viernes, 14 de febrero de 2020

10.9.3. ¿Cómo repercute el paso del tiempo en una relación?: La monotonía en el noviazgo y el cuidado de la apariencia física


Lo que piensa...:

- Ella: “Menudo aburrimiento. Antes estar con él era una especie de parque de atracciones: conversaciones sin fin, compartir pensamientos profundos, salir a pasear y mil cosas más. Y ahora, míralo ahí, echando barriga, oliendo a oso, despeinado y absorto en su mundo, como si yo no existiera”.
- Él: “Estoy usando mi táctica favorita: hago como el que está leyendo, aunque tengo el libro del revés y en verdad tengo mi mente en blanco. Estoy esperando a que mi novia vea que no le hago caso, que se canse y se vaya a casa de su madre, que estoy deseando ponerme el pijama para jugar a la PlayStation. Ya saldremos a cenar otro día. Y espero que se eche ese perfume que sabe que me encanta y que no se ponga otra vez el jersey que le regaló su abuela hace diez años”.

Venimos de aquí: ¿Cómo repercute el paso del tiempo en una relación?: “Este” es el amor verdadero y maduro (https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2020/02/1092-como-repercute-el-paso-del-tiempo.html).

La monotonía
¿A qué conduce el hábito? Pues, si conoces el refrán, dice que “el hábito hace al monje”. Y aquí –a lo que concierne a las relaciones sentimentales- también podríamos aplicarlo. ¿Qué imagen tienes de un monje? Aburrido, forzado, antinatural y viviendo en el mayor de los pasotismos.
He oído a muchas personas que dicen aburrirse con su pareja por hacer las mismas cosas de siempre y que eso les ha llevado a la monotonía. Considero que existen dos tipos de aburrimiento:

1) El primer tipo de aburrimiento es aquel que surge del mismo interior de la persona y no del exterior o las circunstancias: es un individuo que apenas tiene intereses personales ni hace nada para crecer espiritualmente, que no siente pasión hacia nada y es difícil que se motive por algo. Es esa persona cuya única actividad aparte del trabajo o de los estudios es tumbarse en el sofá con los amigos, jugar a la consola o practicar algún deporte. O esa otra que se limita a ver novelas en la televisión, a salir de compras con las amigas y al ocio. Ambos padecen un vacío abismal en sus almas, aunque asistan a cultos y demás actividades eclesiales. Tampoco les interesa la cultura en ninguna de sus diversas variantes, lo que les conduce a una manifiesta pobreza interior. La Biblia para ellos es un mero adorno de la estantería y servir a Dios un mero trámite legalista.
Si son así cuando no tienen pareja, ¿qué harán cuando la encuentren? ¿Se mirarán eternamente a los ojos? ¿De qué hablarán? ¿Qué proyecto propio y en común desarrollarán? ¿Qué harán cuando el estado eufórico del enamoramiento pase? Serán relaciones sin esencia, sin contenido y destinadas al fracaso.
Estas personas son propensas al hastío y, en casos extremos, a la depresión existencial. Como contrapartida, afirmo rotundamente que quien no se aburre sin pareja y tiene una vida interior rica llena en matices, tampoco se aburrirá en pareja. Es evidente en que hay momentos en la vida en que se da el tedio, pero cuando se produce no es por falta de intereses sino más bien fruto del agotamiento mental, físico y/o emocional. Esto sucede por diversas circunstancias que acontecen a lo largo de nuestro recorrido existencial, en esos periodos de altibajos por los que todos pasamos y donde desaparecen las ganas de hacer incluso aquello que nos encanta.

2) Por otro lado, la segunda clase de aburrimiento es la que surge entre ellos dos en la relación. En estos casos se debe a un distanciamiento progresivo y profundo de los intereses personales. Terminan por no compartirlos, donde no involucran al otro miembro de la pareja, la cual tampoco se interesa. Ni el uno ni el otro se esfuerzan por alinear ambos ritmos. Por esto es necesario conocer con antelación los intereses del otro como vimos en este mismo capítulo, y así hablar seriamente cuando acontezcan este tipo de situaciones de desincronización.
También puede ser motivado por el crecimiento (intelectual, emocional y espiritual) de uno de los miembros de la pareja y del estancamiento del otro, que apenas se interesa por nada, excepto por cuestiones superficiales. Comienzan a vivir en universos paralelos donde no tienen nada en común.
A ambos les formulo la misma pregunta para que reflexionen: ¿Qué han hecho para revertir la situación? ¿Habéis compartido nuevos acontecimientos que os lleven a sentiros más unidos? ¿Leéis buenos libros, tanto juntos (en voz alta, el uno leyéndole al otro) como separados, para luego comentarlos? Si uno entiende de música y el otro no, ¿por qué no le enseñas? Si te gusta determinado género de novelas, ¿por qué no se las describes y le cuentas qué te hace sentir al leerlas? La vida de una pareja consiste en compartir el uno con el otro quiénes sois y qué sois. Ahí encajan las palabras de Erich Fromm, quien dijo que el amor es la preocupación activa por la vida de la persona que amamos.
En lo que respecta al nivel emocional, ¿sigues ofreciéndole diariamente su lenguaje del amor? ¿Sigues compartiendo tus pensamientos y sentimientos con tu pareja? ¿Sigues profundizando en su mundo interior? No llegues al punto en el que consideres prescindible de tu vida la comunicación. De lo contrario, lo que nació un día morirá sin remedio.
¿Y qué respeto a la diversión en vuestro tiempo libre? La palabra “pasatiempo” tiene una connotación negativa: viene a ser la realización de una actividad para que, sin más, pase el tiempo. Ese no debe ser el propósito final. Así que, a nivel de actividades, ¿cuándo fue la última vez que planeasteis algo con antelación? ¿Siempre esperas que él o ella tome la iniciativa? ¿Qué disfrutáis juntos?
Es precisamente la rutina y la falta de novedad lo que termina quemando a ambos. No hay nada peor que mirarse el uno al otro con rostros de profundo aburrimiento y decir un sábado por la tarde: “¿Y qué hacemos?”. Es un cáncer dentro de las relaciones que hay que extirpar. Por ejemplo, si tenéis vuestros restaurantes favoritos y os gusta llevar a cabo ciertas actividades en concreto con asiduidad, eso hay que mantenerlo, no hay razón para cambiarlo. Es una rutina sana (y más teniendo en cuenta que en el matrimonio aumentarán considerablemente las rutinas). Pero esto no tiene que significar el punto y final a la espontaneidad y a la sorpresa. No estoy queriendo decir que tengas que hacer sacrificios inhumanos para mantener en funcionamiento la relación (lo cual es angustiante), sino que hay que esforzarse para que la novedad no desaparezca.
Según la psicóloga Pilar Cebrián, “la rutina en las parejas es necesaria, porque si no nos volveríamos todos locos con una sensación de incertidumbre imposible de llevar a nivel fisiológico. Nos activaría de manera muy extrema: no saber qué opina la otra persona, si me llamará o si no, qué me espera cuando llegue a casa. La rutina es muy necesaria para tener una serie de costumbres y afianzar una relación con unas bases lógicas y claras. El problema es cuando la rutina se apodera y empieza a ocupar un lugar muy importante, que se convierte en desidia, en ya no tener ganas, pensar que ya está todo hecho. En una relación tiene que haber siempre algo, aunque sea pequeñito, que te ilusione. Están también las parejas muy tóxicas, de control extremo. Esas parejas que necesitan estar en picos constantes, positivos y negativos, para sentir que no caen en la rutina”[1].
¿Qué podrías hacer que aun no habéis probado? No perdéis nada por llevarlo a cabo y puede que descubráis cosas nuevas que os gusten a los dos. Ahí va una pequeña lista:

