martes, 10 de marzo de 2015

1.1. Lo que le duele a los solteros: Sus pensamientos y sentimientos



Venimos de aquí: “Introducción”:

Hay épocas en tu vida en que lo llevas mejor. Apenas piensas en ello. Vives caminando un día tras otro y nada parece afectarte. Sin embargo, cada cierto tiempo, llegan esas largas noches cuyos segundos y minutos se convierten en eternas horas. Momentos en los que eres incapaz de dormir y te cuesta razonar con objetividad. Te desanimas. Te hundes. Por momentos, sientes que tu vida no tiene sentido. Nada tiene propósito. Te inundas de dudas. Y comienzas a buscar explicaciones, interrogando al mismo cielo: “¿Por qué, por qué, por qué? ¿Alguna vez tendré una compañera de viaje? ¿Será sólo un sueño reservado para algunos privilegiados? ¿Podré sentir algún día ese cosquilleo que se presupone al tomar a alguien de la mano? ¿Qué se siente al besar a quien amas? ¿Acaso no valgo lo suficiente? ¿Es que no soy digno ni relevante? ¿Es que no reúno los requisitos necesarios? ¿Es que no tengo las cualidades que las personas del sexo opuesto buscan en un compañero sentimental? ¿Es que ni lo mejor de mí es capaz de lograr que alguien quiera estar conmigo? ¿He hecho algo tan malo en mi vida que no merezco una pareja? ¿Habrá algún defecto en mí, lo suficientemente llamativo, interno o externo, que nadie me cuenta y que no logro ver, que provoca algún tipo de rechazo? ¿Por que siempre me quieren como amigo pero nada más? ¿Buscan algo que nunca hayan en mí? ¿Qué tienen los demás que yo no poseo? ¿Nadie se siente complementado conmigo? ¿No existe la persona en este planeta a quien poder expresarle ese tipo de cariño que se reserva para la especial? ¿Por qué tengo la sensación de ser invisible en tantas ocasiones, e incluso de no existir? ¿Es esta la voluntad de Dios para mi vida? ¿Acaso no dijeron Jesús y Pablo en persona que no todo el mundo estaba preparado para permanecer soltero? (cf. Mateo 19:10-12; 1 Corintios 7). Estas y otras muchas preguntas son las que se hacen en su foro interno infinidad de solteros, aunque casi nunca las expresan abiertamente. Callan porque saben que, si hablan, terminarán sintiéndose aún peor; aparte de que no les gusta ser el centro de la conversación y que otros les  analicen o planteen teorías del porqué de su solteria, por muy amigos que sean.
En definitiva, decenas de interrogantes que asaltan sin descanso en la mente y que no terminan de encontrar respuestas en el corazón.
Infinidad de personas darían todo su dinero y sus posesiones materiales por escuchar como alguien les susurra suavemente a lo más profundo del corazón: “Te quiero”. Es muy conocida la escena de la película Notting Hill, en la cual Julia Roberts le dice a Hught Grant mientras llora: “Sólo quiero un hombre que me quiera”. Recuerdo exactamente las mismas palabras en medio de una conversación a la que asistí como espectador improvisado, donde una mujer le decía a otra con la voz totalmente rota: “Sólo quiero un hombre que me quiera. Sólo eso. Si quiere que le haga de comer, lo haré. Si quiere que le planche, lo haré... Pero que me quiera”. Tales palabras muestran tal grado de desesperación que recuerdan a la cita de proverbios: La esperanza que se demora es tormento del corazón” (Proverbios 13:12a). Hombres y mujeres se visten con sus mejores galas; se muestran simpatic@s y alegres, atent@s y tiern@s, mantienen una buena conversación donde hablan y no se limitan a escuchar, exponiéndose con valentía tal y como son, tanto sus alegrías como tristezas, desnudando sus almas... Verdaderos hij@s de Dios. Pero no logran que los ojos de nadie se pose sobre los suyos.

