pero lo que aquí vemos es una nueva forma de fascismo. Y esa es la verdad, le pese a quien le pese, y le duela a quien le duela.
Acabo con unas palabras a los “protestantes independentistas” y a todos aquellos “cristianos” que promueven las mismas ideas separatistas: Disolveros inmediatamente como grupo y dejad de promover un diálogo cuando el objetivo final que tenéis es la ruptura de España. Si vuestras preocupaciones, como afirmáis, son “políticas”, preocuparos de los pobres, de las viudas, de los huérfanos, de los desempleados, de los inmigrantes, de la sana educación de los jóvenes, de la seguridad ciudadana, de mejorar las condiciones de vida de la población en general, y no de dividir un país que costó mucho sacrificio unir. Ocuparos del Reino de Dios y su justicia. Predicad el Evangelio. No seáis parte de las tinieblas que invaden nuestro mundo. Reconoced vuestros errores y retractaros. Dejad de basaros en vuestras propias emociones y sentimientos. Deponed vuestra actitud. Dejad de dividir el cuerpo de Cristo. No seáis cómplices de la destrucción de una sociedad. Dejad de usar la Biblia para torcerla y ajustarla a vuestros deseos. Y nunca dejéis de glorificar a Dios por la tierra que os regaló y llenad vuestras bocas de gratitud hacía Él por el país donde os hizo nacer.
Solo tenéis un camino si queréis vivir dentro de los designios del Creador: “Por causa del Señor someteos a toda institución humana, ya sea al rey, como a superior, ya a los gobernadores, como por él enviados para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen bien. Porque esta es la voluntad de Dios: que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos; como libres, pero no como los que tienen la libertad como pretexto para hacer lo malo, sino como siervos de Dios. Honrad a todos. Amad a los hermanos. Temed a Dios. Honrad al rey” (1 P. 2:13-17).



[3] Barretina: Gorro tradicional catalán, de lana, con forma de manga cerrada por un extremo y de color generalmente rojo y negro. https://www.wordreference.com/definicion/barretina
[4] Aquí la sensacional respuesta que les ofreció el periodista Paco González a estos dos personajes esperpénticos: https://www.abc.es/deportes/futbol/abci-paco-gonzalez-xavi-hernandez-y-guardiola-sois-unos-lamejeques-201910152225_noticia.html


miércoles, 16 de octubre de 2019

De Arthur a Joker & Nuestro lado oscuro del alma


Venimos de aquí: ¿Vivimos en el mundo de Joker?

Para aportar riqueza a este escrito, he añadido en letras azules algunas frases que dice el Joker en “La broma asesina” (The Killing Joke), la mejor novela gráfica que jamás se ha hecho sobre el personaje y de la cual, en su esencia, “bebe” mucho la película.