- Hacer un curso bíblico.
- Ir a un parque de atracciones.
- Ir a una feria de antigüedades o alguna feria rural.
- Dar un paseo por la playa.
- Pasar un día de campo preparando un picnic o ir de camping con algunos amigos.
- Practicar de vez en cuando senderismo por diversas rutas o cualquiera de las decenas de deportes que existen.
- Pasear en bicicleta.
- Montar en hidropedal o remar en una pequeña barca por un lago.
- Conducir un kart.
- Montar a caballo.
- Conocer los pueblos de alrededor o ir a la montaña para disfrutar de la nieve.
- Compartir un atardecer juntos.
- Aficionarse al cine clásico, al teatro o a la fotografía.
- Aprender a hacer tartas y pasteles (y si os sobra alguna, me llamáis...).
- Asistir a conferencias sobre temas interesantes.
- Enseñar el uno al otro a patinar o apuntarse a un curso de submarinismo.

Y así, mil cosas más. ¿O simplemente esperáis a que estéis sentados comiendo y de repente uno de los dos cuente el mejor chiste del universo o una anécdota graciosísima que os haga desternillaros de risa mientras hacéis el payaso? Hay una parte de la relación que, como he dicho, hay que planificarla para que prospere.
En el fondo y, como ya vimos en los lenguajes del amor, no importa tanto la cantidad de actividades que llevéis a cabo, sino el tiempo de calidad que compartáis juntos. ¿Recuerdas que al principio de la relación no importaba los lugares a los que ibais sino la persona que estaba al lado? Bastaba con estar sentado en el suelo rodilla con rodilla hablando de cualquier tema con la persona que amabas. Lo más importante no es el qué ni el dónde, sino el quién. Cuando tu pareja te interrogue sobre qué quieres hacer, dile algo así (pero que salga sinceramente de lo más profundo de ti): “Me gustaría tomar un helado, pero vamos a planearlo juntos, porque en verdad lo que quiero es estar contigo sea donde sea”. A menos que sea de piedra el corazón de tu pareja, se llenará de alegría al oír esas palabras. Lo que vas a guardar en tu corazón no son los lugares donde estuvistes o las ciudades que visitastes con tu pareja. Si ella es la persona de tu vida, lo que serán perlas de oro en tu alma será el tiempo que compartiste de la presencia del otro, y eso puede ser paseando por el campo o comprando en un supermercado, aunque nunca puedas ir a un crucero en un viaje exótico.

