domingo, 4 de enero de 2026

“Creo en Dios, a mi manera”

 


“Creo en Dios, a mi manera”.

Así dice una parte del estribillo de la nueva canción de La Oreja de Van Gogh,  interpretada por Amaia Montero. No sé si es parte de la moda que parece abrirse camino entre algunos cantantes de introducir conceptos religiosos en su música o una búsqueda espiritual sincera de Dios. Eso es algo que solo ellos saben.
Cuando usamos el “pero” una conjunción adversativa, lo hacemos con la intención de contraponer algo que ya dijimos, como si quisiéramos hacer una puntualización importante, aclarando un matiz para que no haya malentendidos. Aunque Amaia no la usa en su canción, viene implícita.
La realidad es que dicha frase expone el pensar, el sentir y el vivir de millones de personas:  “Creo en Dios, pero vivo a mi manera”; “… pero soy supersticioso”, “… pero no como un Ser personal”, “… pero no me guio por sus enseñanzas”, “… pero en el que concede mis peticiones”; “… pero le soy infiel a mi pareja”, “… pero en ninguna divinidad en particular”; “… pero estoy casado con un ateo”; “pero para mí lo más importante es el dinero”; “… pero disfruto murmurando y criticando a los que me llevan la contraria”, “… pero si me da trabajo”; “pero si todo me marcha bien”; “… pero apoyo el aborto”, “pero deseo el ojo por ojo, diente por diente”. Es decir, espiritualidad a la carta.
El resultado final es obvio: “Creo en Dios, pero yo soy mi propio dios”. El ego en su máximo apogeo. La Biblia suele resumir este comportamiento en una frase que aparece en el libro de Isaías y que Jesús repite: “Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí” (Mt. 15:8).
Ninguno de ellos puede decir como el apóstol Pablo: “yo sé a quién he creído” (2 Tim. 1:12). Creía y le obedecía a pesar de que no todo le sonreía: tenía un aguijón en la carne; padeció hambre y persecución; fue azotado por sus creencias; pasó largas noches en prisiones frías y oscuras de forma injusta; fue traicionado por aquellos a quienes consideraba hermanos… y una lista que daría para un libro.
A esto es a lo que debe aspirar toda persona: a dejar de proyectar sus propios deseos en un dios fabricado a medida y empezar a buscar al Dios que ya se reveló y encarnó en Jesús. Cambiar el incierto ´creo a mi manera` por el firme ´sé a quién he creído`. Porque al final, un Dios que nunca te contradice, probablemente no sea Dios, sino un eco de tu propia voz.
A todos los que, como Amaia, sienten esa inquietud en sus canciones y en su vida: ¡feliz año nuevo y feliz búsqueda del Dios verdadero!

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