miércoles, 10 de junio de 2015

5.1. Las amistades con el sexo opuesto: Diferencias entre amistad y amor





Este es un tema que no es nada fácil de abordar y del que se han escrito multitud de libros, y aquí quiero aportar mi granito de arena. Estoy convencido de que Dios desea que tengamos buenas amistades con personas del sexo opuesto aunque no sean nuestra pareja sentimental. Es cierto que resulta problemático porque hay ciertas fronteras que en ocasiones son difíciles de marcar y, sobre todo, de distinguir. Así que vamos a tratar punto por punto para tratar de llegar a algunas conclusiones que nos resulten satisfactorias para todos.  

Los primeros escarceos
Puesto que las amistades entre personas de distinto sexo varían según la edad, empezaremos hablando a partir de la etapa de la adolescencia.
Evidentemente puede surgir una complicidad entre dos jóvenes de distinto sexo que les lleve a ser amigos íntimos. Pero hay que tener muy claro que esa relación tiende a convertirse en el enamoramiento mutuo (o, al menos, de uno de los dos), aunque no tiene que ser siempre así, ni mucho menos. En esa edad comienza el despertar sexual y se busca de manera inconsciente y de manera natural a la persona del otro género. Nace el deseo de sentir ternura, aprecio y una complicidad más íntima. Las chicas comienzan a sentir atracción hacia los chicos alrededor de los 12 años, y sobre los 14 ocurre lo mismo de los chicos hacia ellas. La diferencia principal a esa edad entre los dos sexos es que ellas buscan más el cariño emotivo y, puesto que maduran antes en el campo emocional que ellos, es normal que se fijen en chicos mayores. Por el contrario, ellos se centran más en el terreno sexual; de ahí la atracción física que tanto les llama la atención.
Al comienzo, las relaciones entre chicos y chicas surgen de manera espontanea y hacen prácticamente lo mismo que todos los amigos: hablar, pasear, hacer deporte, salir al cine, etc[1]. Eso sí, casi siempre en grupo: las típicas pandillas. Y, un día, de repente, sienten que están enamorados de un amigo. La amistad surgió sola y el enamoramiento exactamente igual. Así comienza el tira y afloja con las frases de doble sentido, las miradas cruzadas y avergonzadas, el “sí pero no” y el “no pero sí”, hasta que llega el día en que uno de ellos suele tomar la iniciativa y se declara. Normalmente no lo hace a lo loco. Suele usar espías (o sea, las amistades en común) para asegurarse de que el sentimiento es recíproco. Esas semanas que transcurren entre el enamoramiento y la declaración suelen ser un torbellino interior que provoca que cueste la misma vida dormir, el apetito decrezca y el único deseo e interés en la vida sea estar con la persona amada. Sólo existe un pensamiento: Él/Ella. Si la respuesta del otro es , a partir de ahí pueden ocurrir distintas circunstancias:

- La pareja dura un breve periodo de tiempo que será recordado en el tiempo como el “primer amor”. Evidentemente, no es una edad sencilla, puesto que ambos son totalmente inmaduros y están en pleno proceso de formar su propia personalidad. Como alguien dijo: “Si ya es difícil cuidar de uno mismo, cuánto más de dos”. Esto puede causar muchos problemas ya que arrastran esa inmadurez durante el noviazgo. Pueden sentir que han dejado de crecer a nivel individual porque no han podido desarrollarse por libre y de repente tienen una relación entre manos cuando no saben ni cuidar de sí mismos. Se enamoran por causas superficiales, como la belleza física y lo divertido que resulta la otra persona, pero no saben realmente en qué basan el amor que creen sentir.
- O, por el contrario, la pareja se va estableciendo con la edad, maduran juntos y superan progresivamente todas las dificultades que surgen en el camino.