El cuidado personal
La dejadez física es algo que en las mujeres sucede con menor incidencia, dada la importancia que la sociedad le concede a este aspecto y también al deseo natural de ellas mismas de sentirse bien con su apariencia. Pero el caso clásico (y puede que te rías cuando leas esto si te ocurre) es el del “hombre del chándal”. Soy defensor a ultranza de la comodidad de un chándal, pero ¿a costa de qué viene llevar todavía el mismo que hace veinte años lleno de agujeros, cuando tu novia se esmera para estar hermosa para ti? ¿A costa de qué viene llevar esa camiseta interior de tu bisabuelo? “Es que es muy cómoda”. Y no digo que no lo sea, pero hay momentos y momentos.
¡Ojo! Tampoco estoy diciendo que mientras se está en casa un hombre deba vestir de gala y la mujer llevar tacones de aguja, como se ve de manera tan ridícula y absurda en las películas y novelas. Pero –y lo pregunto retóricamente-, ¿me puede alguien explicar el porqué, en la fase inicial, cuando todo son dudas y temores, unos y otros se embadurnan en colonia, perfume y desodorante, y más adelante éstos brillan por su ausencia? ¿Creen que querrán abrazarlos con ese olor felino que desprenden? ¿Y recibir un beso cuando sobre los dientes sobresalen restos del almuerzo? ¿Tanto cuesta llevar un cepillito de mano en el bolsillo? ¿Es que acaso se agotaron las reservas mundiales de hilo dental? ¿Cuál es la causa de que el spray bucal desaparezca de la lista de la compra? ¿Por qué ese pelo cuidado con esmero pasó a convertirse en la mismísima melena del rey León? ¿Por qué esas uñas de los pies y de las manos ahora son más largas que las de un águila?
¡He visto hombres y mujeres cuyos pelos de la nariz sobresalían de tal manera que parecían los bigotes de una foca marina! Y en las axilas, verdaderas selvas que hacía falta un machete para ver el final. Recuerdo con toda nitidez un momento en mi vida que me causa más terror que la película Tiburón: siendo yo adolescente, una mujer –no diré quién- se sentó en su silla de playa y puso sus brazos sobre la cabeza, como el que está descansado. Su marido, al contemplar “el espectáculo” que por allí asomaba, la llamó por su nombre y le hizo un gesto para que no dejara “aquello” a relucir. Ella le puso cara de “me da igual”, y ni se inmutó. ¡Daría todos mis ahorros si con ello pudiera eliminar de mi mente dicho recuerdo!
Sí, todo suena grotesco, pero es la realidad que he observado en más de una ocasión. Lo considero una falta de respeto hacia la pareja. Es como decirle al compañero que no te interesa la opinión que tiene de ti, ni que deseas agradarle con tu apariencia en ningún momento. Hoy en día, sobre todo entre los movimientos ultrafeministas –que le echan la culpa de todo a lo que ellas llaman peyorativamente el heteropatriarcado-, se promueve lo natural, siendo uno de sus principios la “no depilación en las axilas”[2]. La actriz Gal Gadot –protagonista de Wonder Woman- apareció sin vello en ellas en dicha película, por lo que recibió duras críticas de estas feministas. Ver para creer. ¿Qué será lo siguiente?
Mi opinión al respecto es esta: como ya has podido imaginar, a mis ojos le horroriza y me provoca una bajada de azucar, pero si hay hombres y mujeres que son pareja y les gusta, son libres de hacer lo que quieran. Ya dice el famoso refrán que el hombre como el oso: cuanto más vello más hermoso. Y si hoy en día algunas mujeres se lo quieren aplicar también a sí mismas, pues ellas sabrán. Lo dicho, son libres y, para gustos, colores.
Está claro que no todo el mundo actúa de tal manera. Solamente estoy poniendo ciertos ejemplos. Es evidente que nadie debe obsesionarse ni mucho menos por estar siempre radiante. No es humano ni natural. Es más, la importancia de la naturalidad tanto en la forma de ser, de vestir y en la apariencia física ya la analizamos profundamente en “La importancia de la naturalidad” (https://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2017/10/1061-la-importancia-de-la-naturalidad.html). Y quién te ame tendrá que hacerlo tanto cuando tu cara reluzca recién lavada y suave, como cuando estés griposo y no haya quien mire ese rostro desconfigurado y amorfo al estilo del monstruo de Frankenstein. O cuando tengas un brote de dermatitis y parezcas un Walking Dead. Pero de ahí a descuidarse existe un abismo. La medida en la que uno se cuida para el otro (me repito, de manera muy sencilla y natural), habla intrínsecamente del carácter en mayor o menor medida. Siempre habías querido una relación, y ahora que la tienes, ¿te vas a convertir en Homer Simpson, desarrollando hasta el infinito una barriga cervecera, mientras que el sillón y la televisión se convierten en tus mejores amigos?
Escucha sin enojarte la opinión de tu pareja en lo que concierne a gustos personales. Puede que a él no le guste el nuevo tinte que pretendes usar. O pregúntale antes de hacerte algo diferente. Es cuestión de meras inclinaciones. Poniendo el ejemplo de la barba en el hombre: hay mujeres que les gusta cómo les queda a su novio tras varios días sin rasurarse completamente. Unas prefieren el vello corporal en ellos, y otras con algo menos. Tampoco es cuestión de ir contracorriente y acicalarse o vestirse de una manera que no va con tu estilo. Si se da el caso de que diferís, procurad llegar a acuerdos intermedios para complaceros mutuamente. Es una manera más de amaros.

* En el siguiente enlace está el índice:
* La comunidad en facebook:
* Prosigue en: 10.10.1. La infidelidad en el noviazgo.



[2] A los que piensen que la depilación tiene su origen en el siglo pasado, les recomiendo leer la historia: http://draescoda.com/blog/la-historia-de-la-depilacion/

miércoles, 12 de febrero de 2020

10.9.2. ¿Cómo repercute el paso del tiempo en una relación?: “Este” es el amor verdadero y maduro


Venimos de aquí: ¿Cómo repercute el paso del tiempo en una relación?: Diferencias entre el enamoramiento y el amor (https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2020/02/1091-como-repercute-el-paso-del-tiempo.html).