Silencio: Tabú
El tema en general de la soltería es considerado por los propios solteros como tabú. Es la manera que tienen de taparlo bajo la alfombra. Nos da vergüenza muchas veces tratarlo abiertamente. Incluso conforme avanzan los años, y con ello nuestra edad, surge el miedo al qué pensarán o dirán de nosotros. Solemos evitar hablar al respecto, porque como lo hagamos demasiado corremos el riesgo de que el corazón se vaya agrietando, surgiendo las lágrimas y el llanto quebrantado. Así que esa parte de nuestra intimidad la cerramos con cien candados que terminan por oxidarse. Solamente le prestamos las llaves, muy de vez en cuando, ante alguien de plena confianza en la misma situación, algún amigo íntimo o un matrimonio con el que tenemos compañerismo. No tanto para que buscar una solución, como si tus sentimientos fueran una enfermedad terminal cuya vacuna haya que descubrir, sino para desahogarse en ciertos momentos antes de que la olla a presión que hierve en nuestro interior explote por la presión.
Ante la pregunta: ¿Cuándo te vas a echar novia? (junto a “¿cómo te llamas?”, la interrogante que más veces me han hecho en la vida), solemos responder con alguna evasiva o con algún tipo de comentario irónico y humorístico, según se nos ocurre sobre la marcha. Es un mecanismo de defensa por el miedo “al qué dirán”. ¿Por qué? ¿Es que acaso se ofenden los solteros ante la curiosidad de otros?:

- No, cuando la persona que interroga muestra un interés genuino y lo formula en un ambiente de respeto e intimidad, nunca en público ni ante un grupo de “espectadores” (no somos un “programa rosa”), ya que es algo demasiado personal como para abrir el corazón sin más.
- Sí, cuando no se plantea en el tono y en las formas adecuadas, con un interés morboso, para gastar alguna broma o se hace con risas más o menos disimuladas.

Tras aprender de la experiencia y “pecar” en demasiadas ocasiones de ingenuidad, la inmensa mayoría de los solteros únicamente respondemos a esta pregunta si se cumplen ciertas condiciones, aparte de las ya citadas:

1.     Si confiamos plenamente en el otro.
2.     Si sabemos que el oyente tiene desarrollado el sentido de la empatía.
3.     Si tenemos la seguridad de que guardará para sí la respuesta.
4.     Si tenemos la certidumbre de que no nos juzgará ni nos “sermoneará”.
5.     Si es parte directa de nuestra vida y está realmente involucrado con nosotros.

Personalmente, añado un requisito más: pasar mucho tiempo de seguido con la otra persona. De lo contrario, en ese aspecto concreto de mi vida, me siento emocionalmente desconectado del interesado y no tengo deseos de abrir esa parte de mi ser.

La tristeza del deseo no satisfecho
En cada uno de nosotros existe el deseo casi primario de “amar” a una mujer o a un hombre, dependiendo de nuestro sexo. Es un reflejo de la naturaleza misma de Dios, quien “es amor” (1 Juan 4:8). Casi con total seguridad (y más si estás leyendo estas líneas), existe en tu corazón el deseo de pertenecer a otro, de compartir tu vida y tu ser con alguien más. Está impreso en el corazón de todo hombre y mujer. Posiblemente ese sueño existe en lo más profundo de tu alma. Un deseo que ni siquiera un buen día te propusiste tener. Sencillamente, en algún momento del camino, casi en la preadolescencia, surgió en ti y nunca se volvió a marchar. Y cada día que transcurre va a más. Parece incontrolable. Te arde el pecho por dentro. A veces controla tu mente. En otras parece dominar tu voluntad. Hipnotiza tus sentidos. Te hace suyo. Un deseo tan noble que no entiendes las razones por las cuales no lo has alcanzado, y aún lo comprendes menos cuando otros sí lo lograron. Pero a ti, hasta el día de hoy, se te ha resistido. Y, aunque conlleva una serie de problemas, aceptas que debe ser maravilloso porque crees en las palabras de Pablo: “El amor nunca deja de ser” (1 Corintios 13:8). Sabes que todo lo cambia y lo revoluciona. Y no entiende de edades, tengas la que tengas. En definitiva, los seres humanos viven buscando el amor de una pareja y son capaces de morir por la persona amada.   
Todo esto nos hace especialmente vulnerables. De ahí que sea habitual sentirse desdichado o lleno de sentimientos negativos en ciertos días muy señalados y ante distintas circunstancias. Muchos no lo expresan abiertamente y lloran en lo oculto de su corazón, cuando el sol se esconde y las luces se apagan.