Así se suele establecer la diferencia entre amistad y amor en la adolescencia.
La pregunta que muchos se hacen es si a estas edades se deben tener relaciones de noviazgo. Hay opiniones para todos los gustos. En ningún lugar de la Biblia se cuestiona este asunto. En la cultura semita y en otras era costumbre que los padres acordaran el matrimonio, que se contraía a edades muy tempranas, aunque procuraban respetar los deseos de los hijos. Las tradiciones eran totalmente diferentes a las del presente y no nos podemos ceñir a ellas. Sí así fuera, también tendríamos que casarnos con nuestra cuñada si nuestro hermano falleciera y no tuviera hijos, como se indica en Deuteronomio 25:5. Y esto es algo que no creo que muchos estuvieran dispuestos a llevar a cabo.
Antes de proseguir, dejemos varias cosas claras: No entiendo a los que hablan de “noviazgos intermedios”, que hacen distinción entre un “noviazgo informal” y un “noviazgo formal”, como si fuera un juego de adolescentes, tal y como apoyan Michael y Amy Smalley en el libro “Vestidos para las citas amorosas”. ¿Acaso un noviazgo es un mero pasatiempo? ¿Por qué se banaliza algo tan importante? Existe la amistad profunda por un lado, y el noviazgo con propósito por otro; no hay caminos intermedios ni noviazgos informales. La razón principal para estar de novios es comprobar si la persona que tenemos delante es la adecuada para casarnos con ella y permanecer a su lado toda la vida, no meramente para pasarlo bien. ¿Está preparado un adolescente para tomar tal decisión? Evidentemente no. No posee ni la madurez ni la experiencia requerida para decidir en tal encrucijada, aunque se sienta locamente enamorado y crea que ese amor nunca pasará, y que en su caso no será como en el resto cuyas relaciones no llegaron a buen puerto. La realidad es que, a esta edad, apenas ha conocido a otras personas y, con el tiempo, casi con total seguridad, conocerá algunas que le gusten mucho más por razones más objetivas. De ahí la razón de que la inmensa mayoría de los noviazgos adolescentes fracasen.
Ahora bien: ¿Prohibe la Palabra de Dios un noviazgo entre personas jóvenes? No, sino que ella marca pautas generales para las relaciones humanas. Pablo dice que “por medio de la ley es el conocimiento del pecado” (Romanos 3:20), y en ningún lugar se enseña que el noviazgo entre adolescentes sea pecado en sí. Así que no soy partidario de prohibir rotundamente algo que la Biblia no define como transgresión a la Ley ni de aumentar la lista de prohibiciones como hacían los fariseos.
Dicho esto, es cierto que el sentido común recomienda no involucrarse en estas relaciones prematuras: “Todo me es lícito, pero no todo conviene” (1 Corintios 10:23). Pero también lo es el hecho de que a veces se da el caso que hemos visto: las dos personas juntas van madurando sobre la marcha tanto a nivel personal como en su relación con Dios y terminan casándose muchos años después, aunque hay que reconocer que no es ni mucho menos la norma y que es muy difícil. El problema es que todo el mundo piensa que ellos serán la excepción. Como sé que a la gran mayoría de los adolescentes no les entusiasma este punto de vista, lo único que pueden hacer las personas adultas y maduras que estén a su alrededor (especialmente sus padres) es hablarles de los pros y contras, guiándoles en el camino, para que entiendan qué es realmente el noviazgo, el cual no es una sucesión continua de besos y romance sin fin.

