martes, 10 de enero de 2017

El cristianismo convertido en un show para el beneficio y el lucimiento personal



Esta sección del blog está dedicada a mostrar “la otra cara de la moneda” en cuestiones que, por norma general, únicamente se muestra una de ellas.

Jesús entró en Jerusalén montado en un pollino de asna mientras que las multitudes “tomaron ramas de palmera y salieron a recibirle, y clamaban: !!Hosanna! !!Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel!” (Jn. 12:13). En la actualidad, esta misma escena habría sido muy diferente. Un periodista imparcial la narraría así:

“El burro que llevaba a Jesús comenzó a rebuznar nervioso porque los miles de flash de los teléfonos móviles y tablets le cegaban. Mientras que los verdaderos apóstoles no querían ningún protagonismo y se echaban a un lado, otros que se consideraban los ungidos de Jehová –pero a los que Jesús no conocía- desfilaban con guardaespaldas y coches blindados decretando todo tipo de bendiciones económicas y de prosperidad, al mismo tiempo que recibían el diezmo y las ofrendas de los asistentes para recibir sanidad. La policía urbana tuvo que situarse entre el llamado Hijo de Dios y las multitudes, puesto que éstas se peleaban tratando de acercarse al Maestro para hacerse un selfie. Mientras tanto, chicos y chicas adolescentes venidos de todo el mundo gritaban hasta quedarse afónicos y lloraban desconsolados rogando por un autógrafo en sus camisetas. Los servicios sanitarios tuvieron que atender a muchos de ellos, presos de diversos desmayos tras estar varias horas brincando al son del estribillo ´salta, salta, salta para Cristo`, que resonaba en veinte altavoces de mil megavatios de potencia cada uno. El evento atrajo a varias cadenas de comida rápida que recaudaron millones de dólares. También se vendieron incontables llaveros, pins, cd´s y pósters conmemorativos, dinero que fue usado a posteriorí para comprar nuevos instrumentos musicales y cámaras de video. ¿Biblias? Tres en total y de diversos colores, que fueron olvidadas en los asientos. Los más felices eran los dos ganadores del sorteo, que se llevaron como premio un crucero de ´avivamiento` por las Islas Caimán. Una vez finalizado el entretenimiento, cada uno de los asistentes siguió su camino y se marchó a casa sin ningún cambio apreciable, aparte de la euforia del momento y de las fotos hechas para subirlas a Instagram. Por su parte, la presencia de Jesús fue ignorada a los pocos minutos de su entrada en la ciudad santa”.

El que tenga un mínimo de imaginación, habrá entendido perfectamente la ilustración y cuán real es su triste extrapolación a parte del “cristianismo” contemporáneo.

Reallity show
Menos mal que el plan y la voluntad soberana de Dios se cumplió a la perfección, y nació en el momento que Él había prefijado, como atestiguan las profecías del Antiguo Testamento. De lo contrario, habrían querido envolverlo en todo esto y hacerlo partícipe de un reallity show, de la misma manera que en su época quisieron hacerlo rey y alejarlo de la cruz.
¿Cómo hubiera sido esa telerrealidad en el siglo XXI?:

- Entrevistas en directo con los apóstoles, con preguntas como: “Pedro, ¿te pareció bien que Jesús sanara a tu suegra?”.
- Debates acalorados a altas horas de la madrugada donde participarían fariseos, sauduceos, miembros del Sanedrín y centuriones romanos. Y, en ocasiones especiales, invitados como Herodes y la esposa de Poncio Pilatos. Entre el público, algún esclavo.
- Visita guiada por el museo de Jerusalén, donde estaría expuesto el pez disecado del cual Jesús sacó la moneda.
- Las mismas cadenas de televisión le habrían entregado a Judas las 30 monedas de plata para aumentar la audiencia.
- Jesús sanando a los leprosos: imágenes a cámara lenta con una gopro en 3D, cinco mil repeticiones de la secuencia y desde cincuenta ángulos diferentes, incluyendo “a vista de dron”.
- Catadores de vino en las bodas de Caná para que comprobaran la calidad del mismo tras el milagro.
- Casting para elegir a los 12 apóstoles. Por supuesto, todos los candidatos estarían formados por adinerados, modelos, actrices famosas, cantantes y universitarios exitosos.
- Serie de televisión de más de mil capítulos narrando las vivencias diarias de Juan en su destierro en la isla de Patmos.