El amor verdadero
¿Qué ocurre si un hombre come abundantemente todos los días y no hace ningún tipo de ejercicio? ¿Adelgaza o engorda? Es evidente la respuesta. En el amor sucede exactamente igual. Si se le da de comer, siempre se ensanchará. Esto no es un globo que de un día para otro se pincha. Si se desinfla es porque se dejó de soplar.
Observando con un mínimo de detenimiento, verás que toda película romántica acaba en su punto más álgido y pasional. Después de luchas, intentos, deseos frustrados, malentendidos y escenas surrealistas, todo concluye en las mismísimas nubes del amor. Por el contrario, la vida real continúa después de los títulos de crédito. Requiere atención y compromiso. Y esto conlleva cuidados y esfuerzos, incluso en esos días en los que la pasión brilla por su ausencia.
Como ya vimos, una cosa es el enamoramiento y otra el amor. Muchas personas –demasiadas diría yo-, en primera instancia, se enamoran del amor, no de la persona, a menos que haya sido precedido de una larga amistad o de un largo conocimiento del otro. De ahí que crean que lo mejor de una relación es esa primera etapa. Esta manera de pensar trae como consecuencia matrimonios infelices y desgraciados, sea entre cristianos o incrédulos. En esos primeros meses, todos se vuelcan en ofrecerle al otro el mayor número de muestras de cariño posible, aun sin conocer a esa persona en toda su dimensión, solamente algunas facetas de su ser (las positivas, las que agradan, las que hacen sentir bien), pero no desde el juicio totalmente objetivo.
Ese primer chispazo sirve para iniciar la relación, pero no para mantenerla. El enamoramiento es involuntario. El amor es voluntario. Para eso es necesario pasar al amor maduro, el cual es otra etapa de la relación, al igual que lo es la fe. Y te lo explico claramente: ¿Todos los días tienes las mismas ganas de leer la Biblia? No. ¿Todos los días tienes las mismas ganas de orar? No. ¿Todos los días tienes las mismas ganas de servir con intensidad al Señor? No. Si con Dios sucede algo así, que es perfecto y el más digno de nuestro AMOR más supremo, ¡cuánto más en una relación humana!
Veamos otro tipo de ejemplos: ¿Todos los días tienes ganas de practicar tus aficiones favoritas? No. ¿Siempre te diviertes igual con tus aficiones? No. ¿Todos los días tienes ganas de estar con los amigos? No. Entonces, ¿por qué esperas sentir ganas de estar siempre con tu pareja? No siempre el “viento de las emociones” sopla a favor. Depende de mil factores: cómo hayas pasado el día, cómo te haya ido en clase, en el trabajo o en tus relaciones familiares, del cansancio físico y mental que tengas acumulado, o de las ganas que tengas de salir o quedarte en casa tranquilo. Por eso vimos que el amor es una actitud consciente y una decisión activa. Este es el amor agape al que hace mención la Palabra de Dios: “¿Qué es exactamente el amor? Es una voluntad hacia el bien o benevolencia. Amamos algo o a alguien cuando promovemos su bien per se”[1]. Como también dijo C.S. Lewis: “El amor no es un sentimiento afectuoso, sino desear sin cesar el verdadero bien para la otra persona, hasta donde se pueda alcanzar”.
Por esto, cuando una persona aparenta espiritualidad pero no muestra esta clase de amor en su relación sentimental, es que algo falla en ella. Puede que no sea sincera ni genuina, puesto que una persona llena del amor de Dios estará llena de amor hacia su pareja, y alguien vacío del amor de Dios estará igualmente vacía de amor para ofrecer. Ni mucho menos estoy queriendo decir que si una pareja de novios deja la relación antes del matrimonio sea por falta de amor agape o porque realmente no sean espirituales. Me estoy limitando a explicar en qué clase de amor se deberá sustentar una pareja a largo plazo.
No puedes esperar a que todos los días te brillen los ojos de igual manera por la persona que tienes a tu lado, pero sí puedes decidir seguir poniendo de ti para que las llamas del amor no se apaguen. Habrá días excelentes, otros muy buenos, buenos, regulares, malos y muy malos. Habrá días en que deseas comerte a besos al otro o darle su lenguaje del amor, y otros días no. Pero así es el interior emocional de todo ser humano, y no aceptarlo es la causa principal de la infelicidad y la inmadurez en muchas parejas.
Por eso las palabras de Pablo de que “el amor no busca lo suyo” (1 Co. 13:5) encajan perfectamente en la idea de dar, aun sin ganas, en esos días de sequedad sentimental: “Lejos de ser una posibilidad humana, el amor tiene su origen en Dios. Sólo mediante el Espíritu es derramado en las vidas de los cristianos (Ro. 5:5, 15:30). Lejos de ser una mera actitud hacia los demás, supone un verdadero acto de voluntad. Como Pablo dice en 1 Tesalonicenses 1:3 y 2 Corintios 8:24, es un trabajo que se expresa no en la mera inclinación o sentimiento, sino en actos concretos de servicio”[2].
La  definición de Pablo en Corintios no significa autoanularse como ser humano y anteponer siempre al otro por encima de uno. Por un lado, porque toda relación debe basarse en la reciprocidad y habrá ocasiones en las que tendrán que ceder mutuamente. Y por otro, porque su principio general deberá ser el establecido por Jesús: “Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos” (Lc. 6:31). Es aplicar esa misma idea a la pareja. Dos personas que se aman y aplican ambos textos (1 Corintios 13:5 y Lucas 6:31), se sentirán muy agraciados el uno con el otro, por muchos problemas y adversidades que se les presenten en la vida. Disfrutarán de la compañía mutua, puesto que buscarán el bienestar del compañero en el plano personal,  emocional, sentimental y espiritual. Como dijo Robert Conklin: “El amor es el muelle que hace funcionar el corazón. Es el significado, la alegría, los valles y las montañas del ser. El amor vigoriza al cuerpo, nutre el alma, templa el espíritu y glorifica la mente. Es la risa del corazón, el amanecer de cada momento”[3].