Una noche, volviendo del trabajo en el metro, unos jóvenes ejecutivos borrachos vestidos elegantemente y que se creen los amos del mundo en el clásico vagón solitario, comienzan a insinuarse a una joven, la cual los ignora, por lo que comienzan a faltarle el respeto y a lanzarle patatas fritas. Si entras en la situación, verás que es profundamente indignante. Sentimos rabia, impotencia y pensamos que “se merecen todo lo malo que les pase”. Arthur comienza a reírse –risa cuyo origen ya explicamos y refleja justo lo contrario a lo que siente-, ante lo cual dejan a la joven en paz y se centran en él para burlarse de su aspecto. Segundos después comienzan a darle una paliza. ¿Cómo reacciona? En un acto impulsivo y no premeditado, saca una pistola que le había regalado un compañero de trabajo y los asesina sin miramientos. A uno de ellos lo persigue fuera del vagón para acabar con él.
Viendo la escena del vagón te planteas cómo habríamos reaccionado nosotros. Algunos dirán que la suya es desproporcionada, pero la realidad es que nos muestra una gran verdad bíblica: todos tenemos un lado oscuro en nuestra alma –lo que Pablo llama “lo terrenal” (cf. Col. 3:5), y ante ciertos detonantes y estímulos externos puede salir a flote. ¿Casos conocidos? Muchos: Noé emborrachándose tras llevar incontables días en un Arca rodeado de un mar que parecía no tener fin; Abraham mintiendo por miedo sobre el parentesco con su esposa; David planeando un asesinato y un adulterio tras ver a Betsabé desnuda; Moisés golpeando una piedra por causa de su hastío hacia el pueblo judío; Los hijos del trueno pidiendo permiso a Jesús para mandar fuego del cielo al haber sido rechazados por los samaritanos; Pedro cortando la oreja de un soldado romano cuando fueron a detener a Jesús.
Como he dicho, son como botones que, si son pulsados, pueden sacar lo peor de nosotros. Y estoy seguro que en tu caso recuerdas situaciones personales donde esa negrura, esa maldad, latente día tras día, ha salido a relucir. Quizá no en actos delictivos, pero sí inmorales, antiéticos y contrarios a la voluntad de Dios. Solemos controlar el infierno que llevamos dentro y que a veces se pasea por nuestra mente, pero ahí está, impregnando nuestro ser. Tal y como dijo Sinclair Ferguson: “No somos pecadores porque pecamos, sino que pecamos porque somos pecadores”. Como me decía un amigo tras salir del cine: “Todos llevamos un villano dentro”.
Teniendo presente los ejemplos citados, y siguiendo dicha línea de pensamiento, quiero hacer un matiz importante: el humanismo dice que el ser humano es “neutro” por naturaleza, ni bueno ni malo, como una hoja en blanco, y que será la educación y otros factores –como unos padres ejemplares, buenas amistades, la posesión de valores sanos y una buena pareja sentimental- lo que hará que esa persona sea buena o mala. Ese concepto choca frontalmente con la enseñanza bíblica: el hombre es malo por naturaleza: “Queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí” (Ro. 7:21). Solo Dios es bueno en su esencia más pura (cf. Mr. 10:18).
Es cierto que a mayores “detonantes” o a mayor cantidad de ellos, mayores son las probabilidades de que la balanza se incline hacia “lo malo”, pero la mejor educación del mundo, los padres más excelentes, los mejores amigos y la pareja más dulce no garantizan nada. Y es verdad que si Arthur se hubiera criado en otro tipo de ambiente, su bienestar emocional habría mejorado sobremanera. Pero nada, por sí solo, habría cambiado su naturaleza caída. Ni la suya ni la de nadie. Esto afecta por igual a inconversos, ateos, cristianos y a miembros de cualquier religión: aunque muchos de ellos han tenido una vida emocional sana –y sin ser “malos” al estilo del Joker (ni psicópatas, ni asesinos ni violadores)-, en muchas ocasiones no hacen el bien o directamente están fuera de la voluntad de Dios reflejada en Su Palabra por causa de la naturaleza caída innata.
Al final, y teniendo en cuenta estos claros principios, y aunque podamos estar condicionados en ciertos aspectos, es una decisión personal –la tuya y la mía- qué rumbo tomamos: el del bien o el del mal, el de Dios o el del diablo: “Yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal” (Dt. 30:15). Si no fuera así, seríamos meras marionetas movidas por el devenir de la vida y por terceras personas. Arthur eligió su propia voluntad, la muerte, el mal, la locura, el Joker. Es un ejemplo a tener en cuenta para no seguirlo.
Como apunté al principio, esta realidad y certeza, y que refleja el film usando a un personaje ficticio con todo lujo de detalles, nos hace sentir tremendamente incómodos mientras contemplamos el desarrollo de la trama. Cualquier cristiano que sea sincero y no vaya de santurrón, reconocerá la lucha que hay en sí mismo entre el espíritu y la carne, entre las emociones, las pasiones y los deseos enfrentados, lucha reflejada una y otra vez en toda la Biblia y en la historia de la humanidad, de principio a fin: “Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros” (Ro. 7:22-23).

