viernes, 10 de enero de 2014

OVNIS ¿La verdad está ahí fuera?

Una de mis grandes pasiones durante la adolescencia era todo lo concerniente al tema OVNI. Me encantaban los documentales en televisión, los supuestos testimonios de abducidos y contactos con otras especies del universo, las películas de invasiones y los libros donde se narraban las influencias de la ciencia alienígena en las culturas antepasadas. Todo esto fue potenciado en mí por una de las grandes series norteamericanas de los años 90: “X-Files” (Expediente X), protagonizada por los intrépidos Mulder y Scully, que investigaban una conspiración mundial donde los gobiernos humanos eran cómplices y a la vez víctimas de una colonización extraterrestre.  
Todos nosotros nos emocionamos viendo al entrañable ET, nos sobrecogimos con Encuentros en la Tercera Fase (ambas del director Steven Spielberg), nos asombramos con ese cosmos infinito que salió de la mente de George Lucas y plasmado en su famosa saga Star Wars, nos aterrorizamos con La invasión de los ladrones de cuerpos, nos reímos con los disparatados cabezones de Mars Attacks y nos angustiamos al descubrir que los pacíficos amigos de V eran realmente lagartos, encabezados por la malvada Daiana. No puedo describir hasta que punto me impactó (y aun lo hace) la escena en que los astronautas de 2001 Odisea en el espacio se acercan al monolito de origen desconocido descubierto en la Luna mientras suena de fondo la pieza musical “Lux Aeterna”, de Gyorgy Ligeti (http://www.youtube.com/watch?v=GPKg2c_bRCs).
La lista de películas sobre esta temática es casi interminable: Star Trek, Ultimatum a la Tierra, Men in Black, Contact, Alien, Super 8, Independence Day, Misión a Marte, Abyss, Señales del futuro, Invasión a la Tierra, Distrito 9, Oblivion y muchas más. Algunas de ellas (incluyendo la extensísima literatura al respecto), más allá del puro espectáculo, se adentran en cuestiones metafísicas y filosóficas: ¿Quiénes somos?, ¿de dónde venimos? y ¿a dónde vamos?, preguntas que la antropología y la escatología cristiana responden claramente.
Es cierto que todo lo relativo a la cuestión OVNI ha ido calando poco a poco en la cultura popular y decenas de videos en Internet lo atestiguan. El último acontecimiento ocurrió hace unos días, donde un objeto volador no identificado provocó el cierre del espacio aéreo en la ciudad alemana de Bremen durante tres horas y un helicóptero de la policía persiguió sin éxito una esfera luminosa hasta que desapareció de los radares. Un portavoz oficial confirmó el hecho y sus palabras fueron intrigantes: “No sabemos qué, pero allí había algo”. Las primeras hipótesis hablan de un globo sonda o un dron (pequeño avión no tripulado), entre otras conjeturas. (http://www.youtube.com/watch?v=5-_VszwA-mc)
Nada de esto es nuevo. Lo podemos apreciar en el año 1938, donde el famoso director de cine estadounidense Orson Welles realizó una versión radiofónica de la aclamada novela La guerra de los mundos, del autor británico H. G. Wells. Fue tan realista que sembró el pánico entre miles de oyentes, al hacerles creer que realmente se estaba produciendo una invasión alienígena. Más de un millón de personas en Estados Unidos salieron a las calles despavoridas tratando de escapar de la supuesta invasión (aquí la asombrosa recreación: http://www.youtube.com/watch?v=VMGRCU4kLjI).
Aun así, el desencadenante de todo este fenómeno terminó por estallar el 2 de Julio de 1947, donde supuestamente se estrelló una nave espacial en Roswell, en Nuevo Méjico. La realidad es que la zona era un lugar de pruebas de cohetes espaciales de los Estados Unidos y lo que se encontraron fueron restos de fuselaje de un globo sonda experimental tras la explosión. Ni cuerpos de extraterrestres ni nada fuera de lo normal. Todo lo demás lo fue añadiendo la imaginación del ser humano con el paso del tiempo.
El 7 de Enero de 1948, el capitán de las fuerzas aéreas Thomas Mantell murió a bordo de su aparato P-51 Mustang cuando sobrevolaba Goldman Field en Kentucky (Estados Unidos), tras seguir lo que parecía un OVNI, perder el control y estrellarse. Luego resultó ser un globo Skyhood. Pero ya no había marcha atrás. El mundo estaba tan sensibilizado que ocurrió lo inevitable. En otras circunstancias, nadie lo hubiera atribuido a razones extrañas, sino que se hubiera explicado como lo que fue realmente: un accidente aéreo. Pero la cercanía del tema de los platillos volantes hizo que mucha gente se dejara llevar más por las emociones que por las evidencias. Por ejemplo, se comentó que el ataúd en el que se enterró al oficial estuvo cerrado todo el tiempo para que nadie viera las huellas del contacto con un OVNI. La pura realidad es que el procedimiento fue el habitual en fallecidos a causa de accidentes aéreos, ya que los cuerpos quedan seriamente dañados.
Desde mediados de los años 50 del siglo pasado, comenzaron a ocasionarse debates en programas de televisión, en revistas aparentemente especializadas en el tema donde ofrecían respuestas a todas las preguntas con las que comenzaba a especularse sobre la procedencia de estas naves, las características de sus tripulantes y sus intenciones: venían de Marte o de otros sistemas solares, algunos tenían dos ojos, otros tres; unos hablaban por telepatía, otros con palabras extrañas; unos preparaban una invasión (a gran escala o por infiltración), otros deseaban la paz y evitar el fin del mundo, etc. Las teorías se multiplicaron hasta el infinito.
Dentro de este puzzle tan complejo, se hace difícil no dejarse arrastrar por lo llamativo de tales acontecimientos y detenerse objetivamente a estudiar caso por caso. Y esto es lo que vamos a hacer a continuación, analizando los acontecimientos más famosos que se han dado hasta el día de hoy para que podamos comprobar si son reales o pura ficción.