El amor maduro
El amor maduro es aquel que besa, aun cuando haya días que no sientas de hacerlo, porque así lo has decidido. El amor maduro es aquel que perdona, aun cuando haya días que no sientas de hacerlo, porque así lo has decidido. El amor maduro es aquel que escucha, aun cuando haya días que no sientas de hacerlo, porque así lo has decidido. El amor maduro es aquel que alienta, aun cuando haya días que no sientas de hacerlo, porque así lo has decidido. El amor maduro es aquel que apoya, aun cuando haya días que no sientas de hacerlo, porque así lo has decidido. El amor maduro es aquel que sostiene, aun cuando haya días que no sientas de hacerlo, porque así lo has decidido. El amor maduro es aquel que sonríe, aun cuando haya días que no sientas de hacerlo, porque así lo has decidido. El amor maduro es aquel que abraza, aun cuando haya días que no sientas de hacerlo, porque así lo has decidido. El amor maduro es aquel que ayuda, aun cuando haya días que no sientas de hacerlo, porque así lo has decidido. El amor maduro es aquel que busca lo mejor, aun cuando haya días que no sientas de hacerlo, porque así lo has decidido. El amor maduro es aquel que mira por el bienestar del otro, aun cuando haya días que no sientas de hacerlo, porque así lo has decidido. El amor maduro es aquel que trata con afecto y ternura, aun cuando haya días que no sientas de hacerlo, porque así lo has decidido. Este es el amor que nunca deja de ser (cf. 1 Co. 13:8).
Un hermano me dijo hace muchos años: “No puedo mandar a mis sentimientos [...] Soy como una hoja que es empujada por el viento”. Eso es un concepto erróneo del amor, más fruto de la emoción inicial que de la razón y la decisión. No siempre los sentimientos, las ganas y las emociones acompañan. ¡Ni siquiera dentro de matrimonio el deseo sexual es siempre el mismo!: “En el amor se mezclan estados de ánimo diferentes: a la persona que más quieres es a la que más exiges. Es de la que se espera más. Todas las personas, adultos y niños, experimentan esta mezcla cuando aman”[4].
Todo consiste en poner de vuestra parte. Así, la complicidad emocional hará que ambos os sintáis profundamente unidos, incluso en los silencios. Los sentimientos se manifestarán cuando menos lo esperéis, como si hubiera rachas en que pareciera que os acabarais de enamorar. Como dice Alex Kendrick en su libro “El desafío del amor”: “El amor no es un sentimiento, sino una decisión: la de amar. La felicidad no consiste en dejarse guiar por el corazón allá donde nos lleve, sino guiarlo a él por donde debe ir”.
¿Cómo se le da de comer a una relación de pareja?: Poniendo en práctica todos los pasos que hemos visto con anterioridad en este mismo capítulo. Debes volver a tus orígenes, y ajustar nuevamente el enfoque: centrarte en aquello que te enamoró. Ofrecerte como ser humano cada día, incluyendo tus luchas y errores. Disfrutar de la compañía del otro. Eso es cuidar la relación y conservarla. Por eso el amor se manifiesta de distintas maneras según la edad. No es igual el amor de una pareja en sus primeros años que la de aquella pareja que llevan cuarenta años juntos. Como leí en una ocasión: “Podemos comparar el amor al agua de un río en su curso natural. Al principio, curso alto, el agua baja impetuosa, arrolladora, juguetona. En su curso medio el río ha cambiado; discurre mucho más sosegado, el agua ha perdido la bravura del principio, pero ahora hay un caudal amplio, profundo. Cerca ya de su desembocadura, tampoco parece el mismo río. El agua casi está quieta, como remansada, no se nota apenas movimiento; sin embargo, hay vida en aquel río, tanta o más que al principio. El sentimiento en una relación de amor es como el río: cambia su forma, pero sigue siendo amor y es ¡el mismo río!”.

¿Sacando lo mejor o lo peor de ti?
El amor que se prolonga en el tiempo –y ese es el verdadero deseo de todos- debe ser aquel donde ambos se ayuden mutuamente a sacar lo mejor del otro. Si eso ocurre en cualquier amistad verdadera, ¿por qué no habría de hacerlo en una relación? Nunca olvidaré a Jack Nicholson en la película “Mejor imposible”. Era un ser despreciable, antisocial, antipático y maniático. En resumen, alguien a quien evitar a cualquier precio. Sin embargo, llegó un momento en que se enamoró. Y esto lo cambió, hasta el punto de llegar a decirle a su amada: “Tú haces que yo quiera ser mejor persona”.
He oído en varias ocasiones que una pareja saca de ti lo mejor y lo peor. Lo siento, pero me parece un pensamiento extremadamente triste. La realidad es que sólo se manifiesta lo que hay en el corazón de cada uno, sea bueno o malo. Es normal que haya características del otro que no agraden, incluso que disgusten. Pero creo que, por encima de todo, una relación debe traer como consecuencia el crecimiento personal de los dos individuos que la componen, donde ambos ofrezcan lo mejor de sí mismos al otro, que no la perfección.

Te amo...
No solo por lo que eres,
sino por lo que yo soy cuando estoy contigo.

Te amo,
no solo por lo que haces por ti,
sino por lo que estás haciendo de mí.

Te amo,
por la parte de mí que tú haces que se manifieste;

Te amo...
Por poner tu mano en mi corazón cansado
y pasar por sobre mis tonterías, mis debilidades
que no puedes resolver.
Por restarles importancia,
y por traer a la luz
todas las acciones buenas
que nadie más ha visto
y que nadie trató de encontrar.

Te amo...
porque me estás ayudando
para hacer con la madera de mi vida
no una taberna sino un templo;
con mis cosas rutinarias y sencillas
no un reproche sino una canción[5].

* En el siguiente enlace está el índice:
* La comunidad en facebook:
* Prosigue en: 10.9.3. ¿Cómo repercute el paso del tiempo en una relación?: La monotonía en el noviazgo y el cuidado de la apariencia física. https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2020/02/1093-como-repercute-el-paso-del-tiempo.html



[1] Willard, Dallas. Renueva tu corazón. Clie.
[2] Banks, Robert. La idea de la comunidad de Pablo. Clie.
[3] Conklin, Robert. Cómo hacer que la gente haga cosas. Grijalbo.
[4] Vallejo-Nágera, Alejandra. Hijos de padres separados. Temas de hoy.
[5] Amor. Citado de The Best Loved Poems of the American People. Hazel Fellman, ed. (New York: Garden City Books, 1936).

lunes, 10 de febrero de 2020

10.9.1. ¿Cómo repercute el paso del tiempo en una relación?: Diferencias entre el enamoramiento y el amor


Venimos de aquí: ¿Cómo deben protegerse los novios cristianos en lo que respecta al plano sexual? (https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2019/11/108-como-deben-protegerse-los-novios.html).

Es indudable que el tiempo repercute, en un sentido u otro, a cualquier tipo de relación humana, sea entre familiares, amigos o parejas. Hay días en que ves a tu ser más querido y te sientes muy unido a él. Te alegras de que sea parte de tu vida y lo abrazas fuertemente. Pero, días después, apenas hay ilusión en el saludo. Nada se remueve por dentro, ni siquiera te emociona su compañía. ¿Significa eso que ya no lo quieres? Todo lo contrario: el amor sigue presente. Lo que sucede es que las emociones, al igual que el estado de ánimo, son fluctuantes. En las parejas viene a suceder lo mismo. Esto es irrebatible también en una relación, aunque por los primeros meses o años crean que ese estado va a perdurar eternamente. Hay personas que piensan que tener pareja será el Paraíso sin fin en la Tierra: miradas cómplices eternas, unidad de pensamiento en todo, etc. Creen que el furor del enamoramiento será el motor que los impulsará siempre. Este concepto básico conduce a una cantidad de problemas tan marcados que suelen terminar en muchos casos en la disolución de la relación.