Joker es el resultado de...
Podemos empatizar con Arthur porque entendemos su dolor, sus circunstancias y las “minas” que le han explotado en pleno corazón a lo largo de su vida, pero su reacción ante las mismas cuando se convierte en el Joker ya son injustificables. Eso nos lleva a alejarnos de él desde ese instante y ahí dejamos de empatizar con su persona. Recordemos algo que repito con asiduidad: todo mal tiene una explicación pero nunca justificación. Por eso, en ningún caso, absolutamente en ninguno, podemos defender ni justificar las acciones malvadas.
Ante un dolor palpitante, ante heridas abiertas de par en par, podemos “comprender” ciertas actitudes. Podemos “comprender” a una persona cuyo corazón está en tinieblas porque desde pequeño solo ha conocido la violencia y el odio. Podemos “comprender” a un desfavorecido que vive amargado y siente desprecio por este mundo porque nadie le ha ayudado jamás. Podemos “comprender” que haya personas resentidas porque sus vidas han estado llenas de desgracias y de soledad. Podemos “comprender” a personas que han caído en la droga y en la prostitución porque sus circunstancias familiares o personales eran dramáticas y no supieron afrontarlas. Y para que nadie me malentienda: el término comprender lo he entrecomillado para hacer ver que ponerse en la piel de otro no implica aceptar lo que siente, su comportamiento y las decisiones que ha tomado bajo sus circunstancias negativas.
Hay infinidad de “detonadores” como la soledad, la exclusión social, la orfandad, los abusos físicos o psicológicos, el desamparo, un trabajo miserable o mal remunerado, unos padres nada amorosos, la ausencia total de amigos, el fracaso escolar, el bullying o la pobreza que nos pueden hacer implosionar y estallar a todos. Repito: a todos. En los casos más extremos, convertir a un “Arthur” en un “Joker”: “¡He confirmado que no existe diferencia entre todos los demás y yo! Basta con un mal día para que el hombre más cuerdo del mundo enloquezca. A esa distancia está el mundo de mí. A un mal día” (Joker)[1]. En nuestro caso, puede no ser un único mal día, sino la suma de muchos de ellos.
Arthur llega a la conclusión de que, como el mundo le hace sufrir y lo pisotea, sabiendo que no podría cambiarlo con sus chistes ni haciéndolo reír, lo mejor es tomar otro sendero: el de la violencia, el de la sangre, el de la venganza, el de eliminar al que le ha tratado mal, cayendo así en el mismo error que denunciaba: el de querer que sufran los que le hacen sufrir y que experimenten su mismo dolor. Eso es mezquino. Termina perdiéndose en el laberinto y en el caos que es su propia mente. Su cabeza ya ha cortocircuitado. Por eso mata a sangre fría a su madrastra, a su compañero de profesión que se burlaba de él y al presentador de televisión que lo usaba para lograr mayor audiencia.
Ahí es cuando Arthur se convierte en Joker, en un verdadero psicópata con una concepción completamente distorsionada del bien y del mal, llegando él mismo a la conclusión de que ese es su verdadero “yo”. La realidad es que el Joker:

- Es fruto de una naturaleza corrompida desde su propia concepción: “He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre” (Sal. 51:5).

- Es consecuencia de un dolor que le abrasa, le corroe y le quema las entrañas.

- Es un producto de la sociedad que le envuelve y que analizamos en el primer escrito.

- Es una creación surgida de la contemplación de un mundo moralmente aberrante que tiene en las más altas esferas a los ricos y poderosos mientras el resto son despreciados e infravalorados.