1.- Los círculos de Chesefoot Head
En los años 80 aparecieron misteriosamente unos círculos en el paraje llamado Chesefoot Head (Inglaterra), sobre la hierba y los sembrados. Aparentemente no tenían explicación, por lo que se atribuyeron a los efectos producidos por el aterrizaje de naves espaciales. Pero en 1991 el mito se vino abajo. Doug Bower y Dave Chorley, dos jubilados con ganas de diversión, confesaron ser los autores, explicando cómo lo hicieron: de noche y con un trozo  de madera. Con un pie subido en la madera, aplastaban de forma circular la hierba o los sembrados, formando caprichosas figuras. Después, y para no dejar huellas, abandonaban el lugar por los surcos ya existentes. Aun así, se ha seguido usando como “evidencias” de la visita de otros seres. La película Señales de Mel Gibson alude directamente a este fenómeno.

2.- Las estatuas de la isla de Pascua
La explicación “extraordinaria” que se ha tratado de dar es que fueron construidas por seres del espacio ya que se requería de una gran tecnología y un gran número de personas dedicadas a su elaboración. Dado que la isla nunca ha tenido más de 2000 habitantes eso resultaba imposible. La realidad es que una estatua de 15 pies de altura requiere únicamente el trabajo de seis hombres trabajando con sencillísimos instrumentos de metal y madera. En solo tres días se configuraba el contorno de la estatua.
Otro argumento para afirmar un origen desconocido es que las estatuas pesan varias toneladas, por lo que fue imposible que la mano humana las alzaras. ¿Qué decir al respecto? Que hoy en día se siguen realizando estatuas por los habitantes de esta isla del mismo tonelaje y son levantadas por doce personas que se sirven de cuerdas y pértigas para levantarlas.
¿Y qué decir del rasgo físico de las estatuas? No parecen humanas a simple vista. La refutación es excesivamente obvia como para buscar algún misterio: Las “orejas largas” (como se les conoce) eran polinesios, como se puede comprobar en la actualidad.

3.- La tumba del astronauta de Palenque (Chiapas, México): 
 Según muchos, la prueba maestra. Dicen los “expertos” que esta escultura (un sarcófago) muestra a un cosmonauta con casco, vestido con un traje espacial y sentado en la cabina de mandos de un cohete que despide un largo chorro de fuego. Fallecido en la tierra, habría sido sepultado en aquel lugar y la tapa de la tumba serviría para indicar su origen extraterrestre.
La imaginación del ser humano es impresionante, porque cualquiera que observe detenidamente el sarcófago verá que el sujeto retratado en la cubierta no va vestido como un supuesto astronauta: no usa guantes, botas ni pantalones largos. Y habría que añadir que el aparente “casco” no cubre toda la cabeza. Cualquier conocedor de la cultura antigua, sabe que el individuo va ataviado como otros nobles mayas retratados en Palenque. Solo vemos un taparrabos, un cinturón ancho y diversas joyas al cuello, las muñecas y el tobillo, exactamente los mismos que se encontraron dentro del sarcófago. No me imagino a ET viajando en el espacio con esas pintas. La tumba refleja el momento en que un noble maya, de acuerdo a la mitología de esta cultura, se encuentra descendiendo a mitad de camino entre el mundo de la vida y el de la muerte. Su mirada se posa sobre el símbolo religioso de la cruz de la ceiba,  que era símbolo del renacimiento y de la vida, y en un pájaro quetzal, el símbolo del Dios sol.