Los límites que separan la amistad del amor en la vida adulta
En la edad adulta, la amistad íntima entre personas de sexo opuesto conlleva mayores dificultades. Hay muchos que niegan la posibilidad de esta clase de relación, como dice Jules Renard: Entre un hombre y una mujer la amistad es tan sólo una pasarela que conduce al amor”. Como yo lo entiendo, la realidad es distinta: Creo que sí se dan esta clase de amistades sin que haya amor romántico de por medio. Pero aunque sean reales, me vuelvo a repetir: no es sencillo por muchas y variadas razones que vamos a exponer. La más clara de todas: entre dos personas que comparten una amistad verdadera puede surgir el enamoramiento en cualquier momento, sin buscarlo y de manera inesperada. Fuimos creados así, para sentir atracción el uno por el otro, el hombre hacia la mujer y la mujer hacia el hombre. Esa atracción es natural. Y esa huella que nos caracteriza no puede ser borrada porque el amor (el verdadero amor) surge en varias etapas: Comienza con la amistad espontánea y genuina. El siguiente nivel es el sentimiento de cariño y ternura. Luego se produce la atracción física y el romanticismo. Y termina con la entrega mutua que lo desea todo del otro.
Por lo tanto, es relativamente fácil enamorarse en esta clase de amistad. Y, de igual manera, no es tan fácil que suceda. ¿Por qué? Porque se conocen tan bien el uno al otro y desde hace tantos años que el factor sorpresa casi no existe, y sabemos que este suele ser uno de los ingredientes que dan lugar a esa primera chispa del enamoramiento. Realmente no hay fórmulas matemáticas exactas para determinar sí ocurrirá o no. El corazón es un verdadero misterio.
En esta edad todo es diferente. Ya no se busca la superficialidad sino las relaciones que aporten crecimiento a la propia vida y a la de otra persona. Comenzamos a interesarnos de verdad por el otro: sus intereses, gustos, aficiones, sueños, miedos, fortalezas, debilidades, virtudes, defectos, etc. Y viceversa. Todo esto nos lleva a una verdadera amistad. Pero estas características se repiten también en el amor porque es prácticamente la labor de una pareja: escuchar a la otra persona, ofrecerle consuelo, consejo, ánimo, valorar lo positivo y reconducir lo negativo, contar los secretos más íntimos y compartir tanto las alegrías como las tristezas.
Como sabemos, el roce hace el cariño. Y ese roce continuo nos puede llevar al enamoramiento sin que en un principio fuera ese el propósito. Y nadie está preparado para negar ese sentimiento cuando surge. Se puede ocultar. Se puede reprimir. Pero no se puede negar ante uno mismo ya que no hay disfraz que pueda largo tiempo ocultar el amor donde lo hay.
¿Cuál es el límite entre los sentimientos de amistad y el amor? Esta definición es bien clara: “Entre una amistad profunda y sincera con un alto nivel de compenetración y el amor existe una frontera muy imprecisa; posiblemente la existencia o no de atracción sexual sea el factor que incline la balanza hacia un lado u otro. Y la sexualidad es algo que unas veces con claridad y otras de forma insinuada, consciente o inconscientemente, impregna toda relación y comunicación estrecha entre hombre y mujer[2]. Personalmente quiero añadir un matiz a esta definición: Puedes declarar que una amiga es guapa sin que esto implique necesariamente que sientas atracción física hacia ella. De igual manera que puedes abrazarla de manera especial sin que esto conlleve sentimientos románticos.
El amor y la amistad difieren de forma clara. El enamoramiento propio no asegura que la otra persona vaya a sentir lo mismo por nosotros, por mucho que lo deseemos. Y si es al revés, que ella esté enamorada de nosotros, no significa que vayamos a experimentar el mismo sentimiento. En ambos casos, aunque no nos correspondan/no correspondamos, esto no provocará que el amor que siente uno de los dos desaparezca instantáneamente. Sin embargo, en una amistad es diferente. Si la otra persona no desea ser nuestro amigo, más temprano que tarde desaparecerá nuestro deseo de ser parte de su vida. Y lo mismo de él respecto a nosotros si no queremos saber nada sobre su persona.
Aunque es uno mismo quien debe determinar el límite entre la amistad y el amor, nosotros mismos podemos descubrir cuál es a partir de ciertos detalles. Por ejemplo, la necesidad que tenemos de contacto físico con esa persona. Puede que otros te toquen o te abracen, pero ¿qué sientes cuando ese amigo lo hace? Aparte de esta señal, se puede percibir otras que se van acumulando, como el sentir celos al verlo con alguien de tu mismo sexo, el deseo creciente de pasar más y más tiempo a su lado, la necesidad de saberlo todo de la otra persona (el amigo no necesita tanto), lo que piensa y siente en todo momento, la forma de mirarl@, etc.
El dar muestras continuas de cariño a un amigo por el cual no hay sentimientos románticos suele ser fuente de conflictos, pues hace dudar al otro de las verdaderas intenciones. Se confunde amistad con algo más. Si no hay sentimientos románticos en ti, cuida ese detalle, como el hecho de hacer regalos muy personales con asiduidad, los continuos halagos, la exaltación de sus virtudes y valores, o los piropos sobre su atractivo físico.  
El sexólogo educador Felipe Hervé España Aguilar coincide en que la amistad puede darse entre hombres y mujeres, aunque para que esto ocurra debe haber una atracción distinta a la física. Por ejemplo, indica que puede tratarse de una atracción a nivel intelectual o afectiva, indispensables para llegar a una intimidad en lo que a amistad se refiere. No obstante, manifiesta que el respeto mutuo y el límite que se establece marca la pauta entre una sana amistad y una relación más allá de este sentimiento.
Hasta este punto todo en orden. Si una amistad lleva a una relación, bienvenida sea, ya que el hecho de que ambos sean íntimos amigos es una de las bases principales del noviazgo. Los lazos serán más fuertes y un gran tramo habrá ya sido recorrido para el idilio que comienza, dado el conocimiento mutuo que se ha forjado durante años.
Aquí un ejemplo copiado de uno de los cientos de foros en Internet que tratan este tema peliguado, narrado por una chica de 29 años: “Me encantaba estar con él, hablábamos siempre de todo, le tenía confianza absoluta. Incluso le presenté un par de amigas para que saliera porque lo veía muy solo. Recuerdo muy bien cuando lloré delante de él por un tipo que me encantaba y no me hacía caso. Él tenía la palabra precisa para consolarme”. Pero esta amistad profunda comenzó a provocarle sentimientos que sentía ajenos: “Me ponía celosa cuando lo veía cerca de otra mujer. Necesitaba verlo más seguido y buscaba excusas absurdas para llamarlo por teléfono. La gente que nos rodeaba se daba cuenta y me insistían en que yo estaba enamorada de él. Reconozco que estar cerca de él me agradaba, es más, lo buscaba. Le tomaba la mano, lo abrazaba, teníamos un vínculo muy cercano”. Finalmente el proceso se desencadenó: “En un asado realizado en mi casa le di un beso. Sentí que la química era muy fuerte. Desde entonces, hasta ahora, nunca nos volvimos a separar. Estamos casados hace más dos años y tenemos una hija. Sigue siendo mi mejor amigo, pero adoro que además viva conmigo”. Tan real como la vida misma.
Por el lado contrario, si no surgen estos sentimientos en ningún momento, la amistad seguirá adelante. Será igualmente enriquecedora puesto que la vida se contempla de manera diferente según nuestro género y podemos aprender los unos de los otros.