- Y, por último, de cómo ha afrontado y encajado de mal todos los golpes que le ha dado la vida, junto a sus malos recuerdos: “Haces lo que haría cualquier hombre cuerdo en tu horrible situación. [...] ¿Te acuerdas? ¡Oh, yo no haría eso! Recordar es peligroso. El pasado me parece un lugar tan repleto de ansiedad y preocupaciones... [...] La memoria es muy traicionera. Un instante hace que te pierdas en una feria de placeres, con los intensos aromas de tu niñez, los brillantes eones de la adolescencia, todos esos algodones de azúcar sentimentales... y al siguiente te conduce a otra parte, un lugar al que no quieres ir... un lugar oscuro y frío, lleno de las húmedas y ambiguas siluetas de todo aquello que creías olvidado. Los recuerdos pueden ser pequeñas bestias viles y repulsivas. [...] Pero... ¿podemos vivir sin ellos? Los recuerdos son los cimientos de la razón. ¡Si no somos capaces de afrontarlos, negamos la razón misma! Aunque, ¿por qué no hacerlo? Tampoco es que tengamos un contrato que nos vincule a la racionalidad. ¡No hay cláusulas de cordura! Así que, al sentirte como pasajero de un horrendo tren de pensamientos que se dirige a lugares insoportables del pasado, recuerda que siempre quedará la locura. La locura es una salida de emergencia... Puedes salir y cerrar la puerta a todas esas terribles cosas que han ocurrido. Puedes apartarlas de ti... para siempre. [...] Cuando el mundo está lleno de preocupación y cada titular grita desesperación. Cuando todo es hambre, guerra y violación, y la vida es mezquina... hay algo que hago y que le aconsejaré, algo que siempre me hace sonreír... me vuelvo loo-oo-coo como una bombilla cubierta de bichos, simplemente loo-oo-coo. A veces echo espuma por la boca y muerdo la alfombra... Señor, la vida puede ser maravillosa en una celda acolchada, eso ahuyentará la tristeza... ¡Puede cambiar su dolor por un cuarto sin ventanas y dos inyecciones diarias! Vuélvase loo-oo-coo, como una víctima de los ácidos o un lunáti-coo, o un telepredicador. Cuando la especie humana tenga un rostro ansioso, cuando la bomba penda sobre nuestras cabezas, cuando su hijo se vuelva azul, nada le preocupará, ¡puede sonreír y asentir sin más! Cuando esté loo-oo-coo, nada le importará un pimiento... ¡El hombre es tan pe-quee-eño, y el universo tan grande...! Si le duele el alma, que le diagnostiquen, y si la vida le trata mal... ¡No salde la deuda, pierda la cabeza! [...] Esa exagerada idea sobre la importancia de la humanidad. La consciencia social y el rancio optimismo. No es algo apto para aprensivos ¿verdad? Y lo más repulsivo de todo son sus inútiles y frágiles nociones del orden y la cordura. Si pones demasiado peso sobre ellas se rompen. ¿Cómo vive? Les oigo preguntar. ¿Cómo sobrevive un espécimen así en el cruel e irracional mundo de hoy? La triste respuesta es ´no muy bien`. ¡Enfrentándonos al hecho ineludible de que la existencia humana es una locura, algo aleatorio y sin sentido, una de cada ocho personas así termina por resquebrajarse y volverse loca! ¿Y quién puede culparlas? En un mundo tan psicótico como este ¡cualquier otra reacción sería una locura? [...] Pero lo que trato de decir es que me volví loco. ¡Cuando me di cuenta de que el mundo no era más que una horrible broma de mal gusto, me volví loco de remate! ¡Lo reconozco!” (Joker)[2].

Como bien dijo el filósofo griego Epicteto que “lo que importa no es lo que te sucede, sino cómo reaccionas a lo que te sucede”. En el caso de Joker, llega a la conclusión de que la locura es la mejor salida, como un estilo de vida que le permite seguir adelante en este mundo “a pesar de todo”.