4.- La pirámide de Keops


Todavía recuerdo el enojo de una amiga arqueóloga y amante de la cultura egipcia cuando un compañero de trabajo afirmó que las pirámides fueron construidas por seres de otros planetas, que a su vez eran el lugar donde se “posaban” las naves espaciales en su aterrizaje, como se describe en la película Stargate. Ella misma explicó que en la actualidad conocemos perfectamente cómo se construyeron: cuerdas, rodillos de madera, piedras extraídas de canteras, etc.
Otros dicen que, dada la magnitud de la pirámide de Keops, se hubieran requerido millones de obreros durante más de 500 años. La realidad es que trabajaron cuatro grupos de cien mil hombres (cada grupo tres meses al año) durante dos décadas (en el siglo XXVI a.C), como afirma el historiador Heródoto.

Estos son los cuatro casos principales sobre los cuales los ufólogos, que viven del cuento y del fraude (como el español J.J Benítez), basan sus creencias. Las repiten una y otra vez, tratando así de hacernos creer mentiras que cualquier interesado en el tema puede desmantelar de forma objetiva. El problema es que no son pocos los que las aceptan como verídicas sin saber que los farsantes se están riendo de ellos. Como amante de diversas novelas de ciencia-ficción, sé distinguir entre realidad y ficción. Incluso hay una parte de mí a la que le gustaría que Dios hubiera creado vida en otros planetas. Y es algo que no se puede descartar completamente, aunque la Biblia no señala nada específico al respecto. Pero dejarse llevar por la fantasía es un serio peligro que puede hacer desvariar a más de uno, llevándolo literalmente a perder su tiempo en sandeces. Por citar un ejemplo muy llamativo: hace unos años, se presentó ante la sociedad una película titulada “Alien Autopsy”. Apareció incluso en los medios de comunicación convencionales. Supuestamente, era el video filtrado sobre la autopsia a los extraterrestres del caso Roswell. Se vendió como real. Semanas después el famoso laboratorio Kodak analizó el susodicho video y demostró que era un fraude.
La arqueología bíblica lleva décadas encontrando más y más evidencias de las historias narradas en las Escrituras. Por el contrario, la llamada “astroarqueología” (si es que algo así existe) no ha encontrado nada. Jamás. Ni una sola vez. No hay nada a lo que agarrarse, ni una mísera prueba. La última moda, las calaveras de cristal, y que dieron origen a la última película de Indiana Jones, también han sido refutadas y ni de lejos tienen un origen extraterrestre como al principio nos quisieron hacer creer.
Sin embargo, los seres humanos prefieren seguir mirando a las estrellas buscando la verdad. Por eso es famoso el póster que cuelga del despacho de Mulder, el protagonista de “Expediente X”: “La verdad está ahí fuera”. Todos ellos se olvidan de que la Verdad encarnada ya vino a este mundo. Jesús dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). Los suyos (el pueblo judío) no le reconocieron (Juan 1:11), y los humanos actuales le ignoran a propósito porque prefieren vivir a su antojo (Romanos 1:21-32). En el fondo es un problema moral y esa es la raíz de la idolatría que vemos en el mundo, donde se “adora” a todo menos a Dios: deportistas, cantantes, actores, actrices, famosos, modelos, a uno mismo, etc., y se exalta como estilo de vida el hedonismo y el materialismo. Por eso no me extraña que algunos llamen “Mesías”, “D10S” o “Rey de reyes” a una persona por meter un esférico entre tres palos (títulos que son exclusivos de Jesucristo), o que hablen de la “religión cristiana” para exaltar al futbolista portugués del Real Madrid.
¿Y la respuesta a algunos casos aparentemente inexplicables, como objetos que aparecen y desaparecen en cuestión de segundos? Tenemos que basarnos nuevamente en las pruebas objetivas: Con las leyes de la naturaleza que imperan en el universo, los viajes siderales son completamente imposibles. Incluso el famoso proyecto SETI (Búsqueda de inteligencia extraterrestre), que consiste en descubrir señales procedentes de otras galaxias, no ha detectado absolutamente nada desde que comenzó hace más de cincuenta años, algo que ellos mismos reconocen ante las dudas que ocasionó una posible señal detectada en los años setenta. El profesor Michael Hart, miembro del SETI, declaró la enorme posibilidad de que estemos solos en el universo. El famoso astrónomo Carl Sagan, creyente en la vida extraterrestre, dijo honestamente que ninguna aparente evidencia “pasa la prueba” de la credibilidad.
Por otro lado, algunos cristianos afirman que los alienígenas son demonios, basándose en el texto de Génesis que señala que los hijos de Dios (según ellos, ángeles caídos) se “llegaron” a las hijas de los hombres (Génesis 6:1-4). Y para respaldar estas teorías emplean el texto que dice que “el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz” (2 Corintios 11:14).  Es cierto que hay un mundo espiritual que no vemos aunque esté ahí. El siervo de Eliseo se sentía aterrado al ver el cuantioso ejército sirio que rodeaba a los israelitas, por lo que el profeta dijo: Te ruego, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del criado, y miró; y he aquí que el monte estaba lleno de gente de a caballo, y de carros de fuego alrededor de Eliseo” (2 Reyes 6:17). El mundo invisible se hizo visible por unos instantes. Un ejército de ángeles los rodeaba. Pero de ahí a asegurar que los OVNIS (o sus “tripulantes”) son ángeles y/o demonios, es forzar la teología hasta límites peligrosos, por lo que hay que ser muy cautelosos al respecto. Por eso me sorprende y me entristece la facilidad con la que algunos se creen todos los videos de conspiraciones alienígenas y demás que hay en youtube como si fueran doctrinas, cuando son más propios de una novela de Dan Brown que de la realidad cristiana. Puede ser entretenido hablar de todo esto en alguna ocasión, pero no es razonable dejarse llevar por elucubraciones que confunden más que aclaran y que son propias de la prensa amarilla y sensacionalista.
Recordemos los cristianos estas palabras de “La Confesión de fe de Londres” (1689): “Las Sagradas Escrituras constituyen la única regla suficiente, segura e infalible de todo conocimiento, fe y obediencia salvadores [...] Todo el consejo de Dios tocante a todas las cosas necesarias para su propia gloria, la salvación del hombre, la fe y la vida, está expresamente expuesto o necesariamente contenido en las Sagradas Escrituras; a las cuales nada, en ningún momento, ha de añadirse, ni por nueva revelación del Espíritu ni por las tradiciones de los hombres”. Como dijo Pablo: Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redarguir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:16-17). No necesitamos nada más y lo que desconocemos nos los explicará Dios cuando llegue el momento, en Su presencia.
Y para los que no son cristianos, un consejo: dejen de buscar al monstruo del lago Ness, al Yeti, a alienígenas, conspiraciones, casas encantadas, fantasmas, y busquen a Dios mientras pueda ser hallado (cf. Isaías 55:6). Si lo buscan de todo corazón, lo encontrarán (cf. Jeremías 29:13).