La realidad presente
Todo esto –que suena a broma- es parte de la realidad que se ha instalado en el cristianismo en las últimas décadas en otras formas. Una Iglesia que, en lugar de impactar al mundo, se está disolviendo en él adoptando sus modas, aceptando ideologías y costumbres de la sociedad imperante: matrimonio homosexual, normalización del divorcio y del yugo desigual, consumo de alcohol, tatuajes, piercing, formas de vestir desinhibidas, asistencia a discotecas y clubs nocturnos, etc. Ante estas cuestiones, sus defensores argumentan que lo que Dios mira realmente es el corazón o que hay asuntos más importantes sobre los que discutir y que nos dediquemos a predicar el mensaje de salvación y punto.
En muchos lugares que tienen la coletilla de cristianismo, ya ni siquiera se presenta a Jesús como el único camino para ir al Padre (cf. Jn 14:6); también tienen cabida lo bueno de diversas filosofías orientales o religiones como el Islam, donde lo importante es ser honesto con uno mismo y las creencias personales.
Por otro lado, basta con asistir a alguna mega-iglesia, ver infinidad de vídeos en youtube, canales como “Enlace” y centenares de libros donde se presenta a los “ungidísimos por el Señor” (a los que por supuesto no se puede juzgar), que lo único que hacen es esparcir puro veneno motivacional con su confesión positiva, donde:

- No paran de decretar –como si Dios estuviera al servicio de los seres humanos- y llaman al resto a hacer lo mismo. ¿Tienes una muela picada o juanetes? Declara a pleno pulmón y sin cesar que todo queda sanado, mientras que atas al diablo y dejas caer en la canasta un billete, cuanto más grande mejor.
- Establecen la jerarquía piramidal, donde lo que diga el pastor hay que obecederlo sin rechistar ya que tiene conexión directa con el cielo, al contrario que tú, cuya señal de radio está llena de interferencias.
- Expanden la teología de la prosperidad, que, curiosamente, únicamente es para un selecto grupo. ¿Y para el resto que son pobres? ¿Y si es tu caso? No te preocupes. El año que viene vendrá la gran cosecha... y si no, el año siguiente.... y si no, el siguiente. Y si tarda es porque estás en pecado o te falta fe...
- Ofrecen sanidades que parecen hechas por el médico que aparece en Los Simpson, junto a lluvia de bendiciones (polvo de oro y diamantes, etc), bailes de todo tipo, musica atronadora y vacía de contenido bíblico pero que hace vibrar, etc.

Todo lo descrito –con un buen toque de sarcasmo-, es la pura realidad que se observa en demasiadas iglesias locales, cuyos tronos están ocupados por lobos con piel de cordero (como describimos en El verdadero lobo: http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2014/11/el-verdadero-lobo.html).  
Han convertido el evangelio en un espectáculo lamentable al estilo de “Los Juegos del Hambre”: diversión para algunos y sufrimiento para el resto que no se someten a sus postulados y están fuera de onda. Gracias a Dios, muchos hermanos se están dando cuenta de estas y otras falsas doctrinas, y se han alejado de ellas como de una explosión: corriendo.

