miércoles, 27 de enero de 2016

8.2. La réplica a la sociedad




 

Con todo lo que vimos en la primera parte, vuelvo a recalcar que todo eso debe ser algo complementario al resto de áreas de nuestra vida. Si pones en práctica todo lo que vimos en ese final (lo referente a las endorfinas) pero no tienes comunión con Dios ni vives para Él, todo carecerá de sentido y destacará por estar vacío. Volverás a creer que la solución para llenar tu ser interior es la ociosidad y estarás muy lejos de encontrar el propósito real a tu vida. ¿Qué fruto obtendrá tu espíritu si te limitas a vivir para que tu sistema nervioso fabrique endorfinas? La verdad, ninguno.

¿Esclavos del sistema?
Hay una pregunta que todos nos hicimos un millón de veces en la edad infantil y en la adolescencia: “¿Qué quiero ser de mayor?”. Solíamos responder a esta cuestión de maneras muy diversas. La imaginación tomaba el poder y se desbordaba: astronauta, futbolista, Superman, amigo de ET, Luke Skywalker, escritor, torero, descubridor de tesoros marinos, pirata, viajero en el tiempo, piloto de Fórmula 1, actor de cine, etc. Una lista prácticamente ilimitada y en muchos casos absurda.
La realidad es que muchos se hicieron adultos y terminaron trabajando en lo que pudieron y en aquello que la vida les ofreció, puesto que no pudieron estudiar por diversas circunstancias o porque las condiciones socioeconómicas de sus países les condicionaron dada la precariedad laboral[1]. Otros, en el presente, siguen intentando alcanzar lo que un día se propusieron.  
Muchos cayeron en el embudo y la vorágine de la vida, olvidándose de luchar por aquello que el corazón deseó una vez y que, en cierta manera, está reprimido en ellos. Así cayeron en la desmotivación. Se convertieron en la viva descripción que hace ese viejo anuncio de televisión sobre las cucarachas: nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos. Sin entusiasmo ni ilusión.
Todo esto me recuerda a Z, la hormiga protagonista de la película de animación Hormigaz, quién describe su sentir en una conversación con su psiquiatra, expresando sus frustraciones existenciales:

-       “Toda mi vida he vivido y trabajado en la gran ciudad. Lo que, ahora que lo pienso, es muy curioso, porque siempre me he sentido incómodo entre multitudes. En serio, me angustian los espacios cerrados y hacen que me sienta vigilado. Bueno, siempre me he dicho a mí mismo que debe de haber algo mejor en algún sitio, pero tal vez piense demasiado... cuando eres el hijo mediano de una familia de 5 millones nadie te presta atención. Claro, es imposible. Siempre he tenido un complejo de abandono insuperable. Del trabajo, mejor no hablar, me pone enfermo. Yo no estoy hecho para el trabajo, eso se lo aseguro. Me siento físicamente inadecuado y en toda mi vida no he podido levantar diez veces mi peso corporal y si lo pienso bien, manipular tierra es algo ¡argh! No es mi idea de una carrera con porvenir y ese concepto del superorganismo no lo entiendo; lo intento pero no lo capto. ¿En qué consiste? Se supone que todo es por la colonia, ¿y mis necesidades? ¿Qué pasa conmigo? Necesito creer que hay un sitio ahí fuera mejor que este. De otro modo, me pondría a llorar. Esta superorganización te hace sentir insignificante”.
-       “Has progresado mucho”.
-       “¿Por qué?”.
-       “Porque eres insignificante”.

Muchos seres humanos (incluyendo a infinidad de cristianos, sean solteros o casados), tienen los mismos pensamientos. Sienten que son un número más, una parte del engranaje de la sociedad que únicamente se preocupa por el empleo, por las necesidades superficiales, instintivas y ociosas, pero no por las profundas del alma. Y, como Z, dicen: “¿Cómo voy a alegrarme de ser una pieza del engranaje de la maquinaria?”. Él está en desacuerdo con esta visión simplista de la vida y describe a los que le rodean como zombis sin cerebro capitulando ante la opresión del sistema. Así que comienza a cambiar: “Estoy improvisando. ¿Porqué tenemos que ser todos del mismo modo?”[2].