miércoles, 1 de enero de 2014

El eco de su nombre


Atrás quedó la época en que hablar con familiares y conocidos que vivían lejos de nosotros era toda un odisea que requería de viajes de varios días o de cartas escritas con pluma que tardaban semanas en llegar a sus destinatarios. Vivimos en una etapa de la historia de la humanidad en que la tecnología nos permite ponernos en contacto de forma instantánea con cualquier persona del mundo. Hay multitud de medios: redes sociales, e-mails, teléfonos móviles, mensajería, wasap y una lista prácticamente interminable. Es cierto que en algunos casos nos ha servido para tener una relación más estrecha con algunas personas de nuestros círculos o incluso para ampliarlos, pero si somos sinceros reconoceremos que en general muchos contactos siguen siendo grandes desconocidos para nosotros: ignoramos sus pensamientos más profundos, sus miedos, sus sueños, sus esperanzas, sus traumas, sus sentimientos reales que ocultan bajo multitud de “emoticones” y fotos donde todo en la vida les sonríe, etc. Todo esta “ciencia” nos ha creado una falsa realidad donde creemos conocer a las personas mejor de lo que ocurre en la pura realidad.  Nada pueda sustituir al trato personal.
Todo esto suele repetirse en lo que respecta a la figura de Jesús de Nazaret. Tanto entre cristianos como los que no lo son, muchos se han “fabricado” una imagen de Él por medio de postales de Navidad, opiniones de terceras personas, libros, canciones, villancicos, etc. Algunos lo ven como una especie de mago que viene a cumplir sus deseos, sean de salud, popularidad o incluso riqueza. Otros como un chiquitín que nació en un pesebre, que se convirtió en un adulto sabio pero imposible de conocer y que se mantiene lejano de la humanidad. Gracias a Dios, él ha levantado a lo largo de los siglos hombres que se han esforzado en conocerle tal y como es realmente. Uno de ellos es mi gran amigo Salvador Menéndez (ejemplo de integridad y de vivir lo que cree), y la prueba de ello lo tenemos en su libro El eco de su nombre, donde reflexiona sobre los “Yo soy” de Cristo.
Jesús en persona se describe a sí mismo para que todos puedan conocerle sin imágenes distorsionadas ni prejuicios. El autor describe con sapiencia cada una de las expresiones que Jesús empleó: “Yo soy el pan de vida”, “Yo soy la luz del mundo”, “Yo soy la puerta”, “Yo soy el buen pastor”, “Yo soy la resurrección y la vida”, “Yo soy el camino, y la verdad,  y la vida” y “Yo soy la vid verdadera”, y que forman parte de la revelación progresiva que Dios comenzó en el Monte Sinaí y culminó en Jesucristo. En todos estos enunciados, se nos muestra claramente que únicamente en Él podemos encontrar sentido y propósito a nuestra existencia, guía para la vida, paz verdadera, consuelo en las aflicciones y garantía de eternidad. Todo ser humano que es capaz de asimilar estas verdades estará lleno por dentro. En consecuencia, y como dijo el poeta cubano José Martí: “Quien está lleno por dentro necesita muy poco de afuera”.
En este año nuevo que acaba de comenzar, es hora de que podamos decir como Job: “De oídas te había oído; Mas ahora mis ojos te ven” (42:5), y este libro es un ejemplo maravilloso, al que podemos volver una y otra vez porque nos recuerda constantemente QUIÉN y CÓMO es realmente Jesús de Nazaret. Los que ya le conocemos, para que sigamos profundizando en escuchar más y más Su voz. Y los que no le conocen bien o lo hacen de forma estereotipada, para que sepan de Aquel cuyo “nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Filipenses 2:9-11).