La distorsión de la realidad
Amplios sectores del cristianismo –partiendo en su origen desde el continente americano en el siglo pasado y que ha sido exportado al resto de continentes- se han dejado arrastrar por muchas modas en las últimas décadas: evangelio distorsionado y mercantilizado, conciertos pirotécnicos que se presentan como si fueran “darle la excelencia a Dios” (aunque nada de esto venga en la Biblia) –en cuya logística se invierten cantidades de dinero que podrían aprovecharse para verdaderas necesidades de la sociedad y que provocan vergüenza ajena-, bailes inmundos, paganismo extático, doctrinas de procedencia demoniaca que se enseñan como si vinieran del cielo (escobas, trapos, gasolina, agua y aceites, todo esto “ungido” por el profeta de turno), exaltación y adulación de pastores, predicadores y cantantes estrellas, etc.
No ha sido la sociedad caída que gobierna este mundo quien ha llevado a cabo este cambio en la esencia cristiana; han sido ellos solitos. Han creado una nueva religión de diversión donde lo que se busca es el paroxismo. Literalmente, viven en un mundo de fantasía. Eso sí, cuando vienen los problemas se estrellan contra la realidad y todo se desmorona. Algunos incluso pierden la fe. Y todo por manipular las Escrituras y alejarse de la sencillez mostrada en ella. ¿Por qué han confundido y embaucado a tantas personas sinceras y genuinamente cristianas? Sencillo de explicar:

- Muchas de sus doctrinas esenciales son correctas (Trinidad, Encarnación de Cristo, etc.).
- Llevan a cabo grandes obras sociales.

El problema reside en que sutil y paulatinamente ha habido un proceso de sincretismo con el gnosticismo y otras religiones, al estilo del que llevó a cabo el catolicismo romano a partir del siglo III con el paganismo. Esta mezcla de verdad y de mentira se ha fusionado de tal manera que hace difícil en ocasiones separar la una de la otra, recordando en gran manera a la iglesia de Pérgamo y Tiatira, las cuales eres leales a Cristo, tenían obras, amor y servicio, pero, a la vez, toleraban herejías (cf. Ap 2:12-29).

Los selfies y la cultura del postureo
A título individual se ha llevado todo esto un paso más, y lo que más se observa es el llamado postureo. Este es, ni más ni menos, que aparentar una imagen en todo momento de felicidad, alegría, euforia y llenura emocional, destacando especialmente las actividades que uno lleva a cabo. Una especie de carpe diem sin fin. Podemos verlo en este corto titulado “A social life” (https://www.youtube.com/watch?v=GXdVPLj_pIk). Esta moda –por llamarla de alguna manera- se ha infiltrado en la mentalidad de muchos cristianos, especialmente entre los jóvenes inseguros, con complejos de inferioridad o poca estima propia, y con deseos de ser amados. Para esto no hay nada mejor que llamar la atención sobre uno mismo y mostrar:

- “qué espiritual soy”.
- “qué grandes obras hago”.
- “cuán entregado estoy”.
- “cómo oro y adoro”.

Esto se consigue inmortalizándo el momento con fotografías para que el mundo pueda verlas en Internet. Todo esto rezuma altas dosis de vanidad, orgullo y vanagloria, la cual “no proviene del Padre, sino del mundo” (1 Jn. 2:16). Viene a ser el equivalente a esa práctica tan extendida entre la población y que les termina obsesionando: subir una foto luciendo una cara bonita y/o tipazo –sea hombre o mujer- para que el resto los piropee. La realidad que suele darse es lo que esconde: a mayor cantidad de fotos exhibicionistas, mayores son los complejos que oculta la persona.
¿Se imagina alguien a Jesús haciéndose un selfie con los leprosos, mientras leía el libro de Isaías, cuando se transfiguró, u orando en el huerto de Getsemaní? Bueno, pues algunos lo hacen rodeados de personas enfermas y pobres, mientras que otros cuando leen la Biblia u oran para que el prójimo los vea. ¿Se imagina alguien a Eliseo grabándose en video mientras hacía flotar el hacha? ¿Entra en nuestra mente la imagen del ángel Gabriel haciéndole una foto al arcángel Miguel mientras éste adoraba y subiéndola al face-celestial para que el resto de ciudadanos del cielo se maravillara? ¿Nos podemos imaginar igualmente a Pedro haciéndose un selfie mientras se hundía en el agua y, segundos después de ser rescatado por Jesús, colgándola en las redes sociales? Hubiera logrado miles de “me gusta” e infinidad de comentarios espirituales y grandilocuentes: “Grande hermano Pedro, el Señor te ha bendecido. Eres un coloso entre los grandes”. Otros se habrían burlado y los insultos habrían comenzado a llover: “Tu fe es débil Pedro. Estuviste a punto de ir al infierno por toda la eternidad”. El pobre apóstol no habría dormido esa noche pensando en las opiniones de los dos polos opuestos. Su estado emocional se hubiera visto afectado para bien o para mal.
Puede sonar cómico, pero basta con mirar atentamente para comprobar cuán cierto es. Se puede ver día tras día en las fotos que se ven entre los cristianos, y que ellos mismos hacen o les hacen: primerísimos planos mientras toman la Santa Cena, con los ojos cerrados y los brazos levantados mientras cantan, líderes y pastores con rostros serios y miradas profundas predicando desde el púlpito, cantantes que llegan a los llamados “conciertos cristianos” como si fueran rockeros, misioneros con pobres descalzos y medio desnudos mientras les dan un paquete de arroz o una limosna, etc.