Situaciones cotidianas
Pongamos unos cuantos ejemplos que te resultarán familiares, quizá demasiado. Lo narraré con cierta ironía y humor; pero créeme, lo aquí descrito es totalmente verídico, y tú mismo podrías confirmarlo con tus propias historias. Veamos...
Estás charlando con varios amigos apartado del resto del mundo. De repente, como por arte de magia, llega un murmullo a tus oídos. Como un susurro a diez metros, casi inaudible, alguien se acerca a ti y te pregunta:   

- “¿Te has enterado?”.
- “No, ¿qué ha pasado?”.
- “María y Juan están saliendo juntos” (y si no lo sabes, lo sabrás en las próximas semanas cuando veas sus 15 millones de fotos y selfies en las redes sociales, todas ellas muy “originales” y “espontáneas”: con la boca abierta, desayunando, almorzando y cenando, paseando por el supermercado, tomando un helado o palomitas, poniendo morritos, peinados, despeinados, con sonrisas enseñando todos y cada uno de los incisivos, con miradas profundas dirigidas al infinito, ante una puesta de sol, en la playa, en el campo, en un parque de atracciones, en el desierto y en la Luna si es posible).
- “¡Ah, qué bien! Me alegro por ellos”. ¡La respuesta más falsa que has dado en tu vida! Sientes que te rechinan los dientes, mientras concentras todo el poder de tu voluntad en mostrar una sonrisa. Mientras tanto, tratas de arrancar de tu corazón ese puñal que sientes que se ha clavado profundamente.

Posiblemente te alegres de verdad por ellos, pero no por ti. Salvo casos donde deseabas que esas dos personas acabaran juntas, no te causa ninguna satisfacción personal la noticia que acabas de oír. ¿Envidia? ¿Celos? ¿Egoísmo? No, nada de esto. Llámalo mejor por su verdadero nombre: Tristeza. De nuevo contemplas como las vidas emocionales de los que te rodean se llenan de felicidad y tú sigues como siempre, sin poder satisfacer los deseos de tu corazón.
Así trascurren los años, impasiblemente y sin piedad de ti. Un buen día, uno de tus mejores amigos se acerca. Conoces esa mirada y ese brillo especial en sus pupilas dilatadas. Aunque no seas profeta ni adivino, sabes perfectamente qué viene a contarte: “Me he enamorado. Dime, ¿qué hago? Aconséjame”. Mientras lo haces gustosamente y con cariño, ahora sientes que una manada de búfalos pasa por encima de ti, convirtiéndote en un personaje de dibujos animados aplastado sobre el asfalto. Pero claro, tú sigues sonriendo; eso nunca falta. Dicen que hay que guardar la compostura y, como eres un chico al que han educado aceptablemente bien, te muestras firme, como si nada hubiera ocurrido en tu interior ni te sintieras un andrajoso.
Esa misma semana, te reúnes con el resto de la congregación. Quien preside el culto anuncia desde el púlpito una cena para matrimonios. No sabes si sacar bandera blanca ante tal bombardeo o si hacer la ola como si estuvieras en un campo de fútbol. Te invade el sentimiento de exclusión. Alguien te dice irónicamente: “Ya sabes lo que tienes que hacer para venir: Búscate una novia”. Ante esa situación barajas varias opciones de suicidio: puesto que los ventiladores están funcionando a toda velocidad, piensas que bastaría con meter la cabeza. Pero desistes al temer quedar malherido y no lograr tu propósito de pasar a mejor vida.
Comienza la predicación. Tenemos pastor invitado. Abre su Biblia y comienza a leer, acentuando cada palabra como jamás oíste a nadie hacerlo. ¿Qué texto repite en varias ocasiones?: Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante. También si dos durmieren juntos, se calentarán mutuamente; mas ¿cómo se calentará uno solo? Y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán” (Eclesiastés 4:9-12). ¡Madre mía, qué frío voy a pasar! ¡Y la de tiempo que voy a pasar en el suelo! El pasaje nos atraviesa el corazón, literalmente hablando. Y para concluir, cita varios pasajes del Cantar de los Cantares. Mientras tanto, piensas en tu mente: “Por favor, ¿alguien tiene una pistola que prestarme?”.
Termina la reunión y llega la hora de marcharse. Una pareja te pide el favor de acercarlos a su casa en tu coche. A tu lado, en el asiento del conductor, nadie (eso, o es invisible). La parejita va sentada en los asientos traseros. Todo aparente normal. Pero, como buen conductor, miras en el espejo retrovisor para vigilar el tráfico. ¿Qué imagen se refleja? ¿Un coche? ¿Una moto? ¿Quizá un hombre corriendo más rápido que un tren? ¡No! Como una estampa navideña, contemplas a dos tortolitos besándose tiernamente. Tu imaginación se dispara hasta el infinito: “Si tuviera ese revolver que pedí... ya verías como no iban a ser tan cariñosos delante de mí...”. Una vez se bajan, te dan las gracias y marchas para tu casa contemplando esas hermosas estrellas que llenan el firmamento... mientras sientes como una pequeña úlcera comienza a crecer en tu estómago. Para rematar, enciendes la radio y todas las canciones que suenan son de amor, amor y más amor. La apagas de tres puñetazos.
Llegas a tu casa y enciendes las luces: “¿Cariño, estás despierta? No me has dado un beso de buenas noches”. Sólo escuchas el eco de tus palabras mientras te diriges a la despensa a por una docena de pasteles de chocolate. En ese instante, tu dedo anular comienza a temblar. ¿Por qué será? Te asustas. Gritas. ¿Y mi anillo? ¡Lo he perdido! ¡Noooo puede ser! Ahora lo recuerdo: ¿Cómo voy a tener anillo si no estoy casado? Finalmente te acuestas. Mañana será otro día...
Te despiertas unas 6 horas después de que el sol haya aparecido por el horizonte. Sientes como si un silbato retumbara en tu cerebro. Parece ser un día especial, pero no recuerdas el motivo. Hasta que tu mente te dice amablemente: “¡Amigo, es 14 de Febrero, día de San Valentín!”. No sabes si seguir durmiendo dos semanas más o practicarte a ti mismo una lobotomía. Dichoso santo...
Viernes noche, momento de ir al cine. Te aconsejan una película. Dicen que es como te suele gustar: mucha guerra y algo de amor, “El diario de Noah”. ¡Te engañan por completo! ¿Guerra?: Sí, 53 segundos. ¿Amor?: 7 horas y media, o así te lo parece.
Lunes por la tarde. Como alguien que lleva jugando al fútbol desde que tienes brazos y piernas, te dispones a jugar un buen partido. Allí ves que las novias de tus amigos los animan y corean sus nombres. En una jugada, te coses el balón al pie y regateas a medio equipo contrario como si fueras la reencarnación de Maradona. En el último instante, decides pasársela a tu compañero que sólo tiene que poner la uña del pie a medio centímetro de la portería para marcar el gol. ¿A quién abruman con besos y piropos? ¿A ti? ¡Por favor, no me hagas reír! 
Por último, para despedir el verano, te vas de camping. ¿Cuál es la escena que contemplan tus ojos? Parejas preparándose una deliciosa paella que resucitaría a un muerto, mientras tú comes un triste bocadillo de jamón y queso con tu otro amigo soltero...
Y así, semana tras semana, la historia de nunca acabar...