Un camino de muerte vs Un camino de vida
El camino que se traza de Arthur a su conversión en Joker es un camino de muerte. En el lado opuesto tenemos el camino de vida que presentó Jesús cuando inició su ministerio al levantarse en medio de la sinagoga para leer un pasaje del libro de Isaías: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor” (Lc. 4:18-19). Ese día, a esa hora, tal y como dijo Cristo, en Él se cumplió esa profecía.
La vida puede golpear duro, muy duro. La vida puede ser injusta, muy injusta. La vida puede romper el corazón del hombre y la mujer más fuerte. Y para el que está “sin esperanza, sin Dios en el mundo” (Ef. 2:12) puede llevarlo al límite. Pero es ahí donde aparece el que marca la diferencia. El que fortalece al caído, el que sana las heridas, el que llena de esperanza, y en el cual la existencia y la vida cobran sentido, tanto en su principio como en su final. Y Él no es una religión por mucho que siga sin entrarle esto en la cabeza a muchos. No es una serie de normas y buenos deseos. Es nuestro Creador, el que así mismo se considera “el camino, y la verdad, y la vida” (Jn. 14:6), “el alfa y la omega, el principio y el fin” (Ap. 22:13), el que nos dió aliento de vida, el que pagó en una cruz por nuestra maldad, el que resucitó de entre los muertos y el que vendrá de nuevo. Su propia conclusión es abrumadora: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Jn. 8:12). ¡¡¡Estas palabras, esta realidad, esta verdad, deberían hacer saltar a cualquiera!!!
Al igual que, a grandes rasgos y sobre todo a nivel moral, el mundo no va a mejorar hasta el momento de la Parusía, por muchas rebeliones, revueltas y estallidos sociales que se produzcan, tampoco podemos vencer por nosotros mismos “el Joker” que todos llevamos dentro y que nos impulsa a ir directamente contra los designios de Dios. Ni siquiera tras la conversión perdemos la naturaleza pecaminosa que traemos de serie ya que no alcanzaremos la santificación total hasta que no estemos en Su presencia (cf. 1 Jn. 3:2). La lucha, tal y como la describió Pablo, siempre estará ahí. Pero la única solución es la que es, que no es otra que creer en las Buenas Noticias: “Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras” (1 Co. 15:3-4). El precio que nosotros merecíamos por nuestros pecados, Él lo pagó por completo en la cruz, “quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados” (1 P. 2:24).
Acabo ya con varias preguntas: ¿Has decidido ya vivir dentro de la voluntad de Dios o dentro de la tuya propia? ¿Qué camino decides seguir? ¿Crees el mensaje de salvación? ¿Has dado ya el paso? Si es así, a partir de ahora: “Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro” (Ro. 6:11).



[1] La broma asesina. Universo DC de Alan Moore. Pág. 294. ECC.
[2] Ibid. Pág. 277, 280, 289, 295. ECC.

lunes, 14 de octubre de 2019

¿Vivimos en el mundo de Joker?


Aunque todavía faltan ochenta años para que el siglo veintiuno llegue a su fin, ya se puede considerar a “Joker” como una de las mejores películas de esta época, junto a la sublime, soberbia e imponente representación que hace del mismo el actor Joaquin Phoenix. La considero una joya atemporal. Es de las pocas veces que la opinión del público y de la crítica especializada ha coincidido, ganando el León de Oro (mejor película) en el Festival de Venecia de este 2019.
Desgarradora y descarnada en su máxima expresión, resulta tremendamente incómoda de ver por la crudeza de lo que se nos narra, y cuyo fin tiene el propósito de mostrarnos una realidad que procuramos evitar a toda costa por el desagrado que nos provoca: nos hace mirar, por un lado, directamente y cara a cara al abismo más oscuro de nuestra propia alma y, por otro, a la podredumbre de nuestra sociedad, siendo los aspectos en los que me voy a centrar en estos dos escritos.
Los que busquen encapuchados que salvan al mundo y la aparición de Batman para enfrentarse a su némesis en el “Universo DC”, que se alejen de los cines porque no lo encontrarán, salvo pequeños guiños y homenajes escondidos que no interfieren con la trama general. Esta historia no tiene nada que ver con el género de superhéroes. Podría haberse titulado de cualquier otra manera y haber funcionado exactamente igual. Por el contrario, quien desee experimentar un verdadero shock, donde su conciencia sea zarandeada y sus pensamientos y sentimientos confrontados, que pase a la sala y que se preparé a pasarlo mal desde el mismo instante en que se apaguen las luces. Así que todo el mundo está avisado, ya que no es apta para todos los paladares ni sensibilidades.