La diferencia entre el enamoramiento y el amor
Quizá no comprendas la diferencia entre el enamoramiento y el amor, o no te hayas parado a pensar objetivamente en ello. Por eso lo primero que haré será explicarlo para que entiendas a qué me quiero referir, aunque si has experimentado ambos estados sabrás a qué hago alusión.
El enamoramiento es una emoción que surge de manera involuntaria. Un día no estaba y al día siguiente es parte de ti, como si ese sentir llevara toda la vida en tu corazón. Pero, igual que viene, se puede ir en cuestión de horas. Por norma general, suele ser irracional, ya que es difícil explicar muy bien las causas objetivas que llevan a experimentar tales sentimientos. Por lo tanto, es bastante subjetivo. Aparece el deseo de estar continuamente con la otra persona, a pesar de que el conocimiento del otro suele ser extremadamente superficial.
Sin embargo, el amor, el verdadero amor, aunque suele venir precedido del enamoramiento y es extremadamente profundo, es muy real. Conoce las fortalezas de la otra persona, pero también conoce sus debilidades y, a pesar de ello, sigue amándola. Tiene un verdadero interés por ver cómo la pareja crece y se desarrolla como ser humano. Aprecia sus virtudes y no la menosprecia por sus puntos flacos. Anima, apoya, se preocupa sinceramente, consuela y levanta una y otra vez. Es comprometido. Tiene palabras de agradecimiento en su boca porque se siente verdaderamente feliz por el simple hecho de su existencia y privilegiado de tenerla a su lado. Siempre se ofrece y comparte todo lo que hay dentro de sí. Existe un cariño maduro, voluntario, que no tiene reparos en entregarse y desnudarse. Es constante. No es caprichoso ni egoísta.

Cómo reacciona el cuerpo
Quiero explicar ciertos términos extraños, ya que las definiciones de los mismos te servirán para comprender qué sucede en tu interior cuando te enamoras. Es interesante que seas consciente de estos acontecimientos.
En el enamoramiento, el cerebro comienza a recibir una sobredosis de unas sustancias químicas cerebrales (los neurotransmisores), llamadas dopamina, oxitocina y serotonina, acompañadas de ciertas dosis de endorfinas y encefalinas. Todo un cóctel amoroso que se dispara en el cerebro:

- La dopamina: Es el neurotransmisor que está relacionado con el placer y la recompensa. Potencia nuestra parte emocional y afectiva, y disminuye el uso del cerebro cortical (responsable del raciocinio y la reflexión). De ahí que le resulte tan complicado al enamorado pensar objetiva y racionalmente. Como explica Raúl Espert, profesor de Psicobiología en la Universidad de Valencia: “Es la misma sustancia que aumenta con drogas como la cocaína, que causan una sensación de cuelgue”. Esa es la causa del aumento de la motivación para lograr placer, sea con llamadas telefónicas, invitaciones al cine o paseos a la luz de la luna.
- La oxitocina: Provoca la confianza en la otra persona y el apego. Esta hormona provoca el deseo de estar a todas horas con el sujeto y demostrarle el cariño de todas las maneras posibles: abrazos, besos, miradas y demás gestos de ternura (regalos, notitas, mensajes, etc.). Disminuye el deseo de dormir y el agotamiento pasa a un segundo plano, ya que es como una “bomba” que nos mantiene continuamente en un estado de alerta pendientes del bienestar de la otra persona.
- La serotonina: Es la encargada de producirnos bienestar.

Según el género se activan distintas partes del cerebro:

- En la mujer: El septum, que concentra las emociones y la atención hacia la persona amada; el cótex parietal posterior, que sitúa las partes del cuerpo en el espacio y reclama sensaciones de tacto. Esa es la razón por la que exigen más caricias, besos y abrazos que los varones.
- En el hombre: La parte posterior del lóbulo occipital inferior visual ante la belleza femenina[1].

Con todo esto, es fácil entender las razones por las cuales el enamoramiento engancha de tal manera. Se llega a alcanzar el paroxismo emocional. Tampoco es casualidad que la inmensa mayoría de las canciones se escriban durante este estado, como la famosísima de 1981 Estar enamorado, de Raphael (cuya actuaciones de la época a ojos de hoy parecen sacadas de una comedia desfasada pero cuya letra es y será atemporalmente hermosa):

“Si confundes tu cuerpo con tu alma
es que estás enamorado, es que estás enamorado.
Si recuerdas los versos de tu infancia
es que estás enamorado, es que estás enamorado.
Si percibes el llanto más callado
Si percibes el roce de unas manos
es que estás enamorado, enamorado.
Estar enamorado es descubrir lo bella que es la vida.
Estar enamorado es confundir la noche con los días.
Estar enamorado es caminar con alas por el mundo.
Estar enamorado es vivir con el corazón desnudo.
Estar enamorado es ignorar el tiempo y su medida.
Estar enamorado es contemplar la vida desde arriba.
Estar enamorado es divisar la estrella más pequeña.
Estar enamorado es olvidar la muerte y la tristeza.
Estar enamorado es ver el mar con árboles y rosas.
Estar enamorado es escuchar tu voz en otra boca.
Estar enamorado es respirar el aire más profundo.
Estar enamorado es confundir lo mío con lo tuyo”[2].