Un poquito de seriedad
Lo que he narrado parece sacado de una comedia de la Pantera Rosa. El problema es que describe los pensamientos locos y los sentimientos dolorosos que embargan a muchos solteros. Así que ahora toca ponerse un poquito más serios. Comenzaré con una carta donde una mujer viene a reflejar el punto culmen de todo lo que he expresado:

“Yo solía preguntarme: ¿Qué hay de malo conmigo? Pero ahora me pregunto si acaso hay algo de bueno. Le rogué a Dios que quitara de mí el ardiente deseo de casarme, si es que no es su plan para mi vida, pero no lo ha hecho. Nunca he admitido esto porque me siento avergonzada, pero he dejado de asistir a bodas. La envidia que siento me domina. La última boda a la que asistí, resultó ser una experiencia abrumadora. Todo estuvo bien hasta que al final el pastor dijo: Y ahora puedes besar a tu esposa. El novio levantó el velo, y todos esperaban que procedieran a darse un rápido beso, pero no lo hicieron. Al contrario, él tomó cuidadosamente el rostro de ella entre sus manos, y permanecieron de pie largos segundos mirándose profundamente a los ojos. Yo casi podía escuchar la comunicación secreta entre ambos. Entonces sonrieron y se besaron, larga y profundamente. Entonces perdí el control. Lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos, y comencé a sollozar en silencio. El nudo que había en mi garganta era tan grande que en la recepción sólo pude dejar escapar algunas palabras entrecortadas como saludo a la novia. Nadie sospechó que estaba celosa; todos pensaron que mi comportamiento era muy sentimental. Pero ella sí lo sabía. Mientras las lágrimas rodaban por mis mejillas, ella me miró compasivamente y me abrazó fuertemente. Me marché de la recepción antes de que concluyera. Cuando llegué a mi casa, me eché a llorar sobre la cama. ¿Cuándo llegará mi turno, Señor?”[1].