La contracultura bíblica
Parece que Z leyó las palabras de Pablo: “No os adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente, para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto” (Romanos 12:2; LBLA). Todas las traducciones contienen la misma idea:

-       “No vivan ya según los criterios del tiempo presente” (DHH).
-       “No se amolden al mundo actual” (NVI).
-       “No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo” (NTV).
-       “No vivan según el modelo de este mundo” (PDT).
-       “No os conforméis a este siglo” (RV60).
-       “No vivan ya como vive todo el mundo” (TLA).

Nada de esto significa que no podamos disfrutar de los aspectos buenos de la vida y que Dios nos regala, como vimos en el apartado anterior. Tampoco quiere decir que no haya que luchar por el trabajo que deseamos. Los “tiros” no van por ahí. Haciendo una paráfrasis, el Señor nos está queriendo decir por medio de Pablo: “No se dejen moldear por los valores de la sociedad en la cual viven. Cambiad vuestro ser interior, empezando por los pensamientos, y que éstos se reflejen en vuestra manera de vivir y de sentir. De esta manera, podrán experimentar por sí mismos lo perfecta que es Mi voluntad. Sabrán que es el mayor bien de todos, y por lo tanto hallarán cuán agradable es”.
Como ya vimos en “Encarando el sentimiento de fracaso: El concepto de éxito” (http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2015/04/encarando-el-sentimiento-de-fracaso-el.html), el sistema establecido en este mundo del que formamos parte nos marca una serie de pautas sobre lo que significa ser una persona de éxito. Vivimos en la “Era” conocida como “Postmodernista”, que se caracteriza por ser la cuna de:

-  La sociedad atea, que reniega de Dios o directamente niega su existencia.
- La sociedad materialista y de consumo, en la cual lo valioso es tener y poseer en función de nuestra capacidad adquisitiva.
- La sociedad hedonista y del ocio, donde la búsqueda del placer y la diversión se convierten en la máxima prioridad.
- El culto al físico, por lo cual se nos mide (y nos medimos) en función de nuestra apariencia externa.
- La pluralidad religiosa, con un extenso catálogo de diversas filosofías y múltiples religiones a las que podemos “suscribirnos”[3].

Sin embargo, para Dios todo eso es erróneo. Sencillamente, no es la manera en que Él piensa. Esta fábula te hará reflexionar sobre la manera en la que Dios puede utilizar grandemente a personas que aparentemente no destacan ante la sociedad secular, siendo tú uno de ellos:

Memorándum:
Para, Jesús, hijo de José, taller de carpintería Nazaret. De: consultoría Jordán, Jerusalén.
Estimado Señor: muchas gracias por enviarnos los currículum de las doce personas que ha seleccionado para que ocupen los cargos de gestión de su nueva organización. A todos ellos les hemos aplicado nuestro sistema de selección; hemos cotejado los resultados con nuestra base de datos y también han tenido una entrevista personal con nuestros psicólogos y asesores laborales. Todos hemos llegado a la conclusión de que sus candidatos no tienen el trasfondo necesario, no cumplen los requisitos académicos ni tienen las aptitudes ni la vocación necesarios para formar parte de la empresa que usted quiere iniciar. No entienden el concepto de equipo. Le aconsejamos que continúe buscando personas que puedan probar su experiencia y eficacia en el campo de la administración. Simón Pedro es emocionalmente inestable, y de temperamento fuerte y rebelde. Andrés no tiene ninguna cualidad para el liderazgo. Los dos hermanos, Jacobo y Juan, los hijos de Zebedeo, anteponen sus propios intereses a la lealtad. Tomás es muy escéptico, y su tendencia a cuestionar las cosas puede desanimar al resto. En cuanto a Mateo, tenemos la obligación de comunicarle que las autoridades financieras de Jerusalén le han abierto un expediente. Tadeo y Jacobo, el hijo de Alfeo, han presentado en varias ocasiones conductas radicales y trastornos maniaco depresivos. Sin embargo, uno de los candidatos parece tener cierto potencial. Tiene habilidades sociales y una mente apta para los negocios. También tiene contacto con altos cargos. Tiene mucha motivación, ambición y es responsable. Le recomendamos a Judas Iscariote como director de la administración de su empresa, y como su mano derecha. Todos los demás candidatos quedan, a nuestro parecer, descartados. Le deseamos lo mejor en su nueva empresa.
Atentamente consultoría Jordán[4].

