Venimos de aquí: Argumentos para querer vivir cientos de años en este
mundo & Qué se esconde detrás (https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2026/02/12-argumentos-para-querer-vivir-cientos.html).
Que nadie comience a celebrar mi próxima
defunción tras leer el título del encabezado. No es ese el caso, al menos
mientras escribo estas líneas. Así que siento la desilusión que pueda causar:
habrá que dejar la fiesta, el jolgorio, las panderetas, los fuegos artificiales
y demás señales de alegría para otra ocasión.
¿Pensar en la
muerte? ¡No, por favor!
Dichas palabras corresponden a un personaje
de cómic conocido como John Constantine. Están motivadas tras ser informado por
su médico de un cáncer terminal a causa del tabaco. Tras ese momento, comienza
a reflexionar sobre la muerte: «Poca gente piensa realmente en la muerte. Los
paranoicos se preocupan por ella sin entenderla de verdad. Las víctimas de
accidentes fatales y asesinatos no tienen tiempo de pensar. Solo piensas en
ella si le dedicas tiempo. Y solo le dedicas tiempo si sabes que va a ocurrir. Entonces,
la idea de la muerte te acompaña en todo momento».[1]
Sus conclusiones reflejan la realidad. Son
muy pocos los que se detienen a pensar en el sentido de la vida y mucho menos
en la muerte. Como dice el psicólogo y escritor Xavier Guix: «La personas se
plantean el sentido de la vida solo cuando reciben un duro golpe».[2]
Con la muerte casi nadie trata de comprenderla
y de reflexionar al respecto. Y cuando fallece un familiar o un amigo cercano,
eluden pensar que algún día les va a tocar a ellos. A los que están bien de
salud o son jóvenes ni se les pasa por la mente. A menos que hayan tenido una
experiencia donde estuvieron a punto de ver a la “Parca” y se libraron “por los
pelos” (un accidente de tráfico, una enfermedad grave, un atentado terrorista,
un infarto, etc.), ni se lo plantean. O lo hacen hasta que se les pasa el
susto. Luego, nada. En el fondo, la mayoría teme al hecho en sí.
Luego están aquellos que piensan que si
tratan la cuestión pueden convertirse en “transmisores de vibraciones negativas”
o en “pájaro de mal agüero”. Así que, si surge la conversación, se cambia de tema con la mayor
premura, aparte de que lo consideran incluso macabro. Creen que si se centran
en la susodicha muerte, la atraerán, como si fuera un ente propio, con esa arquetípica
imagen de la calavera encapuchada y con una guadaña. Por eso omiten
mencionarla, pensando que así la esquivarán el mayor tiempo posible. Pura
superstición. Además, como dijo el poeta griego Sófocles (496 a. C. - 406 a. C.),
«nadie ama al mensajero que trae malas noticias», por lo que sacar a colación
el asunto de manera seria es difícil.
Por último, sin contar a los que piensan que
cuando se acaba esta vida concluye todo, están los que prefieren creer en:
- La reencarnación, y que en los últimos años las películas hollywoodienses han vuelto a poner de moda con Orígenes (2014) y The discovery (2017).
- Un paraíso para todo el mundo (sea uno cristiano, budista, musulmán, de cualquier religión o de ninguna), donde se reunirán con sus seres queridos, hayan vivido estos de una manera u otra, bien o mal.
Volviendo a Constantine: su partida era tan
inminente que desde entonces todo comenzó a girar en torno a ese próximo
acontecimiento. Ya no podía pensar en nada más. Se quedaba absorto delante de
un simple café temiendo lo que le sucedería tras el “apagado”. Incluso en sus
pesadillas comenzaron a aparecer sus temores en forma de fantasmas del pasado.
¿Afrontar la
muerte o ignorarla?
Si en este preciso instante les llamara
esa “señora” llamada “Muerte”, buena parte de la población mundial se quedaría
desconcertada y no sabría qué contestar.
Ante la perspectiva de nuestra propia
mortalidad, tenemos dos opciones:
- Vivir el día a día y seguir ignorándola hasta que sea demasiado tarde. El riesgo radica en que sobrevenga de forma abrupta y no haya tiempo material para tratar de meditar sobre ella, sea que vivamos ochenta o cientos de años como pronostican los científicos.
- Encararla cara a cara en el tiempo presente.
La inmensa mayoría de aquellos que conozco viven
según la primera opción, a pesar de haberles insistido en más de una ocasión en
la necesidad de cambiar de actitud. La
única solución que merece la pena está en afrontarla y en encontrar su
verdadero sentido. Al hacerlo, la vida cobrará una nueva dimensión y se vivirá
en paz, independientemente de que nuestro ciclo vital en este mundo llegue a su
fin antes o después. Estoy totalmente convencido de que el primer asunto
transcendental que debe tratar un ser humano cuando toma conciencia de sí mismo
es la muerte.