Como describe esta señorita, hay acontecimientos que suelen ser un trago amargo para los solteros adultos que desean casarse: las bodas de amigos y familiares, sus aniversarios, el nacimiento y cumpleaños de sus hijos, etc. Para ellos es como un funeral. Sienten que les arrancan el corazón mientras se quedan completamente bloqueados y llenos de sentimientos de fracaso. Días que deberían ser de felicidad, pero que no son capaces de disfrutarlos en toda su dimensión, especialmente los enlaces matrimoniales. Ahí todo son besos, risas, abrazos, promesas de amor eterno y congratulaciones. Este sentimiento de incomodidad provoca que, de la manera más educada posible, rechacen estas invitaciones, u otras actividades a los que sólo van a asistir matrimonios o parejas. Y también suele ser la razón de que algunos eviten tomar en sus brazos a bebés o niños pequeños.
Para ellos es duro no tener por delante un proyecto sentimental. Les afecta ver la mirada llena de complicidad de sus amigos casados. Saben que Dios los ama pero, como seres humanos que son, desean amar y ser amados por alguien del sexo opuesto. También les resulta muy dificil desear un hijo y no tenerlo, mientras sus amigos ya tienen varios. Emocionalmente se sienten desbordados y se emocionan solo con pensar en una “pedida de mano”, “una boda celebrada en la playa”, “irse de vacaciones con su pareja” o “despertarse el día de reyes para ver la cara de alegría de sus hijos”.
Casi todos los solteros pasan por este tipo de emociones enfrentadas. El simple hecho de estar enfermo o emocionalmente desanimado y no tener una compañera sentimental a tu lado que se preocupe directamente por ti, ya provoca que esos sentimientos se manifiesten en el corazón.
Recuerdo una pequeña historia. Allá por el año 2000 –ha llovido desde entonces, mientras mantenía una charla con un amigo, contemplé una escena sumamente hermosa. Su novia, que se encontraba a su lado, le miraba disimuladamente con ojos de profundo amor. Él no era consciente de lo que estaba sucediendo ya que me estaba mirando a mí. Aquello me impactó. Guardé silencio. Pero pasaron unos días y los llevé aparte: “Me da mucha vergüenza deciros esto, pero si no lo hago reviento”. Les conté lo que observé. Ella me preguntó sorprendida si de verdad me había dado cuenta. Afirmé con la cabeza. Se abrazaron entre ellos, luego me miraron a mí y me abrazaron los dos al mismo tiempo. Fue un momento muy especial. Y añadí: “El día que tenga novia, quiero que me mire de esa manera”. Él me dijo: “Algún día alguien te mirará así”. ¡Siento decir que no fueron palabras proféticas!
Son muchos los que esperan esa clase de mirada. En este caso concreto, hacemos mentalmente un simple cálculo matemático: A más bodas, menos solteros de edades compatibles con la nuestra; a menos solteros, menos personas disponibles. Es decir, que las probabilidades se reducen considerablemente según pasan los años. Si entre los inconversos ya de por sí es problemático, las expectativas entre “conversos” aun se reducen más, ya que somos minoría en el mundo, y especialmente en muchos países como España. Vista esta estadística, los solteros de más de treinta años luchan contra un pensamiento: creen que si alguien se fija en ellos es porque no hay más donde elegir, y no porque crean que los consideren especiales.