La humildad de corazón y la sencillez
Aunque prefiero vivir el momento, disfrutar de él y guardar el recuerdo en el corazón –puesto que ahí no se borra- no tengo nada en contra de las fotografías per se, pero el postureo cristiano no es correcto ni sano. ¿Quieres que te hagan fotos y hacerte selfies? Hazte todos los que quieras: subiendo a un árbol, de paseo con tus amigos, tomando un helado gigantesco, en una boda o en alguna celebración familiar, pero no mezcles esa parte de tu vida con las acciones puramente espirituales, que son para el reino de Dios y Su gloria, dejando también esa ofuscación de querer llamar la atención sobre ti mismo.
Me encontré en Internet un montaje en forma de gif animado de varios actores donde todos asentían mientras aparecía la frase: “¿Y si hacemos buenas obras sin tomarnos selfies?”. Es una buena pregunta para reflexionar.
¿Recuerdas estas palabras de Jesús?: “Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público” (Mateo 6:5-6). Es lo mismo que Él hacia: se apartaba para orar a solas.
Deberíamos grabar a fuego esas palabras puesto que son igualmente aplicables a muchas otras esferas de nuestra vida como creyentes: “Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos. Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. Mas cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público” (Mt. 6:1-4). Tenían el aplauso de los hombres pero no el de Dios.
¿Un gran ejemplo para nosotros?: el de la viuda que ofrendó (cf. Mr 21:1-4). Nadie se percató de ella y nadie la alabó, excepto el que tenía que hacerlo: Jesús. Es quien debe mirarte, no los demás.
Él mismo se guardó de convertir sus milagros en un espectáculo de masas como si fuera un circo. Sus acciones sobrenaturales tenían el propósito de respaldar sus palabras e identidad, pero en ocasiones –a pesar del reproche de sus hermanos-, las llevó a cabo en la intimidad y sin deseo de que se diera a conocer tal acción, como cuando resucitó a la hija de Jairo: “Mientras él aún hablaba, vinieron de casa del principal de la sinagoga, diciendo: Tu hija ha muerto; ¿para qué molestas más al Maestro? Pero Jesús, luego que oyó lo que se decía, dijo al principal de la sinagoga: No temas, cree solamente. Y no permitió que le siguiese nadie sino Pedro, Jacobo, y Juan hermano de Jacobo. Y vino a casa del principal de la sinagoga, y vio el alboroto y a los que lloraban y lamentaban mucho. Y entrando, les dijo: ¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no está muerta, sino duerme. Y se burlaban de él. Mas él, echando fuera a todos, tomó al padre y a la madre de la niña, y a los que estaban con él, y entró donde estaba la niña. Y tomando la mano de la niña, le dijo: Talita cumi; que traducido es: Niña, a ti te digo, levántate. Y luego la niña se levantó y andaba, pues tenía doce años. Y se espantaron grandemente. Pero él les mandó mucho que nadie lo supiese, y dijo que se le diese de comer” (Mr. 5:35-43). Es lo mismo que hizo con el sordomudo tras sanarlo: “Y tomándole aparte de la gente [...] Y les mandó que no lo dijesen a nadie” (Mr. 7:33, 36).