Y bueno, después de pensar de mí que soy un cursi, sigamos.
Estos cambios químicos provocan diversas reacciones: latidos más intensos, respiración profunda y a la vez entrecortada, disminución del deseo de comer y dormir, mirada llena de vida, poderosos deseos de vivir, entusiasmo y euforia, altos niveles de ansiedad y un aumento del deseo sexual. Todo ello trae como resultado que la persona esté literalmente radiante, como si un foco de luz la estuviera continuamente iluminando.
Hay un ejemplo, literalmente verídico aunque suene cómico, que la inmensa mayoría afirmará como real. Tu amada, tu deseada, quien te vuelve loco, está a cincuenta metros rodeada de otras doscientas personas. Al mismo tiempo, tú estás manteniendo una conversación con un amigo. Y, sin embargo, un radar en tu interior la tiene perfectamente localizada. Aun en medio de la marabunta, eres capaz de ver, con la millonésima parte del rabillo del ojo, su mechón de pelo o incluso sus zapatos. ¿Magia? ¿Poderes sobrenaturales? No. ¿Enamoramiento? Sí.
Así lo describe el escritor costarricense Juan Carlos Benitez: “Cuando estaba enamorado, había mariposas por todas partes, la voluptuosidad de la pasión me carcomía la cabeza, durante todo ese tiempo no escribí, no trabajé, no me encontré con los amigos. Vivía pendiente de los movimientos o de la quietud de mi amada; [...] me afeitaba dos o tres veces por día, hacía dietas, caminatas. Me perseguía hasta la certeza la paranoia del engaño, pensaba todo el tiempo en besarla, en mirarla, en acariciarla. Durante semanas gasté demasiado dinero, demasiada esperanza, demasiada crema para el sol, demasiado perfume. Escuchaba demasiada música clásica, utilizaba demasiado tiempo, consumí toda mi tolerancia y agoté hasta la última de mis lágrimas. Por eso siempre digo recordando esos momentos: nunca he sufrido tanto como cuando era feliz”.
Este estado es temporal y suele durar de 6 a 36 meses. No se tiene ningún control sobre este sistema nervioso autónomo (encargado del funcionamiento de los órganos internos, como el corazón, los pulmones, los riñones, etc). Al pasar ese tiempo, se llega a un declive químico, puesto que el organismo no es capaz de soportar por más tiempo esa tensión física, psíquica y emocional.
En este periodo, no se ven los defectos del amado. Y si se observa alguno, “es que ella es así”, dicho con voz acaramelada y los ojitos brillosos. Se minimizan las carencias, y se magnifican las virtudes. Es la idealización de una imagen proyectada, donde se mira a la otra persona a través de los propios deseos, como afirma Pablo Martínez Vila: “El enamoramiento que el novio siente por su amada no está nunca libre de algunas proyecciones de sus propios deseos e ilusiones; ve en ella, aunque sea parcialmente, el ánima, la mujer ideal que él tiene en su mente. La mira no cómo ella es realmente, sino cómo él quiere que sea”[3].
Por lo tanto, el enamoramiento es una emoción, y las emociones varían, cambian y se transforman. Muchos desconocen esta verdad. Creen que enamoramiento y amor son sinónimos. Craso error. Miles y miles de parejas rotas por no haber comprendido la gigantesca diferencia que existe entre ambos términos. Miles y miles que piensan que al no sentir la misma atracción que al principio es porque el amor ha muerto. Es un peligro no saber distinguir lo uno de lo otro. Por un lado, porque uno de ellos siempre estará buscando experimentar ese estado, lo cual le llevará a tener serias dificultades para tener una relación seria, estable y definitiva. Y, por otro, porque su pareja nunca descansará, al tener la incertidumbre de una posible ruptura: “La experiencia del enamoramiento satisface temporalmente la necesidad de amor. Nos hace sentir que alguien nos quiere, que alguien nos admira y nos aprecia. Nuestras emociones vuelan pensando que alguien nos ve como el número uno, que quiere dedicar el tiempo y las energías solamente a nuestra relación. Por un breve periodo, mientras dura, llena nuestra necesidad de amor. Podemos conquistar el mundo. Nada es imposible. Para muchos, la primera vez los hace sentir eufóricos. Con el tiempo, sin embargo, bajamos de la cumbre y volvemos al mundo real”[4].
Como hemos dejado bien claro, el enamoramiento no es el verdadero amor. De ahí que el amante fogoso pero fugaz Lord Byron dijera que “es más fácil morir por una mujer que vivir con ella” (el contenido de la frase es igualmente aplicable al hombre). Él experimentaba el enamoramiento, pero no el amor profundo y verdadero. Cuando pasa esta etapa, o se avanza o, por el contrario, se busca una nueva pareja para experimentar una y otra vez el estado químico del enamoramiento. Como dijo M. Quoist: “Si sientes palpitar tu corazón ante una persona, eso no es amor sino sensibilidad. Si te extasías ante su belleza, eso no es amor, sino admiración. Si pretendes a toda costa un beso, una caricia, eso no es amor sino sensualidad. Amar no es sentirse emocionado por otro, sentir afecto sensible o abandonarse a otro, desear a otro [...] porque la esencia del amor no es sensibilidad, sentimiento, deseo, emoción, simpatía o pasión, sino una entrega personal y libre a otro como un acto espiritual de la persona entera”.
De esta brutal reacción química del organismo no estamos exentos los cristianos ni muchísimo menos. ¡Ni que fuéramos alienígenas! Produce tal estado que se le puede considerar como un estado de imbecibilidad transitorio, como decía irónicamente el filósofo Ortega y Gasset, y cuya definición me saca carcajadas cada vez que la recuerdo. Otros lo llaman humorísticamente enajenación mental. Se puede producir –y se produce- en muchos casos. De ahí todas esas poesías desmesuradamente místicas que se escriben.

Fluctuaciones en el noviazgo
Comprender estas variaciones bioquímicas nos hacen ver que las fluctuaciones emocionales son lógicas. Suelen ser más evidentes en el matrimonio, pero debido a que los noviazgos se alargan en la actualidad más de lo debido (por la precariedad laboral, por la inestabilidad económica y las dificultades para acceder a una vivienda), es muy usual pasar por estos altibajos dentro de este periodo.
Sé que algunos dirán que si una pareja pone en práctica todo lo que hemos visto hasta ahora en cada uno de los apartados de este extenso capítulo, estarán prácticamente viviendo un matrimonio camuflado. ¿Mi opinión? Creo que todo lo expuesto es:

- Una manera sana de vivir el presente del noviazgo, dentro de un orden equilibrado y con límites.
- Estamos hablando de un tiempo limitado, de uno a tres años, tiempo suficiente para calibrar la relación y comprobar si quieres llevarla hasta el final.
- La forma de prepararse de una forma sensata para el futuro.
- El modo de crear una base sobre hábitos y principios, que se afirmarán si se llega al matrimonio, siendo conscientes de las diversas dificultades y reacondicionamientos que tendrán que llevarse dentro de él.