* En el siguiente enlace está el índice:
* La comunidad en facebook:
* Prosigue en:
1. LO QUE LE DUELE A LOS SOLTEROS (2ª parte)


[1] Harris, Joshua. El y Ella. Unilit.

lunes, 2 de marzo de 2015

El enigma Israel


Muchos libros se limitan a proporcionar datos y más datos que llenan nuestra mente de conocimientos. Esta clase de literatura es necesaria en muchas ocasiones. Pero hay otra que llega especialmente al corazón. Y El Enigma Israel forma parte de ella.  Personalmente, me ha tocado la fibra sensible, siendo además un tema que me apasiona.
En primera instancia puede parecer que se limita a proporcionar información sin más, ya que narra la historia del pueblo hebreo desde su nacimiento hasta el presente. Pero esa no es la esencia del escrito. Su alma reside en una perspectiva que me ha fascinado y que Virgilio ha logrado transmitir perfectamente: cuando este mundo caótico parece dejado de la mano de Dios, observamos claramente que Él sigue al frente de la historia de la humanidad y que Sus planes serán consumados. En este caso, lo contemplamos por medio de decenas de acontecimientos, aparentemente sin importancia, que sucedieron en un pueblo al que Dios escogió no por ser más que otros pueblos, ya que era el más más insignificante de todos, sino porque los amó (cf. Deuteronomio 7:7-8), y que ha sobrevivido a todo tipo de desgracias e intentos de exterminio, siendo estigmatizado a lo largo de la historia una y otra vez, hasta el punto de ser un caso único en las crónicas de este planeta: Israel.
El autor narra de forma expositiva, con un interés que va in crescendo, las promesas eternas y perpetuas que Dios le hizo a Abraham y a su descendencia, la esclavitud en Egipto, la conquista de la Tierra Prometida, la continua rebeldía de sus reyes y el resto de la nación –junto al precio en forma de juicio que pagaron por ello-, el Exilio en Babilonia, los profetas que anunciaban la restauración y las profecías mesiánicas, el período intertestamentario, su momento álgido en la venida del Mesías proclamado durante cientos de años: Yeshúa (Jesús), la destrucción del Templo en el 70 d.C., las terribles acusaciones de los llamados “padres de la Iglesia”, la Inquisición, la expulsión de España en 1492, la Diáspora, el Holocausto, las guerras árabe-israelís,  junto a otros acontecimientos significativos y todos los prejuicios que contra ellos siguen vigentes. 
Cualquier persona, sea cristiana o no, sentirá pura emoción si se acerca con un corazón abierto a esta historia. Contemplará de manera grandiosa las huellas del Creador del universo claramente plasmadas en este mundo.
Ante todo este panorama, podemos decir que lo mejor está por venir: el día en el que Yeshúa, Dios Encarnado, regrese a este mundo para comenzar una nueva etapa completamente gloriosa, en la cual la voluntad divina alcanzará su culminación para la gloria del Padre y el deleite de los redimidos.
Si quieres ver desde buena parte de la historia pasada y de la que nos espera, te recomiendo encarecidamente El Enigma Israel.

Aquí os dejo el prólogo, el índice y la introducción que el propio autor me ha pasado, junto a algunos links donde está disponible:

Índice:
PRÓLOGO DEL AUTOR
INTRODUCCIÓN
Capítulo 1. ALGUNOS RECUERDOS PROFÉTICOS
Capítulo 2. HISTORIA ANTIGUA DEL PUEBLO DE ISRAEL
El periodo de los patriarcas (2200-1700 a.C.)
La salida de Egipto y la Torah (1500 a.C.)
El cumplimiento de la promesa
La época monárquica (1000 a.C.)
El pecado de Jeroboam y el cautiverio de Israel y Judá
El retorno del cautiverio. La restauración
El periodo intertestamentario
a. Periodo persa (430-332 a.C.)
b. Periodo griego (331-167 a.C.)
c. Periodo de los Macabeos (167-63 a.C.)
d. Periodo romano (63 a.C.)
Capítulo 3. EL CUMPLIMIENTO DEL TIEMPO
Profecías que apuntan a Jesús (Yeshúa) como el Mesías Los cambios que produjo la llegada del Mesías
Capítulo 4. LA PLENITUD (EL TIEMPO) DE LOS GENTILES
Capítulo 5. LAS DOS GRANDES CRISIS DE LA ANTIGÜEDAD
La destrucción del templo de Jerusalén en el año 70 d.C. La rebelión de Bar Kojba en 132-135 d.C.
Capítulo 6. LA GRAN DIÁSPORA JUDÍA: 1800 años
Algunos escritos de los padres de la iglesia y el Talmud
La llegada del Islam, Mahoma y el Corán
Las cruzadas, la peste y la Inquisición
Capítulo 7. LA RESTAURACIÓN EN SU GÉNESIS
Los orígenes del Sionismo moderno El sonido del Shofár
El holocausto: Una densa oscuridad
Capítulo 8. EL RESURGIR DE UNA NACIÓN
La partición de la ONU
Capítulo 9. LAS GUERRAS ÁRABE-ISRAELÍ
La guerra de 1956
La guerra de los seis días
La guerra del Yom Kipur
Algunas consideraciones
Capítulo 10. TEOLOGÍA AL SERVICIO DEL ANTISEMITISMO
Capítulo 11. LA TEOLOGÍA DEL REEMPLAZO
Las preguntas claves
Textos en los que se basa esta enseñanza
La enseñanza de Pablo sobre el misterio de Israel
La enseñanza de Pablo en la carta a los Efesios
Analicemos el término iglesia
Capítulo 12. PALESTINA Y LOS PALESTINOS
Una breve historia de ERETS ISRAEL
EPÍLOGO
APÉNDICES
BIBLIOGRAFÍA