¿Quiénes somos nosotros? ¿Para quién es la gloria?
A todos aquellos que sienten esa imperiosa necesidad de darse a conocer o temen que si no lo hacen son invisibles, el mismo Pablo les habla muy claro: “¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos? Servidores por medio de los cuales habéis creído; y eso según lo que a cada uno concedió el Señor. Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento” (1 Co. 3:5-7).
Es cierto que no hay nada más grande que dar a conocer la obra de Dios en nosotros. Es lo que Jesús le dijo al endemoniado gadareno tras ser liberado: “Vuélvete a tu casa, y cuenta cuán grandes cosas ha hecho Dios contigo. Y él se fue, publicando por toda la ciudad cuán grandes cosas había hecho Jesús con él” (Lc. 8:39). Pero cuando alguien se cree algo y busca el reconocimiento o los aplausos, está olvidando que es un servidor de Dios y, literalmente, está usurpado Su lugar. Es ruin y moralmente reprobable usar al Altísimo y Su obra para el propio enaltecimiento, cuando el propósito debe ser poner las miras en lo alto: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mt 5:16).
Algunos tienen miedo al pensar que su trabajo no tiene valor si no es reconocido. De ahí que se afanen en que les conozcan. Si ese es tu pensamiento, ten presente la historia de Jesús con los diez leprosos: aunque solo uno se lo agradeció, sanó a los diez. La obra estaba hecha, independientemente de que fuera correspondido o no. Si era Dios y logró 1 de 10, ¿qué pasará con nosotros que no somos ni remotamente perfectos? Puede que 0 de 10. Así que no te extrañes si nadie agradece tus obras, pero toma el mensaje de Pablo y aprópiate del mismo: “No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos” (Gá. 6:9). Ese “a su tiempo” en ocasiones puede ser en esta vida, pero casi siempre se producirá –sin duda alguna- en el cielo. 

¿Qué sentido tiene las maneras de actuar que hemos señalado como erróneas? ¡Ninguna! Son áreas en las cuales muchos creyentes tienen que revisar y reflexionar para despertar, aunque eso suponga nadar contracorriente. Esto incluye también a las iglesias locales que se mueven por estos principios y que deben reeducarse, aunque eso les suponga no ser tan prestigiosas.


miércoles, 14 de diciembre de 2016

10.4. Dos características fundamentales entre novi@s y espos@s: Madurez & Reciprocidad.


Venimos de aquí: ¿Qué es lo que buscas en la otra persona como novi@ y espos@? http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2016/10/103-que-es-lo-que-buscas-en-la-otra.html

¿A qué se refería exactamente mi amigo en la extensa lista que citó? ¿Perfección? ¿Santidad absoluta? ¿Y qué de él mismo? ¿Y si busca lo que no tiene ni posee? Abramos el abanico y respondamos a estas preguntas.