A los ojos del mundo, ninguno de los discípulos de Jesús era válido. Sin embargo, Él los usó –a pesar de sus defectos- para anunciar la mayor revolución de la historia.
Para comprobar todo esto y observar que Él no nos valora según el estatus social, basta con leer las Bienaventuranzas (cf. Mateo 5:1-12). De ahí que Pablo dijera: Porque la sabiduría de este mundo es insensatez para con Dios” (1 Corintios 3:18-19). La vida no puede reducirse a estudiar una carrera, lograr un trabajo, tener el cuerpo soñado, comprar un coche, una casa, poseer la última tecnología y disfrutar de buenos momentos. No podemos ser como las cucarachas antes citadas, como si toda nuestra vida estuviera programada desde que nacimos hasta el día de nuestra muerte.

Un proyecto de vida
Hoy en día existen incontables libros que tratan sobre cómo alcanzar tus sueños. Incluso el cristianismo ha caído en su influjo. Es triste entrar en una librería cristiana y ver los estantes llenos de títulos que prometen el éxito. Ahí se comprueba cómo el humanismo se ha infiltrado con algunas de sus ideas, aunque se camufle bajo versículos bíblicos, citas hermosas o historias grandilocuentes. El problema reside en que algunos sueños se pueden convertir en verdaderos ídolos en nuestras vidas, donde se busca la propia gloria, la fama y el reconocimiento de las masas. Por eso no tenemos que olvidar que todo deseo que queramos alcanzar deber tener un propósito principal: darle la gloria a Dios (cf. Salmo 115:1), puesto que “todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice” (Isaías 43:7). Como apuntala Pablo: Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís (Colosenses 3:23-24).
¿La manera práctica de vivir para Dios, sean cuales sean las circunstancias de nuestra vida, tengamos o no trabajo, seamos pobres o ricos, tengamos esposa o no, estemos en un lugar u otro?: Llevando a cabo la obra de Dios en la tierra, según los dones que nos ha dado (cf. 1 Corintios 12:12).
Estoy en contra del Humanismo –donde el centro del Universo es el ser humano y cuya vida gira en torno a uno mismo-, pero sí estoy de acuerdo en buena parte con las siguientes palabras de dos de los humanistas más conocidos de la historia. Uno de ellos, Abraham Maslow, dijo: “Un músico debe hacer música, un pintor debe pintar, un poeta debe escribir”. Y el otro, Nietzsche: “Sé lo que eres”. No me refiero a la autorrealización en el sentido al que alude Maslow, pero sí digo que nuestro proyecto de vida debe versar sobre el plan de Dios. Ambas frases son válidas si se ponen en la perspectiva bíblica. En ese sentido, cobran vida las palabras de Pablo: “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Efesios 2:10).
Cito una lista genérica que he repetido en varias ocasiones y sobre la cual –a título personal- se debe reflexionar sobre cómo llevarla a cabo:

-       Predicando el evangelio (cf. Marcos 16:15).
-     Ayudando a los pobres, visitando a los huérfanos, a las viudas y a los presos (cf. Gálatas 2:10; Santiago 1:27; Hebreos 13:3).
-       Restaurando al hermano que ha caído (cf. Gálatas 6:1).
-       Alentando al de poco ánimo y sosteniendo al débil (cf. 1 Tesalonicenses 5:14).
-      Ayudando a otros hermanos en sus cargas, sean espirituales, físicas (enfermedades), emocionales o sentimentales (cf. Gálatas 6:2).
-       Serviendo con amor a los hermanos en la fe (cf. Gálatas 6:10; Hebreos 6:10).
-       Dando en lugar de esperar recibir (cf. Hechos 20:35).
-       Siendo un pequeño pacificador allí donde haya conflictos (cf. Mateo 5:9).
-       Usando los dones que Dios nos ha dado (cf. Romanos 12:6-8).
-       Siendo gentil y hospitalario (cf. Filipenses 4:5; Romanos 12:13).
-     Bendiciendo al que nos maldiga, no pagando mal por mal y amando al enemigo (cf. Romanos 12:14, 17; Mateo 5:44).
-       Honrando a nuestros padres (cf. Efesios 6:2).
-    Viviendo en paz con todo el mundo, siempre y cuando sea posible (cf. Romanos 12:18).
-     Orando por toda alma viviente, sean ateos, agnósticos o miembros de otras religiones (cf. 1 Tesalonicenses 5:17). 
-   Ayudando económicamente en la medida de las posibilidades y según nos haya prosperado el Señor (cf. 1 Corintios 16:2).
-    Dando testimonio de tu fe, especialmente en las pruebas, y que el fruto del Espíritu sea real (cf. 1 Pedro 3:15).

Todo se condensa en amar a Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente, y a tu prójimo como a ti mismo (cf. Mateo 22:37-40).
Que nadie piense que le estoy queriendo decir que todos aquellos que tienen trabajos monótonos que los abandonen. Separar lo eclesial con lo que no lo es conduce a una doble vida. En todas partes (y eso incluye el trabajo) hay que ser igualmente íntegro, honorable, y hacerlo lo mejor que esté en nuestras manos. Así lo enseña Pablo: “Que procuréis tener tranquilidad, y ocuparos en vuestros negocios, y trabajar con vuestras manos de la manera que os hemos mandado, a fin de que os conduzcáis honradamente para con los de afuera” (1 Tesalonicenses 4:11-12). Es otra manera más de darle la gloria a Dios y ser de testimonio.
Puede que a un voluntario que ayuda a los ancianos nadie lo valore, que una madre que se entrega a sus hijos con pasión no sea reconocida, que una señora mayor que predica el Evangelio a sus vecinos no sea famosa entre las multitudes, que una persona que ofrece parte de su sueldo a una organización benéfica pase desapercibida, y que alguien que dedica buena parte de su tiempo libre a atender a quienes le rodean nunca reciba un premio, pero todos ellos están llevando a cabo la obra de Dios en la tierra y serán recompensados cuando estén en Su presencia. Como señala Enrique Rojas: “A la hora de la muerte los titulos y los honores desaparecen, la riqueza no sirve para nada, el prestigio es muy relativo, y lo único que quedan son las huellas del amor que hayamos dejado en el testimonio de nuestras vidas”[5].
Que todos nosotros podamos decir como Jesús: “Hágase tu voluntad” (Mateo 6:10).  

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[1] http://www.larazon.es/sociedad/solo-el-6-trabaja-en-lo-que-sono-de-nino-FE7886986#.Ttt1F7qYYMZaTtA Solo un seis por ciento de las personas terminan trabajando en lo que soñaron de niños, según un estudio de la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M) junto a la London School of Economics.
[2] En la película original se emplea el verbo “bailar”. Lo he sustituido por el de “ser”, que encaja igualmente con la idea que Z transmite y yo quiero reflejar. 
[4] Orden, Gregory J. Discipulado que transforma: El modelo de Jesús. Clie, pág. 82-83.
[5] Citado en Tu matrimonio sí importa. Juan Varela & M. Mar. Clie, pág. 259.


lunes, 18 de enero de 2016

8.1. ¡Vive! Disfrutando sanamente


Venimos de aquí: 7.8. L@s cristian@s ante el bikini y otras cuestiones http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2015/12/78-ls-cristians-ante-el-bikini-y-otras.html