PRÓLOGO DEL AUTOR
No ha sido fácil escribir este libro. El tema es controvertido, y está preñado de ignorancia y posiciones preconcebidas. Buscar el equilibro entre Israel y la Iglesia puede prestarse a caer en extremismos. He pretendido, en la medida de mis posibilidades, no caer en ninguno de ellos, sino ser lo más objetivo posible, y aunque en ocasiones puede dar la impresión de que cargo más sobre la responsabilidad de la iglesia, especialmente durante la larga Edad Media, no por ello dejo de tener presente los extremos a que muchos han llegado hoy en su “amor por Israel” descalificando el mundo cristiano y una parte de su doctrina fundamental. Mi intención ha sido exponer hasta dónde puedo los errores que hemos cometido y el futuro común que tenemos. Comencé a escribir las primeras páginas hace más de dos años, luego tuve que hacer un paréntesis por motivos laborales para retomarlo hace unos pocos meses. Por otro lado, a pesar del arduo trabajo, he disfrutado estudiando y contrastando la información histórica. En definitiva, entrego el texto a los lectores orando al Dios de Jacob que traiga luz y revelación en el enigma de Israel.
Terrassa (Barcelona), 2008-2011

INTRODUCCIÓN
No deja de sorprenderme la ignorancia alarmante que veo en mi país, incluyendo los ámbitos evangélicos, sobre la historia y la realidad de Israel como pueblo de Dios y como Estado moderno. Comprendo que ha habido y hay mucho interés en mantener esa ignorancia desde la perspectiva de las potestades territoriales, que alimentan, desde tiempos inmemoriales la oscuridad mediante teologías desvirtuadas y medios de comunicación partidistas y sectarios que a su vez se retroalimentan de prejuicios antisemitas o judeófobos. Sea como fuere, el hecho es que Israel ha venido a ser un concepto muy confuso y errado en grado sumo.
La Historia de Israel es en gran parte la Historia del ser humano tropezando con la misma piedra una y otra vez. Es la piedra de la Soberanía de Dios que escogió a este pueblo para trazar sus planes sobre toda la Humanidad y cómo los demás pueblos han tratado de destruir ese plan una y otra vez sin conseguirlo. Como se le diría al judío Saulo de Tarso: “dura cosa te es dar coces contra el aguijón”. Y no tengo ninguna duda que la estrategia espiritual de esa oposición tiene su origen en el Adversario de Dios tratando de materializar su voluntad a través de la ceguera, el velo, la cubierta que cubre a todas las naciones.
Y destruirá en este monte (Sión) la cubierta con que están cubiertos todos los pueblos, y el velo que envuelve a todas las naciones (Isaías, 25:7).
Por tanto, cuando abordamos un tema como este hay que saber que la oposición está garantizada, la controversia es habitual y que en realidad necesitamos el sometimiento a la Soberanía de Dios o de lo contrario no estaremos en disposición de avanzar mucho en este misterio. Y digo misterio usando las palabras del apóstol Pablo cuando dijo:
“Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sión el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad. Y este será mi pacto con ellos, cuando yo quite sus pecados. Así que en cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros; pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres. Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios (Romanos 11-25-29).
Una mirada superficial a la Historia de Israel nos lleva a constatar un hecho trágico: Este pueblo ha sido perseguido por la mayoría de los demás pueblos de la tierra, odiado, rechazado, expulsado; se le ha querido exterminar en varias ocasiones (Amán y Hitler) y el motivo ha sido el ser judíos, por su identidad, lo que nos conduce otra vez al hecho de su elección como pueblo. Y esta elección no ha sido por ser mejores que otros, sino únicamente por la voluntad de Dios.