No es perfección sino madurez
Más de uno se podría asustar ante el inventario de peticiones que realizó mi amigo y que detallé en el apartado anterior –que te animo a releer antes de proseguir-, e incluso dudar de que exista alguien así. En la siguiente parte (Family man: un noviazgo basado en la sencillez) haré una importante matización personal de estos puntos señalados para que los veas desde otro punto de vista, a mi entender más natural. Hasta entonces, y como conozco la mente y el corazón de quien hizo este registro, aclararé lo que realmente quiso señalar en esos guiones.
Él no habla de perfección o de alguien que no comete errores, sino de madurez. Tampoco se refiere a un ser humano que siempre cumpla esos puntos en todo tiempo, sino que formen parte de la normalidad en su forma de ser, no que sea la excepción en su vida diaria. Por ejemplo, es imposible que una persona sea siempre equilibrada a la hora de hablar y escuchar. En ocasiones hablará más de la cuenta y en otras callará cuando quizá debería haberse pronunciando sobre tal o cual asunto. El mismo Pablo reconoció que no era perfecto (cf. Filipenses 3:12), aunque sí lo fuera ante los ojos de Dios por el sacrificio expiatorio de Cristo.
Otras indicaciones de la lista suelen ser parte de un proceso de aprendizaje dentro de la relación. Todos tenemos áreas inmaduras en nuestra personalidad. La madurez no es un estado continuo al que se llega de una vez y para siempre, sino un estado de crecimiento de por vida en todas las áreas de nuestro ser.
Pongamos dos detalles aparentemente sin importancia: tienes por novi@ a alguien que es sumamente desordenado con su ropa, con el cuidado de su habitación y con el resto de sus posesiones personales: ¿lo descartarás por esto? No, pero tampoco habrá que pasarlo por alto. Tendrá que tratarlo para el caso en que decidáis casaros. ¿O quieres que vuestro hogar sea cada día un zoológico poseído por el síndrome de Diógenes, lleno de cáscaras de plátano en la cocina, calcetines encima del televisor y Objetos Voladores No Identificados haciendo acto de presencia por el salón? Dicho esto, también hay que hablar del extremo opuesto: hombres y mujeres que agotan al más paciente por su lucha incesante de limpieza microscópica y de orden extremo, donde no se puede entrar en la casa sin gafas de sol por el peligro de quedarse ciego de tanto que deslumbran las paredes y los muebles.
Y el segundo: ¿qué harás si tu pareja habla sin apenas respirar durante veinte minutos a la velocidad del rayo –conozco a algunos que son capaces de hacerlo, donde el oyente no puede escapar y se ralentiza el tiempo de tal manera que parece cinco días- y, sin embargo, te interrumpe a los pocos segundos de tomar tú la palabra, y vuelta a empezar? Tendrás también que hablarlo con ella para que ponga de su parte ya que en la vida como cónyuges no será un detalle menor, sino que tendrá una importancia considerable.
Hay muchos ingenuos que estos detalles –embobados que están en el período del enamoramiento- los pasan por alto durante el noviazgo, y cuando llega la hora de la verdad dentro del matrimonio, las discusiones se convierten en una rutina abrumadora que les revuelve las entrañas del alma.
Por lo tanto, la lista no es tanto para buscar alguien impecable, sino pautas generales para identificar a una persona que realmente merezca la pena y que te pueda agradar como ser humano y cristiano, aceptando que no es perfecto y que nunca lo será.