Igualmente, todo esto incluye un punto que quiero aclarar: no hay que seguir avanzando ni dar nuevos pasos hasta no estar seguros de querer seguir por esa senda. Por ejemplo, si no has llegado a sentir un profundo cariño por la otra persona, no tienes que expresarle afecto por medio de los lenguajes del amor que analizamos en “Los cinco lenguajes del amor” (http://usatumenteparapensar.blogspot.com.es/2014/01/los-cinco-lenguajes-del-amor.html). El noviazgo, como todo lo concerniente en la vida, está formando por etapas, y sois ambos los que vais viendo qué rumbo tomar.
Ahora veamos qué ocurre cuando el noviazgo se extiende excesivamente en el tiempo, los pros y contras a valorar, y cómo solucionar ciertos factores que quizá haya que modificar.
Es normal que la tensión que se padece –desde que el instante inicial en el que deseas que una persona en concreto esté a tu lado- se disipe en cierta manera cuando ya sois una pareja consolidada. Ninguno podría vivir siempre bajo esa tensión, por muy emocionante que fuera. Pero creer que ya está todo hecho es un error. En realidad, es a partir de entonces, desde la relajación del estrés –un estrés eufórico y agradable- que habías padecido, cuando podrás disfrutar totalmente del compañerismo de la otra persona y de la relación en sí. Como leí en una ocasión: “El romanticismo es la sensación de que te siguen buscando”. Una vez que estáis más tranquilo, deberíais usar el tiempo a vuestro favor para crear vínculos más profundos y aumentar la complicidad en cada detalle de la vida, aun en los más pequeños.

No cometer estos errores
Si hay algo que destaca al comienzo del idilio es la preocupación por uno mismo y por el otro. Cada detalle cuenta e importa. Se espera cada momento con anhelo. Todo el día gira en torno al instante en que os veréis. Pero el ser humano es un “animal” de costumbres. Y, cuando se habitua a algo, la capacidad de sorpresa parece desaparecer como por arte de magia. Es el fenómeno que en psicología se conoce como “psicoadaptación”. Lo que antes era extraordinario y provocaba que el corazón sufriera continuos infartos, fruto de la emoción, ahora practicamente ni inmuta. El entusiasmo que provocó la conquista desaparece. ¿Y qué ocurre entonces? Que todo se da por hecho. Dais mutuamente por hecho que ya habéis ganado para toda la vida el corazón de la otra persona. Dais mutuamente por hecho que ya no es necesario arreglarse con el mismo esmero. Dais mutuamente por hecho que los detalles románticos ya no son necesarios: no hay palabras de ternura y las miradas llenas de afecto dan paso a rostros tensos. En definitiva, todo vuestro ser deja de sorprenderse ante esa luz que antes os deslumbraba, por la sencilla razón de que os habéis acostumbrado a ella.
¿Acaso crees normal que en un principio os centreis en ese 80% que os atrae y os vuelve loco del otro y, pasado el tiempo, os volquéis a destriparlo en el 20% restante que no os apasiona? Se critica con ahínco lo que desagrada y se olvida de disfrutar de todo aquello que os atrajo del otro. Es como si existiera una ley no-escrita que dijera que, conforme pase el tiempo, hay que centrarse en lo negativo y en los defectos: “Cuando quieres a alguien, es porque te gusta mucho su lado bueno, pero tambien porque eres capaz de perdonar sus defectos. Son más importantes sus virtudes que sus faltas, y por eso le quieres. Por el contrario, no quieres al que crees que tiene muchos defectos y pocas cualidades”[5].
Ocurre un traslado de un extremo a otro: la conversación relajada y profunda da lugar a los silencios y las prisas, o a palabras llenas de ira y rencor. Las sonrisas de complicidad dan lugar a las miradas de reproche. El buen humor desaparece. El cariño... “¿y qué es eso?”, dicen algunos. De ser encantadores a “ten cuidado con lo que dices”. ¿Por qué quedó en un pasado remoto ese tiempo donde se valoraba cada pequeño detalle que tenían el uno con el otro? ¿Por qué antes el novio le decía que la veía “majestuosamente hermosa” y un año después le dice ramplonamente “te veo bien”? ¿Y qué me dices de esa expresión de dos palabras, “te quiero”, que recitaba cien veces al día y ahora recita de manera inversamente proporcional, una vez cada cien días? ¿Por qué antes todo eran palabras de gratitud ante cualquier pequeño detalle y ahora la palabra gracias ha desaparecido del vocabulario? ¿Por qué antes te gustaba perderte y bucear en sus ojos con dulzura y ahora apenas la miras durante unos segundos sin poner el corazón en ello?
El cambio es radical. En esta etapa se rompen muchas relaciones. Y de ahí que se den tantos casos donde uno (o los dos) se enamoren de otra persona que les ofrezca lo que su pareja daba con naturalidad al principio.
El hombre da por hecho que es así, que todo tiene un tiempo y así son las cosas. Y la mujer termina por resignarse y aceptar de mala gana que lo mejor ya pasó. ¿Y sabes qué? Que eso es una farsa, una autentica estafa, y no debería ser de esa manera.

* En el siguiente enlace está el índice:
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* Prosigue en: 10.9.2. ¿Cómo repercute el paso del tiempo en una relación?: “Este” es el amor verdadero y maduro. https://usatumenteparapensar.blogspot.com/2020/02/1092-como-repercute-el-paso-del-tiempo.html



[1] “El Mundo-Ciencia: Los sentimientos/neurología”, 14 de Noviembre de 2003.
[3] Martínez Vila, Pablo. Psicología de la oración. Clie.
[4] Chapman, Gary. Los cinco lenguajes del amor. Unilit.
[5] Vallejo-Nágera, Alejandra. Hijos de padres separados. Temas de hoy.