* En el siguiente enlace está el índice:
* La comunidad en facebook:
* Prosigue en:
5.2. Las amistades con el sexo opuesto: Complicaciones y posibilidades.
http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2015/06/52-complicaciones-y-posibilidades-en.html 


[1] Como siempre, me refiero a actividades que suelen realizar los solteros cristianos. Si estos van a discotecas y fiestas donde el consumo de alcohol es masivo, el problema es evidente. Hay incongruencia entre lo que dicen creer y lo que practican.
[2] J. A. Vallejo-Nágera. Guía práctica de Psicología.

lunes, 1 de junio de 2015

Alma salvaje: Cuando el dolor puede convertirnos en la mejor o en la peor versión de nosotros mismos


De vez en cuando aparece una pequeña obra de arte en el lugar más inesperado que termina tocando la fibra sensible, y de la cual podemos extraer grandes lecciones atemporales ya que pueden servir tanto para el presente como para un futuro lejano. En este caso, me la he encontrado en una película que en un principio no me llamaba la atención en absoluto pero que acabó por conmoverme profundamente: “Alma salvaje” (Wild en su versión original), basada en la autobiografía de Cheryl Strayed y protagonizada por la actriz Reese Witherspoon. De lo mejor que he visto en los últimos años. Que nadie espere tiroteos ni superhéroes, sino la contemplación de un viaje interior a las heridas más profundas del alma y la sanidad consecuente, por lo que recomiendo encarecidamente verla a solas, en silencio y sin distracciones para dejarse envolver por la trama y reflexionar por uno mismo. En breve comenzaré con el libro, y podría esperar hasta entonces ya que seguramente le añadiría riqueza a estas líneas, pero no quiero demorarlo más. Así que quizá en otro momento lo amplíe. El tiempo lo dirá. Mientras tanto, me conformo con deleitarme con la canción “El cóndor pasa” (1970)[1], que baja el telón a la película como perfecto colofón.
Hasta donde yo sé, Cheryl Strayed no es cristiana, pero me sirvo de su testimonio como base para desarrollar las ideas que quiero expresar, respondiendo a las preguntas que ella plantea en su diario: “¿Hay un camino a la redención? ¿Se puede poner un punto y final y empezar de cero? ¿Es posible dejar atrás el pasado y volver a construir una vida sin mirar atrás? ¿Cuánto tiempo lleva levantarse y reponerse? ¿Siempre hay luz al final del túnel?”

Un relato crudo
En esta dura historia, Cheryl camina unos mil ochocientos kilómetros por el sendero de las Cimas del Pacífico (que transcurre desde la frontera de México hasta Canadá pasando por el desierto de Mojave), con el propósito de encontrarse a sí misma y curar las heridas del pasado. A través de diversos flashback, contemplamos como su vida quedó profundamente marcada a los 22 años por la muerte de su madre a causa de un cáncer. Este acontecimiento la destruyó. No supo transitar por el duelo. Desde aquel instante, sumida en el dolor y queriendo huir de él, comenzó un camino de autodestrucción que la convirtió en la peor versión de sí misma. Esto la llevó a una vida alocada y sin ataduras, llena de adulterio, sexo con desconocidos que se aprovechaban de su estado emocional, consumo de heroína, etc. Según le confesó a un psiquiatra en un momento en que intentó redimirse, “se siente bien y feliz” actuando de tal manera, “y cuando no las hago me entran ganas de morirme”. Finalmente, todo esto provocó su divorcio.