Reciprocidad
Por otro lado, hay que señalar claramente que un hombre o una mujer que pide lo que citamos debe ser capaz de ofrecer lo mismo. No se puede exigir lo que no se da ni anhelar a la persona adecuada cuando nosotros no lo somos: Está bien estar al tanto de la persona correcta, pero dese cuenta de que la única manera de encontrar la persona correcta es ser la persona correcta”[1]. Hay muchos individuos que están con otros por lo bien que sus compañeros sentimentales les hacen sentir, pero no se interesan por el mundo interior de su novi@ ni lo viven como algo suyo.
Estas personas basan su relación en el “yo”, no en el “nosotros”. No hay reciprocidad. Puede que tú seas así y estés errando el enfoque. Por ejemplo, si él se interesa por tus sentimientos, se preocupa por tu estado de ánimo, te pregunta por tus emociones, guarda en su corazón los momentos compartidos y los recuerda, y tú no haces lo mismo, entonces sigues pensando en “yo” y no en “nosotros”. Y si sucede al revés, exactamente igual. Todos sigue girando en torno a uno, no sobre los dos. Es una relación de un único sentido.
Es triste cuando se contempla a parejas donde uno de los dos ofrece mucho pero solo recibe migajas. A pesar de que no está contento con la situación ni le satisface, continúa la relación por el deseo de estar con la otra persona. Eso no es sano ni justo. Esto se suele ver cuando uno de los miembros solo busca íntimamente al otro cuando está pasando por una mala circunstancia o cuando su ánimo está decaído, buscando el calmante que su pareja supone: aliento, consuelo y compañía. Cuando la crisis pasa, vuelve a alejarse emocionalmente y el compañero vuelve a ser un juguete más con el que pasar el tiempo para divertirse.   
Para exponerlo gráficamente y que se entienda lo que quiero decir, pongo un caso propio: puesto que a mí me apasiona escribir, ¿qué pensaría yo si tuviera pareja y ésta no leyera lo que escribo? ¿Si no se interesara por lo que plasmo en esas letras? ¿Si no pensara en las ideas y en los sentimientos que transmito? ¿Si no me compartiera su opinión? ¿Si no me preguntara qué me lleva a pensar de esa manera y no conversara conmigo al respecto? Estaría comprobando con su actitud pasiva que no le interesa lo más mínimo mi mundo interior. Posiblemente estaría a mi lado por algún tipo conveniencia o por lo bien que le hago sentir, pero nada más. Personalmente, y sin duda alguna, no querría a alguien así en mi vida como novia, y mucho menos como esposa.
De igual manera, si a ella le gusta el arte, el cine clásico o practicar algún deporte, y no me interesara por nada de eso, estaríamos en las mismas. No estaría siendo justa con ella ni le estaría mostrando que quiero entrar en lo más profundo de su mundo, ni por lo que siente en esos aspectos que tanto le gustan. Sin reciprocidad, no hay nada. Es como la amistad: si uno quiere pasar tiempo con el otro y éste no hace nada para pasarlo con él, eso no es amistad ni es nada. A esto me refiero cuando hablo de ser la persona adecuada: es algo que depende de las dos, no de una sola. Lo contrario conlleva el fracaso. Y esto es algo que tiene que salir del individuo de manera natural, porque para eso se supone que son pareja: porque aman mutuamente sus valores y la clase de persona que son, y no únicamente por lo bien que se sienten el uno al lado del otro.