sábado, 21 de diciembre de 2013

Falacias abortistas y la nueva ley del aborto




Parto de la realidad de que todas las opiniones son respetables siempre y cuando estén bien argumentados. El “porque sí” o “porque lo digo yo” no me valen. Tampoco los extremos como los expresados por las activistas de FEMEN, que tachan de enemigos de las mujeres, opresores, miembros de sectas religiosas y neofascistas a los que no pensamos como ellas y proclaman a los cuatro vientos sus lemas “abortar es sagrado” o “mi cuerpo, mis normas”, y cuya inventiva sarcástica a la hora de expresarse me deja estupefacto. Siempre me gusta saber qué piensa el que disiente de mí en todos los temas, así puedo exponer con mayor claridad mis ideas. En sus redes sociales, y para justificar el intento de reventar la marcha de hace unas semanas en Madrid (algo que ni mucho menos lograron aparte de cuatro fotos con rostros embravecidos para la prensa ávida de morbo), expusieron sus pensamientos e ideales: “Porque el Estado español y su gobierno inquisitorio está siendo cómplice de la Iglesia de forma directa [...] Si ellos no respetan nuestros cuerpos y nuestras decisiones, nosotras no respetaremos sus libros, sus templos ni sus santas caminatas [...] Vuestro reinado medieval lleno de privilegios ha llegado a su fin [...] Si la religión y su ejército inquisitorio buscan una guerra santa, la tendrán, pero sabiendo que nuestra bandera será la que ondee triunfante sobre cada torre de cada templo que intente violarnos con sus santas normas [...] Nuestro ejército desnudo será el que esta vez prenda a todos los patriarcas”. ¡Madre mía! Parece un discurso pronunciado por  Kim Jong Il contra Estados Unidos más que el de una feminista.
Intelectualmente puedo entender que una persona atea defienda el aborto. Tiene su explicación: cree que venimos de la nada, que todo surgió por azar, que somos un puñado de células reunidas y que cuando muramos volveremos a la misma nada. Por lo tanto, un feto no es nada para ella. Esto explica su forma de actuar, aunque no la justifica como he explicado una y otra vez en este mismo blog.
En medio de ambas realidades (los que dicen “por que sí” y FEMEN), nos encontramos con personas que usan argumentos teóricamente correctos pero que realmente caen en la falacia: tienen apariencia de verdad, pero las supuestas realidades se basan en mentiras. El problema reside en que los que caen en esta trampa no son conscientes de ella o no quieren reconocerla. En este grupo podríamos poner un ejemplo muy concreto, el de la feminista Mar Grandal, presidenta de “Católicas por el Derecho a Decidir” en España, entrevistada hace unos días en “El País”[1]. Según ella, su defensa del aborto se basa en los argumentos de la Iglesia. “Nos basamos en la doctrina del probabilismo, un principio del siglo XVII que dice que donde hay duda hay libertad. Y una norma moral sobre la que hay dudas razonables no puede imponerse como si fuera cierta. Y el aborto no es un dogma, no es infalible [...] Además, defendemos la libertad de conciencia, un argumento de la tradición católica que apunta que la conciencia es el reducto más interno, donde está Dios. Por tanto, si una mujer, teniendo en cuenta esa libertad de conciencia, decide abortar ¿quién es nadie para juzgarla? Católica o no, debe ser libre para decidir. Nadie puede violar esa conciencia. Yo no creo en un dios juzgador, sino en un dios misericordioso, amoroso, que comprende la situación de cada mujer. Ni siquiera Jesús culpabilizó ni juzgó a las mujeres”.
Sinceramente, desconocía ese postulado al que hace alusión. Sea como sea, esa “doctrina” de hace varios siglos  carece de validez al chocar frontalmente con los principios divinos reflejados en la Biblia. La señora Grandal (que dice ser católica, y por lo tanto, en teoría, cristiana), afirma que la mujer es libre para abortar, lo cual es una incongruencia y una falacia de proporciones cósmicas. “Aborto” y “cristianismo” no pueden ir en la misma afirmación. “Cristianos” y “derecho a decidir” tampoco. Sus palabras son completamente incongruentes con las enseñanzas de Jesús, al que tanto cita. Defiende la libertad de conciencia como si ésta fuera la última palabra. Sin embargo, Dios mismo nos avisa del peligro de la conciencia y de lo poco fiable que resulta: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras” (Jeremías 17:9-10). Si todo se basara en la conciencia propia, ¿para qué se molestó Jesús en explicar las leyes divinas que fueron establecidas? Lo que Grandal defiende sobre la libertad no concuerda con el cristianismo, sino que es puro relativismo moral: “Si yo siento que no está mal, es que no está mal; si yo siento que está bien, es que está bien. Así lo siento de parte de Dios”. ¡Un completo desatino! Por otro lado, toma de Jesús lo que le conviene y se olvida de otras verdades. ¿Qué no cree en un Dios que juzga? ¿Entonces por qué Jesús habló multitud de veces sobre el infierno? Jesús no se dejó matar porque creía en la libertad (como trata de resaltar Grandal), sino que murió voluntariamente para pagar por nuestros pecados y regalar la vida eterna a todo aquel que creyera en Él y en su sacrificio. Sí, Dios es misericordioso, pero ¿qué Él no juzga? ¿No dice en Apocalipsis 20:12 que Dios juzgará a cada ser humano, hombre y mujer, sin distinción? Como antigua estudiante de Teología, se ha formado un “dios” a su medida, pero no el Dios que revela la Biblia.