Nuestras dos caras
Los humanos son seres maravillosos y complejos. Son capaces de realizar complicadas proezas físicas, hacer cálculos intelectuales abstractos, producir increíbles imágenes y sonidos[2]. De igual manera, cualquier ser humano tiene la capacidad de llevar a cabo las mayores atrocidades imaginables. Pero aquí no quiero hablar de genios o de altruistas, ni tampoco de genocidas o maltratadores, puesto que son casos extremistas. Quiero referirme a aquellos que conformamos la media, la norma general: tú y yo.
Salomón dijo que “Dios hizo al hombre recto” (Eclesiastés 7:29). Tanto el hombre como la mujer fueron creados perfectos y con una única naturaleza. Pero ocurrió algo que todos los cristianos conocemos: “El pecado entró en el mundo por un hombre (Adán), y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Romanos 5:12). Por eso “el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud” (Génesis 8:21). Basta con observar con qué facilidad aprenden los niños a hacer lo que no es correcto, a pesar de que saben en su foro interno que están haciendo lo malo.
En todos nosotros hay tinieblas y no creo que nadie se atreva a negarlo. Como dijo Pablo: “Queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí” (Romanos 7:21).
Algunos creen que tras el nuevo nacimiento la antigua naturaleza desaparece. Ni mucho menos. Los deseos de hacer el mal siguen ahí y seguirán de por vida. Si le concedemos un poco de cancha veremos que rápido toman el control. De ahí que nuevamente Pablo nos avise con total claridad sobre qué hacer al respecto: En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad” (Efesios 4:22-24).
Por eso, sean cuales sean las circunstancias que se nos presenten en nuestra vida, tenemos la oportunidad día tras día de convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos o en la peor.