¿Encajar siendo iguales o con cualidades diferentes?
Reunir todas o la inmensa mayoría de las características de las que hablamos, no quiere decir que vayáis a encajar como pareja ni que seáis la persona para la vida del otro. El amor tiene algo de misterioso que se escapa a la razón. En otros casos, puedes poseer ciertas cualidades y para algunas mujeres supondrán un notable, incluso un sobresaliente. Sin embargo, para otras, teniendo la mismas características, sólo serás un suficiente, o ni siquiera llegarás al aprobado. Esto no significa que seas menos valioso, sino que para unas mujeres representas lo que ellas buscan y para otras no. Así de sencillo. Y exactamente igual si eres mujer respecto a los hombres. Por eso no te encapriches de los que no tienen interés en ti, ya que no buscan el tipo de cualidades que tú posees. El amor no es algo que pueda forzarse.
Dicho todo esto, no confundas “pareja ideal” (la cual no existe) con “modelo de pareja” (lo humanamente posible y no fruto de fantasías irrealizables). Si buscas que tus ideales se cumplan a rajatabla, y que sea alguien que te llene mental, emocional, espiritual y físicamente en todo momento (una utopía ya que no es Dios), te pasarás toda la vida frustrado buscando una perfección inexistente, y serás de fuente continua de estrés para la otra persona, ya que tratará de complacer a alguien que nunca se sentirá satisfecha por mucho que haga por ti.
Siendo claros: buscar a una persona fiel, íntegra, con sanos valores y que sirva al Señor según los dones que posea, forma parte del “modelo de pareja”. Algo necesario y justo. Pero buscar a un arquitecto que sea rubio de ojos claros, de un físico rotundo, sumamente divertido, jovial e ingenioso, líder en la iglesia local, no es un ideal plausible; es que resulta prácticamente inverosímil. Los que creen encontrar en el Barbie o Ken “cristiano” su felicidad, suelen caer con el tiempo en las mayores desdichas. Como he dicho en más de una ocasión, este tipo de ideas distorsionadas se han infiltrado en la mente de muchos a causa de las novelas y las películas románticas, al presentar a hombres y mujeres irreales. ¿La consecuencia principal en la vida real de perseguir fantasías?: Desilusión, como veremos ampliamente en el capítulo Cuando el problema está en el soltero.  
Conozco un pastor que es extrovertido, risueño, culto y con mucho conocimiento de la Palabra. Sin embargo, su esposa es más bien introvertida, se relaciona con pocas personas, habla en pequeños grupos, dedicándose a amar a su esposo con todo su corazón y a cuidar de sus hijos. ¿Esto la hace menos mujer? ¿No es la persona adecuada para este pastor? ¿Tiene menos virtudes por ello? Al contrario. ¿Por qué? Porque él no necesita otras cualidades en su mujer; le gusta tal y como es, y la ama tal cual. Encajan y son los adecuados el uno para el otro.
Muchas veces no es necesario que la persona que esté a tu lado tenga un Máster en Teología, que haya estudiado en un seminario, que sepa el griego del Nuevo Testamento o que tenga una amplísima cultura general. No digo que no estudie, ya que es algo fundamental para crecer como persona y cristiano. Es más, en mi caso la animaría fervientemente a hacerlo y pondría todo lo que estuviera en mi mano para así fuera, ya que me encantaría hablar con ella de temas bíblicos, puesto que sería una parte fascinante de la relación y sin la cual carecería de profundidad espiritual. Los yo creo y yo pienso no me valdrían si no estuvieran respaldados con argumentos bíblicos.
Lo que vengo a decir con todo esto es que, en la mayoría de las ocasiones, es más que suficiente que tenga una buena relación con Dios, que sus ideas estén claras en lo que concierne a seguirle y vivir según Su Palabra, porque participar de actividades cristianas y ser cristiano no siempre son sinónimos, como bien sabemos.
Quizá, cuando estés mal, más que palabras y sabios consejos, necesitarás que te abrace en silencio mientras piensas en alto delante suya. Habrá momentos donde no será  necesario tanta conversación sobre temas trascendentes. En el día a día, contarán también otros aspectos: el hecho de que mire por ti, que te regale su cariño y apoyo, que su trato personal contigo sea amable, y que te sientas relajado en su presencia. Es otra manera de expresarte el amor de Dios que hay en su corazón y que tiene por y para ti.
Fíjate tanto en los noviazgos como los matrimonios que pueda haber a tu alrededor. En los que fracasan estrepitosamente, te servirá para aprender de sus errores y no cometerlos. Pero en los que triunfan –a pesar de sus luchas como en toda relación humana-, observa cómo son: sus diferencias, cómo se complementan y cómo muchos de ellos no se parecen en ciertos aspectos. Sin embargo, aunque no sean clones, son la “ayuda idónea” del uno para el otro. Esto es solo un ejemplo para que pienses:

-       Qué necesitas en verdad de una pareja.
-       Cuáles son tus verdaderas prioridades.
-       Cuáles son aquellas características imprescindibles y cuáles no lo son en una posible pareja.

Este tipo de cuestiones son las que tienes que analizar. Reflexiona sobre todas ellas. Si a la hora de comprar un coche miras desde la tapicería hasta las ruedas, pasando por el aire acondicionado, terminando por el maletero y el motor, deberías hacer lo mismo a la hora de elegir a un compañero para toda la vida.

Por todo lo que hemos visto, son sumamente desaconsejable personas inmaduras, egocéntricas, que no sean íntegras ni dignas de confianza, emocionalmente inestables, problemáticas, egoístas, con tachas graves en el carácter, con mal humor continuo, narcisistas, soberbias, verbal o físicamente agresivas, histriónicas, dependientes, ariscas, malhabladas, sin control sobre su lengua, con una fe cristiana sujeta con alfileres, etc.
El hecho de que sientas amor en tu corazón no quita que pienses con el cerebro ni que anules tu raciocinio. ¡Busca sabiduría en el Señor!

* En el siguiente enlace está el índice:
* La comunidad en facebook:
* Prosigue en:

10.5. Family man: un noviazgo basado en la sencillez.
http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2017/02/105-family-man-un-noviazgo-basado-en-la.html 
        



[1] Macarthur, John. El dilema del divorcio. Casa Bautista de Publicaciones.