Por activa o por pasiva se nos ha hecho creer que los solteros son ciudadanos de segunda categoría a los que hay que compadecer porque están incompletos, son solitarios y viven amargados. Aunque haya personas que se sientan así, me he esforzado en demostrar en todos los capítulos anteriores que la realidad puede ser completamente opuesta: podemos vivir en plenitud, somos dignos como hijos de Dios y estamos completos en Él: “Dios debe llenar todas las áreas de tu vida primero para que puedas disfrutar el resto de tu vida en el concepto y contexto correctos”[1]. Como dijo el poeta cubano José Martí: “Quien está lleno por dentro necesita muy poco de afuera”.
Por todo esto, podemos disfrutar de muchísimos aspectos de la vida que se nos regaló, sin limitarnos a buscar una pareja, como si ésta fuera la panecea que proveerá la felicidad, y creyendo que los demás estados civiles son una condenación.

Una pequeña pero importante matización
Antes de continuar y hablar de diversas formas en que podemos disfrutar de la vida y de las maravillas que Dios nos ofrece sanamente, quiero dejar bien claro que mi propósito no es la incitación a la ociosidad y al hedonismo. Al igual que es una completa necedad hacer que la vida gire en torno a la búsqueda de una pareja sentimental o sobre el físico y la estética personal, la persona que vive única y exclusivamente para los placeres “viviendo está muerta” (1 Ti. 5:6). Debemos tener las ideas claras sobre lo que es realmente importante y prioritario: la relación personal con Dios y el cumplimiento por nuestra parte de Su voluntad reflejada en la Palabra. De ahí la exhortación de Pablo: “Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra” (Col. 3:1-2). De lo contrario, incluso lo legítimo y bueno de la creación lo convertiremos en una nueva forma de idolatría y mundanalidad en nuestras vidas, tomando preeminencia sobre los asuntos del reino. Teniendo esto en mente, no se excluye el sano disfrute de aquello que se nos ha regalado, sin darle más importancia de la que debe tener, puesto que es temporal y secundario: “Y los que disfrutan de este mundo, como si no lo disfrutasen; porque la apariencia de este mundo se pasa” (1 Co. 7:31), ya que somos extranjeros y peregrinos en este mundo (cf. 1 P. 2:11). 

Adaptarse a cada situación
Cuando vemos en el encabezado de un libro la palabra feliz solemos suspirar. Y lo hacemos porque creemos que eso es algo que tiene que existir en algún lugar, aunque sea remoto. Creemos que allá fuera tienen que existir seres que han conseguido ese elixir, como los monjes tibetanos que parece que nada les afecta y viven por encima de las circunstancias, como si hubieran ascendido a un estado superior. Pero, por mucho que indagamos, no encontramos a nadie. O puede que sí, pero contadas con los cuatro dedos de la mano de Homer Simpson. Así que, finalmente, nos enojamos. Sentimos rabia al oír esa dichosa palabra. ¿Será una leyenda urbana, un mito o pura ciencia ficción? Muchos creen erróneamente que la felicidad es un estado de alegría continua y de placer sostenido, teniendo todos los deseos emocionales y materiales cubiertos, junto a la ausencia total de conflictos. Eso es una utopía, al menos en esta vida (en la casa del Padre sí será así).
Me gusta hacer preguntas. Es la mejor manera de conocer los aspectos más profundos e íntimos de una persona. A veces con interrogantes inquisitivos, otros directos, y algunos retóricos. Estas son las cuestiones que quiero plantearte:

- ¿Quieres disfrutar de la vida?
- ¿Quieres disfrutar en este presente o en un futuro lejano?
- ¿Quieres esperar a la otra vida?
- ¿Esperarás a que llegue esa persona que te acompañe el resto de tus días para comenzar a vivir?
- ¿Dejarás que pasen los años sin llegar a exteriorizar todo el potencial que Dios ha puesto en ti, viviendo como un vegetal sin disfrutar de cada etapa de tu existencia?