La peor versión
La vida está llena de situaciones que nos golpean en el alma como un bate de béisbol a una pelota de goma, contrayendo y deformándola por completo. Pueden ser traumas o heridas profundas, como la muerte de un familiar querido, la enfermedad que se apodera de un pariente cercano o de uno mismo, una ruptura sentimental, orfandad, viudez, el abuso físico y/o psicológico, una mala experiencia eclesial o religiosa, la pérdida de amistades, la destrucción de diversos sueños, la toma de decisiones desacertadas, etc. El agotamiento emocional, la ansiedad, el estrés y la tristeza que esto provoca suelen ser desoladoras. Es muy fácil extraviarse del camino y quedarse marcado por la lúgubre autopista de la tristeza. Le puede suceder a cualquiera, incluso al que piensa que está fuerte. Siendo una persona normal y corriente, yo mismo me he sentido perdido en más de una ocasión.
En estos casos, hay personas que se sienten tan abatidas que se embarcan en verdaderas sendas autodestructivas. Quizá no sean conscientes del motivo, pero toda actitud tiene un porqué. En este caso, se involucran en una ruta perniciosa para así negar, ahogar y acallar el dolor que experimentan, como en el caso de Cheryl. Se vuelcan en alguna clase de ocio o afición para no pensar, dedican todo su tiempo libre exclusivamente en actividades lúdicas, viven de una u otra manera el mundo de la noche, experimentan el sexo sin amor (o sin compromiso y fuera del matrimonio), se unen con parejas que no les convienen (siempre en yugo desigual) para sentirse algo vivas, beben para olvidar y/o desinhibirse, y terminan por rodearse de influencias negativas o de amistades peligrosas (comportándose como ellas para lograr ser aprobadas y amadas, que es lo que anhelan), que son de mal ejemplo y que se contagian las unas a las otras lo negativo, como un virus que salta de un corazón a otro, robándoles la poca fe que les queda.
Cheryl decía que se sentía feliz cuando hacía todo esto. Pero la “felicidad” de la que ella hablaba hay que matizarla y ponerla entre comillas, porque se basaba puramente en el placer sensual y sensorial (el corporal) y lo único que esto lograba era agigantar el vacío que sentía.
Lo ideal es despertar antes de que este estilo de vida domine al individuo y se convierta en lo habitual. De Cheryl también se puede aprender de sus errores para no cometerlos. Por ejemplo, ella dice: “Si pudiera volver atrás en el tiempo no haría nada de forma distinta. ¿Y si quise acostarme con todos y cada uno de aquellos hombres? ¿Y si la heroína me enseñó algo? ¿Y si todas esas cosas que hice fue las que me trajeron aquí?”. Para mí esto es un error. Aprendió mucho de todo lo malo que hizo y por eso afirma no arrepentirse. Desde ese punto de vista tiene sentido y la entiendo perfectamente. Pero también creo firmemente que podemos aprender la lección sin necesidad de transitar por un camino torcido.
Aunque pueden mostrar buena cara ante los demás, saben en lo más profundo de sus almas con cuánta tristeza cargan. Incluso llegan a odiarse a sí mismos. El problema es que tiran para adelante, pensando erróneamente que tarde o temprano ese proceder les hará sentirse bien. Puede que no se den cuenta de tal equivocación hasta que no toquen el fondo de la cueva. Pasarán semanas, meses o años hasta que esto suceda. Nadie lo sabe. Otros no se “refugian” en nada de esto, pero terminan por caer en profundas depresiones o sintiendo que la vida se les escapa de las manos sin hacer nada que las llene.
No todas –ni mucho menos-, pero algunas de estas personas, con el tiempo, llegan a sentirse ofendidas por la mera presencia de aquellos que no piensan como ellas y que se esfuerzan en vivir para Dios. Los critican, señalando con pelos y señales todos sus errores y defectos, tachándolos de hipócritas. La raíz de amargura se extiende por sus almas. Incluso se dedican a hacer daño a otros. La realidad es que se alejan de la luz porque se sienten incómodos ante ella.   
Con todo esto no estoy queriendo decir ni por asomo que se vuelvan malas personas. Que nadie lo entienda así. Y es cierto que no todo el mundo llega a comportarse de la manera citada tras enfrentarse al dolor, pero sí es cierto que cambian, perdiendo de perspectiva que Dios es exclusivamente el que les puede llenar, el único que ofrece sentido a la existencia y que regala vida tras la muerte.
La verdadera raíz del problema reside de la manera en que sintieron cómo se les rompió el corazón. No vivieron sanamente el proceso de duelo de la pérdida que sufrieron y se quedaron anclados en la angustia. No supieron arrancarla del alma o nadie les enseñó cómo hacerlo. Les aconteció como a la mujer de Lot, que se quedó anclada en el pasado y mirando obsesivamente la destrucción de su alrededor, por lo que terminó por convertirse en una estatua de sal. En el fondo, no son nuestras circunstancias las que deciden nuestro destino, sino las decisiones que tomamos al respecto.
¿Qué decirles a todos ellos? Que nadie nace con un manual de instrucciones bajo el brazo para saber qué hacer ante determinadas situaciones traumáticas. En la mayoría de las ocasiones, es necesario pasar por varias de ellas para aprender a afrontarlas. Y por eso a veces nos perdemos: No se sabe qué es lo que hace que pase una cosa y no otra. Qué lleva a qué. Qué destruye qué. O qué hace que prospere. O muera. O tome otro rumbo” (Cheryl). Por eso cada ser humano reacciona de diferentes maneras.