“Porque tú eres pueblo santo para Adonai tu Dios; Adonai tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra. No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Adonai y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos; sino por cuanto Adonai os amó, y quiso guardar el juramento que juró a vuestros padres, os ha sacado Adonai con mano poderosa, y os ha rescatado de servidumbre, de la mano de Faraón rey de Egipto” (Deuteronomio: 7:6-8).
Lo que llamamos cultura occidental, especialmente en Europa, tiene buena parte de sus raíces en un trasfondo judeo-cristiano, aunque hoy se quiera negar la evidencia porque no es políticamente correcto, pues bien, precisamente ha sido en este Continente donde más se ha perseguido, expulsado, expoliado y causado un sinfín de sufrimiento y muerte al pueblo de Israel. Teologías de reemplazo, e ideologías racistas y antisemitas han sido el caldo de cultivo para fundamentar el odio y antisemitismo que culminó en el Holocausto nazi con seis millones de víctimas a través de la industria de la muerte que el educado y “culto” pueblo alemán llevó a cabo durante la Segunda Guerra Mundial. Al respecto quiero resaltar la honrosa visita que hace poco hizo la canciller alemana, Ángela Merkel, al Parlamento de Israel, el Knesset, donde hizo un discurso que repara al menos la dignidad y la historia reciente de ese pueblo, sin olvidar los esfuerzos de compensación que se han hecho anteriormente. Curiosamente no ha trascendido a los medios de comunicación esa visita como debería. ¡Qué significativo!
Sin embargo, el pueblo de Israel ha dado a la Humanidad la revelación del Dios Único, la ley moral con la que se han regido las naciones más avanzadas de la tierra; a través suyo hemos recibido las Sagradas Escrituras, los pactos, las promesas, el Mesías. “La salvación viene de los judíos”, dijo Jesús. Han destacado en múltiples ciencias, siendo el pueblo que mas premios Nobel ha recibido en proporción a su densidad de población, el 0,02 % de la población mundial. Nos hemos apropiado de gran parte de su herencia y a cambio han recibido el desprecio, la marginación y el rechazo. Este ha sido un gran pecado de todo nuestro Continente europeo cristiano del que no nos hemos arrepentido, aunque haya habido excepciones y reconocimiento del daño causado. Al respecto es saludable resaltar las palabras del Concilio Vaticano II sobre la relación entre la iglesia católica y los judíos, en la declaración Nostra Aetate:

Pues la Iglesia de Cristo reconoce que los comienzos de su fe y de su elección se encuentran ya en los Patriarcas, en Moisés y los Profetas, conforme al misterio salvífico de Dios. Reconoce que todos los cristianos, hijos de Abraham según la fe, están incluidos en la vocación del mismo Patriarca y que la salvación de la Iglesia está místicamente prefigurada en la salida del pueblo elegido de la tierra de esclavitud. Por lo cual, la Iglesia no puede olvidar que ha recibido la Revelación del Antiguo Testamento por medio de aquel pueblo, con quien Dios, por su inefable misericordia se dignó establecer la Antigua Alianza, ni puede olvidar que se nutre de la raíz del buen olivo en que se han injertado las ramas del olivo silvestre que son los gentiles.
Cree, pues, la Iglesia que Cristo, nuestra paz, reconcilió por la cruz a judíos y gentiles y que de ambos hizo una sola cosa en sí mismo.
Roma, 28 de octubre de 1.965

Además quiero citar las palabras de arrepentimiento que el Papa Juan XXIII redactó poco antes de su muerte, el 3 de Junio de 1.963:

“Reconocemos ahora que muchos, muchos siglos de ceguera han tapado nuestros ojos de manera que ya no vemos la hermosura de Tu pueblo elegido, ni reconocemos en su rostro los rasgos de nuestro hermano mayor. Reconocemos que llevamos sobre nuestra frente la marca de Caín. Durante siglos Abel ha estado abatido en sangre y lágrimas porque nosotros habíamos olvidado Tu amor. Perdónanos la maldición que injustamente pronunciamos contra el nombre de los judíos. Perdónanos que, en su carne, te crucificásemos por segunda vez. Pues no sabíamos lo que hacíamos…”