Dirás que son preguntas muy sencillas de responder. Pero, vista la realidad, me atrevo a afirmar que no es tan evidente: hay muchos que paralizan su existencia hasta que forman una relación. Se olvidan de su propio crecimiento personal y espiritual, esperando que un hombre o una mujer aparezca en sus vidas y los haga felices. Dejan de lado su enriquecimiento interior, tanto intelectual como espiritual. Creen que esa euforia que sienten cuando logran pareja será continua y la panacea definitiva, y que ya no hará falta nada más. Por eso “detienen” su vida esperando que ese hombre o mujer maravillosa llegue a sus vidas. El palo se lo llevarán cuando pasen los meses y esa locura emotiva y química vaya menguando y vuelvan a sentirse vacíos, por lo que esta manera de actuar es un grave error que hay que señalar claramente. Es más, no es la voluntad de Dios que detengas tu vida. Bien sabes que Jesús, incluso siendo soltero, desde que era muy joven “crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres” (Lc. 2:52). Y así fue durante toda su vida, donde iba manifestando su conocimiento.
Es muy usual que personas sin pareja se dejen llevar por la corriente de sus emociones. Lo dejan todo a la espera de que ese amor aparezca. Esta actitud provoca desdicha. Ellos mismos se están limitando. Se han propuesto, inconscientemente, aplazar todo lo bueno que puede traer la vida. Como dijo Pearl S. Buck: “Muchas personas pierden las pequeñas alegrías esperando la gran felicidad”.
Que nadie entienda mis palabras como una apologética a la soltería en sí misma, sino como el llamamiento a aprovechar al máximo ese estado. El noviazgo sí debe ser un periodo de tránsito cuyo fin es el matrimonio. De lo contrario no tiene sentido. Es triste que muchos no vean el noviazgo de esa manera (fruto de la fantasía, la idealización, la inmadurez y de las modas de la sociedad), sino que lo consideren un tiempo de diversión y poco más. Pero el estado de soltero no es un tránsito hacia el matrimonio. Muchos no entienden esto y se amargan profundamente.
Personalmente, he observado a multitud de individuos que llevan a tal extremo su sufrimiento por estar solteros que han caído en una profunda infelicidad. Y la causa es que han centrado toda su vida en lo que desean (una pareja) y que, hasta el día de hoy, no han hallado.
El apóstol Pablo dijo: “He aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Fil. 4:11). El apóstol se refería a las necesidades materiales. Había aprendido a adaptarse a cada situación, fuera de abundancia o de escasez. Y en Cristo había encontrado la manera de vivir. Pero los mismos principios podemos aplicarlos a la condición de solteros: aprender a contentarse. ¿Esto significa que aquellos que deseen casarse y formar una familia deben renunciar a sus deseos? No. Se nos insta a ser autosuficientes en Cristo, centrándonos en lo que tenemos, sea cual sea nuestra situación, hallando satisfacción en nuestro actual estado, siendo consciente de los inconvenientes y dificultades que puedan surgir en el camino, y sin olvidar que el matrimonio tiene otros escollos diferentes.