Vomitando el dolor
Cheryl Strayed, nuestra protagonista de “Alma salvaje”, se sentía perdida en su dolor. Cada dos minutos desde que comenzó su viaje quería abandonar. Maldecía. Gritaba continuamente. Sentía ira hacia la vida y hacia sí misma. Y ni siquiera sabía exactamente a qué la iba a conducir lo que estaba haciendo.
Su motivación, la que le venía a la mente en momentos de puro desfallecimiento, era el recuerdo de las palabras de su madre (dulcemente interpretada por Laura Dern): ella deseaba que su hija se convirtiera en la mejor versión de sí misma. Pero para eso era imprescindible y necesario que Cheryl vomitara todo el dolor que la estaba consumiendo y matando por dentro. Ella repasaba mentalmente cada escena importante de su vida en esa larguísima caminata por el desierto. Se dejaba poseer por esas sensaciones. Las sentía como si estuvieran ocurriendo en el presente. Dejaba que ellas le hablaran aunque odiara tales sensaciones.
Al principio estaba perdida. No sabía ni montar la tienda de campaña. Tenía miedo a los insectos. Se quedó sin agua. No sabía manejarse en aquella situación. Estaba abrumada. Igual que en la vida real. En el dolor, tenemos miedo al mismo dolor, al presente y al futuro, y en ocasiones no sabemos qué rumbo tomar. Pero ella aprendió a desenvolverse, aunque tuviera que leer mil veces el manual de supervivencia.
Quizá estés en uno de estos momentos de la vida en la que el dolor baila libremente por cada uno de los poros de tu piel. Puede que a la más mínima oportunidad tus ojos se envuelvan en lágrimas que no puedes controlar. Es tu alma la que está sangrando. Posiblemente odies llorar de esa manera. Pero tómatelo como un periodo de inflexión en tu vida. Un antes y un después. ¡Vive ese dolor! Déjalo salir aunque te tiemble el pulso. No lo reprimas. No trates de hacerte el fuerte. Experimenta cada una de las etapas del duelo, independientemente del tiempo que te lleve hacerlo.
A veces queremos hacernos los duros y llega un momento en que somos incapaces de expresar con lágrimas nuestro dolor, encerrándolo de tal manera que es necesaria alguna “llave maestra” para abrirnos. Esto le pasó a Cheryl. No rompió a  llorar hasta que escuchó a un niño inocente cantarle la melodía de una canción que la madre del pequeño le enseñó: “Dicen que de este valle te marchas. Tu sonrisa yo voy a añorar. No te lleves el sol que brillando alumbraba el camino al andar. Ven y siéntate aquí si me amas. No hay prisas en decirnos adiós. Y si quieres recuerda este valle y a aquel que tanto te amó”[3]. Este jovencito no sabía el efecto que iban a provocar sus palabras y logró abrirle el corazón. Ella cayó de rodillas en un bosque en medio de la nada y se quebrantó por completo, mientras que expresaba aquello que nunca dijo con palabras: “Te echo de menos. Te echo de menos” (refiriéndose a la madre). Allí el alma de Cheryl comenzó a descansar.  
Puedes tomar el ejemplo de Ana, la madre del profeta Samuel: estaba en pura agonía. El clamor de su ser era tal que cuando la vieron pensaron que estaba borracha. Nada más lejos de la realidad, como ella mismo confesó: “Yo soy una mujer atribulada de espíritu [...] porque por la magnitud de mis congojas y de mi aflicción he hablado hasta ahora” (1 Samuel. 1:15-16). De esta manera, harás como Cheryl: irás vaciando tu mochila de todas esas cargas que llevas sobre tus hombros, dejando atrás todo aquello que es inútil para proseguir el camino. 
El dolor es parte de la vida aunque no te guste. ¿A quién le podría gustar? ¡A nadie! ¡Ojalá se pudiera evitar! Pero de todo eso saldrá una nueva persona: más fuerte, con mayor riqueza interior y con lecciones que habrás aprendido por ti mismo sin que nadie te las enseñe. Y cuando ese dolor vaya quedando atrás como un lejano recuerdo, lleva a cabo las palabras de Pablo: “Olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3:13-14). Crea un nuevo presente. Crea un nuevo día a día. Crea nuevos recuerdos. Crea nuevas experiencias sanas.