La entrevista continúa: Un feto no es una persona. ¿Por qué consideran eso un asesinato y no se preocupan del cuidado del ecosistema que hace que fetos y personas mueran? Si tanto defienden la vida, ¿por qué no salen a la calle cuando una mujer es víctima de violencia de género? Nosotras sí somos provida. Ellos son movimientos antiderechos”. Sinceramente, yo me quedo de piedra y con mal cuerpo tratando de comprender cómo alguien puede pensar así. ¿Por qué tiene que mezclar un tema con otro? ¿Por qué cree que el feto sin desarrollar no es un ser vivo si desde el mismo instante de la concepción ya posee todo el material genético para su desarrollo?: A las dos semanas de la concepción, está completamente implantado en el útero. Una semana más tarde, ya se le están formando el cerebro, la médula espinal y los ojos; y unos días después le latirá el corazón”[2].
Esto no es una cuestión religiosa o de fe, sino que es pura biología. Como un lector dijo: “Cualquiera de nosotros empezamos siendo un embrión y si el proceso no hubiera seguido 40 semanas en el vientre de nuestra madre no habríamos nacido y no estaríamos aquí. Un espermatozoide o un óvulo por separado no son seres humanos, pero cuando el espermatozoide fecunda el óvulo pues ahí está el principio de todo. Lo que tenemos que ver es qué se quiere fomentar, la responsabilidad de tomar todas las medidas posibles antes de que el proceso empiece o la responsabilidad de eliminar una vida [...] Desde el momento de la concepción, esa identidad de especie y de individuo queda establecida y nada ni nadie puede transformarla en una identidad diferente. Si el embrión fuera un ser vivo genérico o indefinido, el endometrio de cualquier organismo placentario podría recibir su anidación llevando a término un xenoembarazo sin problemas, pero tal cosa no ocurre. Es la propia fisiología humana la que reconoce la humanidad del embrión. Desde ese momento temprano, estamos hablando, por tanto, de un ser humano con una existencia propia, que sigue su desarrollo ordenadamente según las pautas de la ontogenia que a los seres humanos nos caracteriza, guiada por una configuración genómica concreta y dentro de un entorno particular, que determina cada forma en que interactúan genética y epigenética;  no estamos, por consiguiente, ante un ente de razón abstracta, ni ante una entelequia metafísica. Este es el motivo por el que el aborto en el que media la voluntad de acabar con esa vida humana ya en curso merece recibir el nombre de homicidio prenatal. Como se puede comprobar, esta argumentación para nada implica a la religión; tiene una base exclusivamente ética y humanista estableciendo, desde la realidad biológica, un punto de apoyo para calificar la posturas políticas que han de definir cualquier Ley. Desde este punto de vista, una protección suplementaria del recién concebido no supone una regresión sino un claro avance, un progreso que permite arrumbar la desconsideración por la vida humana que caracterizara el materialismo ciego de  la postura tradicionalmente mantenida por la izquierda, claramente reaccionaria”.
El problema de muchos es que tergiversan la biología objetiva a su antojo personal para ajustarla a la moral propia: “Hago lo que quiero y cuando quiero porque no quiero asumir ninguna responsabilidad”. Ese podría ser el lema de todas las plataformas abortistas. Sé de un ginecólogo de mi ciudad que cada semana se acerca a la entrada de una clínica abortista y le ofrece a las mujeres que van a entrar una ecografía gratuita en su consulta. Las que aceptan, cuando escuchan el latido del corazón del hijo que llevan en su interior, comienzan a llorar quebrantadas y muchas desisten de abortar. Asumieron que no era un juguete que podían tirar por la ventana.
Desde el momento en que ese nuevo ser surge en el interior de una mujer, los derechos de ella para decidir si vive o muere desaparecen: está en su cuerpo pero no es su cuerpo, y esto no tiene nada que ver con el patriarcado y el machismo que denuncia.  
Isabel Serrano Fuster, ginecóloga y portavoz de la Plataforma Decidir Nos Hace Libres, y María Luisa Soleto Ávila, directora de la Fundación Mujeres, ofrecían algunos  argumentos para la ya antigua ley del aborto[3]:

1.“Porque funciona. No se han cumplido las profecías de un incremento notable del número de abortos”. ¿Qué no han aumentado el número de “interrupciones voluntarias del embarazo”? El gráfico hace que mis palabras sobren.  
         
2. “Porque respeta a las mujeres. El reconocimiento de un plazo en el que las mujeres puedan decidir libremente sobre si quieren seguir adelante o no con su embarazo es la única manera de no atropellar los derechos fundamentales de las mujeres embarazadas”. Esto no es evolución de valores como dice el magistrado y portavoz de Jueces para la Democracia, Joaquim Bosh, sino involución. ¿Derechos fundamentales de las mujeres embarazadas? ¿Y los derecho del nasciritus?[4] ¿Ellos no son libres de decidir si quieren nacer? No me imagino unas elecciones entre prenatales y ganando la mayoría del “no”. ¿Y en el caso de una violación, que sí recoge la nueva ley del aborto?: “Ese niño inocente, que también es de la madre, no debe pagar un crimen tan execrable con su vida. Si la madre no se ve capaz de criarlo puede darlo en adopción, y así romperá el ciclo de violencia; La violación es uno de los argumentos más manipulados a favor del aborto. Hace dos años, en Estados Unidos, un Comité de Mujeres Embarazadas por Asalto Sexual quiso hacerse oír: ´Nos ofende profundamente cada vez que nuestra difícil situación se explota para promover los intereses políticos de otros`. En los dos únicos estudios sobre estos casos, se descubrió que aproximadamente el 70% de mujeres en esta situación decidieron tener el niño. Además, el Elliot Institute (www.afterabortion.org), que estudia el síndrome post-aborto, en una encuesta a estas mujeres, descubrió que al 80% de las que habían abortado les había causado más mal que bien y se arrepentían”[5].