Vivir cada día
Seguramente conocerás la expresión carpe diem, acuñada por el poeta romano Horacio. Se suele traducir por “vive el momento”, pero, literalmente, significa “cosecha el día”. Por lo tanto, quiere decir “aprovecha el día, no lo malgastes”. Tenemos que empezar a vivir hoy. No mañana. No dentro de un mes. Ni siquiera el año que viene. Hoy es hoy, independientemente de que tengas o no un compañero sentimental en tu vida. Las palabras de Cristo afirmando que Él había venido para que tuviéramos vida en abundancia (cf. Jn. 10:10) no iban dirigidas en exclusiva a los casados o a otro selecto grupo, sino a TODOS: solteros, viudos, huérfanos, jóvenes y ancianos. Estas palabras de Cristo muestran cuán absurda resulta esa expresión que se le suele decir a aquellos que no están casados: “Se te escapa la vida”, como ya vimos en “Lo que le duele a los solteros”.
Jesús dijo que no servía de nada afanarse, ni ganábamos nada con ello. Posiblemente sea una de las enseñanzas más difíciles de aplicar en nuestras vidas, ya que siempre estamos viviendo en el futuro. ¿Y por qué lo hacemos? Porque, en el presente, por muy bien que nos puedan ir las cosas, siempre hay ciertos factores que no nos agradan, y tenemos en mente la idea de que, tarde o temprano (o sea, en el futuro), esas circunstancias desaparecerán. Pero cuando ese futuro se hace presente, y aunque hayan desaparecido las circunstancias anteriores que eran negativas, aparecen otras nuevas que tampoco nos agradan. Por lo que volvemos a pensar en el futuro. Así que se convierte en un círculo sin salida.
¿Cuál es la realidad? Que, aunque nuestra ciudadanía esté en los cielos y aquí estamos de paso, lo que tenemos que aprovechar es el presente. El mismo Pablo recalcó la importancia de nuestra manera de vivir: “Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos” (Ef. 5:15-16).
Esto no se llama resignación ni frustración, sino adaptación, aceptando con paz en nuestros corazones la realidad que tenemos en este instante de nuestras vidas. Es cierto que hay detalles que no nos agradan, que nos gustaría que fueran diferentes (y que siempre habrá unos u otros), que tienen el potencial de provocarnos ansiedad en momentos puntuales. Pero también la Palabra de Dios nos dice que hacer con esas sensaciones: “Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros” (1 P. 5:7).
Es todo lo que podemos hacer. Nuestro cuerpo puede sentir esa ansiedad en determinados momentos, pero nuestra alma debe descansar en Aquel que cuida de nosotros. Debemos de CREER en Su soberanía, y en lugar de vivir en continuo conflicto con Dios y nosotros mismos, vivir en paz. De lo contrario, estaremos viviendo y edificando nuestro paso por este mundo sobre la arena, y no sobre la roca.
Aprendamos en ese aspecto de los niños: disfrutan de la vida diaria tal y como es.

Las maravillas de Dios[2]
Dios, al crear el universo, incluyendo al ser humano —y eso abarca también su cuerpo—, lo definió como “bueno en gran manera (Gn. 1:31). Este cuerpo, aun tras la Caída, conservó la capacidad de producir gozo por medio de él de forma saludable. Por eso debes cuidarlo, ya que es tu morada mientras vivas en este mundo.
Dentro de él existe algo llamado endorfinas[3]. Estas hormonas son unas sustancias químicas que el sistema nervioso produce de manera natural ante ciertos estímulos[4]. Son las encargadas de la comunicación entre las neuronas y sirven como analgésico ante el dolor, y a la vez como estimulante de los centros de placer del cerebro y del sistema nervioso central, actuando como antiestresante y antidepresivo. Y aquí viene lo interesante: esas hormonas se activan en determinadas circunstancias.
Una de las mayores lacras de la sociedad que asolan al ser humano son las drogas. Pero ahora que los avances en la medicina nos permiten analizar el interior de nuestro organismo, podemos maravillarnos de lo que Dios creó, y cómo insertó en nosotros la capacidad de experimentar un disfrute sano sin necesidad de atentar contra nuestra salud. Lo curioso es que estas hormonas se multiplican cada vez que se estimulan, por lo que a su vez fortalecen el sistema inmunitario ante los virus y bacterias. Un cuerpo cuyas endorfinas estén en continuo movimiento estará mucho mejor preparado para defenderse ante una posible enfermedad.
¿Y cuáles son las actividades saludables y placenteras que provocan la actividad de estas hormonas naturales que el Creador puso en nosotros?

- El ejercicio. Aquí entra todo aquello que requiera algún esfuerzo físico, como correr, nadar, montar en bicicleta, una buena caminata al aire libre o simplemente la práctica de cualquiera de esos juegos callejeros con que disfrutábamos en nuestra infancia. En definitiva, todo aquello que requiera que nuestro cuerpo se movilice, que el corazón trabaje y los pulmones se ensanchen. Eso sí, ten claro que mientras más tomes el deporte como un juego —lo que verdaderamente es—, mayor será el disfrute por tu parte.