La mejor versión
A lo mejor en este momento ves todo esto como una pérdida de tiempo, como un túnel oscuro que no tiene fin, donde nada de lo que haces sirve para algo. Pero vas a ver la luz. La tormenta va a pasar. Volverás a respirar. Volverás a suspirar de alivio. Volverás a reír de manera genuina. Pasarás página. Tómatelo como UN NUEVO COMIENZO. Tu oportunidad de empezar de cero por mucho que te hayas alejado del sendero correcto. ¡El camino sigue ahí! ¡Jesús es ESE camino! (cf. Juan 14:6). No una institución. No una religión. No un grupo. ¡Él!
Si el dolor te llevó a alejarte de Dios, recuerda unas palabras que siguen vigentes de la misma manera desde el día en que fueron pronunciadas: De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17). ¡Borrón y cuenta nueva! Lo que hagas después depende de ti. Cheryl hizo el trayecto en 94 días, y ella misma afirmó: “Tardé años en ser la mujer que mi madre había criado. Tardé 4 años, 7 meses y 3 días en lograrlo. Sin ella. Después de perderme en la jungla de mi dolor, encontré mi propio camino fuera de aquel bosque. Y ni siquiera sabía a dónde iba hasta que llegué allí el ultimo día de mi ruta. Gracias, pensaba una y otra vez. Por todo lo que me había enseñado el sendero y todo lo que aún no podía saber, que cuatro años después iba a atravesar este mismo puente, me iba a casar con un hombre en un lugar desde casi podía verse desde donde me encontraba. Que a los 9 años ese hombre y yo íbamos a tener un hijo llamado Carver y un año después una hija a la que llamaría como mi madre, Bobbi. Me bastaba con saber que ya no necesitaba tender mis manos, que viendo los peces bajo la superficie ya era suficiente, que eso lo era todo. Era mi vida. Como todas las vidas. Misteriosa, irrevocable y sagrada. Tan cercana. Tan presente. Tan sumamente mía. Qué salvaje era dejar que todo fluyera”[4].
A ella le llevó más de cuatro años. ¿Cuánto te llevará a ti? Sólo Dios lo sabe. Pero debes comenzar hoy y no dejarlo para mañana, porque de lo contrario lo pospondrás indefinidamente. Llegará el momento en que seas de ejemplo para otros (incluso para aquellos que se hacen llamar cristianos pero que realmente no viven como tal), especialmente entre tus amistades y que siguen perdidas actualmente.
Sabiendo que es tu equilibrio y salud emocional, sentimental y espiritual la que está en juego, ¿quieres una motivación extra? No sé si recuerdas la película “Mejor imposible”, de Jack Nicholson, el cual interpreta a Melvin. Era una persona obsesiva, antipática y desagradable. Nadie quería su compañía. Pero llegó el día en que se enamoró. Y su manera de declararse fue: “Tú haces que yo quiera ser mejor persona”. En el caso de Cheryl, le movía el mismo deseo pero por parte de su madre. El amor hacia los demás, el amor hacia uno mismo y el amor hacia Dios es el que nos debe mover a ser la mejor versión de nosotros mismos. Podemos convertirnos en la peor versión de nosotros para agradar a aquellos que andan en tinieblas y sentirnos aceptados por ellos. Pero, independientemente de lo que hagan los demás, piensa: ¿Cómo quieres verte a ti mismo? ¿Cómo quieres que te vean tus verdaderos amigos que caminan en luz? ¿Cómo quieres que te vean tus padres y el resto de familiares? ¿Cómo quieres que te vea Dios?
Los cristianos se levantan muchas veces con una idea errónea de lo que debe ser su día. Se dicen a sí mismos: “A ver si hoy no peco mucho”. Deberían cambiar esa frase por esta: “Voy a ser la mejor versión de mí mismo”. Esto no es humanismo ni filosofia barata. Tampoco me refiero a lo que Nietzsche llamó el superhombre. Es sencillamente Dios obrando en ti y en mí: “El que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Filipenses 1:6). Tienes que dejar que Dios obre en medio del sufrimiento para que te perfeccione, afirme, fortalezca y establezca” (1 Pedro 5:10).
Nada de esto significa que no vayan a venir nuevas tormentas a nuestras vidas y que traten de mostrar nuestra peor versión, pero estaremos mejor preparados para encararlas. Incluso en ellas, encontraremos el descanso en el Señor: En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33).
¿Es fácil soltar amarras y ser esa persona que estamos destinadas a ser? No, y aquel que afirme lo contrario miente o se engaña a sí mismo. Pero tenemos que poner de nuestra parte sabiendo que Dios camina a nuestro lado, que sonríe cuando nosotros lo hacemos y que Él tiene contadas cada una de nuestras lágrimas (cf. Salmo 56:8).
Ahora, llora lo que tengas que llorar. Y luego, levántate, te encuentres en el lugar en el que te encuentres del camino, y sigue adelante. Saca todas las lecciones que puedas de tu experiencia pasada. Deja que Dios use tu dolor para hacerte más fuerte y saque a relucir tu mejor versión: “Si no eres tú, búscate. Puede que tus heridas provengan de la misma fuente que tu fuerza”.


[2] Erickson, Millard. Teología sistemática. P. 18.
[3] Se especula que fue escrita en Canadá en el momento de la Wolseley Expedition al norte de Red River Valley (1870) en Manitoba. Expresa el dolor de una mujer local por la partida de su amante. Los miembros de la “Western Writers of América” la eligieron como una de las 100 mejores canciones western de todos los tiempos. http://juanerdominguez.bandcamp.com/track/red-river-valley-2
[4] Lo que nos deparará el futuro en esta vida no tiene porqué ser como el de Cheryl, con un matrimonio e hijos. ¡Sólo Dios conoce los planes para nosotros en todas las áreas de nuestra existencia! Y está claro que en ese trayecto habrá claros y oscuros, luces y sombras, alegrías y tristezas, hasta el día en que nos presentemos para vivir eternamente en la morada que Jesús nos está preparando (cf. Juan 14:2-3). Allí el gozo no tendrá fin.