Una
cosmovisión diferente sobre la muerte
Como bien saben los que me leen con
asiduidad, soy cristiano, aunque ya no estoy suscrito a ninguna confesión en particular. Los que se denominan
ateos o agnósticos señalan que el concepto del infierno es el mayor invento de
las religiones para controlar a sus fieles; a su vez, que la creencia de un
cielo es la forma de consolarse que tienen aquellos a quienes les marcha mal en
la vida y están deprimidos.
En mi caso, y como he explicado en más de una
ocasión, la “religión” en sí es algo que me repatea el estómago una y otra vez,
por lo que no creo en ella. Que te hagan creer que haciendo tal o cual cosa
lograrás un “billete celestial” o un hueco en el paraíso, va en contra de la
esencia misma del significado de la muerte en la cruz de Jesús.
Por otro lado, nadie me ha impuesto mis
creencias. En mi juicio racional (o irracional, según se mire), he llegado a
determinadas conclusiones, siendo la principal de ellas que lo narrado en el
Nuevo Testamento es cierto. Y ahí el tema de la muerte se aborda una y otra
vez, no como un final trágico, sino como
una realidad que ha sido vencida.
¿La muerte del cristianismo?
Cuando
le preguntaron a una de las estudiantes que apareció en el programa 2045: la muerte de la muerte[3] si sobrevivirían las religiones en el caso
de que, por medio de la tecnología, se lograra la “inmortalidad”, dijo: «Las
religiones desaparecerían entonces porque si es a lo único a lo que se aferra
la gente para decir “voy a ser inmortal”, o “tengo otra vida más allá de la
muerte”, no tiene sentido creer en algo más».
José
Luis Cordeiro llega a las mismas deducciones:
Estos cambios tendrán
grandes implicaciones en las creencias, porque la religión no tendrá ningún rol
en el futuro. Las grandes religiones nacieron para explicar la muerte, las
occidentales mediante la resurrección, las orientales mediante la
reencarnación. [...] el envejecimiento no es algo irremediable. La muerte
tampoco lo es, y eso se convertirá en el gran problema para la supervivencia de
las religiones.[4]
Ya
desmontamos la idea de la inmortalidad en la forma en que los humanistas la
definen, así que decir que el Dios en el que creen millones de personas será
olvidado porque ya no hará falta plantearse la vida más allá de la muerte es
una falacia grosera e insultante. Todos moriremos sí o sí.
Estas personas —que se autodefinen como
humanistas ateos al creer que el
universo se hizo de la nada y se ordenó a sí mismo solo, donde las leyes de la
naturaleza surgieron por azar— tratan, a pesar de ser seres finitos, de
despojar de su trono al
verdadero dueño de la creación, sentándose ellos en su lugar. Piensan que son
algo parecido a “dioses” por el hecho de poder manipular el ADN (trabajando
sobre lo ya existente), cuando el único que es capaz de crear ex-nihilo es Dios.
Hace un
tiempo, un sobrino me dijo que es imposible que la conciencia sobreviva a la
muerte. ¡Y se quedó tan pancho, como si nuestra conciencia fuera simplemente
los impulsos eléctricos de nuestro cerebro, y que desaparece cuando este cesa
su funcionamiento! Millones como él que llegan a hacer tales afirmaciones,
desconocen lo que sentenció Jesús: “porque
no hay nada imposible para Dios”
(Lc. 1:37). Lo recalco: ¡nada! “Porque
Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para él todos viven” (Lc.
20:38).
Si
simples humanos limitados hemos sido capaces de dividir el átomo, ¿qué
dificultad podrá hallar el Dios Omnipotente, que todo lo creó desde cero, para
resucitar a los muertos, conservar la conciencia intacta y depositarla en un nuevo cuerpo de gloria? ¡Ninguna!: “No os maravilléis de esto; porque vendrá
hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que
hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo
malo, a resurrección de condenación” (Jn.
5:28-29).
Continúa en Tú eliges: ¿Quieres la “inmortalidad” humana o la Inmortalidad de Dios? (el 23 de febrero)
[1] Hellblazer nº 41: El principio del fin. Garth Ennis.
[2] http://www.abc.es/sociedad/abci-psicologia-personas-plantean-sentido-vida-solo-cuando-reciben-duro-golpe-201703251757_noticia.html
[3] 2045: la muerte de la muerte (http://www.atresplayer.com/television/programas/lasexta-columna/temporada-1/capitulo-177-2045-muerte-muerte_2017030900090.html).

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