3. “Porque es la mayoritaria en Europa [...] Porque la población está conforme [...]”. Que una inmensa mayoría esté a favor del aborto (lo cual no es cierto) y que en muchos países de Europa se permita el aborto casi por cualquier causa, no es un argumento de peso para legislar sobre lo correcto y lo incorrecto. Si hiciéramos lo que se nos antojara en todos los ámbitos de la vida porque la mayoría pensara de la misma manera, dejaríamos de pagar impuestos y en el supermercado, no trabajaríamos, nos tomaríamos la justicia por nuestra mano sin necesidad de jueces y policías, etc. Lo que nos hace libres no es decidir ni hacer lo que queremos, sino la verdad, como dijo Jesús (Juan 8:32). Y la verdad no depende de opiniones ni de mayorías. Como decía Winston Smith, protagonista de la famosa novela “1984” de George Orwell: “Encontrarse en minoría, incluso en minoría de uno solo, no significa estar loco. Existe la verdad y lo que no es verdad, y si uno se aferra a la verdad incluso contra el mundo entero, no está loco”.

Muchos se justifican con los casos de graves malformaciones del feto o del peligro para la vida de la mujer para justificar el aborto. Pero, ¿por qué no dicen que este supuesto únicamente se da en el 10% de los casos, y que el resto es simple y llanamente porque la mujer lo considera un embarazo no-deseado, aun estando el feto en perfecto estado de salud? Dentro de esa décima parte, hay una categoría específica donde el feto es compatible con la vida pero viene con alguna minusvalía. Podemos imaginar cuán difícil puede llegar a ser la situación para los padres aunque solo ellos sean capaces de entender tal dolor. Pero, ¿impediremos que nazca un chico o una chica con una minusvalía, con síndrome de Down, sordo o sin brazos? El impactante testimonio de Nick Vujicic, que nació sin brazos y sin piernas, debería hacer recapacitar a muchos (http://www.youtube.com/watch?v=yIqyWlqYYyI). 

Soy plenamente consciente de que la auténtica raíz de este inmenso problema es la maldad y el egoísmo del ser humano, y estoy totalmente convencido de que la única solución verdadera es volverse a Dios. Y en esta situación coyuntural nos toca poner de nuestra parte. Entiendo situaciones donde el desamparo del progenitor o los escasos recursos económicos “empujan” a una mujer a abortar, pero es ahí donde el Gobierno y las Instituciones deben ofrecer claras alternativas: ayudas económicas, facilidad para la adopción, etc. Aunque no es perfecta al dejar algunos recovecos legales para la pillería e insuficiente en cuanto a ayudas económicas y protección para las embarazadas, los que estamos en contra del aborto hemos visto un paso positivo con la nueva ley aprobada por el Consejo de Ministros[6] (aun sin vigor). Pero no podemos quedarnos ahí. Debemos ir más allá e implantar una sana educación donde la relación de pareja sea motivada dentro de un marco familiar, afectivo y lleno de valores, concienciando el respeto a la vida que surge en el útero de la madre, y estableciendo ayudas sociales para aquellas mujeres que las necesitan. Ese es el próximo paso que debemos dar. Es una tarea fundamental para la sociedad, PARA TODOS NOSOTROS.

p.d: Lamentablemente, el pueblo español mostró su inmoralidad y el clamor popular fue tal que obligó al Gobierno (cobarde gobierno) a no implementar dicha ley. De forma honrada e íntegra, Alberto Ruíz-Gallardón, el Ministro de Justicia y promotor de dicha ley, en un acto que le enaltece, presentó su dimisión inmediata.


[2] María Martínez López, UNO, mayo 2009, p. 3
[4] Nasciturus ('[el que] ha de nacer', participio de futuro en latín) es un término jurídico que designa al ser humano desde que es concebido hasta su nacimiento. Hace alusión, por tanto, al concebido y no nacido.
[5] María Martínez López, UNO, mayo 2009, p. 3
[6] Resumiendo la nueva Ley del aborto : -Se termina con el aborto como derecho; Se permitirá solo en dos supuestos: violación (máximo 12 semanas) y riesgo para la madre (máximo 22 semanas); El riesgo debe suponer “un menoscabo duradero” de su salud; Se elimina el supuesto de malformación fetal; La anomalía fetal se admitirá si es “incompatible con la vida”; La mujer necesitará el aval de dos médicos ajenos a la clínica; Las clínicas no podrán anunciarse; Todos los médicos podrán objetar; Las menores necesitarán permiso y acompañamiento paterno. Para más detalles sobre la “Ley Orgánica de Protección de la Vida del Concebido y de los Derechos de la Mujer Embarazada”: http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/12/20/actualidad/1387549419_233676.html