- La risa, fuente principal para la fabricación de endorfinas. Esto explica que el dolor físico disminuya con el buen humor. Son conocidos los casos en que personas aquejadas de enfermedades terminales y dolorosas experimentan un efecto analgésico tras el visionado de películas de humor. Está comprobado que, tras la fase de las carcajadas, los músculos se relajan profundamente y disminuye la tensión sanguínea. Algunos dirán que en ningún lugar del Nuevo Testamento encontramos a Jesús reírse, ya que no tenía motivos para ello. Y es cierto. Pero el hecho de que no se nos narren esas escenas no significa que un Dios de gozo no manifestara su alegría de diversas maneras. No me imagino al Señor serio y compungido cuando tenía entre sus brazos a los niños que se acercaron a Él. Creo que les regaló la mejor de sus sonrisas y probablemente rió con ellos junto a otras de sus amistades. 

- La música. En este caso no me refiero a esa clase de música soez llena de sensualidad provocativa y que despierta las pasiones más bajas, sino a melodías que tocan los sentimientos y las emociones. Por citar un ejemplo, la Sinfonía nº 7 (II Allegretto) de Ludwig van Beethoven, usada magistralmente en la escena cumbre de la película El discurso del Rey.

- Los cinco sentidos: la vista, el olfato, el tacto, el gusto y el oído, que son los medios externos por los cuales llegan las sensaciones físicas a nuestro interior.

a) El tacto: Podemos incluir los masajes corporales ofrecidos por profesionales, los abrazos, las caricias, un baño de agua caliente, un paseo descalzo por la playa o por la hierba húmeda, etc.

b) La vista: La contemplación de la naturaleza, como las estrellas, la luna, los montes y todo aquello que puedas imaginar. Proporciona un verdadero deleite.

c) El oído: El sonido del mar, un suave susurro, la música rítmica, etc.

d) El gusto: El paladar puede captar gran variedad de sabores mientras nos alimentamos, gracias a los receptores que hay en la lengua. Que Jesús pasara hambre en determinados momentos no significa que renunciara a comer los alimentos que Él mismo había creado. Y cuando se come se disfruta. Creer que el Señor no se deleitaba con esos manjares es totalmente absurdo, propio de los serios legalistas que le amargan a uno hasta un dulce.

e) El olfato: Las neuronas olfativas del receptor en la nariz, por lo que un buen perfume, colonia o incluso el olor a césped recién cortado resultan muy agradables.

El problema para aquellos que no conocen al Señor es que buscan llenar su ser con todo esto. Incluso muchos cristianos cometen el mismo error. De ahí viene la ociosidad en la que vive instalada esta sociedad. Todo esta alegría en sí es sana, y para el creyente equilibrado todavía más. Pero como dijo Jesús, la vida es mucho más que el alimento (cf. Lc. 12:23). Y quien dice a su alma “repósate, come, bebe, regocíjate” sin tener a Dios en su vida es un necio (cf. Lc. 12:19-20). Así que hagamos buen uso de esta herramienta que el Creador nos regaló

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8.2. ¡Vive! La réplica a la sociedad.



[1] Dávila, Zoricelis. Felizmente solteros. Casa Bautista de publicaciones.
[2] Aclaro que este apartado lo escribí para mi libro “Mentiras que creemos” y forma parte del mismo. Como una parte encaja como anillo al dedo al tema que estamos tratando, lo reproduzco aquí en parte con pequeñas variaciones.
[3] Palabra que viene de endo-morfinas, por un lado endógeno, es decir, que se produce en el interior del cuerpo, y por otro de morfina, un opiáceo que se utiliza para calmar el dolor.
[4] No confundirla con la adrenalina. Cuando un animal o persona se siente amenazada (o practica algún deporte de riesgo), su cerebro envía un impulso nervioso para que esta hormona, llamada adrenalina, sea secretada e inyectada en el torrente sanguíneo, permitiéndole reaccionar instantáneamente ante el peligro. Nos prepara para luchar o huir. Bioquímicamente, el cuerpo se pone al máximo de sus posibilidades, proporcionando una fuerza y energía fuera de lo común.