¿Demasiado loco o demasiado cuerdo?
En todas estas décadas del personaje se han hecho distintas versiones e interpretaciones del mismo, incluso alguna animada. Sin desmerecer a ninguna, siendo algunas más fantasiosas y otras más realistas-, y destacando algunas más que otras (como la de Jack Nicholson o el difunto Heath Ledger), en esta se nos ha mostrado, tal y como me decía un amigo, la más humanizada de todas. ¿Es esto negativo? En mi opinión no, como voy a explicar.
Aquí conocemos la vida de Arthur Fleck, una persona que tiene un trastorno extraño de la risa que hace que no pueda parar de reírse a carcajadas en situaciones que no tienen gracia, e incluso viene a manifestarse cuando en realidad la situación le produce pena, desconcierto o ira. Sus carcajadas suelen expresar justo lo contrario a lo que siente. Su vida es pura soledad, vive en un barrio pobre con su anciana e incapacitada madre a la que cuida como un buen hijo y trabaja en la calle vestido de payaso anunciando productos con un cartel, donde llega incluso a recibir una paliza de unos jovenzuelos sin que nadie haga nada por ayudarle. No tiene estudios y su sueño es ser humorista para hacer reír a los demás. Aparte de eso, acude a una asistenta social que hace las veces de psicóloga y le receta todo tipo de medicación ya que su deseo es “dejar de sufrir”. Sabemos que en su diario tiene anotada la frase “no imagino que mi muerte me traiga más dolores que mi vida”, que se siente profundamente triste, pero ni él ni los espectadores sabemos el porqué hasta bien avanzada la trama: tras hacerle creer su madre –que sufría de psicosis y un trastorno narcisista- que su verdadero padre es Thomas Wayne e ir a hablar con él, termina por descubrir que no es así, que fue abandonado, que es huérfano, que fue adoptado por “su madre” y que uno de los novios de ella lo ató, lo golpeó y lo violó –algo que ella no trató de evitar-, recuerdos que él había reprimido profundamente y que eran la causa de su personalidad atribulada. Como llega a reconocer más tarde, no había sido feliz ni un solo día de su vida.
Para escapar mentalmente de su profunda tristeza, imagina de forma muy real situaciones que le hacen feliz, como su asistencia a un programa de televisión de un famoso presentador donde éste dice admirarle por su forma de pensar y diciéndole mientras le abraza que desearía haber tenido un hijo como él, o cuando cree que su vecina se siente atraído hacia él e inician un noviazgo. Es la manera que tiene de sentirse bien en su mente por unos breves segundos.
La primera pista de lo que nos quiere transmitir el director nos la encontramos en una de las escenas iniciales del largometraje: le pregunta a la asistente social si es solo él o el mundo se está volviendo cada vez más loco.
A partir de ahí, podemos empezar a ver el mundo tal y como él lo ve. Por eso decía líneas atrás que esta versión humanizada del personaje no es negativa. Al contrario, nos hace preguntarnos qué ve él y, al hacerlo, nos daremos cuenta de que, antes de llegar a los compases finales de la historia, más que loco está demasiado cuerdo. ¿Por qué? ¿Qué contemplan sus ojos implícita o explícitamente aunque no llegue a expresarlo con palabras? Cualquiera que sea observador puede verlo:

1) Que el mundo es injusto.
2) Que la sociedad está deshumanizada y carece de empatía, donde el amor y la compasión brillan por su ausencia.
3) Que los jóvenes tienen más conocimientos y habilidades que ninguna otra generación pero que a la vez carecen de valores morales.
4) Que la violencia gratuita está al orden del día.
5) Que prima el egoísmo y el “yo” por encima de todo.
6) Que las riquezas están mal repartidas.
7) Que se le concede una importancia abrumadora al físico, a la apariencia y al éxito personal.
8) Que el matrimonio ya no es fuente de estabilidad sino algo temporal.
9) Que no todas las personas tienen las mismas oportunidades en la vida. En una cara de la moneda están los Bruce Wayne y, en la otra, los Arthur Fleck.
10) Que los empresarios usan al resto de los seres humanos como mano de obra barata para su propio enriquecimiento.
11) Que deportistas que defraudan a Hacienda no entran en prisión porque se pueden permitir el lujo de pagar las multas que reciben sin inmutarse, por muy alta que sea la cuantía, mientras que una familia es desahuciada de su vivienda por no poder pagar la hipoteca como consecuencia de la precariedad laboral.
12) Que los Thomas Wayne de este mundo miran por encima del hombro a los que “no han alcanzado nada en la vida”.
13) Que la brecha entre ricos y la clase media cada día es mayor, siendo unos cada vez más ricos y los otros cada vez más pobres.
14) Que cada vez que hay una crisis económica los afectados son los mismos, que por supuesto no incluye a los políticos y a la clase alta.
15) Que en muchos trabajos no existe la meritocracia sino la elección a dedo; es decir, personas que entran a trabajar “por enchufe” mientras que otros que no lo tienen pero se lo merecen se quedan fuera.
16) Que millones de personas malviven con “contratos basura”, con bajos sueldos e inestabilidad, que hace imposible que hagan su propia vida y se independicen.
17) Que infinidad de jóvenes, tras haberse gastado sus padres miles y miles de euros en sus estudios, tienen que emigrar.
18) Que en incontables países la sanidad pública no ofrece cuidados paliativos a los enfermos terminales.
19) Que muchos enfermos mentales están encerrados y hacinados en cárceles del tercer mundo en lugar de estar recibiendo ayuda psiquiátrica en centros especializados.
20) Que las élites pueden acceder de forma inmediata –puesto que se lo pueden costear- a tratamientos médicos mientras que el resto tiene que esperar meses para ser tratados. Por ejemplo, en mi país, la Seguridad Social tarda de media unos 3 ó 4 meses en ofrecer cita a una persona que necesita ir al psicólogo, el cual le atenderá durante apenas media hora y se limitará a recetarle químicos. Como dice Arthur, en realidad “nadie se preocupa por ellos”.

El que tiene coche, casa y trabajo, mientras que no le afecte personalmente nada de lo citado, por norma general, no se preocupa por su prójimo.

Tu mundo & Mi mundo
¿Hay algo de lo reseñado que no sea verdad? Vuelve a leer los puntos por si tienes alguna duda. Ese es el mundo en el que vive tanto Arthur, como tú y como yo. Desde la caída en el Huerto del Edén, el mundo es tal cual, reinando la desigualdad, la corrupción, la inmoralidad, la maldad y la locura social. Como dijo el autor de Eclesiastés: “Nada hay nuevo debajo del sol” (Ecl. 1:9).
Si los que vivimos en democracias occidentales tenemos razones para quejarnos por infinidad de asuntos, ¡cuánto más los pobres de este mundo y los que viven bajo el yugo de gobernantes malvados y leyes opresoras, en los cuales no solemos ni pensar! Recordemos que los países pobres o donde los conflictos sociales son graves son mayoría. Para el que no lo sepa, aquí va el dato: “El 1% de la población mundial, aquellos que tienen un patrimonio valorado de 760.000 dólares (667.000 euros o más), poseen tanto dinero líquido o invertido como el 99% restante de la población mundial”[1].
Por todo esto, es normal que haya estallidos sociales cada poco tiempo en distintos lugares del planeta. Aunque las masas tienen la conciencia adormecida con distintos “opios” –de nombre “consumismo”, “deportes”, “redes sociales” y un larguísimo etcétera-, el descontento mundial está llegando a unos niveles elevadísimos, cansados de que el sistema solo funcione para unos pocos y de que por las buenas no se logre nada. Ese era el miedo que tenían en Estados Unidos con el estreno de “Joker”, puesto que el final muestra un estallido de las masas vestidas con caretas de payaso tomando al protagonista como ejemplo a seguir, y que ésta fuera un catalizador que sacara a relucir de forma violenta el sentir y la ira de millones de personas que viven bajo el yugo del sistema establecido. Algo parecido a lo desarrollado en “V de Vendetta”.
Hablando sobre esta cuestión a la salida del cine, uno de los amigos con los que fui, dejó caer que no sabía cómo no se había producido una rebelión en el mundo. En la misma línea iba el comentario que me dijo hace un par de años un conocido Policía con el que trabajo, que decía temer un estallido social en España. En mi opinión pienso que hay dos razones para que eso todavía no haya ocurrido en mi país:

- Por el consumo de “opio” que he citado líneas atrás, que mantiene a las masas sumisas y “relajadas”, en una especie de “Matrix” artificial. Por eso surgen también cada poco tiempo nuevos partidos políticos prometiendo trabajo, subidas de salarios, prosperidad y desarrollo tecnológico. Lo que vemos día sí y día también es a presidentes, diputados, concejales, senadores y alcaldes que ganan miles y miles de euros y que cobran sueldos vitalicios tras su jubilación. ¿Cómo nos quejamos nosotros? Con un “tuit” en Internet. En otro países los sacarían a gorrazos. Por citar un solo ejemplo más: en el 2014, del movimiento de los llamados “indignados” que parecía que iba a cambiar la nación, surgió un partido cuyo líder presumía de vivir en un humilde piso de un barrio modesto, autodenominándose el representante de la clase obrera, y lo primero que hizo al llegar a la política fue comprarse una parcela de más de 2000 metros cuadrados con piscina en una zona exclusiva de Madrid. Y así nos va.

- Y, sobre todo, porque millones de personas viven de subvenciones, de la llamada “economía sumergida”, de las ayudas de otros familiares y de la pensión de los padres. No se explica de otra manera sabiendo los porcentajes de desempleo en muchas regiones. El problema vendrá el día en que estos elementos comiencen a faltar.

En otras partes del mundo ya han estallado con mayor o menor virulencia. Ahí tenemos ejemplos recientes como la llamada “Primavera árabe”, las movilizaciones masivas en Sudán y Argelia que han acabado con el poder de sus dos líderes autócratas, graves disturbios en Túnez y Jordania, las protestas de “Los chalecos amarillos” en Francia”, los varios intentos en Venezuela de derrocar al tirano Maduro, el resurgimiento del fascismo en varios países europeos o las batallas campales entre manifestantes y policías antidisturbios cada vez que se reúne el G-12. El problema es que, en el mejor de los casos, la violencia solo provoca anarquía y miles de muertos sin que nada cambie para mejor. Hemos podido verlo en los últimos años en países como Irak o Libia, donde el derrocamiento de sus dictadores no ha mejorado las condiciones de vida. Y en el peor, que la represión sobre el pueblo aumenta. Lo pudimos ver cuando el ejército egipcio masacró a los Hermanos Musulmanes que pedían la caída del dictador Al Sisi y que a posteriori ha detenido a 60.000 personas, torturando a muchas de ellas hasta la muerte[2]. En otros países el control sobre el pueblo se lleva a cabo de forma más sutil –al menos por ahora- como en China por medio de la implementación del reconocimiento facial al estilo de la novela de George Orwell titulada “1984” y la limitación del acceso a Internet a contenidos considerados subversivos por el régimen comunista.
Los cristianos no podemos incitar a la rebelión ni ser partícipes de la violencia. Jesús jamás insinuó nada semejante. Es más, Él sufrió en sus carnes la crueldad por amor a nosotros. Un ejemplo de aquellos que no le hicieron caso –pocos años después de su muerte y resurrección-, lo tenemos en las revueltas de los judíos contra los romanos, que acabaron con la destrucción de Jerusalén y el exilio del pueblo hebreo. Bien dijo Pablo que nos sujetáramos a los gobernantes y autoridades (cf. Tit. 3:1). Como he dicho en más de una ocasión, la única excepción para no obedecer se produce cuando alguna ley humana nos ordena ir en contra de algún mandamiento de Dios.

Todo lo que hemos visto nos ha ayudado a situarnos en el contexto de la sociedad en la que vive Arthur, siendo vital para comprender el segundo artículo puesto que lo descrito es el trasfondo de la película al ser nuestro mismo mundo. Como ha dicho el director Michael Moore, “la historia que cuenta y los problemas que crecen en ella son tan profundos y necesarios que si apartas la mirada de esta obra de arte, te perderás el espejo que nos está ofreciendo”.

Continuará en De Arthur a Joker & Nuestro lado oscuro del alma.